Capítulo 30:

Dragones

Draco estaba en una parte del Ministerio donde nunca había puesto un pie. Se encontraba en la primera planta, en un pasillo que estaba antes de llegar a la Oficina de Recursos Humanos. Había una pequeña sala de espera con algunas sillas acolchadas y en buen estado y una serie de puertas que daban a oficinas. Nadie había entrado o salido de allí en los quince minutos que llevaba esperando. Sabía que estaba en el sitio correcto porque un chico tras el escritorio de recepción le había asegurado que las entrevistas personales para los puestos de Inefable se estaban haciendo allí, pero Draco estaba empezando a dudarlo.

Inhaló por la nariz, mirando el techo. Intentó pensar en cada clase y conferencia que le había dado su padre sobre el saber estar para evitar levantarse de su asiento y dar vueltas como un león enjaulado. También se negó a que su pierna rebotase arriba y abajo o a pasar sus dedos por su cabello cada dos por tres como deseaba hacerlo. En cambio, se concentró en respirar, en que sus manos estuviesen cuidadosamente sobre su regazo y en no perder la calma.

Nada de eso funcionó cuando escuchó unos pasos acercándose por el pasillo. Su espalda se tensó y sus ojos observaron con expectación a la figura que venía hacia él.

Era un hombre mayor, con un bigote poblado y una túnica reglamentaria que no le favorecía en nada. Avanzó hacia una de las puertas y entró en el despacho sin darle una segunda mirada a Draco.

Se desplomó en la silla. Quizás debería haber hecho caso a Harry y haber puesto un par de gotas de poción tranquilizadora en su té.

—¿Señor Malfoy?

Su cabeza se azotó a un lado al escuchar una voz familiar. No puedo evitar fruncir el ceño ni que su boca se abriese un poco. La mujer le miró con paciencia y un poco de diversión.

—Granger —pronunció.

—Inefable Granger —corrigió ella.

Por supuesto.

En su mente, todas las extrañas escenas encajaron. Esa sonrisa enigmática que le había dado durante el partido de Quidditch, sus palabras extrañas, la breve y rara conversación que había tenido con Harry en La Madriguera.

Su novio lo había sabido todo el tiempo, y le había dejado morirse por la tensa expectación.

Iba a matar a Potter.

Se obligó a ponerse en pie y mostrar una expresión y postura relajada mientras entraba en la oficina de Granger. Era pequeña y sobria. Las paredes se encontraban desnudas y solo tenía un escritorio y una silla, así que supuso que este espacio era utilizado únicamente para las entrevistas.

—Tu examen ha sido impresionante.

Draco parpadeó, manteniendo un semblante neutral. Buscó en los ojos de Hermione algo que le indicase que mentía, pero parecía más que sincera. Desde su perspectiva, la situación estaba siendo surrealista.

—Gracias.

—La ultima vez que alguien hizo un examen tan ejemplar fue hace tres años y fuiste tú otra vez —comentó Hermione, desplegando una carpeta llena de pergaminos que Draco no alcanzaba a leer—. ¿Por qué te rechazaron en esa ocasión?

Le pareció una pregunta absurda, ya que estaba seguro de que Harry le había contado a su amiga qué había pasado.

—Me rechazaron en la entrevista personal —contestó, inseguro de sí debía más información—. Dijeron que no era apto para un puesto de ese calibre. Me ofrecieron un trabajo en Departamento del Uso Incorrecto de la Magia.

—Estás trabajando ahí actualmente, ¿verdad?

—Sí.

—¿Por qué quieres unirte al cuerpo de Inefables?

Su tono era recortado y profesional. Su expresión no revelaba nada. Draco evitó agitarse en la silla, llegando a la repentina realización de que estaba en su entrevista personal para ser Inefable. Esta era la oportunidad que había estado esperando. Pensó que debería sentirse más seguro y confiado por estar ante una persona familiar como Granger, pero fue todo lo contrario.

—Porque... —se detuvo un instante, meditando sus palabras. Había querido ser Inefable para demostrar que podía serlo. Como le había dicho Harry una vez, quería ser Inefable porque sabía que era difícil serlo— Quiero superarme a mí mismo, día tras día. Y sé que puedo hacerlo.

—Si pudieras decir tres cualidades tuyas, ¿cuáles serían?

—Soy muy metódico, aprendo con facilidad y soy perseverante.

—¿Y tres defectos tuyos?

Removió sus pies y flexionó los dados de las manos, dándose un segundo para pensar.

