BONUS WEEK -

Día 31 / primera nevada

Ichigo y Rukia se quedan rezagados en rukongai después de una misión y toman refugio en una vieja cabaña, cuando comienza una nevada inesperada, así que Rukia sugiere que compartan calor (Lemon)


El clima estaba helado, salía vaho de las bocas la pareja que caminaba por el bosque.

— Hace frío, ¿no crees, Rukia?

— Si quieres te puedo calentar, Ichigo— Ella lo miraba traviesa.

Al joven se le enrojecieron sus mejillas al saber lo que su compañera realmente sugería.

— Preferiría que mejor encontraramos refugio.

— Mentiroso— murmuró Rukia—, de acuerdo, pero me dejarás atender tus heridas.

— Si me dejas atender las tuyas— Ahora era él que sonaba travieso, porque él se aseguró de que ella no tuviera ninguna herida durante la misión rápida al Rukongai en la que se encontraban.

— ¡C-cállate!— Dijo Rukia con sus mejillas rojas.

Ellos se encontraban en medio del distrito siete, atendiendo una emergencia de hollows que atacaron, tuvieron que evacuar a los pobladores. La misión la concluyeron fácilmente, como siempre, pero Ichigo recibió un golpe en las costillas y necesitaría tratamiento con kidoh porque el maldito hollow, aunque no era particularmente fuerte, era muy escurridizo.

— Mira— Ichigo señaló en dirección de una cabaña, aún estaban lejos de la parte poblada del distrito, tampoco tenían las fuerzas para usar shunpo hasta el poblado más cercano.

— Podemos tomar refugio ahí— Dijo Rukia al ver que Ichigo temblaba un poco por el frío.

La cabaña estaba muy bien, se notaba que era de alguna de las familias de almas evacuadas por lo bien adornada que estaba, había, trastes, comida y un futón tamaño matrimonial, entre otras cosas, aunque algunas de las puertas del engawa quedaron dañadas por las prisas de huir de los hollows.

— Deja enciendo una fogata— Dijo Ichigo, a pesar de sujetarse el costado.

— Ichigo, yo lo hago— Rukia trató de detenerlo, pero fue muy tarde, no pasaron ni cinco segundos cuando él ya estaba tumbado en el suelo retorciéndose de dolor—, te dije que yo lo hacía.

Mientras Ichigo trataba de calmar su dolor desde el suelo, Rukia corrió a buscar unos futones para que Ichigo se pudiera recostar, prendió la fogata y algo de sopa miso que habían dejado a medio cocinar.

— Ichigo, deja que te revise— Le dijo Rukia, una vez que logró recostarlo en el futón y calentar todo lo que pudo la habitación.

— No estoy tan mal, no necesitas, ugghh— Rukia lo ignoró y comenzó a quitarle su shihakusho sentada encima de él para que no se lo impidiera—, no seas tan brusca, ¡me duele!

— ¡Entonces deja de pelear!

— Pero no quiero que te preocupes, mañana Hanataro puede atenderme— Lo dijo en voz baja, una vez que se rindió y le permitió a la chica desnudarle el pecho.

— Ya cállate o me voy a preocupar más.

Ella, con cuidado, pasó sus dedos por todo el pecho, prestando especial atención a las costillas y al golpe que de un extremadamente brillante color carmesí.

— Estás peor de lo que pensé— Concluyó la pelinegra y, sin preguntarle nada, empezó a curarlo con un kidoh básico. No curaría sus costillas por completo, pero le permitía a Ichigo descansar y recuperar fuerzas antes de regresar al Seireitei a la mañana siguiente.

Ichigo no alegó ni dijo nada porque disfrutaba del suave y delicado tacto que ejercían las yemas de los dedos de Rukia sobre su piel y, después, de la frescura de su reiatsu mientras sanaban sus magulladas costillas y se calentaban otras partes de su anatomía al sentirla tan cerca de sí. Casi extrañó sentir la energía de Rukia recorrer su cuerpo, en especial cuando sus manos atendían sus pectorales, también le pesaba el shihakusho que Rukia le volvió a acomodar.

— ¿Gustas sopa, Ichigo?— El rostro de ella estaba algo rojo, seguramente ella también sentía ese calor especial que sucedía entre ellos.

