Invaluable
-15-
«Hinata»
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Me sentí como la mierda cuando desperté el martes en la mañana.
Naruto ya no estaba. Presioné la mano en su almohada vacía, esperando que la noche anterior no hubiera pasado. No la parte de la cita. La cita fue increíble. Y tampoco la parte donde se envolvió a mi alrededor y me sostuvo por siempre hasta que sucumbimos al sueño juntos. Eso fue la unión de nuestras almas.
Pero la parte donde arruiné todo pidiéndole que tomara mi virginidad. Sí... esa parte apestó. Como grandes y mutadas bolas de burro de tamaño elefante.
Aún no podía creer que lo hice. Justo hasta el segundo que la pregunta dejó mi boca no tenía planeado hacerla. Y luego él vino y me dio una salida tan pronto lo pregunté, diciéndome que podíamos olvidarlo todo. Pero no... tuve que insistir.
¿Por qué? ¿Por qué presioné?
Podría haber sido porque Utakata me afectó, tal vez, me dejó cuestionándome todo, y me volví tan determinada a mostrarle a él y a mí misma —demonios, al mundo entero— que podía ser una mujer común y corriente. Pero Naruto tuvo razón de nuevo cuando me dijo que intentaba usarlo para hacerme sentir mejor.
Dios, odiaba cuando tenía razón. Nunca pretendí menospreciarlo y tratarlo como un objeto.
Incluso así, no saber cuál era el secreto que escondía me molestaba. Demasiado. No nos escondíamos cosas, aunque ahora que lo pensaba, nunca compartió nada de su vida sexual conmigo, a propósito manteniéndome lejos de esa parte de él. Solo... no podía entender por qué.
Me sentía humillada y avergonzada, triste, herida, y sin embargo muy agradecida de que hubiera vuelto y pudimos arreglar las cosas. Si lo hubiéramos dejado como una pelea frente a mi casa, me hubiera sentido demasiado avergonzada para siquiera enfrentarlo de nuevo.
Y ahora me sentía incluso peor por herir sus sentimientos, y luego por traer a colación un tema que, obviamente, era delicado para él.
Lo presioné demasiado.
Me disculparía de nuevo. Le hornearía algunas galletas. Algo.
Cuando el reloj despertador sonó, le di una palmada al botón de repetición por como la tercera vez esta mañana y suspiré hacia el techo, deseando que tan solo pudiera quedarme acurrucada en la cama durante el resto del año... o al menos hasta que derramara esta culpa horrible.
Segundo después, la puerta de mi dormitorio se abrió de golpe y Gracen, seguido por Issa, entraron corriendo para treparse a mi cama y luego subirse encima de mí, balbuceando algo acerca de cereal, creo.
—¡Issa! ¡Gray! —Shizune se hallaba unos segundos detrás de ellos mientras se precipitaba en el cuarto—. Dejen a su tía dormir. —Se veía desaliñada y a medio vestir para el trabajo—. Lo siento, Hinata. Los sacaré de aquí.
—No, está bien —le dije—. Haz lo que tengas que hacer. Pueden quedarse conmigo unos minutos mientras te alistas. No tengo clase hasta las nueve.
—Oh Dios mío. ¡Gracias! Estoy retrasada así que lo aprecio. —Presionó un rápido beso en mi frente, le dijo a los niños que se comportaran y luego salió del cuarto.
Los gemelos se quedaron en la cama conmigo, y jugamos a hacernos cosquillas hasta que Shizune resolvió todo. Engullía una barra de granola cuando regresó para llevárselos. —Gracias de nuevo, Hinata. Eres un salvavidas. —Después de coger a Gray, le tendió la mano a Issa para que se parara. Entonces se detuvo y preguntó—: ¿Necesitas ayuda con algo?
Me preguntaba eso cada día. La mayoría de las veces, necesitaba algo, ayuda con mi cabello, ropa interior, maquillaje. Pero ella siempre estaba retrasada y además, me mortificaba cuanto tiempo me dedicó a través de los años. Sin querer ser una obligación esta mañana y sabiendo que podía conseguir lo esencial por mí, con un poco más de tiempo y esfuerzo, negué con la cabeza.
—No, gracias. Lo tengo controlado.
Eso la hizo detenerse insegura.
—¿Estás segura?
Asentí. Hoy, no podía ser una molestia para nadie más. No podía... no sé. Después de anoche, todavía me sentía egoísta y necesitada. Así que era extra importante para mí probarme que podía manejarlo bien sin apoyarme en nadie más para mi comodidad y felicidad.
Y terminé por poco llegando tarde a mi primera clase del día debido a ello. Por lo general, siempre llegaba temprano. Pero esta mañana, rodé en la sala de conferencia justo cuando el profesor se hallaba empezando la clase. La mayoría de los asientos se encontraban tomados, así que detuve mi silla al frente del salón junto a la última fila y usé mi regazo como un escritorio mientras sacaba mi laptop de mi bolsa de estudios para tomar notas.
La hora se prolongó y estuve distraída la mayor parte de ella.
Por fortuna, después tenía un tiempo libre y fui por una bebida, algo con mucha azúcar y cafeína podría proporcionar el pedal de arranque que necesitaba. Shizune me enganchó a su adicción al moka blanco de chocolate, así que me dirigí hacia el Starbucks más cercano en el campus cuando oí que alguien me llamaba.
