Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Respondidos por PM.


Elsa.

El viaje a su casa le resultó más largo de lo normal, dejó que Roland se fuera con Genevieve en el coche de la pelinegra y ella, junto a sus amigos pelirrojos, se metió a la camioneta de Kristoff. Los Westergaard se separaron de ellos tan pronto vislumbraron a Christen, quien había ido a recogerlos.

Kristoff le dijo que Anna ayudaba a su madre a preparar todo para la noche buena cuando preguntó por la razón de la ausencia de su hermana; Anya y Dimitri rápidamente encontraron conversación con su amigo, entreteniéndose durante el resto del camino.

Su padre se escabulló del trabajo para recibirla y estrecharla en un abrazo afectuoso, Anna y su madre le siguieron justo después. Anastasia se olvidó del cansancio y se ofreció a ayudar a Iduna a afinar los últimos detalles, Dimitri se unió al instante.

Gen y Roy volvieron algunas horas después. A media tarde Ryder le envió una fotografía suya con un mensaje donde le informaba que ya se encontraba en Noruega e iba de camino al hotel donde se hospedarían

Para cuando su madre los envió a prepararse, y tal y como predijo, Elsa estaba segura que los pelirrojos se habían ganado el cariño de sus padres y el de Anna.

Terminaba de peinarse cuando Anya entró a su habitación estrepitosamente.

―¿Cómo me veo? ―preguntó, mirándose en su espejo de cuerpo completo―, bien ¿cierto?, no quiero parecer una mujerzuela frente a tus padres.

―Mis padres te aman― replicó Elsa, dándole un vistazo rápido al conjunto de la pelirroja―, y sabes perfectamente que luces preciosa.

―Por supuesto, pero me refería que me preocupa ser vulgar― explicó, aplicándose un poco de pintalabios. Elsa negó con la cabeza y sonrió.

―Anastasia Romanova, tú no podrías ser vulgar ni aunque te lo propusieras.

La colorada le sonrió y la apretó en un abrazo demasiado fuerte para ser tan delgada.

―Esta es una de las razones por las que te adoro, perra.

Protagonizaron una pequeña sesión de fotografías con los teléfonos de ambas, Anya terminó sentándose en su cama para postear un par de ellas en sus snapstories.

―No sé si sea un buen momento― comentó la cobriza―, pero soy una chismosa de closet y la verdad me muero por saber que pasó en casa.

Elsa se mordisqueó el labio, debatiéndose entre sacar el tema en ese momento o dejarlo para después; pero la insistencia en los orbes esmeralda de su amiga terminaron por convencerla, suspiró y tomó asiento junto a ella.

Trató de resumirle su pelea con Honeymaren en los vestuarios de la academia y el posterior enfrentamiento con Roland.

―Qué perra― soltó Anya cuando terminó―, debiste decir algo antes. Debiste decírmelo y yo habría…

―Se lo dije a Hans y ella no pareció decidida a detenerse.

―Ese idiota, merece una patada en el trasero… ¡los dos la merecen!

―Da igual ya; Roy, el abuelo y papá van a encargarse.

Anya se envaró.

―¿Tu padre lo sabe?... por Dios, Ryder vendrá aquí mañana y todo será muy incómodo…

―No, papá todavía no sabe nada; convencí a Roy para que esperara hasta que pasara mi cumpleaños.

La pelirroja asintió, dándole la razón.

―Que mocosa tan inmadura… ya sé que es un año menor que yo, pero vamos, debe madurar de una vez― comentó, molesta―. Y su abuela― añadió―, ¿qué tiene en la cabeza que le impidió meterse y…?

―Ya lo dijiste, es una inmadura; y sí; su abuela debió intervenir para erradicar esos rumores…

―Pero no lo hizo― replicó la bermeja.

―… y tú y yo sabemos que me aborrece por Hans― añadió.

―¿Qué tiene que ver Hans aquí?

―Ya te dije que ella sabe lo que pasó entre nosotros dos, y quiso vengarse.

―Ay, por favor― Anya rodó los ojos―; ya ni la tipa esta… ¿cómo se llamaba?

―GoGo.

―Ajá, me refiero a que ni ella llegó a tanto; puede que le gritara a Hans en un aparcamiento y que te acorralara en un elevador, pero no cayó tan bajo metiéndose con tu familia.

―Recuerda que la amenacé porque GoGo sí que estaba decidida a ir de hocicona con Roy.

―Ya, mi punto es que Honeymaren solo fue víctima de la infidelidad una vez y con eso le bastó para ir tras de todos los Solberg.

―A eso voy, no tendría problema si solo me atacara a mí; pero fue a por mi familia también.

―Bueno, la única satisfacción que tengo es que no va a salir ilesa.

―De eso puedes estar segura.

Habrían seguido hablando de no ser porque Anna entró estrepitosamente a la habitación para decirles que Iduna solicitaba la presencia de ambas en el comedor.

