La historia que dejamos pasar


Capítulo 30

Los días que separaban a Naoki de la cena con Kotoko estaban siendo ridículamente largos. Era lunes y tenía la sensación de que había pasado un mes desde que había soltado su penosa invitación al restaurante, la cual no había salido con la confianza visualizada en su mente.

La práctica no rindió frutos y actuó como un joven inseguro frente a ella, aunque afortunadamente cumplió con el objetivo de acordar su cena.

Sentía cierto respeto por Ikezawa y Sudou, quienes podían expresar abiertamente sus intenciones. Él ni siquiera tuvo la capacidad de decirle a Kotoko que tuvieran una cita en el restaurante; se sentía estúpido por su manera de afrontar esa sencilla tarea.

¿Era una primera muestra del fracaso que sería el viernes? Planear no le había funcionado como esperaba; y, si lo analizaba un poco, cuando se confesó a Kotoko años atrás lo hizo impulsivamente, hablando con sinceridad.

…aunque al final ese ímpetu provocó dudas en ella en el momento crucial.

Hizo una mueca. La ansiedad lo atormentaría hasta el viernes; nunca la había tenido y era un estado que no sabía cómo muchos soportaban habitualmente.

Tal vez iría bien si no la hubiese besado.

Fue un idiota por intervenir de ese modo tan patético, que podía hacer pensar a Kotoko en "actuaste cuando otro se interesó por mí".

Con ella era un experto en hacer las cosas mal. E, irónicamente, era con quien más le importaba un desempeño sobresaliente.

Y si eso no era suficiente, estaba el peligro de ese gōkon que no sabía si ya había ocurrido. Temía que apareciese un hombre en el que se interesara, privándole de una oportunidad con ella. Pese a lo que dijo llevado por los celos, aquellos que asistían muchas veces tenían el matrimonio en mente, y sería catastrófico que lo pensara con alguien más.

Otra escena de familia feliz, sin él como protagonista, haría mella en su mente. Mas se convertiría en realidad y tendría que vivir con el dolor y la amargura que provocaba verla con una criatura de la que él no fuese el padre, dando ese amor incondicional del que solo ella era capaz.

La imagen lo hacía sangrar por dentro, tal como cada ocasión que recordaba el momento que presenció en abril, donde la bebé Risa conjugaba los rasgos de Kotoko y Nishigaki, mostrándole un retrato familiar del que no era parte. Ellos reían y disfrutaban, mientras él sufría por haberla perdido para siempre, siendo testigo cercano de lo que nunca tendría si no era con ella… de lo que pudo conseguir y dejó que se le escurriera entre las manos.

Naoki frunció el ceño de repente. ¿Por qué se ponía tan funesto? Le quedaba un poco de tiempo, no se había rendido y había cosas que podía hacer. Todo acabaría cuando ella le diera una negativa tajante.

Pero antes de todo eso quedaba algo por hacer.

Llamó a la puerta del cubículo de Nishigaki, quien le contestó sin dilación, permitiéndole entrar. Como esperaba, estaba listo para irse; ya no llevaba la bata y el escritorio lucía ordenado.

—Irie-sensei, qué sorpresa. ¿Quieres discutir un caso de último minuto?

Negó.

—Era demasiado bueno para ser cierto —se lamentó Nishigaki con los hombros caídos.

—Vayamos a un sitio más privado, no es un tema laboral.

—¿Te molesta el aire nocturno? La azotea me parece un buen lugar, o un sitio de comida aquí cerca.

—Arriba.

Nishigaki emitió un sonido de acuerdo y Naoki se adelantó, siendo el primero en llegar a su destino. Vacío, para su gusto. Lo mejor era que no les vieran reunirse o crearían más rumores estúpidos involucrando a Kotoko y ellos dos.

A los pocos minutos apareció su asesor, el cual caminó hacia la malla que resguardaba el borde y se apoyó de espaldas.

—Te escucho.

Fue hacia él y se detuvo a un metro de distancia.

—Sé que no tienes nada con Kotoko.

Nishigaki se ajustó sus lentes.

—Ajá.

