Los personajes de Sakura Card Captor no me pertenecen son una idea original de Clamp


Piedras en un tablero de go

Después de un sueño reparador Shaoran se despertó, se estiró relajando todos sus músculos, respiró profundo percibiendo la fragancia que inundaba el futón, ese olor a flores que lo seducía, por la claridad que se colaba en el papel de arroz en las puertas de la habitación, al parecer era medio día, el sol estaba brillando refulgente en el cenit.

Salió de la habitación de la castaña, no sin antes dejar todo en perfecto orden, cruzó el jardín que separaba sus aposentos, cuando iba a entrar a su propia recamara apareció un sirviente quien le llevaba su futón reluciente, Shaoran agradeció, no había rastro de pelos del demonio amarillo de cuatro patas.

Se aseo y cambió su ropa y se dirigió a las cocinas a tomar algo, pensó en dirigirse a la consulta, pero antes le vendría bien pasear un poco por la arboleda, disfrutar de los jardines del castillo siempre era un deleite, así que caminó entre los arboles hasta que sus pies lo condujeron al mismo arbusto del día anterior, una vez mas vio una flor rosa sobre puesta, siempre amigo de su curiosidad Shaoran tomó la flor, nuevamente tenía un pergamino en el que se podía leer

"Está listo lo necesario"

El castaño pensó que sin duda esos mensajes eran algo muy extraño, ¿quién los estará dejando?, quizás mañana regresaría para encontrar otro, ya lo tenía intrigado el asunto, sabía que debía dejar de ser tan curioso, pero era algo inevitable, además el Shogun le había solicitado estar atento, si eran solo mensajes de algún noble no pasaba nada, pero cabía la posibilidad que fueran mensajes que no se debieran pasar por alto.

El castaño siguió caminando por el bosquecillo, admirando el bello paisaje a su alrededor, nada lo relajaba mas que pasear por aquellos jardines, decidió realizar un poco de meditación en una zona alejada del castillo, siempre le había gustado trepar a los árboles así que decidió trepar un frondoso árbol de ginkgo(1).

Mientras trepaba por su mente cruzó un pensamiento, si llegaba a tener hijos con su hermosa yosei, tendría que ser cuidadoso si se les ocurría trepar a los árboles, porque seguramente heredarían la torpeza de su madre y la curiosidad de él que en ocasiones llegaba a manifestarse en acciones sin pensar en las consecuencias, en el futuro debería estar atento para que sus pequeños no se metieran en líos, en definitiva iba a necesitar ayuda, río bajito ante sus ocurrencias puesto que se estaba apresurando, de estar tanto tiempo con la castaña ya estaba pensando en el futuro, hasta estaba especulando en cómo salvar a sus retoños de la caída de una árbol.

Sin duda la noticia del hijo del matrimonio Hiragizawa lo estaba haciendo pensar en su futuro y en su propia familia, no era tan mala idea, una pequeña y preciosa Sakura, que estaba seguro seria su total perdición, sonreía como bobo imaginando a su princesa ataviada con un lindo hanfu(2) rosa y sus expresivos ojos verdes corretear por los jardines de la mansión Li, aunque él por ningún motivo dejaría que la comprometieran siendo un bebé, así fuera el hijo del emperador.

Nadie seria digno de su princesa, el que osara acercarse tendría que pasar por muchos desafíos, una sonrisa malvada se coló en los labios del lobo, una vez más se estaba apresurando, negó con la cabeza, mientras sonreía imaginando a su familia con su flor de cerezo, nunca en todos los años que llevaba en Japón tuvo mas deseos de volver a su natal China.

Se apoyó en el tronco del árbol y despejó su mente tratando de relajarse y concentrarse solo en su respiración, mientras escuchaba los sonidos de la naturaleza vio al general Daidouji caminando junto con Hiragizawa, el movimiento del par de samuráis interrumpió su meditación, pensó bajar a felicitar a su amigo, pero el samurái de ojos azules se notaba algo molesto.

—General, le agradecería que se abstuviera de decidir el futuro de mis hijos —espetó con determinación el peliazul.

—Esa niña también es mi nieta —indicó el aludido, sin prestar demasiada atención a la evidente molestia en la actitud de Eriol.

—Ni siquiera sabemos si es una niña —Eriol se tocaba el puente de su nariz, tratando de calmarse—¿Quisiera saber por qué fue directo con el Shogun, antes siquiera de comentar su idea con Tomoyo y conmigo? ―cuestionó el samurái con una mirada que notaba profundo disgusto.

—No lo vi necesario, además no sé por qué se molesta Eriol, su esposa está feliz con la decisión—contratacó el general—. Esta disposición le dará mayor linaje a la noble casa Hiragizawa, no entiendo su contrariedad.

—Mi molestia se debe a que piensan que pueden tratar a las personas como si fueran piedras en un tablero de go, sin importarles absolutamente nada —expresó el samurái de ojos azules intentando calmarse así mismo.

—Pues no lo vi muy molesto cuando se decidió el matrimonio entre usted y mi pequeña —enunció el general con notoria calma que no hacía otra cosa que desesperar más a Eriol.

—Yo amo a Tomoyo y deseo lo mejor para ella, para mi es un honor contar con el favor de una dama como ella, pero estoy consciente de que no todos los matrimonios arreglados corren con la misma suerte —dijo sincero Eriol.

—Pues deberá lidiar con ese enojo suyo, el Shogun ha aceptado el compromiso y ya es oficial —celebró el samurái mayor.

—Ni siquiera ha nacido y no saben si es una niña —repitió Eriol, apretando sus puños con frustración.

—Eso no importa, la primera hija de ustedes será la esposa del joven Yue —aseguró tajante el padre de Tomoyo— le agradeceré que comparta la alegría con mi hija y aprenda a controlar sus berrinches, es una decisión tomada en la que usted no tiene ninguna injerencia —esbozó el general, retirándose y dejando un Eriol furioso por la decisión.

Shaoran decidió bajar del árbol y ofrecer una disculpa al samurái por escuchar la conversación, sin duda su amigo necesitaba hablar de lo sucedido, su enojo era notorio, aunque lo tratara de ocultar con su porte siempre sereno, que ahora solo era una mueca de evidente enfado.

Ágilmente el médico descendió del árbol bajo la mirada azul del samurái, quien se sorprendió al verlo aparecer.