Cenaron amenamente, riendo de las anécdotas que Anya y Dimitri contaban sobre su vida en París, y de las suyas propias sobre su experiencia con el té diariamente.

―… y Nanny dijo que ahora debe preparar chocolate caliente porque Elsa jamás quiere beber té― relató Roland―; dice que Els es demasiado educada para decirlo y que le agradece por eso.

―Mi padre dice que esa mujer mantiene el loft como nuevo― comentó Agnarr―, es bueno saber que estás cómoda con ella.

―Sí, bueno, Roy la acaparó estos días― la albina rodó los ojos.

―No pueden culparme, es como la abuela que no tuve― se defendió el aludido.

―Aún tienes a la abuela Jo― replicó Iduna, frunciendo el ceño.

―Es como no tener nada― masculló Anna, llenándose la boca con ensalada mientras fingía que no se daba cuenta de la mirada de su madre.

Gen cambió el rumbo de la conversación para evitar los típicos problemas familiares en las cenas de esas fiestas. Kristoff apareció con una tarta hecha por su tía y algunos regalos para Anna cuando el reloj marcó las once de la noche.

―¿Los Westergaard están dando la fiesta de siempre? ―preguntó Anna, sentada muy cerca de Kristoff.

―Bjorgman necesita su espacio personal ¿no te parece, Annie? ―Roy pateó suavemente la espinilla de la aludida para que se apartara de su novio.

―Déjala en paz― Gen intercedió, distrayéndolo―, y no. La fiesta es en casa de Adam este año, estábamos por irnos.

―¿Y por qué se los dijiste? ―recriminó su esposo―, no quiero a mis hermanas rodeadas de ebrios imbéciles.

―Esos imbéciles son tus amigos― replicó Elsa.

―Por eso mismo lo digo.

―Pues Kristoff y yo no pensábamos ir, solo tenía la duda― Anna rodó los ojos.

Elsa miró a su hermana y ésta le envió una mirada específica, la blonda captó al instante su significado y sus orbes de zafiro revolotearon disimuladamente hacia su mejor amigo, quien parecía muy interesado en las figuras abstractas sobre la mesita para el café. Un tono sonrosado adornaba sus mejillas.

La albina deseó abofetear a ambos por ser tan obvios, pero estaba segura que debía intervenir antes que su hermano quisiera ahondar en lo dicho por Anna; el rubio mayor estaba girándose hacia ellos cuando Elsa se apresuró a actuar.

―¡Roy! ―exclamó, llamando la atención del rubio mayor.

―Dios, Elsa, no hay necesidad de que grites si me tienes delante― se quejó el aludido.

―Solo quería decirte que Anya, Dimitri y yo sí iremos con ustedes― informó―; así pueden ir conociendo a los demás.

Los pelirrojos se mostraron entusiasmados con la idea y no tardaron demasiado cambiándose para salir, la blonda les dirigió una mirada de advertencia a Anna y a Kristoff antes de irse.

―La pequeña está creciendo― comentó Anya en un susurro enternecido que solo Elsa pudo escuchar.

―¿Cómo dices? ―preguntó la blonda, dando un vistazo rápido hacia Roland; que sujetaba a Genevieve cerca de él y reía con Dimitri.

―De Anna y Kristoff desde luego― respondió―, me recuerda a la primera vez que estuve con un chico. Ese francés era gay de closet y me usó para levantarse el cuello frente a su familia.

Elsa parpadeó, sorprendida.

―Creí que tú y Dimitri…

―Oh no, nosotros siempre fuimos amigos, pero comenzamos a salir cuando volvimos a Rusia― explicó―. El muy desgraciado iba de aquí para allá con un par de coreanas que vivían cerca de la villa de su abuelo en París.

―No menciones nada delante de Roy, por favor. Anna todavía no sabe medirse para que no le digan su precio.

―Ni siquiera tienes que decirlo, mi hermano mayor es igual.

Elsa ocultó su sorpresa, no sabía que Anastasia tenía un hermano. Le molestaba no saber nada sobre ella si era sincera consigo misma.

"Ya habrá tiempo para preguntar" pensó en tanto se metía en el jeep de su hermano.

Elsa estaba segura que las personalidades de Dimitri y Anya los harían encajar a la perfección con las de los demás.

Y no se equivocó.

―Pero sí beben vodka a diario ¿verdad? ―preguntó Adam, nada más llegaron, el anfitrión los hizo pasar de inmediato y los volvió el centro de atención.

―¿Es enserio, Bestia? ―Shang negó con la cabeza.

―¿Qué? ―el aludido arqueó una ceja.

―No puedes ir por ahí preguntándole eso a un ruso― explicó el asiático―. Es como si me preguntaras a mí si agrego arroz o soja a todas las comidas que hago.

―Bueno, las americanas me piden que diga croissant a cada rato― replicó Adam―; tengo todo el derecho a preguntar lo que quiera…

―Sí, debe ser un sacrilegio para ti toda esa atención― bufó Belle, sentada a varios metros de ellos.

