Capítulo 9. 3 años

Año 847. Distrito de Entrenamiento de Reclutas

Bajo aquel abrasador sol, _ caminó mirando a los reclutas que tenía frente a ella, con ojo crítico. Todos se mantenían quietos con el saludo militar. Entre ellos se encontraban Sasha y Krista, las cuales le saludaron disimuladamente cuando paso por su lado.

Cómo era complicado enseñar a montar a caballo a un gran grupo de reclutas, se redujeron los grupos a 10 reclutas por clase. Así _ podría centrarse en cada uno de ellos, entrenar sus fortalezas, cubrir sus defectos y guiarlos para convertirse en excelentes jinetes.

-Bienvenidos a la clase de hípica, mi nombre es _ Morgan y seré vuestra entrenadora- Se presentó parándose en el centro. Le agradó ver que ninguno se sorprendía al presentarse como tal. Seguramente la habrían visto en el primer día- Durante estos años os enseñaré a montar a caballo, a maniobrar con el EMT sobre él y adiestrarlo para que acate vuestras ordenes con solo las manos.

Ante lo último, los diez reclutas que tenía delante fruncieron el ceño sin comprender. Aquello no la sorprendió en absoluto. Cuando era exploradora, sus compañeros también se extrañaron al ver como Spirit seguía sus órdenes sin emitir ningún sonido. No era común tener tan entrenado a un caballo, pues normalmente no duraban mucho debido a la alta posibilidad de que acabara muerto durante una de las expediciones. Muchos de ellos quisieron aprender y ella gustosa les enseñó un par de trucos, sintiendo como su ego subía considerablemente.

Viendo la confusión en aquellos rostros, decidió que sería más fácil que lo vieran con sus propios ojos para comprenderlo. Se llevó las manos a la boca y sopló, emitiendo un silbido muy alto. Detrás suya, al cabo de unos segundos, se escucharon unos cascos trotar por la arena de aquella cerca, la cual estaba conectada con los establos. De pronto, sintió una presencia acercándose a ella y fue en ese entonces que alzó el puño al lado. Spirit frenó en seco y quedó muy quieto junto a ella, resoplando. Con el brazo en un ángulo de 90 grados y el puño alzado, procedió a bajar el puño hasta quedar en horizontal. Ante la nueva señal, Spirit dobló sus patas y se agachó, tumbándose en el suelo. Sin mirar ni emitir ningún sonido dirigido al caballo, _ se montó sobre el lomo del animal, provocando que este girara un poco la cara para observar su gesto. Tras unos instantes quietos, _ volvió a subir el puño, notando como en animal que tenía entre sus piernas se incorporaba y volvía a ponerse en pie.

Con una palmada en el cuello, le agradeció a Spirit su buen comportamiento, alzando la mirada para observar a sus cadetes. Con una pequeña sonrisa de satisfacción, vio la cara de asombro de algunos, los gritos de otros y las caras de confusión del resto. Había logrado dejar un buen impacto en ellos.

Azotando las riendas, se acercó a ellos a lomos de Spirit.

-Además de ser un medio de transporte, a través del entrenamiento y las señas, vuestro caballo puede salvaros la vida en circunstancias muy extremas donde se necesita silencio absoluto. Con ello conseguiréis sacarle el máximo partido y aumentar considerablemente vuestro índice de supervivencia fuera de las murallas, en el caso de que queráis alistaros al Cuerpo de Exploración- Se detuvo delante de los reclutas los cuales la miraban con mucho interés desde abajo- Bueno, basta de rollos. ¿Quién quiere conocer a su caballo? - Les preguntó, señalando a su espalda, alzando una ceja.

Varios de ellos comenzaron a gritar emocionados, alzando la mano con entusiasmo. Todos parecían querer aprender. _ sonrió levemente, contenta de que les interesara. Sin decir palabra, dio la vuelta al caballo y trotó hasta la puerta de los establos, donde, todavía montada sobre Spirit, abrió una puerta que conectaba con otro recinto, mucho más pequeño que en el que estaban sus alumnos. De ahí comenzaron a salir todo tipo de caballos, de distintos colores y razas, dirigiéndose, cabalgando hasta la cerca continua. Un total de diez caballos recorrieron el lugar. _ espoleó a Spirit y se unió a la tropilla.

