CAPÍTULO 13

—¡Suéltame! —Pidió Isabella intentando deshacerse de su agarre, forcejeando y revolviéndose hasta conseguirlo.

Edward había subido las escleras hasta sus aposentos llevándola agarrada por el brazo. Sus pasos apresurados y su respiración intensa demostraban su enfado.

—¡Vas a seguir comportándote como una niña o vas a empezar a hacerlo como una mujer! ¡Estoy harto de tus insinuaciones e indirectas!

—¿Y tú? ¡Vas a seguir volviéndome loca o vas a darme una explicación a todo este despropósito! —Gritó furiosa.

—¿Despropósito? ¿Cuál despropósito? ¡Dios, vas a volverme loco!

—¡Este despropósito!, —Exclamó antes de golpear furiosamente su pecho—¡Tú, tu comportamiento!¡Yo sí que voy a terminar volviéndome loca intentando entenderte!

—¡No grites! —Pidió Edward, pero Isabella hizo caso omiso a sus palabras porque continuó exaltada.

—¡El día de nuestro matrimonio me hablaste de ser amigos, de llevarnos bien...! Esa noche... Me trataste con amabilidad y al día siguiente eras un temprano de hielo... —Habló sin poder refrenar dos lagrimas furiosas que escaparon de sus ojos— ¡Me traes aquí, dices que vamos a compartir dormitorio, pero la primera noche huyes de mí!¡Cada vez que intento acercarme a ti o hablar contigo, huyes! ¡No voy a matarte, por amor de Dios!

—¡Te dije que tengo asuntos que atender! ¡No puedo ser tu bufón ni t entretenimiento!

Isabela le fulminó con la mirada.

—Y encima… por si fuera poco… ¡Debo convivir con tu amante! ¡Una desvergonzada que se pasea con ínfulas de señora por este castillo!

—¿Cómo te has enterado? —Preguntó intentando mantener la calma.

—Así que no lo niegas... —Le reprochó dolida

—No puedo negar algo que es real. ¿Quién te lo ha dicho?

—Ella prácticamente me lo escupió en la cara cuando nos encontramos en las cocinas. Entró creyéndose la señora del clan.

—Lo dudo, Tanya sabe perfectamente cuál es su lugar aquí.

Isabela tomó aire e intentó calmarse. Construir un muro alrededor de su corazón y hacerle ver que el saber de la existencia de esa mujer no le afectaba.

—Entiendo que para los hombres tener... Asuntos fuera del matrimonio es algo normal. No voy a reclamarte nada por eso, puedes acostarte con quien te dé la gana siempre que a mí me dejes tranquila.

—¿Qué quieres decir?

—Qué puedes estar tranquilo, si ella se encarga de…satisfacer tus necesidades masculinas no tendrás necesidad de que yo lo haga. Tú puedes compartir intimidad con ella, pero yo…No estoy dispuesta a hacerlo. Tu…cosa —Habló señalando a su miembro con la mirada— No entrará en mi si tienes relaciones con ella.

—¡Eso es ridículo! ¡Te recuerdo que eso forma parte de tus obligaciones como esposa!

—Obligaciones que al parecer tampoco son de tu agrado ya que ni siquiera soportas dormir a mi lado.

Edward tuvo que morderse la lengua para evitar gritarle que si no dormía con ella no era porque no soportase su presencia, si no porque no se veía capaz de aguantar las ganas de hacerla suya.

—Como te digo, seré tolerante con tu…amiga, pero no voy a permitir que esa mujer me falte el respeto. No voy a darle a tu gente más armas para que se rían de mí.

—Deberías tener más cuidado con lo que hablas, la gente de Cullen, —Habló furiosos— Ahora también es tu familia.

—Y en ningún momento he pensado en tratarles mal o hacerles daño, pero tampoco voy a permitir que me lo hagan a mí, ni ellos ni tú.

—No te he puesto la mano encima, Isabella. No voy a permitir que insinúes eso.

—Hay muchas maneras de dañar a alguien, no solo con golpes. Las palabras y los actos también duelen.

—Creo que estás exigiendo demasiado y no estás dispuesta a dar nada a cambio.

—Daré lo mejor de mi para ocupar el lugar que me corresponde. —Respondió seria y altiva.

—Te recuerdo que la nuestra no es una unión al uso.

—Lo sé, pero no pienso ser el hazme reír de todo el mundo. Tú me dijiste que a partir de ahora yo me haría cargo de los asuntos del castillo, pues bien, quiero a esa mujer lejos de aquí. Por mi puedes retozar con ella las veces que te dé la gana, pero hazlo con discreción y no en nuestra cama. Por mi parte me conformo con no verle la cara.