—Soy muy impaciente —estaba seguro de que Harry habría estado orgulloso de verle admitiéndolo en voz alta—, suelo cabrearme cuando las cosas no salen como planeo y a veces prefiero hacer las cosas por mi mismo a delegarlas en alguien más.

Hermione asintió, escribiendo algo en el pergamino frente a ella. A esas alturas, el corazón de Draco ya latía nervioso y una vocecita dentro de su mente le recriminaba que había sido demasiado sincero en sus respuestas y había echado a perder su oportunidad. Debería estar mintiendo, como hacía todo el mundo en las entrevistas de trabajo.

—¿Cuáles son las habilidades mágicas en las que más destacas?

—Sé hacer pociones avanzadas, soy bueno en transformaciones, oclumancia y legeremencia —se detuvo, y luego añadió:—. Puedo detectar magia sin un hechizo de rastreo.

—¿Cuáles son los ingredientes del Elixir para inducir euforia?

—Ramitas de menta, higos secos, púas de puercoespín, ajenjo, semillas de ricino y granos de sopóforo.

—¿Cuántas veces hay que revolver el Filtro de muertos en vida?

—Siete veces hacia la izquierda —respondió, sin perder el ritmo.

Granger le miró durante un momento y Draco podría jurar que su mente estaba buscando la pregunta más complicada del mundo para hacerle fallar. Una pequeña llamarada de angustia se filtró en él, pero la expectación gratificante por querer acertar cada demanda que le proponía la chica era más fuerte.

—¿Cual es el último hechizo que se ha lanzado en esta habitación?

La pregunta le cogió descolocado por un momento. Parpadeó rápidamente, mirando a su alrededor.

No había nada en ese despacho además del escritorio y las sillas donde estaban sentados. Había una ventana detrás de Hermione desde donde se podía apreciar los edificios frente al Ministerio. Estaba cerrada y no tenía cortinas. En el escritorio, estaban los pergaminos que había sacado Granger y un tintero.

Hizo memoria, procurando recordar si la había visto hacer algún hechizo al entrar. Tal vez para encender las luces o convocar una pluma. Lo descartó de inmediato. Ni si quiera había visto la varita de la chica.

Entonces volvió a pasear su mirada, respirando profundamente intentado percibir algo de magia en el ambiente. No había nada, ademas de los pequeños atisbos que enviaba el bebé de Hermione.

—No se ha hecho ningún hechizo aquí —contestó, a pesar de que sintió nada más pronunciar la última frase que había fallado.

Granger no dio ninguna señal de que su respuesta fuese acertada o no, simplemente cabeceó y volvió a escribir en su pergamino.

—¿Podrías trasformar este tintero en un animal vivo? —preguntó ella. Luego dijo:— Sin varita, por favor.

Draco casi se echó a reír, pero se reprimió al darse cuenta de que hablaba en serio. Era relativamente sencillo transformar un ser vivo en un objeto inanimado, pero la transfiguración de objetos inanimados a animados eran extremadamente difícil, aún teniendo una varita. ¿Cómo pretendía que lo hiciese sin ella?

A pesar de ello, no dejó que sus dudas se mostrasen. No perdía nada por intentarlo.

Cuadró los hombros, relamió sus labios y trabajó en su respiración. Pensó en una animal que pudiera parecerse a un tintero y le resultase fácil transformar. Un escarabajo, quizás.

O podía trasformar el tintero en un animal mágico. Eso sería alucinante.

Convertat vivus —murmuró.

Hubo un indicio de magia que se extendió por su brazo pero, para su gran decepción, no fue suficiente para transfigurar el tintero. Apretó los dientes, sin atreverse a mirar hacia arriba para no ver los ojos críticos de Hermione, y volvió a intentarlo.

Esta vez el tintero se transformó, fue cambiando de forma poco a poco. Un par de alas gruesas, negras y curvas revolotearon, a la vez que se extendían algunas patas sobre la mesa. Hubo un especie de chillido agudo y confundido. Un segundo después, había una Doxy encima del escritorio.

Draco se echó hacia atrás en su silla, contemplando a la pequeña bestia. Una parte de él estaba orgullosa de sí mismo y había otra parte que estaba vagamente entumecida y sorprendida por lo que acababa de conseguir.

—Brillante —comentó Hermione, agitando su varita para hacer que el tintero volviese a su forma natural—. ¿Sabes conjurar un encantamiento patronus?

No, pensó de inmediato. Toda la alegría que había podido acumular por su logro anterior se extinguió.

