Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo Doce

Carlisle despertó a Bella dos veces más durante la noche antes de despertarse alrededor de las siete de la mañana. Se vistió rápidamente, con la esperanza de salir de la casa antes de que nadie más despertara y evitar una conversación incómoda. Casi podía sentir el aire de Cullen Hall filtrándose en su piel, marcándola como un objetivo.

Se preguntó si podría limpiárselo o si este lugar la conservaría para siempre.

Bella bajó las escaleras, agarrando sus zapatos en una mano y su maleta en la otra, mientras se giraba para atravesar las puertas de la cocina, que estaban situadas detrás y a la derecha de la escalera. Abriendo la puerta, se detuvo cuando escuchó una voz, pero se dio cuenta de que era la radio. Alguien más estaba claramente despierto.

Al entrar en la cocina, Bella se detuvo de repente, con el corazón en la boca. Edward Cullen estaba sentado en el piso de la cocina, de espaldas a la pared, con Sam acostado sobre sus piernas extendidas. Estaba leyendo un periódico, con un par de anteojos de montura metálica en la nariz. Ambos miraron hacia arriba cuando Bella entró y Sam se estiró tranquilamente pero no hizo ningún movimiento para ir hacia ella.

—Buenos días —saludó Edward en voz baja y Bella asintió, sin confiar en sí misma para hablar—. ¿Quieres un té o un café?

—Deberíamos irnos —logró decir Bella, los ojos fijos en el suelo y Edward le dio a Sam una mirada divertida mientras el perro golpeaba felizmente su cola contra el suelo, pero se quedó acostado.

—No parece tener prisa.

—Sam… —llamó Bella, pero Sam simplemente se dio la vuelta, se apartó de las piernas de Edward y se acurrucó.

Traidor, pensó Bella de mal humor mientras Edward se levantaba, sacudiéndose los vaqueros gastados y acercándose a la tetera. Un momento después, Esme apareció en la cocina, y Bella no tuvo ninguna posibilidad de escapar.


Dos tostadas, tres tazas de té y Bella aún no salía de la cocina de Cullen Hall. Se sentó frente a Edward en la mesa, para su angustia, y respondió cortésmente a las preguntas de Esme, evitando los ojos del hombre frente a ella.

—Entonces, ¿qué te trae a Inglaterra, Bella? —preguntó Esme, y Bella apretó sus manos alrededor de la taza. Los ojos de Edward se fijaron en sus dedos tensos y l dirigió una mirada a su madre.

—Mamá, es el desayuno, no la Inquisición Española.

—Solo estoy conversando, cariño —lo regañó, sirviéndole más café. Carlisle ya había bajado y salido, necesitando visitar la ciudad para comprar más víveres. Emmett y Rosalie no estaban por ningún lado.

—¿Cuánto tiempo llevas en Inglaterra? —le preguntó Esme a Bella, y ella bajó la mirada a su taza de té.

—Unos ocho años. Asistí a la universidad aquí. Estuve casada con un inglés.

—Oh, la señora Cope no mencionó al señor Swan —comentó Esme a la ligera y Bella sonrió brevemente, pero sin humor en su expresión.

—No tendría por qué hacerlo. Nos divorciamos hace más de dos años. Swan es mi apellido de soltera.

Esme hizo una mueca visiblemente y Edward negó con la cabeza.

—Mamá…

—Está bien —le aseguró Bella—, fue mi decisión divorciarnos. Seguí viviendo en Londres hasta que vine aquí el mes pasado.

—Aun así, lamento recordártelo —dijo Esme en tono de disculpa—, me han dicho que no tengo mucho filtro. Una vez que conozcas a Alice, verás que es hereditario.

Sam eligió ese momento para ponerse de pie, estirándose y agitando las orejas ruidosamente. Bella le dio una mirada seca.

—Oh, ¿ahora estás listo para irte?

—Es una excelente compañía —indicó Edward, frotando la cabeza de Sam. El perro gruñó, buscando el afecto de las manos de Edward y Bella desvió la mirada.

—Deberíamos volver a la cabaña. Vamos, Sam.

—Edward, ¿te importaría sacar las sábanas del cuarto de invitados? —pidió Esme, llevando platos y tazas vacías al fregadero.