Cuando llegó junto a los cadetes, estos observaban impacientes a los animales, que parecían ignorar lo que iba a suceder, pero al notar como _ se acercó, desviaron su atención a ella. Bajo su atenta mirada, _ bajó de Spirit y se colocó delante nuevamente de todos ellos.

-Antes de nada, los caballos que veis a mi espalda ya están domados por lo que lo único que debéis preocuparos es en adiestrarlos y ganaros su confianza. Dicho esto, lo primero que debéis saber acercan de ellos es que son unas criaturas asustadizas y huidizas ante lo desconocido. Normalmente siempre es así; sin embargo, puede haber casos en los que reaccione de mala manera y llegue a golpearos. Un golpe de sus cascos puede llegar a ser fatal, asique, ojo. Antes de llegar a eso, tenéis que ser muy cuidadosos y observar su lenguaje corporal. - _ desvió sus ojos en busca de algún equino que se encontrara cerca de ellos. A unos metros a la izquierda, junto a la valla vio a una yegua blanca con la cabeza metida entre los barrotes, tratando de comerse un arbusto. El animal movía la cola de un lado a otro, con tranquilidad, sin importarle los humanos cercanos a ella. Aquello le indicó a _ que el animal no era muy desconfiado. Perfecto para la primera prueba- Necesito un voluntario para demostrarlo ¿Quién quiere aquella yegua? -La señaló. Entre los reclutas, una chica de pelo negro y mirada apática alzó la mano, la cual se ganó una mirada sorprendida de los chicos de su lado, uno rubio y otro castaño- Perfecto, ven conmigo, el resto seguidnos a cierta distancia para no asustarla- Le indicó a la chica que se acercara a ella. Esta caminó con el rostro medio escondido por una bufanda roja y se paró junto a ella. _ observó que era muchísimo más alta que ella- ¿Cuál es tu nombre?

-Mikasa Ackerman.

-Encantada, Mikasa- Le palmeó la espalda sonriendo un poco, sorprendiendo a la chica por tal muestra de afecto. Ningún entrenador se había comportado de esa manera. Con un movimiento de cabeza, les indicó al resto que las siguieran- ¿Has montado o tratado con caballos alguna vez?

La chica negó con la cabeza, volviendo a su apatía.

-Bueno, siempre hay una primera vez- Le animó sin sorprenderse ni extrañarse. A pesar de ser un medio de transporte común en las Murallas, había muchas personas que en su vida habían montado uno pues no se lo podían permitir. Cogiéndole del brazo, le indicó que se detuviera, parándose a unos 5 metros de la yegua, la cual había sacado la cabeza al sentir su presencia y les miraba con las orejas en su dirección, muy atenta a sus movimientos. El resto de las reclutas estaban a unos pasos de ellas, quietos tras haber visto que se habían detenido- Mikasa, ¿ves cómo tiene las orejas? -Le preguntó señalándolas. La chica asintió, sin decir ninguna palabra- Eso significa que está cómoda con nosotras así cerca de ella, por lo que podemos acercarnos un poco más- Por indicación de la más mayor, ambas dieron un paso más. El animal al notar el movimiento, echo la cabeza y las orejas hacia atrás. _ le cogió del brazo otra vez a la chica- ¿Has visto? Eso indica que le estamos incomodando asique debemos dar un paso atrás y empezar otra vez – Al hacerlo, las orejas volvieron a orientarse hacia ellas, todavía atenta- Nuestro error ha sido acecharnos muy rápido, sin cuidado y sobre todo mirando a los ojos a la yegua, asique para que no se asuste de nosotras debemos hacerlo con tranquilidad y evitando tener contacto visual- Dieron otra vez un paso, mirando a las rodillas del animal, el cual, esta vez, se quedó quieto, sin mover ningún musculo- Como no nos conoce y no está acostumbrado a tratar con otras personas, hay que hablarle mientras nos acercamos para que no se asuste con nuestra presencia- Tras unos pasos, ambas se encontraron frente a la yegua, la cual movía sus fosas nasales, oliendo a ambas con interés e intriga. El animal era precioso. Tenía el pelaje de un color blanco muy puro y brillante, muy bien cuidado por los mozos de cuadra. Además, parecía sano y fuerte, casi parecía preparada para salir a correr en aquel mismo instante- Muy bien, muy bien parece que le interesamos. Eres preciosa ¿Lo sabías? Ahora, dame tu mano- Le indicó la morena a la otra chica, alzando su mano en dirección a ella, sin mirarla ya que vigilaba los movimientos del animal. La chica titubeó con duda, claramente incomoda. Sin embargo, posó su mano sobre la de_, la cual sonrió y acercó ambas manos a la nariz del animal, sin tocarlo y manteniendo una distancia para que el animal tuviera su espacio- No te muevas y espera. Si nos huele, puedes aprovechar para acariciarle y darle un trozo de manzana. Si no, da un paso atrás- Sin embargo, no hizo falta moverse. Para suerte de ambas, la yegua parecía ser muy sociable asique nada más olerlas en el aire, se acercó dando un paso, casi tocando ambas manos. _ arrastró la mano de Mikasa sobre el morro del animal y le permitió que la acariciara. Mientras la chica se permitía darle caricias al animal, con los ojos un poco brillantes de la emoción, _ con su otra mano, cogió de su bolsillo un trozo de manzana y se lo tendió a la chica.