—Hiragizawa, disculpe no era mi intención escuchar conversaciones ajenas —se dispensó Shaoran con una reverencia—. Si precisa hablar puedo escucharlo.

—Maestro Li, siempre tan oportuno —dijo con una mueca que trató de ser una sonrisa, pero en realidad su cara era de frustración pura, empuñó una de sus manos y lanzó un golpe al árbol del que había bajado su amigo, lastimando sus nudillos.

—Si quiere pelear, para descargar un poco su enfado, aquí estoy yo, los árboles no tienen la culpa de la intransigencia de las personas —sugirió el médico, a lo que Eriol asintió, necesitaba sacar toda la frustración, le venía bien un poco de ejercicio, lo ayudaría a despejar su mente.

Los dos hombres se posicionaron en guardia y comenzaron uno de sus acostumbrados duelos, el samurái empezó lanzando unos cuantos golpes a su amigo los cuales fueron muy fáciles de esquivar para el médico, Eriol trataba de contenerse para no lastimar a Li, de verdad estaba muy molesto, pero Shaoran al notar la actitud solo atinó a decir

—No se contenga Hiragizawa, porque yo no lo haré, necesita descargar esa frustración.

Shaoran se lanzó contra él con todas sus fuerzas, acertando una patada en el pecho del samurái, quien cayó al pasto tras el golpe, dicho acto solo pudo terminar de encolerizar a Eriol, el ojiazul se levantó y acabó por desatar toda la furia que estaba tratando de contener lanzándose sin piedad hacia el médico, al alcanzarlo utilizó su peso para realizar una llave y mandar a Shaoran a la hierba, pero el lobo ágilmente se levantó y se puso en guardia nuevamente.

Eriol no se podía contener y en un arrebato de rabia esquivó los golpes que lanzaba el lobo y asestó un golpe con el puño directo al rostro del castaño, logrando lastimar su labio inferior, un hilo de sangre caía de la boca de Shaoran, el lobo solo atinó a pasar el dorso de su mano por la herida y dedicarle una mirada en tono de reto al samurái, quien la contestó con fuego en sus ojos azules.

Ambos sabían que el fin de las artes marciales era evitar peleas, pero en esta ocasión a pesar de estar enfrentándose uno contra el otro, el verdadero oponente era la frustración misma de sentirse atado de manos, mirando como los demás decidían sobre la vida de las personas, Eriol estaba cegado por la irritación y Shaoran quería que lograra una visión más clara, para que pudiera tomar una determinación con la cabeza fría.

Entonces Shaoran siguió sus propias palabras y tampoco se contuvo, utilizó toda la fuerza de su pateo para mandar a Hiragizawa nuevamente al pasto, el ojiazul en un movimiento ágil logro derrumbarlo haciendo que perdiera el equilibrio, pero el lobo lanzo un golpe certero a la nariz del samurái logrando obtener sangre de su contendiente, el samurái limpió los restos del líquido carmesí con la manga de su haori(3)

Así siguieron durante unos minutos, lanzaban golpes contundentes, caían al pasto y volvían a enfrentarse, terminaron con moretones en las extremidades, una nariz sangrante y un labio roto, finalizaron su duelo en empate, deteniendo un golpe justo en el cuello de su contendiente que de concretarse los dejaría inconscientes por unos momentos, ambos esbozaron una sonrisa confiada, dando la pelea por finalizada y realizaron una reverencia hacia su contrincante.

Apoyaron su espalda en el árbol de ginkgo sentándose un momento, descansando después de la pelea, Eriol ya se encontraba más tranquilo.

—Vaya forma bárbara que tiene de tranquilizar a sus amigos —expresó Eriol riendo y palmeando el hombro del médico—. Espero que ninguno de sus colegas requiera sus métodos, porque le tocaría a usted atenderlos.

Ambos rieron por las ocurrencias del ojiazul.

—Pero no se puede quejar, funcionó —comentó Shaoran―. Se nota más relajado.

—Gracias lobo, lo necesitaba, es frustrante no poder decidir nada solo porque hay personas con poder que mueven los hilos —confeso Eriol dejando ir un suspiro.

—Si le soy franco cuando escuché la idea del general fue algo totalmente irracional para mí, comprendo un poco su frustración ―mencionó Shaoran dándole a entender al samurái que entendía sus motivos.

—No crea que es algo en contra del joven Yue ni mucho menos, de hecho, es un honor para el linaje Hiragizawa, pero lo que me tiene mal es que mi bebé esta condenado incluso antes de nacer, usted que puede Li, llévese a Sakura, no vivan en este enorme tablero de go ―expresó sincero Eriol.

—Hiragizawa, ¿me permite felicitarlo por su hijo? —dijo Shaoran trayendo a la realidad a su amigo—Independientemente de las decisiones que se hayan tomado, es una gran noticia que un pequeño o una pequeña se esté gestando del amor que le tiene a su esposa, no dé todo por perdido, aún puede cambiar el rumbo de los acontecimientos, me consta que usted también sabe como mover las piedras en el tablero para poner la partida a su favor.

—Gracias Li, sabe ese método sentimental pudo ser más efectivo desde un principio, pero decidió golpearme —expresó Eriol dedicándole una mirada de agradecimiento a su amigo, mientras se tocaba la nariz, le dolía el golpe que había recibido de parte de Shaoran.

—No está rota no se preocupe, traté de tener cuidado —confesó el castaño riendo—. Si me ponía sentimental desde un principio iba a matar la diversión, además me hacía falta ejercicio —explicó el castaño estirando sus brazos y colocándolos detrás de su cabeza—. Ahora lo que me preocupa es que no sé cómo explicaré los golpes a Sakura, le diré que un samurái rabioso me atacó.

—Yo tendré que decirle a Tomoyo que un matasanos demente intentó pelear, pero perdió —río jocoso el samurái.

—¿Quiere perder de verdad? —retó Shaoran a Eriol, quien solo atinó a reír seguido del médico— Vamos debemos curar sus heridas, de manera que no evidencien su derrota, no quiero dejarlo en mal con el resto de los samuráis.

―Quisiera Li ―completó Eriol, ambos reían relajados.

Los hombres se incorporaron y se dirigieron a la consulta, cuando llegaron las caras de Sakura y Tomoyo eran de total preocupación, corrieron a auxiliar a sus respectivos hombres, los dirigieron rápidamente a unos cojines.

