Capítulo 31
Entonces, ¡el baile al fin! Mucho está sucediendo aquí, así que la acción en el baile se extenderá a lo largo de dos o quizá tres capítulos. Aun así, mucho para hacer que las cosas comiencen, creedme…
¡Disfrutad! xxx
. . . . . . . . .
La noche anterior al baile, después de la última clase de Pociones de Hermione, había sabido que no podrían estar juntos esa noche. Severus y la Profesora McGonagall estaban entreteniendo al Ministro de Magia y otros invitados notables que estaban llegando a Hogwarts para las celebraciones. Después, miembros del profesorado selectos, incluido él, debían caminar por los límites del castillo, asegurando que la seguridad fuera lo más estricta posible con cualquier magia que fuera necesaria. El baile iba a ser un gran evento, con la asistencia de muchas luminarias del mundo mágico. Desde hacía varios días, había habido un zumbido palpable de entusiasmo entre los estudiantes y los profesores por igual. No había habido una celebración tan grande en el castillo desde que se tenía memoria.
Fue extraño pasar la noche sola en su habitación en la Torre Gryffindor. Era tan raro estar separada de él ahora, que Hermione no pudo dormir por lo que parecieron horas. Por fortuna, no tenía que levantarse temprano al día siguiente, y pudo recuperar el sueño después de su inquieta noche por la mañana.
Ella, Ginny y algunos otros pasaron la primera parte de la tarde encantando el castillo con elaboradas decoraciones para la noche. Estaban a cargo de la contribución de Gryffindor y a las cuatro en punto gran parte del castillo estaba adornado con serpentinas, flores y pancartas rojas y doradas. Se veía magnífico y avergonzaba los esfuerzos de las otras casas. La Profesora McGonagall, aunque había cedido la Jefatura de Gryffindor a Madame Hooch, todavía le tenía lealtad a su antigua casa, y los felicitó por sus esfuerzos con una sonrisa genuina de gratitud y admiración.
Después de terminar con los preparativos, todos se retiraron para prepararse para el baile. Habían visto a varios dignatarios mostrándose por del castillo a lo largo del día, y la sensación de anticipación aumentaba con cada minuto que pasaba.
Hermione no había visto a Severus en todo el día. Las decoraciones de Slytherin eran tenues por decir lo mínimo. Habían recibido poca tutoría. Hermione no pudo evitar que una pequeña sonrisa burlona escapara al verlas. Claramente, el diseño de interiores no era el fuerte de su amante.
Las chicas Gryffindor corrieron a sus habitaciones para prepararse. A todas les habían permitido que les enviaran un vestido desde casa. Hubo apuro en los cuartos de baño, pero finalmente todas pudieron prepararse adecuadamente. La cantidad de encantamientos que podían usar para embellecerse para la noche había sido limitada, y Hermione notó que se gastaba una cantidad ridícula de maquillaje y perfume muggle.
Se las había arreglado para evitar a Lawrence la mayor parte del día, y de hecho, lo había visto poco desde su viaje a Edimburgo. Recordó las palabras de Ginny; que estaba esperando su oportunidad hasta el baile y entonces… Suspiró mientras se arreglaba el cabello en rizos exuberantes, ricos, con el único encantamiento que se permitió usar para la noche. Él la había alcanzado justo cuando había desaparecido en su habitación, diciendo que la recogería a las siete en punto.
A los de séptimo año (y a los de octavo, pensó Hermione con pesar) se les iba a permitir beber dos copas de vino cada uno, o una de whisky de fuego. Debía consumirse con la comida, bajo la supervisión del profesorado, y bajo ninguna circunstancia debía consumirse ningún otro alcohol en ningún lugar de las instalaciones. Existían los habituales rumores de que abundante cantidad de alcohol se habían introducido de contrabando con encantamientos de ocultación por los sospechosos habituales, la mayoría Slyhterin, pero Hermione había visto poca evidencia de ello.
Contenta con su cabello por fin, Hermione caminó hacia su armario y abrió la puerta. Su vestido colgaba dentro. Se había regalado a sí misma un viaje a Harvey Nicolls en Londres, y gastó algo del dinero que había ganado de entrevistas en un exquisito vestido de diseñador. Sabía que era extravagante, pero casi nunca gastaba nada en sí misma, y quería lucir lo mejor posible para él. Era un vestido de satén de color rojo oscuro, sin hombros, ajustado, largo hasta el suelo, pero con cordones detrás que se mezclaban en un recogido de tejido en la parte baja de la espalda, que fluía detrás de ella en una ligera cola. Era mucho más maduro que cualquiera de los vestidos que había visto en las otras chicas. Sabía que crearía impacto, pero mientras le gustara a él, no le importaba lo que nadie más pensara.