―Cielo, tú sabes que solo tengo ojos para ti.

Un coro de risas inundó el lugar.

―Carajo, no se rían― bufó Adam―; por eso nunca me cree.

Más risas.

―Entonces…― insistió Adam, mirando a los pelirrojos e ignorando el ceño fruncido de Belle.

―Tío, el té es lo que se bebe a diario― reveló Dimitri con tono confidente.

―Carajo, piensan que los rusos somos unos alcohólicos― Anya se cubrió la boca con una mano, fingiéndose ofendida―. De buena fuente sé que tuvieron por aquí unos cuantos como nosotros durante una temporada, supongo que debieron saciar sus dudas…

―¿Los Westergaard te parecen personas accesibles? ―preguntó Adam con socarronería.

―Cuidado, Bestia― advirtió Elsa mirando a su hermano―; ya sabes que si te metes con Hans, Roy es el que responde.

―Muy graciosa.

Adam soltó una carcajada. El timbre de la puerta resonó y el anfitrión se alejó para abrir. Elsa se levantó de inmediato al ver a Merida.

―¡Perra! ―gritó la de cabello rizado y acortó la distancia a zanjadas para apretarla en un abrazo―, te extrañé demasiado.

―Tengo que contarte muchas cosas…― comenzó a decir la blonda, pero Merida la interrumpió.

―Pero claro que hay cosas que decir― dijo mientras se quitaba el saco y se lo lanzaba a Adam, arrancó varios jadeos de sorpresa por parte del resto de las personas en la habitación―, guárdalo ¿quieres?― el muchacho abrió la boca para protestar―… atiende a tus invitados.

Merida la tomó de la muñeca y giró sobre sus tacones para arrastrarla hasta la cocina de la mansión de Adam, pasando por los corredores como si supiera exactamente hacia donde se dirigía.

―Vaya, ¿de dónde salió todo eso? ―preguntó la albina, señalando los tatuajes que se extendían por el pálido brazo derecho de la cobriza― ¿y qué me dices de esto también? ―pellizcó el pequeño nostril* en la parte izquierda de la pecosa y respingada nariz.

―Lo que ves, tatuajes y un piercing… por favor, no actúes como la abuela Jo.

―Iba a decir que luces hermosa― la tranquilizó―, ¿Qué dijo la tía Elinor?

―Nada ¿qué puede decirme ya?

Elsa asintió, después de tantos años en los que la bermeja se empeñó en contradecir a su madre, a la blonda le quedaba claro que ya nada que viniera de Merida podía sorprender a Elinor DunBroch.

―Creo que hay nuevas personas en el grupo y solo te arrastré hasta aquí sin saludar a nadie… demonios, ahora soy una perra maleducada.

―¿Desde cuándo te importa? ―bromeó.

―Desde que salgo con una inglesa… ¿qué carajos? me eh ablandado.

Merida volvió a apresar su muñeca y las dirigió a la salida de la cocina. La albina frunció el ceño.

―¿Dónde está Winnie?

―En Surrey, con sus padres.

―¿No pasarán navidad juntas?... ya entiendo, te irás para año nuevo ¿no?…

―No.

Elsa se detuvo, obligándola a hacer lo mismo.

―¿Qué pasó?

―Nada, una ya no puede compartir su pasado con su pareja porque se ofenden y…

―Tampoco es que tu pasado sea el mejor― recriminó, rodando los ojos; entonces Merida le lanzó una mirada acusadora y Elsa carraspeó―. Aunque claro, como bien dice ese TikTok "Everybody makes mistakes..."

―Sí, eso pensé.

―Hablaremos después, quédate en casa conmigo esta noche ¿quieres?

―Sí, carajo. Ahora preséntame a ese ruso bueno que estaba en la sala.

―Él no, Mer.

Merida bufó y regresaron donde los demás.

―¿Terminaron de hablar de penes? ―preguntó Naveen, tomándose selfies.

―¿Terminaste de decidir en cuál fotografía te ves menos horrible? ―replicó Merida, mordaz. Un aullido de burla se hizo escuchar y la sonrisa del joven desapareció.

Anya y Dimitri se acercaron a ellas después que Elsa les hizo una seña.

―Chica, tú sabes cómo cerrarle la boca a un imbécil― halagó la rusa.

―Merida― se presentó la escocesa.

―Anya.

―Dimitri― el pelirrojo asintió en dirección de la de rizos colorados.

A pesar de no esperarlo, no pudo sorprenderse cuando su prima congenió rápidamente con sus nuevos amigos.

―Me gusta tu estilo, siempre quise más tatuajes; pero…

―Déjame adivinar― Merida levantó una mano para detenerla―, tu abuela es la razón.

―De eso puedes estar segura― Dimitri le dio la razón.

