Capítulo 12
Los mareos matutinos, en lugar de mejorar, fueron a peor. Todos los días Sasuke le repetía, con la disciplina de un soldado, que sí, que los vómitos eran horribles, pero que él la ayudaría a llevarlos lo mejor posible hasta que desaparecieran. Decidieron guardar en secreto el embarazo hasta el segundo trimestre básicamente por el riesgo de complicaciones y abortos espontáneos. El ginecólogo les aseguró que después del segundo mes no tendrían de qué preocuparse, pero aun así ellos prefirieron esperar antes de decírselo a nadie.
Sakura ni siquiera se lo contó a Ino, lo cual fue cualquier cosa menos fácil, pero creía que era mejor que su amiga no lo supiera aún para evitar que se le escapara sin querer mientras hablaba con alguien.
Sasuke estuvo a su lado, tal y como había prometido. De vez en cuando no tenía más remedio que volar a Europa, pero los viajes siempre eran cortos, de tres días como mucho. Sakura lo pasaba mal cuando se iba, pero tenerle de nuevo en casa siempre era maravilloso.
Las semanas se sucedían a una velocidad vertiginosa. Las noches eran una experiencia memorable en los brazos de Sasuke. Hasta que un día, tal y como el ginecólogo había pronosticado, el hada de los mareos matutinos interrumpió sus visitas diarias.
Un día, Sasuke regresó a casa tras pasar el día en la oficina. Sakura había dedicado la jornada a retirar cuadros y a mover los muebles de la habitación que había frente al dormitorio. Estaba levantando una mesita de noche cuando oyó la voz alarmada de Sasuke gritando desde la puerta.
—¿Se puede saber qué demonios estás haciendo?
Sakura soltó la mesita y a punto estuvo de aplastarse un dedo del pie.
—Me has asustado —le dijo.
Sasuke se dirigió hacia ella con las manos en la cadera.
—No deberías estar levantando muebles. —Sus ojos recorrieron la estancia—. ¿Has sacado tú todo lo que había aquí?
Solo quedaba el armario, la cama y las mesitas.
—Sí, ¿por qué? Dijimos que este sería el dormitorio del bebé —respondió Sakura con un hilo de voz para que Louise, que estaba limpiando el dormitorio principal, no oyera nada.
—Esto no está bien —susurró Sasuke, y dándose la vuelta gritó—: ¿Louise? ¿Mary?
—¿Qué estás haciendo?
Louise apareció en la habitación casi a la carrera, visiblemente alarmada.
—¿Va todo bien?
—Ve a buscar a Jūgo —le dijo Sasuke.
Sakura tomó el brazo de su marido, debatiéndose entre la confusión y la alarma. Por mucho que insistió, no consiguió que le contara qué estaba pasando. Sasuke esperó a tener a sus tres empleados delante antes de decir una sola palabra.
Y cuando finalmente lo hizo, Sakura se quedó muda de la sorpresa.
—Sakura está embarazada.
No daba crédito a lo que estaba pasando. Ambos habían acordado no decir nada a nadie hasta la próxima visita con el ginecólogo, aunque en cuestión de segundos comprendió sus motivaciones.
—Lo sabía —dijo Louise, mirando a Mary de soslayo.
Mary se encogió de hombros y recibió la noticia con una sonrisa maternal.
—Por supuesto que sí.
—¿Lo sabíais? —preguntó Sakura.
—Querida, vivimos aquí. Pues claro que lo sabíamos.
Sasuke miró a Jūgo.
—A mí no me mire. No tenía ni idea.
—Si sabéis que Sakura está embarazada, ¿por qué permitís que se dedique a mover muebles por toda la casa?
Jūgo miró a su alrededor.
—No quería que la ayudáramos.
—No necesito que me ayuden —se defendió Sakura, a ella misma y a sus empleados—. ¿Dónde está el problema?
Jūgo dio un paso al frente.
—Las embarazadas no pueden cargar peso.
Sasuke sonrió y le dio una palmadita en la espalda.
—Al fin alguien que me entiende.
