Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

s/13008307/1/Breath-Mints-Battle-Scars


XII

6 de octubre, 1998

Diario,

Aparentemente estoy consciente.

Al parecer, no estoy en Azkaban.

Aún.

Creo que eso puede cambiar en cualquier momento.

Ella…

Mierda, escribió una entrada y la envió.

En mi lugar.

Para mí.

Después de que lo robara, después de que yo… mierda… después de que la atacara.

Merlín, por la mierda que sí la ataqué, ¿en qué diablos estaba pensando?

¿Recuerdan cuando estaba escribiendo sobre lo absurda que era la idea de hacerlo? Sí, lo sé. Tanta ironía me sabe a arsénico.

Ella simplemente- es que me vuelve jodidamente loco.

Se los dije. Se los advertí. Joder que sí lo hice y está por escrito.

Grange-... Maldición, maldita sea Granger. Siempre es Granger. Con su puto pelo explosivo y esas putas pecas que parecen canela y esos jodidos ojos marrones.

La llamé hija de puta. Maldita hija de puta sangre sucia.

Ni siquiera le he dicho algo similar a Pansy alguna vez.

Es solo que… ella… joder…

Mierda.

Mierda.

Quiero matarla casi tanto como quiero besarla.

No.

No, eso no es lo que quiero hacer.

No quiero besarla. Quiero hacer una hendidura en mi colchón con su cuerpo. Quiero escuchar esos malditos sonidos que hace de nuevo. Quiero arruinar su vida.

Y lo que escribió... pfff. Maldito Merlín.

Debería arrancar esa página, debería hacerla pasar por una puta mierda y desecharla, pero me gusta mirar su desastrosa letra.

No me pregunten, no sé por qué.

Draco


6 de octubre de 1998

Las otras chicas en el dormitorio la miran.

La miran mientras se viste, la miran mientras se cepilla los dientes. Sus expresiones están teñidas de toda la lástima que odia. Sin embargo, sus ojos no le miran la cara: están mirando su garganta.

Se pregunta por qué no lo ha ocultado con un glamour. La verdad es que no cree que lo haga, no sirve de nada esconder este.

Havershim y McGonagall la encontraron en la lechucería la noche anterior, acurrucada entre excrementos y plumas sueltas, bañada en el rastro de sus lágrimas.

Todavía está molesta consigo misma por tan patética demostración de emoción. Todavía está avergonzada por absolutamente todo lo que pasó el día anterior.

Nott estaba equivocado, no tiene hambre de atención, la detesta. Y ella no planea alentarla al ceder ante las miradas de lástima o llorar en el hombro de alguien. Ni siquiera reconocerá lo adolorida que tiene la garganta, al contrario: encogió sus hombros y seguirá adelante, ya que es lo que mejor que puede hacer.

—Mione, por favor- solo escúchame. Escucha mi versión...

Lo ha estado ignorando en silencio hasta ahora, pero ya siente que la empujó a pasar sobre sus límites.

No, Ronald, no existe tu versión —dice bruscamente, sorprendiendo a Dean que está sentado a su lado, haciendo que derramara un poco de jugo de manzana en su regazo.

Ron la ha estado acosando durante toda la cena, habiendo pasado de sentarse a su lado a sentarse frente solo para forzarse a estar en la línea de visión. Para darle un poco de crédito, parece genuinamente confundido en cuanto a por qué está tan enojada.

Él la salvó, ¿verdad?

Resopla para sí misma, sorbiendo ruidosamente su propio jugo para ahogar los sonidos de sus excusas. Harry, quien parece sentir lástima por Ron, interviene con:

—Realmente, Mione, solo fue un error estúpido. Su corazón estaba en-

Hermione apunta su tenedor hacia Harry como si fuera un arma.

—Harry James Potter, no te atrevas a decir que su corazón estaba en el lugar correcto —Harry cierra la boca obedientemente, lo que de momento la lleva de vuelta a la de Nott. Despeja su mente y apunta con su tenedor a Ron, cuya desesperación es palpable—. Tú tienes que empezar a asumir las consecuencias de tus acciones. Y debes empezar a actuar acorde a tu edad. Lo que hiciste fue cobarde, simplemente para llamar la atención. Te pido lo más amablemente posible que dejes de saltar a charcos para evitar que me "ahogue".

Por un instante, su discurso lo deja atónito, callándolo de forma súbita. Sin embargo, sus palabras resultan ser:

—Mione-… era solo Malfo- —se levanta de su asiento en un instante, guardando su libro manchado de tinta en su bolso y colocándolo sobre su hombro.

—Voy a estudiar por un rato —dice—. Disfruten de su cena.

Cuando se va, no puede evitar que sus ojos se deslicen hacia la mesa de Slytherin. Sabe que no ha sido arrestado ni castigado, ya que anoche usó la última carta bajo su manga con McGonnagal para convencerla de que fue un malentendido.

Aún así, no lo ve ahí.

Intenta no sentirse decepcionada. Trata de ver cuán ridículo sería si lo estuviera. Debería sentirse aliviada en todo caso, aunque a este punto, debería sentirse asustada.

Pero claramente perdió todo lo que quedaba de cordura, porque no la asusta.

Llega a la mitad del camino hacia la biblioteca antes de que se le ocurriera que Ron podría ir a buscarla. Se siente suficientemente humillado como para soportar estar rodeado de libros para intentar disculparse, así que se desvía, gira sobre sus talones y vuelve a bajar las escaleras. Saliendo por las puertas delanteras del castillo, dirigiéndose a lo que se ha convertido en su lugar favorito.

No admite para sí misma que espera que él también esté allí, pero es la única forma de explicar las mariposas revoloteando en su estómago. Aquellas que aún tienen alas y no ha podido matar.

Afuera hace más frío de lo que esperaba, por lo que conjura un cárdigan grueso mientras baja por la colina. La luna es pálida y maciza, mirando sobre el castillo como si fuera un ojo blanco que ilumina con su brillo el entorno casi tan bien como la luz del día.

Observa su respiración elevarse en el aire. Se cruza de brazos sobre sí misma y traga, haciendo una mueca de dolor al notar su silueta al bordel del Lago Negro. El aleteo de las mariposas en su estómago se transforma en un remolino.

Probablemente esto sea una idea terrible.

Sabe que él sabe que está ahí, pues a unos cinco pies de distancia ve sus hombros tensos. De todas formas, no se permite ir más lento ni detenerse hasta que está parada a su lado.

Ninguno quiere voltearse primero.

Miran fijamente la oscuridad del lago, escuchándolo ir y venir. Sabe que le debe hablar primero, se lo debe, pero le toma al menos un minuto completo hacer que su voz funcione en crear algo así como un sonido.

—Hola —dice. Qué jodidamente ridículo y estúpido, estúpido-

—Tú de nuevo —es su respuesta. Más una declaración que una pregunta que no dice nada más.

Mira a sus propios pies, arrastrando los dedos dentro de sus zapatos. Suspira, se rinde y lo mira primero.

Él todavía está mirando hacia el lago, por lo que ella lo estudia de perfil. Su rostro se está curando lentamente. Madam Pomfrey ha hecho lo que ha podido para contrarrestar el daño causado por los puñetazos de Ron: la hinchazón se ha ido y el rojo violento de la sangre seca fue limpiado, pero los moretones permanecen. Un ojo está rodeado de negro, como si fuera el de un mapache. Su labio está partido. Pero cuanto más mira, más se da cuenta de que no está mirando los moretones. Está siguiendo la línea angular de su mandíbula. Admirándolo. Estudiando las curvas de sus pestañas.

Se aclara la garganta y aparta la mirada.

—¿L… erm… la entrada llegó a tiempo?

—¿Es por eso que viniste? —la voz de Malfoy es hostil—. ¿Por un "gracias"?

Se eriza.

—Eso no es- no —hace una pausa. Se necesita un momento para evitar reaccionar mal—. Yo no quiero que me agradezcas.

—No planeo hacerlo.

—Bien.

—Bien —dice.

Abre la boca.

La cierra, ¿realmente van a ser así de infantiles?

—Mira, Malfoy, vine aquí para-…

—No te molestes.

Esta vez está audiblemente nerviosa.

—Tú- yo…

—Deberías irte.

Y así es como su comportamiento tranquilo y diplomático se va por la ventana.

Malfoy —escupe—. No vine aquí para lidiar con tu arrogancia, ¡deja de enfurruñarte y actúa como un hombre! Estoy tratando de hacer las paces.

Malfoy se vuelve hacia ella, mostrándole toda la extensión de los moretones. Sus ojos se tensan.

—¿Actuar como... un hombre... —sisea. Su voz suena mortífera, rezumando sarcasmo. Se arrepiente de haber usado esa frase, pero ya no puede retroceder.

—Sí —dice con total naturalidad, encogiendo los hombros—. Madura.

Durante un rato prolongado, él no se mueve ni un centímetro y todo lo que ve es el más mínimo parpadeo en su expresión. Ni la menor chispa. Luego gira su cuerpo completamente para mirarla, inclinándose a cerrar el espacio de 20 centímetros por la diferencia de estaturas.

