Los recuerdos de Andy mostraron a Quynh en el desierto. Sola y sin nada. Quynh se había dado por vencida y eligió esa manera para lidiar con su dolor. Quería que el desierto pudiera terminar con ella de una vez por todas, que de tanto morir pueda hacerlo definitivamente.

Andy había tenido conversaciones sobre Quynh con Lykon, pero él no soñaba con ella. Sólo había soñado con su primera muerte, y luego los sueños para él se habían detenido. Ninguno de los dos entendía el motivo y cómo ella no podía descifrar dónde estaba Quynh, no podían ir por ella. Hasta ese momento. Ver que la otra mujer se había dado por vencida y se estaba sometiendo a ella misma a quedarse en medio del desierto, la hizo activar. Era hora de encontrar a Quynh.

Tengo que ir por la mujer de mis sueños, ella se ha dado por vencida con la vida y no puedo permitir que eso suceda. — Informó Andy a Lykon. — ¿Quieres venir conmigo o te quedas? — Le dio a elegir.

Esta guerra continúa, no puedo irme antes de que termine, no quiero abandonar a los demás soldados que pelean conmigo. — Respondió él.

Lo entiendo. — Asintió ella.

¿Volverás? — Pidió saber él, con algo de temor porque nunca se habían separado desde que se habían conocido.

Por supuesto. — Aseguró ella. — Una vez que la encuentre, vendremos a buscarte. — Le dejo saber.

¿Y cómo me encontrarás? El mundo es grande. — Dijo él, todavía algo intranquilo con la situación.

Sencillo, te encontraré donde quiera que esté el ejército de Alejandro Magno. — Dijo ella con seguridad.

Te amo hermana. — Dijo él y la abrazó con fuerzas.

Yo también te amo hermano. — Dijo ella, correspondiendo el abrazo aún con más fuerzas.

Andy se despidió de Lykon y se fue en búsqueda de la mujer de sus sueños. Ella había podido identificar una de las últimas ciudades donde la otra mujer había estado, ya que en uno de sus sueños había dicho el nombre: Turkestán.

Fue hacía esa ciudad, y una vez allí averiguó cuál era el desierto más cercano.

Después de varios días de recorrer el desierto y morir deshidratada una vez, decidió dejar a su caballo en un oasis que encontró y continuar a pie. Ella no quería someter a su caballo a morir. Ella podía revivir, su caballo no.

Continuó recorriendo el desierto a pie. Murió un par de veces más por deshidratación, por insolación y por hambre. Pero finalmente encontró a la mujer de sus sueños.

La mujer estaba acostada en la arena y estaba dormida. Andy la despertó. Se miraron por un largo rato en completo silencio, hasta que Andy le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie.

Soy Andromache the Scythian. — Se presentó Andy.

Soy Quynh. — Se presentó Quynh.

Vamos, creo que nos va a venir bien a ambas salir del desierto. — Propuso Andy.

Andy comenzó a caminar y a los segundos Quynh se unió a ella. Caminaron lado a lado.

— Andromache me salvó ese día. — Dijo Quynh, emocionada al observar el recuerdo. — Pensaba que estaba loca, que mis sueños no significaban nada. Y de pronto apareció ella, y sabiendo hablar vietnamita antiguo. Creí que era una diosa. — Relató, necesitando expresar sus emociones.

— ¿Cómo sabía hablar vietnamita antiguo? — Preguntó Nicky con curiosidad. — A Joe y a mí nos llevó mucho tiempo entendernos y aprender el idioma del otro. — Dijo, dedicándole una pequeña mirada llena de amor a Joe.

— Me dijo que desde que empezó a verme en los sueños comenzó a investigar, hasta que pudo identificar mi idioma en un libro y decidió aprenderlo para poder comprender lo que soñaba. — Respondió Quynh, logrando emitir una pequeña sonrisa ante eso.

