Capítulo 12: El Demonio Blanco.

Las olas se alzaban con bravía contra el barco y este se meció por babor a punto de zozobrar. Algunos hombres creyeron que este sería el fin de sus aventuras y oraron a Kami o al dios correspondiente según sus creencias. Otros, pensaron en sus seres queridos y a quienes hacía mucho no veían y los esperaban en tierra firme desde hacía tiempo. El barco se tambaleó y un gran flujo de agua inundó la cubierta. Los gritos del teniente y capitán retumbaron dando órdenes que los marineros de inmediato obedecieron. La lluvia caía sin cesar sobre sus cabezas y los relámpagos destellaban en el cielo iluminando la oscura noche.

- ¡Ahí están!- Gritó el vigía señalando un punto en el noroeste, a lo cual el capitán tomó el timón y lo manejó nuevamente de forma diestra, volviendo el barco a la normalidad, surcando la superficie inestable de las agitadas olas y dirigiéndose a toda velocidad, a pesar de la peligrosa tormenta, en dirección a un pequeño punto que se movía en el horizonte.

- Vamos a morir- Masculló Jaken tambaleándose en cubierta debido al vaivén y lo húmedo que estaba el piso. – ¡Muévete muchacho! - Gritó a un marinero que se cruzó en su camino exponiendo su rabia.

Miró de reojo al capitán en medio de la tormenta y esta vez dudó de sus capacidades. A veces creía que estaba un poco loco. O no le tenía mucho apego a la vida. O quizás todas las anteriores. Lo que sí sabía era que debía lealtad a ese hombre y que a pesar de que había momentos como este en que dudaba si saldría vivo, le había salvado la vida y lo seguiría a donde quiera que fuera. Además, se mentalizaba que todo saldría bien, estaba medio loco, pero al fin y al cabo era muy valiente, aunque demasiado osado.

El barco se deslizó rápidamente hundiéndose en el oleaje y saliendo a flote una vez más hasta alcanzar a la goleta que estaba ya varada en un banco de arena. Los esperaba, sí, porque el primer cañonazo le dio en el mástil y el ruido de la explosión los ensordeció a todos.

El capital soltó el timón y gritó una orden. Los demás, embravecidos, lo siguieron saltando a las pequeñas lanchas que dirigieron a la goleta. Se escucharon más cañonazos y otros de vuelta del Bakusaiga que destrozó el palo mayor del pequeño navío.

El capitán del Bakusaiga tanteó la espada a su lado y apretó los labios con fuerza. Estaban expuestos, lo sabía, el enemigo los miraba de frente y las balas silbaban a su alrededor. No los dejaría escapar, llevaban meses persiguiendo a esa goleta del demonio y esta, ésta era su oportunidad.

Apenas el bote llegó junto a la goleta, gritaron y treparon a ella. Algunos de sus marineros cayeron al mar heridos o muertos, otros lo siguieron sin lesiones. Él finalmente aterrizó en la cubierta y se batió fieramente con su espada matando a todo aquel que se cruzase en su camino. Su objetivo era el pirata Magatsuhi, amo y señor de los mares del norte, saqueador de ciudades y puertos y violador de mujeres, llevaba meses persiguiéndolo y varias veces el maldito había escapado, esta era su oportunidad, estaba acorralado, su inservible goleta estaba varada y semi destruida.

Con la ropa empapada debido a la lluvia y la furia casi nublándole la vista, avanzó buscando con frenesí, batiendo su arma y esquivando otras tantas. Finalmente lo divisó, el cobarde estaba a punto de saltar a un bote, así que corrió a su encuentro, el otro volteó y fuera de todo pronóstico, alzó su mano y disparó. La bala le pegó en el brazo haciéndolo contraer los músculos de la cara, pero sólo fue un pequeño dolor, así que volvió a la carga y el otro volvió a disparar. Esta vez pudo esquivar las balas, hasta que finalmente lo agarró de su camisa marinera y lo arrastró a cubierta. Magatsuhi volvió a disparar, pero el capitán del Bakusaiga pateó su mano y el arma voló por los aires.

- ¡Ríndete! - Bramó el capitán mientras aplastaba con su pie el brazo del otro que estaba en el suelo.

- Jamás…- Masculló el pirata haciendo una mueca de dolor. El capitán se inclinó y lo agarró por los cabellos, tomó su espada con la otra mano sin siquiera percatarse que un hilo de sangre corría por ella debido a la herida que le había agujereado el bíceps. Se la acercó a la garganta y lo miró con ojos siniestros.

- Entonces te mataré- Gruñó. Alzó la espada en el aire y entonces sintió una punzada en el estómago, gimió y abrió los ojos con sorpresa, el dolor se apoderó de su cuerpo, bajó la mirada y entonces lo vio. El maldito bastardo le había clavado un puñal. Lo vio esbozar una sonrisa maquiavélica y luego levantarse y clavar aún más el puñal en su ya agujereado estómago.

- Este es tu fin, demonio blanco- Masculló el otro con una sonrisa burlona.

El capital soltó su espada, aquella que jamás abandonaba y cayó, primero sentado, tratando de recuperar el aire que sentía iba perdiendo y cayó de espaldas, respirando apenas y sintiendo que la vida se le iba, pero entonces, con lo último de sus fuerzas, tomó el arma que llevaba a su costado y disparó de frente. Luego de ese ruido ensordecedor, vio, a través de las tinieblas que lo llevaban a la inconciencia a aquella muchacha de mirada desafiante y altiva, que él había sólo una vez besado y que aún ardía el fuego de sus labios en su boca. Y que por más que lo intentaba, no había podido olvidar en todos estos años…

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- Capitán…

La escuchaba reír y esquivarlo, estaba en la playa, su vestido vaporoso se alzaba con la brisa del viento como un hada, pensó. Ella sonreía y él estaba complacido de que esa sonrisa era por él.

- Teniente Taisho…

- Sesshomaru…- Corrigió él.

La muchacha se sonrojó y se acercó. Los hombros descubiertos de su vestido eran una tentación. Ella alzó su rostro perfecto como un ángel, esa mirada castaña derretía su corazón, su mirada dorada se desvió a sus labios, aquellos labios húmedos, tiernos y dulces que ya había probado una vez.

- Sesshomaru…- Musitó ella, muy bajito.

Su corazón latió rápidamente y él deslizó su mano tras la nuca, sus dedos percibieron la suavidad de sus cabellos negros envueltos en su complicado pero hermoso peinado.

- Kagome…- Murmuró ronco.

- Señor Sesshomaru ¿se encuentra bien? ¡capitán!

La imagen comenzó a desaparecer frente a él, el sonido de esa voz, molesta e impertinente que lo llamaba con insistencia cada vez se escuchaba más cercana, lo hizo volver a la realidad.

Poco a poco abrió los ojos y entonces él se dio cuenta que había sido un sueño. Un sueño más, con ella.

Torció la boca con desagrado e intentó levantarse. Un dolor agudo lo hizo gemir y percibió que un brazo estaba inmovilizado. Todo aquel sentimiento de bienestar y alegría se desvaneció rápidamente. Había sido un sueño. Otro más. No. Era una pesadilla.

- Mi señor Sesshomaru ¿se encuentra bien?

El hombrecillo a su lado lo miró con preocupación. Sesshomaru levantó el brazo inmovilizado, hizo una mueca y vio que este estaba vendado y a la vez sujeto a un trozo de género que se afirmaba en su cuello, sosteniéndolo. Quiso sacárselo, pero al menor esfuerzo le dolía hasta los huesos. Así que sólo suspiró y palpó con su otra mano el estómago, porque ahí era donde se centraba el mayor dolor. Apenas tocó volvió a gemir, sus dedos se humedecieron y cuando los llevó a su vista se dio cuenta que era sangre. Su sangre.

- Jaken ¿qué… significa esto?

- Oh mi señor- El viejecillo suspiró y pareció agradecer a alguna deidad en silencio porque musitó algo mirando al cielo. Luego volvió la mirada a él con preocupación. - Mi señor Sesshomaru, estuvo muy mal, muy mal- Y meneaba con la cabeza, angustiado- Ha estado días sin despertar, creí que no saldría de ésta.

Sesshomaru esbozó una sonrisa sarcástica, entornó los ojos y luego, a duras penas se sentó en el catre. Estaba en su cuarto del barco, estaba un poco oscuro y el aire denso.

- Magatsuhi…- Murmuró, arrugando la frente. Sentía la cabeza pesada y estaba mareado. No podía recordar muy bien, pero sí en su cerebro apareció como un destello el rostro de ese terrible y escurridizo pirata.

- Ese malnacido- Masculló su sirviente- Lo hirió gravemente en el estómago, ha perdido mucha sangre dijo el médico. También tiene un brazo herido, debe usar ese cabestrillo por un tiempo.

