Kayano
Mi hermana me dijo que nuestro padre era un hombre de negocios que se daba sus escapadas cada cierto tiempo cuando el estrés y el trabajo lo absorbían más de lo normal. Nuestro pequeño pueblo estaba situado cerca de Izumo y era perfecto para esconderse de lo estresante que podía ser Tokyo.
Mi madre era una mujer fuerte que vivía sola en aquel pueblo después de que su padre casi la matara. Desde siempre se valió por sí misma y era muy buena amiga de la madre de Nagisa, Hiromi. Los Shiota fueron su mejor apoyo, incluso después de la muerte. En una de sus tantas escapadas, mi padre llegó a nuestro pueblo y conoció a nuestra madre. Al poco tiempo nació mi hermana mayor, Aguri. Y según mi madre, nuestro padre las visitaba cada que podía. Mi hermana decía que a pesar de todo, nuestro padre nos amaba demasiado; pero al estar casado y al frente de una gran empresa no podía quedarse por mucho tiempo. Y eso estaba bien para mí madre. Nunca pidió más, ella podía conseguir lo que necesitamos por su cuenta.
Hasta que enfermó.
A pasar de que siempre fue fuerte y sana. De repente murió y nos quedamos solas; Aguri intentó buscar ayuda de nuestro padre, sin embargo, nunca hubo respuesta. Tiempo después me enteré de que fue mi madrastra la que impidió por todos los medios que nuestro padre se enterara siquiera.
Yo no lo recuerdo, era muy pequeña cuando nuestra madre murió. Fue ahí donde los Shiota entraron de nuevo a nuestro rescate. Nos acogieron y Aguri a pesar de ser joven consiguió un trabajo para ayudar en la casa. Todos eran muy amables, en especial Nagisa, a quien siempre la considere como otra hermana por tener la misma edad que yo y jugar conmigo.
Desde mucho antes Aguri había notado que Nagisa no era lo que consideraríamos "normal" pues había ocasiones en la que se quedaba hablando sola con un árbol o encontraba animales muertos de la nada y se daba a la tarea de enterrarlos. Aun así mi hermana nunca trato mal a Nagisa, en sí, simpatizaba mucho con ella.
Fue en un festival que había llegado desde Izumo a nuestro pueblo cuando la madre de Nagisa se dio cuenta de su "poder". En la procesión había un hombre fuerte y feliz que se encargaba de cargar los papalotes. Íbamos todos y nos sorprendimos cuando Nagisa dijo:
"— Ese hombre morirá al amanecer"
Y así fue.
En ese momento la madre de Nagisa comenzó a sentir miedo de su propia hija, de su comportamiento extraño que iba desde predecir la muerte de las personas hasta desenterrar cosas viejas para poder limpiarlas y dejarlas de nuevo en su lugar. Su madre siempre fue una mujer estricta que le exigía mucho a Nagisa diciéndole que debía ser una ejecutiva y sacarlos del "hoyo", así solía llamar nuestro pueblo constantemente.
Hiromi siempre presionaba a su esposo para tener más, sentía que solo así podría llenar el vacío de lo que no pudo ser. Pero nunca era suficiente. Mientras más tiempo pasaba se volvió aún más exigente, regañándola y castigándola duramente si no sacaba las mejores notas o si no lograba obtener los primeros lugares en las competencias. Recuerdo que en una ocasión, Nagisa quiso oponerse a la voluntad de su madre y ella en respuesta estuvo a punto de golpearla, pero algo que nunca supe que era, la detuvo. Desde ese momento las cosas se volvieron mucho más turbias.
Si bien, la madre de Nagisa seguía regañándola sin cesar, había algo ligeramente diferente, había ocasiones en las que su madre realmente parecía temerle a Nagisa. Incluso algunas veces la llamó "Monstruo" después de castigarla severamente. Me daba la impresión de que esos regaños muchas veces no eran porque Nagisa se opusiera, sino porque su madre quería deshacerse de aquello que tanto temor le causaba.