Había leído la teoría, sabía el hechizo y el movimiento de varita, pero nunca lo había intentado. Siempre había pensado que era magia demasiado... pura para él.

—¿Puedo utilizar mi varita? —fue lo que preguntó.

No creía que pudiera conseguirlo, pero prefería intentarlo a simplemente contestar que lo sabía hacerlo y quedar como un inútil. No estaba dispuesto a desperdiciar esta oportunidad.

—Como quieras —respondió Hermione, indiferente.

Sacó su varita del bolsillo de su túnica y tragó saliva. Imaginó el movimiento de varita que debía hacer y la entonación del encantamiento. Recordó que debía pensar en una memoria feliz al realizar el hechizo.

Pensó en Harry. En su primera cita donde patinaron sobre hielo, en su mirada encantada cuando le regaló el copo de nieve. Pensó en su cita en Paris. En lo feliz que le vio en La Madriguera. Recordó el momento en el que le dijo que le amaba.

Expecto patronum.

Una estela de luz plateada salió de su varita. Draco retuvo el aliento en su garganta. Podía sentir que su pulso latía expectante bajo su piel y sus ojos contemplaron con emoción como la estala iba tomando forma. Soltó un jadeó cuando el patronus terminó de establecerse en la habitación.

Creyó que era un dragón, aunque no había visto mucho, porque el animal no cabía en la pequeña habitación. Nunca había pensado que los patronus eran a tamaño real. Había visto una cola y unas alas escamadas antes de que atravesase las paredes y perdiese su estela. Cuando el dragón dio una vuelta por el techo, pudo contemplar la cabeza del animal.

—Es un Ironbelly Ucraniano —la voz de Hermione le sacó de su deslumbramiento. Ella, por primera vez en toda la entrevista, parecía tan emocionada como él—. Tú... tienes que enseñárselo a Harry.

Había algo en su tono de voz y en la intensidad de su mirada que le hizo asentir, preguntándose porqué parecía ser tan importante que Harry viese su patronus.

—Claro —murmuró.

Intentaba no estar asombrado por el hechizo que acababa de realizar, pero sabía que no estaba disimulando tan bien como quería.

Apenas le dio tiempo a recomponerse a sí mismo, cuando Hermione levantó la varita y le apuntó con ella.

Legeremens.

Draco sacudió la cabeza por acto reflejo, aunque no sirvió de nada para evitar la intrusión. Un dolor agudo pincho tras sus párpados inmediatamente. Granger llegó con extrema facilidad a un recuerdo suyo al azar. Estaba en la sala común de Slytherin, sentado frente a la chimenea. Ella saltó a otro recuerdo antes de que pudiera expulsarla. Levantó sus barreras mentales, muros y muros con diversas capas para proteger sus recuerdos. Fue creando un laberinto mental que cada vez iba encerrando más y más a Hermione, encontrándose con callejones sin salidas. Era una de las pocas cosas útiles que había aprendido de su tía Bellatrix. Al final, consiguió echarla de su mente antes de que pudiera acceder a uno de sus recuerdos de niño.

Exhaló con fuerza, llevándose los dedos a sus párpados adoloridos, esperando a que el dolor se desvaneciera.

—Lo siento —se disculpó Hermione—. Tenía que comprobar tu capacidad.

—Está bien.

—Creo que ya hemos terminado con la entrevista. Te enviaremos una carta en los próximos días para anunciarte si eres admitido en el Departamento de Ministerios.

Draco parpadeó, sintiendo la incertidumbre arraigarse en su pecho. Se puso en pie, y aceptó la mano que le tendía Hermione.

—Gracias —dijo. Al menos ella le había dado una oportunidad.

Salió del despacho repasando inmediatamente toda su entrevista y preguntándose si había sido suficiente. Había fallado su primer intento de transformación y no sabía si había acertado al intentar detectar magia, pero al menos había podido hacer un patronus.

Draco suspiró, caminando hacia los ascensores para ir al segundo piso. Todavía no podía creer cómo su novio le había ocultado que Hermione iba a entrevistarle. No estaba enfadado, una parte de él le decía que Harry no podría haberle dicho nada aunque quisiera, porque eso sería ir en contra de los métodos de selección de Recursos Humanos, pero no podía evitar encontrarse un poco molesto. Podría haberse ahorrado mucho estrés.

Se dirigió hacia el despacho de Harry y entró sin la necesidad de llamar a la puerta, ignorando la mala mirada que le regaló la secretaria.