La verdad estaba estresada así que lo ignoré hasta que un segundo más tarde, la misma voz gritó—: Tú, Hyûga. ¡Espera!
Eso me hizo detener en la acera y mirar alrededor del ocupado patio hasta que noté al tipo alto y delgado ondeando la mano mientras corría hacia mí.
Parpadeé, segura que debía tener visiones. Pero esa familiar sonrisa que lucía muy parecida a la de su hermano era imposible de confundir.
—¿Qué diablos haces aquí?
Konohamaru reía cuando me alcanzó.
—Día de universidad. Tuve toda una salida en día de escuela para visitar el campus, conocer mi consejero, dar un paseo, ese tipo de mierda.
—Oh. Por. Dios —pronuncié, sacudiendo la cabeza—. Aún no puedo creer que eres lo suficientemente mayor para graduarte de la secundaria. Juro que fue solo ayer que tenías ocho años y me preguntaste por qué temblaba tanto.
Cerró los ojos e hizo una mueca.
—Nunca me vas a dejar vivir con eso, ¿no?
Sonriendo, sacudí la cabeza.
—No cuando es tan divertido tomarte el pelo.
Dejó escapar un sonido antes de que su cara se dividiera de nuevo en una sonrisa intratable.
—Oye, te iba a contactar la semana pasada, ver si podías hackear mis calificaciones y bajar un punto mis notas pero mi hermano mayor me gruñó y parecía pensar que no irías tan lejos.
La mención de hermano mayor hizo flaquear mi sonrisa, pero luego arrugué mi nariz. ¿Acababa de decir que bajara sus notas?
—No lo haría —dije, inclinando la cabeza a un lado e hice una mueca de dolor contra el destellante sol mientras trataba de alzar la mirada hacia él—. Además, si querías un promedio peor, ¿por qué no sales mal a propósito en un tus exámenes?
Se encogió de hombros y me lanzó una mirada de mal humor.
—No sé. Es una cuestión de orgullo, supongo. Pero ahora estoy jodidamente atrapado con estas jodidas calificaciones, y voy a terminar siendo el segundo mejor de la clase. Sabes, en ese caso te hacen dar un estúpido discurso en la graduación.
Me reí.
—No habría pensado que tener que hablar en frente de una multitud de personas sería un problema para ti.
Rodó los ojos.
—Como si alguno quisiera oírme... no cuando el discurso de despedida del mejor de la clase vendría justo después.
La forma en que dijo mejor de la clase hizo que todo cobrara sentido.
—Oh, entonces es solo que no te gusta estar en segundo lugar.
En verdad trató de dar lo mejor de sí en los exámenes. Solo que no logró hacerlo mejor que otra persona, y eso lo molestaba.
—¿A quién le gusta estar en segundo lugar? —murmuró—. Es el puesto del primer perdedor. Todo el mundo me verá de pie enfrente de ellos aceptando ser el primer perdedor.
Fruncí el ceño ante ese pensamiento.
—Bueno, no creo que vaya a ser así...
—Y el mejor de la clase es también un completo idiota —remarcó—. No puedo creer que pierda ante tal imbécil. Pude muy bien no haber intentado una mierda en absoluto.
—Sabes, tienes razón. —Asentí sabiamente—. Nunca he ganado el primero, segundo o incluso tercer lugar en algo en toda mi vida. Muy bien podría solo matarme ahora.
Konohamaru parpadeó, sobresaltado por mi vehemencia. Luego suspiró y corrió una mano a través de su cabello.
—Entonces me estás diciendo que deje de ser una pequeña perra quejumbrosa y lidie con ello, ¿no?
Sonreí. Konohamaru era un niño tan divertido.
—Exactamente. Ahora siéntate ya. —Señalé a un banco cercano—. Antes de alzar la mirada hacia ti y directo hacia la luz del sol para que me ciegue.
—¡Oh! Mierda, lo siento. —De inmediato se dejó caer en el banco junto a mí.
Me reí, aunque todo el asunto me hacía pensar en Naruto. Nunca tuve que pedirle que se bajara a mi nivel. Solo lo hacía automáticamente. Incluso desde nuestro primer encuentro. Fue tan considerado, pensando en las cosas desde mi perspectiva y alterándose por ello. Siempre me ponía primero.
Dios, no lo merecía como amigo. ¿Por qué le pedí que se prostituyera para mí?
—¿Entonces qué pasa entre Naruto y tú? —preguntó Konohamaru, haciéndome mirarlo.
—¿A qué te refieres?
Sonrió.
—Actuó como un imbécil durante el desayuno. Así que le dije que debía ir a visitarte, porque, bueno, siempre lo pones de buen humor. Pero juro que me hubiera arrancado la cabeza si Nagato no hubiese saltado y salvado mi adorable trasero.
Suspiré. Sí, en realidad estropeé el asunto con mi estúpida pregunta anoche, ¿no? Pobre Naruto.
—Estamos peleados —me lamenté.
—Ya lo sabía. —Konohamaru sonaba divertido mientras sacaba un paquete de chicles de su bolsillo y desplegaba una pieza antes de arrojarlo en su boca—. Pero ¿por qué pelearon?