―¿Qué tienen las abuelas rusas que todo el mundo hace lo que dicen? ―se quejó la escocesa―; es decir, los Westergaard son unos hijos de perra, pero de buena fuente sé que su abuela los doblega con solo chasquear los dedos.

―Las abuelas son santas― declaró el pelirrojo, solemne.

Merida comenzó a despotricar sobre los Westergaard, arrancando carcajadas y anécdotas por parte de los rusos; Dimitri estaba terminando de relatar aquella ocasión donde uno de los hermanos mayores de Hans los retó a nadar en agua helada a cambio de no revelar un secreto— que siempre no existió— a sus abuelas cuando fueron interrumpidos.

―Que bizarro ―la vocecita chillona de Punzie se hizo oír, apareciendo de la nada para apretarle los pechos a Anya. La bermeja más joven dio un bote y la de cabello castaño rió.

―¡¿Punzie, qué carajos?! ―chilló Elsa, sorprendida.

Los ojos verdes de Rapunzel miraron con horror a Anya.

―Santa mierda, lo siento; juro que te confundí con Anna― la aludida se apresuró a disculparse.

―Descuida, no eres la primera que me toca las tetas.

―¿Perdón? ―Dimitri se giró hacia ella con brusquedad.

― ¿Quieres que hablemos de las coreanas ahora?

Dimitri levantó las manos en señal de rendimiento.

―Me llamo Anya Romanova y él es Dimitri.

―Sí, claro, Flynn alguna vez los mencionó― comentó Punzie―. Soy Rapunzel, pero díganme Punzie.

Su otra prima fue rápidamente incluida en la conversación, ni bien pasaron cinco minutos cuando la castaña declaró su amor por los nuevos. Elsa se encontraba siendo interrogada por sus primas sobre su vida en Moscú, pero su teléfono le indicó que tenía una notificación y se sintió agradecida por verse liberada.

Pulsó la notificación y rápidamente se vio llevada hasta Snapchat, abrió el mensaje de Ryder y una fotografía apareció frente a sus ojos.

"Estoy afuera" el texto en la imagen le anunció que siempre sí había aceptado su invitación y se encontraba a pocos metros de ella. Elsa lo invitó a unirse después que le comunicara donde se encontraba, el castaño declinó al principio y ella le envió la dirección por si cambiaba de opinión.

Estaba reticente a aceptar que no deseaba del todo que se uniera por la simple razón de qué aún no estaba al tanto de la situación con su hermano, o que, de estarlo, tratara de hablar con él ahí mismo.

El timbre sonó y Elsa vislumbró a Adam levantarse de su lugar para ir a recibir al recién llegado.

―Ya voy yo― Elsa lo detuvo y el joven se lo agradeció.

La blonda se dirigió a la puerta con rapidez y después de abrirla, encontró a Ryder mirando su teléfono. El muchacho guardó el aparato, le sonrió y entró.

―Así que estas son las casa de los noruegos ricos ¿eh? ―comentó mientras se quitaba el abrigo ligero.

―No todas pueden ser como las mansiones rusas― respondió la blonda, Ryder se carcajeó tenuemente e hizo amago de dirigirse hacia los demás. Elsa lo detuvo―; escucha, quiero decirte algo primero.

―Sí, seguro.

―Es sobre Honeymaren― reveló.

Ryder dejó salir un bufido.

―Mira, olvídate de mi hermana un poco ¿bien? ahora mismo está en ese cómodo hotel durmiendo y yo quiero un poco de alcohol― replicó desinteresadamente―. Además― añadió―, en media hora es tu cumpleaños, si no llamamos mucho la atención podemos ir arriba y…

La cogió de la mano y la guió hacia los demás.

Elsa resopló.

"Traté de decírselo".


Hans.

—Hasta que llegas— dijo Adam, dejándolo pasar.

—¿Qué te impulsó a volver para las fiestas? —preguntó Hans, después de darle el saludo.

—Pues ustedes ¿quién más si no? —el aludido rodó los ojos—. Roy está con los chicos en la sala— informó—, ¿por qué no dijiste que traerías amigos contigo?

—¿Amigos? —Hans arqueó una ceja.

—Sí, Roy y Gen llegaron con Elsa y un par de rusos con la misma mirada de mierda que tú tienes— explicó, dándole un empujón amistoso para hacerle saber que bromeaba.

—Así que ya conocieron a Anya y a Dimitri— el bermejo suspiró.

—Seh, tienen onda.

—Bueno, mientras no esté…

—¡Hansy, viejo! —el bermejo se paralizó y un escalofrío le recorrió la espina dorsal al escuchar esa voz—, ¡cuánto tiempo sin verte!

—Creo que no está feliz de verte, se puso tan pálido jejejeje— rió Rapunzel, tontamente.

—A pesar de estar muy convencido que la loca olvidó tomar tus calmantes hoy— espetó Hans—, no se equivoca.

Rapunzel le sacó la lengua de manera infantil y se perdió entre el gentío, Eugene la siguió con la mirada y se acercó a él.