Harry estaba sentado tras su escritorio, leyendo un pergamino con atención. Cuando levantó la vista, su expresión se iluminó al ver a Draco.

—¿Cómo ha ido tu entrevista?

Se encogió de hombros, sentándose en una de las sillas vacías.

—¿Por qué no me dijiste que Granger iba a entrevistarme? —preguntó, alzando una ceja de forma inquisitiva.

—¿Te ha entrevistado ella? —parecía genuinamente sorprendido, aunque Draco entrecerró los ojos y se cruzó de brazos— No lo sabía. Quiero decir, sí sé que Hermione trabaja allí, obviamente. Trabajamos juntos. Y me imagino que ella ha sido quien te convocó para el examen, aunque no me ha dicho nada.

—Claro.

—En serio —aseguró Harry. En realidad le creía, pero le hacía gracia ver cómo intentaba justificarse—. Me alegro que haya sido ella. Si te aceptan para el puesto es porque realmente te lo mereces. Hermione nunca tendría preferencia, buena o mala, para tomar una decisión.

—No sé si podré mirarla de la misma forma si me rechaza —admitió.

—La Hermione del trabajo no es la misma Hermione que vas a ver en La Madriguera. Al igual que yo no voy a ser el mismo en el trabajo que en casa. Tienes que separar lo personal de lo laboral —explicó el moreno—. ¿Ha sido muy dura contigo?

—Un poco —respondió, repasando mentalmente toda su entrevista—. Me dijo que debería enseñarte mi patronus.

—¿Has hecho un patronus?

Harry se veía ligeramente sorprendido y muy encantado. Se relamió los labios de manera nerviosa y sacó su varita del bolsillo de su túnica. Intentó no removerse ante la mirada expectante de su novio, y se concentró en realizar bien el hechizo.

Expecto patronum.

Su dragón emergió de su varita y voló por el techo, cubriéndolo por completo. El despacho de Harry era mucho más amplio, así que pudo apreciarlo con mayor atención esta vez. Era voluminoso, tenía alas escamadas y unas enormes garras. No sabía mucho sobre esa especie de dragones, salvo que eran longevos y extremadamente peligrosos.

—Es un Ironbelly.

Draco dejó de mirar el dragón, para pasar a observar a Harry. Sus cejas estaban alzadas, sus párpados abiertos, dejando al descubierto sus iris verdes. Había una sonrisa tenue en sus labios que aceleró su pulso.

—Eso es lo que dijo Hermione.

—Es el dragón de Gringotts —le miró sin entender. Su novio amplió su sonrisa, dirigiendo su atención hacia él—. Cuando estábamos buscando Horrocruxes, nos colamos en la bóveda de tu tía en Gringotts. Había un dragón custodiando las cámaras, con el cual terminamos huyendo.

—Era un Ironbelly Ucraniano —dijo Draco, suponiendo a dónde quería llegar. Ahora entendía porqué Hermione le había dicho que se lo enseñase—. Qué casualidad.

—Sí —afirmó el moreno. Había algo enigmático y fascinado en sus ojos mientras le observaba—. Los patronus de mis padres se complementaban. El de Hermione y el de Ron también lo hacen.

—Yo no soy tan cursi.

El moreno se carcajeó brevemente, levantándose de la silla y acercándose hacia él para darle un abrazo. Era ridículo la forma en la que su pulso se aceleraba solo con ese gesto.

—Claro que no —había burla en la voz de su novio, lo que le hizo resoplar—. Qué me iba a llevar a pensar que yo tengo algo que ver con tu patronus.

Quiso que sus mejillas no se sonrojasen, ni que su boca sonriese en contra de su voluntad. En realidad, Harry era su recuerdo feliz. No se lo dijo, y a juzgar por los ojos brillantes y cariñosos de su novio, no hacía falta expresárselo para que él lo supiese.


El sello del Departamento de Misterios era de color azul oscuro y, a veces, al mirarlo a trasluz se volvía de un color violáceo bastante bonito. Tenía pequeñas estelas de luz que brillaban de vez en cuando, como si en la cera hubieran añadido un hechizo para simular estrellas en el cielo. Draco era consciente de que probablemente esa era la última vez que iba a ver ese sello.

—¿Vas a abrir ya la carta o la vas a mirar todo el día? —instó Harry, luciendo impaciente— Me estoy muriendo por saber si te han aceptado o no.

—Tu mejor amiga me hizo la entrevista. Deberías saberlo.