—¿Por eso tanto revuelo? ¿No me crees capaz de vaciar un dormitorio? —Sakura empezaba a enfadarse por momentos, ella que aborrecía el machismo...
—A partir de ahora, no quiero que Sakura levante nada que pueda pesar más que un plato de comida o una bolsa llena de ropa. Y si la bolsa pesa mucho, ni siquiera eso. —Sasuke habló mirándola a ella, pero en realidad se dirigía al personal.
—Espera un momento...
Mary retrocedió y le hizo una seña a Louise.
—Creo que deberíamos dejarlos a solas.
—Sasuke tiene razón —intervino la voz de Jūgo—. Permítame que la ayude con todo esto. Podría hacerse daño usted o al bebé.
Sakura levantó un brazo en alto cuando vio que Jūgo pasaba junto a ella y se disponía a levantar la mesita de noche.
—Quieto ahí. Estoy embarazada, no enferma. El ginecólogo no dijo nada de restricciones.
—Jūgo —intervino Mary—, creo que deberíamos dejar solos a los señores para que lo solucionen sin nuestra ayuda.
Los tres se dirigieron hacia la puerta en silencio, mientras Sakura se mordía la lengua e intentaba controlar su ira y Sasuke erguía la cabeza, decidido a no dar el brazo a torcer.
—Creí que habíamos decidido entre los dos no contarle a nadie lo del bebé.
Sasuke miró a su alrededor.
—Pues ese punto no lo hemos cumplido. Maldita sea, Sakura, podrías haberte hecho daño arrastrando cosas de un lado para otro.
—No son más que cosas.
—Cosas pesadas que tú no deberías levantar.
—Venga, por favor...
Sasuke puso una mano en alto para silenciar las protestas.
—¿Y si levantaras esta mesita —preguntó, dándole una patada a la madera— y notaras un dolor en el vientre?
Sakura sintió un escalofrío que la cogió desprevenida.
—Eso no tiene por qué pasar.
—Pero ¿y si pasara?
Miró a su alrededor y de repente fue consciente por primera vez del tamaño de la cama, de la masa imponente del armario que estaba decidida a sacar de la habitación antes de que Sasuke la interrumpiera.
Quizá tenía razón.
—Puedo cargar las bolsas después de una tarde de compras —respondió finalmente con un hilo de voz.
Sasuke se acercó a su mujer y la abrazó. Podía notar la frialdad de sus manos acariciándole la espalda y el rápido latido de su corazón dentro del pecho. Estaba preocupado, genuinamente sorprendido por sus acciones. La parte más emocional de Sakura suspiró aliviada al constatar cuánto se preocupaba por ella; la más independiente agitó el puño en alto.
—Por favor, prométeme que otra vez pedirás ayuda.
Sakura nunca prometía nada que no pensara cumplir, así que no se apresuró a responder lo que Sasuke necesitaba oír.
—Prométemelo —insistió él, dando un paso atrás y sujetándole la cabeza entre las manos.
—Esta mañana, cuando me he levantado, me sentía genial. Creo que se han acabado los mareos.
—Prométemelo. —Sasuke no pensaba rendirse.
—Vale, está bien. No levantaré peso. ¿Satisfecho? —La respuesta sonó más áspera de lo que Sakura pretendía, pero, a juzgar por su sonrisa, a Sasuke no parecía importarle.
—¿Me lo prometes?
—¡Te lo prometo! —exclamó ella, dándole un empujón en el pecho—. Santo Dios, ¿es que siempre te sales con la tuya?
Sasuke asintió.
—Prometo abalanzarme sobre cualquier cosa que necesites levantar. Cuando quieras que haga algo, no tendrás que repetírmelo dos veces.
—Vale, machote, más acción y menos palabrería. Quiero que me vacíes la habitación para empezar a preparar las paredes para pintarlas.
Sasuke abrió los ojos como platos y frunció los labios.
—¿Con el olor que desprende la pintura? —preguntó.
Sakura supo al instante que tendría que hacer unas cuantas promesas más antes de que se hiciera de noche.
Al final, prometió dejarle el trabajo duro a Sasuke y a quienquiera que él contratase para ello. A cambio, ella tenía rienda suelta para señalar, gastar y ordenar tantos cambios como creyera necesarios.