—Que feos modos tienes.

—¿Yo?

—¿Ves a algún otro pelirrojo ruso psicótico por aquí? obvio que tú; no te mataría tratarla bien de vez en cuando.

—No le debo nada— espetó—, ni a ella ni a…

—Ni a nadie, ya sé— Flynn rodó los ojos—. Es noche buena, viejo; deberías dejar tu oscura alma de lado y tratar bien a las personas… además, Punzie será tu prima algún día.

El moreno le hizo una señal para que lo siguiera a una de las mesas abarrotadas de botellas con distintos licores dispuestas por la habitación, tomó una de vodka y sirvió un par de tragos.

—Dios me libre de que eso pase en el futuro inmediato— masculló Hans, tomando el vaso que le ofrecía—… un minuto, no estarás pensando en casarte con ella ahora ¿verdad? —preguntó, entrecerrando los ojos.

—Estamos muy jóvenes para esos trotes.

—Más te vale porque ya perdimos a Roy, sería muy vergonzoso que fueras el siguiente…

—Hay rumores sobre tu noviecita— dijo el pardo repentinamente.

Hans frunció el ceño.

—¿Qué clase de rumores?

—A Roy no le agrada, y eso es raro porque el día de su boda parecía encantado con Honeymeran.

—Honeymaren— corrigió.

—Como sea.

—El tema me aburre, es suficiente con tener que hablar con ella como para comenzar a contarlo…

—Tiene que ver con Elsa ¿cierto? —Hans barrió la habitación con la mirada en cuanto Eugene pronunció esas palabras.

—¿Por qué no lo gritas?

—Me lo imaginaba—suspiró—. No me gusta decirlo… al diablo, claro que me gusta; pero te lo dije.

—No empieces…

—Sabía que tarde o temprano una de las dos se ofendería, sabía que saldría mal y también sabía que era una mala idea ayudarte a secuestrar a Elsa…

—De nuevo, grítalo.

—Y ahora, por lo que me dijo Punzie, Roy quiere hacerle daño a tu chica.

—Además de loca, Rapunzel también es una chismosa.

—Elsa las puso al día en menos de una hora, al parecer no le agrada mucho tu novia tampoco.

—No me agrada a mí, no puedes esperar que le agrade a ella— replicó.

—Pues que pena, no sé por qué sigues con ella.

―Voy a dejarla cuando regrese a casa― Hans rodó los ojos—. Babushka y Dedushka se quejaron varias veces de que no los has visitado, dicen que solo los llamas.

—Lo sé― el de cabello castaño se frotó el cuello, apenado―, la ultima vez que hablamos les dije que…

—Haznos un favor a todos y no te aparezcas por Moscú— Eugene bufó y Hans soltó una carcajada, propinándole un golpe juguetón en el hombro a su primo.

El bermejo se alejó para saludar a todos sus amigos, quienes lo recibieron con emoción y una que otra pregunta sobre Honeymaren. Roland no hizo un gesto o un comentario alusivo al tema. Paseó sus orbes por la habitación y frunció el ceño al no ver a Anya y a Dimitri por ningún lado.

Elsa tampoco estaba a la vista.

―En la cocina, tratando de bajarle un poco la borrachera a Merida― le informó Flynn, como si le hubiera leído la mente. Hans no dudó en dirigirse hacia el lugar indicado.

Encontró a Anya tratando de quitarle una botella de vodka de las manos a la prima pelirroja de su mejor amigo y a Dimitri sosteniéndola para que no se cayera del taburete. Punzie grababa los balbuceos de Merida con el teléfono de Eugene.

Hans sonrió malignamente y sacó su propio teléfono para hacerle una foto a los tres pelirrojos frente a él, la posteó en sus instastories con la leyenda Feliz Noche Buena; pero aquel gesto se le borró de golpe al notar la presencia de Ryder en la habitación.

El castaño se encontraba preparando sándwiches demasiado cerca de la albina hermana de Roland, apretó la mandíbula al ver que hablaban en voz baja.

¿Qué tanto estaban secreteándose esos dos?

—¿Qué hace Nattur aquí? ―preguntó para llamar la atención del par.

―Lo invité yo ¿algún problema? —retó Elsa, acida.

—¿No te enseñaron que es de mala educación invitar gente a los eventos de otras personas?

―Que hipócrita te ves diciendo eso cuando colaste a tu novia a la boda de mi hermano.

―Yo también me colé— masculló el castaño.

—Cállate, Ryder.

El aludido asintió y volvió a su tarea de poner el jamón sobre el pan. Hans se acercó a Anya para abrazarla y palmeó el hombro de Dimitri.

―Mira nada más, ¿qué tenemos aquí? ―dijo en dirección de Merida, su tono desbordaba burla—. Creo que los veinte están arruinándote, antes bebías galones de whiskey y podías mantenerte en pie— siguió―; ¿qué te pasó?