Los siguientes recuerdos mostraron a Quynh y Andy caminando por el desierto. En un punto Quynh cayó a la arena, totalmente agotada, y Andy la cargó en su espalda. Andy murió un par de veces, pero siempre que revivió siguió camino, cargando a Quynh.

— ¿Qué es lo que Andy te decía cada vez que despertabas? — Preguntó Joe a Quynh.

— Que resista. — Respondió Quynh.

Las imágenes mostraron cuando ellas llegaron al oasis y pudieron recargar energías, y recuperar el caballo de Andy. Después de eso salir del desierto fue sencillo.

Andy y Quynh estaban viajando para ir al encuentro con Lykon. Se habían detenido por la noche a descansar. Hicieron un fuego y se rieron mientras compartían historias.

Estaban durmiendo, cuando algo despertó a Andy. Había otras personas con ella, pudo sentirlas. Abrió apenas los ojos y divisó a cinco hombres. Esperó unos segundos y entró en acción. Se levantó y enfrentó a los otros cinco hombres. Tuvo que hacerlo con sus puños porque la espada que tenía no estaba a su alcance, estaba en su caballo.

Antes de que Quynh terminara de despertar, Andy había matado a los tres hombres y había logrado que la hirieran bastante, había sangre por todos lados.

¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué no me despertaste para que te ayude? — Le preguntó Quynh, mientras las heridas de la otra se cicatrizaban.

Porque quería protegerte. — Respondió ella, como si fuera obvio.

¿Y a vos quién te protege? — Le reprochó Quynh.

Yo puedo protegerme sola. — Dijo ella poniéndose seria.

Podrás hacerlo sola, pero todos necesitamos alguien que lo haga por nosotros de vez en cuando. — Dijo Quynh con convicción. — Me dijiste que a partir de ahora éramos un equipo, y en los equipos nos cuidamos entre todos, nadie se sacrifica en solitario. — Le recordó.

De acuerdo, a partir de ahora moriremos juntas. — Aceptó ella, después de dar un largo suspiro.

Moriremos y viviremos juntas. — Agregó Quynh. — Somos vos y yo. — Dijo a modo de promesa.

Hasta el final. — Prometió ella.

Después de eso, las imágenes de los recuerdos de Andy volvieron a cambiar. Ahora empezaron a mostrar imágenes de batallas donde peleaban los tres juntos: Lykon, Quynh y ella. Por un par de días eso fue todo lo que pudieron ver, a los tres juntos en batallas, luchando y dando la vida para proteger a inocentes y para protegerse entre ellos.

Al parecer esa era la costumbre y dinámica que tenían según las memoria de Andy. Los tres eran inmortales, pero estaban dispuestos a dar la vida por los otros si eso implicaba que no sufrieran. Todos sabían que las heridas y muertes en batalla dolían, así que intentaban evitar que los otros tuvieran que pasar por ellas. Preferían soportar el dolor en ellos, antes que lo tuviera que soportar alguno de los otros.

— Supongo que todavía no habían aprendido el "siempre voy primero" de Andy. — Comentó Booker, notando la diferencia en la dinámica.

— Y pensar que ni siquiera siendo mortal podemos convencerla de lo contrario. — Agregó Joe, sacudiendo su cabeza al pensar en lo cabeza dura que era Andy.

Todos sabían lo que había hecho que Andy decidiera ser quien siempre iba primero, su alma protectora. Después de la muerte de Lykon y la pérdida de Quynh, lo único que la hacía no tener ansiedad en las misiones era ir primera. De esa manera sentía que podía cuidarlos, que podía proteger el tiempo que ella tenía con ellos.

— La extraño. — Confesó Quynh, sorprendiendo a todos.

— Estás con ella hace un año. — Le recordó Joe.

— Pero no estamos de la misma forma. — Dijo Quynh, negando con su cabeza. — Mi tortura no fue solamente estar bajo al océano y morir una y otra vez ahogada, mi tortura también fue extrañarla cada momento. — Admitió lo que sentía.