Se aplicó un poco más de maquillaje de lo normal, especialmente en torno a los ojos, se puso el collar de su madre alrededor del cuello y esperó. La llenó de remordimiento pensar que la primera persona que la vería así sería Lawrence Filmore. Quería desesperadamente que Severus viniera con ella ahora y le pasara los ojos por encima, pero sabía que era imposible.
A las siete menos cinco, hubo una llamada baja pero insistente a la puerta.
Suspiró hondamente y se levantó para responder, tratando de fijar el rostro en una amplia sonrisa forzada antes de abrir la puerta.
Lawrence Filmore parecía que se desmayaría cuando puso los ojos en ella.
"¡Wow! Estás…" no pudo terminar su frase, simplemente exhaló con asombro encantado, sus ojos incapaces de dejar de recorrer su cuerpo arriba y abajo.
"¿Qué?" lo obligó a continuar con sequedad.
"Alucinante."
"Gracias," replicó ella, recordando sonreír. No debía ser grosera. No era culpa suya ser la persona equivocada. "Te ves muy bien, Lawrence."
Él también lo hacía, simplemente a ella no podía importarle menos. Se sintió un poco culpable por negarle a alguna chica cachonda de dieciocho años una oportunidad con él.
Lawrence se quedó parado nervioso por un momento, pasándose los dedos por el pelo. Será prematuramente calvo si sigue así, pensó Hermione. Ella alzó las cejas expectante, como diciendo, "Bueno, ¿nos vamos entonces?"
Con eso, él recuperó el sentido, y le ofreció el brazo. Ella lo tomó con un suspiro privado y salió de su habitación.
Se dirigieron al Gran Comedor. Se les habían unido Ginny, Harry y sus otros amigos, y Hermione estaba agradecida de estar ahora en un grupo grande, donde podría escabullirse subrepticiamente de su pareja más fácilmente. Cuando llegaron al comedor, estaba a varios pies de distancia de Lawrence.
El comedor estaba bullendo de excitación y gente. Había sido encantado con una extraordinaria combinación de una noche estrellada, pero con un dosel adicional de ramas de árboles cargadas de nieve. Al mirar hacia arriba, a pesar de la ausencia de nubes, había un aleteo de nieve que seguía cayendo, tentadoramente cerca de sus cabeza, pero desapareciendo antes de alcanzarlas. Era completamente seductor. Además, había grandes guirlandas de ramas de abeto, pino, acebo, hiedra y muérdago. Diminutas luces brillaban y chispeaban entre ellas y petirrojos volaban por encima, aunque Hermione notó que desaparecían en medio del aire de cuando en cuando; eran simplemente un encantamiento para la noche.
A pesar de no querer estar con Lawrence, Hermione tampoco quería pasar la noche entablando en charla informal con la élite reunida del mundo mágico, y suspiró un poco cuando notó que muchos levantaron la vista hacia ella cuando entró al comedor. Escaneó la multitud en busca de Severus, pero todavía no pudo verlo en ninguna parte. Su corazón se hundió aún más. Antes de que pudiera descender las escaleras por completo ya había sido detenida por dos Aurores, el Jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica (que iba a ser su nuevo jefe) y el conservador de la Biblioteca Mágica Nacional. Echó un vistazo alrededor buscando a Harry, o incluso a Lawrence, esperando que cualquiera de ellos pudiera rescatarla de sonrisas forzadas y charla boba, pero ambos habían desaparecido. Mientras el conservador de la biblioteca la aburría aún más en un estado semi-catatónico, dejó que sus ojos deambularan por la sala, y lo vio.
Severus estaba parado a unos veinte pies de distancia de ella, en un pequeño espacio propio, mirándola fijamente con una mirada de absoluta maravilla en el rostro. Ella lo miró a los ojos y supo que debía estar reflejando su expresión. Nunca antes había estado tan encantada de ver a alguien. Un momento después, su rostro se rompió en una sonrisa tan amplia, que las comisuras de los labios comenzaron a dolerle.
No podía apartar los ojos de él, y él tampoco. Y entonces se movió. Caminó hacia ella a su manera inimitable, a largas zancadas través de la multitud. Ella jadeó, sorprendida por su audacia, pero igualmente emocionada de que se aproximara a ella en medio de toda esa gente.