"-- Yo nací para hacer a las personas felices, lo demás no importa"
Era común que dijera eso cada vez que su madre la regañaba. Aun así Nagisa escapaba de su casa cada que su madre no la vigilaba para seguir haciendo esas cosas misteriosas.
El padre de Nagisa, harto del asunto, pidió el divorcio y todo en la familia se volvió un caos. Mi hermana cuando se dio cuenta de que podía ser peligroso para mí, me llevó de vuelta al que una vez fue nuestro hogar. Trabajó como maestra y ahorró dinero para mejorar poco a poco nuestras condiciones. Claro que no dejamos sola a Nagisa, la visitábamos constantemente. Pero no era igual. Con el tiempo el señor se fue de la casa y pronto su madre no prohibió ver a Nagisa. Sin la presencia de su padre Nagisa estaba a merced de esa mujer; al parecer no la trataba mal la mayoría del tiempo, sin embargo cuando no cumplía algo del protocolo ardía en furia y tiraba de su cabello. Y Nagisa siempre se mantuvo tranquila. No importaba lo que pasará, siempre se mantuvo tranquila ante cualquier cosa que sucediera.
La depresión y desesperación que trajo la huida del padre de Nagisa, hizo que la mujer casi se suicidara; solo así volvió su padre a aquella casa. Su madre fue medicada y para ese momento las deudas los consumían, aunque el medicamento la hacía estar más tranquila, lo cual ya era mucha ganancia. Cuando el padre llegó, ella pudo salir de su encierro y nos sorprendió verla con su cabello completamente corto, casi del mismo largo que el de su madre.
No faltó mucho para que aquellos a los que les debían, llegaran a cobrar lo que era suyo. Estábamos todos reunidos en la pastelería, era de noche y celebrábamos el cumpleaños número 9 de Nagisa. Aunque ella se veía triste y de cierto modo, angustiada.
"-- ¿Mamá,... Nagisa logró hacerte feliz?"
Recuerdo ese momento con exactitud. Nagisa estaba sentada mirando a su madre seriamente mientras Aguri y el padre de Nagisa platicaban. Para que luego él se fuera a buscar algunos aperitivos.
"—Si, tu madre está muy feliz de que seas una niña muy obediente, Nagisa."
"—Entonces, ¿Puedes ser libre ahora?"
En ese momento creí que la madre de Nagisa explotaría de nuevo y la tomaría del cabello, sin embargo, la miró, depositó una pequeña caja en sus manos con mucha tristeza y la abrazó. Pasaron algunos minutos para que el señor Shiota regresara completamente agitado.
"—Escóndanse, Apaguen las luces"
"-- ¿Qué pasó? – preguntó mi hermana"
"—¡¡Los cobradores, están aquí!!"
Todo sobre ese día era borroso. Recordaba a Aguri llevándonos a Nagisa y a mí a un lugar oscuro en donde había muchos sacos llenos de harina – creo que era una bodega –
"—Los mantendremos alejados; lo siento, quisiera hacer más por ustedes – dijo Aguri cerrando la puerta –Kaede, me hubiera gustado estar más tiempo a tu lado,... Nagisa... Tú también mereces ser libre"
Recuerdo que había mucho ruido afuera, cerca de 3 hombres habían entrado al lugar. Nagisa estaba al frente de la puerta y lo que yo podría ver era relativamente poco. Nagisa se aseguró de eso, sin embargo, los sonidos afuera de la habitación eran claros y ella no podía protegerme de eso.
Escuché el sordo sonido que el cuerpo del padre de Nagisa había provocado al caer al suelo. Hiromi había comenzado a discutir con aquellos hombres mientras lloraba. Sus risas, sus amenazas, todo era confuso. Logré distinguir entre el desastre a mi hermana gritar y a uno de los hombres quejarse por que su pelo era demasiado corto. Me hice de un espacio para lograr ver bien que le hacían a mi hermana; no podía con la incertidumbre de no saber que pasaba.
Vi a aquel hombre arrastrando a mi hermana de su cabello cerca del mostrador mientras la madre de Nagisa sostenía al padre entre sus brazos, ella era apuntada con un arma. Los hombres exigían su pago a cambio de sus vidas, pero Hiromi era, naturalmente, terca y les gritaba a todo pulmón perdiendo los estribos.
Mi hermana por su parte, seguía siendo arrastrada por el local mientras amenazaban a la madre de Nagisa con dispararle a mi hermana si no pagaba en ese momento. No sé cómo lo hizo, pero de algún modo consiguió el cuchillo del pastel y se lo enterró al cobrador en el brazo que tenía agarrada a Aguri haciendo que la soltara con un grito desgarrador. A su vez, Hiromi se lanzó al hombre que la amenazaba.
La detonación del arma resonó en todo el local. Me arrodillé en mi lugar y tapé mis ojos y oídos sin querer saber más. De pronto otra detonación más y un silencio sepulcral invadió todo. Yo lloraba desde mi posición intentando no hacer ningún ruido. Aguri y los Shiota ya habían sacrificado demasiado.
"—El teléfono... Hay que llamar a alguien – dijo Nagisa mirando a través de la pequeña abertura de la puerta"
Intenté detenerla. Pero salió corriendo, para su suerte, los cobradores había ido a otra habitación a buscar más dinero que el que había en la caja registradora. Sigilosamente llegó al teléfono y marco a la policía, no logró decir mucho ya que el tercer hombre la había tomado del brazo.
"— Así que se esconden como cucarachas, ¿eh? Si lo pensamos bien tu serías suficiente para pagar la deuda de tus pa..."
Siempre creí que Nagisa era extraña y nunca entendí realmente porque su madre le temía, sin embargo, en ese momento vi que, si bien la madre de Nagisa estaba un poco loca, tenía algo a lo que temer.
El hombre no terminó su oración pues de un momento a otro su rostro se puso pálido como una hoja de papel, era el mismo rostro que puso su madre el día que se opuso a ella. Una verdadera cara de terror. El hombre aventó a Nagisa lejos, con las manos temblorosas. Ella cayó de sentón chocando contra el mostrador e hizo una mueca de dolor al levantarse y salir corriendo. El hombre se recuperó del shock y la alcanzó a tomar del pelo del mismo modo que habían hecho con mi hermana. Su rostro seguía en blanco, preparó su arma y apuntó a Nagisa, quien peleaba por soltarse.
Cerré los ojos esperando otra detonación, pero esta nunca llegó. Abrí los ojos y vi a Nagisa tirada en el suelo mirando al hombre con miedo, inmediatamente giró su rostro a la derecha y agradeció a la nada. Se levantó mirando el panorama y su rostro se torció de una manera que no puedo describir. Había dolor, mucho dolor, a pesar de eso, cerró fuertemente los ojos y suspiró volviendo hacia donde estaba yo. Observando todo desde la puerta, a pesar de que podía observar, desde mí ángulo no podía ver ningún cuerpo – como seguramente había –
Yo lloraba amargamente cuando Nagisa volvió a aquella bodega. Recuerdo haberla abrazado y llorar, llorar mientras ella sobaba mi cabeza. A pesar de todo, ella no derramó ni una lágrima. Llegué incluso a pensar de que mis lágrimas eran suficientes por las dos.
Cuando llegó la policía y apresaron a los dos que quedaban, sabíamos que nuestro destino sería ir a un orfanato. Así que decidimos escondernos, si íbamos al orfanato nos separarían, y, por mi parte, yo no deseaba eso. Abandonamos la casa y fuimos para la mía en donde nos quedamos completamente solas.
Me uní a un circo ambulante por algún tiempo actuando algunas obras y espectáculos, Nagisa por su parte, puso a prueba aquello que había aprendido de su madre; cocinar era lo único en lo que amas se conectaban. Y eso era algo que Nagisa apreciaba más que nada.
Sus salidas misteriosas se volvieron cada vez más comunes hasta que un día trajo un ave a casa. Desde ese día comenzó a vender más que pasteles. La gente del pueblo estaba fascinada, los pájaros eran simplemente hermosos y los pasteles deliciosos, no tardó mucho en hacerse algo de fama por nuestros rumbos.