Bella murmuró un breve adiós y chasqueó los dedos hacia Sam, quien la siguió obedientemente fuera de la cocina. Deteniéndose al pie de las escaleras para recoger su maleta, Bella se enderezó y luego se detuvo cuando vio a Rosalie de pie en la parte superior de las escaleras. Las dos mujeres se observaron por un momento antes de que la mirada de Rosalie se congelara y Bella se estremeciera levemente, asintiendo con la cabeza en reconocimiento antes de caminar rápidamente hacia la puerta principal.

Su camioneta estaba estacionada en la parte superior del camino de entrada y Bella puso su maleta en la cabina con su bolso antes de caminar hacia el frente para inspeccionar el daño. Esme tenía razón cuando dijo que el árbol había sufrido más daños. Aparte de una leve abolladura en la rejilla y algo de pintura rayada, no se notaba la diferencia.

Bella caminó hacia la puerta del lado del conductor y se sobresaltó cuando alguien la llamó por su nombre.

—¡Isabella! —Se giró y vio a Edward corriendo por los escalones de la puerta principal. La aprensión se apoderó de ella y mantuvo una mano en la puerta del auto cuando él se detuvo frente a ella. Él era alto, mucho más alto que ella, y luchó contra un escalofrío ante la familiaridad de sus rasgos. Él se frotó la mandíbula y se rascó la barba.

—¿Quieres… querías algo? —balbuceó Bella, apartando los ojos de su también hermoso rostro.

—Dejaste esto en la habitación de invitados —explicó con calma, extendiendo la mano. Bella abrió la palma de su mano y él colocó algo en ella. Sus dedos rozaron los suyos y fueron sorprendentemente cálidos. Bella casi jadeó, tan acostumbrada a las manos frías y a los murmullos de afecto, que la temperatura corporal normal de Edward parecía casi antinatural.

Ella echó un vistazo a lo que acababa de entregarle y frunció el ceño. Era el relicario de plata que había encontrado hacía tanto tiempo junto al lago.

—Oh. Gracias —dijo sin comprender.

—Parece antiguo. No quieres dejarlo tirado —comentó Edward en tono de conversación y Bella asintió vagamente, todavía girando el relicario en sus manos.

—Sí... discúlpame.

Se lo guardó en el bolsillo y con otro murmullo de agradecimiento se subió al coche y echó a andar por el camino de entrada, tratando de no contemplar al hombre por el espejo retrovisor.


Después de acomodar a Sam y desempacar sus cosas, Bella llevó la última flor, la anémona azul claro, al piso de abajo y la colocó en el jarrón junto a las demás. El narciso estaba empezando a marchitarse y Bella se detuvo a observarlos. El narciso, el áster, el tulipán y ahora la anémona. ¿Edward pretendía decirle de alguna manera lo que Jacob había sugerido?

Abriendo su computadora portátil, Bella se conectó a Internet y buscó en Google "significados de flores, anémona". Haciendo clic en un enlace, Bella se desplazó hacia abajo hasta una imagen de una anémona.

Anémona: en una nota más oscura indica una esperanza que se desvanece y un sentimiento de abandono. En una nota positiva, simboliza la anticipación —leyó Bella en voz alta. Eso no sonaba bien, ni el ser abandonado ni la anticipación.

Bella ya había tenido suficiente anticipación.

Cerró el portátil de nuevo, lo apartó y sacó el relicario del bolsillo. Apoyó los codos en la mesa, examinándolo de cerca. Edward tenía razón, parecía antiguo. Tenía suciedad incrustada alrededor del patrón en la parte delantera, una simple impresión de flores en forma ovalada.

Bella clavó una uña en el broche del relicario. Era rígido e inflexible, lo que hizo que Bella temiera romperlo. Pero después de un momento se abrió lentamente y Bella se encontró mirando una pequeña fotografía incolora.

Y supo, sin siquiera tener que mirar el grabado en la portada, que era Marie.

