"Detrás de la insolencia viene el insulto; mas con los modosos está la sabiduría."
—Salomón.
Temari había salido de bañarse luego de un largo día.
Los exámenes chunnin habían sido interesantes respecto a años anteriores y eso se debía, principalmente, a la participación del primogénito del clan Nara.
Si bien la Sabaku No estaba preparada para observar los avances de su hijo, no esperó que él fuera aquella fusión perfecta entre Shikamaru y ella.
Mientras peinaba su cabello, se percató de que su esposo había llegado al hogar junto a su hijo.
Estuvo a punto de salir a recibirlos, cuando se detuvo al escuchar la conversación que estaban teniendo.
—No deberías ser impulsivo. En el campo de batalla, el enemigo podría usarlo en tu contra y vulnerar la integridad de tus camaradas—ambos estaban sentados en la escalera de la entrada.
Shikadai, con su expresión molesta y sus ojos encolerizados, refunfuñaba.
Shikamaru, con un tono comprensivo y paternal, trataba de que su hijo recuperara la calma que tanto lo caracterizaba.
Se paró, encendió un cigarrillo y continuó:
—Es natural que sientas emociones. De hecho, yo también me he sentido igual—las orbes aguamarina del joven Nara se posaron en el rostro del actual líder del clan—. Las veces que me dejé llevar por ellos, fracasé. Puse en riesgo la vida de muchos compañeros y me arrepentí por ser así.
—Yo no soy como tú... —espetó con fastidio.
—Eso lo sé y por eso intento que no seas como yo—exhaló una gran bocanada de humo y prosiguió: —. Tú eres mucho mejor que yo a tu edad—cuando Shikamaru hablaba de sí mismo, Temari sentía nostalgia.
Recordaba aquellos días en los que ambos trabajaban juntos, salvando sus cuellos el uno al otro. Cuando Shikamaru planificaba las estrategias que usarían en los exámenes chunnin o en las misiones en conjunto. O cuando trabajaron codo a codo durante la guerra...
—En esta ocasión, tus emociones te beneficiaron, pero no vuelvas a dejar que manipulen tu mente de esa manera...
—Eso fue un insulto... —murmuró y apretó su mandíbula—Jamás permitiré que insulten a nadie de mi familia o amigos.
Shikamaru suspiró y volteó a ver a su hijo. Él se mostraba realmente dolido.
—¿Insulto? ¿Qué es eso que pudo molestarte tanto, hijo? —arrojó la colilla al suelo y la apagó con su pie. Sabía que Temari lo regañaría por ese motivo, pero las palabras de Shikadai eran lo que realmente le importaba.
Se sentó a su lado y cruzó sus brazos, esperando que el joven Nara expresara sus sentimientos.
—Ella dio a entender Sunagakure esperaba mucho más de mí por ser hijo de Temari, pero obviamente ellos serían mejores—gruñó—. No soy idiota y sé que lo dijo porque dejó su aldea natal para establecerse aquí.
Shikamaru suspiró y pasó su brazo por encima de los hombros de su hijo, arrimándolo hacia él. Shikadai volteó a ver a su padre, él sonreía y sus orbes brillaban como nunca antes los había visto.
—Ellos no conocen todo lo que Temari guarda en su ser. Es la mujer más aguerrida, valiente y sin un ápice de compasión hacia sus enemigos—llevó su mano a la cabeza de Shikadai y agregó: —Sunagakure necesitaría volver a nacer para encontrar una kunoichi de su talla, así que no te preocupes por eso, Shikadai.
El joven suspiró y bajó la cabeza.
—¿Debería quedarme callado cuando algo me moleste? No estoy de acuerdo con eso, papá—su tozudo carácter le recordaba a su esposa. Por esa razón, Shikamaru siempre trataba de tener charlas a solas con su hijo, para lograr que él sea más sensato y no tan impulsivo como Temari.
—No me malinterpretes, sólo dije que no permitas que el enemigo juegue con tus emociones. Es un punto débil que te hará fracasar muchas veces si lo permites—soltó a Shikadai y cruzó sus brazos—. Y con respecto a lo sucedido en tu combate con esa jovencita, no te preocupes, tu mamá es la mujer más fuerte que jamás haya conocido y un simple insulto no la volverá débil ni vulnerable.