—¿Qué pasó? —preguntó Sakura mientras miraba preocupada el labio de Shaoran.

—Eriol ¿Qué sucedió? —Tomoyo estaba angustiada de ver a su marido golpeado, también lo guio cerca de donde Shaoran se había sentado y revisó con cuidado su nariz.

—Un samurái rabioso me atacó —confesó el castaño en tono de protesta, señalando a Eriol, pero con una expresión de niño pequeño que hizo una travesura.

—Un matasanos demente trató de pelear, pero perdió —dijo el samurái contraatacando, siguiendo a su amigo con la expresión de travesura infantil, mientras señalaba a Shaoran—. Así arreglamos nuestras diferencias el lobo y yo ¿verdad maestro Li? —completó Eriol con su habitual sonrisa.

—Así es, nunca cae mal un enfrentamiento amistoso —terminó el castaño palmeando el hombro de su compañero.

—¡Son unos tontos! —solo atinó a decir Sakura, negando con la cabeza, mientras iba por los remedios para curar las heridas de su prometido.

Tomoyo hacia su parte con su esposo, la pequeña aprendiz opinaba lo mismo que Sakura, pero ver a Eriol en esa actitud relajada de siempre la tranquilizaba.

La amatista curaba a Eriol y lo veía con cara de reprobación, el samurái solo le dedicó una sonrisa de travesura inocente, posteriormente le tocó el vientre y le regaló una mirada enamorada, que provocó un gran sonrojo en la pelinegra, quien rodo los ojos y negó con la cabeza, pero también le dedicó una linda sonrisa.

—¡Auch! Sakura eso duele —protestó el castaño, porque Sakura estaba siendo muy brusca, al curar su labio.

—Eso te pasa por iniciar peleas tontas —explicó la castaña, curando la herida de forma tosca —¿Cuándo dejarás de ser imprudente Li y dejarás de atentar contra tu integridad física?, Eriol es un samurái, ¿qué acaso no te das cuenta de que esta listo para la batalla?, ha entrenado desde pequeño, lleva dos espadas, piensa en las consecuencias.

—¿Cómo sabes que yo inicié la pelea? ya te dije que el samurái rabioso me atacó —se defendió el castaño, mientras Eriol veía divertido como Sakura reprendía a su amigo como si fuera un niño pequeño—. Además, debería estar agradecido de que tuve piedad con él, yo también he entrenado desde pequeño, no llevo mi espada a cuestas, pero te aseguro que soy buen espadachín —aseveró orgulloso Shaoran.

—Quisiera maestro Li, ya que esta tan seguro de sí mismo deberíamos enfrentarnos con la espada, le aseguro esa no la cuenta —dijo Eriol retando a su amigo, en tono juguetón.

—Cuando quiera Hiragizawa, mi espada esta lista —aseguró el castaño en el mismo tono.

—¡Basta los dos! —gritaron Sakura y Tomoyo al unísono, logrando que el par de hombres riera abiertamente.

—Sakura, creo que se golpearon en la cabeza, ya se volvieron locos —afirmó Tomoyo, logrando más risas de los dos hombres y que tanto Sakura y Tomoyo rodaran los ojos.

Mas tarde el samurái se retiró de la consulta con sus heridas en recuperación y dejando un beso en la coronilla de su esposa, prometiendo que regresaría por ella para volver juntos a casa, mientras que Sakura seguía seria con Shaoran, el castaño se acercó hasta donde ella estaba sentada organizando las actividades.

—¿Por qué sigues enojada conmigo? —preguntó el médico dirigiéndole una mirada inocente.

—Porque eres tonto Li, siempre haces cosas imprudentes y me preocupaste cuando te vi llegar golpeado y con el labio roto pensé que algo malo les había pasado —expresó Sakura molesta.

—Discúlpame cerezo, solo traté de ayudar a Hiragizawa —confesó sincero—. Lo vi con demasiada ira contenida y no dude en ayudarlo, sé que mis métodos no fueron los mejores, pero al menos regresó a su habitual carácter relajado —dijo rascando detrás de su cabeza.

Tomoyo estaba atenta a la conversación y no dudó en acercarse.

—Gracias maestro Li —expresó Tomoyo reverenciando a Shaoran, Sakura se asombró por la acción de su amiga—. Desde ayer que anunciamos que estoy embarazada, vi como la expresión de Eriol cambió de un gran gozo por la noticia, a una notable frustración cuando papá y el Shogun decidieron el compromiso, él no quiso que me preocupara, pero lo percibí muy tenso el resto del día y ahora que se acaba de retirar pude notar el brillo de esperanza en sus ojos y su sonrisa habitual.

—Eres muy perceptiva Tomoyo —señaló Sakura—. Solo porque mi pequeña aprendiz intercedió dejaré de estar molesta contigo Li.

—¿Por qué sigo siendo Li? Si ya no estás enojada —cuestionó Shaoran en una actitud infantil, que hizo reír a Tomoyo y negar con la cabeza a Sakura.

La tarde siguió su curso y el maestro Yamazaki llegó con un caso extraño que expuso a Li, le pidió su consejo y Shaoran indicó que lo estudiaría durante la noche.

No faltaba mucho para que la jornada laboral terminara, los médicos y las aprendices se despidieron era la última noche de guardia del castaño.

Eriol regresó para llevarse a su linda esposa a casa, se despidieron de ambos castaños y el samurái le dijo a Sakura que no siguiera enojada con el médico al notar que la castaña lo llamaba por su apellido, le explicó que su amigo lo había ayudado a sentirse mejor, finalmente se despidieron deseándose una linda noche.

Como todas las noches llegaron los sirvientes con las bandejas de la cena, mientras los castaños estaban degustando la comida, Shaoran recordó que había colocado los envoltorios con el remedio para el extracto de flores de cerezo en la caja de medicamentos de su prometida.

—Dejé un poco de la combinación de hierbas que utilizaste como medicina contra el extracto, en tu caja de medicamento y también en la mía, espero que no se necesite nunca, pero es mejor tener a la mano los remedios ―comunicó Shaoran.

—Está bien, Shaoran gracias, es una buena idea —confesó Sakura, mientras lo miraba.