En lugar de comunicar por carta a los abogados de su padre la futura llegada de su heredero, Sasuke optó por una presentación mucho más espectacular. En cuanto Sakura se sintió lo suficientemente bien como para viajar, organizaron un viaje al hogar de sus ancestros para compartir la noticia con el resto de la familia.
La pequeña cena festiva bullía de excitación hasta que Sasuke pidió silencio y cogió a Sakura de la mano.
—Supongo que muchos de vosotros os debéis de estar preguntando por qué os hemos reunido aquí esta noche.
—Ya sabes que me encantan las suposiciones —dijo su madre desde el otro extremo de la mesa. Todos a su alrededor rompieron a reír y esperaron a que Sasuke continuara.
—Sakura y yo esperamos nuestro primer hijo para finales de enero.
—Lo sabía. —Tenten se puso en pie de un salto y rodeó la mesa para abrazar a Sakura y luego a su hermano.
Los presentes se deshicieron en felicitaciones y buenas intenciones. Si alguien tenía dudas sobre cuándo se había quedado embarazada, no dijo ni una sola palabra al respecto.
Izuna captó la mirada de Sasuke desde el otro extremo de la mesa, y sus labios dibujaron una fina línea recta. Sasuke siempre había culpado a su padre por la mala relación que existía entre los dos primos. Si no le hubiera nombrado su segundo heredero, tal vez Sasuke y Izuna estarían más unidos. Tristemente la realidad era bien distinta. Tajima se acercó a su hijo y le susurró algo, y Sasuke centró la atención en su mujer.
Sakura irradiaba orgullo y ese brillo especial que tanta gente atribuía a las embarazadas. Llevaba un vestido de verano con las mangas cortas y un cinturón alrededor de su —por momento— minúscula cintura. Sasuke se había dado cuenta de que empezaba a tener los pechos ligeramente más grandes y también más sensibles cuando hacían el amor. Cada mañana descubría una nueva maravilla. En la última visita al ginecólogo antes de volar a Gran Bretaña, habían escuchado el latido acelerado del corazón de su hijo. A Sakura se le habían llenado los ojos de lágrimas y a él se le había hecho un nudo en la garganta. De repente sintió un amor incondicional hacia su hijo, una emoción más sólida que cualquier otra que hubiese experimentado en toda su vida. Bueno, casi, musitó.
Buscó con la mirada a su mujer, engullida por una marea de personas que esperaban para poder abrazarla. Descubrir el amor que sentía por su hijo le había llevado a darse de bruces con otra realidad.
El amor que sentía por Sakura.
En lugar de huir de tantas emociones potencialmente devastadoras, Sasuke las sujetó contra su pecho como si fueran una buena mano en una partida de póker. Tendría tiempo suficiente para descifrar los sentimientos de Sakura antes de confiarle los suyos.
Al fin y al cabo, estaba acostumbrado a jugar sus cartas hasta asegurarse de ganar la partida.
Al final de la noche, Parker se acercó a hablar con él justo antes de abandonar la fiesta.
—Veo que se ha asegurado todos los puntos del testamento de su padre.
Dicho así, Sasuke no pudo evitar sentir que una fina capa de suciedad le nublaba la conciencia. No había hecho nada malo para conseguir su objetivo, pero tampoco le había contado a Sakura la necesidad de asegurarse un heredero si quería cobrar la herencia.
—Eso parece —respondió Sasuke.
Parker le ofreció la mano.
—Nos reuniremos tras el nacimiento y firmaremos los papeles del testamento. Felicidades de nuevo.
—Gracias.
Mientras seguía a Parker con la mirada mientras este salía de su casa, Sasuke notó que alguien le observaba. Cuando se dio la vuelta, se encontró a Sakura en medio del recibidor.
—El abogado de tu padre, ¿verdad?
Sasuke asintió levemente con la cabeza.
—Eran amigos íntimos.
Sakura se acercó a Sasuke y colocó una mano en su cintura antes de apoyarse en él.
—Supongo que ahora ya no podrá dudar de tus intenciones —dijo, desviando la mirada hacia la puerta.