Sesshomaru alzó una ceja y miró apenas su brazo. Parecía muerto, era verdad.

- ¿Y qué pasó con ese maldito?

Jaken movió la cabeza rápidamente.

- Murió. Usted le disparó antes de caer inconsciente y el maldito falleció. – Relató.

En ese momento algunos marineros creyeron que Sesshomaru también había muerto. La herida de bala disparada a boca de jarro era mortal. Sin embargo, de igual manera se lo llevaron devuelta al Bakusaiga. Luego Jaken se dio cuenta que aún respiraba, por lo tanto, salvarle la vida era prioridad. Uno de los que más sabía de "medicina" en el barco, Jinenji, era sólo un aprendiz, por lo que sólo le dio remedios paliativos para detener la sangre e inmovilizar el brazo. Debieron volver al puerto más cercano y ahí buscar a un médico mientras Sesshomaru, preso de la fiebre y el delirio debido a sus heridas, se debatía entre la vida y la muerte.

El galeno curó e inmovilizó de forma adecuada su brazo y luego se preocupó de la herida en el estómago. Afortunadamente la hoja del puñal no había tocado algún órgano vital, así que el hombre se dedicó a drenar y coser, dejando una intervención que seguramente formaría en una cicatriz más, pero esta sería la más grande y profunda, que las otras que tenía ya en su cuerpo.

- Maldito infeliz- Masculló Sesshomaru, entrecerrando los ojos. El dolor era insoportable en la herida, volvió a palparla y vio más sangre en sus dedos.

- Creo que debemos acudir al médico, el que lo vio dijo que si la herida se abría estaba en graves problemas, ya que este lugar no tiene todo lo que necesita para curarlo.

Bajar a tierra. Era algo que muy pocas veces hacía. Y cuando se detenían en un puerto él no dejaba el barco. Los demás podían salir y divertirse por un par de horas e incluso unos días, pero Sesshomaru, muy pocas veces lo hacía. Sólo cuando quería beber y acostarse con alguna mujer. Su vida transcurría de esa manera hacía ya mucho tiempo.

- Está bien- Murmuró, después de dudar un poco. Cedería, iría al médico a que le dieran curaciones, necesitaba volver a ser él de antes.

Al otro día, ayudado de Jaken que lo vistió, bajaron a puerto. Caminaron a paso muy lento, confundiéndose entre la gente. Era un pueblo muy concurrido, moderno incluso y estaba bastante cerca de la capital del país. Nadie lo reconoció ya que iba con ropas andrajosas y el cabello amarrado y bajo un sombrero de ala que ocultaba parte de su rostro, porque el demonio blanco era bastante famoso y todos sabían que ese hombre tenía nombre y apellido: El aristocrático Sesshomaru Taisho.

El doctor que lo atendió era un hombre ya maduro. Su consulta era particularmente pulcra y brillante. Allí, el galeno revisó la herida y notó que esta estaba un poco infectada. Aplicó unos polvos de hierbas y cambió el vendaje. Le pidió que debía resguardar reposo y no hacer ninguna clase de esfuerzo tanto para que no se abriera la herida, de la cual había tenido suerte en no dañar un órgano, como de su brazo que podía recuperar en un par de meses su movilidad.

Sin ninguna otra opción, tuvo que aceptar. Se sentía seguro en altamar. Maldijo su suerte y se tuvo que conformar con sólo asentir.

Comieron en una posada y Sesshomaru dio la orden a su sirviente que informaran a los marineros que pararían por un par de meses y que volvieran a su hogar, hasta que fueran llamados otra vez. Raudamente Jaken cumplió la orden, dejándolo solo.

Apenas comió ¿Qué iba a hacer? Se quedaría en el barco, porque no tenía un lugar dónde ir. Es decir, sí lo tenía, pero jamás volvería allí. Suspiró y se recostó en el respaldo de la silla. ¿Qué clase de vida estaba llevando? Una que no iba a ningún lugar, pensó. Siempre escapando, alejándose de la costa y evitando noticias de parientes y conocidos. Tratando siempre de olvidar, cosa que muchas veces lograba, a veces creía que todo lo que había ocurrido había sido un lejano sueño. O pesadilla. Su único propósito en la vida ahora era servir al rey, atrapar ladrones y corsarios y enfrentarse a barcos enemigos, se había vuelto despiadado con ellos y a veces cruel, le habían apodado el demonio blanco, cosa que en principio le desagradó, pero ahora era como su alter ego. El demonio blanco no tenía corazón, el demonio blanco era implacable, no tenía sentimientos y menos se contenía, además, no le importaban mucho las reglas, sin embargo, tenía todo el apoyo de su soberano.

