"Nokori wa keesu ni modoshi
Mata soba ni oiteageru yo
Isshou hanashi wa shinai
Datte kimi wa boku no"
"Hyouhon shoujo"
Despertó para el amanecer; al parecer el sueño le ganó ya que abrió los ojos encontrandose acostado junto al aparador abrazando al chico; sonrió y se quedó así unos segundos más disfrutando del contacto con el otro cuerpo, y aunque le desagradaba la idea se levantó, lo acomodó de nuevo dentro con los grilletes y cerró la puerta con el candado, llamó algunos akumas para que lo levantaran de nuevo a su lugar y así lo hicieron, seguido sacó un pequeño maletín de la cama; le gustaba sentirse humano a veces y ese día no fue la excepción, se quitó la ropa que traía puesta, debido a que su afán de tener al chico cerca había aumentado siempre terminaba empapado de aquel líquido, sacó otra muda nueva de ropa y se la puso, se observó en el reflejo del aparador y cuando se aprobó encendió otro cigarrillo, sonrió ante si mismo y luego observó el rostro del chico, había cerrado sus párpados y se veía como si durmiera.
—Duerme bien, mi dulce exorcista —se despidió y salió de aquella casa.
Caminó por las calles de esa ciudad, pasó tranquilo mientras pensaba en ese chico, después se dirigió con el Conde ya que le tenía una nueva tarea y de regreso se detuvó frente a una florería, observó que una pequeña niña salía con un ramo de flores y las empezaba a ofrecer, se acercó a ella y le sonrió.
—Buenas tardes señor, ¿no desea comprar alguna flor para su novia? —le preguntó inocentemente la chica mientras le mostraba las flores que tenía en la mano.
—Por supuesto —le contestó y las comenzó a observar— quiero ésta —le dijó y tomó una pequeña rosa roja.
—Es una gran elección señor, las rosas son muy lindas y siempre son representadas para el amor —le dijo la niña diciendo lo que antiguamente le había escuchado decir a su madre.
—Lo sé —contestó y le pago la flor.
—¿La quiere mucho? —preguntó la chica mientras le daba el dinero.
—Sí —dijo sonriendo posando la flor en sus labios— y si eres buena te diré un secreto —le dijo y se agachó hasta su altura para susurrarle algo— Ahora es solo para mi —le dijo y sonrió de nuevo.
La niña al no saber y mucho menos entender las intenciones del chico sonrió alegremente y se despidió de él dandole animos para estar con aquella "chica"; continuó su rumbo mientras observaba la flor; al momento de adentrarse al bosque que cubría aquella casa se detuvo a la mitad del camino, reflexionó sus actos y observó de nuevo la flor.
—Solo mía —repitió y con ello destruyó la flor en su mano— vaya estúpidez —dijo y llegando se fue directo al cuarto a disfrutar de su tiempo a solas con el cuerpo del chico.