—Me temo que seguirá dudando hasta que nazca el niño.
Sakura apoyó la cabeza en el hombro de su marido y disimuló un bostezo con la mano.
—Estás cansada. Deberíamos irnos a la cama.
—Pero aún queda mucha gente que ha venido a verte.
—Pues tendrán que arreglárselas sin nosotros.
Sakura no se resistió. Era evidente que estaba muy cansada, así que Sasuke la cogió de la mano y desaparecieron escaleras arriba.
Sasuke y Sakura se quedaron un par de días en Nueva York de regreso a California. Mientras Sasuke se reunía con su abogado, Sak se enfrentó al calor sofocante de Manhattan y aprovechó para hacer un montón de compras totalmente innecesarias.
Por mucho que intentara concentrarse en la ropa premamá que le hacía falta, no podía evitar sentir una atracción irresistible hacía la sección infantil de los centros comerciales. Quizá fuera porque todos los que tenían que saber que estaba embarazada ya lo sabían, pero Sak sentía la extraña necesidad de comprar de todo.
No saber el sexo del niño dificultaba las cosas, pero nada que no se pudiera salvar comprando un conjunto verde por aquí y otro amarillo por allá. Encontró un arrullo blanco tejido a mano para envolver al niño cuando salieran del hospital camino de casa. Con los brazos cargados de bolsas, Sakura estaba rebuscando entre minúsculos calcetines y peluches varios cuando sintió una mano en el hombro.
Allí estaba la víbora con su melena roja al viento.
—¿Por qué no me sorprende encontrarte aquí? —preguntó Karin con su lengua viperina asomando entre los labios pintados de rojo.
A Sakura poco le importaba lo que pensara aquella mujer y no tenía la menor intención de entablar una conversación con ella. De todas formas, ¿qué probabilidades tenía de encontrarse accidentalmente con ella en una ciudad del tamaño de Nueva York? Sak sabía que vivía allí, pero ¿qué posibilidades había?
—Karin.
Karin señaló el sonajero con forma de elefante que Sakura sostenía en la mano.
—Qué monada. ¿Para cuándo esperas tu retoño?
—No es asunto tuyo. —Sakura dejó el sonajero donde lo había encontrado y se dio la vuelta, dispuesta a alejarse.
—Déjame que haga mis cálculos. —Karin le bloqueó la salida, acorralándola entre una estantería llena de parafernalia para bebés y una serpiente venenosa—. ¿Antes del cumpleaños de Sasuke?
No era muy difícil de imaginar y tampoco tenía importancia.
—¿Tienes envidia, Karin? ¿Tanto te ha afectado que Sasuke no te escogiera a ti?
Karin echó la cabeza hacia atrás y soltó una sonora carcajada.
—Por favor. Ese cerdo manipulador. Es más fácil ver su verdadera naturaleza cuando no se está cerca de él. Lástima que tú no te hayas dado cuenta a tiempo... —Karin dejó las palabras en el aire y bajó la mirada hasta el vientre de Sakura.
Sak se cubrió la barriga con la mano como para proteger a su hijo de la mirada de aquella horrible mujer.
—Sasuke es una de las personas más entregadas que he conocido.
—Sasuke solo se preocupa por sí mismo. Me pregunto si te pidió que tuvieras un hijo suyo o si una noche se olvidó de utilizar protección «por accidente» —dijo Karin, imitando la forma de unas comillas con los dedos.
La conversación había coronado la cima de lo extraño y ahora se precipitaba ladera abajo hacia lo estrambótico.
—No tengo tiempo para estas cosas, Karin. Si me disculpas...
Sakura se apartó pero Karin la cogió del brazo.
—Dios mío, no lo sabes, ¿verdad?
Sak tiró del brazo pero la otra mujer se negaba a soltarla. De repente sintió un ataque de pánico inexplicable, parecido a la sensación que un perro debe de tener cuando hay un terremoto, que la dejó sin habla.
—Sabes que Sasuke necesita un heredero para recibir la herencia, ¿no?
«¿Qué?»
Karin sonrió abiertamente y apartó la mano del brazo de Sakura.
