Star Desiree by Aly Andrew
Capítulo 13
Después de una noche maratónica de sexo, ella se había desmayado por puro agotamiento sexual y emocional.
Su cuerpo se sintió cambiado. Se sentía dolorida, pero del tipo de dolor bueno. Se encontraba vulnerable, tenía una combinación de placer y temor, lo que le provocaba sentimientos encontrados que desembocaban en mini colapsos.
Candy sospechaba que el chip que le pusieron para control de natalidad no iba a resistir el ataque de estos días de locura que provocaba la ceremonia que habían realizado.
Sintió la mirada de Al´bert que traía algo para que ella comiera, totalmente cómodo con su desnudez y sinceramente, era un hombre magnífico, y es todo mío, la parte codiciosa de ella se regocijaba.
Él se tiró sobre ella, haciéndola sentir su enorme dureza contra su barriga, lo que la hizo gemir. Lo empujó un poco para decir:
― Al´bert, si voy a sobrevivir los próximos días, necesito descansar.
Hizo ese ronroneo/gruñido que hacia vibrar su miembro y contesto:
― Si eso quieres, pequeña – la beso y rodo con ella acunándolo.
― Cuéntame un poco de tu historia – susurro – cuéntame sobre Uxa.
― Desde pequeños nos dijeron que la diosa nos creó desde las montañas sagradas de Sire para ser fuertes e infalibles como guerreros, y nos dio vida para defendernos y nuestro hogar.
― ¿Ustedes luchan mucho? ¿contra otras razas o contra ustedes?
― Las dos cosas.
― Pero… tu eres su líder.
― Como todas las civilizaciones, pequeña, hay disturbios. Gente que apoya a los gobernantes y los que no están de acuerdo. Si a eso le sumamos las razas que pretenden esclavizarnos o tomar nuestros recursos, difícilmente podamos vivir sin pelear. Un ejemplo es que después de lo que paso con nuestras mujeres, tratamos con el consejo de probar la compatibilidad con otras razas, como una manera de no extinguirnos, pero hasta ahora no fue viable, en ese caso teníamos gente que apoyaba la idea de combinar nuestra genética con otras, y luego están los ancianos que se niegan a "contaminar" nuestra sangre, eso me pone en un lugar complicado. Eso ha provocado tensión entre mi pueblo, y a veces debemos luchas para mantener el orden de la comunidad. Por eso como guerreros debemos estar siempre preparados.
― ¿No tienes más familia, hermanos, primos?
― No de sangre. Mi padre murió cuando mi madre paso a la otra vida – dijo – por otra parte, tengo a mis compañeros guerreros, con lo que he compartido mi educación desde pequeños, los considero mis hermanos.
― Siento mucho lo de tus padres – susurro – debes haberte sentido muy solo.
― Los desirianos no hablamos de eso – sentenció.
― Lo bueno es que soy humana – le dijo casi sonriendo – y solemos expresar nuestros sentimientos.
Estaba teniendo problemas para mantener su cuerpo bajo control, ésta condenada ceremonia la había puesto muy caliente, y lo que quería era saltar sobre los huesos de su sexy alienígena.
― ¿Y qué hay de la lucha con otros planetas? – pregunto para distraerse.
― Estamos en guerra con los Ansons – respondió – que son quienes atacaron a las mujeres del planeta.
― ¿Y tú irías? – pregunto asustada.
― Si – murmuró – soy un guerrero, es mi deber y honor.
― Pero… - interrumpió. No es tu problema, niña. Tú quieres irte… verdad. Se estaba mintiendo a sí misma. Lo sabía.
― He estado en muchas guerras, middle.
Ella miro su amplio pecho, contando la cantidad de cicatrices que marcaban su dorada piel, y le dolió pensar en lo que las causo.
― ¿Qué sucedería si algo te pasa? – dijo apartando la mirada – si todavía estoy aquí… ¿Qué me pasara si mueres?
― No te preocupes, pequeña – dijo en voz baja – la guerra aun no llega, y cuando lo haga, o estarás muy pesada con mi heredero, o ya habrá nacido. Estarás bien cuidada.
No pudo evitar preguntar ― ¿Y si tu heredero es una niña?
Al´bert ronroneo ― Agradeceré a Uxa por tal regalo, porque una mujer significara que los desirianos pueden prosperar de nuevo. Será una esperanza.