Pronto estuvo allí, junto a ella, alto, real, mirando hacia abajo, sus ojos iluminados con vitalidad. Hermione no había oído ni una palabra que el bibliotecario le hubiera dicho durante el último minuto.
"Profesor Snape," logró decir entre respiraciones pesadas.
"Señorita Granger," comenzó él. Hubo una pausa. Sus ojos permanecieron fijos en el otro. "Puedo… felicitarla por las decoraciones con las que Gryffindor ha… adornado el castillo. Son… fascinantes." Sus ojos recorrieron su cuerpo.
"Gracias, Profesor. Uhh… ¿conoce…? uhh… lo siento, no entendí su nombre." Se volvió hacia donde había estado el conservador. Se había marchado. Un destello de culpa la atravesó y se volvió hacia Severus con una mirada que lo transmitió. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de él.
"Gracias a Merlín por eso," arrastró en voz baja.
Ella rio y bajó la vista. Cuando volvió a levantar la cabeza, él estaba mirándola con la misma expresión que antes.
"Estás… absolutamente deslumbrante."
Ella se sonrojó un poco, pero finalmente logró fijarse también en lo que él llevaba puesto. Su atuendo habitual era lo suficientemente favorecedor, pensó, pero éste era sutil pero efectivamente diferente. El tejido negro profundo estaba cortado ampliamente sobre los hombros, antes de caer suavemente por su torso plano hacia la cintura, alrededor de la que colgaba una faja pesada. La levita estaba adornada con los botones habituales, pero descendía hasta el suelo, similar a una sotana clerical, pero sin nada de la piadosa soberbia que tal prenda puede transmitir. El cuello se alzaba alto y se dividía en una V afilada justo por debajo de la barbilla, bajo la que Hermione pudo detectar un toque de luminoso lino blanco. No estaba cubierto por ninguna túnica exterior, lo que permitía acentuar su alta figura.
"Tú también," sólo logró exhalar. "Quiero decir… realmente…" Rio un poco por su incapacidad para expresarse con coherencia. Él le sonrió.
"¿Estás sola?"
Ella miró a su alrededor. "Parece que lo estoy en este momento."
Se quedaron incómodos, simplemente mirándose el uno al otro. Todas las cosas que querían decir, no podían en esas circunstancias. Tal como estaban las cosas, se dieron cuenta de que pronto deberían separarse el uno del otro, o podrían despertar sospechas. Hermione continuó mirándolo. Quería tan desesperadamente extender la mano hacia él, pasar los dedos por su cuerpo firme, sobre sus hombros, alrededor y abajo por su espalda. Un leve sollozo salió de ella, y su respiración se volvió irregular.
"Quiero tocarte," susurró con silenciosa desesperación.
El rostro de él se encogió pero no dijo nada. No pudo contenerse. Dio un paso hacia ella. Estaban a una sola pulgada de distancia. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento en su cabello, oler su aroma único tan intensamente que creyó que estaba saboreándolo. Su pecho se elevaba y caía rápidamente ante sus ojos y ella se balanceó un poco, incapaz de pensar o comportarse racionalmente.
"¡Hermione! ¡Severus!"
La voz retumbante del Ministro de Magia los sacó de su estupor. Hermione jadeó sorprendida y se giró para ver a Kingsley Shacklebolt acercándose a ellos con una sonrisa radiante de alegría en su rostro.
De inmediato se acercó y le dio a Hermione un abrazo de oso, algo por lo que en ese momento estuvo muy agradecida, ya que había pensado que de otro modo se desplomaría. Kingsley se volvió y estrechó la mano de Severus enérgicamente. El Maestro de Pociones le dirigió una sonrisa forzada, pero sus ojos brillaron con disgusto.
"¿Qué es esto, Severus?" continuó Shacklebolt. "¿Nadie te ha dicho que no tienes que trabajar esta noche? Aun así le das a tu alumna más brillante una clase de último minuto, ¿eh? Los exámenes no comienzan hasta el martes según me han dicho. Vamos, Hermione, no dejes que nuestro loco profesor te aburra sin sentido esta noche. ¡Diviértete para variar!"
Hermione logró sonreír un poco. "Estoy segura de que lo haré, Kingsley. ¿Cómo es la vida en el Ministerio? Me temo que tendrás que soportar que te moleste desde enero."