—Tú misma lo has dicho, es nuestra cama, al de ambos, no solo tuya.

—Está bien, en ese caso, decide a que lugar debo mudarme. Yo no te pedí ir allí, fuiste tú quien me llevaste.

—Tranquila, afortunadamente si hay algo que sobra en este castillo son habitaciones. No tendré problemas para buscar un lugar donde…satisfacer mis necesidades. —Explicó intentando disimular su orgullo herido ante el rechazo de su esposa.

Isabella apretó lo puño conteniendo su malestar.

—Pues entonces ya solo queda que decidas a qué lugar piensas mandar a trabajar a esa mujer.

—Creo, querida esposa, que como señora del castillo esa tarea te corresponde a ti. Puedes hacer los reajustes que quieras.

—Perfecto, a partir de ahora se encargará de la lavandería, y, por cierto, si tanto te preocupa tu gente deberías decirle a tu querida Tanya que les trate mejor. No solo me ha faltado el respeto a mí, insultar a Emily por su físico no es de muy buen gusto. Estoy segura que Tanya será muy... Diestra en algunos asuntos, pero de educación va escasa.

—Por eso las jovencitas hijas de los laird sois educadas como esposas. Porque la educación es muy necesaria para ser la mujer de un jefe de clan, pero para hacer a un hombre feliz, hay que ser educada en otras cosas...

Edward se marchó dejándola allí parada mientras que una ola de furia le invadía de arriba abajo. Lo último que escuchó cuando salió de la habitación fue el grito de Isabella llamándole ¡Sinvergüenza!

Edward abandonó el castillo y subió a su caballo. Cabalgar siempre le relajaba y cada vez que se encontraba con su esposa sentía que esta le empujaba al límite. Pero esta vez…esta vez el límite estaba a punto de resquebrajarse. No podía creer lo que acababa de ocurrir en esa habitación. Ahora mismo tenia ganas de matar tanto a Isabella como a Tanya.

Ignoraba a lo que se estaba refiriendo su mujer cuando habló del asunto de Tanya. Suponía que el ser su amante le podía hacer creer que tenía ciertos privilegios, pero jamás pensó que tuviese el descaro de enfrentarse a Isabella.

Debía hablar con ella y dejarle clara su posición. El pequeño demonio que tenía como esposa tenía razón, no podía permitir tal falta de respeto hacia ella.

Es cierto que no fue a buscar las atenciones de Tanya tras su regreso de Swan y no por falta de ganas. La noche que pasó con Bella había despertado su apetito sexual, pero cuando pensó en ir a buscarla para desfogarse, fue el dulce rostro de su esposa el que apareció en su rostro.

La conversación que mantuvo con su padre tras su vuelta tampoco le ayudó mucho.

Al igual que él, Carlisle Cullen, se mostró sorprendido ante las noticias que su hijo trajo de Swan. No esperaba recuperar con tanta facilidad las tierras que durante tantos años habían supuesto enfrentamiento entre ellos. Para él, esa ofrenda escondía algo detrás, pero tras analizar el documento firmado por ambas partes concluyó que las intenciones de Charles eran sinceras.

Creo que deberás cumplir tu palabra. Al fin y al cabo, esa muchacha no tiene por qué pagar los errores de su padre. Yo soy mayor y el día en el que falte te convertirás oficialmente en el líder del clan. Como tal, necesitas un heredero. En tiempos de guerra nada es seguro y si debes acudir a la batalla necesitarás que la estirpe de los Cullen se perpetúe.

James también puede hacerlo, también es tu hijo.

Sabes que eso no es posible, además, ambos sabemos que no tiene madera de líder. Tienes esposa, una esposa joven y bella, así que cumple con tu deber. Isabella te dará hijos sanos y fuertes.

Su deber, su deber. Estaba harto de tener que cumplir con su deber. Primero Aro y ahora su padre... El mismo que antes de la boda le dijo que podía seguir con su vida.

—¡Maldito deber! ¡Maldito Aro! Y ¡Maldita Isabella! —Gritó al aire.

Desde luego, lo que tenía claro es que después de esa conversación, el deseo de su padre de hacerle abuelo iba a ser un poco complicado.

Recordó la imagen de Isabella parada frente a e furiosa y alterada.

No se conocía cuando estaba cerca de ella. Sabía que le había hablado mal, que había sido un déspota y un altanero, pero es que cuando la vio allí su primer impulso fue acercarse para besarla y arrancarle ese vestido color burdeos que tan bien le quedaba. Él no era así, no pérdida la cabeza por una mujer y con ella lo estaba haciendo.