El gruñido de su estómago respondió antes de que él pudiera.

— Sí, por favor.

Empezaron a comer en un silencio cómodo, sentados uno al lado del otro.

— Está algo salada la sopa— Lo dijo de manera amable Ichigo, porque la sopa estaba incomible, Rukia se distrajo mucho tratando a Ichigo que se olvidó de la sopa junto al fuego y se consumió el líquido.

— Deja le pongo algo de agua para reducir la sal.

Pero el cubo estaba vacío y tendría que ir al pozo en el patio.

— Rukia, déjalo, hace mucho frío afuera— Pero fue muy tarde, la terquedad natural de ella ya la había llevado al exterior de la vivienda.

Ichigo suspira, esa es una de las actitudes que más le gustan de ella, aunque a veces pueda llegar a ser problemática.

Le pareció escuchar que dio un pequeño grito y sonidos de agua caer al suelo. Después de eso, Rukia no tardó en regresar, con paso errático, con una cubeta llena de agua, estaba mojada del pecho a las piernas con agua helada.

— ¿Rukia, estás bien?, estás toda empapada— Cómo pudo y con cuidado Ichigo se levantó y se dirigió en dirección a la chica—, deja te ayudo.

— N-no, y-yo p-puedo— El agua estaba tan helada que apenas y podía hablar.

Ichigo trató de quitarle el balde las manos, pero ella forcejeó...

La cubeta cayó al suelo e Ichigo empezó a sentir mucho frío.

— L-lo s-sient-to, I-Ichigo, n-no q-quise...

— No te preocupes, Rukia, fue un accidente— Dijo mientras se sacudía un poco el agua que le había caído encima.—, debemos quitarnos la ropa mojada.

— ¿Q-qué d-dices, Ichigo?— Rukia comenzó a sujetarse su shihakusho.

— Rukia, estás temblando, hace demasiado frío y nos podría dar hipotermia— Dijo Ichigo mientras se quitaba la ropa mojada y la ponía a secar junto fuego en un palo cercano a la hoguera diseñado para eso.

— P-pero...— Rukia no dejaba de ver a Ichigo de arriba a abajo, sólo se había dejado sus calzoncillos puestos. Su cuerpo se veía firme, su cuerpo estaba lo suficientemente curado como para que ya no se le notara la herida que tenía. Le dolían los dedos, no sólo por el frío sino también por las ganas de volver a tocar a Ichigo.

— Deja te ayudo...

Estaba tan apenada que no se dio cuenta de que Ichigo volvió con ella y comenzó a quitarle el shihakusho. Ver que tenía el ceño fruncido y trataba de no verla a los ojos tranquilizó a Rukia. Él estaba tan preocupado por su bien, como ella del suyo.

Así que lo tomó de sus manos, que ya estaban deshaciendo el nudo de su cadera.

— Espera, Ichigo— Su voz era suave.

Eso hizo que Ichigo se diera cuenta de lo que hacía y su rostro enrojeció profundamente.

— Perdona, no quise...— Rukia lo acalló poniendo uno de sus dedos sobre sus labios.

— Tranquilo, mejor metete al futón...

— P-pero s-sólo hay u-u-u-uno...— Ahora hasta sus orejas estaban rojas— t-tendrem-mos que compartir.

Ella sólo le sonrió mientras colgaba su ropa.

— Precisamente— Las vendas que cubrían su pecho cayeron al suelo y le permitió a Ichigo verla de ese modo por primera vez—, tenemos que darnos calor.

Él sintió que la boca se le secaba y la sangre se concentraba en una parte especial de su cuerpo, así que para que ella no se diera cuenta se metió al futón sin rechistar.

¿Estaba listo para lo que podría suceder?

Tenía diecinueve años, y venía a la Sociedad de Almas todos los fines de semana a cumplir con misiones rápidas mientras aún estudiaba la universidad porque aún no decidía cuál era el rumbo que quería que su vida tomara. Sin embargo, de algo estaba seguro, sabía que quería pasar su vida al lado de esa mujer, pasara lo que pasara.

Cuando terminó de colgar su ropa junto a la fogata, Rukia se paró junto al futón y se quitó el fundoshi antes de meterse con él entre las cobijas.

Los movimientos de Rukia fueron rápidos y nada sensuales, pero para Ichigo fue el momento más erótico hasta ahora en su joven vida. En realidad, toda la situación parecía salida de una loca fantasía sexual a la que se entregaba con gusto.

La relación entre ellos no era clara, ella tenía poco de haber terminado un romance con Renji y él no siempre tenía tiempo libre para una relación. No sabe qué fue lo que sucedió entre ellos, pero ella no parecía afectada por el rompimiento, es más, se veía más feliz, en especial de organizar misiones conjuntas sin importar lo triviales o aburridas que fueran. Estaba, incluso, aprendiendo a hacer el papeleo que tenía que llevar todo shinigami de tanto ayudarle a Rukia. No sabía cuál era su lugar en el corazón de Rukia, pero tenía la idea de que sus sentimientos eran más recíprocos de lo que imaginaba, por las miradas compartidas y los besos robados que habían tenido.

— Estás muy frío, Ichigo— Sentía sus pechos rozar placenteramente contra sus pectorales mientras ella se restregaba contra él para generar calor.

— T-tú t-también, R-rukia— Ella empezó a pasar sus manos por su espalda para darle calor, y vaya que funcionaba, se estaba arrepintiendo de no haberse quitado sus calzoncillos.

— Abrázame para que se me quite, por favor— Rukia hizo sonar su súplica como un gemido sensual que logró que Ichigo pasara sus manos por la delicada espalda de ella.

— ¿Rukia...?— Ichigo detuvo sus caricias y la apretó contra sí para sentir su pequeños y deliciosos pechos hacer fricción contra sus pectorales.

— ¿Sí?— Acomodaron sus rostros para poder verse cara a cara.

— ¿Qué estamos haciendo?— Bajo una de sus manos por la espalda de Rukia hasta llegar a su uno de sus glúteos y apretarlo ligeramente, lo que provocó que Rukia gimiera ligeramente.

— ¿Entrar en calor?— Ichigo comenzó a bajar más su mano hasta llegar a su muslo y subirlo ligeramente para que ella pudiera sentir la erección que se estaba formando en su entrepierna—, aunque, también podemos— Se muerde el labio nerviosa—, tú y yo, sólo si quieres, si te sientes listo...

Ichigo la besa con fuerza, este tal vez no sería el primer beso entre ellos, pero si era el primero en ese tono tan sensual y hambriento.

¿Tanto tenían dándole vueltas al asunto?

Sin romper el beso, Rukia los gira para quedar encima.

Con respiraciones entrecortadas separaron sus bocas y se miraron como si en su mirada estuviera la promesa del mañana.

— ¿Estás listo, Ichigo?— Dijo mientras se sentaba sobre su estómago.

El que salió de sus labios apenas y fue audible porque inmediatamente Ichigo la tomó de la mejilla y la redirigió a sus labios. El beso duró poco porque Rukia dirigió sus labios al cuello del chico y comenzó a bajar lentamente con besos suaves y cortos, disfrutando de los suspiros y gemidos que él trataba inútilmente de contener.

Llegó a su ombligo y volvió sus ojos a los de Ichigo como esperando una señal de que él quería de que se detuviera. Cuando no recibió nada más que el rostro contorsionado de placer de Ichigo supo que podía proceder por lo que puso sus manos en los costados de las caderas de Ichigo y empezó a bajar los calzoncillos, con una lentitud tortuosa, por sus piernas.

Conforme bajaba los calzoncillos, pudo ver la potente erección de Ichigo, dura y firme, sólo para ella. Dura por ella.

Tomó al duro falo entre sus manos, disfrutando entre sus manos su firmeza, le dio un ligero masaje y con el líquido preseminal, que se encontraba en su su brillante punta, lo aprovechó como lubricante para acelerar sus movimientos.

— R-ru-rukia— Ichigo no quitaba sus ojos de Rukia, miraba fascinado como ella lo enterraba con suavidad y lentitud en su interior. Tuvo que utilizar toda su fuerza interior para no venirse, no sólo porque era la primera vez que participaba de un acto así, sino también por lo cálida y estrecha que era.

— Ahh, Ichigooo...— Rukia también tuvo que detenerse para acostumbrarse al tamaño de Ichigo, ninguno de sus amantes anteriores llegó tan profundo y sin lastimarla dentro ella como él lo estaba haciendo en este momento.