Merida rodó los ojos y trató de sentarse derecha, pero terminó con Dimitri sosteniéndola mientras ella se aferró de la isla para no caerse.

―A ver, sonríe— Hans se rio y la apuntó con la cámara. Merida levantó el dedo.

—Déjala en paz, imbécil― Punzie bajó el teléfono de su novio y se acercó al colorado.

―Solo es una foto, loca.

—Bueno, Flynn tiene un montón de fotos tuyas en estado de ebriedad— comunicó, mirándose las uñas—; sería una pena que se filtraran un par de ellas ¿no te parece?

―Hija de…

―Eso pensé.

Anya y Dimitri rieron por lo bajo, Rapunzel sonrió radiante y salió de la cocina.

—A todo esto― dijo el pelirrojo―, ¿Por qué la melenuda está tan ebria?

—¡Necesito valor! —chilló Merida.

―¿Valor para qué? ―Hans arqueó una ceja.

—Para engañar a su novia que no termina de aceptar su pasado— explicó Anya, dándole un trago a la botella de vodka.

―Así que de eso se trata― Hans volvió a reírse burlonamente—, bien merecido te lo tienes, DunBroch; esto es lo que pasa por ser una asquerosa infiel.

—¿Q-quieres que hablemos de i-infieles a-ahora? ―preguntó la de cabello indomable―, porque no t-tú expediente n-no está t-tan limpio que d-digamos.

—Otro día se dicen sus verdades— Elsa pasó cerca de él y depositó frente a Merida un plato con un sándwich―, come; el jamón es de cerdo tal y como te gusta.

Merida alejó el plato de golpe.

―Winnie logró que me gustara más el de pavo.

—Merida, ella no está aquí.

La pelirroja rodó los ojos y procedió a llenarse la boca con la comida.

—Vaya, que mal que ya se fue Punzie porque si no este momento quedaría inmortalizado en una foto o video― comentó Ryder.

―Ya me estoy encargando de eso— dijo Dimitri, grabando a Merida. Anya lo miró con los ojos entrecerrados.

—Oye Westergaard― lo llamó Merida.

―¿Qué quieres?

—Dime que trajiste a los gemelos o a Lars contigo.

—No sabes lo que pides― resopló la blonda―. Exceptuando a Ariel y a Eric, el resto son unos idiotas

—Mira lagartija, no te voy a permitir que hables así de mi familia― Hans la apuntó con el dedo, acusador, y se giró hacia Merida―. Están en casa, pero no creo que te importe.

―Los rusos s-son unos g-golfos, solo n-necesito uno de e-ellos― comentó Merida, Anya y Dimitri fruncieron el ceño―. ¡No! u-ustedes no… me r-refiero a l-los Westergaard.

—¡¿Qué?!

―¿Para qué quieres un ruso? ―preguntó Ryder.

―P-para tener u-una buena n-noche de navidad y v-volver a c-casa temprano― Merida elevó sus cejas sugerentemente.

―¿De qué diablos estás hablando? ―Elsa frunció.

―No v-vayan a p-penar que e-es la e-experiencia la q-que habla— comenzó la escocesa, arrastrando la voz por la borrachera—; pero no c-creo que s-solo los irlandeses sean así… y-ya sabes.

―Estás balbuceando― Elsa se acercó a ella—, creo que es hora de llevarte a mi casa antes que te humilles más…

—¿Quieres una? ―Hans aceptó el vaso con vodka que le ofreció Ryder.

―Mejor t-tu dímelo, Elsie— Merida se colgó del cuello de la albina.

―¿Qué te diga qué?

Los dos rusos mayores se llevaron sus vasos con vodka a la boca.

—Si la tienen grande… los rusos, pues. N-no es un secreto que has d-dormido con unos cuantos.

Anya y Dimitri estallaron en carcajadas mientras Hans y Ryder comenzaron a toser ruidosamente al atragantarse con el alcohol.

Roland entró en ese momento.

―Ni siquiera voy a preguntar sobre eso―dijo el blondo en dirección de su hermana y prima.

—No le vayas a creer, Roy— se excusó la blonda nerviosamente―. No es de tu incumbencia, pero soy virgen…

Ryder y Hans tosieron más ruidosamente.

―Claro que sí, Elsa. Te creo— replicó el aludido de manera irónica. Se volvió hacia los rusos—, ¿qué les pasa a ustedes dos?

Anya, aun riéndose, les acercó un vaso con agua a cada uno.

―De mi parte solo puedo decir que me tomó por sorpresa lo dicho por Merida― contestó el castaño después de recuperarse.

—Estoy de acuerdo con Nattur— apoyó el bermejo de la misma manera.

Roland rodó los ojos.

―Los chicos quieren cantarte Feliz Cumpleaños en unos minutos― comunicó a Elsa—, así que, si terminaste de mentirme sobre tu virginidad… o la ausencia de esta, te veo en la sala ahora mismo.