—Y no sé cuáles sean tus intenciones, pero ella no las quiere. Respeta su deseo.

—¿Quién dice que no lo hago? —inquirió Nishigaki divertido.

Naoki presionó sus labios.

—Independientemente de esto, si tengo una relación con Kotoko, no limitaré sus amistades, y ella te considera una. Así mismo, no te sobrepases con ella.

—Está bien, me alegra que seas sincero y hables de frente. Por eso seré franco… —Nishigaki sonrió de lado. —Nunca he querido a Kotoko-san de esa manera.

Aquello le desconcertó.

—Pretendí que lo hacía para que reaccionaras. Fuiste un poco como caso de estudio de personalidad, pero me preocupaba tu total hermetismo y esa presión insana que ponías sobre ti, en cualquier momento tendría repercusiones tanto para ti como para otros. Aunque admito que exageré y usé mal la terapia de exposición contigo, mas trataba que aceptaras tu interés en Kotoko-san, te relajaras un poco y actuaras sin tanta frialdad.

Con cada palabra su visión se volvió más roja.

—Eres escoria.

Quiso estrangularle por manipularlo, una cosa que odiaba en demasía. Todo ese tiempo había estado jugando con él como si fuese su conejillo de indias, toda vez que se ganaba la amistad de Kotoko con mentiras.

Eso lo enfureció más y cogió a su asesor del cuello de su camisa.

—Debería tirarte los dientes por lo que hiciste.

Nishigaki rió.

—Kotoko-san tuvo mejor reacción que tú cuando se lo dije el sábado. Claramente ella es mejor persona que tú y yo juntos. Perdón por lo que hice. Sin embargo, deberías estarme agradecido, por mí te has dado cuenta de muchas cosas, ¿no? Antes de que sea tarde, presumo, ya que cenarás con ella. Me doy por satisfecho, sé que serán muy felices.

Lo soltó sorprendido.

—¿A qué te refieres con eso? ¿Cómo sabes que nosotros…?

—Tendrás que descubrirlo tú mismo, no te voy a resolver tus asuntos. —El pelinegro se quitó la corbata y la guardó en su saco. —Nada podrás sacar de mí, ni a golpes. Y, bueno, eres un genio, lo averiguarás. —Metió las manos en sus bolsillos y lo rodeó, despreocupado.

Naoki trató de dilucidar las palabras de Nishigaki, preguntándose por qué decía que serían felices. Él sabía algo. ¿Era gracias a su amistad con Kotoko? ¿Qué le diría ella para darle tal impresión?

Maldito Nishigaki. Creyó salir victorioso de ese encuentro y el otro había tenido el as triunfal.

—Ah, Irie, cuando te hayas calmado y estés contento, espero que podamos ser amigos.

Rechinó los dientes. Era un iluso, de ninguna manera se involucraría más de lo debido con ese imbécil.

{…}

A pesar de tener la ventaja de recordar exactamente lo dicho por Nishigaki, Naoki decidió no leer más allá de ello, convencido que ese hombre trataba de jugar con él de nuevo, como estuvo haciendo desde que expresó sentir algo por Kotoko.

Definitivamente fue un error no darle su merecido.

Sin embargo, conociendo a su asesor, iría con Kotoko a decirle una mentira, que lo haría quedar peor.

—¡Solo es una pequeña aguja, no corra!

Él se giró al oír la exclamación de la pelirroja en quien pensaba.

—¡Cuida…!

No había terminado de volverse cuando sintió un cuerpo chocar con el suyo, despojándolo de aire y equilibrio.

Sus glúteos le dolieron al caer sobre ellos en el suelo y oyó numerosos jadeos a su alrededor.

—Oh, no, disculpe sensei.

Ceñudo, alzó la mirada hacia el responsable. Este se inclinaba repetidamente.

—Irie-sensei, ¿está bien? —preguntó Kotoko arrodillándose a su lado. Él recuperó el oxígeno expulsado por el golpe en el pecho y la caída. —Tanaka-san, ¿ya vio por qué no debe de correr, ni huir de mí?