El Ministro de Magia soltó una fuerte carcajada y puso una mano firme sobre su hombro. "¡Excelente, querida! No puedo esperar para tenerte a bordo. Por qué insististe en quedarte aquí y hacer esos malditos exámenes está más allá de mí. ¡Te habríamos empleado incluso si hubieras suspendido todos tus TIMOS!"
Ella llamó la atención de Severus. Él levantó la frente hacia ella con una mirada que decía, 'Te lo dije.'
Shacklebolt continuó. "¿Y con quién estás esta noche, Hermione, querida? Imagino que los muchachos se peleaban por acompañarte. Estás impresionante, debo decir. Nadie más se te acerca. ¿No está exquisita, Severus?" Se volvió hacia Snape.
Snape no respondió inicialmente, luego dijo simplemente, "Sí."
Shacklebolt miró al profesor con leve sorpresa por un momento, antes de volver a girarse hacia Hermione. "Bueno, ahí lo tienes, Hermione. Si puedes impresionar a Severus, puedes impresionar a cualquiera. ¿Quién es tu pareja de todos modos?"
Hermione se sonrojó y bajó la mirada, "Err… Lawrence Filmore."
Con eso, Lawrence se acercó. "Aquí estás, 'Mione. He estado buscándote por todas partes." Dio un paso atrás sobresaltado cuando vio con quién estaba hablando su cita. "Oh… err… hola… Ministro… dios… es realmente un placer conocerlo… soy un gran… err… fan…. err… hola…" Hermione puso los ojos en blanco. Presentarse a sí mismo como un 'gran fan' no era la manera de saludar al político más destacado del mundo mágico.
Shacklebolt simplemente sonrió ampliamente y extendió la mano. "Y usted debe ser el Señor Filmore. Encantado de conocerlo. Ha hecho bien en asegurarse a la señorita Granger. Asegúrese de cuidarla esta noche, ¿lo hará?"
"Lo haré, Ministro, no se preocupe, lo haré."
Shacklebolt volvió a reír a carcajadas y palmeó a Lawrence en la espalda antes de marcharse. "¡Apuesto a que lo hará! ¡Apuesto a que lo hará, muchacho!"
Severus Snape parecía estar a punto de vomitar.
Lawrence finalmente se dio cuenta de que había otra persona con ellos. "Err… hola, Profesor Snape… err… ¿bien?"
Si las miradas mataran.
La expresión volvió a pasar por la cabeza de Hermione como lo hacía a menudo al presenciar a su amante en un estado de desdén.
"Sí, Sr Filmore… resulta que estoy muy… bien."
Lawrence esperó a que volviera a hablar. No lo hizo. El hombre más joven se volvió hacia su pareja. "Bien. Estupendo. Vamos entonces, 'Mione. Debes estar harta de hablar con todos estos viejos pedorros, vamos a buscar a los otros." Hizo poco o ningún esfuerzo por bajar la voz en la última frase.
Con eso, había agarrado a Hermione por la cintura, un gesto no pasado por alto por Severus, que se estremeció al verlo, y la apartó de su maestro. Hermione giró la cabeza para mirarlo con anhelo y disculpa mientras era alejada. Severus se quedó clavado en el sitio, mirándola fijamente. Su corazón y su cuerpo dolieron.
Debían comer antes de que comenzara el baile. Las mesas aparecieron de repente entre ellos, vestidas y decoradas a la perfección con excelentes platos llenos de los mejores alimentos disponibles. Hermione se sentó entre Harry y Lawrence e intentó concentrarse en su comida. Tenía poco apetito, a pesar del suntuoso festín ante ella, y siguió mirando a Severus, sentado entre McGonagall y Shacklebolt. También parecía estar comiendo poco.
Aprovechó la oportunidad para ponerse al día con Harry, que le preguntó en voz baja cómo iban las cosas y cómo estaba sintiéndose Severus con respecto a la noche.
"Las cosas son… alucinantes, Harry. Realmente está en el camino. Está de acuerdo con lo de esta noche. Sólo quiero divertirme un poco, ponerme guapa, bailar un poco, verte mucho… comprende eso ahora… todo va bien." Le sonrió cálidamente.
Él le devolvió la sonrisa. "Es estupendo oír eso. Debo decir que estás increíble, y no me refiero sólo al vestido. Estás… estás radiante."
La sonrisa de Hermone se profundizó. Justo entonces Lawrence se inclinó hacia ella. "¿Estás bien, 'Mione? ¿Puedo llenarte la copa?"