Elsa asintió y Roland desapareció por la puerta, Dimitri y Anya arrastraron a Merida fuera de la cocina y Hans se levantó del taburete para salir tras de ellos; pero se detuvo al notar que los otros dos no hacían lo mismo.

Entrecerró sus orbes esmeraldas con sospecha ante la mirada que intercambiaron Elsa y Ryder, carraspeó para que notaran su presencia.

—Andando― ordenó.

Ryder rodó los ojos, pero salió de la cocina, Elsa le hubiera seguido de no ser porque la detuvo al sostenerla de la muñeca. La blonda se soltó de su agarre bruscamente.

—¿Qué? ―espetó.

―Le hubieras dicho a esa ebria que, por lo menos, uno de los tantos rusos con los que te has acostado sí que la tiene grande.

—Claro, pero sería raro que le dijera eso de Jack. Sé que no te importa, pero son mejores amigos; y a mí no me gustaría que me dijeran eso de Kristoff― el bermejo apretó los dientes―. Y por si te lo estás preguntando; no han sido muchos, pero eso no significa que han sido pocos…

Hans la interrumpió, tomándola del brazo con fuerza para pegarla a su cuerpo. Pudo oler la esencia de su shampoo de coco y el lico que había consumido.

—No me provoques, copo de nieve.

Elsa lo empujó.

―No me toques— escupió.

―Te reto a beber más de la cuenta y veremos si piensas lo mismo― espetó en respuesta. Elsa se envaró.

―¿A qué te refieres, imbécil?

―A nada, lagartija. A nada.

Salió de la cocina, dejándola sola y confundida.


Elsa.

La puerta de su habitación se abrió estruendosamente provocando que despertara de golpe, el chillido de Anna le taladró la cabeza y se cubrió con el edredón cuando la luz del sol frío entró por la ventada después que su hermana corriera las cortinas.

―¡Ay, Elsa! ¡despierta! ―Anna le arrebató el edredón y la obligó a sentarse.

―Estoy despierta, estoy despierta― Elsa soltó un bostezo y se atragantó con el mismo cuando la pelirroja la rodeó con los brazos.

―Antes que nada ¡Feliz cumpleaños! ―chilló en su oído y la soltó después que comenzara a toser.

―Gracias, Annie― contestó una vez se recuperó.

―No puedo creer que tengas dieciocho, apenas fue ayer cuando metíamos nieve al despacho de papá en la madrugada y jugábamos hasta que se derretía sobre la alfombra.

―Lo sé― la blonda sonrió, nostálgica―; fue una hermosa infancia…

―Ahora vayamos a lo importante― la pelirroja la interrumpió, Elsa resopló y Anna apretó sus pequeños puños con emoción contenida.

―Claro, me muero por escuchar cómo Kristoff y tú…

―¡Fue increíble! no sé cómo esperé tanto.

―Ay, por Dios― Elsa se palmeó la frente.

―Él fue exactamente como dijiste que debía ser― siguió―. Fue tierno, gentil y al final agresivo.

―Anna, mira; no sé si quiero…

―Y su… tú sabes, deberías verlo… bueno, no; pero sabes a qué me refiero.

―Puedes estar segura que no estoy interesada en ver a Kristoff, mi mejor amigo dicho sea de paso, de esa… manera, en lo más mínimo.

―Antes pensaba que lo amaba, pero ahora estoy muy segura…

―No, Anna, no te enamores― Merida emergió de manera sorpresiva de entre los edredones, arrancándole un grito de sorpresa a la pelirroja menor―; te hace falta conocer más penes.

―¿Cómo llegaste aquí? ―preguntó la aludida, con una mano en el pecho.

―Pues…― Merida se rascó la cabeza y miró a Elsa― ¿cómo llegué aquí?

La blonda rodó los ojos y procedió a recordarle que Dimitri la había metido al jeep a la fuerza después que intentara convencerlo de presentarle a su padre para convertirlo en su suggar daddy y finalmente, cuando llegaron, Roland tuvo que subirla a cuestas porque no podía sostenerse en pie.

―Qué vergüenza― Merida se cubrió la cara con las manos después que la blonda terminó.

―Lo sé, Ronald parecía un padre decepcionado…

―Roy se ha convertido en un anciano desde que se casó, me refiero a lo del padre de Dimitri.

―Ah, bueno…

―¿Es guapo? Porque sí es así…

―Como estaba diciendo― la voz de Anna se elevó por encima de la de su prima―, sé que Kristoff es el bueno.

―Y cómo yo estaba diciendo, eres muy joven para esto; mírame a mí― Merida se apuntó con el dedo―. Era la infiel estrella, en el instituto me conocían como la chica que tenía novia y se acostaba con tíos; pero ahora soy un fracaso.

Elsa negó con la cabeza.

