Disclaimer: Estos personajes no le importan ni a Rowling, pero aquí estamos, poniendo un disclaimer.

"Este fic participa en el minirreto de diciembre para La Copa de la Casa 2020/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Petición: Miss Lefroy Fraser pidió: Una historia sobre la relación entre Gabrielle y Fleur Delacour, a ser posible buena y tras la guerra.

Beta: Nea Poulain.


Secretos compartidos

Fleur contempló a Bill, que divertía a Victoire levantándola por los brazos para ayudarla a dar grandes saltos. La pequeña, de cuatro años, daba agudos grititos excitados que resonaban por el jardín versallesco que rodeaba ese lado del palacio de Beauxbatons.

Impaciente por llegar y ver a Gabrielle, se volvió para esperar a sus padres, que se habían parado en medio del camino empedrado, inclinados sobre la silla en la que llevaban a Dominique, que miraba extasiada a su alrededor. Había creído que no vería a nadie tan enamorado como cualquiera de los cuatro abuelos cuando Victoire nació, pero se había equivocado: su segunda hija había sido recibida con la misma devoción.

Dominique había sido un bebé precioso alumbrado cuando las heridas de la guerra ya se habían asentado. Si el nacimiento de Victoire había supuesto un rayo de luz en la oscuridad de los traumas de una familia asolado por la guerra y las pérdidas, Dominique había sido la celebración de la vida, que continuaba abriéndose camino hacia la felicidad.

—Maman, ¿ocurre algo?

—Ha pateado la manta al suelo otra vez —respondió su madre, colocándosela antes de volver a caminar.

Apretó los labios en una sonrisa. Aunque el aire corría fresco, el sol de mediodía de junio era agobiante. Discretamente, Fleur buscó la varita en los pliegues del elegante vestido que llevaba puesto, la apuntó hacia la sillita y murmuró un hechizo refrescante. Sonrió con nostalgia, recordando su propia infancia, llena de leotardos gruesos y cálidos para compensar las faldas de los uniformes del colegio infantil y de Beauxbatons.

Inspiró hondo. La brisa traía el aroma del romero y el tomillo florecido de los Pirineos que tantos buenos recuerdos le traían. A su lado, corriendo, cruzó un grupo de chicos y chicas con el uniforme del colegio, riendo y celebrando. Bill, que se había dado cuenta de que se habían quedado rezagados, estaba esperándolos con Victoire en brazos, a la sombra de un pino silvestre.

—Cuidado con las orugas —le indicó en inglés cuando llegaron a su altura.

Bill miró hacia arriba, asustado, y se apartó. Fleur rio con ganas. Si no recordaba mal, los jardineros, que cuidaban el paisaje de Beauxbatons con mimo para que nunca perdiese aquella esencia de un Versalles plantado en medio de la cordillera pirenaica, no permitían que las orugas causasen problemas en un colegio lleno de niños.

—¡Maman! ¡Papá! —Gabrielle llegó y se lanzó a los brazos de su padre, que la cogió al vuelo, cuando llegaron al patio, donde habían distribuido cientos de sillas con motivo de la graduación de la promoción de ese año.

Victoire chilló emocionada cuando Gabrielle le cogió en brazos, levantándola en el aire y llenándola de besos.

—¡Qué grande está mi pequeña! —gritó alborozada Gabrielle cuando Victoire giró, orgullosa, ondeando la falda del vestido para mostrárselo—. Llévame con Domi, Vic, que quiero ver si también ha crecido tanto como tú.

Fleur esperó con paciencia a que llegara su turno. Gabrielle había tenido pocas oportunidades aquellos años de disfrutar de sus sobrinas. Bill y ella intentaban pasar parte de las vacaciones en Francia, pero a esas edades las niñas crecían rápido y les costaba recordar a su tía cuando la veían. Aunque, viendo cómo había reaccionado Victoire, supuso que a sus casi cinco años ya le resultaba mucho más fácil acordarse de Gabrielle.

—Es tía Gaby —le explicó Victoire a Dominique con lengua de trapo.

Gabrielle se arrodilló, sin importarle la pulcritud del uniforme, a hacer carantoñas a Dominique. Fleur sonrió, enternecida. Había echado mucho de menos a su hermana aquellos años. Sabía que, incluso en Francia, habría sido complicado verse más a menudo mientras Gabrielle estudiara, pero ahora la distancia sí se notaría.

—Hola, Fleur —se acercó Gabrielle al cabo de un rato, estrechándola entre sus brazos, emocionada, besándole la mejilla con cariño.

—Estás radiante, enana —la felicitó Fleur con orgullo, apartándola un momento para poder verla mucho mejor.

—Tú sigues tan preciosa como siempre.

—Fleur, te esperamos sentadas —la avisó Bill, señalando a los señores Delacour, que ya se habían ocupado los sitios asignados—. Esto va a comenzar.

—Voy enseguida —contestó sin apartar la mirada de Gabrielle, que sonreía ilusionada—. Enhorabuena. Ya eres toda una adulta.

—Gabrielle. —Un apuesto chico moreno, acompañado de una muchacha castaña, la llamó—. Tenemos que ir al estrado. La directora Dubois ya está allí.

—¡Voy! —dijo Gabrielle rápidamente—. Hay muchas cosas que quiero contarte —murmuró, mordiéndose el labio.

—Es un chico muy guapo —aprobó Fleur. Gabrielle se sonrojó, confirmando su deducción.

—Es… son Pierre e Isabela. Yo… necesitaré que me ayudes a presentárselos a maman y papá.

A Fleur no le pasó desapercibido el plural, e intuyó cuál era el temor de Gabrielle.

—Por supuesto. Lo comprenderán, estoy segura —la tranquilizó.

—Eso espero. ¿Tú qué tal estás?

—También tengo algo que contarte, pero hoy es tu día.

—No, dímelo, por favor —suplicó Gabrielle, ilusionada.

—¿Has decidido ya qué quieres hacer ahora que has terminado los estudios? —Gabrielle negó con la cabeza—. Bill y yo habíamos pensado que, quizá, querrías venir este verano a pasar algunos días a Inglaterra.

—Claro que sí. Como todos los años, ¿no?

—Podrías venir más tiempo. Serán bienvenidos si quieren venir también —añadió, señalando discretamente hacia Isabela y Pierre.

—¡Sí! Aunque tendré que preguntarles primero —se rio Gabrielle.

—Toda la ayuda posible será bienvenida —dijo Fleur, llevando la mano de Gabrielle a su vientre. Esta tardó unos segundos en comprender, pero cuando lo hizo dio un grito emocionado.

—¿Otra vez?

—Baja la voz —le pidió Fleur, mirando hacia donde estaban sentados sus padres—. Sólo lo sabe Bill.

—¿Me lo has contado a mí primera? —Gabrielle la abrazó, conmovida.

—Tenía que saber si querrías ser su madrina —susurró Fleur en su oído.

—¿Qué? ¿En serio? ¿Yo? —preguntó Gabrielle.

—Los abuelos Weasley ya han tenido su oportunidad y maman y papá también. ¿Qué te parece?

—¡Sí, sí, sí! ¿Cómo iba a decir que no?

—Te quiero mucho, Gabrielle.

—Y yo a ti.


NdA. Bueno, soy consciente del problema que tiene este fic, pero me temo que no he sabido mejorarlo más. En fin, espero que, de todos modos, a Miss Lefroy Fraser le haya gustado un poquito.