—Sabes, tenía razón sobre ti, Granger —murmura, arqueando el labio hacia un lado, moviendo sus ojos hacia cada uno de los de ella, buscándolos. Luego sonríe plenamente, una sonrisa desenfadada, viciosa y afilada—. Realmente eres una hija de puta.

Hay un intervalo de medio segundo entre el tiempo que tarda sus ojos en abrirse y el que su puño descoordinado se encuentra con su rostro.

El dolor explota detrás de sus nudillos y se tambalea hacia atrás un paso o dos, maldiciendo, al igual que Malfoy lo hace mientras lleva una mano hacia su boca recién sangrante. Hermione siente que no sabe cómo golpear, pero casualmente esto solo lo ha hecho antes exactamente con la misma persona. Sin embargo, por el dolor esta vez está segura de que se rompió el pulgar.

—¿Qué mierda, Granger? —ruge, doblándose y escupiendo sangre en la hierba.

Hermione está sosteniendo su mano, medio enojada y medio asustada, cuando él echa la cabeza hacia atrás, frotando la sangre con la palma de su mano. Su labio está partido en ambos lados ahora y sus ojos se encuentran con los de ella como un rayo.

—¿Es eso lo que jodidamente crees que necesitaba? ¿Otro puñetazo en la puta cara?

Su único pensamiento es intentar justificarse.

—¡Al menos estabas consciente esta vez! —grita.

—¡Joder, Granger! ¡Joder! —escupe más sangre, girando en furiosos semicírculos como si quisiera arrojarla al lago.

—¡Me llamaste hija de puta! —el insulto tiene un sabor extraño en su lengua—. ¡Otra vez!

—¡Estabas actuando como una! —gira sobre ella, acercándose tan rápido que ella da marcha atrás, inadvertidamente metiéndose varios pies en las heladas aguas poco profundas del Lago Negro. Malfoy la sigue directamente, salpicando.

Y de repente están a centímetros de distancia con el agua hasta las rodillas.

—¡Aún estás actuando así! —le grita justo en la cara, tiene que tener la última palabra.

La sangre que le gotea del labio hasta la barbilla brilla a la luz de la luna. Se quedan ahí, respirando bocanadas de aire mientras sus pies se entumecen lentamente.

Ninguno dice una palabra durante un minuto completo, solo se miran el uno al otro.

Y cuando se rompe el silencio, ella es quien debe hacerlo. Siente que de alguna manera han comenzado un juego de ajedrez invisible y este es su turno de mover.

—¿Te sientes orgulloso de esto? —pregunta en voz baja, levantando una mano para trazar sus dedos sobre los moretones en su propia garganta.

Los ojos de Malfoy bajan rápidamente. Parpadea de nuevo con alguna emoción nebulosa, pero se evapora demasiado rápido para que pueda identificarla.

—No, Granger —responde por fin y su tono todavía es mordaz—. No estoy jodidamente orgulloso de esto —sus ojos buscan los de ella de nuevo—. Pero tampoco me arrepiento.

La saliva se acumula en su boca. Está temblando de frío pero apenas se da cuenta.

—¿Así que eres del tipo de hombres que le pega a una mujer?

Los ojos de Malfoy se entrecierran. Un músculo de su mandíbula se contrae, y de repente da un paso más cerca, haciendo que pequeñas olas dancen alrededor de ella. Toma aire pero no se mueve. No sabe por qué, pero no se mueve.

—No creo que te haya pegado nunca, Granger —dice en voz baja. Y luego su labio vuelve a hacer eso: sonríe de lado. Justo hoy se pregunta por qué ya no odia cómo se ve esa mueca—. Pero deberías tomarlo como un cumplido.

Incluso ella no puede imaginar a dónde va con eso. Levanta una ceja, la cara enrojecida por la sangre que la trata de proteger del frío y espera a que continúe.

—Te veo como una amenaza suficiente fuerte —da otro paso más cerca, ya no hay tanto espacio entre ellos—… para sentir que debo usar fuerza.

Un sonido burlón escapa de su boca, recordándole su proximidad cuando, con el resoplido, el mechón de su cabello que colgaba sobre su frente lo golpea.

—¿Una amenaza?

Su rostro no cambia y se da cuenta demasiado tarde de que habla en serio.

—Sí —dice—. Una amenaza.

—¿A qué?

—A todo lo que soy. Todo en lo que creo. A cada molécula y cada hebra que me hace —su aliento cae como ráfagas contra su cara, cálidas por una vez pero como siempre teñidas de menta, haciéndola sentir petrificada—. Sí, Granger... eres una maldita amenaza.