―¿Ves esto? ―le mostró las uñas perfectamente arregladas con gelish―, jamás me preocupé por arreglarme las uñas, pero desde que estoy con Winnie me hago la manicura cada mes; uso vestidos con regularidad y ni siquiera puedo pensar en engañarla porque quiero llamarla al instante para decirle que la amo demasiado y…

―Ay, Mer― Anna la tomó de la mano, conciliadora―, lo siento mucho.

Merida se soltó de su agarre con fuerza.

―Solo no cometas los errores que yo cometí, no me vayas a decir que Kristoff jamás lo hizo con otra porque no te lo compro.

―¡Merida!

―No me mires así, Els, carajo― la mayor de las tres rodeó a Anna con los brazos―. Lo siento, Annie.

―Nah, está bien― la pelirroja le restó importancia―. Esa Elena pudo tenerlo por primera vez, pero yo lo tendré en sus últimas.

―Sigo pensando que debiste perder la inocencia desde antes.

―¿Y con quién? dejala en paz, Mer.

―Pues claramente tuvo novio antes, ese chico el atleta.

―¿Dashielle Parr*?

―¡Tenía catorce años!

―Ay, Elsa; vivir con el abuelo te está amargando… más.

La blonda se levantó de la cama, tomó a Anna de los hombros y la guio hacia la salida.

―Es mi cumpleaños y aunque me da mucho gusto, sinceramente no tengo deseos de escuchar más sobre ese tema.

Anna abrió la boca para replicar, pero Elsa fue más rápida y cerró la puerta rápidamente. Miró a Merida.

La pelirroja se levantó de la cama, recogió sus zapatos después de ponerse el abrigo y se miró en el espejo del tocador, ignoró el rímel corrido de sus ojos y se aplicó un poco de gloss en los labios.

―Veré si Roy está despierto… ¿crees que quiera llevarme a casa? ―preguntó, encaminándose a la puerta―. Tengo que ir a prepararme para tu cena y…

La voz de la pelirroja dejó de escucharse tan pronto como desapareció por la puerta, Anastasia, enredada en un albornoz, entró segundos después.

―Vi a Anna corriendo por el pasillo y a Merida bajando las escaleras descalza con los zapatos en la mano― informó.

Elsa se cruzó de brazos.

―¿Ya te contó cómo le fue…?

―Seh.

Anya se acercó a ella y la abrazó.

―Ya te lo dije hace unas horas, pero feliz cumpleaños de nuevo― apretó un beso en la sien de la rubia―. Ahora sí Krei podrá lanzarse sin ningún miedo…

―No creo, ya te conté lo que dijo de mí en mi propio loft― le recordó.

―Bueno, tampoco es que admitiera frente a tu abuelo que se muere por arrinconarte en la pared, besarte y…

―¡Anya! ―la albina le dio un empujón juguetón.

―Di lo que quieras, pero yo vi cómo te miraba en el TIMELESS.

Elsa hizo un esfuerzo por no sonreír, pero le fue imposible. Seguía molesta con Alistair, no terminaba de relacionar al hombre que no la bajó de mocosa mimada con esa faceta galante y educada que le mostró en sus primeros encuentros.

―También― añadió―, Hans y tú… en caso que lo desees claro está, podrían volver a…

―Ni siquiera voy a dejar que termines esa oración― la interrumpió.

Anya levantó los brazos, en señal de paz.

―¿Pelearon ayer? ―preguntó.

―Nosotros peleamos siempre que estamos cerca del otro― Elsa se encogió de hombros, restándole importancia.

―Lo sé, pero hace un rato parecía muy enfadado…

―Simplemente no acepta que…

―¿Qué? ―Anya arqueó una ceja rojiza.

Elsa se lo pensó durante varios segundos.

―Nada, simplemente no acepta que no es el único ruso con el que eh estado.

―O el único hombre― replicó la rusa―. Mira, como tu amiga debo decírtelo; pero estoy muy segura que ambos sienten algo por el otro… y sí, algo más que solo atracción.

―Puedes estar segura que yo no siento más que desprecio por ese imbécil― contradijo, no estaba segura de donde salió la sinceridad que derramaba su tono; pero definitivamente necesitaba convencerse que la sentía―. ¿Cómo podría sentir algo por un tipo que me trató peor que basura?

―Tienes razón, perdona― Anya asintió, apenada―; ¿sabes? Algo me dice que Hans ya está pagando por sus estupideces… quizá aún no se da cuenta del todo, pero la miseria lo aplastará cuando lo haga. Nadie merece lo que te hizo.

Elsa esperaba que Anya estuviera en lo cierto.


*La audiencia libera gritos de asombro mientras Harry Hale actualiza PS después de (casi) un mes*

Pero cómo que volví yo no entiendo, si yo nunca me fui. Pues sí babies, ahí andaba Harry entre las sombras leyendo y dejando reviews a fics preciosos de autoras talentosas *cof cof Tía Frozen cof cof Wildy cof cof Ydna cof cof* PERO PERO PERO aquí está la esperada actualización.

Les reitero una disculpa que ya no necesitan y que lo disfruten. El review es opcional.


Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.