Las cartas que alguna vez le entregaron en algún puerto que habían atracado y que eran de su padre siempre las rompió antes de leer. Entonces se preguntó ahora ¿cómo estaría él? Habían pasado ya 8 años desde la última vez que lo vio, aquella ocasión en el hotel cuando golpeó hasta el cansancio y casi mató a su traidor medio hermano.

Hizo una mueca y su corazón volvió a latir con fuerza al recordar aquellos acontecimientos. Había sido un estúpido, un idiota, se habían reído en su propia cara. Para su sorpresa y desazón, se dio cuenta que a pesar de que intentaba muchas veces olvidar aquellos acontecimientos y enterrarlo en lo profundo de su memoria, el dolor seguía ahí. Ellos se habían reído en su cara, se habían burlado y lo peor, lo habían humillado frente a todo el pueblo. Su padre, al ocultarle que su medio hermano ya había pedido la mano de ella, Inuyasha por acostarse con su prometida y ella, la señorita Higurashi, que finalmente se había salido con la suya, sólo para deshacer el compromiso había arruinado su reputación sin importarle que todo el mundo se enterara.

Ocultó el rostro con su mano y suspiró. Siempre que estaba solo y tenía un momento de calma, llegaba a lo mismo, a recordar aquellos sucesos que eran dolorosos y casi traumáticos. Por eso se mantenía activo, por eso mantenía su pensamiento en algún enemigo y la forma de acabarlo. Trató de apartar los recuerdos y volverlos a enterrar en lo profundo de su memoria, adoptó su aire altivo y peligroso. Lo hecho, hecho estaba.

Un rato más tarde, Jaken llegó a su lado. Venía con el ceño fruncido y parecía preocupado. Estiró un sobre el cual el miró con desánimo.

- Señor, pasé a la oficina postal para ver si teníamos alguna orden del rey, pero estaba esta carta. Es para usted. Me dijeron que estaba ahí desde hacía meses. No tenían cómo contactarlo.

Sesshomaru afiló la mirada en la carta y reconoció el sello lacrado rojo con el escudo de su casa. Era de su padre.

- Rómpela. - Dijo.

Jaken se turbó.

- Pero, mi señor, podría ser importante.

El sirviente lo había visto muchas veces recibir cartas y jamás abrirlas, siempre las rompía antes, no estaba muy enterado del asunto, pero sólo había que deducir que su señor estaba en conflicto con su familia.

- No quiero saber nada de ellos- Respondió, apretando los labios y enfocando su mirada a la calle. Trató de apartar los recuerdos que se colaban nuevamente en su cerebro.

- Pero es su padre, podría necesitarlo, quizás le ocurrió algo, señor, él ya es mayor y…

Sesshomaru entornó los ojos y se puso abruptamente de pie. Exasperado. Habían sido 8 años, quizás se le había pasado la mano, pensó. Hizo una mueca con desgano. Bien, cedería, la leería y eso sería todo. Tal vez podría responderle y decirle que seguía vivo. Sólo eso y nada más.

- Dámela- Demandó, arrebatando la carta. Luego se dio cuenta que no podía abrirla al tener un brazo inmovilizado, se la cedió de nuevo y el sirviente, sin decir nada rompió el sello y se la tendió otra vez.

El hombre comenzó a leer a regañadientes, casi saltándose los reglones porque no quería saber nada que tuviera que ver con Inuyasha. Pero su padre no hablaba de él. Sólo suplicaba que volviera, que estaba muy enfermo y que estaba postrado ya desahuciado. Y necesitaba verlo antes de morir.

Él se impresionó. Su padre. Su grandioso padre ¿desahuciado? ¿Estaba enfermo? ¿agonizaba?

Contra todo pronóstico, él deseó al fin partir al castillo. Llevándose a Jacken como acompañante recorrieron miles de kilómetros en carruaje hasta la morada del gran Touga Taisho.