—Oí al de la cama de al lado quejándose mientras le sacaba sangre, no iba a dejar que me hiciera lo mismo —se quejó el castaño regordete con cara de horror.

—Estoy bien —contestó Naoki a la pregunta, poniéndose en pie con cuidado. Puso especial atención a alguna punzada en su columna.

Aunque eso sería menor a su orgullo herido. La manera en que cayó fue vergonzosa.

Otros miembros del personal se acercaron y negó animándoles a regresar a sus actividades.

—¿Seguro? Tal vez un especialista de Traumatología deba revisarte. Mi cuerpo se ha adaptado para resistir accidentes, pero el tuyo no. Oba-sama comentó una vez que nunca te ha ocurrido algo.

Arrugó la nariz, disgustado de que lo creyera frágil.

—Aihara-san, a los hombres nos molesta que nos llamen débiles —comentó el paciente de forma petulante.

—¿Entonces por qué huir de una enfermera y aguja pequeñas? —rebatió Kotoko, haciendo que el hombre se sonrojara. Naoki, por su parte, rió entre dientes.

Tanaka-san se dio la vuelta completamente erguido, regresando por donde debió haber escapado.

—Espera… eso que me dijo fue antes de aquella vez con el examen nacional… ummm… esa vez te lastimaste por algo peque…

—Me dejaré revisar si lo veo necesario.

Kotoko se frotó la mandíbula. —Tienes que checar si se forma un moretón en tus… —Ella se sonrojó. —Sí, ah, ummm, eres médico. Sabrás… esto… qué hacer. Yo… este… tengo que… las muestras de sangre. Nos vemos.

—¿Por qué no le pediste que te ayudara a buscar los hematomas, Irie-sensei? —Dio un respingo al escuchar la voz divertida de Nishigaki en su oído. —Ella tendrá mejor ángulo de visión y tacto.

Naoki apretó los dientes irritado, enfocándose en esa emoción que la sugerencia de su superior.

—Es una lástima que fuese a la vista de todos; en privado podrías haberle pedido que te auxiliara.

Sin responder, se alejó del pelinegro, el cual no contuvo su carcajada burlona.

{…}

Afortunadamente para Naoki, el accidente que tuvo no le provocó daños internos; sin embargo, a final de la tarde todavía sentía un poco de escozor en su trasero por el impacto. Este le hacía preguntarse cómo era que Kotoko se recuperaba con rapidez de los múltiples traumas como el suyo, que presenció durante los años que vivieron juntos.

¿Se habrían insensibilizado sus nervios?

Incluso él resbaló en unas escaleras una sola vez y pasó un tiempo adolorido; en cambio, ella no mostró tal cosa con su reciente caída, o las anteriores.

Kotoko era sorprendente.

Al entrar a su casa, suspiró aliviado, porque se daría un largo baño de agua caliente y frotaría sus zonas aquejadas con ungüento.

Se quitó los zapatos, se aseó en el servicio y subió las escaleras lentamente. En la planta superior, entró a su dormitorio sin cerrar la puerta, colocando su maletín en el estante de la pared para buscar sus cosas.

—¿Tienes un momento?

Miró hacia la entrada. Yuuki estaba apoyado en el marco con los brazos cruzados.

—¿Qué ocurre?

—Dejaré abierto para evitar que mamá espíe. —Yuuki ingresó y se sentó en la cama, dejando a Naoki la silla de su escritorio. —Konomi me platicó que cenarás con Kotoko, ambas conversaron al respecto.

Ni se molestó en preguntar qué opinaba esta última; su intuición le decía que entre amigas no divulgarían esos detalles (y no era un cotilla). En su lugar, le preocupó que su hermano quisiera reclamar la falta de confianza en él.

—Por eso, vengo a ofrecerte un consejo.

Si Yuuki notó su sorpresa, no lo comentó.

—Desconozco la profundidad de tus intenciones. Y no tienes que dármelas. Así que… Decirte que te pongas en su lugar en es vano, pues tu forma de percibir lo que pasa es diferente, solo trata de analizar si lo que harás podría ponerla triste o feliz. Además, trata de detenerte un momento en cómo expresas algunas cosas.