Vivimos así cerca de un año, pues nunca me di cuenta de que una mujer siempre observaba mis actuaciones entre el público de manera incógnita. Aquella mujer no tardó mucho en revelarse, pidió hablar conmigo a solas. Esa mujer no era nadie más que la esposa de mi padre, llevaba buscándome por un tiempo desde que se enteró de la muerte de mi hermana. Me dijo que ella quería ayudarme, pues, de cierto modo yo también era su hija. Esa mujer no podía tener hijos propios a pesar de haberlo intentado varias veces y yo era su última salida de tener una familia, la sangre de su esposo corría por mis venas, así que no habría problema, tenía "clase".
Nagisa y yo éramos inseparables y para esa mujer solo existía yo, por ser la hija de quien era, no podía soportar la idea de estar sola de nuevo.
"—Deberías ir"
Cuando Nagisa dijo eso creí que era una broma pero se veía tan seria al decirlo que supe que ella no consideraba lo mismo que yo. A ella le daba poco que me fuera y la verdad no sabía que esperaba de una niña que no había llorado incluso viendo a su padres muertos. Me fui enojada de aquel pueblo y al darme cuenta de lo infantiles de mis acciones fue demasiado tarde. Mi nueva madre era casi igual de exigente que la de Nagisa – aunque ella nunca me levantó exageradamente la voz o me agredió – la clase social significaba mucho para el nuevo mundo al que me había sometido. Adaptarme a mi nueva vida me costó demasiado pero me esforcé en cumplir los deseos de mi nueva familia para poder traer a Nagisa conmigo.
Porque, a pesar de todo, yo seguía queriendo a Nagisa. Cuando accedía a irme con ella acordamos que si yo lograba convertirme en lo que ella deseaba podría volver por Nagisa. Y así fue, después de 5 años volví al pueblo, pero no la encontré. La gente me dijo que un día solo se fue sola y nunca volvió.
A pesar de que la busqué por años, nunca di con ella, aun usando todo el poder de mi padre. Así que decidí asumir lo mismo que todos. Que ella había muerto.
--Así que,... que me digas que está viva suena más a una broma de mal gusto que una realidad. Yo... me rendí hace tiempo – dije apretando las manos debajo de la mesa.
--Esta viva – respondió Karma.
-- ¡Imposible! – grité llamando la atención de los demás comensales.
Karma me pidió con señas que me sentara de nuevo y sacó tu teléfono. Entre la galería buscó una imagen en específico que quería mostrarme; en ella se encontraba Mayu con una bandeja con galletas de jengibre y atrás de ella vi a Nagisa, estaba sonriendo y llevaba otra bandeja con galletas crudas. Había más imágenes, en todas estaba Mayu con otros postres y Nagisa parecía más una colada en la foto que parte de ella.
Tapé mi boca con mis manos y comencé a llorar silenciosamente. Sentía un enorme alivio al saber que estaba con vida y una felicidad que no sentía desde hace mucho.
Alguien de mi familia vive A pesar de que cambié mi nombre, mi apellido y los Yukimura me criaron, siempre supe que mi verdadera familia estaba en aquel pueblo, todo este tiempo había creído que la había perdido. Esperanza, eso era lo que nació en mi pecho, Nagisa era lo último que quedaba verdaderamente de Kayano, de quien yo era, nunca quise ser Akari Yukimura, amaba ser Kayano, pero ella no existía, no sin Nagisa, ella era la única que la recordaba, a ella y a su hermana. Con Nagisa viva, mi hermana había dejado de ser solo una nota en el periódico o una bastarda de mi padre; y yo también.
--Tengo algo que preguntarte
...
Karma
Mayu decoraba la tarta mientras yo acomodaba las sillas y ponía los platos. La víspera de Navidad era un verdadero fastidio.