—Pobrecita. Me pregunto cómo lo ha hecho. ¿Te ha escondido las píldoras? ¿O habrá agujereado los preservativos?
A Sakura empezaba a dolerle la mandíbula y tenía los músculos del cuello tan tensos que en cualquier momento empezarían a partirse. ¿De qué demonios hablaba Karin?
De pronto recordó las palabras de Parker. «Veo que se ha asegurado todos los puntos del testamento de su padre.»
No estaba dispuesta a ser el hazmerreír de Karin durante más tiempo, de modo que dio media vuelta y salió de la tienda tan deprisa como pudo. Quería poner tierra de por medio a toda costa y el calor era tan intenso que enseguida empezó a sudar.
«Sasuke necesita un heredero para poder cobrar la herencia.» Las palabras se repetían como un eco infinito dentro de su cabeza. ¿Sería verdad? Si lo era, tenía sentido que Sasuke hubiera recibido la noticia con tanta calma. Sakura creía que eso era precisamente lo único que él no quería de su matrimonio temporal con ella. No era de extrañar que no hubiera perdido la cabeza al saber que iba a ser padre. Ni siquiera se había encogido de hombros. Es más, ¿le había sorprendido?
No, ahora que pensaba en ello, Sakura comprendió que no.
Ya no tenía por qué hacerle más promesas por el bien del bebé. Ni una más.
De todas formas, Sasuke se había comprometido a ser un buen padre y a estar disponible siempre que su hijo lo necesitara.
Sak se negaba a permitir que los sentimientos tomaran el control sobre su cerebro. Paró un taxi y se dirigió hacia el condominio que Sasuke tenía en la costa este de Manhattan.
Ya había estado allí dos veces, siempre en viajes hacia o desde Europa. Cuando por fin entró en el edificio y sintió el frío aire climatizado del lugar, empezaba a caer la tarde sobre la ciudad.
Sin quitarse las gafas de sol, Sakura saludó al portero y se dirigió hacia los ascensores evitando cualquier tipo de conversación.
A diferencia de la casa de Malibú, allí no había sirvientas ni cocineros con los que cruzarse.
Tiró las bolsas sobre el sofá y encendió el portátil de la habitación extra que Sasuke utilizaba como despacho. Necesitaba hacer unas comprobaciones antes de enfrentarse a Sasuke y pedirle explicaciones de lo que le había contado Karin.
El porcentaje de error de los preservativos era algo que le había parecido extraño desde el principio. Los hombres responsables como él utilizaban condones toda su vida y se las arreglaban para que nunca nadie tuviera que llamarlos «papá». Entonces, ¿qué había cambiado? ¿Por qué con ella no había funcionado?
Sus dedos volaron sobre el teclado. En apenas unos minutos, había encontrado varias páginas de salud en las que se hablaba de los condones, de su uso y de su efectividad. Por un momento creyó que no encontraría nada útil, hasta que dio con una web que se titulaba «¿Por qué fallan los preservativos?».
La página estaba llena de información general y en ella se hablaba de condones y de por qué se rompían. Pero a ellos nunca les había pasado, al menos que Sakura supiera. También incluía algunas entrevistas a mujeres que habían acabado formando parte de esa estadística del dos por ciento. Muchas de ellas confesaban malos hábitos, roturas e incluso que el látex estaba caducado.
Aun así, Sasuke y ella solo habían mantenido relaciones durante un mes antes de que ella descubriera que estaba embarazada. Era como si no hubieran utilizado protección desde el principio.
¿Cómo podía un hombre asegurarse de dejar embarazada a una mujer?
Incluso en sus momentos más tórridos, sus relaciones siempre habían sido seguras.
Sakura se levantó de la mesa y se dirigió hacia el lavabo. Habían utilizado el dormitorio de camino a la recepción, así que parecía razonable que el condón de aquella noche hubiera salido de la caja que había en el cajón de la mesita.
La misma caja que aún seguía allí.
Sakura comprobó que faltaban meses para que caducaran. Apenas quedaban unos cuantos. Se llevó la caja al lavabo y sacó uno de los envoltorios. Con cuidado de no dañarlo, lo abrió y sacó el contenido. Todo parecía normal.