Mi cara ardió tanto que solo podía imaginar lo roja que se había puesto. Apartando la mirada, murmuré—: Nada.
De ninguna forma admitiría lo humillante que había sido ser rechazada por Naruto... ni mencionaría cuánto me dolía haber aprendido que tenía algún tipo de secreto que no quería decirme. Ya me sentía demasiado mal por presionarlo a algo que no debí haberlo empujado.
—Interesante —murmuró Konohamaru mientras sus labios se expandieron en una amplia sonrisa diabólica que me hizo preguntar si se había partido sus mejillas—. Así que al final lo hicieron, ¿eh?
—¿Qué? —resoplé—. ¡No!
Mis mejillas tenían que estar tan rojas que ahora debían rozar el púrpura.
—Ahh. —No me gustaba esa mirada conocedora en sus ojos mientras me veía—. ¿Así que lo rechazaste? Típico de mi hermano mayor.
—No, no lo rechacé. —Sintiéndome petulante y temperamental, fruncí el ceño y murmuré—: Él me rechazó.
Oh Dios mío, no podía creer que acabara de decir eso. El hermano de Naruto era como de la familia y me sentía más a gusto con él que con el noventa y nueve por ciento de la población, pero aun así. ¡Embarazoso!
Konohamaru parecía similarmente sorprendido por mi confesión. Se ahogó con el pedazo de chicle.
—Eh... ¿discúlpame? —Se señaló al pecho antes de recuperar la goma—. Acabas de decir...
—¡Sí! —espeté, perdiendo totalmente toda paciencia y el pudor. Pero ya que no podía preguntarle a Naruto por esto, y era demasiado vergonzoso decirle a Shizune como me le había arrojado, entonces... sería Konohamaru—. Sí, bien. Se lo pedí.
Con la mandíbula abierta, Konohamaru me miró un momento antes de decir—: Tú... en serio se lo pediste a Naruto... —Ni siquiera podía terminar la pregunta, ya que se hallaba muy impactado.
—¡Lo sé! —Lloré, cubriendo mis ojos con las manos—. Tampoco puedo creer que lo hice. ¿Qué demonios pensaba? Una no le pide a su mejor amigo que duerma ella. ¿Quién hace eso?
—Bueno, honestamente... —Konohamaru se frotó su mandíbula, pensativo—. No fue una pregunta tan mala. Pero no puedo creer que te rechazara. Siempre pensé que sería mucho más fácil acostarse con él.
Me reí, agradecida por el cómico alivio. Pero luego mis hombros se hundieron. —Si te hubiera pedido que tomaras mi tarjeta V, ¿me habrías rechazado?
—Demonios, sí —respondió de inmediato.
Parpadeé, impactada por lo rápido que respondió. Entonces encrespé los hombros como un perro huyendo de su brutal amo, y susurré—: ¿En serio?
—Bueno, sí —dijo como si la respuesta fuera obvia—. Eres de Naruto. Me patearía el trasero si alguna vez lo considero. Si no lo has notado, ese chico es horriblemente sobreprotector contigo.
Fruncí el ceño y apreté mis dientes.
—Sí, sé que es sobreprotector. Pero no considera...
—No. —Sacudió la cabeza como si en realidad no tuviera ninguna idea—. Es como... no lo entiendes, ¿no? Eres suya.
Mi corazón aceleró su latido ante su insistencia.
—¿Discúlpame?
—Te protege como... mierda, ni siquiera lo sé, tal vez como una manada de lobos rugientes parados junto a su compañero herido. Es como si fueras una parte de él, la parte más vulnerable. Así que... sí. Me confunde que en realidad te haya rechazado. —Me miró de soslayo—. ¿Estás segura que te rechazó?
—Absolutamente segura. Reflexionamos sobre ello por una buena hora. Juró que arruinaría nuestra amistad.
—Él... espera. ¿Deliberaron sobre ello? —Parecía divertido por eso, lo que me hizo entrecerrar los ojos.
—¡Sí! Argumentamos al respecto. Un montón.
—Hinata. Oh, Hinata. —Cerró los ojos y se llevó la mano al rostro—. Hinata, Hinata, Hinata. No tratas de usar la razón con un hombre cuando quieres jugar a las caricias y cosquillas con él.
—¿No? —Cuando sonrió y negó con la cabeza, fruncí el ceño—. ¿Por qué no?
Konohamaru suspiró.
—Porque las pollas no responden a la razón; responden a la estimulación.
—¿Entonces...? —¿Qué demonios decía?
—Seduce al hijo de puta, y cederá como un castillo de naipes.
—Yo... —Mi pulsó se aceleró—. ¿En verdad lo crees? —Pero luego sacudí la cabeza, recordando la cara pálida de Naruto y ojos torturados cuando me dijo que no podíamos nunca dormir juntos—. No. No, me rechazó, fin de la historia. No lo molestaré de nuevo.
—¿Qué? ¡No! —Se lanzó hacia mí, agarrándome el brazo—. No puedes rendirte ahora. Móntate de vuelta al caballo y atrapa a tu hombre.
—Konohamaru. —Cerré mis ojos y negué con la cabeza—. No entiendes. Herí sus sentimientos. Fui a algún lugar que nunca debería haber ido. Por no hablar de lo humillante que fue ser rechazada. No busco eso otra vez. No voy a hacerle eso de nuevo.