Se volvió hacia él justo cuando estaba vaciando la suya y volviendo a llenarla. "¿Por qué no? Adelante, Lawrence." Sonó resignada. Más bien podría intentar disfrutar lo máximo posible. Lawrence estaba acercándose a ella, sirviendo su copa. "Tengo que decir, 'Mione. Estás jodi… lo siento… terriblemente increíble… Absolutamente hermosa." Parecía estar arrastrando las palabras más de lo que una copa de vino justificaba. Lo miró con curiosidad.
"Gracias Lawrence," dijo con cautela, alejando un poco su asiento de él.
Después de la comida, las mesas desaparecieron mágicamente tan rápido como aparecieron al inicio. Una banda apareció en el escenario y todos se animaron a llevar a sus parejas para el primer baile. Para empezar, debía haber danzas formales, una tradición en el mundo mágico, que permitía a la gente bailar con el máximo de personas posible.
Hermione comenzó con Lawrence, pero echó un vistazo alrededor del vasto salón para ver si podía localizar a Severus. Finalmente lo hizo. Estaba en un rincón alejado de la sala, absorto en una conversación con el Jefe Auror, ignorando descaradamente lo que sucedía en la pista de baile.
Las danzas avanzaron rápidamente. En general, eran danzas progresivas, lo que significaba que nadie permanecía con la misma pareja por mucho tiempo. Hermione se encontró bailando con estudiantes y maestros por igual, y después de tres danzas se había emparejado con casi todos sus profesores. Todos menos uno.
Cada vez que Lawrence se emparejaba con ella, notaba que su mano se apretaba lo más fuerte posible alrededor de su cintura. En una ocasión se movió hacia su trasero, pero por fortuna, en ese momento, la danza continuó y fue capaz de girar alejándose de él.
Llegaron a la última danza, después de ésta la banda recurriría a la música pop muggle normal. Hermione suspiró. Él se había perdido su baile. No es que alguna vez hubiera deseado uno, al parecer. Intentó no sentirse enojada con él, pero estaba profundamente decepcionada de que ni siquiera se hubiera mezclado en una de las secuencias más sabrosas.
Quería sentarse. Pero justo cuando estaba a punto de alejarse de la pista, vio a Madame Hooch caminando hacia él. La enérgica instructora de vuelo extendió la mano y prácticamente lo arrastró sobre sus pies. Procedieron a tener lo que parecía ser una discusión, y Snape parecía estar ganando, pero en el último momento levantó la vista y cazó la mirada de Hermione. Ella le sonrió.
Con un profundo suspiro, y obviamente rodando los ojos, Severus permitió que Madame Hooch esencialmente lo empujara a la pista de baile, no es que ella se emparejaría con él más que la próxima mujer, ya que esta danza en particular requería mucha progresión y rotación. Cada hombre tenía que bailar con cada mujer. En ese momento, Hermione podría haber besado a la árbitro de Quidditch por ponerlo en pie finalmente.
La música comenzó. Las parejas de Hermione iban y venían, llevándola y haciéndola girar. Casi todos se sonrojaban un poco y sonreían lo más fascinantemente que podían cuando se acercaban con ella. Pero ella sólo quería que siguieran adelante, desesperada por emparejarse con una sola persona.
Finalmente, él era el siguiente. Lo miró. Difícilmente era el bailarín más desinhibido, pero sabía moverse y tenía un buen sentido del ritmo, notó ella. Con un giro a su izquierda, se encontró frente a él. La danza requería que adoptaran la postura tradicional de baile de salón. A pesar de todas las veces que sus cuerpos habían estado tan íntimamente unidos, en la ocasión en que podían tocarse sin temor a represalias, parecían inseguros de cómo hacerlo. Todas las otras parejas estaban moviéndose suavemente alrededor. Severus todavía no la había cogido.
Para evitar que fueran golpeados por los demás, Hermione dio un paso hacia él y le tomó la mano, levantando la otra a su hombro. Por fin él elevó los ojos a los de ella y le puso la mano en la cintura. Incluso a través del tejido de su vestido, pudo sentir su fuerte palma y sus dedos abrasando su carne. Su agarre se estrechó y comenzó a moverse.
La hizo girar alrededor de la pista con destacable elegancia. Hermione no podía apartar sus ojos de los de él. Los suyos se grababan en ella, casi sacándole lágrimas. Agarró la mano de él con fuerza y los dedos sobre su hombro se apretaron, como si estuviera aferrándose a él para sobrevivir. Mientras se movían, él la atraía más y más cerca hacia sí, hasta que se sintió presionada contra toda su longitud. Aun así, se movían suavemente alrededor de la pista.