Cuando cogió el trozo, _ se separó de la cadete y observó desde su posición como el caballo se estremecía ante los cariños y atenciones de la chica, moviendo la cola con alegría. Había elegido bien. Supo que ya se había ganado su total confianza, cuando la yegua abrió la boca y se comió con suavidad la golosina que Mikasa le tendía.

_ aplaudió con entusiasmo. El resto de los compañeros emitieron un sonido de sorpresa y se unieron a los aplausos. Con un giro, se dio la vuelta y les encaró.

-¿Y bien? ¿Quién quiere ser el siguiente?

Pasó al menos una hora de reloj enseñando a cada uno de ellos a acercarse a su caballo. Había algunos que lo conseguían tras varios intentos mientras que otros parecían no tener maña con los animales, pero ninguno fue tan perfecto como Mikasa Ackerman. Para sorpresa de _, se llevó de miedo con la yegua que ella misma había elegido e incluso comenzó a montarla, cosa que no había planeado para el primer día. Pero dado el nivel de unión que tuvieron, no podía desaprovechar la oportunidad y las llevó a otro nivel.

Con una pequeña sonrisa, vio como la chica de pelo moreno trotaba con el animal por toda la cerca, sorteando a sus compañeros, algunos ya acariciando a sus caballos. Un relinche muy agresivo llamó la atención de _, haciendo que girara su rostro en dirección al sonido. Aquello había sondado muy mal. A unos metros de ella, uno de los cadetes estaba teniendo dificultades para poder acercarse a un caballo. El chico estaba demasiado cerca y el caballo, agobiado por ello, comenzó a relinchar y a arrastrar el casco sobre la arena varias veces, muy nervioso. Al ver que no se quitaba de en medio, el animal se alzó sobre sus patas traseras y empezó a mover las delanteras, dirigiéndolas al chico, con mucha agresividad. Con rapidez, _ cruzó la distancia y empujó al chico hacia atrás, poniéndose delante del animal.

-Tranquilo-Le habló con calma, alzando las manos en son de paz- Nos vamos a separar ya. Tranquilo, bonito, tranquilo- Empujando con su hombro el pecho del chico, logró separarse lentamente mientras que el animal volvía a poner sus patas delanteras en la tierra y relinchaba. El caballo de color marrón chocolate los miró con interés, todavía alterado por el acercamiento inicial, pero conforme más le habla _ con aquella voz y se iban separando, más se iba calmando. A una distancia prudente, miró de reojo al chico que tenía a su lado. Se llamaba, si mal no recordaba, Eren Jaeger- Eren, deberías haber tenido más cuidado. Si no llego a estar yo, estarías aplastado contra la arena como una cucaracha. Y la verdad es que el primer día no me apetece mucho recoger trocitos de reclutas por toda la cerca- Le regañó sin enfadarse, todavía vigilante del caballo que tenían delante.

El chico la miró también de reojo con los ojos muy abiertos, todavía procesando el susto. Chasqueando la lengua, alzó su mano y se removió el pelo con un poco de frustración. Gesto que no pasó desapercibido por la morena.

-Lo siento, entrenadora Morgan, yo…

-Eh, eh- Le interrumpió golpeándole suavemente el hombro, ganándose una mirada sorprendida del chico, que se tocó el lugar del impacto sorprendido- Os he dicho que me llaméis, _. Y tranquilo, no hace falta disculparse. Es complicado que hacer las cosas a la primera, y más si tiene que ver con animales.