Pestañeó, adivinando el significado escondido entre el consejo. Era terrible en cuanto a comunicarse con la mujer que amaba.

—Bien, eso es todo. Te deseo suerte.

Su hermano se puso en pie.

—Por cierto, me percaté que hiciste una mueca al sentarte, ¿estás bien? ¿Signos de la edad?

Sonrió divertido con lo último.

—Hoy caí sentado en el hospital.

Yuuki se quedó boquiabierto unos instantes. —¿Y no te pasa nada?

—Estoy bien, solo me duele un poco.

—Qué alivio. —Su hermano se cubrió la boca; Naoki vio el brillo en sus ojos. —Ay, disculpa, como me has confirmado que estás bien… yo… —Unas risas cortaron las palabras de Yuuki. —Lo siento… es que… ¿terminando así en el suelo? No necesito saber… cómo… es… Ya me voy…

Su rostro se calentó del bochorno y el enfado contenido. Si su hermano se reía, se imaginaba que no era el único.

En un solo suceso sus burlas pasadas a Kotoko regresaban a él.

{…}

Aparcando frente al edificio donde vivían los Aihara, Naoki sintió que los latidos de su corazón retumbaban en el interior del automóvil, ahora que el ruido del motor se había apagado.

Era una ocasión digna de registrarse; estaba más ansioso que al reconciliarse con su hermano, a tal grado que hasta había un poco de sudor en sus manos.

Y todo porque su capacidad de deducción no servía en ese momento sumamente importante para él.

Kotoko era tanto predecible como impredecible. Una de sus muchas cualidades con las que consiguió abrirse paso en su yermo corazón.

Iba a salir del coche para tocar el timbre, pero perdió la respiración cuando Kotoko apareció detrás de la puerta del edificio.

Espléndida.

Usaba un vestido azul marino que dejaba al descubierto sus hombros y clavículas, con las mangas ajustadas a los brazos, marcando un escote de "v" redondo para resaltar sus senos pequeños; la falda era similar a la de Marilyn Monroe, ligera y danzante con el viento, cubriendo sus rodillas. Su cabello estaba suelto y ondulado, y ella calzaba zapatillas plateadas y casi nada de maquillaje.

Aunque para cualquiera no había puesto mucho esfuerzo en su apariencia, él pensó que sí habían pistas de ello y se sintió contento.

No podía dejar de observarla.

Abandonó su ensoñación al notar que la puerta del copiloto se abría, permitiendo que ella se montara en el automóvil.

—Iba a quedarme junto a la entrada, pero te vi —compartió ella colocándose el cinturón.

Estuvo muy distraído con mirarla que no notó si se asombraba.

Tragó saliva. —Luces hermosa —murmuró poniendo a andar el vehículo, comprobando su reacción de forma subrepticia.

Ella se sonrojó y jugó con el pequeño bolso plateado en su regazo.

Aparte de eso, ninguna otra palabra fue dicha en su camino al hotel, donde el valet parking se encargó de su automóvil y les permitió que un empleado los dirigiera por el vestíbulo hasta el restaurante, a partir del cual los atendió el personal de este.

Kotoko estaba impresionada con su alrededor, cuyos tonos dorados y rojos rezumaban una elegancia que a él le tenía sin cuidado, pero para ella eran emocionantes. Se arrepentía de haber otorgado atenciones así a Sahoko-san, con la misma opinión que él, que con Kotoko, quien apreciaba todo cuanto ocurría, sin la exageración que habría puesto alguien como Ikezawa.

Por otro lado, ella se mostraba ansiosa, en especial porque no habían conversado más que sobre sus observaciones generales de la velada.

El problema era que él se había desanimado de encarar el tema principal de la cena, demasiado consciente de su alrededor.

Y justamente llegaba a la solución cuando las rosas fueron traídas por un empleado, durante el postre. (El método menos ruborizante de todos.)

—¿Qué? —musitó Kotoko mirando confundida al maître.

—De parte del caballero —explicó señalándolo.

Naoki, sintiendo un sudor frío en su cuerpo, agradeció silenciosamente al empleado.