Su aroma volvió a llenar su cabeza, y combinado con el movimiento de la danza, la hizo tambalearse. Él sintió su mareo y la atrajo más estrechamente hacia sí con un leve gruñido de su propia necesidad. En lo que a ellos concernía, en ese momento, eran las únicas personas en el mundo.
Ella se presionó contra él y sintió la familiar dureza contra sus caderas. Él se clavó en ella. Ella no pudo reprimir un gemido surgiendo. Pr fortuna la música estaba lo suficientemente alta para ocultarlo. Sus cabezas prácticamente se tocaban. Hermione tenía que seguir recordándose a sí misma respirar.
Su boca estaba en su oído, su aliento caliente movía su cabello, haciéndole cosquillas en el cuero cabelludo. Él habló, en voz baja y desesperada.
"Puedo olerte… puedo oler tu lujuria… te deseo ahora… tengo que tenerte ahora… saborearte… llenarte… ahora…"
Hermione levantó la mirada hacia él, apenas capaz de enfocarla. Pero pronto fue expulsada de la bruma por Madame Pomfrey dándole golpecitos en el hombro.
"¡Señorita Granger! Venga, venga. ¡Cambio de pareja, querida! ¡Dios mío, Severus! ¡Qué buen trabajo que no enseñes a bailar!"
Con eso, Hermione fue prácticamente expulsada de sus brazos y sobre su siguiente pareja, un Hufflepuff lleno de granos de séptimo año. No hizo contacto visual con el chico en toda la secuencia. Eso arruinó su noche.
La danza terminó. Hermione a duras penas podía mantenerse en pie. La sala parecía estar girando a su alrededor. Lo vio parado separado de ella, su larga levita negra lo hacía parecer más alto y vital que nunca. Sabía que sólo tenían un curso de acción disponible para ellos. Se volvería loca si no lo seguían.
Con una última mirada hacia él, se giró y prácticamente corrió fuera del comedor. Sabía que él la seguiría.
Hermione empujó a varias personas a toda prisa y se volvió hacia los corredores. Corrió por ellos, doblando la mayor cantidad de esquinas posible. Oía pasos agudos e insistentes tras ella. Los ruidos de la multitud se desvanecieron, pero seguía en las áreas públicas del castillo, en un corredor principal que conducía a las aulas. Era poco probable que alguien tomara este camino esta noche, pero posible. Buscó a su alrededor desesperadamente algún lugar adónde ir. Todas las aulas habían sido cerradas y encantadas para que nadie pudiera entrar en ellas esa noche.
Antes de que pudiera pensar demasiado en ello, unos brazos vestidos de negro la envolvieron, y unos labios firmes y calientes estaban asaltando la tierna carne de su cuello. Su cabeza cayó hacia atrás y sollozó con necesidad.
Las manos de él estaban agarrándola con fuerza por la cintura, frotando el cuerpo encerrado apretadamente bajo el satén. Le dio la vuelta y la atrajo hacia sí tan estrechamente como pudo. "Tan hermosa… perfección… eres exquisita perfección…"
Ella lo alcanzó para besarlo brutalmente, abriendo su boca y hundiendo la lengua desesperadamente. "Por favor… por favor… date prisa… no puedo esperar… por favor, Severus…"
Él la agarró por las caderas y la levantó sobre la repisa que corría a lo largo del borde del corredor, colocándola bruscamente sobre ella. Ella se recostó contra el marco de la ventana, su lujuria no le permitía ningún pensamiento coherente en absoluto. Sólo podía gruñir y maullar de expectación. Él le echó el vestido sobre las caderas, y le arrancó la ropa interior. Eso sólo la puso aún más.
Él no dudó en arrodillarse ante ella y hundir la lengua con fuerza en su interior de inmediato. Ella gimió en el aire fresco de la fría noche del castillo, y se empujó más contra él, arqueando la espalda. Él gimió su propia necesidad contra ella y las vibraciones enviaron un temblor de placer estremeciendo su núcleo. Rio con deleite.
Su lengua ahora giraba alrededor de su clítoris inflamado, acariciando, avivando, sacándolo para hincharse aún más para él. Ella gimió sonoramente, sus ojos cerrándose y su cabeza sacudiéndose de un lado a otro. Él empujó el pulgar con fuerza en su coño mientras un dedo se abría paso en su trasero. Hermione empujó hacia abajo para encontrarse con ellos, obligándolo a frotarlos con fuerza dentro.