Cabalgó hasta que el sol se puso. Exploró los límites del terreno y observó algunas irregularidades que se debían solventar. Efectivamente, como siempre, cabalgar le ayudó a templarse.

Cuando volvió al castillo era tarde, escuchó el ruido en el gran salón y observó a su padre sentado a la cabeza de la mesa rodeado por alguno de sus hombres.

—¿Dónde estabas? Nadie te ha visto en toda la tarde.

—Tenía asuntos que atender y cabalgué durante un rato. —Explicó aproximándose hasta ellos.

—Siéntate y acompáñanos, tu hermano James ha escrito, parece que la balanza se está inclinando a nuestro favor.

—¿Él está bien?

—Sí, según da a entender creo que regresará pronto.

Edward asintió pensativo. James estaba en el campo de batalla y el saber que estaba a salvo le tranquilizaba. Buscó a su esposa por la estancia y al no encontrarla decidió preguntar.

—¿Isabella?

—Al parecer le dolía la cabeza, por lo que prefirió cenar en su habitación. —Carlisle le miró intentando adivinar que había ocurrido esta tarde entre ellos pues ni por un momento se creyó la excusa de su nuera.

Conocía a Edward demasiado bien, y tenía el rostro cansado, como si hubiese estado dado vueltas a la cabeza toda la tarde y ver como arrugaba los labios ante la noticia de la ausencia de Isabella confirmó sus sospechas.

—¿Vas a sentarte? —Preguntó Carlisle.

—Creo que debería darme un baño primero...

—¡Déjate de baños! Siéntate y disfruta de la cena con nosotros, n nos vamos a asustar por estar al lado de un hombre sudado.

Edward acompañó a su padre y se puso al corriente de las novedades que su hermano les había transmitido en su carta. Se tomó un par de copas y decidió retirarse.

Subió hasta sus aposentos y durante un par de minutos dudó si entrar o no aferrado al mango de la puerta. Tomó aire y decidió abrirla temiendo encontrarse con la furia de Isabella, sin embargo, su esposa dormía plácidamente sobre la cama.

Se acercó hasta el borde del lecho y la observó envuelta en su camisón blanco, con su melena marrón cubriendo le parte del rostro. Su pecho subía y bajaba lentamente al ritmo de su plácido sueño.

Se sentó a su lado y apartó un mechón de cabello de su rostro. Sin poder contenerse recorrió con su dedo índice la suave mandíbula de ella y bajó por su cuello dibujando una fina línea hasta su hombro. Observó como la piel de ella se erizaba ante su contacto.

—¿Qué me estás haciendo pequeña bruja? ¿Por qué te odio y al mismo tiempo me muero por poseerte? ¿Por qué deseo acurrucare a tu lado y estrecharte entre mis brazos?

Edward sabía que su comentario acerca de que no sabía complacer a un hombre le había hecho daño. Mintió cuando lo dijo, pero su rechazo le hirió y él necesitaba que ella sintiese el mismo dolor que le estaba infringiendo en esos momentos.

Isabella podía encender a un hombre con solo mirarle. No necesitaba recurrir a artimañas ni insinuaciones vulgares para hacer que su lívido se disparase. Esa mujer tenía una hoguera llena de rescoldos en su interior y él en su fuero interno se moría por encenderla. Por instruirla en las artes amatorias, artes de las que solo él disfrutaría, aunque ella e negase a dárselas por el momento.

Tuvo que apartarse al imaginar las mil y una situaciones en las que podría disfrutar del cuerpo desnudo de Isabella.

Se levantó y con un dolor en la entrepierna abandonó la habitación.

Llamó a uno de los sirvientes y le ordenó que le preparase el baño en la habitación de al lado.

Esa noche tampoco dormiría a su lado. Saciaría su sed de ella autocomplaciéndose en soledad, imaginando como sería si lo hiciese ella. Porque Isabella Swan sin quererlo, había hecho imposible que él yaciese con otra mujer.

Tenía que hablar con Tanya, lo sabía. Debería haberlo hecho nada más volver al castillo, pero no se sentía con fuerzas. La disputa con Isabella le había dejado agotado. Pero la buscaría, le exigiría una explicación y le dejaría claro cual era su lugar allí.

Ahora, ahora solo quería dejarse llevar por la tibieza del agua y su imaginación.

¡Hola a todos! Pues las chispas saltaron entre los dos. Bella ha dejado claro su lugar, pero… ¿Se lo dará Edward?

Muchas gracias a todos por los favs,folows y reviews.

Esper ansiosa vuestros comentarios.

Nos leemos el martes en el grupo de Elite Fanficion y su iniciativa martes de adelantos y el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos.