Disclaimer: Todos los personajes conocidos son de JKR


¡Un poco atrasada, pero ahí vamos!

Reto FICTOBER, 2020 del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"

Día 13: Animago


Advertencia de contenido: SMUT. Si eres bastante menor de edad o te incomoda, pasa hasta el final del capítulo o sigue de largo.


De cómo a Draco se le olvidó mencionar algunas cosas

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Apenas habían tropezado con la cama cuando el sonido de la cerámica estrellándose los distrajo. Draco quiso gemir de frustración mientras Hermione se incorporaba, aturdida.

—¿Qué fue eso? ¿Alguien llegó?

Draco negó con la cabeza y la atrajo en un beso.

—No, fueron los platos —susurró Draco mientras la besaba en el cuello, sentándola en su regazo. Hermione tenía los ojos abiertos y la mente muy, muy lejos. Suspiró—. No hay nadie, Hermione. Estoy solo por dos semanas, más o menos. Sencillamente soy muy malo en hechizos de limpieza…

—¿Por qué? ¿A dónde se fueron?

Draco gimió y la atrajo en un abrazo más íntimo.

—¿Podemos hablar sobre los demás más tarde? —Besó su cuello, succionó un poco a la altura de su clavícula y se deleitó con el transparente encaje de su sostén. Puso la boca sobre la protuberancia de su pezón y mordió con suavidad. Ella se removió contra él y se aferró a sus hombros. Deslizó con suavidad los tirantes y besó sus hombros cubiertos de pecas. Ella enredó sus dedos en su cabello y gimió en su oído, conduciendo vibraciones por todo su cuerpo. Empujó su pelvis contra la de ella y Hermione gimió.

—Dios, te extrañé —gimió cuando Draco se deshizo del sostén y lamió con suavidad un pezón y luego el otro, acariciándolos con el pulgar, llenándose de sus pechos con las palmas, empujando hacia su centro—. Sí, así, Draco….

Draco sonrió y la giró en la cama. Sus jeans estaban abiertos y tiró de ellos, empujándolos lejos. Soltó una risita entre dientes cuando le quitó las calcetas; unas cosas esponjosas y rosadas con snitdgets. Hermione se sonrojó.

—Son adorables —dijo Draco mientras se deshacía de ellas y los empujaba lejos. Se arrodilló en la cama y la contempló con no más que sus cacheteros de algodón—. Eres adorable.

Hermione lo atrajo en un beso mientras enredaba sus piernas en su cintura.

—Adorable no es una palabra para este momento, Draco.

Draco besó su oreja, bajó hacia su mandíbula y dejó sus manos vagar por cada parte de ella. Presionó su erección contra su centro, empujándolo. La sintió temblar contra él.

—Eres sexy, perfecta, hermosa y adorable también —susurró mientras besaba su clavícula y acariciaba sus pechos—. Y tienes un cuerpo que me mata. Eras mi sueño favorito para la ducha, Hermione.

Besó su ombligo y bajó su lengua lentamente sobre el hueso de la cadera, succionó hasta que la sintió retorcerse en sus manos. Miró su obra de arte con una sonrisa. Su piel de gallina, la muesca rosácea en su cadera, sus bragas empapadas.

Deslizó la ropa interior suavemente por sus muslos y besó más abajo, donde su vello púbico comenzaba a crecer. La sintió retorcerse cuando sopló aire caliente. Sus manos en sus muslos, adorándola.

Acarició suavemente su sexo, llenándose de ella, de su humedad. Siguió bajando y besó y succionó la cara interna de sus muslos, viéndola retorcerse y levantar las caderas hacia él, abriendo cada vez, un poco más sus piernas hasta estar completamente dispuesta. Draco la miró a los ojos mientras besaba la parte interna de sus rodillas y mordía ligeramente sus pantorrillas. Se arrodilló y tomó una de sus piernas, apoyándola completamente en su hombro, sus dedos masajeando la planta de sus pies, su aliento golpeándole en la rodilla. Luego en la otra pierna hasta que la vio juntar los muslos y retorcerse.

