Capítulo 16
Media hora antes de ser invitados a comer ramen, se encontraba Aria y Reborn en una sala llena de computadoras, ingresando datos y esperando resultados, era todavía muy temprano, el sol no estaba ni cerca de meterse, Aria empezaba a impacientarse un poco, ya que por lo general los resultados eran inmediatos.
-Nada, es como si Talbot no existiera- la frustración de Aria se podía percibir en el tono de su voz, en cambio Reborn seguía ingresando datos, buscando a esa persona, aunque sabia que no iba a tener mejor éxito que su compañera.
-Talbot es un ermitaño, de seguro esta en algún campo cuidando ovejas- Reborn también se había rendido poniendo sus pies encima del tablero y recargándose mas en la silla.
-Reborn, ¿Cómo es Talbot?, talvez podamos ingresar la descripción y encontrarlo más fácil- Aria no descansaría hasta saber un poco más del extraño personaje y la importancia con Vongola.
-Pues no es una persona común- Reborn esbozo una sonrisa recordaba la primera vez que había vista al sujeto, en ese entonces ya nada le sorprendía, seguía atrapado en su cuerpo de bebé sin ninguna salida.
-En esta familia ¿Qué es común? - la muchacha también tenía una sonrisa, imaginando que los muchachos eran personas comunes y corrientes, sin ninguna habilidad, siendo simples estudiantes de preparatoria, con trabajos de medio tiempo en alguna tienda de conveniencia.
-Si lo necesitamos, aparecerá el solo, siempre lo hace- Reborn recordaba muy bien cuando Talbot había llegado en el momento preciso para romper la maldición. La octava generación de Vongola fue la que rompió la maldición, pero hubo un efecto secundario, los arcobalenos envejecían más lento que una persona normal, lo tomaron como una ventaja y desde entonces estuvieron al servicio de Vongola, sirvieron a la novena generación y ahora servirían a la décima.
Se oyó como alguien abría la puerta y entraba, era Haru, una de las muchachas que se había encargado de la crianza de los muchachos. Tenía 27 años, pero parecía que tenía 23, era muy activa y entusiasta, y a pesar de que Reborn no se lo dijera, la consideraba muy hábil en el uso de las pistolas.
-Reborn san, Aria san, vamos a ir a comer ramen ¿nos quieren venir a acompañar? - pregunto la muchacha, tenía una sonrisa en el rostro, se podían percibir pequeños rugidos en el estómago de todos.
-Claro que sí, enseguida subimos- Aria contesto, y se levantó a estirarse, seguido por Reborn, Haru había abandonado la habitación para irse a arreglar un poco, todavía tenía 5 minutos.
-Espero que lo que me dijiste sea cierto Reborn- dijo Aria saliendo de la habitación para hacer lo mismo que la muchacha de antes.
Reborn solo bajo las escaleras para encontrarse con la mitad de los habitantes de la casa poniéndose los zapatos y platicando, todos tenían hambre y estaban dispuestos a arrasar con cualquier restaurante.
Y pasaron 5 minutos y ya todos se encontraban en la entrada, con chamarras, zapatos puestos y uno que otro con gorro.
- ¿No les falta nada? - pregunto Hana, quien hacia una lista mental sobre todo lo necesario, verificando que todos estuvieran ahí para poder salir, aunque la verdad no le importaría dejar a alguien por que se retrasó un minuto más.
Se oyó un "no" general, y dicho esto todos se fueron a un restaurante un poco escondido en el centro de la ciudad.
Mientras tanto, en un aeropuerto de Japón un vuelo desde Italia se había retrasado, y un señor con el pelo grisáceo, con unos mechones blancos, esperaba impaciente a lado de su chofer, un muchacho con traje y un cartel con el nombre de cierta persona escrito que tenía una cara de desagrado al estar ahí.
-Demonios, ya debió haber llegado, tengo mucha hambre- dijo el viejo canoso, se sentía enojado con la aerolínea, él no era muy amigo de los aviones comerciales, pero su nieto había insistido en ir en una aerolínea común que en su avión privado, sería una etapa de rebeldía por parte de su nieto, una muy rara para él.
-Señor, mire- el muchacho señalo hacia las puertas de la sala de espera, la cual se estaban abriendo dejando pasar a un montón de turistas con cámaras en las manos, fotografiando todo para después confirmar con sus amigos que en verdad estuvieron en Japón.
Era un mar de gente, pero entre esa multitud era imposible para cierto pelirrojo pasar desapercibido, era el único que tenía el cabello de un rojo intenso. Tanto era así, que un pasajero se acercó a preguntando si se lo había teñido y como le había hecho para que quedara así de rojo.
-¡Hey!, ¡Enma! ¡ENMAAAA!-el viejo había arrebatado el cartel al chofer y empezó a gritar el nombre que estaba escrito ahí.
El pobre pelirrojo lo había oído, y se sintió un poco avergonzado ya que su abuelo era el único que gritaba y era para llamarlo a él. Se acercó junto con su maleta a donde se encontraba el señor.
-Me alegra verte de nuevo abuelo- dijo dando una reverencia frente del ex-jefe Simone. El abuelo del pelirrojo se retiró a vivir a Japón, ya que decían que era un lugar muy tranquilo y espiritual, y dejo en manos de su hijo menor a Simone.
-No seas tan formal Enma, soy tu abuelo, además muchachito me alegra que ya hayas llegado que me muero de hambre- le había dado un golpe en la espalda a modo de cariño, se acordaba que su abuelo era muy brusco al momento de dar cariño.
-Está bien abuelo, oí hablar a unos turistas sobre un restaurante donde sirven ramen muy bueno, podríamos ir...- no termino de decir su oración cuando sintió otra cariñosa palmada en su espalda.
-Ni hablar, los sirvientes te han preparado un banquete en la mansión, no comerás con la gente que no es de tu categoría- dijo acompañado de una risa. El chofer agarro la maleta y se dirigieron al estacionamiento donde se encontraba un carro de lujo.
-Enma, bienvenido a Japón- fue lo último que le dijo su abuelo antes de llegar a la mansión que se encontraba en el barrio más caro de aquel lugar.
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