CAPÍTULO 12 – THE CASTLE

Llegaron a Londres por la Western Avenue. Sesshomaru había recibido información del lugar al que debían acudir.

— Se llama The Castle. Es un pub donde nos podemos alojar unos días hasta que consigamos nuevos pasaportes. Aparca en ese descampado. Iremos caminando a partir de aquí. — Sesshomaru prefería mantener la discreción por si alguien les estaba siguiendo.

— Por suerte ha parado de llover— contestó Kagome, algo más esperanzada.

Salieron del coche. Sesshomaru se había vestido con la chaqueta, que también estaba mojada por haberla usado para taparla de la lluvia, pero al ser impermeable no había calado tanto como su camiseta, que llevaba en la mano.

El cielo seguía oscuro, y las luces de las farolas empezaban a encenderse. El Daiyokai seguía las coordenadas a través del GPS de su teléfono móvil. A Kagome le inquietaba la facilidad con la que utilizaba el aparato, teniendo en cuenta de que no existían hace quinientos años. Desde luego era un tipo inteligente.

Llegaron a The Castle, un gigantesco pub con forma de castillo situado cerca de la estación de North Acton. El pub se veía perfectamente decorado al estilo británico, con muebles de madera labrada y moqueta lustrosa. Los grandes y opacos ventanales se encontraban tapados por largas cortinas que llegaban hasta el suelo, creando una atmósfera íntima y acogedora para los comensales que lo estaban frecuentando.

Una bonita camarera con cabello rubio que se encontraba apuntando un pedido detrás de la barra se fijó en ellos.

— ¿Mi Lord? —preguntó ella. Parecía conocerle perfectamente.

— ¿Sara? ¿Eres tú? — Sesshomaru también la conocía. — ¿Qué haces aquí?

— Ha pasado mucho tiempo—contestó la mujer, sonriendo.

— Eres… humana.

— Exacto. Solo por un tiempo. — Se acercó al oído del Lord. —Estoy en la Misión.

Kagome se preguntó a qué se refería con "La Misión".

— Estáis empapados. Os llevaré a otro salón. Allí hay una chimenea para dejar la ropa mojada.

— Gracias. Eres muy amable — dijo Kagome, abrumada por la simpatía de la camarera.

Los llevó a un gran salón privado, situado en la segunda planta del pub, subiendo por unas escaleras. Kagome pudo observar que la decoración era similar a la del piso inferior, con varias mesas para comer y un enorme sofá situado en frente de la chimenea.

— Me voy a avisar al resto. Quedaros un rato aquí, descansando.

La guapa camarera los dejó solos. Kagome se sentó en el sofá, en frente de la chimenea. Sesshomaru la siguió, colocándose a su lado y extendiendo la camiseta cerca del fuego.

— Es muy guapa y amable — se atrevió a decir la joven, intentando romper el hielo. ¿De qué la conoces? Parece humana…

— Antes era una Yokai, como yo — contestó, sin apartar la mirada del fuego.

— ¿Cómo es posible? ¿Qué está pasando, Sesshomaru?

El demonio levantó la vista, dirigiendo su mirada hacia la suya. Tenía un ligero brillo en los ojos.

— Es largo de explicar.

La conversación se interrumpió al escuchar el ruido de la puerta. Sara entró en el salón, acompañada de una mujer de mediana edad y un anciano que les resultaba extremadamente familiar.

— ¿Jaken? ¿Eres tú?

El diminuto diablillo con forma de sapo se había convertido en un pequeño ser humano de avanzada edad.

— ¡Amo Sesshomaru! Le he echado tanto de menos….

— ¿Tú también estás metido en esto? — El Daiyokai parecía muy sorprendido.

Kagome observó cómo su mirada se había enternecido ligeramente con la llegada de Jaken. Decidió mantenerse al margen del grupo mientras conversaban. Sara se acercó a ella, con gesto sonriente.

— Vayamos a celebrar el encuentro en la barra. Aquí vais a probar la mejor cerveza de todo Reino Unido.

Kagome asintió, tímidamente. Sesshomaru charlaba con la mujer de mediana edad. Intuyó que también la conocía del pasado. Le acercó la camiseta, que estaba algo más seca que antes.

Le agradeció el gesto con la mirada.

Bajaron por las escaleras hasta la barra del bar. El pub estaba bastante lleno, con una ambientación excelente gracias a un pequeño escenario en el que un grupo de música compuesto por guitarra, bajo y batería, interpretaba famosas canciones británicas.

Kagome pidió una pinta de Irish Red Ale mientras Sesshomaru, que estaba sentado a su lado en frente de la barra, tomaba una Guinness. Sara se encontraba tras la barra, charlando animadamente con él. Parecía relajado con ella, y mucho más abierto que de costumbre. ¿Sería el alcohol?