"Oh dios," gimió ella, sus palabras resonando alrededor en los duros muros de piedra. Su mano fue arrojada por instinto para agarrar su cabello con fuerza y empujarlo contra ella. Los dedos en su interior acariciaban y frotaban, mientras su boca atraía su clítoris a un estado de excitación madura. Un gemido surgió de ella, una vez más reverberando a su alrededor. Él sólo pudo responder con un gruñido propio, amortiguado contra sus profundidades húmedas.
"Tan bueno… tan cerca… por favor, termínalo… es demasiado… demasiado bueno…" Su cuerpo se tensó, preparado para caer. Su lengua estaba tan cerca de su hinchado nudo de carne, pero no lo suficiente como para llevarla a su fin. Ella sollozó sonoramente mientras cada músculo de su cuerpo gritaba cerca de la satisfacción. Entonces, justo cuando pensaba que él se movería para succionarlo con fuerza por última vez, levantó la cabeza y se apartó de ella. Un gemido de desesperación surgió de ella, pero lo obligó a desvanecerse cuando él comenzó a buscar los botones más cercanos a sus caderas. Tenía tantos que recurrió a un hechizo sin varita, murmurando rápidamente algunas palabras. Todos los botones de la mitad inferior de su levita se desabrocharon de inmediato, y su palpitante erección surgió fuera de ella repentina y desesperadamente.
Su decepción por la retirada de su boca desapareció de inmediato cuando vio su enorme polla buscándola. Volvió a recostarse, abriendo más las piernas y rio con abandono por lo que tenía delante. Él se posicionó enseguida, su propio deseo incapaz de ser contenido por más tiempo. Frotó la cabeza de su polla a lo largo de sus pliegues empapados, volviendo a provocar su clítoris. Ella gritó con frustrada anticipación. La mano de él se levantó para rodear su nuca, hundiendo sus dedos en la tierna carne y elevándola un poco para mirarla profundamente a los ojos. Su otra mano estaba sosteniendo la considerable longitud de su polla, preparándose para embestir dentro de ella.
"¿Ves? ¿Ves lo que me haces, hechicera? Me tomarás. Tomarás todo de mí. Que sepas eso." Y entonces embistió, tan duro, que su cabeza fue forzada hacia atrás contra el marco de la ventana. Gritó con una combinación de satisfacción, sorpresa y dolor, pero su mente y cuerpo simplemente registraron placer.
Un profundo gemido palpitante fue sacado de su ser y Hermione de inmediato lo sintió hincharse aún más dentro de ella. Estaba concentrada únicamente en la sensación de su rigidez dura como una roca llenándola profundamente y llevó sus ojos bruscamente a los de él, su boca cayendo abierta maravillada. El rostro de él mostraba el mismo asombro. Ella latió a su alrededor y los rasgos de él se estremecieron. Era algo que solía hacer cuando estaba disgustado o molesto, pero en esta ocasión ella sabía que era pura dicha.
Él volvió a levantar la mano a su cuello, los dedos cavando con fuerza en su piel, y la atrajo hacia sí, simplemente mirándola profundamente a los ojos. Ella lo oyó exhalar un largo y lento aliento maravillado. Su otra mano agarró su cadera y él bajó la mirada hacia su punto de unión, preparándose para volver a moverse.
"¡Espera!" exclamó ella bruscamente, su voz insistente. "Espera. Sólo quédate conmigo, quédate dentro de mí… por un momento… sólo un momento, mi amor. Sólo quiero sentirte… sentirte…"
El rostro de él se tensó. Ella sabía que estaba desesperado por moverse, por sentir fricción. Él continuó sosteniéndola. Ella miró hacia abajo, quitándose el vestido de las caderas lo máximo posible para mirarlo enterrado en su interior. Exhaló maravillada. "Sí… ahí… siempre ahí… quiero ver…" Habló casi con reverencia y empujó contra su pecho, apartándolo de ella un poco, para poder ver el eje retirándose. Luego agarró el tejido y lo atrajo de vuelta, observando con fascinación cómo volvía a desaparecer en su interior. Sintió sus entrañas ensanchándose para acomodarlo. Él gimió con el movimiento, y sus ojos se cerraron en éxtasis, pero necesitaba más.
Su voz baja serpenteó hacia ella, desesperada hasta el punto de la ira. "Tengo que moverme. Déjame moverme ahora, hechicera. Tengo que sentirte, verte. Tengo que hacer que te corras, darte mi placer, todo lo que tengo. ¡Déjame moverme!"
Sus ojos se clavaron en los de él y le concedió su necesidad. "¡Ahora! ¡Hazlo!" siseó ella, sin apartar los ojos de los de él. Su mano todavía la sujetaba alrededor del cuello, sosteniendo su cuerpo en posición vertical. Con un gruñido de aceptación, comenzó a retirarse, luego volvió a embestir con fuerza dentro de ella. Él intentó sostener su mirada, pero ella notó que le estaba resultando difícil enfocarla. No podía recordarlo tan duro dentro de ella.
Él se movía brutalmente ahora, sus propios sonidos de éxtasis no podían ser contenidos. Sus gemidos llegaban con la misma sonoridad grave que tenía su voz, causando a Hermione aún más placer que el que su polla estaba extrayendo de ella. Sus músculos, que habían estado tan preparados, tan listos, sólo unos minutos antes, ahora se encontraban tensos para liberarse una vez más, aún más replegados y expectantes.
Un grito sollozante surgió de ella cuando su boca volvió a caer abierta impotente. Él se frotaba contra su clítoris ya maduro con cada embestida. Sus manos se agitaron, bajando para agarrarse al tejido negro de su levita desesperadamente, tratando de estabilizarse ante el precipicio del que sabía que estaba a punto de caer.
El rostro de él se retorció en lo que parecía agonía, pero en ese momento sostuvo su rostro con fuerza y lo volvió bruscamente hacia sí. "¡Háblame! ¡Dime lo que sientes!"
Los ojos de ella se ensancharon y habló, las palabras provenían de lo más profundo de su psique. "Te siento… siempre tú… tan duro, tan real, que me llenas como ningún otro. No quiero a nadie más. Sólo deseo tu polla… llenándome, golpeándome, llenando mi coño… sólo tú… sólo tú, mi amor… córrete ahora, córrete para mí, hazme correrme, hazme correrme… te amo, te amo, te amo…"
Con eso, él retrocedió. Sus rasgos se arrugaron aún más, como si fuera a llorar, y entonces embistió completamente dentro de ella. El mundo de Hermione se desintegró. Un destello cegador borró su visión y su cuerpo se vino abajo. Un placer tan extraordinario se abrió paso a través de su cuerpo que pensó que había sido alejada de su entorno. Un grito de pura sensación sonó en el aire a su alrededor. Sólo más tarde se dio cuenta de que había sido su propio grito. Cada músculo y fibra de su ser palpitó alrededor de él. Sintió al hombre dentro de ella agarrar su cuerpo con fuerza en su intento de estabilizarse. Estaba corriéndose, corriéndose tan violentamente que pensó que sus piernas se habían derretido debajo de él. Agarró a la mujer debajo de él aún más fuerte para no desplomarse. No había creído que un placer así fuera posible. Su semilla fue arrancada de él una y otra vez, disparando profundamente en su interior. Todavía lo recorría el rapto, reflejado en la agonía grabada en su rostro. Sin embargo, nunca había estado tan lejos de la agonía. Estaba tocando la perfección.
Cuando por fin sus cuerpos descansaron, ella se recostó a lo largo de la repisa, su mente lentamente volviendo a la realidad. Él estaba inclinado sobre ella, sus manos a cada lado de su cuerpo, mirando hacia abajo. Ella logró una sonrisa cansada.
Ninguno dijo una palabra. Nada podía decirse. Cuando él se sintió capaz, se retiró lentamente de ella, y se arregló, permitiéndole hacer lo mismo. Se limpiaron con un encantamiento y Hermione se aseguró de que su cabello y maquillaje siguieran intactos.
Ella se puso en pie y comenzó a alejarse de él, de regreso al comedor. Cuando pasó a su lado, él la atrapó por la muñeca. Se volvió a mirarlo. Severus la atrajo hacia sí, y habló, bajo y con dolorosa sinceridad, "Te amo."
Hermione respondió con un beso profundo, después se alejó para volver a unirse al baile.
. . . . . . . . .
Confieso que tengo un área muy específica del castillo en mente de las películas para dónde este último pedazo de… err… acción tiene lugar. Digamos simplemente, cuando Snape empuja a Draco contra la pared en la película de HBP, de verdad, de verdad desearía ser yo. Por fortuna, gracias al maravilloso mundo del fanfiction, Hermione obtiene la oportunidad en cambio. Boba afortunada.