Ichigo, con mucha timidez, subió una de sus manos a una de sus tetas y comenzó a acariciarla, y la otra la dirigió a su clítoris y lo masajeó suavemente. Eso hizo que Rukia sintiera una calidez que se acumuló en su vientre, por lo que comenzó a mover sus caderas en reciprocidad a Ichigo.

La mano de Ichigo que se encontraba agasajando sus tetas con el masaje más delicioso que había sentido nunca antes bajó a su cadera para aumentar la velocidad de su apareamiento haciendo, a la vez, que su verga se enterrara más profundamente dentro de ella. Rukia podía sentir como Ichigo se ponía cada vez más duro dentro de ella y, gracias a los masajes que él le daba a su clítoris, sentía que cómo su coño se volvía más estrecho en espera de recibir y poder correrse.

— Ahh, R-rukia...— el caliente simiente se sintió delicioso en su interior, era la primera vez que veía con gusto a su amante correrse dentro de ella.

— Ichigo, ah, ah...— Ichigo, sin salir de ella, la volteó en el futón para que ella fuera ahora la que estaba recostada, y comenzó a penetrarla con la misma intensidad que cuando ella llevaba el ritmo.

La forma en la que acomodó sus piernas sumado a la destreza que estaba mostrando la llevaron a rápidamente sentir la presión familiar que antecede al orgasmo.

— Ichigooo...— Estaba perdiendo la voz de lo bien que se sentía Ichigo en su interior.

— Rukia, ahhh...— Le costaba concentrarse porque ella se estaba estrechando, pero quería llevarla al orgasmo como lo había llevado a él.

No cejó en su esfuerzo hasta que sintió que su verga era ahorcada por el coño de la bella mujer bajo él y ella gritó su nombre para inmediatamente después quedar casi inconsciente de placer.

Esta noche se sentía la primera de muchas cosas. Para Ichigo, era la primera vez que se acostaba con una mujer y se sentía tremendamente afortunado de hacerlo con la mujer que amaba. Para Rukia, era la primera vez que sentía que el sexo valía a pena porque era con alguien que la amaba tanto cómo para priorizar el placer de ella, pocas veces fueron las que un hombre se preocupara en llevarla al orgasmo.

Renji, con el que tuvo un romance y, años antes, le concedió el honor de ser el primero, era grande y tosco, nunca estaba relajada con él por miedo a que la lastimara accidentalmente, lo cual llegó a hacer varias veces. Hisagi, una relación pasajera pero agradable, cuando no estaba editando alguna revista, lo cual era casi todo el tiempo; también, él era torpe, aburrido y preocupado en otras cosas como para pasarla con ella, nunca logró hacer que se corriera porque rápidamente tenía que regresar a trabajar. Los otros, cuando tenía interés en una aventura de una noche con un shinigami anónimo, eran egoístas. Pero Ichigo, él era del tamaño justo en todos los sentidos, su coño se abrazaba a su verga y, a pesar de su inexperiencia, trataba de darle el mayor placer posible.

El hecho de que ahora estuviera masturbandola con sus dedos y chupando sus tetas hasta endurecerlas como pepitas y darle pequeñas mordidas le probaba cuanto la priorizaba, nadie se había dado cuenta de cuanto le encantaba que le chuparan las tetas, solamente se las apachurraban o se quejaban de su tamaño modesto.

Tan enfrascados estaban en el cuerpo del otro y en las sensaciones que generaba la fricción entre sus caderas que no se dieron cuenta que comenzó a nevar. A la mañana siguiente encontrarían tremendamente romántico que la primera vez que hubieran hecho el amor haya coincidido con la primera nevada del año.

Después, pasado un tiempo, se darían declaraciones de amor porque, aunque se comunican muy bien sin palabras, Ichigo era un romántico de closet que se derritió cuando Rukia pidió su mano en matrimonio a su padre la mañana de la primera nevada del mundo humano unos años después.

Y, si bien la lluvia nunca llegaría a ser de su agrado, las nevadas, en especial la primera del año, siempre sería el momento favorito de ellos, por lo cual se aseguraban de pasarlo juntos.