—¿Y este ramo? Naoki-san… ¿por qué?

—¿Te gustan?

—Sí, son hermosas y huelen bien… es solo que…

—Esta noche quería disculparme por el suceso de hace dos semanas, cuando creí ayudarte con Nishigaki.

Ella encogió los hombros.

—Naoki-san, todo esto no era necesario. Gracias, aun así, no debiste, con una disculpa estaría bien… y yo ya lo he olvidado.

—Esa no era mi única intención esta noche, ¿puedes confiar en mí?

Kotoko tardó unos segundos en asentir.

—Volveré en unos minutos.

Se puso en pie y se apuró en ir hacia el lobby del hotel para cumplir su cometido. Arreglado su asunto, regresó con ella y le ofreció su mano.

—Acompáñame, por favor.

Pese a notar las incógnitas en el rostro de Kotoko, no habló hasta encontrarse frente a la habitación que le asignó la recepcionista.

—Eh… Naoki-san… ¿para qué? —Ella se sonrojó. —¿Necesitamos algo de ahí adentro?

Sabiendo que daba pie a malinterpretaciones, rió entre dientes para alejar la tensión.

—Aquí hablaremos, nadie nos molestará.

—Esto es muy raro, ¿te sientes bien? —susurró ella mientras él pasaba la tarjeta de apertura.

Asintió, invitándola a pasar.

Kotoko ingresó con premura, la misma que puso para dirigirse a unos sillones blancos frente a las puertas de vidrio que daban acceso al balcón. Él, lento, fue a sentarse junto a ella, consciente de sus ojos marrones siguiéndolo a cada paso.

Una silenciosa eternidad transcurrió, en la que él reunía valor para hablar con franqueza.

Suspiró y se aclaró la garganta, distrayendo a Kotoko de la falda de su vestido.

—Hoy también… deseaba pedirte perdón por las acciones de las que soy responsable en nuestro rompimiento.

Los ojos de Kotoko se expandieron.

—Tenías razón en lo que dijiste. Olvidé el amor que me tenías, no confié en ti y no hice nada para demostrarte mis sentimientos, ni para descubrir la verdad. No te busqué, traté de borrarte de mi vida y convencerme de cosas que no eres. Me pasé victimizándome…

Bajó la mirada a sus manos, con el palpitar de su pecho a un ritmo frenético.

—Estuve huyendo, sosteniéndome a mi orgullo porque…

Inspiró.

—…me dolió perderte.

Ella cogió aire sonoramente.

—Te necesitaba y me aferré a lo que podía para soportar tu ausencia. Logré mi sueño de ser médico, pero todo este tiempo me ha hecho falta algo…

Su mirada se cruzó con los orbes vidriosos de ella y esperó transmitir el intenso amor que le tenía.

.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Kotoko.

No quería acelerarse, pero sabiendo que tenía el camino libre se paró ante ella y se inclinó, pegando sus frentes.

—Estos años han sido vacíos sin ti —confesó con voz trémula.

Ladeó su cabeza, dándole tiempo para apartarse de él y, cuando esto no pasó, presionó sus labios a los de ella, cerrando sus ojos automáticamente.

Kotoko rodeó su cuello y él la sujetó de la cintura para apegarla a su cuerpo, ansioso de sentirla tan cerca como fuese posible. Sus labios se movieron degustando los rebordes carnosos de su boca, compartiendo el anhelo que tenía de ella, que hacía hormiguear cada rincón en su ser.

Besándola con su amor expuesto, sentía que su interior recuperaba la luz que solo había en su vida al tenerla. No era la persona independiente que presumía y hacía creer a todos, la necesitaba para existir; era humano, mostraba emociones y sentimientos, gracias a su presencia.

—Te quiero. Deseo que nos casemos. No me importa si es mañana mismo, quiero que seas mi esposa.

La abrazó como aquella noche de lluvia del pasado.

—Me perdí casi siete años, no quiero ni uno más —murmuró a su oído, sucumbiendo a expresar sus sentimientos profundos.

El sollozo de Kotoko vibró en su pecho.