La joven del relicario tenía grandes ojos oscuros, de aspecto suave y amable. Su cabello oscuro y rizado estaba recogido en el estilo sensato de la moda de la época y llevaba una blusa o vestido de cuello alto, pero como la fotografía solo la mostraba de los hombros hacia arriba, Bella no podía decir cuál. Sabía que no estaba de moda sonreír para las fotografías, por lo que no mostraba una amplia sonrisa el rostro de Marie, pero la comisura de la boca estaba ligeramente curvada, como si reprimiera una gran alegría.

Era hermosa, y feliz, y Bella se encontró al borde de las lágrimas.

¿Qué te pasó, Marie?

Bella podía ver el parecido entre ellas. Cabello y ojos oscuros, piel pálida, los mismos labios carnosos y rostro en forma de corazón. Edward claramente había amado a esta mujer y ahora estaba… ¿qué, buscándola? ¿Confundiendo la identidad?

Admiró la pequeña inscripción en la parte posterior de la portada.

Marie Tanner

Amor eterno.

Bella cerró el relicario con fuerza, guardándolo en su bolsillo y levantándose de la mesa.


La mañana era cálida y Bella vagó por el sendero, lejos de Cullen Hall. El camino con curvas pronunciadas le dio tiempo para pensar, y lo hizo, tratando de entender, tratando de averiguar por qué estaba sucediendo esto y qué podía hacer para detenerlo. No tenía mucha experiencia con… con fantasmas.

Pero entonces, ¿quién sí la tenía?

—A quién vas a llamar…* —murmuró Bella y luego puso los ojos en blanco ante su propia estupidez. Qué ridículo.

Vio el final del sendero, donde se encontraba con el camino rural por el que había doblado la noche anterior. En su mente, de repente se preguntó si podría irse. Si siguiera caminando...

Antes de que supiera lo que estaba pasando, sus pies la llevaron hacia la carretera. Su corazón se aceleró levemente. Era estúpido, ¡por supuesto que podía irse!

Algo crujió.

Bella chilló cuando una gran rama se cayó frente a ella, estrellándose contra la carretera. Levantó la vista para descubrir que se había desprendido de un árbol. No había viento fuerte. Nada había cortado la rama. Simplemente se había... quebrado. Caído en su camino.

Deteniéndola.

Bella era más que una persona práctica. Se giró y medio corrió de regreso a la cabaña.


Bella sacó a Sam con una pelota esa noche después de probar el pastel inglés de Leah (que estaba tan bueno como Jacob se había jactado). Lanzó la pelota tan fuerte como pudo y Sam corrió tras ella, deslizándose hasta detenerse cuando sus dientes la rodearon antes de que regresara trotando. Después de una breve lucha por quitársela, Bella la lanzó de nuevo por el césped.

Sam corrió de nuevo, sus largas patas se deslizaron por el aire mientras atrapaba la pelota antes de detenerse. Sus orejas se aguzaron y miró hacia el otro extremo de la casa, dando un paso vacilante en esa dirección, haciendo una pausa cuando Bella lo llamó.

Y luego se fue corriendo, su pelota olvidada.

—¡Sam! —gritó Bella irritada mientras desaparecía en dirección al jardín de rosas. Ella corrió tras él, deteniéndose para recoger su pelota—. Perro tonto.

Dobló la esquina más alejada de la casa, esperando que ninguno de los miembros de la familia mirase por la ventana y la viera correr torpemente. El jardín de rosas apareció a la vista, pero no había ni rastro de Sam. Bella refunfuñó en voz baja. Su falta de sueño le estaba afectando, le dolía la cabeza y lo último que quería hacer era perseguir a Sam por los terrenos de Cullen Hall.

El jardín de rosas estaba rodeado por un muro alto, cubierto de rosas trepadoras y Bella se movió hacia el área grande, buscando a su perro, pero se detuvo, llenándose de terror cuando una voz demasiado familiar llegó a sus oídos.

¡No puedes acusarme de esto, Aro! —La voz de Edward sonaba enojada y Bella se escondió hacia un lado de la pared, vislumbrando entre las ramas de un rosal mientras dos hombres aparecían a través del jardín. Edward caminaba enojado, con las manos empuñadas mientras lo seguía un hombre mayor, con el cabello negro liso y piel cetrina. Observó a Edward con el ceño fruncido y lo agarró del brazo, volviéndolo hacia él.