—¡Soy Shaoran nuevamente! —celebró el ambarino, Sakura se aproximo mas a él, buscando sus labios, le dio un beso lento disfrutando de su sabor al té de Jazmín que acababa de tomar, pero después le dio una pequeña mordida en la herida sin llegarlo a lastimar, el lobo se quejo y ella rio feliz.

—Eres mala mujer —señaló mientras la veía con adoración y tocaba su labio herido.

―Me preocupaste, discúlpame si exageré mi reacción, pero no quiero que te pase nada y al verte feliz por tus heridas no supe como reaccionar ―dijo sincera la esmeralda.

Shaoran solo se limitó a darle un beso en la coronilla.

Minutos después Sakura se retiró a descansar dejando a su prometido revisando los expedientes del paciente del maestro Yamazaki, era un mercader que presentó fiebre sin razón y hormigueo en las piernas, unos minutos después perdió la fuerza en las piernas, a Shaoran le parecieron curiosos los síntomas, siguió leyendo el registro donde indicaba que poco tiempo después todos los síntomas desaparecieron y el mercader siguió trabajando.

El maestro Yamazaki estudió a la persona se quedó con él por varias horas, pero no encontró nada raro, el padecimiento apareció y desapareció sin razón alguna.

El medico chino se quedó estudiando en los libros, buscando algo parecido, pero no lograba encontrar nada, así pasó la mayor parte de la noche.

Acudieron a la consulta algunas personas que atendió sin ningún problema, nada que requiriera de especial cuidado sucedió, fue una noche bastante tranquila.

En la mañana llegó el maestro Yamazaki a cambiar el turno con el maestro Li hablaron un poco sobre la investigación que realizó, pero en realidad no encontró nada concreto, le dejó unas notas para que las revisara con calma y se ofreció a darle seguimiento al tema en caso de que los síntomas de la persona aparecieran nuevamente, el maestro pelinegro agradeció a Shaoran y se despidió de el para dejarlo descansar.

Shaoran iba de camino a su habitación esperando encontrar a Sakura dormida y quedarse un poco acostado con ella, pero la encontró en los pasillos del castillo, se veía muy sonriente.

—Tenia la esperanza de acurrucarme contigo unos minutos —expresó el castaño a modo de saludo.

—Deberás esperar hasta la noche —señaló feliz la castaña, el brillo en sus ojos dejaba ver una sincera alegría, a Shaoran le intrigó esa expresión—. Te dejé el desayuno en tu habitación espero que te guste ―dijo con un tierno sonrojo―. Trata de descansar, te veo en la tarde.

—Si cerezo, gracias —se despidieron y Shaoran le dio un beso en la frente.

La maestra se alejo dando brinquitos por el pasillo, acto que hizo sonreír al castaño, pero estaba intrigado por la actitud de Sakura ¿Qué se traería entre manos su linda flor?

El castaño entro a su habitación todo se encontraba dispuesto para que descansara cómodamente, lo cual dejaba ver que Sakura se había levantado más temprano de lo habitual.

Shaoran tomó la bandeja de su desayuno y se sentó en su mesita baja, al abrirlo el castaño se llevó una enorme sorpresa, en vaporeras de bambú estaban dispuestos varios dim sum(4), sus ojos se iluminaron, Sakura le había preguntado unos días antes sobre su comida china favorita, pero nunca se imaginó que tramara algo.

Al probar el alimento sus papilas gustativas trajeron a su mente las memorias de su país natal, la casa de sus padres, su pueblo, sus tradiciones, faroles rojos en las celebraciones, disfrutó del sabor como hace mucho no lo hacía, justo como el nombre del platillo, los sabores le llegaron al corazón y todo gracias a su pequeño cerezo, el maestro sonrió complacido y enamorado.

Al terminar su delicioso desayuno se fue a dormir un poco, el descanso fue reparador, la noche había sido tranquila así que no estaba tan cansado, cuando despertó ya pasaba de medio día, decidió preparar un poco de té, pero al ir hacia su tetera se dio cuenta que ya no tenía hojas de té verde, por lo que resolvió bajar a la ciudad a comprar unas cuantas, bien podía ir a las cocinas de palacio y pedir un poco, pero le pareció que sería bueno caminar por la ciudad, quizás pudiera comprar algo para agradecer a Sakura el detalle del desayuno.

Se alistó y salió de su habitación rumbo a la ciudad que nunca dejaba de impresionarlo, siempre tan llena de vida, personas por todas partes, él ya era reconocido por la población puesto que solía salir a atender a quien lo solicitara y había realizado varios procedimientos a las personas que les ayudaban a regresar con mayor energía a sus actividades, además se corría el rumor de que estaba comprometido con la maestra Kinomoto.

Al llegar a una de las tiendas cercanas a palacio, identificó a uno de los sirvientes de Ikeda, lo reconoció como Haku.

—Buenas tardes Haku, no sabía que tú hacías las compras del señor Ikeda —comentó el castaño en tono afable, saludando al sirviente— ¿Tu señor ha podido dormir mejor?

—Maestro Li, que gusto saludarlo. Sí, mi señor ha tenido un descanso reparador —aseguró el sirviente, sorprendido de encontrar al maestro Li en la ciudad.

—Me da gusto —comentó Shaoran y se dirigió hacia el estante que tenía las hojas de té que solía consumir, el sirviente abandonó la tienda sin que Shaoran se percatara.

—Maestro Li bienvenido —saludó el dependiente, realizando una reverencia a hacia el médico— ¿Le gustaría probar unas nuevas hojas que acabamos de introducir a la tienda? ―preguntó señalando un cuenco repleto de hojas de té verde.

—¿De dónde las está importando? —cuestionó intrigado el maestro Li.

—Son de una cosecha especial, cultivadas aquí mismo en Edo —explicó el mercader.

—Quisiera llevarme un poco, más las que habitualmente llevo, por favor —solicitó Shaoran, pensó en llevar un poco de té a sus colegas—. Y un poco de té de jazmín.

El mercader surtió lo indicado por Shaoran y le entregó los tres paquetes de hojas de té, notó un aroma diferente en las hojas de la cosecha especial, un aroma de flores era agradable.

El té de jazmín era para Sakura sabía que le gustaba y como agradecimiento por los deliciosos dim sum le llevaría un poco.