Sus dedos me apretaron más fuerte.
—No, no lo entiendes. Necesita esto. Te ama, sé que te ama. Eres la indicada, eres todo para él, Hinata. —Se me trabó la respiración ante su seguridad. Me recordó lo segura que también estuvo Shizune acerca de los sentimiento de Naruto.
¿Veían nuestras familias algo en él que yo no podía?
—Y sea cual sea la herida que hayas abierto —siguió Konohamaru, haciéndome arrugar mi frente y enfocarme en su cara—... debes dejarla completamente. Por favor no te rindas. Solamente... confía en mí.
Mis labios se abrieron cuando me di cuenta que él sabía lo que Naruto me ocultaba. Dolida de que se lo hubiera contado a él y no a mí, empecé a sacudir mi cabeza. Pero el pedido en la expresión del rostro de Konohamaru me hizo detener.
Créeme, dijo. Naruto necesitaba esto.
¿Pero necesitaba qué? ¿Sexo conmigo? Eso sonaba cómico.
Entonces recordé las palabras de Naruto de la noche anterior. Haría cualquier cosa por ti. Pero no puedo hacer esto.
¿Qué demonios no sabía?
Había lucido tan vulnerable y perdido. No podía... No, no iba a escuchar a Konohamaru y hacer pasar a Naruto por ello de nuevo.
Excepto que su hermano dijo—: Por favor. Si alguna vez lo amaste, lo intentarás. Solo una vez más.
Cerré mis ojos. Si Konohamaru sabía cuál era el secreto de Naruto y se hallaba así de determinado a que lo ayudara a romper lo que sea nos separaba, entonces...
—De acuerdo —susurré, incapaz de creer que acababa de aceptar—. Tal vez una vez más.
—Genial. —Liberó mi brazo con una sonrisa—. No te arrepentirás, y te prometo que Naruto también lo apreciará. De hecho... maldición, tengo una idea. Espera un segundo.
Se levantó, hurgó en su bolsillo, y sacó un teléfono. Después de marcar, lo presionó en su oreja y se alejó unos pasos así podía hablar con más confianza con el que se encontrara al otro lado de la línea. Entonces colgó y trotó de vuelta a mí, sonriendo.
—Está todo arreglado —anunció—. Este sábado, tienes que encontrarte con tu contacto a las dos de la tarde en punto en la entrada de Victoria's Secret en el centro comercial, ¿lo entiendes?
—Mi... ¿contacto?
Sonrió y alborotó mi pelo.
—Créeme. —Con una mirada a su teléfono, hizo una mueca—. Maldición. Tengo que reunirme con mi consejero. —Levantando la mirada, me envió un pulgar hacia arriba—. Buena suerte. Nos vemos el sábado.
—Yo... ¡espera! ¿Qué pasa exactamente el sábado?
En vez de responder, me ondeó una mano sobre su hombro y siguió alejándose con rapidez.
Le fruncí el ceño, de repente muy preocupada por lo que acababa de aceptar.
Cuando llegó el sábado, no le dije a Shizune o a Tokuma dónde iba, porque tenía la certeza de que Tokuma no aprobaría nada que tuviera que ver con la posibilidad de perder mi tarjeta V, y bueno... sobre todo porque yo misma no me sentía segura de a dónde iba... o qué estaba haciendo.
Todavía no tenía idea de a quién conocería o en dónde terminaríamos desde allí. Esperaba que mi "contacto" supiera quién era yo porque... sí, no tenía ni idea de quiénes eran ellos, y la verdad, no me encontraba completamente segura de nada de esto.
Naruto me rechazó, y lo dijo en serio. Debía respetar eso.
Pero Konohamaru me envió un mensaje de texto esta mañana, recordándome y asegurándome que todo saldría bien. No tenía ni idea de por qué confiaba en un chico de diecisiete años, que ni siquiera podía molestarse en quedarse en casa cuando estaba castigado. Pero él parecía tan seguro de su idea, y yo lo estaba de nada, entonces... le seguí la corriente.
Los instintos de Konohamaru eran, de esperarse, que fueran mejores que los míos y esto no era lo más estúpido que hice.
Le dije a mi familia que me iba a la biblioteca y me fui, en mi camioneta, en dirección opuesta a la del campus. Tan pronto como llegué al centro comercial, mi estómago comenzó a contraerse. Odiaba aparcar allí; el área del estacionamiento para discapacitados no me dejaba lugar para bajar mi silla de ruedas sin estorbar el tráfico. Detestaba incomodar a los demás y obligarlos a esperar por mí; siempre parecían tan impacientes e irritados tan solo por mi existencia, pero me animé y entré, sin ser atropellada o insultada.
Victoria Secret se encuentra casi en medio del centro comercial, cerca del patio de comidas. Mi estómago gruñó cuando el aroma de los restaurantes diversos flotaba para saludarme.
Mmm, antes de irme, voy a tener que hacer una pausa por un bretzel suave con sal y queso.
En realidad, me debatía si debía dirigirme en esa dirección primero, cuando alguien llamó—: ¡Hinata! Hola, estás aquí.
Cuando vi a la hermana de Naruto, Karin corriendo en mi dirección junto con su amiga Ino, cuyo marido también solía trabajar en Shinobi's con Tokuma, parpadeé sorprendida.