Y por un momento, todo lo que puede comprender es el chillido del agua moviéndose. Tan increíblemente fuerte para sus oídos que el resto se enfoca en su mente lentamente con aire atontado.

Su mano pasaba por debajo de su cabello, enroscándose alrededor de la parte posterior de su cuello con poca amabilidad, justo como siempre ha sido. Toma una definitiva y decisiva bocanada de aire, un último sorbo de aire que logra atrapar antes de sentir sus labios sobre los de ella.

Y en todo lo que puede pensar es que ese beso está lleno de odio.

Este beso es violencia. Es dolor. Es trauma cuidadosamente envuelto en las cintas y lazos que son sus labios. Este beso es su mano alrededor de su garganta y el golpe de su cabeza contra la pared. Este beso es el dolor hueco en su estómago cuando metió la mano en su bolsillo y descubrió que le habían robado su segunda oportunidad. Este beso es agonía y sabe a la sangre aún goteando de sus labios, caliente y metálica. La presión es casi dolorosa. Sus dientes muerden la carne de sus propios labios. Le duelen los dedos. Quiere hacerle daño.

Y ella quiere alejarse. Realmente quiere. Sabe que debería hacerlo.

Pero mientras él drena su ira, su dolor y frustración, en ella nace una idea de una manera que nunca pensó que fuera posible: se da cuenta que tiene una opción.

Tiene la opción de empujarlo hacia atrás, para alejarse y limpiar la sangre de su boca y nunca más entenderlo. La opción de darle la espalda al rompecabezas sin solución y dejar las piezas abandonadas en la alfombra. A eliminar el nombre de Malfoy de su vida con lejía y prejuicios.

O puede devolverle el beso.

Solo para ver si las piezas encajan al revés.

Su primer toque es tentativo. Coloca su mano inciertamente en su mejilla. Sus dedos torpes contra su piel helada que es suficiente para perturbar el ritmo castigador de sus labios, ocasionando un tartamudeo en su violencia.

Hace un sonido entrecortado. Una especie de jadeo confuso y silencioso porque esperaba que lo detuviera, pues ha intentado que lo hiciera.

Pero esta vez no ganará.

Ella extiende su mano, sintiéndose más audaz. La desliza más allá de su oreja, dentro de la engañosa suavidad de su pelo. Le duele la mano de golpearlo, pero lo acerca más a pesar de ello.

Y de repente las piezas encajan.

Su presión se debilita y retrocede. Sus dientes liberan la carne torturada de su labio inferior y su mano cae desde su cuello, encuentra la parte baja de su espalda, actuando repentinamente suave e inseguro, apenas tocándola.

Y se vuelve maleable, dándole el turno que se ha ganado.

Hermione se estira sobre las puntas de sus pies, que están entumecidas bajo el agua, arrastrando su cabeza hacia abajo para obligarlo a encontrarse firmemente con la suya. Lame la sangre de sus labios y luego busca los de él, que están repentinamente tímidos. Apenas moviéndose.

Lo besa con toda la dulzura que sabe que nunca le han dado. Cruza sus muñecas detrás de su cuello, enterrándose en él junto a todas sus inhibiciones, advertencias e instinto de supervivencia. Corre su lengua sobre la suave línea de sus labios, pidiendo permiso y esperando mientras él se abre para ella. Sus lenguas se encuentran como si fueran viejos amigos.

Y cuando Malfoy se despierta de su sorpresa, le devuelve el beso sin violencia. O con violencia, pero de un tipo totalmente diferente. Con pasión y, sin embargo, con moderación. Con deseo.

Sus manos se aferran a la gruesa tela de su chaqueta de punto, apretándola alrededor de su cintura, apretujándola contra él, como a una hoguera en medio del frío.

Nunca se sintió tan cálido hasta ahora.

El agua ondula debajo de ellos. Él la levanta, de forma inesperada pero experta. Coloca un brazo por debajo de sus glúteos y ella instintivamente rodea su cintura con las piernas, jadeando por la fricción traicionera, tortuosa y sublime.

Ahora están en igualdad de condiciones. Y cuando inclina su boca sobre la de ella, olvida el sabor de la sangre y el dolor de los moretones debajo de la barbilla. Olvida el pasado aunque solo sea por un momento.

Olvida odiarlo.

Tiene las mejillas húmedas. Saborea la sal de lágrimas perdidas y, por primera vez, se da cuenta de que Malfoy es capaz de sentir.

Y sabe que, sin importar lo que le haga, nunca se lo dirá a nadie.


N/T: Yo morí y viví con este capítulo en su momento, espero les pase lo mismo~~

¡Feliz inicio de semana!