Por puro instinto, puso la boca del preservativo bajo el grifo y lo abrió. Al principio no pasó nada.
Pero cuando cerró el grifo y observó de cerca la punta del condón, vio que empezaba a formarse una minúscula gota de agua.
Primero fue una, luego otra, hasta que al final el goteo fue constante. Sakura sintió que el corazón le daba un vuelco.
Le temblaban las manos, las rodillas, hasta el labio inferior. Dejó el preservativo dentro del lavamanos y cogió otro. El proceso fue exactamente el mismo.
Incapaz de creer lo que le decían sus ojos, o lo que le gritaba su cerebro, Sakura sacó un tercer condón de la caja y volvió al dormitorio. Apagó las luces del techo, puso el paquete sobre la bombilla de una lámpara y la encendió.
Un minúsculo rayó de luz atravesó el plástico como si fuese un faro.
A pesar de la sinceridad, a pesar de la intención de abrirse el uno al otro, Sasuke había ejecutado su plan para conseguir un heredero manipulándola a su antojo para que creyera que no había sido más que un accidente.
¿Cómo había podido ser tan inocente? ¿Tan crédula? Recogió los condones y los escondió en el fondo de la papelera para que nadie los encontrara, mientras las lágrimas le caían por las mejillas.
Guardó uno en el bolso y dejó dos más junto a la cama.
Si había algo que Sakura odiaba era que alguien la utilizara como un peón en su propio beneficio.
¿Cómo había podido hacerle algo así el hombre del que se había enamorado?
¿Cómo iba a sobrevivir a partir de entonces sin él?
—Sakura está embarazada —le dijo Sasuke a su abogado en la privacidad de su despacho.
—Así que por una vez las revistas dicen la verdad. —Shikamaru levantó una revistilla de mala muerte sujetándola con la punta de los dedos y la tiró sobre la mesa.
Sasuke no había visto la portada, pero leyó el titular que ocupaba toda la parte superior de la página: «De duque a papá».
—He pensado que tenía que decírtelo yo mismo para que no hicieras suposiciones. Las cosas deberían calmarse a partir del año que viene.
—Le pediré a Parker que me envíe la documentación para la semana de tu cumpleaños y en unas semanas lo tendremos todo encarrilado. —Shikamaru se acomodó en su silla y sonrió—. No me puedo creer que lo hayas hecho.
—¿El qué? —preguntó Sasuke, cruzando las piernas y apoyando el tobillo en la rodilla opuesta.
—Convencerla para que se quedara embarazada. ¿Qué le has ofrecido a cambio? ¿Diez millones más?
Al oír las palabras de Shikamaru, Sasuke sintió que se le ponía el vello de punta.
—Nada de eso. Ha sido cosa del destino.
—¿En serio?
—No es el primer embarazo no buscado de la historia.
—Eso dicen las ex esposas de mis clientes cuando les piden la pensión. En mi opinión, los accidentes no pasan porque sí.
Sasuke había imaginado que eso era lo que le diría Shikamaru.
—Olvidas que soy yo el que se beneficia de la llegada de este bebé, mucho más que Sakura. Estoy absolutamente seguro de que no ha sido a propósito.
Shikamaru se inclinó sobre la mesa.
—¿Estás seguro?
—Del todo.
—En ese caso, felicidades. —Y le ofreció la mano por encima de la mesa.
Tras estrechar la mano de su abogado, Sasuke pasó a temas más urgentes.
—Sobre las cámaras en casa de Sakura, ¿sabemos algo?
Shikamaru abrió una carpeta y extendió su contenido sobre la mesa.
—Como recordarás, Karin se presentó en casa de Sakura, pero la hemos estado siguiendo y no ha vuelto por allí y tampoco se ha puesto en contacto con ningún detective privado. Nuestro detective le ha sacado algunas fotos, pero la gente que aparece en ellas está limpia. Son hombres de negocios como tú o profesionales como yo.