Dejó su té de siempre en su habitación, se llevó el té de jazmín y el que le ofreció el dependiente, se dirigió a la arboleda en busca de una flor para llevarle a su hermoso cerezo, cuando a lo lejos pudo ver a Ikeda, quien dejaba una tsubaki(5) rosa en el arbusto de siempre, Shaoran se escondió y esperó a que el consejero se fuera.

Permaneció oculto hasta que el jardín estuvo despejado y aprovechó para acercarse a tomar la flor, esto no le estaba dando buena espina, si era Ikeda el que se comunicaba por medio de las flores nada bueno podía esperar.

Tomó la flor con cuidado, asegurándose de no tener ojos curiosos en el camino, y pudo observar un pergamino en el que se podía leer

"en marcha"

Shaoran no sabía a qué se refería, pero ahora las palabras de Hiragizawa tomaban todo sentido, ese castillo no era más que un tablero de go, en cuanto viera al samurái, le comentaría sobre lo que estaba sucediendo, quizás en la tarde cuando fuera por Tomoyo.

El castaño llegó a la consulta donde se encontraban todos sus colegas quienes estaban atendiendo a varios funcionarios y sus esposas al parecer llegaron con fiebre y hormigueo en las piernas, además había más pacientes esperando ser atendidos, algo que le extrañó mucho, Shaoran dejó la flor para Sakura y el té sobre la mesita sin entregarle nada y se acercó a su prometida.

—¿Qué sucede cerezo? —preguntó intrigado el castaño.

—No lo sé Shaoran han llegado varias personas con síntomas de fiebre y hormigueo en las piernas, además de un poco de dificultad para caminar, pero la enfermedad se va —explicó Sakura―. Es igual que el caso que revisó Takashi, pero los síntomas desaparecen igual que como aparecieron.

—¿Crees que sea una epidemia? —preguntó intrigado el castaño― ¿Qué la podrá estar causando?

—Eso parece, Shaoran —señaló la castaña―. No sé, deberemos interrogar a las personas algo deben de tener en común, quizás han comido algo.

La tarde paso rápido atendiendo a un sin número de personas que llegaban con los síntomas, se les indicó que relataran su rutina y nada parecía diferente, aunque después de la cena llegaron dos familias enteras, sin duda tendrían que estudiar lo que estaba sucediendo, aunque no parecía muy grave, porque los síntomas desaparecían.

Por la noche se extendió un comunicado en el que se indicaba dejar que los síntomas pasaran, en caso de que no sucediera deberían acudir a la consulta, pero era necesario que si tuvieron los síntomas se presentaran a relatar su rutina con los médicos para encontrar la razón de la rara enfermedad.

Los médicos pensaron que se tendrían que quedar toda la noche atendiendo personas, pero no fue así, los pacientes dejaron de acudir, entonces el maestro Tsukishiro se quedó de guardia, prometiendo que si pasaba algo los llamaría.

Las aprendices se retiraron a descansar, Hiragizawa no apareció, a la consulta llegó uno de los sirvientes para escoltar a Tomoyo, explicando que su esposo estaba ocupado con los samuráis.

Sakura y Shaoran se retiraron a descansar, estaban aún cerca de la consulta cuando se toparon con Haku el sirviente de Ikeda.

—Buenas noches, maestros —saludó el sirviente

—Buenas noches, Haku —saludo Shaoran y Sakura solo hizo una leve inclinación de cabeza.

Los castaños no prestaron mucha atención a la presencia del sirviente, estaban cansados fue una tarde llena de trabajo, al llegar a sus habitaciones se detuvieron frente a la puerta de Sakura.

—¿Tu habitación o la mía? —preguntó el castaño, mirando con cariño a su prometida.

—Me gusta más dormir en tu habitación, es muy cómoda la cueva del lobo —expresó coqueta la castaña—. Solo voy a cambiarme y te alcanzo.

Shaoran entró a su dormitorio y comenzó a disponer todo para dormir, se colocó su nemaki verde, ese que en días pasados cubría el hermoso cuerpo de su prometida, recordó la imagen de Sakura, con el kimono todo desarreglado, tendida en su futón totalmente sonrojada y un escalofrío recorrió toda su espalda, agitó su cabeza para tratar de disipar la imagen de la esmeralda, trató de pensar en otras cosas, preparó un poco de té, para conversar con su prometida.

Cuando llegó la castaña vestía su nemaki blanco con pétalos de flores, se acercó a Shaoran y lo abrazó con ternura, por la espalda, el castaño se giró para poder cubrirla con sus brazos.

—Cocinas delicioso, mi desayuno fue un manjar, me hizo rememorar mi país, muchas gracias Sakura —dijo Shaoran mirando a la castaña con ojos de amor, Sakura solo atinó a sonreír y sonrojarse.

—Espero que te haya gustado —expresó Sakura un poco tímida—. No lo hice yo sola, me ayudaron en las cocinas a realizarlo, la próxima vez me esforzaré para prepararlos sola.

—Estoy seguro de que quedaran aún más deliciosos, no puedo esperar para comerlos —aseguró el lobo, Sakura solo negó con la cabeza.

—Gracias por mi flor y mi té —comentó Sakura sonriente.

—Ni siquiera te los pude entregar como se debe, por tantos pacientes ―recordó Shaoran y colocó una mano detrás de su cabeza, había olvidado por completo entregarle sus regalos de agradecimiento.

—No te preocupes, ví cuando los dejaste en mi mesita —confirmó la castaña y se puso de puntitas para besar a su prometido, quien se inclinó un poco y acepto el beso, la tomó por la cintura, con uno de sus brazos, mientras que con su mano libre pasó sus dedos por su lindo cabello castaño y colocó su mano en la nuca de Sakura para profundizar el beso.

Como en todas las ocasiones que sus labios se encontraban, una corriente eléctrica los invadió y no hizo otra cosa más que unirlos, una vez mas sus almas comenzaron a reaccionar despertando de su profundo sueño, sus corazones en sintonía los llenaban de calidez y de ese sentimiento llamado amor que ya se había instalado en cada fibra de su ser y los invadía de pies a cabeza.

Era una sensación magnética, los atraía hasta quedar sumergidos en una corriente tranquila, que los invitaba a disfrutar, a dejar abiertos sus cinco sentidos, para percibirse enteros, motivándolos a descubrirse y a memorizarse.