—¿Ho... hola? —dije indecisa.
¿Karin era mi contacto? Absolutamente no esperaba eso.
—¡Hola, mujer! —Se apresuró a darme un gran abrazo—. ¿Cómo has estado? Me sentí tan emocionada cuando Konohamaru me dijo que por fin te sentías lista para reclamar a Naruto, aunque, honestamente, te ha tomado demasiado tiempo. Hasta ahora, he perdido dos apuestas con mi marido, segura de que pondrías a mi hermano de rodillas, hace años.
—Yo... e... —Sí, no tenía ni idea de qué responder.
Pero en serio, ¿todo el mundo pensaba que terminaríamos juntos? ¿Por qué no pude ver lo que vieron?
—Entonces, ¿estamos preparadas para poner este espectáculo en marcha? — Karin apareció detrás de mí, agarrando mi silla de ruedas para empujarme.
Levanté mi mirada hacia Ino en busca de ayuda.
—¿Espectáculo? ¿Qué espectáculo? ¿Qué exactamente íbamos a hacer?
Ino abrió la boca para responder, pero Karin la interrumpió.
—Vamos a comprar todo tipo de lencería sexy para ayudarte a seducir a Naruto para que se acueste contigo finalmente. La idea es de Konohamaru, pero yo la apruebo.
Me quedé boquiabierta, haciendo que Ino se riera.
—¿Seguro que deseas mezclarte con el clan Uzumaki?
En realidad no. No me sentía muy segura de esto, en lo absoluto. Me hallaba un poco sorprendida de que tanto Karin como Konohamaru estuvieran tan dispuestos y entusiasmados como para planear algo como esto en contra de su hermano.
Pero Karin respondió por mí, agachándose para que pudiera chocar suavemente su mejilla contra la mía.
—Por supuesto que sí está segura. Ya somos como hermanas. Bien podría serlo oficialmente.
—Espera, ¿qué?
Lo hacían sonar como si estuvieran tratando de ayudarme a que Naruto me propusiera matrimonio o algo así. Aunque la idea hizo que mi corazón saltara, era mucho más retorcido de lo que planeaba que sea.
Sinceramente, solo quería dejar de sentirme patética. Quería tomar el control de mi vida.
Pero esto parecía salirse de control, de lo que planeé.
—¿Estás segura de que esto es una buena idea? —me aseguré.
—Es perfecta —me aseguró Karin mientras me empujaba al interior de la tienda de ropa interior—. Confía en mí.
{...}
Una hora más tarde, tenía una bolsa de compras llena de tres pares de sujetador y bragas a juego, un nuevo perfume, y... condones. Con estrías para su placer.
Nunca sabré por qué no fui capaz de negarme cada vez que Karin metía algo en mis brazos. Pero me sonrojaba al pensar en el contenido. Miré a mi alrededor, porque sentía como si todo el mundo me observaba y sabía qué tipo de cosas traviesas compré, pero todos en el patio de comidas parecían estar ocupados en sus asuntos, completamente ajenos a mi bolsa llena de trucos, a la que me aferraba a muerte en mi regazo.
—Sabes —reflexionó Karin desde el otro lado de la mesa en donde nos encontrábamos sentadas—. Estoy contenta de que mi marido sugiriera que nos mudáramos a Konoha desde Lake Tahoe después de que me quedé embarazada de Teagan. Era lindo, pero este es mi hogar. Les extrañé tanto. Mmm. —Gimió y cerró los ojos mientras masticaba—. Fue buena idea detenernos en el patio de comidas, Hinata. Estos bretzels son deliciosos. Y no tengo que compartir nada con alguien de dieciocho meses, o un esposo rogando. —Gimió de nuevo felizmente mientras tomaba otro bocado.
—Están muy buenos —coincidió Ino, sonando casi culpable al mirar la pantalla de su teléfono por décima vez desde que nos detuvimos en el patio de comidas para comer. Luego se concentró en morder su bretzel de queso crema recubierto con canela.
—Oh, Dios mío. —Karin le sacó el teléfono—. Ellos están bien. Deja de revisar.
—¿Quién está bien? —pregunté, limpiando un poco de canela y saliva de la comisura de mis labios.
—Konohamaru y Suigetsu están como niñeras de sus hijos y del mío mientras estamos de compras —respondió Ino, mordiéndose el labio—. Sé que Suigetsu es un papá genial, pero de repente, tener a tres...
—Es por eso que envié a Konohamaru a ayudar —intervino Karin—. Estarán bien.
—¿Dónde está Sai? —pregunté.
—En el trabajo. Se encontraba tan emocionado esta mañana, hoy ayuda en tres grandes operaciones. —El marido de Ino consiguió realizar su residencia en el Centro Médico Regional de Konoha. En secreto, lo llamaba doctor Pantalones Calientes porque se veía muy bien en bata.
Me hallaba a punto de preguntarle cuando dejaría de necesitar de un supervisor y terminaría la residencia para poder practicar por su cuenta, pero mi teléfono sonó.
Después de rebuscar en mi bolso, me alegré.
—Es Shizune.
Karin agarró mi muñeca antes de que pudiera responder.
—No le cuentes lo que hicimos —susurró, mirando de reojo mi bolsa traviesa.
Negué con la cabeza, confundida.