Draco rio mientras besaba cada parte de ella. La vio enredar las manos en el colchón y retorcerse, los labios apretados, las mejillas sonrojadas, los pezones erectos y la piel de gallina.

—Eres perfecta, Hermione —susurró mientras la soltaba, su mano deslizándose por entre sus muslos que rápidamente se abrieron para él. Hundió un dedo con delicadeza, atento a sus expresiones, un ritmo deliciosamente suave, conociéndola—. Dime cómo te gusta —susurró mientras besaba su ingle y succionaba. Sus dientes raspando su piel extra sensible.

—No lo sé —contestó ella mirándolo, sus ojos brillantes, sus labios tan rojos, desvió la mirada—, yo… nunca... no.

Draco sonrió desde su posición y lamió un lado de sus pliegues, ella gimió.

—Yo tampoco, averigüémoslo, entonces.

Hermione soltó un suspiro largo cuando sintió su lengua jugar con su clítoris, era suave y amable, cálido y húmedo. Podía sentir su aliento contra su núcleo, excitándola. Sus dedos acariciando sus piernas y sus pechos. Gimió cuando un dedo entró lentamente, su lengua acariciándola, bebiéndola. Podía quedarse ahí toda la vida, con las ondas de placer viajando desde las puntas de sus pies hasta los dedos de las manos, desenroscándose en su estómago y saliendo a manera de gemido suave por sus labios. Draco abrió más sus muslos y ella lo dejó. Lo dejó meter dos dedos en ella y arquearlos.

Vagamente estaba consciente de decirle en qué posición debería ponerlos y qué tan suave o qué tan rápido ir con la lengua y Draco hizo todo lo que le pidió. Incluso se las arregló para acariciar sus pezones mientras la otra mano la penetraba. Estaba tan cerca, lo sintió en el bajo vientre mientras todo su interior se tensaba, sus paredes se pusieron rígidas y su espalda se arqueó cuando Draco dio una lamida lenta y firme contra ella y todo explotó en una espiral que subía, subía, subía y no se detenía, sus dedos estaban presionando dentro de ella en el lugar correcto, sus paredes se mantenían fuertemente entorno a ellos, empujándolo mientras su lengua la succionaba.

Hermione estaba consciente que había gritado mientras la espiral subía y después, la dejaba caer, como una pluma al aire, de un lado al otro, zigzagueante.

Errante en la plenitud, los brazos de Draco la rodearon y ella lo atrapó con torpeza, besándolo.

Se probó en sus labios, lamió sus fluidos que escurrían por su barbilla y enredó sus piernas en su cintura.

—¿Aún traes la ropa puesta? —se escuchó preguntar mientras sentía su erección empujar contra su sensible centro.

Draco estaba jadeante mientras se deshacía de su ropa. Ella besó perezosamente su cuello, succionó, sin importarle si dejaba marcas y pasó sus uñas por su torso.

Lo vio arrodillado comiéndola con la mirada mientras se deshacía del cinturón y el resto de la ropa. Su miembro saltó alegremente. Ella sonrió y pasó sus manos por su cuerpo. Draco se acercó, apoyándose en sus codos y mirándola.

Se besaron, lenguas acariciándose, haciéndose el amor mientras sus pequeñas manos recorrían su torso y se enredaban en su erección, acariciándola, mimándola, incitándolo.

—Ven aquí —susurró Hermione mientras se abría para él, dirigiéndolo a su interior. Soltó un pequeño gemido cuando lo sintió en la entrada. Empujó ligeramente y ella levantó las caderas. Lo sintió suspirar contra su mejilla mientras se adentraba. Ella acarició su espalda con ternura. Todo tan diferente a la primera vez.

Con suavidad, se sumergió en ella hasta el final. Hermione se retorció de placer mientras lo atraía en un beso profundo.

No le importaba que la aplastara, había cierto placer en sentirlo apoyado en ella, sus pieles rozándose, sus corazones latiendo tan profundamente.