Sasuke reconoció la consabida imagen de Karin en las fotos, con sus gafas de sol y sus rasgos de porcelana mientras tomaba café o hablaba por teléfono. Sin embargo, una de las estampas le resultaba muy familiar. En ella, Karin hablaba con una mujer que Sasuke había visto antes, pero no conseguía recordar dónde.
—¿Sabes quién es esta mujer?
—Una estudiante de derecho... ¿O era secretaria en un despacho de abogados? —se preguntó Shikamaru—. Sí, creo que era secretaria.
Sasuke repasó el resto de las fotos. Solo en esa le parecía que había algo extraño.
—Creemos que el tipo de la limpieza se ocupó de deshacerse de las cámaras. No nos llevó a ningún sitio. No encontramos nada que relacione a Parker o a tu primo con Estados Unidos. Es como una calle sin salida.
Sasuke suponía que, llegados a esas alturas de la película, el tema de las cámaras ya no era tan importante, pero aun así quería pillar al responsable de invadir la intimidad de Sakura.
—Sigue trabajando en ello.
Algunos creían que un abogado solo servía para temas legales, pero uno de los refranes favoritos de Sasuke, y que le había sido muy útil a lo largo de la vida, era «hoy por ti, mañana por mí». Shikamaru conocía a gente que podía vigilar lo que fuera, cosa o persona.
—Lo haré.
Cogió la fotografía de Karin y la secretaria de encima de la mesa. Hasta que supiera el nombre de aquella mujer, no dejaría de mirarla.
No existía mensaje más directo que unas maletas junto a la puerta para saber que algo no iba bien. O al menos eso era lo que Sakura esperaba.
Sasuke le había mentido. En lugar de confiarle un problema que seguramente podrían haber solucionado entre los dos, había preferido manipular la situación para obtener un resultado que se adaptara a sus necesidades. De pronto los recuerdos del arresto de su padre o del dolor que Dan le había infligido al engañarla parecían sacados de ayer.
Sasuke conocía todos sus secretos, sus inseguridades, y se había aprovechado de todo ello para conseguir sus objetivos.
Sí, ambos se habían embarcado en aquel pacto con el diablo de forma consciente. Casarse para cumplir la voluntad de un hombre muerto y salir de allí más ricos que antes, ese era el plan. Pero aquello cambió a medida que la atracción entre ellos se iba haciendo cada vez más fuerte, y el fruto de esa atracción fue la concepción de un hijo.
Sakura se acarició la barriga, que había empezado a crecer y ya no le cabía en los pantalones. En la otra mano sostenía una copa de vino de la que solo había bebido una vez y que no tenía intención de acabarse. Por mucho que quisiera hacerle daño a Sasuke, su hijo no tenía la culpa.
Lo maldijo una y mil veces por hacer que se enamorara, que confiara en él para luego mandarlo todo al infierno.
De pronto, oyó el ruido de la llave en la cerradura. Clavó la mirada en las maletas que esperaban junto a la puerta y levantó la copa de vino. Quién sabe, quizá debería haber sido actriz, pero Sasuke sin duda había dejado pasar su verdadera vocación.
Por el rabillo del ojo, vio cómo Sasuke daba dos pasos antes de detenerse.
—¿Sakura?
Llevaba toda la tarde pensando en qué le iba a decir. Una opción era huir de allí cuanto antes, sin enfrentarse a él para que la única certeza fuese que sencillamente se había ido. Sin embargo, al final había llegado a la conclusión de que no podía marcharse sin unas últimas palabras de reproche.
—¿Cuándo pensabas contármelo? —preguntó Sakura cuando Sasuke entró en el dormitorio como quien atraviesa un campo de minas repleto de bombas listas para explotar.
—¿Contarte qué?
—Has estado en el despacho de tu abogado. Seguro que habéis hablado del testamento.
Sasuke permaneció inmóvil.
Sakura volvió lentamente la cabeza hacia él, pero se tomó su tiempo antes de mirarle a los ojos. Cuando finalmente lo hizo, vio que su mirada se debatía entre la copa que sostenía en la mano y su cara. Incluso en aquel momento, pensó, se preocupaba más por el niño que por ella. Solo por provocarle, se llevó la copa a los labios y fingió que bebía un buen trago antes de volver a bajarla.