—¿Por qué no? Estoy segura de que Shizune estaría de acuerdo con el plan.
—Oh, no hay duda. Pero no puede ocultarle un secreto a ese marido suyo, ni para salvar su vida, y tengo la sensación de que Tokuma no estaría apoyando demasiado la Operación Follar a Naruto.
Buen punto. No me gustaría poner a Shizune en esa posición.
Asentí sabiamente antes de contestar—: Hola, ¿qué pasa?
—Eva acaba de ponerse de parto. —Sonaba agobiada y sin aliento.
—¡Oh Dios mío! —Aplaudí de alegría y les di una sonrisa a Karin e Ino—. Pensé que el bebé necesitaba otras...
—Dos semanas, lo sé. ¿Pero cuando E. llegó a término para tener un niño?
Cierto.
—Eso quiere decir que con Tokuma nos estamos yendo, ahora, y cuidaremos a los niños de Pick y Eva. Nos iremos por unos días. ¿Estarás bien? O necesitas...
—Estaré bien —me apresuré a tranquilizarla, sabiendo que ella estaba en un apuro—. No te preocupes por mí. Si necesito algo, solo voy a —miré a Karin—, pedirle a los Uzumaki.
—Excelente. Te amamos. Cuídate. Nos vemos en unos días. —Shizune terminó la llamada antes de que pudiera decir algo más, por lo que solo me reí de su entusiasmo y finalice la llamada.
—¿Pick y Eva están teniendo su bebé? —supuso Ino.
Cuando asentí, ella y Karin gritaron de alegría y sacaron sus propios teléfonos, probablemente para enviarles mensajes de texto a sus maridos. Mi primer impulso fue contarle de inmediato a Naruto las noticias. Pero al ver a Ino y Karin contactando con sus chicos hizo que me detuviera y sintiera como si estuviera tratando de meterlo en la posición de marido, sobre todo después de todo lo que compré hoy. Y no era como que quería forzarlo.
Aún me sentía feliz y contenta con ser solo su mejor amiga. No intentaba forzar algo más. La parte del sexo era simplemente porque solo confiaba en él para que me ayude a facilitar las cosas en la próxima etapa de mi vida, excepto que olvidé un poco por qué me encontraba tan decidida a perder mi virginidad en primer lugar. Ser virgen no era doloroso ni incómodo. Era perfectamente feliz si permanecía de esta manera el resto de mi vida si fuera necesario. Si solo imbéciles como Utakata...
Oh, bien. Utakata.
Empecé toda esta estúpida cruzada porque quería demostrarle a ese imbécil que podía atraer a un hombre sin que le pagarán.
Pero cuanto más quería empujar a Naruto a hacerlo, la idea me parecía cada vez más desagradable, sobre todo después de la forma en que reaccionó la primera vez que se lo pedí.
—Oh, Dios mío, mi marido es un genio —chilló Karin, levantando la mirada para sacudir mi brazo—. Con Eva entrando en trabajo de parto, y Shizune y todos ellos yendo a cuidar a los otros tres niños, ya sabes lo que significa esto, ¿verdad?
Arrugué la frente, sin tener ni idea de lo que eso significaba.
—¿Que Eva y Pick ahora tendrán cuatro niños? —supuse sin convicción.
Suspiró y puso los ojos en blanco.
—No. Significa que estarás sola en casa los próximos días.
—Oh —jadeó Ino, entendiendo—. Eso es perfecto. Pensé que tendríamos que esperar semanas para organizar la noche de seducción, pero... espera, ¿Naruto tiene que trabajar esta noche?
—No. —Karin leyó la pantalla de su teléfono con una sonrisa—. Konohamaru dice que está libre tanto esta noche como mañana. —Levantó la mirada y movió sus cejas hacia mí—. Así que eso nos da dos noches con las que trabajar.
La incertidumbre se revolvió en mi interior.
—Sabes, he estado pensando. Tal vez forzar a Naruto...
—Es un gran plan —interrumpió Karin—. Confía en nosotras.
Que confíe en ellas.
Claro, gritaba muy insegura mi mente.
No tengo ni idea de por qué confiar en los hermanos de Naruto se sentía como la peor idea de todas. ¿No deberían saber más que yo lo que él necesitaba?
No, yo era su mejor amiga. Ellos no. Lo conocía mejor. Y a él no le gustaría esto... en lo absoluto.
Creo que ahí fue cuando decidí que no iba a seguir adelante con la Operación Follar a Naruto, a pesar de que acababa de dejar que Karin piense lo contrario.
{...}
Cuando Karin me animó a acompañarlas a la casa de Ino desde el centro comercial, estuve de acuerdo. No pensé que habría algo malo en ello, ya que la alternativa era que fuera sola a casa.
Cuando llegamos, Suigetsu esperaba en la puerta. Por alguna razón, Karin había agarrado mi bolsa de pecado de mi camioneta cuando estacioné. No tenía ni idea de por qué, desde luego, no iba a cambiarme en nada aquí... tal vez ni siquiera ningún lugar. Probablemente iba a "perder" la bolsa tan pronto como llegara a casa.
—Hola, Ruedas Calientes —me saludó primero Suigetsu—. ¿Elegiste algo muy travieso?