—Te extrañé —gimió mientras él comenzaba a moverse. Draco rodeó su rostro con sus brazos y se impulsó, empujando más y más. Ella enredó sus piernas en su cintura y lo ayudó a mantener el ritmo.

Eran movimientos perezosos, estocadas ligeras mientras se bebían con la mirada.

Draco apartó unos mechones sudorosos de su rostro y la besó. Mordió su cuello y gimió en su oído mientras aumentaba el ritmo. Hermione pasó sus manos por su cabello, tirando de él, enterrando sus uñas, correspondiendo sus gemidos mientras él encontraba el sitio que la enloquecía. Arañó su espalda mientras perdía el control. Lo sintió enredar sus manos en su cabello, tirar y apoyarse en ella.

Besos desordenados, ritmos errantes, succiones en sus pechos, mordidas en sus pezones, besos duros en su clavícula, palabras extraviadas y nunca antes dichas, promesas sinceras, uñas duras contra la carne, apretones en el trasero, empujes profundos, mordidas en los labios, lenguas enredadas al ritmo de la penetración, una mano tentativa bajando a su clítoris mientras ella susurra cómo le gusta. Sudor escurriendo por sus narices, miradas brillosas, manos entrelazadas, cabello húmedo contra sus frentes y un clímax que antecede al otro como una pareja de viejas almas en nuevos amantes.

Draco gimió contra su cuello, su cuerpo estremeciéndose, glorificado sentido de pertenencia mientras ella enreda de nuevo sus piernas en su cintura. Sus manos acunándolo contra ella.

Los latidos de ambos corazones eran escandalosos y a la vez, uno solo mientras ella paseaba sus manos con mimo por su cabello.

La escuchó suspirar mientras él besaba perezosamente su mejilla. Quiso rodar fuera de ella, pero lo detuvo.

—Quédate, me gusta —dijo con suavidad mientras lo abrazaba con fuerza. Draco se dejó caer contra ella. Se besaron con suavidad, apenas una pantomima de los besos anteriores.

Era un manojo de sudor y satisfacción mientras sus ojos se cerraban, las caricias de ella eran lánguidas contra su cabello. Draco salió después de unos minutos y rodó contra su espalda, atrayéndola a sus brazos.

Ni siquiera estaba seguro si eso era asqueroso o no, estaba prácticamente empapado de sudor, probablemente olía mal y estaba resbaloso y pronto se pondría pegajoso, era peor que una práctica compleja de Quidditch y sin embargo, la satisfacción era cien veces mayor. Podría hacer esto todos los días a cada rato… no sabía si ella querría alejarse, necesitar su espacio, pero él sólo podía pensar en tenerla contra sus brazos…

Hermione se acurrucó contra él, su cabeza entre su hombro y su pecho, sus manos sobre él en un agradable abrazo. Draco se esforzó por abrir los ojos y mover sus manos sobre sus brazos, acariciándola, adorándola como siempre había deseado hacer.

—No te vayas, quédate—repitió Draco mientras la pesadez del sueño lo golpeaba—. Quédate hasta mañana, haré el desayuno y me sentiré muy feliz si despiertas conmigo.

Hermione suspiró y se enredó contra él. Su respiración profunda y pacífica.

Draco sonrió y atrajo las mantas hacia ellos, cubriendo su desnudez. Cerró los ojos sintiéndose feliz.


Hermione despertó boca abajo, su rostro enterrado entre almohadas suaves y perfectas y el olor de él en cada poro de su ser. Sonrió con suavidad mientras parpadeaba. Había sido una noche interesante por decir lo menos.

Habían repetido las acciones varias veces en el transcurso de la noche y por fin, cuando habían caído rendidos, Hermione vio el amanecer bordear el horizonte.

Se había dormido con la cabeza de Draco en su pecho, sus manos firmemente aferradas a su cintura y sus piernas entre las suyas. Muchas veces, cuando eran más jóvenes, se habían quedado dormidos así en los terrenos de Hogwarts mientras miraban las vastas extensiones de verdor. Claro que eso solían hacerlo tras unas suaves sesiones de besuqueo exploratorio, no unas ardientes y muy gratificantes sesiones de sexo.