—¿Qué está pasando, Sakura? —Los ojos de Sasuke se desviaron hacia las maletas que ella había preparado con antelación para que su salida fuese lo más digna posible.
—Creí que íbamos a ser siempre sinceros el uno con el otro. ¿Qué ha pasado con eso, Sasuke?
—Sak, ¿de qué estás hablando?
Incapaz de permanecer sentada ni un segundo más, Sakura se puso en pie y dejó la copa sobre una mesa cercana, derramando parte del contenido al hacerlo. Si fuera él, pensaría que había estado bebiendo demasiado. Mejor aún, se dijo Sak.
—El testamento de tu padre. ¿Qué ponía en realidad? ¿O pensabas que nunca lo descubriría?
Sasuke abrió los ojos como platos y su boca se convirtió en una delgada línea recta. Su cara decía todo lo que ella quería saber. Culpabilidad... Quizá un cierto remordimiento. Pero ¿por qué? ¿Remordimiento al saberse sorprendido en una mentira?
—No pensé que fuera importante.
—¿No te pareció importante explicarme que tu padre te exigía que engendraras un heredero?
Sasuke cerró los ojos, admitiendo sus palabras.
Y ese gesto lo decía todo.
Reprimiendo las lágrimas que amenazaban con nublarle la visión, Sakura enderezó los hombros y se dirigió hacia el duque como una exhalación.
—Lo que nos definía como pareja era la sinceridad, pero tú no podías confiarme algo tan importante, ¿verdad?
Sasuke abrió los ojos y vio cómo se acercaba a él.
—No quería abrumarte con los detalles.
Sakura no pudo reprimir una carcajada de puro sarcasmo.
—¿Abrumarme? Dios, te crees tu propia historia. No eres mejor que tu padre. Le dices a la gente que te rodea cómo tiene que hacer las cosas, impones tu voluntad a quien sea y todos siguen tus órdenes.
Sasuke intentó tocarla, pero Sakura se apartó.
—No me toques. Eso ya es cosa del pasado.
—Sakura, por favor, sé que esto parece...
—No es que lo parezca, es que lo es, Sasuke. Me has mentido sobre el testamento de tu padre.
—Descubrí la segunda condición después de casarnos.
A Sakura se le hizo un nudo en el estómago. Tanto estrés no podía ser bueno para el niño. Se obligó a respirar profundamente y luego fue soltando el aire poco a poco.
—Puede ser, pero eso no te detuvo, ¿verdad? Al final tú siempre tienes que ganar.
Sasuke negó con la cabeza.
—¿De qué estás hablando? Ambos sabíamos a qué nos arriesgábamos cuando nos acostamos.
—No te atrevas a mentirme. Da la cara, Sasuke. No eres el primero que me miente a la cara, y los otros eran más grandes que tú y aguantaron más tiempo. Puede que en los últimos meses me haya dejado llevar demasiado por las emociones, pero no soy idiota. —Confiaba en que Sasuke tuviera el valor de confesarle que había agujereado los preservativos para conseguir lo que quería, y la decencia de pedirle perdón.
En vez de eso, lo que recibió fue una mirada vacía.
Sin mediar palabra, Sakura se dirigió hacia las maletas.
—¿Qué estás haciendo?
—Me voy. ¿O es que las maletas te han confundido?
—Por Dios, Sakura, podemos arreglarlo. Tendría que haberte explicado lo del codicilo.
—Tienes toda la razón, deberías habérmelo explicado. Te habría dado lo que tú quisieras, Sasuke. —El corazón se le rompió en mil pedazos cuando las siguientes palabras salieron de su boca—: Solo tenías que pedírmelo.
Dio media vuelta y se alejó de la vida de Sasuke.
Una parte de Sakura esperaba que saliera corriendo tras ella. Sin embargo, ese era su lado más romántico, la parte de ella que creía que había significado algo más para él que una yegua con la que reproducirse. Daba igual si se iba o no. Sasuke habría conseguido su heredero.
Y ella una vida de remordimientos.
Solo nos queda un capítulo y el epílogo para finalizar esta historia.