Shaoran la tomó con sus dos manos por las mejillas, mientras que ella lo seguía abrazando, el beso que compartían comenzó siendo muy lento y pausado, justo como el primero que habían experimentado, las memorias regresaron a los maestros, esa noche mágica de primavera, teniendo como cómplices a las estrellas, la luna y las flores de cerezo danzando a su alrededor, en esa ocasión se reconocieron por primera vez y se quedaron prendados uno del otro por la eternidad y justo así como en aquel momento disfrutaron sin prisa de los labios del otro, dejando ir pequeños suspiros.

Despacio y sin prisas el contacto fue escalando en intensidad, el castaño movió una de sus manos lentamente desde la mejilla de Sakura, pasando por su cuello, sus hombros, recorrió su espalda hasta posicionarse en su cintura, para aferrarla a su cuerpo, mientras los dedos de Shaoran iban recorriendo su camino hacia la cintura de su prometida, ella solo podía sentir el rose que la hacía trepidar, acompañado de una corriente eléctrica que impulsaba su sistema nervioso, hasta el último rincón de su piel haciendo revolotear las mariposas en su vientre y provocando que varios jadeos escaparan de sus labios, mismos que morían en los labios inquietos de Shaoran.

Sus almas, como en la ocasión anterior también estaban participando en esa danza lenta, pero llena de sentimiento, el hilo rojo del destino los tenía sujetos, sin opción a liberarse, pero ellos tampoco tenían necesidad de hacerlo, querían enredarse aún más en ese filamento carmesí, hasta quedar presos por la eternidad, adorándose por siempre, tal como sabían que el ser elemental de cada uno se debía al otro y se entregaba sin reservas, desde el inicio de los tiempos y hasta el fin de los mismos, era una certeza que los acompañaba al sentirse más allá de las caricias y los besos, no había forma de explicar esa verdad, simplemente era una situación que no estaba a discusión.

El ímpetu del contacto estaba subiendo poco a poco, en esta ocasión fue Sakura quien exploraba con vehemencia los labios de Shaoran, el lobo ni siquiera lo pensó para brindarle el acceso necesario, ambos comenzaron a jugar con movimientos armoniosos de sus lenguas, degustándose como si de un dulce exquisito se tratara, paladeando cada rincón, la herida del labio del médico casi había sanado, Sakura le dedicó especial atención a ese pequeño espacio en los labios de su prometido, lo agasajó con pequeños y tiernos besos.

Ahora comprendía que esa lesión era símbolo de bondad en la forma de ser de Shaoran, a su manera particular se preocupaba y actuaba en favor del bienestar de las personas, Sakura solo podía enamorarse más de aquel hombre, que a primera vista parecía ser demasiado serio y reservado, pero la verdad era que tenía un corazón de oro.

Lo amaba profundamente y con todo su ser, estaba segura de ello, su cuerpo entero reaccionaba con cualquier pequeño contacto, su corazón palpitaba desesperado con solo una mirada de esos ojos color ámbar o una sonrisa de esos labios perfectos, esa voz profunda y grave con ese peculiar y hermoso acento, que le decía palabras de amor, que la apoyaba en todo momento y que siempre estaba ahí para ella, con la frase correcta para hacerla sonreír o sonrojar, o con esa conversación relajada que solía tornarse interesante y reflexiva, el hombre que movía su mundo con solo aspirar su fragancia.

Esos brazos fuertes que eran su mejor refugio, estando entre ellos sentía que podía contra todo, estaba protegida, amada, calientita y sumamente cómoda, si apoyaba su oído en el pecho del castaño podía escuchar ese corazón enérgico latir, un sonido fascinante, porque era el que le daba vida al hombre que amaba.

Las manos de Sakura se dirigieron al cabello de su prometido y lo revolvieron lentamente, aquel contacto fue totalmente satisfactorio para el castaño, le gustaba sentirse mimado por Sakura, el lobo coloco ambas manos en la pequeña cintura de su cerezo encontrándose con el obi de su kimono, las manos del castaño adquirieron vida propia y aflojaron solo un poco los nudos de la prenda.

Sakura sintió como su kimono se encontraba un poco más holgado y no pudo hacer otra cosa mas que ruborizarse hasta la coronilla y mirar a Shaoran con sorpresa, quien le respondió con una sonrisa ladeada y un poco de carmín en sus mejillas, el médico quería concretar lo que interrumpieron hace pocos días, estaba ansioso, pero si la castaña no lo deseaba el estaba dispuesto a esperar, aunque estuviera al borde de la locura.

Shaoran la miraba con total adoración, tratando de transmitirle eso que sentía tan vivo, tan abrazador, ese amor profundo que lo tenía en éxtasis.

Sakura tenía que aceptar que al sentir su kimono ya no tan ajustado fue presa del nerviosismo, pero no quería parar, estaba ansiosa por seguir, por dejarse llevar, se sentía segura de los sentimientos que Shaoran le profesaba y de los sentimientos que ella albergaba para el castaño.

Shaoran volvió a los labios de Sakura quien los recibió gustosa, ella estaba disfrutando de los besos del castaño, las caricias en su espalda no paraban, él dibujaba círculos sobre su columna, el lobo entendió el mensaje al no percibir ningún signo de protesta y siguió avanzando, hasta que ella le dijera que se detuviera iba a seguir, quería descubrirla entera.

Shaoran se inclinó aun mas tomando posesión del cuello de la castaña, besándolo con parsimonia, embriagándose con su aroma a flores, daba pequeñas mordidas y volvía besarlo, la respiración de la castaña se comenzaba a entrecortar, estaba disfrutando demasiado de los besos en su cuello, ese contacto se había vuelto su debilidad desde la vez anterior, el nombre de su prometido salía de sus labios por medio de pequeños gemidos entrecortados, que el castaño interpretó como una invitación a continuar.

Shaoran sentía como la mujer entre sus brazos se estaba dejando llevar y guiar por él, lo cual lo hacia sentir increíble, deseaba recorrerla toda, lograr mas jadeos, llevarla al cielo y llegar con ella al paraíso, en muchas ocasiones Shaoran había leído sobre el Ching Qi(6), él pensaba que en el pasado lo había sentido, pero estaba en un total error, en esos momentos lo estaba experimentando y era majestuoso, solo Sakura sabia como lograr esa energía.

