Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 1433.
12.- Sin palabras
Las dos semanas pasaron mucho más rápido de lo que Penny había esperado. Con el recelo del elenco de músicos aquel periodo vacacional arrancó. Fueron dejando el hotel paulatinamente hasta que sólo quedaron, Jagged, Pierre y ella. No le había dicho dónde pasarían esas vacaciones, pero parecía que no podían ir en avión. Pierre condujo durante casi seis horas, hicieron un par de paradas para estirar las piernas y los dejó frente a la playa.
Estaban en Saint-Clément-des-Baleines en la Île de Ré, nunca había estado allí, el aire olía a océano, la brisa era fresa y limpia.
—Gracias por traernos, Pierre, disfruta de las vacaciones.
—Lo haré, señor.
Jagged observó, enarcando una ceja, como Pierre y Penny se abrazaban con fuerza.
—Cuídate, Penny, si necesitases algo puedes llamarme.
—Tranquilo, estaré bien. Diviértete.
—Intenta no trabajar demasiado, tú también necesitas descansar.
—Descuida.
Pierre se despidió de ella con un sonoro beso en la mejilla.
—No sabía que erais tan amigos —farfulló viendo a Pierre entrar en el coche.
—¿Estás celoso?
—Por supuesto que no, es que no sabía que os llevabais tan bien.
—¿Sabes la cantidad de horas que pasamos juntos? —inquirió acercándosele—. Entre conciertos, mientras esperamos a que acaben las entrevistas a puerta cerrada, cuando le ordenas que me lleve a casa…
—Lo he pillado.
—No soy su tipo.
—¿Una mujer hermosa no es su tipo?
—Es gay —respondió—, y está con Didier.
—¿Qué? ¿Con el batería?
Penny le hizo un gesto para que bajase la voz.
—Así que puedes dejar de no estar celoso de Pierre.
—¿Por qué no sabía nada de eso?
—Bueno… —dudó un instante sabiendo que eso iba a herirle—. El tiempo que pasamos juntos ha hecho que seamos algo así como una familia.
—Y veo que yo no estoy en esa familia.
—Tal vez si no te encerrases en tu suite cada vez que proponen ir a tomar algo, pero entiendo que prefieras no venir con nosotros.
—Deben creer que soy un imbécil.
—No, te admiran y respetan.
Jagged la besó en la frente cuando estuvo seguro de que Pierre ya no podía verlos. Se hurgó en el bolsillo y sacó las llaves para poder abrir.
—¿Qué esperas de mí? —preguntó deteniéndose frente a la verja de metal.
—¿Qué quieres decir?
—No hemos hablado desde que dormimos juntos, no sé qué somos o qué esperas que ocurra en estas vacaciones.
—Nada —contestó con sinceridad—. Sólo quiero que podamos conoceros, sin presiones, sin agendas, sin Fang.
Penny le miró nerviosa.
—No voy a hacerte nada.
—Lo sé…
—Entonces ¿qué?
—Jagged, si pasa algo entre nosotros y…
—Lo que pase aquí se quedará aquí, lo prometo —pronunció tendiéndole la mano—. No afectará a nuestro trabajo ni a nuestra vida en París. Aceptaré lo que decidas me guste o no.
—¿Serías capaz de actuar como si nada hubiese ocurrido?
Él sacudió la cabeza.
—Me costaría, pero lo haría. No quiero a otra mánager.
—Yo no sé si podría —admitió atreviéndose a darle la mano y a seguirle adentro.
Jagged le enseñó la casa de dos plantas, la nevera y la despensa estaban llenas, olía a limpio y fresco. Supuso que le había encargado a alguien que se encargara de llevar todo lo necesario.
—Dios, este sitio es enorme.
—Hay tres habitaciones, así que no tienes que dormir conmigo si no quieres.
—Jagged, ¿has alquilado esto?
—No, la casa es mía —declaró abriendo la puerta acristalada del jardín—. La compré hace unos diez años.
—¿Tienes esta casa y vives en un hotel?
—Es más práctico. No hay ningún vuelo directo desde La Rochelle hasta París, no me apetece hacer tres escalas para llegar —explicó. Sin el maquillaje, con una camiseta lisa y unos tejanos parecía una persona diferente y a Penny le encantaba verle así, casi podía olvidarse de que era su jefe—. Aquí nadie sabe quién soy, sólo saben que tengo dinero y que soy un poco excéntrico.
—Ya entiendo, no quieres que descubran tu otra identidad.
—Eso es. Viene alguien a limpiar tres veces por semana, así que no te asustes si aparece alguien que no conoces.
—De acuerdo.
—¿Quieres tomar algo? ¿Vino? ¿cerveza?
—¿Es que quieres emborracharme?