Harry rió incrédulo y sarcástico, mirándole de soslayo.

—Le envíe un memorándum sólo preguntándole qué le había parecido y a cambio recibí un vociferador sobre el abuso de autoridad y no sé qué delitos más. Le llego a sugerir que me diga su decisión y me manda a San Mungo de cabeza.

Sonrió divertido. Luego volvió a observar la carta del Ministerio y su sonrisa murió de inmediato.

—¿Y si no me han aceptado?

—Entonces seré yo quien le envíe un vociferador a Hermione.

Esta vez rió en voz baja, negando cariñosamente con la cabeza. Era halagador que su novio quisiera enfrentarse a sus amigos por él, aunque sabía que poco tendría que hacer contra la decisión de Hermione. Respiró hondo y, después de una última mirada llena de incertidumbre, rompió el sello de la carta.

"Estimado señor Malfoy,

En primer lugar, el Departamento de Misterios quiere agradecerle su disposición y el tiempo que ha invertido en esta convocatoria para formar parte de la División de Inefables.

Nos complace comunicarle que su entrevista personal ha sido notablemente satisfactoria y, por lo tanto, ha sido aceptado para el puesto de Inefable.

Le esperamos el lunes en la zona de ascensores del Atrio, a las siete en punto de la mañana.

Por último, solo me queda darle la bienvenida.

Hermione Jean Granger-Weasley.

Jefa del Departamento de Misterios.

Inefable de primera orden."

Su mente se quedó en blanco durante unos segundos, hasta que las palabras que acababa de leer se asimilaron en su mente.

—Me han aceptado —murmuró.

—¿En serio?

Levantó la mirada, con una gran sonrisa formándose en su boca.

—Sí.

Harry le arrolló en un abrazo que lo echó hacia atrás en el sofá. Su cabeza golpeó contra el reposabrazos, pero en vez de un quejido, su garganta emitió una carcajada alegre. Su novio rió con él, aún aplastándole entre sus brazos mientras repartía besos en su rostro. Se preguntó si algún día sería capaz de dejar de sonreír.

—Estoy tan orgulloso de ti.

—No me lo puedo creer.

—Tendré que llamarte Inefable Malfoy a partir de ahora.

Draco parpadeó, mordiendo su labio inferior. La sonrisa de Harry era todo deleite y poder ver eso casi le hizo sentirse más feliz que la carta que acababa de recibir.

—Soy Inefable —susurró, incrédulo. Por mucho que se lo repitiese, aún no podía creerlo.

Un alarido de un búho les hizo separarse. El ave entró por la ventana que habían dejado abierta y arrojó un paquete encima de la mesa antes de marcharse de la misma forma en la que vino.

—Debe ser tu uniforme y tu contrato —comentó Harry, irguiéndose en el sofá y ayudando a Draco a hacer lo mismo.

¿Tenía un uniforme?

Sus dedos nerviosos desataron la cuerda que rodeaba el paquete y rompió el papel del envoltorio. Efectivamente, había una túnica dentro y un montón de pergaminos. La túnica era del mismo color que el sello del Departamento de Misterios, un azul oscuro violáceo que parecía brillar según como lo mirase. Había costuras de color plateado y, al tocarla, se maravilló con la suavidad de la tela. Había un escudo bordado en su pecho y, justo debajo, su nombre: Inefable Malfoy.

Un nudo se apretó en su garganta y las lágrimas empañaron su vista. Harry le volvió a abrazar un segundo después.


¡Hoooooooola holita!

Sé que después del capítulo anterior todo el mundo esperaba el drama, peeeeero... ¿y lo bonito que es acumular esa tensión una semana más?

Jajaja Sí, soy una persona cruel y encima duermo bien por las noches, que es peor.

Este es ya el capítulo 31, y eso significa que he llegado a igual a mi historia más larga ("Perfección"), lo cual me hace mucha ilusión, porque yo soy de historia cortas, y haber llegado a este número ya es un logro para mi.

Respecto al capítulo, no iba a escribir nada sobre patronus pero siempre he querido hacer que el patronus de Draco fuese un dragón y, en un principio, iba a poner a un Colacuerno Húngaro por lo del Torneo de los Tres Magos, pero siempre me ha fascinado el dragón de Gringotts, así que aquí está.

Espero que podáis haber disfrutado del capítulo, a pesar de la tensión subyacente en el ambiente.

La semana que viene habrá un poco de drama. Ya voy avisando para que os preparéis.

¡Hasta el próximo viernes!