Todavía pensaba en aquello que Kayano me había contado y a decir verdad, parecía una historia de terror más que una anécdota de vida. A pesar de conocerla desde hace años nunca me habría imaginado que tales cosas habían sucedido en su infancia y mucho menos que tenía una hermana. Si bien, sabíamos su verdadero nombre y el origen de este, nunca nos contó, ni a Manami ni a mí, la historia detrás de todo. Al final, ella siempre fue una gran actriz. Después de hablarle de la razón por la cual Nagisa me enseñaba repostería, Kayano se mostró un poco ida, incluso recelosa con respecto a la "habilidad" de su amiga, me daba la impresión de que siempre lo supo, pero nunca lo quiso aceptar o que al igual que la madre de Nagisa, tenía miedo a la verdad.
También hablamos sobre las cicatrices, pero con el tiempo que había pasado era imposible que quedara marca notable como las que tenía en la espalda. Kayano estaba igual de preocupada que yo; pero no podíamos hacer más. Mayu me propuso invitar a Nagisa pasar la navidad con nosotros, sin embargo, no encontramos a nadie en su casa y tampoco estaba en el parque en el que solía estar. Había desaparecido justo como en el principio.
Para cuando llegaron los invitados – Mis padres y los de Manami, además de Kayano. Rio no quiso responder mi llamada – la cena estaba lista y comenzó la celebración con canciones que Mayu elegía y algunos trucos que preparó junto a Den para alegrar a los invitados. Mi mente tenía un millón de cosas en las que pensar, y ninguna era la celebración.
Saqué la tarta del refrigerador y vi como todos se asombraron al no ver algún empaque en ella.
-- Así que por fin lograron recrearla – exclamó la madre de Manami.
Por supuesto que Mayu no dejó de platicar acerca del proceso y de nuestra nueva maestra. Al parecer a todos les pareció agradable la anécdota y reían felices; pero había una risa que más de ser en gracia, parecía una risa perspicaz, mi madre había captado en el relato de Mayu algo que ni yo logré captar. Pero, siendo mi madre, disimuló su actitud.
Serví la tarta y todos quedaron maravillados. Y me sentí conmovido cuando el padre de Manami comenzó a derramar algunas lágrimas ante la nostalgia. Yo también compartí esa emoción, sin embargo, ya no era como antes, me sentía de cierto modo tranquilo al comerla, ya no tenía esa sensación de abandono que me dejaba saber que no era de ella. Tal vez eso era a lo que Nagisa y el niño raro se referían.
Sin saber por qué de nuevo las imágenes de la espalda de Nagisa volvieron a mi mente y me dejaron un mal sabor de boca. Terminé mi rebanada y fui rápidamente a la cocina para distraer mi mente de aquellos pensamientos. Buscaba el vino para brindar pero sentí una presencia en mi espalda.
-- ¿Necesitas algo, madre? – dije sin detener mi labor.
-- No, la verdad no. Solo quería comprobar una teoría – su voz era la misma que hacía cuando tenía algo malévolo en mente.
-- ¿Ah sí? – expresé poco interés.
-- Estas preocupado.
--Por supuesto, me preocupa que subas de peso si sigues comiendo tanta tarta – me reí a lo que ella también respondió con el mismo gesto.
-- Qué respuesta tan ingeniosa – dijo entre risas – Has cambiado, Karma.
-- ¿Tú crees?
-- Si... Antes me hubieras pedido que me fuera de vuelta al comedor o hubieras evadido mi comentario. No puedes negarlo, Karma; te cargué por nueve meses y te crie, aunque seas un demonio mañoso no olvides que yo soy tu madre, y todo lo que sabes lo aprendiste de mí.
-- ¡Qué sabia! Más sabe el diablo por viejo que por diablo, ¿No lo crees madre? – se rio de nuevo.
-- Me alegra verte de nuevo, Karma. Hace siete años que no te reconocía. Y eso me hace más que feliz, solo por eso te diré un secreto.
En mi mano tenía el vino ya frio y en la otra el saca corchos, giré a ver a mi madre y ella me sonreía mientras me extendía sus brazos invitándome a darle un abrazo. A pesar de que me negué varias veces la mujer solo insistió con su mirada felina y sin más accedí. Mi madre era una mujer alta, aun así tuve que agacharme un poco para quedar a su altura.