Eren la miró por unos segundos, como considerando sus palabras, para después bajar la mirada, emitiendo un gesto de frustración.

-Pues al resto parece que se les da muy bien todo esto- La impotencia se notaba en cada palabra que salió de su boca. No entendía por qué, pero a _ no le dio sensación que estuviera hablando de acercarse al caballo. Parecía que le molestaba algo más.

Comprendiéndolo, _ decidió ayudarle un poco. La crisis que estaba teniendo el chico le recordaba a la que había tenido ella en sus días como recluta. Que todos avanzaran y tú te quedaras atrás era lo peor. Sin embargo, por suerte para él, tenía una entrenadora muy cabezota.

Sin decir nada, se llevó las manos a los labios y silbó con fuerza. Spirit, que pastaba al otro lado de la cerca, al escuchar su llamado, alzó la cabeza y le buscó con la mirada, para después echar a correr en su dirección. Cuando estuvo junto a ella, repitió la señal y el animal se detuvo. Con el animal resoplándole en el rostro, _ alzó la mano y comenzó a acariciarle el hocico, bajo la mirada de Eren.

-Te contaré un pequeño secreto-Le dijo sin mirarle, viendo como el caballo se estremecía por las caricias que recibía de ella- y, por tu propia seguridad, espero que seas listo y te lo guardes hasta la muerte- Le amenazó mirándole de reojo. Eren, un poco asustado por el repentino cambio, asintió varias veces, tragando saliva- Verás, todo lo que me has visto hacer, incluso el simple gesto de acercarme y acariciar a Spirit, tardé aproximadamente un año en conseguir hacerlo.

El castaño parpadeó varias veces, sin poder creérselo.

-Pero si lo hace parecer que le sale solo… Casi como si tuviera un don con los caballos.

-Pues ya ves que no. No soy ni un genio ni tengo un don innato. Para nada- _ alzó los ojos hacia el chico y lo miró con firmeza, esperando que sus palabras le pudieran animar un poco – A pesar de fallar constantemente y derrumbarme muchas veces, he continuado insistiendo. Mi madre me decía que el primero que perdía no era el que fallaba, sino el que se rendía. Es un lema que intento llevar a la práctica en todo en lo que fallo, que no es poco- El chico se mantuvo en silencio, manteniendo la mirada conectada con _. Esta pudo ver como en sus ojos color verde azulado se comenzaba a formar una pequeña pero potente esperanza- Eren, no por querer ir más rápido o al mismo ritmo que el resto, significa que seas mejor que nadie o que vayas a triunfar más. El aguantar hasta el final, venga lo que te venga encima, es lo que marca la diferencia de los ganadores del resto.

Un silencio se formó entre ambos mientras se mantenían la mirada. El chico parecía estar sopesando las palabras que le había dicho _. Y para alegría de esta, tras unos segundos de reflexión los ojos de Eren parecieron brillar con entusiasmo y mostrándole a la morena una sonrisa. El chico asintió girándose hacia el caballo, encarándolo con una concentración de miedo.

_ soltó una risa complacida y le golpeó otra vez el hombro sin que él se lo esperara y sin medir su fuerza, causando que se girara hacia ella otra vez, con los ojos abiertos como platos y una leve expresión de dolor.

-Así me gusta, Eren. Ese es el espíritu que busco yo en mis alumnos. Venga, concéntrate. Vamos a enseñarle a ese caballo de que pasta están hechos unos cabezotas como nosotros- Le animó con mucho entusiasmo, ganándose una pequeña sonrisa del chico, que bufó sin poder creerse que la persona que tenía delante suya fuera una entrenadora.

Tras aquella clase, _ forjó una amistad muy fuerte con varios de sus diez primeros alumnos, pero, sobre todo, con el castaño. No quería admitirlo, pero Eren le recordaba mucho a su hermano pequeño, e incluso tenían la misma edad, por lo que fue muy fácil cogerle cariño. Sentía las mismas ganas de ganar y de superarse que Ethan, aunque era muchísimo más pasional y explosivo que el mismo. Tras tres años de entrenamiento, casi conviviendo, _ lo acabó considerando como un hermano propio. Eso sí, moriría devorada por un titán antes de decírselo. Estaba segura de que si el castaño descubría el afecto que sentía por él, se reiría enfrente de su cara por su emotivo lado.