Sakura era el Yin, el agua que fluye y Shaoran era el Yang, el fuego que abraza, cosmológicamente iguales pero complementarios, unidos por los tres tesoros de la vida, Shen el espíritu, regido por las funciones psíquicas y espirituales que permiten el funcionamiento del organismo, Jing la esencia, la energía propia de la persona y Qi el material que permite la creación de la vida y el universo. Emocionalmente armonizando el amor entre hombre y mujer y espiritualmente proporcionado una unión tangible entre la pareja y el Tao(7).

—Te amo Sakura —confesó Shaoran en un pequeño y grave ronroneo dejando un beso en el lóbulo de su oreja—. No sabes cuánto te deseo ―reveló sincero.

Los ojos de la castaña se abrieron de sobremanera, se miraron fijamente, las pupilas de Shaoran estaban extendidas y su iris cambiaba a ese dorado líquido y las esmeraldas de Sakura brillaban hermosas y enamoradas, la determinación llegó a la maestra, sabía que no se arrepentiría.

—Te amo Shaoran, quiero que seamos un solo ser —confesó tímidamente la esmeralda.

—¿Estás segura? —cuestionó el lobo con una voz demasiado grave, Sakura asintió, el carmín que invadía sus mejillas la hacía ver preciosa.

Shaoran no esperó más y la tomó en sus brazos dejándola con cuidado sobre el futón y comenzó nuevamente a besarla, bajo despacio por su cuello y comenzó a deshacer los nudos del obi, del kimono de la castaña.

Sakura se armó de valor y bajo sus manos hasta el obi del kimono de Shaoran y también comenzó a desbaratar los nudos, acto que sorprendió al castaño tiñendo sus mejillas de carmín y la miró a los ojos, Sakura solo pudo dedicarle una sonrisa traviesa.

—Cerecita juguetona —señaló Shaoran quien también le dedicó una sonrisa traviesa―. Soy tuyo has conmigo lo que te plazca ―dijo guiñándole un ojo, Sakura solo se sonrojó más y asintió.

El medico comenzó a quitar la tela que le estorbaba para besar los hombros de la castaña, retiraba poco a poco el kimono, comenzó a besar bajando hasta el nacimiento de sus pechos, Sakura abría un poco la parte de arriba del kimono de su prometido, teniendo acceso a su torso y su abdomen marcado, la maestra recorrió sus músculos disfrutando del contacto de su piel, la tibieza que recordaba seguía ahí, la piel de Shaoran se erizaba como la vez anterior, pero ahora el lobo no la detuvo, le gustaba que su flor participara, iba a permitir que lo enloqueciera, pero planeaba que ella perdiera la razón antes que él.

Sakura recorría esos relieves resultado de las artes marciales, ese cuerpo fuerte de su prometido era tan seductor, respiraba profundo para involucrar a todos sus sentidos, ese aroma delicioso y varonil siempre la dejaba aturdida, el corazón de ambos latía desbocado, la maestra podía sentir el de Shaoran al posicionar sus manos en el pecho del castaño.

Entonces Shaoran abrió con cuidado la parte de superior del kimono de su prometida como si estuviera descubriendo un tesoro, dejando expuestos sus perfectos pechos, los cuales observó con ensoñación, haciendo sonrojar a Sakura.

La visión que tenía el médico ante sus ojos era insuperable, el cabello de la castaña caía desordenado sobre su almohada, sus ojos verdes brillantes, sus mejillas eran adornadas por el color carmín, sus labios estaban rojos y un poco inflamados por los besos, su piel blanca estaba expuesta gracias a que su kimono estaba abierto hasta la cintura, mostrándole lo bella que era.

—La más hermosa de todas las flores, la diosa de las flores —atinó a decir el médico, mientras la contemplaba con adoración y profundo amor, Sakura también lo miró de la misma manera, estaban tan enamorados que no lo podían creer, todo era tan perfecto.

Shaoran fue directo hacia la sinuosidad de su pecho derecho y lo cubrió de besos mientras que el izquierdo era acariciado por una de sus manos, los atendió con especial cuidado, recordando que Sakura era una flor delicada y fragante, posteriormente cambió de posición para disfrutar de ambos, la espalda de Sakura se arqueaba con el contacto del chino, mientras que sus labios decían una y otra vez el nombre del castaño por medio de jadeos, esa danza cadenciosa que provocaba la respiración de la maestra era la debilidad del lobo, dejándolo desarmado y delirante.

Entonces Shaoran fue bajando por su abdomen cubriendo de dulces besos toda su piel, centímetro a centímetro, el contacto con esa dulce y suave piel era su perdición su corazón latía sin control.

Sus almas danzaban enamoradas, profesándose devoción de por vida, se reconocían como una sola, pero al mismo tiempo eran independientes, y al estar juntas eran fuertes, invencibles, inseparables, destinadas a encontrarse, a amarse y protegerse, a disfrutarse perpetuamente.

—Quiero que mis labios te memoricen entera —confesó el médico, mientras seguía repartiendo dulces besos por toda la piel de la castaña, iba y venía desde su cuello hasta su abdomen, por su parte Sakura estaba desesperada, todo era tan intenso, tan apasionado, sublime.

Sakura aprovechó que Shaoran se incorporó un poco para bajar en su totalidad las mangas de kimono del médico y dejar expuesto en su totalidad su torso definido y su fuerte espalda, algo a lo que el castaño no se negó, dejó que las pequeñas manos de Sakura quitaran la tela que estorbaba, la castaña recorrió a placer los relieves del pecho de su prometido que subían y bajaban resultado de su respiración acelerada.

Entonces Shaoran la abrazó disfrutando del contacto piel con piel, era una sensación exquisita, que les transmitía calidez, chispas de energía, pequeñas y dulces convulsiones.

Se quedaron así un poco, disfrutando de las reacciones de sus cuerpos que estaban en total sintonía con lo que su corazón les decía, con la danza de sus almas y con la esencia pura del universo.

Se volvieron a besar, esta vez el beso era más demandante, más exigente, ambos tenían hambre del otro, querían devorarse despacio para disfrutar de cada caricia, de cada rose, de cada beso, las sensaciones que estaban experimentando eran nuevas y emocionantes. Querían mas y más cada vez, el calor abrazador que nacía en sus vientres se dispersaba hasta la última célula de su cuerpo, Sakura hacía que Shaoran experimentara el cielo, mientras que ella estaba gozando de la gloria envuelta entre los brazos del ambarino, devorada por los labios de ese lobo hambriento.