—Oh, Dios mío —jadeé, con mi cara volviéndose roja como una remolacha. Supongo que debería haber sabido que todos estarían dentro de la Operación Follar a Naruto.
Sí, ahora realmente no podía seguir adelante con ello.
—Déjala en paz —se quejó Karin, alejando de golpe la bolsa de su alcance cuando trató de mirar dentro.
—¿Dónde están los niños? —preguntó Ino, mirando a su alrededor.
—En el cuarto, viendo una película —respondió Konohamaru saliendo de la sala.
Cuando Ino comenzaba a ir en esa dirección para verlos, Karin dijo en voz alta—: Oye, agarra tu kit de maquillaje mientras estás allí.
—Entonces... —Konohamaru sonrió mientras caminaba hacia mí—. ¿Fue genial mi plan, o no?
Más allá de la vergüenza, porque todo el mundo actuaba de manera indiferente acerca de que intentaba seducir a su hermano, murmuré—: Todo esto se vuelve cada vez más ridículo con cada segundo.
—Tonterías. —Me sorprendió muchísimo besando la cima de mi cabeza antes de dirigirse a la salida—. Confía en nosotros.
Apreté los dientes, tentada a decirle que me enfermaba que todos me dijeran eso, aunque Karin todavía se encontraba allí, y fue tan amable conmigo hoy, que no quería herir sus sentimientos, diciendo que no podía confiar en ella.
—¿A dónde va? —pregunté en su lugar, mientras observaba al hermano de Naruto salir de la casa silbando.
—Él está poniendo en marcha la etapa dos —respondió Karin antes de agarrar mi mentón y obligarme a levantar la cara—. Cierra los ojos.
Parpadeé, solo para darme cuenta de que Ino regresó con su kit de maquillaje, y Karin quería maquillarme.
—¿Por qué? —pregunté indecisa, moviendo mi cara hacia atrás—. ¿Cuál es la segunda etapa? ¿Y cuál era la primera?
—No te preocupes, cariño —respondió Karin justo antes de que Ino dijera—: Oh, ese color es perfecto para ella.
—Es así, ¿verdad? Tenía la sensación de que los tonos de diamantes le quedarían muy bien. —Se volvió hacia mí—. Solo quiero jugar un poco —me aseguró.
—Oh. —Amablemente cerré los ojos, pero aun así, me sobresalté cuando empezó a aplicar la base.
—¿Por qué trajiste tres pares diferentes de ropa interior? —preguntó Suigetsu, haciéndome abrir un poco un ojo en el que Karin no trabajaba al darme cuenta de que alguien se apoderó de mi bolsa... y rebuscaba en su interior.
Levantó tres perchas llenas de innombrables.
—Te das cuenta de que solo vas a necesitar uno de estos chicos malos para tener a Naruto de rodillas, ¿verdad?
—Oh, Dios mío —gemí, hundiéndome en mi silla de ruedas.
Karin gruñó—: Deja de meterte con la ropa interior de Hinata. —Agarró de golpe las tres perchas con los sujetadores y bragas a juego, sacándoselo de las manos con las que sostenía hacia arriba para examinarlas—. Dale a la chica un poco de intimidad.
—Lo siento —me dijo Suigetsu, a pesar de que no parecía estar disculpándose, especialmente cuando se inclinó más cerca y susurró—: Si fuera tú, escogería ese conjunto rojo y negro. —Luego me dio su visto bueno y sonrió—. Es ganador.
Me reí, a pesar de que mi cara se sentía más caliente.
Detrás de mí, la puerta se abrió, y afortunadamente, Karin corrió a meter mi ropa interior de nuevo en la bolsa para sacarla fuera de vista. Pero cuando vio quién entró, se relajó.
—Oh. Eres tú.
—¡Sai! —jadeó Ino y corrió hacia la entrada.
Me volví a tiempo para verla ponerse de puntillas para abrazar a su marido. —Llegas temprano.
—La última cirugía en la que iba a ayudar, fue cancelada. —Miró a los demás por encima del hombro de su esposa—. ¿Qué está pasando?
—Estamos practicando maquillar a Hinata para que pueda seducir a Naruto —respondió Karin sin rodeos antes de dejar de prestarle atención a mi rostro para mirar en su dirección. Luego dejó escapar un fuerte silbido—. Maldición, doctor. Te ves bien en bata.
Suigetsu se ahogó por la sorpresa.
—¿Perdón?
—¿Qué? —Karin se encogió de hombros—. Solo digo... maldición. Se ve bien en bata.
Un confuso Sai miró a su esposa, arqueando las cejas. Ella se ruborizó.
—¿Fuiste a ver a Eva y a Pick antes de venir a casa?
—Sí —murmuró—. Sus contracciones aún tenían tres minutos de diferencia, y con cuatro centímetros de dilatación. Tardará un par de horas más todavía. — Después de mirarme, luego a Karin y Suigetsu, se volvió de nuevo a Ino—. ¿Tokuma está al tanto acerca de esta cosa de seducción?
—Sí, claro —respondió Suigetsu—. Le consultamos antes de que las chicas la llevaran a comprar ropa interior. No, no sabe nada. ¿Estás loco? Valoramos nuestras vidas.
—Um... entonces, está bien. —Sai examinó la habitación—. ¿Dónde están los niños?
Antes de que alguien pudiera responder, una cacofonía de ruido irrumpió en la sala. Luego, dos chicos seguidos de una chica de cabello muy claro sonriendo, corrieron a la habitación mientras Teagan intentaba alcanzar a Luke e Inojin.
—Aww —dijo en voz alta Karin, mirando a su hija de un año y medio—. Ella ya está persiguiendo a los chicos.
—¡¿Qué?! —Viéndose de repente asustado, Suigetsu alzó en brazos a Teagan cuando pasaba—. No hasta que tenga treinta y cinco jodidos años.
—Apa —animó Teagan, acariciando su rostro con sus deditos rechonchos.
Suigetsu besó su nariz. —Sí, bebé, te amo demasiado. Y yo soy el único hombre al que siempre amarás.
—Está bien, eso es más atractivo que cualquier bata —decidió Karin, abandonándome para envolver los brazos alrededor de su marido e hija y darles dos besos.
Al otro lado de la habitación, juro que Ino murmuró—: Ni tanto — mientras se acurrucaba contra el brazo de Sai antes de que él se inclinara para saludar a su hijo, quien parecía feliz de que estuviera en casa.
Me senté allí, observando las dos familias y sintiéndome realmente patética, y avergonzada por remotamente haber pensado que debería intentar cualquier cosa con Naruto.
Él tenía razón. Hubiera arruinado totalmente nuestra amistad, pero no solo eso. Nuestras familias se encontraban tan unidas como amigos; que podría haber causado incluso una grieta en todo nuestro grupo.
Sin querer hacer eso, empecé a ir hacia la puerta, lista para salir, necesitando esconderme en mi habitación hasta que se disipara mi vergüenza.
Pero Karin dijo en voz alta detrás mío—: ¿Hinata? ¡Espera! ¿Qué estás... a dónde vas?
Hice una pausa, sintiéndome mal por simplemente irme. Pero aquí nadie me necesitaba. Y sentí la urgencia de escapar con mi vergüenza.
—Me voy a casa —dije, apenas mirando en su dirección.
—Um... esta bien. Aquí tienes. No te olvides de esto. —Se aseguró de que agarrará mi bolsa, agregándole un guiño de complicidad mientras lo hacía. Luego susurró—: Buena suerte.
No contesté. Simplemente me fui, despidiéndome de los otros antes de salir por la puerta y apresurarme tan rápido como podía hacia mi coche.
Tuve la tentación de tirar la bolsa a la basura tan pronto como entré en mi habitación. Pero después de que la lancé en la cama, me detuve y miré con curiosidad. No me tomé la molestia de probarme algo en la tienda. Después de que la empleada me midiera, y que coincidía con mis tamaños habituales, supusimos que con eso sería suficientemente.
Se aseguraron de buscarme un sostén con el broche adelante, algo que pudiera manejar por mi cuenta. Y el de encaje de seda rojo y negro combinaba muy bien, entonces tuve la tentación de probármelo una vez. Tenía que, por lo menos, saber cómo me veía en ese par... o quizás en todos los pares.
Sintiéndome vertiginosamente traviesa, cerré las persianas y luego me quité la ropa. Primero me probé el celeste, luego, el conjunto de color rosa. Finalmente, me probé el conjunto rojo con negro. Tras observarme en el espejo de cuerpo entero, decidí que la silla de ruedas le restaba algo de atractivo sexual, así que me levanté y me senté en la cama, posando y luego me reí porque me veía ridícula.
Bueno... de todos modos, un poco ridícula. Karin dejó bonito mi rostro y mi cabello se veía bien. Y bueno, el sujetador hacía que mis pechos se levanten y parezcan casi llenos y redondeados. Y con el corte de las bragas, la manera en que resaltaban la curva de la cadera y la inmersión en mi cintura; en realidad podía considerarse medio decente mi aspecto.
A decir verdad... me sorprendía lo bien que me veía. Vacilando, extendí mi mano para deslizar el dedo por mi caja torácica, en los huecos y las curvas hasta llegar a la cadera. Alguien, en algún lugar, podría incluso pensar que me veía hermosa.
Por primera vez en mi vida, me sentí bonita, realmente bonita. Y no era solo mi apariencia física, era una sensación, como... ni siquiera estoy segura de que... algo muy profundo en mi interior, una autoconciencia que comenzó como una sensación en los dedos de los pies, y luego subió por mis piernas y se instaló cálidamente en mi vientre antes de pasar a iluminar mi corazón.
Tal vez no estuviera completamente pérdida. Quizás, en algún lugar, algún día, alguien podría incluso amarme.
Un golpe en mi ventana me hizo gritar por la sorpresa. ¡Mierda! No había esperado eso. Mi corazón saltó a mi garganta, corrí para agarrar mi ropa, pero los golpes continuaron y parecían aumentar de intensidad.
Sin tiempo para la ropa, agarré mi albornoz que se encontraba al final de la cama, lo envolví firmemente alrededor de mí y levanté las persianas de la ventana.
No estaba segura de por qué me sorprendió ver a Naruto, ya que era la única persona que me visitaba través de la ventana. Pero de todos modos, me sorprendió y no necesariamente en el buen sentido.
¿Qué diablos hacía aquí?
Tenía el mal presentimiento de que no iba a terminar muy bien esta visita.
Continuará...