--La mejor manera de ayudar a alguien es estando a su lado. Aún si no te ve, debes ser un pilar para esa persona. Muchas veces no son necesarias las palabras o las acciones, a veces basta solo con la presencia para que esa persona se dé cuenta por si misma que no está sola – susurró en mi oído abrazándome fuerte.
--¿Cómo es que tú...?
--Te lo dije, yo soy la madre del demonio, así que te conozco mejor que tú mismo. Además lo supuse. Las personas solo pueden cambiar por dos razones: algo muy grave y grande pasó en sus vidas o alguien entró en ellas. El cambio es una decisión personal, pero a veces para decidirse hay que tener un referente – me sonrió y tomó el vino para llevarlo a la mesa.
-- ¡Eres una bruja, ¿Lo sabias?! – la alcancé con unas copas en mis manos.
-- Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
No pude evitar reírme.
No tengo idea de lo que pasara con Nagisa y al parecer ella no quiere que sepa, respetaré eso – por ahora – y veré que pasa. Al escuchar a mi madre, por primera vez pienso en la posibilidad de que Nagisa sea alguien parecido a mí, alguien que necesita cambiar, decidirse a ser feliz, y si estando a su lado, como ella lo ha estado conmigo puedo retribuirle, lo haré. Porque una de las cualidades de los Akabane es siempre regresar lo que se nos da.
...
Nagisa
Dolía, mucho. Aunque no sabía con exactitud si era mi cuerpo o mi alma, tal vez las dos. Después de que Akabane curara mis heridas al día siguiente fui al médico como él me había sugerido. Planeaba decirle al doctor que había caído colina abajo rodando por el suelo de la montaña, explicando los rasguños en mi espalda y brazo.
-- Siento molestarte en plena noche buena – dije entrando al consultorio.
Isogai – él doctor—varias veces había atendido mis heridas y me conocía parcialmente bien. Al inicio siempre buscaba brindarme ayuda, aunque siempre me negara; con el tiempo se volvió más discreto al momento de preguntar por mis heridas y prefirió sellar un pacto de silencio conmigo. Él era una persona amable y posiblemente la única que sabía mi secreto.
Revisó mis ojos de manera rutinaria y me dio el mismo diagnóstico de siempre. Aunque esta vez había empeorado un poco, cosa que tampoco me sorprendió. Después de rechazar la oferta de cirugía, pedí que me saludara a su prometido y me fui.
Caminé por las calles dando un paseo aun con la preocupación de que Akabane viera mis heridas.
¿Qué pensará de mí? Pensé con vergüenza De seguro piensa que soy desagradable, yo también lo creería
Una vez volví a la montaña, cociné para Jack y para mí. A pesar de que las personas estaban completamente alborotadas por la Navidad para mi amigo peludo y yo no había mucha diferencia a otro día más, lo único que lo hacía especial era que las luces de la ciudad eran mucho más brillantes y en algunos lugares lanzaban fuegos artificiales. Desde la montaña se podía ver todo y eso era lo que hacía ese día especial.
Tomé un pedazo de tarta que habíamos preparado el día anterior y lo llevé conmigo afuera. Me senté en el pasto a comerlo esperando a que los fuegos comenzaran.
Me pregunto si ellos estarán comiendo esto en este momento pensé dando la última cucharada de mi plato.
Las luces comenzaron a surcar el cielo haciéndome sonreír con un poco de tristeza, me preguntaba cuanto tiempo quedaba para poder seguir distinguiendo esas luces de colores.
-- El año pasado se veían mejor – dije acariciando a Jack que se había acomodado a mi lado. Escuché la hierba crujir cerca y el olor a alcohol me alertó al instante – Jack escóndete – le ordené para que se metiera a la casa y buscara su escondite. No pasó mucho para que supiera que me miraba a poca distancia.
-- ¿Me extrañaste, Nagisa? – dijo con su voz tambaleante pero llena de malicia.
Me levanté para encararlo mientras escuchaba el último fuego artificial reventar en el aire.
Si tan solo tuviera la oportunidad de tener otro destino; si pudiera elegir...
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Besitos en la cola, chao