Nuevamente Shaoran recorrió su camino favorito desde los labios de la castaña hasta su hermoso vientre plano, dejando besos y pequeñas mordidas, que causaban cosquillas en Sakura.

El castaño fue poco a poco acariciando cada centímetro de piel, quitó las mangas del kimono de su cerezo, y deshizo en su totalidad el nudo de su obi, quedando su kimono abierto, Sakura solo estaba cubierta por su koshimaki(8), él también retiró su kimono para estar en igualdad de condiciones.

Miró a Sakura con profundo amor solicitando autorización para seguir, la castaña lo observó enamorada y mirando esos ojos dorados asintió con una sonrisa que terminó en una pequeña mordida de su labio inferior, el lobo no pudo evitar un gruñido de éxtasis, ahí estaba ese gesto otra vez, esa mujer no tenía piedad de él.

Comenzó a deshacer los nudos del koshiomaki hasta liberar la prenda por completo y dejando a su hermosa yosei totalmente expuesta, la visión hizo estragos en el cuerpo de Shaoran, quien tragó pesado y comenzó a besar las piernas de la esmeralda con seducción, ella no podía parar de gemir, el seguía en su labor, memorizando con sus labios la piel de seda de su diosa, porque desde ahora Sakura no podía ser algo mas que su deidad personal, la mujer que adoraría por el resto de su vida.

Sakura una vez mas no se quiso quedar atrás y comenzó a deshacer los nudos del koshiomaki de Shaoran, dejándolo expuesto también, la castaña se sorprendió por el estado en el que se encontraba su lobo, sin duda estaba famélico, ese hombre era un dios en la tierra, porque no podía explicarse de otra manera ese cuerpo, esos ojos, esa voz, su sonrisa, el cabello, esa inteligencia, ese corazón, ese amor tan profundo que le profesaba.

El castaño le dedicó una sonrisa sugerente, mientras separaba un poco las piernas de la castaña, se acercó a su parte más sensible y dejó un sin número de pequeños besos, que hicieron a Sakura tocar el cielo con las manos varias veces, mientras respiraba con dificultad, sus labios no dejaban de decir una y mil veces el nombre del hombre que era responsable de todas aquellas sensaciones, Shaoran no pudo dejar de disfrutar del néctar de su flor de cerezo.

Shaoran se incorporó hasta quedar a la altura de los labios de su amada y comenzó a besarla con ímpetu, con pasión, con hambre, cruzaron miradas, las pupilas de ambos estaban dilatadas, los ojos de Sakura brillaban más que las estrellas y los ojos de Shaoran destellaban como el sol.

—Si te molesta, dime y me detengo —explicó el castaño.

—No te detengas, no ahora ―pidió desesperada Sakura, no había vuelta atrás ella le pertenecía.

Entonces el lobo se posicionó entre las piernas de la castaña y se unieron despacio en un solo ser, él trató de ser muy cuidadoso para no lastimarla, una pequeña lágrima brotó de uno de los ojos de Sakura, dolió un poco, pero Shaoran esperó hasta que se acostumbrara a él, Yin y Yang destinados a estar juntos por la eternidad.

Sakura comenzó a moverse y Shaoran la siguió con cuidado, el dolor desapareció transformándose en una sensación totalmente placentera, una vez mas pequeños gemidos escapaban de los labios de Sakura, ambos castaños llegaron al paraíso varias veces en esa noche, se amaron y disfrutaron de la mejor sensación que jamás habían experimentado, hasta caer exhaustos en un sueño profundo, abrazados, sonrientes, enamorados y totalmente entregados.

La danza de sus almas los siguió todo el tiempo confirmando su amor profundo, su confianza mutua, su dulce destino.

Continuará…


Notas de la autora:

1 Ginkgo. Árbol de los cuarenta escudos o nogal del Japón es un árbol único en el mundo

2 Hanfu. Ropa tradicional usada en China

3 Haori. Es una chaqueta tradicional japonesa que cae a la altura de la cadera o los muslos, de forma similar a un kimono

4 DimSum. Es una comida cantonesa liviana que se suele servir con té. Se come en algún momento entre la mañana y las primeras horas de la tarde. Contiene combinaciones de carnes, vegetales, mariscos y frutas. Significa algo así como "que toca el corazón"

5 Tsubaki. Es la palabra japonesa para camelia, conocida como la flor del amor perfecto

6 Ching Qi. Energía sexual, según la medicina tradicional china

7 Tao. La esencia primordial o el aspecto fundamental del universo, es el orden natural de la existencia, que en realidad no puede ser nombrado, en contraste con las incontables cosas "nombrables" en las que se manifiesta

8 Koshimaki. Ropa interior que va debajo de los kimonos

Hola preciosos lectores, aquí estamos un sábado más, en esta aventura en Japón feudal, ¿Qué onda con el general Daidouji? ¿Cómo es eso de que Eriol no tiene voz ni voto con el destino de sus retoños?

Luego ese par desbordando testosterona, arreglando las cosas a puño limpio, pero felices de la vida jajaja, he de confesarles que esa escena no me convencía, pero en mi defensa cuando la escribí, el señor lobo tomó posesión de mis dedos y comenzó a golpear a Eriol, jajaja yo tengo la sospecha de que solo era un pretexto para desquitarse con alguien porque lo interrumpieron, en el capítulo pasado, XD ajá si querías tranquilizar a tu amigo, pretextos.

¿Qué onda con la enfermedad del pueblo? ¿y los mensajes de Ikeda para quién son?

Ahora si sonrojo máximo por la última escena, ya había escrito escenas de besos apasionados, pero nunca concluían en nada, pero ahora sí, le puse todo mi kokorito, espero que les haya gustado, a mí me dejó con cara de boba varias veces, soñando despierta.

Como siempre mi total agradecimiento para Kirara96 señorita usted se ha ganado el cielo 😊 mil gracias por el apoyo, por tu tiempo y tanta cosita linda que haces por esta historia.

Gracias lindos lectores, por estar pendientes de la historia, por dejar sus comentarios, teorías, comentarios graciosos, amo leerlos y sus estrellitas llenan mi corazón de felicidad.

Bueno ahora si me despido, como siempre deseándoles mucho éxito en todo lo que se propongan, cuídense mucho y nos leemos la próxima.

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