Cuando llegaron a las afueras el hombre bajó del carruaje y observó con nostalgia y también malestar el castillo que se alzaba en la colina. Tragó fuerte y luego dudó. ¿Y si su medio hermano estaba ahí? No sabía si estaba preparado para verlo otra vez. Aún sentía mucha rabia y rencor por la humillación que había recibido, aquello no se apaciguaba a pesar de los años y a pesar de que de igual manera intentó olvidar. No podía olvidar. Ella aparecía en sus sueños como si fuera suya. Y eso jamás había ocurrido, ni ocurrirá, para su terrible pesar.

- Vamos- Dijo sin más, pensando que por su padre bien podría fingir.

Caminaron un trecho bastante extenso, las tierras de la familia eran hermosas y extensas, había olvidado casi eso. Cuando llamó a la puerta, la persona que le abrió fue Totosai, quien lo reconoció en seguida y dio un grito de la emoción. Sesshomaru tragó fuerte y entró algo agobiado por las muestras de emoción que el anciano le daba.

Preguntó por su padre. Pero ya era demasiado tarde. Él había fallecido.

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El impacto fue grande y a la vez doloroso. Si bien él albergaba algún tipo de rencor contra su padre por haberle ocultado que su medio hermano estaba enamorado de la que iba a ser su prometida y que se la había pedido ya como novia, ahora se sentía con cargo de consciencia por aquel hombre que siempre lo quiso. A su manera. Y él también. Siempre fue su modelo a seguir y siempre quiso ser el orgullo de su padre.

Y ahora Myoga, el abogado de la familia le había leído el testamento el cual le heredaba, como la ley correspondía, la mayor parte de su herencia el cual era el castillo junto con las tierras, el título de Lord y varios negocios que había logrado obtener. Inuyasha no había quedado desamparado, al ser su hijo mejor también heredaba algunas tierras y riquezas, sólo que en menor rango que Sesshomaru, sin embargo, sería rico por el resto de su vida.

- Inuyasha ya tomó posesión de su parte hace meses junto a su esposa. - Agregó el viejecillo mientras rebuscaba entre sus papeles. Sesshomaru agudizó la mirada, siniestro- Debe tomar posesión del castillo, es su nuevo Lord y eso significa que deberá acudir a la corte a presentarse al rey. Y hacerse cargo de lo que esto conlleva.

Sesshomaru hizo una mueca. Nunca dejaría el mar. Volvería a navegar, sobre todo porque era lo único que lo satisfacía completamente. Y lo hacía olvidar.

- Él… ¿de qué falleció? - Preguntó al final con aprehensión. Myoga alzó el rostro a él abriendo inmensamente los ojos. Siempre pensó que él era un jovencito frío y sin corazón, lo conocía desde pequeño, sin embargo, el hombre que tenía enfrente, malherido, le demostraba que en verdad sentía pesar por la muerte de su padre.

- Enfermó. Hace como 2 años. – Suspiró y se sentó. – Lo buscó y escribió a todos los puertos- Lo miró fijo- Quería hablar con usted antes, necesita hacerle una petición, desesperadamente.

Sesshomaru apretó el puño de su mano sana y agudizó la mirada.

- ¿Petición?

Myoga suspiró y se puso de pie. Caminó a un escritorio y buscó una llave, la cual le permitió abrir una cajonera. De ahí sacó una carta, cuando volteó y se la entregó tenía el sello de la familia.

- Dejó esto, en caso de no poder decírtelo él mismo. Fue su última voluntad.

Lo miró con seriedad mientras el hombre tomaba el sobre. Lo observó casi con temor. Luego alzó la mirada al viejecillo y asintió.

- Está bien. Haré su última voluntad. De todas formas, todos somos al final, esclavos de los deseos de las familias

Myoga alzó ambas cejas.

- Lee la carta. No será fácil… conociéndote…-Murmuró las siguientes palabras desviando la mirada y volviendo a su escritorio.

Sesshomaru cerró los ojos un instante. Hubiera querido perdonar, hubiera querido olvidar completamente y al menos congraciarse con su padre antes de su fallecimiento. Ahora, ya nada podía hacer, más que cumplir su voluntad.

Continuará…


N/A: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, la historia sí es mía por lo que no autorizo para que se modifique o suba a otro lugar.

Muchas gracias a quienes leen y sobre todo a los que me dejan un mensaje, son muy valiosos para mi. A veces, la rapidez en que escriba radica entre el tiempo disponible para poder hacerlo y el recibir comentarios alentadores. (De todas formas si más adelante me tardo un poco más en actualizar, han de saber que en verdad es por estar muy ocupada, se acerca fin de año y estas fechas son siempre de bastante trabajo)

Saludos.

Lady.