Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.
Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
Categoría: Personajes de Gryffindor.
Prompt: Arrogancia.
Palabras: 342.
Soy Percy Weasley.
A pesar de que lo sabía, aún le dolía. No comprendía por qué se burlaban de él así. Hacía mucho tiempo que había aprendido a aparentar que no le molestaba pero sí que lo hacía.
No negaba que su madre se había sentido orgullosa, pero podía ver que también a ella le costaba no hacer que se callara. ¿Y por qué debía hacerlo? Él había tenido las mejores calificaciones, le habían hecho prefecto y era premio anual. Sin embargo todo eran críticas para él.
Que si era demasiado pomposo, que si estudiaba mucho, que si tenía un palo en el trasero... Podía seguir y seguir con lo que su familia pensaba pero ¿para qué? Podía ser el mejor y no significaba nada. Siempre sería Percy el raro, Percy el arrogante, Percy el que era un pesado...
Apretó los dientes e ignoró lo que sus hermanos tenían que decir. Ellos no llegarían a ser nada en la vida. ¿Bromas? Debían madurar. Eso era lo que tenían que hacer y de paso podrían aprovechar el tiempo y labrarse un futuro para no acabar en la calle como indigentes. ¿O es que les había gustado vivir en la pobreza mientras crecían?
Lo había conseguido. Siempre lo había sabido, claro, él era Percy Weasley, pero su sueño se había hecho realidad. Era ministro de magia y estaba disfrutando cada minuto de la celebración.
Fue muy feliz cuando su madre les advirtió a Fred y George que si gastaban una broma, los castigaría y que le daba igual si ya pasaban de los treinta.
Percy se paseó orgullosamente por el salón de su casa hablando con cuantos se cruzaba. Era su momento y nadie iba a robárselo.
Ahora se reía de todos aquellos que no habían creído en él cuando aseguraba sin dudar que sería ministro. Que cambiaría el mundo.
¿Y dónde estaba esa gente condescendiente ahora? Ah, sí. A su alrededor como moscas molestas tratando de ganarse su favor.
Rió para sí. Tenía a esos idiotas en la palma de su mano.
La venganza sería dulce.