La joven sacerdotisa estaba aprendiendo a interpretar sus gestos y miradas, que expresaban más que cualquiera de sus parcas palabras. Mientras tomaba el primer trago, pensó que hacían buena pareja. Los dos eran guapos, jóvenes y tenían cierta complicidad. Aquel pensamiento la descolocó por completo, provocándole un incómodo escalofrío que no lograba comprender.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso eran celos? Imposible. Se negaba a admitir que pudiese albergar esa clase de sentimiento hacia él.

Intentó pensar en Inuyasha para quitarse tal absurda idea de la cabeza, pero fue en vano. El mero roce de sus cuerpos, sentados tan cerca, la hacía estremecerse por completo. ¿Desde cuándo empezaba a sentir tanto deseo por aquel estúpido demonio?

El grupo de música seguía animando el ambiente y a Kagome se le estaba empezando a subir la cerveza a la cabeza.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Sara, quien se ofreció a servirle otra pinta de Red Ale.

Sesshomaru se había marchado a hablar con Jaken.

— Es guapo, ¿verdad? — se atrevió a preguntar la camarera, ante el rubor de la sacerdotisa.

— No es para tanto — mintió ella, intentando disimular su sonrojo.

Sara la miró, con sonrisa pícara.

— Pues él no opina lo mismo sobre ti.

— ¿C… cómo sabes eso? — Kagome se preguntó si disfrutaba poniéndola en un aprieto.

— Le conozco desde hace muchos años. Demasiados, ¿sabes? — Sara bajó la mirada. — Salí con él una temporada, pero nunca me quiso. Yo lo amaba con locura, pero no pudo ser. Fui una de tantas…

Kagome no sabía qué contestar ante la confesión de la camarera.

— Seguro que fue un idiota.

— Te equivocas, muchacha. Él siempre fue sincero conmigo. Me dejó las cosas bien claras desde el principio. Pero yo tenía esperanzas de que algún día cambiase de parecer. Sesshomaru puede ser frío y arrogante, pero nunca miente. Yo le confiaría mi vida, sin dudarlo.

Kagome la miró, escéptica.

— Él y yo también tenemos un pasado. Intentó matarme y ahora me ha secuestrado. ¿Cómo esperas que confíe en él?

— Porque te mira diferente — respondió Sara, con aire nostálgico. — No eres como las demás. Me extrañaría que te tocase un pelo.

La miró con sus grandes ojos, del color del mar.

— Hace años hubiese vendido mi alma al diablo por esa mirada…

Kagome no daba crédito a que Sesshomaru pudiese sentir cualquier cosa que no fuese asco hacia ella y a su condición humana.

— ¿Le sigues queriendo? — le preguntó, por fin.

Sara la miró, con un aire de melancolía, mientras le servía la segunda pinta de la noche.

— Siempre le querré. ¡Siempre! Pero eso no quita que haya rehecho mi vida y esté felizmente casada — contestó, sin perder la sonrisa. Amo a mi marido, pero él siempre tendrá un lugar especial en mi corazón.

Un extraño alivio se apoderó de Kagome. Empezó a beberse la cerveza para intentar olvidar aquella sensación que la incomodaba tanto. Bajo ningún concepto debía pensar en el Daiyokai como algo más que ser el hermano de su amado, y su secuestrador. En su interior era consciente de que existía un plan diabólico en el que acabaría involucrada. No podía fiarse de nadie. Ni siquiera de la hermosa camarera que intentaba encandilarla con extraños argumentos para bajar la guardia.

Ella no era tan tonta, ni tan débil como para caer en su trampa.

Sesshomaru se acercó a ellas, con otra pinta de Guinness en su mano.

— ¿Qué estáis tramando? — preguntó, desinhibido. Al parecer a él también le estaban afectando las cervezas.

— Charlaba un rato con Kagome — contestó la camarera, disimulando la conversación que acababan de tener . —Le decía que podéis quedaros todo el tiempo que necesitéis. Aquí disponemos de una habitación donde os podéis alojar. Con nosotros estaréis seguros.

Kagome se ruborizó sólo de pensar que volvería a compartir habitación con él. ¿Es que no podía ser de otra manera?

— Tranquila. Dormiré en el suelo. — Sesshomaru parecía haberle leído el pensamiento.

— ¿Otra pinta? — preguntó la sacerdotisa, dirigiéndose a él.

— Veo que bebes más que yo — contestó, con una ligera sonrisa.

Era la primera vez en su vida que lo veía de tan buen humor, y su sonrisa era preciosa.

Sara les sirvió dos pintas más de cerveza y se fue a servir a otras mesas, dejándolos solos delante del concierto en directo.

— ¿Cuánto tiempo llevas aquí, en la era moderna? — preguntó Kagome. — Parece que te estás adaptando bien.

— El suficiente como para apreciar la buena música contemporánea.

Tenía que parar de beber. El alcohol le cambiaba la percepción de la realidad y lo culpó de ver a Sesshomaru tan rematadamente sexy.

— Estás bebiendo demasiado, otra vez — le recriminó él, sin dejar de mirarla.

Kagome estaba empezando a perder la percepción de la realidad, pero se sentía demasiado bien, disfrutando del concierto y de su compañía. Un apuesto joven se acercó a ella para invitarla a una copa, y ella le sonrió, agradecida. Entablaron una breve conversación ante la mirada inquisidora del Daiyokai, que no apartaba la vista de la escena. Cuando el joven se dirigió a la barra a pedir más bebida, Sesshomaru se acercó a la sacerdotisa, retirándole un mechón de cabello de su oreja y agachándose ligeramente para susurrarle al oído.

— Deshazte de él.

— ¿Qué? — Kagome estaba indignada. ¿Quién era él para darle órdenes?

— O te deshaces de él o lo haré yo.

Las palabras de Sesshomaru eran demasiado amenazantes como para no tomarlas en serio. ¡Qué ingenua había sido! Pensar que el perverso demonio cambiaría de la noche a la mañana era claramente una utopía.

Su indignación llegaba a tal límite que ya no podía pensar en otra cosa que arremeter contra él.

— ¿Y qué vas a hacer, Sesshomaru? ¿Matarlo aquí, delante de toda esta gente? ¡Toda tu discreción se iría a la mierda, y tu maldito plan también!

Gritó tan alto que algunos comensales de su alrededor empezaron a girarse. El Daiyokai, para evitar la comprometida escena, agarró a Kagome del brazo y la arrastró a una zona del pub más tranquila, libre del gran alboroto causado por la gente y la música en directo.

— Si sigues gritando, me encargaré yo mismo de callarte — amenazó, clavando su fría mirada sobre los ojos de la sacerdotisa.

— ¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a matar a mí también? ¿Es eso lo que pretendes?

Ambos se encontraban fuera de sí, rabiosos y desafiantes. Kagome se negaba a permitir ninguna amenaza sobre su persona, aunque su osadía le costase la vida.

— Te lo repito por última vez…. — sentenció él, contundentemente.

— ¡No me pienso callar! Eres la persona más odiosa y arrogante que conozco, y no pienso que te salgas con la tuy…

Kagome no logró finalizar la frase ni le dio tiempo a reaccionar. Sesshomaru, cumpliendo su advertencia, se acercó a ella a gran velocidad para callarla con un apasionado beso en los labios, tan intenso que se le cortó la respiración.

¿Qué estaba pasando?

Perdió la fuerza al sentir su boca húmeda contra la suya, al notar sus fuertes manos apretando su nuca para empujarla contra su cuerpo. Detrás de aquella fría mirada llena de ira se ocultaba el fuego, tan ardiente y tentador que la joven empezó a jadear, completamente fuera de control ante el ataque sorpresivo del Daiyokai.

Sesshomaru tardó pocos segundos en recuperar la cordura y apartarla de su lado, sorprendido con lo que acababa de suceder.

Ambos se miraron, agitados y sin comprender el motivo de aquella perversa atracción que había surgido de forma inevitable. Kagome sintió que la cabeza le iba a estallar. Sesshomaru la miró, desconcertado, con una mezcla de ira y excitación en su rostro.

Se alejó de ella, dejándola sola y pensativa, con una mezcla turbia de sentimientos que le removieron las entrañas. No sin antes pedirle a Jaken que la vigilase, por si era tan estúpida de intentar escapar.


Se ha empezado a caldear el ambiente. Espero que os esté gustando la historia. Muchas gracias por las reviews! ;)

El próximo capítulo se centrará en Inuyasha y compañía, que los tengo abandonaditos, a los pobres. Pero es que quería acabar esta parte.

Faby Sama: Su condición humana puede que esté influyendo en que sea algo más sensible, pero poco, eh? Que a todas nos gusta ver al Sessh salvaje de siempre xD

Chippe: En el próximo capítulo tendremos noticias de Inu y Compañía. La única ventaja que tiene Inuyasha sobre los demás es que él ya ha estado en la era moderna, por lo que podrá ponerles un poco al día de todo.

Yami96: Algo se ha podido ver en este capítulo. Aunque los celos nivel dios los reservo para cuando el trío amoroso se encuentre por fin.