—Yo también te quiero.

Una felicidad indescriptible lo colmó, sacándole una sonrisa y muchas ganas de reír sin restricciones. Nunca pensó que se muriera por escuchar tales palabras, las cuales rechazó con molestia en una etapa temprana de su convivencia, y que al comenzar a quererla dio por sentado.

—Pero… no podemos casarnos.

Sus miembros se congelaron y no pudo separarse de ella, aunque Kotoko intentó poner distancia entre los dos.

Acababa de…

¿Su estúpida conducta lo había condenado a pasar una vida separados? ¿Lo veía tan poco confiable como pareja? ¿Era porque estaba mejor sin él?

Le aseguraría que sería distinto, ya lo había planeado antes, ahora tenía una razón más para serlo; demostraría cuánto le importaba y que la valoraba.

—No he terminado.

Se separó de Kotoko. Le dio un poco de calma que sonriera.

—Yo te quiero, Ir-Na… eh, creo que tengo que decidirme cómo te llamo, sería extraño seguir llamando a mi novio por su apellido, y mucho más si se convierte en el mío.

Experimentó un desconcierto que únicamente ella podía generar.

—Naoki-kun, no quiero que nos equivoquemos esta vez. No es solo mi decisión, pero tengamos un noviazgo normal, con citas y cosas que los novios hacen, y comprobemos si encajamos como una pareja. Porque además de no tener mucho tiempo para eso hace años, ahora yo he cambiado.

—Lo sé.

Tenía certeza de ello, y el argumento de ella era una prueba más. Kotoko había crecido y sonaba como una adulta. Una persona madura. A su lado, él era un incompetente emocional nada digno de confianza, un niño que generalmente se dedicaba a hacer daño a los demás y buscaba solo su complacencia.

En ese periodo separados, Kotoko había alcanzado la madurez, se convirtió en mejor persona de la que era antes, desarrollándose más allá de lo laboral. A diferencia de él, que empeoró en esa esfera de su vida, la excepción de su capacidad para hacer las cosas bien.

Lamentablemente, él reconocía que también necesitaba crecer fuera de todo ámbito académico y profesional, pero no podía limitarse a hacerlo solo, pues su mayor problema era relacionarse con otros y expresarse debidamente en lo tocante a sentimientos y emociones. Practicaba en solitud y en el escenario real era un fracaso.

—Creo que tú cambiaste en algunas cosas y debemos conocernos bien y convivir antes de pasar el resto de nuestras vidas juntos. He aprendido que a veces no basta con que dos personas se amen.

En el fondo, estaba ligeramente apesadumbrado; no obstante, veía la lógica de sus palabras, así como el beneficio de ellas.

—Comprendo.

Volvió a rodearla con sus brazos, depositando un beso en su coronilla. Ella apretó su torso con fuerza.

La afectuosidad de ese abrazo le dio la certeza que estarían bien.


NA: ¡Hola! ¡Ya quería llegar a este capítulo!

Naoki perdió diez años más de vida cuando ella dijo que no se casarían ja,ja. Si se piensan, es un poco OOC; bueno, me baso en el Naoki que expresó sus sentimientos en la cafetería, cuando estuvo celoso por Keita; aparte, en privado con Kotoko es algo más cálido y ya ha sufrido mucho por ser seco, hizo un esfuerzo.

En cuanto a ella, quiero pensar que lo OOC también resulta de la madurez que ha ido mostrando a lo largo de los capítulos. ¡Eso chica! El amor no lo resuelve todo.

Besos, Karo.


Raz: ¡Estupendo! Ya tienes cel para malcriarte ;) , hay muchos fics que te están esperando ja,ja. Ojalá te alcance el tiempo. / Y sí, la cita tenía que llegar hace rato, pero ya ha ocurrido y con mejores resultados de lo que preveían dada la inseguridad y confusión. Ahora solo resta si su relación les funciona o no. / Nishigaki se estaba desquitando por un pupilo que no le necesita y el tiempo libre que le toca con eso XD. Él es nuestro aliado en hacer sufrir a Naoki. ¡Un abrazo!