También se fortaleció su relación con Krista y Sasha, siendo la segunda su compañera de asaltos a la cocina cuando el alcohol (para _) y la cena comenzaba a escasear. Por suerte para ambas, estaba la rubia para alertarlas en el caso de que pasara algún otro entrenador, salvándoles el culo varias veces debido a su pequeño tamaño y sigilo. No les pillaron ni les castigaron ni una sola vez, eso sí, el Distrito perdió mucho dinero con sus constantes robos.

Otro con el que hizo una extraña amistad fue con Armin Arlert, un chico delgado con el pelo de color rubio y los ojos azul cielo, uno de los mejores amigos de Eren Jaeger y Mikasa Ackerman. Era extraña (calificativo hecho por Eren) ya que se juntaban en la zona de enfermería y se pasaban las horas hablando de los procedimientos y demás temas médicos que aburrían de sobremanera al castaño cuando los tres iban a saludarla por las tardes, cuando era voluntaria en aquel lugar. Gracias a la mente tan brillante del rubio, le dio la idea a _ para construirse un cinturón que pudiera portar lo necesario para atender en una emergencia en cualquier momento.

Durante aquellos años de entrenamiento, a la vez que los fue conociendo, también descubrió la historia de alguno de ellos y los motivos por los cuales entregaron su corazón a la causa militar. Con el corazón encogido y la piel de gallina, escuchó como Eren, Mikasa y Armin le relataban lo vivido en aquel fatídico día y las penurias y las pérdidas que tuvieron que sufrir tras este. Aquellos no eran unos niños que buscaban la gloria, el dinero o la fama, era unos huérfanos que deseaban que aquel mundo tan cruel tuviera un necesitado cambio. Una vez supo todo esto, conmovida por sus historias, _ les ofreció su ayuda y los entrenó a escondidas del resto de entrenadores, con la esperanza de adquieran la suficiente fortaleza y habilidad para conseguir sus objetivos y sobrevivir en el infierno en el que deseaban internarse. En el proceso, descubrieron que había sido exploradora además de lo sucedido con sus dos mejores amigos y su escuadrón, por lo que se tomaron todavía más en serio sus enseñanzas.

Y así pasaron 3 años.

Año 850. Trost

Con un débil gracias, _ cerró la puerta tras de sí, observando el objeto que tenía entre sus manos de una forma muy seria y pensativa. Gina, hacía unos segundos, se había presentado en su puerta armando escándalo, incluso más que la fiesta de graduación que se celebraba bajo sus pies, y se la había entregado casi saltando de alegría. Sin embargo, _ que sabía lo que aquello significaba no sabía cómo sentirse al respecto.

Estaba un poco preocupada, si era totalmente sincera consigo misma. Habían pasado 5 años desde la muerte de Finn y Gillian y desde que dejó de ser una soldado con todas las letras de la palabra. Había pasado mucho tiempo desde que ejerció y no estaba segura si estaba al 100% preparada para volver. Y el sentirse así de insegura, no era propio de ella.

"De: Cuerpo de Exploración – Para: _ Morgan"

Las letras con una caligrafía muy fina y elegante parecían incitarla a que tomara una decisión de una vez por todas. A pesar de la dimisión de Keith Shadis, el nuevo comandante también parecía interesado en ella.

Sabía que era el momento. Debía continuar con la búsqueda de la verdad y su camino de la venganza contra los titanes. Pero…

Unos suaves golpes en la puerta de madera de su espalda la sacaron de su debate interno, sobresaltándola. Con el ceño fruncido y muy intrigada, cogió el pomo de la puerta y lo giró, encontrándose con unos ojos verdes azulados, un poco rojos y cristalinos. Al instante que sus miradas se cruzaron, la más bajita escondió disimuladamente la carta tras su espalda.

Sonriendo con un poco de burla, _ recompuso su animo a uno más normal.

-Vaya, vaya, ¿A quién tengo el placer de recibir en mi humilde morada a estas horas de la noche? Oh, claro, pero si es el mismísimo Eren Jaeger, el número 5 del top 10 de los mejores reclutas- Le saludó, bromeando. El chico bufó, negando con la cabeza y pasó adentro de la habitación. Eren había crecido mucho estos tres años, llegando a diferenciarse de _ por casi 20 centímetros. Lo cual había causado muchas burlas por parte de él y muchos golpes por parte de ella- ¿Cuál es el motivo por el que una persona tan talentosa como tú visita a una simple entrenadora como yo en la noche de la graduación?