Shikadai suspiró y llevó las manos a su rostro. Gruñió una vez más y soltó un pesado resoplido. Dejó caer sus brazos y se levantó, quedando frente a su padre.
—Lo tendré en cuenta, papá—Shikamaru asintió y sonrió—Gracias por tus consejos.
—Es lo que cualquier padre haría por su hijo, Dai... —sacó la cajetilla de su bolsillo y encendió un nuevo cigarrillo.
—Iré a hablar con Moegi sensei para retomar mi entrenamiento—exclamó emocionado. Las conversaciones con su padre lograban devolverle las energías para afrontar sus frustraciones—¿Podrías avisarle a mamá que tardaré en regresar? No quiero que se enfade por mi tardanza.
—No te preocupes, ve con Moegi y luego vuelves. Cuídate mucho, hijo—sonrió y Shikadai se alejó de la residencia a toda velocidad.
Mientras Shikamaru daba otra calada a su cigarrillo y observaba que Shikadai se había alejado lo suficiente, suspiró.
—Eres la primera en decir que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas... —espetó con serenidad. Temari se exaltó y sonrió.
Caminó en dirección a Shikamaru y se detuvo detrás de él. El Nara giró su cuerpo y miró a su esposa.
—No quería interrumpirlos—justificó —. No creía que Dai podía sentirse de esa manera por mí... —bajó la mirada.
—Es muy sensible y terco—dio una nueva calada y fijó su vista en las expresiones de Temari—, es tu versión mejorada.
La rubia infló sus mejillas y giró su cabeza, fingiendo estar ofendida. Shikamaru comenzó a reír ante esa reacción infantil y suspiró.
—Gracias por tus palabras. No sabía que tenías ese concepto de mí... —musitó en voz baja.
—Esos adjetivos son la décima parte de todo lo que pienso de ti. No sería conveniente confesarle que eres la mujer más delicada y ruda en otros ámbitos de tu vida.
Temari se ruborizó de inmediato y giró su rostro hacia su marido, notando que él la miraba tal como la vez que le confesó su amor. Sus orbes brillaban y su sutil sonrisa le generaban ganas de devorarlo y convertirlo en un ser digno del infierno.
—Eso sólo lo sabrás tú y nadie más. La Temari que conoces cuando la puerta de nuestra habitación se cierra, es la más transparente de todas las facetas—se acercó aún más a Shikamaru y se colocó a su altura.
—Tu versión pudorosa es la más atractiva—confesó y esbozó una sonrisa juguetona—. De hecho, me gustaría que cumplieras con la promesa que me hiciste—enarcó una ceja y apagó el último cigarrillo.
—Yo siempre cumplo con lo que prometo, bebé—musitó.
—Lo mejor de esto es que ya no soy el llorón, sino sólo tu bebé —se arrimó a Temari y besó su mejilla. Luego se acercó a su oído y susurró: —¿Te gustaría volver a buscar a la princesa Nara?—acarició su cabello—Shikadai va a tardar un poco en regresar y creo que también sería oportuno festejar su victoria.
Temari, atraída por la actitud romántica y apasionada de Shikamaru, mordió su labio inferior.
—Sí, pero ahora seré yo quien te domine. La vez anterior, fuiste tú y Shikadai sacó absolutamente todos tus rasgos físicos, excepto sus ojos—espetó.
—Lo que mi reina desee, será una orden para mí —Shikamaru se paró y sacudió su ropa. Sin que Temari lo notara, la levantó y la cargó hacia su habitación, la cual aseguraron por si acaso.
No existían palabras que pudieran ser consideradas como insulto en la vida de la princesa de Suna. Nada podría doblegar su espíritu, mas sí enaltecerlo y eso era algo que Shikamaru sabía a la perfección.
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Hola amigos!! Gracias por leer esta nueva entrega del fictober!!Mañana saldrá un drabble MafuYama! Espero que les guste ️️