— Ella también te extraño, no hubo momento en que no lo hiciera. — Aseguró Nicky.

Los recuerdos de Andy continuaron mostrando batallas. Hasta que llegó la muerte de Lykon.

La batalla fue larga e intensa. Una vez que terminó Andy comenzó a ayudar a los heridos. De pronto, Quynh llamó su nombre desesperada. Andy fue hacia ella y observó lo que la tenía en ese estado. Lykon estaba derrumbado en la hierba y sus heridas no estaban sanando. Andy se arrodilló a su lado, examinó sus heridas y comenzó a intentar controlar la pérdida de sangre.

Esto es imposible. — Dijo ella, mientras con sus manos intentaba detener la sangre.

Todo lo que vive muere. — Dijo Lykon.

Pero nosotros no, nosotros no morimos. — Le recordó ella, varias lágrimas cayendo de sus ojos ante la inmensa tristeza que sentía.

Te amo. — Dijo él y le agarró las manos para que dejara de tapar sus heridas.

Yo también te amo. — Dijo ella. aferrándose a sus manos con fuerzas.

Es mi hora, déjame ir. — Pidió él.

Andy le dio un beso en la frente para demostrarle todo el amor que le tenía. Lykon cerró los ojos y no volvió a abrirlos. Lykon murió.

La muerte de Lykon le partió el corazón en mil pedazos. Lykon era su hermano y no sabía cómo iba a hacer para vivir sin él. No podía soportar la idea de que lo que habían pensado que iba a ser eterno, al final también tuviera un fin.

Cuando se hizo de noche y no pudo soportar más el dolor que sentía, agarró su daga y se la clavó en su cuello. Y así continuó haciéndolo varias veces, hasta que Quynh la detuvo.

Basta, por favor Andromache, basta. — Pidió Quynh, quitándole la daga y tirándola lejos de ella.

No es justo que Lykon haya muerto, no puedo soportarlo. — Dijo ella, entre sollozos.

Lo sé, y yo también estoy triste por su muerte. — Coincidió Quynh, sentándose a su lado. — Pero la muerte es parte de la vida. — Le recordó.

¿Por qué él? ¿Por qué Lykon y no yo? — Cuestionó ella con un gran dolor. — Yo soy la más vieja, yo tendría que haberme ido primero. Él se merecía más tiempo. — Dijo, su voz sonando cada vez más quebrada.

Yo tampoco sé porqué pasa todo esto que nos pasa, pero somos vos y yo, ¿No? — Dijo Quynh, con una mezcla de tristeza y miedo.

Hasta el final. — Prometió ella.

Se abrazaron y lloraron hasta quedarse dormidas.

Los recuerdos de Andy cambiaron y dejaron de mostrar batallas por un tiempo. Al parecer, después de la muerte de Lykon, ella y Quynh habían decidido hacer un poco de vida más tranquila. Las siguientes muertes que pudieron observar fueron salvando personas en derrumbes, incendios e inundaciones; peleando ladrones que robaban a personas pobres y peleando hombres que no comprendían que dos mujeres estuvieran juntas y no quisieran la compañía de un hombre.

También hubo recuerdos de una isla. Allí eran enviadas todas las personas que tenían lepra. Los recuerdos de Andy mostraban como ella y Quynh habían asistido y ayudado a esas personas. Les llevaban comida y los cuidaban. Ambas murieron una vez por la enfermedad, pero luego no volvieron a contagiársela.

Después de un tiempo, volvieron al continente y comenzaron a viajar otra vez.

Estaban en Judea. Quynh quería conocer esa ciudad porque su padre siempre le había hablado de ella, había sido una de sus ciudades favoritas para realizar sus viajes de comercio.

Quynh estaba visitando un templo del que su padre siempre había hablado, así que Andy la estaba esperando fuera. Mientras lo hacía observó cómo un hombre relataba una parábola y cada vez se juntaba más gente a su alrededor a escucharlo. De pronto, vio que un guardia iba a herirlo o matarlo por sus espaldas. Ella reaccionó velozmente y recibió el espadazo que iba dirigido al hombre.

Eso llamó la atención de un par de guardias y se llevaron preso al hombre que había realizado el ataque. Andy se escondió en un callejón, para no llamar mucho la atención mientras sus heridas se curaban-

Tu herida sanó. — Dijo el hombre sorprendida al que ella había salvado.

Si. — Afirmó ella.

Miró a sus alrededores y pudo dar cuenta que el extraño estaba solo. Eso la hizo tranquilizar.

¿Eres una diosa, como mi padre? — Pidió saber él.

No, no soy una diosa. — Negó ella. — Simplemente soy alguien que no puede morir. — Explicó con simpleza.

Eso suena solitario. — Comentó él, asimilando la información.

Lo es. — Asintió ella. Ahora tenía a Quynh, pero antes había pasado mucho tiempo sola y habían perdido a Lykon.

Soy Jesús de Nazareth. — Se presentó él.

¿El revolucionario que anda predicando que todos los hombres son iguales? — Preguntó ella con curiosidad.

Ese mismo. — Asintió él.

Un gusto, yo soy Andromache the Scythian. — Se presentó. — ¿Puedo hacerte una pregunta? — Dijo ella, después de que compartieron un largo silencio.

La que quieras. — Aceptó él.

¿Qué piensas qué sucede cuando una persona muere? — Preguntó ella, pensando en Lykon.

Se encuentran con mi padre y van al cielo, al paraíso eterno. Allí no hay más dolor, ni tristeza, ni odio. Solo hay cosas buenas y te reencuentras con quienes ya se han ido de esta tierra. — Explicó él.

Eso suena lindo. — Asimiló ella. — Me gustaría poder creerlo. — Dijo con cierta tristeza.

Puedes creer todo lo que quieras, solo tienes que intentarlo. — Aconsejó él.

¿Piensas que las personas que han cometido errores y han pecado también van al cielo? — Preguntó ella.

Si. — Contestó él sin siquiera dudarlo. — Todo pecado puede ser perdonado si la persona está en verdad arrepentida. — Agregó.

Pero mi lista es larga. — Dijo ella pensativamente.

Todos cometemos errores Andromache, lo importante no es la cantidad sino lo que hacemos para remendarlos. — Explicó él con sabiduría. — Y no nos conoceremos, pero puedo notar que tienes un buen corazón. — Expresó su opinión.

Gracias. — Agradeció élla.

Quynh los encontró en el callejón y regañó a Andy por haberla hecho preocupar. Se despidieron de Jesús y se fueron.

Los siguientes recuerdos mostraron como Andy y Quynh dedicaron muchos años de sus vidas a comprar esclavos para así poder otorgarles su libertad. Ellas compraban sobre todo esclavas mujeres, niñas y niños, y luego les compraban su título de persona libre.

Los recuerdos también volvieron a mostrar batallas. Andy y Quynh volvieron a su vida de guerreras. Las imágenes de batallas duraron un par de días, ya que habían pasado largos siglos peleando juntas y los recuerdos de Andy estaban repletos de ello. Juntas pelearon en distintas guerras: la guerra del peloponeso, las guerras médicas, las guerras sicilianas y las guerras latinas. Murieron muchas veces, pero siempre volvieron a la vida y continuaron luchando.

Todo estaba en su memoria. Cada muerte que había superado regresando a la vida y cada muerte que había causado. Morir y matar, esos eran grandes traumas.

Hasta que de pronto, las imágenes de los recuerdos cambiaron una vez más. Andy soñó con dos hombres que se mataron el uno al otro y ambos revivieron.

Finalmente llegó el momento de Joe y Nicky.