-Venía a hablar un poco contigo, pero ya veo que estas en modo insoportable, -Escupió el chico con un tono ácido alzando un poco una de sus cejas, la cual se ocultó en su flequillo-asique en estos momentos me estoy arrepintiendo un poco de concederte el placer de mi compañía- Se unió a su burla, haciendo que _ sonriera divertida.

-Vale, vale, tú ganas, ya paro. No me castigues así.

Ninguno de los dos emitió a continuación ninguna palabra, formándose entre ellos un silencio muy cómodo. Eren miraba de aquí para allá la habitación en la que se estaba quedando _, parecía como si el chico estuviera buscando las palabras. _ esperó pacientemente, con la carta todavía tras su espalda. Para los entrenadores, les habían proporcionado habitaciones particulares mientras que para los reclutas recién graduados todavía seguían durmiendo en habitaciones compartidas. Sin embargo, con motivo de la celebración, les habían reservado todo el salón de abajo para que pudieran llevar la fiesta con tranquilidad sin la supervisión de sus entrenadores. _ no quería ni pensar lo que estaría sucediendo bajo sus pies. Habían encerrado a cal y canto a un conjunto de adolescentes eufóricos por su recién graduación. Nada bueno saldría de ahí.

Mientras Eren mantenía la boca cerrada, muy pensativo, _ jugueteaba con los bordes de la carta.

-Armin, Mikasa y yo nos iremos al Cuerpo de Exploración-Le anunció sin mirarla, observando la ventana que daba a la ciudad de Trost, toda oscura e iluminada levemente por las farolas de aceite y los interiores de las casas- Me lo han dicho hace unos minutos.

_ suspiró un poco pesadamente, sintiendo como su corazón se encogida con un poco de miedo. Los tres contaban con apenas 15 años y ya estaban graduados y preparados para entregar su corazón a la causa de la humanidad mientras que ella con 16 años solamente se había apuntado a la milicia. Eran unos niños. Apenas habían vivido 10 años con normalidad Y no podía evitar temer por ellos, pero no podía decírselo. No era de su incumbencia. Ni tenía el derecho a hacerlo.

-Me lo imaginaba de Mikasa, siempre está protegiéndote las espaldas. Casi parece un ángel de la muerte cuando algo te incumbe a ti. Pero no me lo esperaba de Armin… A decir verdad, pensaba que optaría por cualquier cosa, excepto por el Cuerpo. Con esas notas tan altas en la parte teórica, cualquiera lo diría- Dejó escapar una vez más el aire de sus pulmones, mirando con una mezcla de seriedad y tristeza la espalda ancha del chico. En aquellos instantes, Eren estaba dejando atrás su infancia y adolescencia para adentrarse en el salvaje y cruel mundo de los adultos. Ya no sería más aquel niño revoltoso, cabezota y apasionado que se frustraba por no seguir a sus compañeros. Su espalda de repente le pareció demasiado grande, preparada para aguantar todo lo que se le viniera encima- Al parecer suponía mal.

-Tú también deberías ir.

Los ojos de ambos se conectaron cuando Eren giró su cuello, para mirarla de reojo, con mucha seriedad. _ no había pasado por alto el aspecto de sus ojos. El chico había llorado.

-He visto la carta y el remitente antes de que la escondieras detrás de ti-Le explicó con tranquilidad al ver como _ fruncía el ceño, un poco sorprendida. Esta arrugó un poco más la carta contra su espalda, sintiéndose pillada por el chico- Ya es hora de que dejes de esconderte, _.

Haciendo cuentas, _ le sacaba 10 años al chico. Eran muchos años de experiencia, muchos años vividos. Y, sin embargo, en aquellos momentos ella era la que sentía que tenía 15 años y Eren era el de 25. Sintiéndose un tanto intimidada, _ bajó la vista, mirándose las botas. "Bastardo cabrón" Le maldijo con una amarga diversión. Era gracioso que fuera de él, el que tuviera que animarla a ella a moverse y a dejar de huir. Ella una adulta hecha y derecha, siendo animada por un niño. Al que razón no le faltaba. Porque sí, eso es lo que había estado haciendo estos años.

-Como bien me dijiste una vez, "el primero que pierde no es el que falla, sino el que se rinde". Y sé muy bien que tu odias morder el polvo.