Jagged le sonrió, se la veía algo más relajada que frente a la verja de entrada.
—¿Prefieres un café o un refresco?
—Un café me vendría bien.
Se metió en la cocina para prepararlo mientras Penny se dedicaba a curiosear por la casa. Era enorme y preciosa. Se asomó al balcón de la habitación en la que Jagged le había dicho que podía dejar sus cosas, las vistas la dejaron sin palabras, se veía el océano, no había edificios enfrente. Guardó sus cosas dentro del armario y metió la maleta vacía debajo de la cama antes de volver a bajar.
Jagged había dejado la cafetera humeante sobre la mesa frente al sofá, un tetrabrik de leche y un par de tazas junto a unos paquetes de galletas.
—Huele muy bien.
—Lo siento, no sé cómo te gusta.
—Largo, con un poco de leche y sin azúcar estará bien.
—¿Qué falta?
Penny se sentó a su lado sonriéndole.
—Normalmente le pongo nata y un poco de vainilla, pero no importa.
—Debes pensar que soy un idiota —musitó viendo como servía el café en ambas tazas, preparando su favorito sin dudar un instante en las cantidades que debía verter y se lo ofreció—. No sé algo tan simple como eso.
—No es nada importante, además, creo nunca me has invitado a café antes.
—No me olvidaré.
»Penny…
—Adelante, pregunta lo que quieras —soltó dándole un sorbo al café que se había preparado.
—¿Cuál es tu lugar preferido?
Rió sorprendida al recibir una pregunta tan inocente como aquella, se había preparado para responder a todo tipo de temas personales e incómodos.
—Creo que el gimnasio de mi barrio.
—¿Un gimnasio?
Asintió soltando la taza y sentándose de lado en el sofá para poder mirarle a los ojos mientras hablaban, relajada y más cómoda de lo que esperaba estar con aquello.
—Pasaba horas dándole golpes al saco de boxeo descargando la frustración de un modo más adecuado de cómo lo hacía antes.
—¿Se metían contigo o qué?
—Sí, bastante —admitió. Jagged le dio un su beso suave en los labios—. ¿Y eso a qué viene?
—Una recompensa por contármelo. ¿Y qué hacías antes de darle golpes a un saco?
—Tengo un amigo, se llama Meddhi. Es dos años mayor que yo, nos pasábamos el día peleándonos.
—¿Y seguís siendo amigo?
—Sí, acabamos los dos en el gimnasio. Salimos un tiempo, pero funcionábamos mejor como amigos, así que lo dejamos.
Vio la puerta abierta a preguntarle algo más personal, pero dejó escapar la ocasión. Tenían muchos días para eso. Jagged le dio el segundo beso de recompensa, menos inocente porque Penny se decidió a corresponderlo.
—¿Logré que me odiases? Aunque sólo fuera por un minuto…
—Admito que te habría estrangulado más de una vez, pero no —pronunció con sinceridad—. Creía que eras un imbécil inmaduro y egoísta. Pero me di cuenta de que no eras así.
—¿Qué me delató?
—Le diste el día libre a uno de tus músicos cuando te dijo que no se encontraba bien.
Una de las cosas que caracterizaban a Jagged era que le gustaba ser justo con la gente que tenía a su alrededor, también era una de las cosas que a Penny le gustaban de él.
Penny se movió para buscar su recompensa.
—Hay algo sobre ti que no sé —susurró ella sin apenas separarse de sus labios.
—¿Qué es?
—¿Por qué vives en Francia?
—Nos trasladamos aquí cuando a mi madre la contrataron como profesora de inglés en La Rochelle. Vivíamos cerca del faro. Después nos mudamos a París y me quedé allí a vivir.
—¿Y tu padre?
—Era piloto de helicópteros y se lo tragó el triángulo de las bermudas —soltó de un tirón como si llevase toda la vida practicando para pronunciar aquella frase.
—¿En serio?
—Es lo que decía cuando me preguntaban. La verdad es que ni lo sé, ni me importa.
Penny le besó, dándole aquella recompensa que habían establecido.
—Penny, ¿quieres saber algo más?
—¿Clara y tú…?
—¿Estás un poco celosilla? —preguntó con tono de broma.
—Puede que sí. Os lleváis bien y es muy guapa —susurró recibiendo un beso—. A ella le gustas, ¿lo sabías?
—No es mi tipo.
—¿Y cuál es tu tipo?
—Tú.
Ella sonrió dejándole besarla con intensidad. Penny supo que los besos se les iban a quedar cortos pronto, estaba deseando perder la ropa y enredarse con él.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Saint-Clément-des-Baleines es uno de mis lugares preferidos de Francia, está en la Illê de Ré, estuve cuando era pequeña y me enamoré de la isla entera pero el faro me robó el corazón para siempre.
Mañana más.