Ella se permitió imaginarlo. Quien no lo haría con un dios del sexo alienígena.
De repente jadeo. La locura comenzaba de nuevo, Al´bert gruño ronroneante en respuesta a su excitación. Su mano tomo su miembro y comenzó a acercarse. Su sangre bombeaba espesa, podía sentir su sexo humedecerse. ¿Cuánto más su cuerpo humano resistiría esto? No lo sabía, pero maldición si no lo tomaría todo.
Ella observaba fascinada su miembro erecto y se preguntaba si los desirianos conocerán el sexo oral. Porque literalmente, ella quería lamerlo entero.
― Al´bert – murmuro – te pones de pie?
― ¿Qué? – cuestiono.
― Por favor – susurro.
Al´bert se puso de pie y su espectacular erección se balanceo. Magnifico hombre, pensó.
Candy se arrodillo ante él y su expresión mostro su intriga ― ¿Pequeña? – dijo con voz áspera.
― Voy a enseñarte otra cosa más del ritual sexual humano – le dijo - ¿quieres aprender algo más?
― Siempre, middle – dijo él apenas en susurro.
Ella sonrió tomando su miembro. A pesar de que lo intento, no logro envolver su mano en ese monstruo que tenía entre sus manos, de verdad, no por primera vez, se preguntó cómo encajaba eso dentro de ella.
Levanto la vista y recordó como él le demostró su dominio, poniéndola sobre sus manos y rodillas. Ahora ella lo dominaría.
Al´bert gruño cuando sus labios se cerraron en su erección y arrastro la lengua sobre él.
― Middle – gruño, dijo algunas cosas en su idioma. Sus manos se cerraron en su pelo. Ella volvió a mirarlo y sus ojos brillaban, salvajes e hipnotizantes. ― Si – gruño.
Incapaz de soportarlo más, ella se auto estimulaba, la mirada de Al´bert siguió sus manos, él estaba casi al borde igual que ella.
Siguió tentándolo con su boca hasta que él la tomo como si no pesara nada, la coloco en la cama, puso sus rodillas pegadas a su pecho y se deslizo en ella con un solo golpe. Fue despiadado y cuando su orgasmo la sacudió, ya se estaba anticipando al siguiente.
Se estaba convirtiendo en adicta a él, y sospechaba que no podría desintoxicarse.
Así pasaron los siguientes días, ninguno durmió demasiado, la llamada de apareamiento solo los dejaba descansar unas horas.
Estaba adolorida, pero maldición que se sentía bien.
Comían y cada mañana o tarde iban al rio subterráneo y se bañaban en una piscina natural de aguas termales.
Mientras estaban allí, continúo contándole más sobre su planeta, su clima en cada sector, los cuales eran cuatro y estaban a cargo de sus amigos, los generales Ter´ry, Tom´as, Archi´e y Ste´ar. Cada sector tenía su clima particular, y técnicas diferentes de combate según el mismo, además le dijo a qué edad comenzaban a entrenar los jóvenes. Le resulto muy similar al régimen espartano de la Tierra, no podía entender como desde tan pequeños los preparaban tan brutalmente.
El simplemente dijo: ― Se requieren tres ciclos completos de cada desiriano, una vez llegado a eso, deciden si siguen entrenando para guerreros o no.
― ¿Y cuantos se quedan?
― Más de la mitad. Nacemos guerreros.
― ¿Y cuantos ciclos dura ese entrenamiento para los que siguen?
― Siete.
Sus ojos volvieron a fijarse en sus cicatrices. Él le había relatado de las golpizas que recibían de sus instructores, durante su entrenamiento. Ni siquiera por ser el hijo del gobernante era más fácil.
― Es normal, pequeña. Es nuestra cultura.
― ¿Qué pasa con los que no siguen el entrenamiento? ¿son discriminados?
La forma en que evadió su mirada le dio la respuesta.
― Para algunos sí, pero los demás no. Sin ellos la sociedad no avanzaría. Se necesitan investigadores, comerciantes, constructores, cazadores.
La conversación la había inquietado un poco y agradeció que Al´bert cambiara el tema preguntándole sobre la Tierra.
Ella le conto sobre su paso por hogares de acogida hasta llegar a la Sra. Pony, también le hablo de su amiga Patty y sus salidas a su cafetería preferida o lugares de compra. También le relato sobre las festividades tradicionales, como el Halloween, la navidad, él parecía fascinado. Hablar de eso la hacía sentir que podía volver a su hogar, pero estaba empezando a cuestionarse si quería hacerlo.
Lo que también empezó a tomar en cuenta es que su vida en la tierra no había sido gran cosa. Lo único que tenía allí era a su amiga, no tenía familia y su trabajo no la llenaba como ella suponía. Simplemente había estado tratando de encontrar al señor correcto, tener una familia y quizás ser feliz. Con Al´bert no se sentía sola, y en parte tenía miedo de volver a eso en la Tierra.
No es necesario, se dijo.
Se estaba acostumbrando a estar en los brazos de Al´bert, a comenzar a conocer a otra persona, a sentirse completa, se preguntaba que apuro había en volver.
Todo esto jugaba en su cabeza, el gran sexo con su sexy alienígena, la atención, la comunicación que compartían y, sobre todo, se estaba enamorando de este magnífico guerrero y no sabía que hacer al respecto.
Después de otra sesión de alucinante sexo, él arrastro sus labios por su cuello, le gustaba ver su marca allí. Ella estaba agotada, aun no se acostumbraba al gran apetito sexual desiriano. Sería mejor regresar a su hogar. Su trabajo lo mantendría alejado unos lapsos y ella podría descansar y reponerse.
El la observaba placenteramente, mientras la tocaba suavemente.
No se cansaba de eso. Había aprendido mucho en estos periodos con ella, le había dicho que era "enfermera", aunque no entendía bien el concepto, supuso que era una ayudante de sanadores.
― ¿Tu trabajo en la Tierra, era peligroso? – pregunto.
― No exactamente. En algunas ocasiones había que lidiar con gente difícil, pero nada malo en general.
― ¿Y cómo te defendías si alguien quería atacarte?
― Bueno, yo llevaba siempre gas pimienta.
― ¿Gas pimienta?
― Si, lo rocías sobre el atacante y no lo deja ver, lo que te da tiempo a huir.
Al´bert frunció el ceño ―Y entonces, que les sucede, ¿los castigan?
― Depende la seriedad del ataque – murmuro - ¿Qué harían ustedes?
― Por atacar a una mujer, los ejecutamos.
― ¿Qué?
― Un ataque físico a una mujer es el peor crimen en Desiree. Simplemente se los ejecuta.
― En la Tierra no es tan simple. Algunos violentos van a prisión y luego los sueltan.
― ¿Qué? Violentan a una mujer y luego los dejan – dijo enojado.
― Si.
Al´bert hervía de ira. Su mujer no volvería a ese planeta.
― Al´bert, ¿estás bien?
― No. Las mujeres no deberían ser tratadas así.
― Pero… ¿Qué hay del lugar de sonde me sacaste?
― La Arena de Orión – gruño.
― Si, todas esas mujeres estaban asustadas, igual que yo. Me desperté encadenada y nos llevaron a La Arena para servir de premio a los ganadores, como esclavas sexuales. Si ustedes están en contra del maltrato hacia las mujeres… ¿porque estabas allí? – pregunto ella en susurro – tuve suerte de que me ganaras, me doy cuenta de eso, no me exigiste, ni obligaste a una situación que o quisiera. Pero me pregunto qué paso con las otras.
Al´bert estaba avergonzado, tenía que admitir que no había mirado a las otras mujeres, no había visto sus expresiones, después de ver a su compañera, solo quería sacarla de allí y llevarla a su casa a salvo.
― No fui honorable ese día – admitió – fui con un solo propósito, encontrar una criadora. Mi especie esta en extinción y no pudimos hacer nada por nuestras mujeres. Tenía que encontrar a una especie compatible, tenía que dar el ejemplo.
― Pero… ¿por qué la Arena?
― Era la opción más rápida que había. No sabía que ofrecían mujeres humanas.
― Te hubieras ido si lo hubieras sabido?
― No – le dijo – sabíamos poco de tu especie, nos dijeron que eran frágiles, no compatibles, solo aceptables como compañeras de placer. Pero mi impulso demostró que estaba equivocado.
― ¿Y ahora?
― Estoy agradecido a Uxa por haberte encontrado – dijo – aunque estoy avergonzado de no haber ayudado a las otras mujeres.
― Gracias por ser honesto.
― Lo siento, pequeña – dijo mientras la acariciaba.
― Tan egoísta como suena – dijo mientras lo miraba – me alegro de que fuiste tú.
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