Hermione suspiró satisfecha mientras una suave caricia se repetía en su cabello. Seguramente tendría un terrible cabello de loca, pero a Draco parecía no importarle mientras tiraba de él o hundía sus dedos para acariciarlo.

Sintió el cálido aliento del chico contra su espalda, besándola.

—Buenos días —dijo él con voz ronca mientras la besaba. Pequeños besos huérfanos—. Siempre he querido besar tus pecas. Mi segunda fantasía favorita.

Hermione rio mientras él la besaba bastante animado. Sintió su erección matutina presionar contra su cadera y cerró los ojos, disfrutando lo que pensó que siempre le estaría prohibido.

De pronto abrió los ojos y se removió un poco.

—Dijimos que hoy empezaríamos despacio

—Sí, sólo estoy besando tus pecas, nada de presión —dijo Draco mientras acariciaba su cintura y tiraba de las sábanas hacia abajo—. Sólo estoy besando tus pecas.

Ella cerró los ojos y suspiró.

—Luces horrible por las mañanas, tu cabello parece un estropajo, como una cacatúa.

—Bueno, quizá alguien no debería haberlo usado de agarradera toda la noche —contestó Draco mientras su mano se deslizaba deliciosamente por sus hombros, toques superficiales. Se detuvo de pronto y preguntó, fingiéndose ofendido—. ¿Cacatúa? Yo no soy una cacatúa.

—¿Sabes? Los animagos adoptan su forma acorde a su personalidad y apariencia física y en este momento, serías una cacatúa y eres igual de presumido.

Draco rio entre dientes y no dijo nada. Hermione tenía los ojos cerrados, relajada entre sus brazos.

—¿Por qué vives con compañía? —preguntó de pronto. Draco no detuvo sus besos mientras acariciaba su espalda, alejando sus rizos de su camino.

—Después de la guerra a nadie le gusta estar solo.

Hermione estuvo de acuerdo. A ella le costó mucho tiempo poder dormir sola después de pasar un año en una tienda de campar con dos adolescentes y el miedo permanente de ser descubiertos.

—¿Con quiénes vives?

—Principalmente con Theo y Blaise.

Más besos, sus dedos acariciándole con suavidad.

—¿Dónde están?

—En algún rincón de sus propiedades atendiendo sus cosas.

Hermione abrió los ojos y giró el rostro, para quedar frente a frente.

¿Principalmente?

Draco se alejó de ella un poco y la miró a los ojos, luego volvió a besar su espalda, intentando distraerla. Hermione se resistió al impulso de ceder. Draco suspiró y se recargó en un codo, mirándola. Su rostro serio.

—Hay algunas cosas que debería decirte antes de otras.

—Te escucho.

—Yo… sé que parece extraño que haya "cedido" tan rápido la primera vez que nos encontramos, pero la verdad es que… no quería nada de eso. No estabas en mis planes.

Hermione se removió, incómoda.

—¿Qué quieres decir?

—Yo… tal vez no he sido muy sincero contigo.

Su mirada en el techo, la vista fija, evitándolo.

—Draco…

Draco giró la cabeza y abrió la boca, la cerró y luego la volvió a abrir, sus mejillas sonrojadas.

—Yo… quizá…

Hermione lo miró, la sensación de que algo malo iba a pasar….

Y pasó:

—¿¡Draco!? ¡Amor, espero que ya estés listo ahí dentro! ¡Blaise me dijo que estarías solo estas semanas! ¡Mis papás han venido a vernos!

Hermione miró fijamente a Draco antes de girar hacia la puerta, todavía recostada desnuda boca abajo. Draco tenía las manos contra su rostro, negando con vehemencia.

—Carajo, lo olvidé —susurró bastante menos animado.

La puerta se abrió y Astoria Greengrass, con su túnica perfectamente pulcra confeccionada a la medida, su metro setenta y cinco, unos brillosos ojos verdes y sus 60 kilos de perfección estaba parada en la puerta con una gran sonrisa en su delicado rostro.

—Oh —dijo.


Besos draconianos,

Paola