¡Edward, no permitiré que arrastres el nombre de esta familia por el barro! Cuando mi hermano murió y yo me hice cargo de preservar esta familia, juré que no permitiría que los Cullen cayeran en desprestigio por el egoísmo de ninguno de sus miembros. Su voz era suave y maliciosa, incluso con la ira que mostraba en su rostro delgado. Edward lo fulminó con la mirada.

¿Me estás acusando de destruir el apellido, tío?

Es lo que sucederá si no tomas la responsabilidad de tu derecho de nacimiento siseó Aro y Edward le apartó la mano.

¿Y qué quieres que haga? ¿Que le sonría a todos los tontos repugnantes de Londres? ¿Que pase mi vida pudriéndome en esta casa? —Se dio la vuelta con disgusto y Bella lo vio pasar una mano por la cara con frustración, la miseria reflejada claramente en su hermoso rostro—. Si Marcus se quedase…

Marcus se marchará después de su boda, como bien sabes. No sé lo que estaba pensando, casarse con una estadounidense... por eso la responsabilidad de Cullen Hall recae en ti, Edward espetó Aro. ¿Quieres ver todo por lo que tus antepasados han trabajado desmoronarse en el polvo?

¡Si eso significase que sería libre de vivir mi vida como mejor me pareciese, entonces yo mismo quemaría este lugar! —exclamó Edward con amargura y Aro enderezó la espalda, el odio amargo evidente en sus ojos.

Eres un Cullen, Edward. No importa qué pensamientos ridículos o idiotas impregnen tu pequeña mente enfermiza, ese hecho siempre será cierto —señaló en un tono que exudaba disgusto antes de girarse y salir del jardín de rosas por la entrada más alejada.

Edward no lo vio partir. En cambio, se quedó observando el lecho de rosas, frotando su estrecha mandíbula con exasperación. Cerró los ojos brevemente antes de levantar la vista al cielo, y Bella pudo ver que sus ojos brillaban con lágrimas de frustración y algo más que no pudo identificar.

No supo por qué lo hizo, pero Bella se encontró saliendo de su escondite, como si quisiera consolarlo. Él se giró ante su movimiento y su expresión cambió a una de tal alegría que a Bella le dolió el corazón al imaginarlo acercándose a la chica del relicario.

Marie, ¿qué estás haciendo aquí? —Su voz era dolorosamente feliz y la atrajo a sus brazos, sus labios presionando contra su frente—. Oh, amor mío…

Bella se quedó quieta, con los brazos a los lados. Su cerebro le gritaba que no le devolviera el abrazo, que no se rindiera ante esta muestra amorosa. Las manos de Edward se deslizaron por su espalda, acunando su nuca mientras él acercaba sus labios a los de ella, llenos de tierna dulzura, nada del deseo posesivo de la noche anterior. Simple amor y adoración...

¡Te está besando un hombre muerto!, siseó su subconsciente, forzándola a darse cuenta del hecho de que este hombre había fallecido hacía más de un siglo.

Las lágrimas se asomaron a sus ojos y apartó el rostro del de él, inclinando la cabeza para que no pudiera ver su cara.

No, querida, por favor no me des la espalda… —le rogó Edward—. Te prometí que encontraríamos la manera de estar juntos. Lo prometí. Confía en mí, Marie.

Su voz era tan sincera que Bella no pudo evitar que una lágrima caliente rodara por su mejilla, pero sintió que él la agarraba con más fuerza, lo escuchó inhalar bruscamente y echó un vistazo por encima del hombro para ver a Edward Cullen con los ojos muy abiertos, con Sam a su lado.


*¿A quién vas a llamar? es una parte de la canción de la película Los Caza Fantasmas: www youtube com/ watch?v=m9We2XsVZfc

Lo dice en tono irónico, considerando su situación actual con el fantasma de Edward.


Bueno, no hay razón alguna para que Edward se asuste... ¿o sí?

La historia tiene 20 capítulos y un outtake, ya vamos por la mitad de la historia, razón por la cual en el grupo pusimos una encuesta para que decidan cuál será la siguiente traducción, el enlace está en mi perfil.

Me cuentan qué les pareció el capítulo ;) y nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai