Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Travesuras
Luego de hacer las declaraciones necesarias ante los oficiales correspondientes. Bella fue puesta en observación debido a su estado de gestación y ahí permanecería hasta que su obstetra le diera el alta médica.
― Su situación me da un poco de pena ―Bella desvió su mirada hacia las sábanas que yacían enrolladas en su abdomen hinchado y jugueteó con la suave tela de algodón entre sus dedos―. Gabrielle nunca fue lo suficientemente inteligente para alejarse a su tiempo. Ella solo fue un chivo expiatorio que se involucró sin tener idea de todo lo que causaría.
Sus grandes ojos marrones se llenaron de lágrimas mientras un nudo en la garganta no le permitía hablar con claridad.
― Por un momento pensé que le diría a Sam que yo estaba ahí, y realmente me asusté mucho. Fue en ese momento que corrí al closet y decidí llamar a Vic ―se estremeció ante el recuerdo―. Después de finalizar la llamada se escuchó el primer disparo; todo fue tan rápido que no tuve tiempo para procesar lo que había ocurrido. A los segundos del disparo los quejidos de Sam se hicieron escuchar ―cerró los ojos brevemente―, la empezó a maldecir una y otra vez hasta que se escucharon más detonaciones. Gabrielle descargó el arma de Sam en el cuerpo de él. Acabando así con años de sumisión. Ni siquiera puedo saber cómo lo hizo, tal vez fue un descuido de él lo que ella aprovecharía para obtener su libertad. O al menos ella debe sentirse como libertad, ahora ya no está bajo el yugo de ninguno de ellos.
Edward bufó llevando las manos a los bolsillos del pantalón. Seguía detenido al pie de la cama, escuchando con atención a su esposa.
― ¿Creen que le darán muchos años de cárcel? ―Indagó Victoria mirando entre Edward y Emmett. Ella se había sentado en el borde de la incómoda cama de hospital junto a Bella y acariciaba con ternura los mechones de cabello castaño.
― Gabrielle se declaró culpable desde el primer momento ―respondió Emmett―. No servirá de mucho que ella diga que vivió años de opresión por parte del hoy occiso. Menos ahora que Paul Smith también levantó una demanda contra ella por encubrimiento.
― Sé lo merece ―alabó Victoria cruzandose de brazos―. Y no me mires así... ―advirtió ante la mirada acusadora de Bella―. Si Gabrielle no tuvo un poco de remordimiento cuando Tanya la mandó a espiar tu vida, y mucho menos le importó ser aliada de Uley, yo no tengo porqué sentir compasión por ella. Por mí que se pudra en ese maldito lugar. Eso le servirá de leccion por ser tan idiota.
― Sé que se merece lo que le está pasando ―dijo Bella― . Pero eso no evita sentir tristeza por ella, porque al fin de cuentas fue quién me salvó. Gabrielle prefirió dejarme libre y ser ella quien acabara con Sam.
― Sigo pensando que fue muy inconsciente de tu parte, Isabella ―reprendió Edward mirándola con gesto severo―. No puedo creer que no pensaras ni un momento en las niñas o en el bebé. Ya no digo que en mí, porque es obvio que si tus hijas no te detuvieron, menos lo haría yo.
― No digas eso ―murmuró mordisqueando sus labios―. Además ya todo pasó. Yo y el bebé estamos perfectos.
― Tendrás que ir a declarar cuando inicie el juicio ―recalcó Edward en su tono cortante.
Bella extendió su mano con una tímida sonrisa hecho que él ignoró saliendo de la habitación con Emmett siguiendo sus pasos. No le quedó otro remedio que abrazarse así misma al sentir el rechazo de su esposo.
― Esta vez estoy de acuerdo con él ―rumió la pelirroja― fuiste demasiado imprudente, Bella. Estábamos muy angustiados por ti, tuve mucho miedo, pero te aseguro que no más que Edward. El pobre estaba consumido en sus demonios imaginando lo peor.
Bella hizo una mueca sintiéndose terrible.
― Está enojado conmigo ―musitó― no quiere ni verme.
― Tú sabrás cómo lo vas a contentar ―le dio un guiño poniéndose de pie―. Me tengo que ir, cariño. Tengo que calificar algunas tareas de mis alumnos, cuídate.
Le besó la sien y dio media vuelta.
― ¿Estarás mucho tiempo en observación? ―se volvió Victoria con la mano en el picaporte.
― No, solo es esta noche.
― Bien. Te veré en tu casa, te quiero ―le lanzó un beso.
Después de que el obstetra dijese que todo iba bien y no era necesario guardar reposo ni nada por el estilo; a la mañana siguiente volvió a su casa. Las niñas la recibieron felices sin despegarse de la cama mientras la señora Cope la llenaba de atenciones. En cambio Edward seguía distante.
...
― Sí mamá, no estoy mintiendo ―resopló― estoy bien. Edward no me permite abandonar la cama, llevo tres días en reposo que él mismo inventó.
― Me dejas más tranquila, cielo. No olvides que te amo y que estamos aquí por cualquier cosa. ―Aseveró Renee.
― También te amo. Besos a papá ―se despidió con los besos ruidosos que sus niñas y sobrino enviaban a su abuela Renee
Exhaló cansada de estar acostada y pateó las mantas dispuesta a salir. No le venía bien eso de estar sin hacer nada, debía aprovechar el frío y la lluvia helada del exterior para hornear unas galletas para su familia.
― Tienes que mimir ―el pequeño Cody la abrazó por la espalda para evitar que abandonara la cama, a él se unieron sus pulgas con la misma intención.
― Ya no quiero dormir, Cody. Mejor haremos unas galletas, ¿quieren?
Esa idea fue suficiente para doblegar sus buenas intenciones, los pequeños dieron unos cuantos brincos en la cama llenos de emoción. Una vez que ingresaron en la cocina se encontró a Emily alistándose para irse.
― No deberías haber salido de la cama ―dijo la joven mientras se ponía un grueso abrigo de lana―. No quiero perder mi trabajo si tu esposo se entera que estás de pie.
Le regaló una sonrisa, abriéndose paso en la cocina y se dispuso a sacar los ingredientes para preparar la masa.
― No te preocupes. No hay razón para estar en la cama cuando mi médico indicó que estamos en perfectas condiciones ―se concentró en la harina que vacío en un tazón agregando un poco de agua tibia y la miró de reojo―. Si necesitas llevarte mi auto, hazlo, yo no necesito por el momento.
― Pedí un taxi hace media hora, quizá deba intentar llamar de nuevo.
Bella encogió sus hombros siguiendo con la elaboración de la masa. Quería apoyar a Emily, sabía que su economía no era buena y tenía las mejores intenciones de ayudarle, sin embargo cada que intentaba, la joven le daba evasivas, justo como ahora que sabía que no disponía de un auto desde que ocurrió el accidente fuera de casa.
Cuando el timbre sonó Bella sabía que era James quien venía por Cody. El rubio quitó su cazadora y atrapó entre sus brazos a su hijo antes de acercarse a ellas.
― Eso se ve bien ―comentó al sentarse frente a la encimera―. ¿Cómo te sientes?
Bella no supo si se refería a ella porque los ojos azules de James estaban fijos en Emily. A la vez que la chica se ponía nerviosa y esquivaba mirarlo inclinando su cabeza sin saber cómo reaccionar.
― Me voy ―balbuceó yendo a la estancia, allí abrazó a las niñas y también a Cody―. Nos vemos mañana.
James seguía admirando su figura de espaldas a lo que Bella sonrió negando.
― ¿Se fue por qué llegué yo? ―inquirió sonriente ya concentrado en el rostro de Bella.
― Tenía que irse. Su hora de salida fue hace media hora, seguro tendrá que caminar para buscar un taxi.
― ¿¡En plena lluvia!?
Movió la cabeza en un asentimiento a la vez que seguía amasando la mezcla.
― Tal vez necesita un aventón a su casa ―meditó James poniéndose de pie para juntar las pertenencias de su hijo en la pequeña mochila, lo vistió con un pequeño abrigo impermeable tomándolo en brazos―. Gracias, Bella, te veo mañana.
― ¡Oye! ¡Íbamos a hacer galletas! ―le gritó un poco más fuerte, en cambio James ya había salido de casa.
― ¿Qué pasó, mami? ―Daphne presurosa arrastró una silla para ayudarle con la masa. En realidad no era que quisiese ayudar, era la sola fascinación de enterrar sus manitas entre la masa.
― Su padrino tenía que irse.
― ¿Por qué? ―fue el turno de Grace que comía a puñados las chispas de chocolate.
Ella dudó en responder porque al fin de cuentas no sabía el verdadero motivo para que James saliera corriendo detrás de Emily. Bueno, probablemente sería porque era amable y nada más, tampoco había que demeritar que ese hombre era un caballero, solidario y atento.
― No lo sé, cariño.
Miró por la ventana de la cocina; la lluvia seguía cayendo con fuerza sobre la ciudad.
Se pusieron manos a la obra y empezaron a trazar con los distintos moldes de figurines sobre la mezcla ya desparramada sobre la superficie. Las galletas de mantequilla tardaron veinte minutos en salir del horno tiempo suficiente para que Edward llegara a casa.
Cerró sus párpados tan solo unos segundos al sentir los labios de su marido sobre su frente.
― ¿Cómo estuvo tu día? ―quiso saber al momento que sus hijas bajaron de los brazos de él.
― Bien. ―Fue una respuesta escueta y sin ninguna emoción. No se tomó el tiempo en preguntar por ella ni siquiera para acariciar su vientre como todos los días lo hacía.
Lo vio despojarse del largo abrigo que guardó en el pequeño closet que estaba al inicio del pasillo, las niñas lo siguieron y él fingió correr asustado hasta perderse fuera de su vista.
Suspiró. Edward seguía molesto con ella por su imprudencia al enfrentarse a Gabrielle.
Desanimada acarició su barriga y sirvió chocolate caliente en una taza.
…
Las carcajadas que compartían Shelly Cope y Victoria eran exageradas y estruendosas al grado que llegaban a aturdir los oídos. Bella consideró por un momento: quizá Vic en un futuro será muy parecida a su vecina cuando llegue a esa edad. Si, así la imaginaba con esa energía y desfachatez.
Bella se frotó los brazos a falta de suéter.
Era un frío sábado por la noche; a su amiga pelirroja se le había ocurrido jugar póker con la vecina, James se unió a la jugada y Edward a ellos.
El comedor se había convertido en una improvisada sala de apuestas donde Shelly estaba arrasando con todos. Sus pequeñas y Cody se habían dormido hace más de una hora, así que no existía problema en el mal vocabulario que se escuchaba en la estancia.
― Me he dado cuenta de tus evasivas para responder; ¿si volverás con el de los hoyuelos? ―Shelly parecía muy interesada en el tema de Victoria, tanto que la hizo sonrojar con su insistencia―. Por tu rostro se puede interpretar como un puede ser.
La pelirroja se encogió de hombros.
― Lo dudo. Emmett y yo vamos en diferentes direcciones.
― Mi esposo y yo siempre fuimos de pensamientos diferentes. Éramos totalmente opuestos y estuvimos juntos por cincuenta y cinco años.
― Tu esposo te amaba y por eso mismo te aceptó como eras. En mi caso él apenas me soporta, lo nuestro ya tiene un punto final desde hace tiempo ―comentó Victoria con los ojos clavados en las cartas que sostenía.
― Mmm ―rumió la mujer adulta doblando la apuesta, arrastró una torre de fichas sobre la mesa―. Si nunca hablas con él te quedarás siempre con la duda de lo que pudo haber ocurrido si fueras más lista y menos orgullosa.
Bella apretó sus labios para no reír. Entre sus manos tenía una taza de chocolate caliente con malvaviscos mientras todos ahí bebían tequila.
― ¿Cómo se hace para pertenecer a una sola pareja por cincuenta y cinco años? ―cuestionó James con interés después de beber de un caballito de tequila―. ¿Cómo se elige a la misma persona sin enamorarse de alguien más?
Edward sonrió con sus mejillas enrojecidas a causa del licor en su cuerpo, en ningún momento cruzó miradas con Bella y esto la desilusionó, porque él parecía más atento a la conversación que ocurría ahí que en ella.
― Me enamoré muchas veces en mi juventud. Fui muy hermosa y también muy asediada por los chicos, simplemente aproveché cada oportunidad y tuve a quien quise conmigo hasta que le conocí a él. En un principio no me tomó muy en serio, pues yo arrastraba mi mala fama, pero después de un tiempo no iba a dejar que mi pasado arruinara nuestro amor. Así que un día le propuse matrimonio ―las arrugas se profundizaron alrededor de los grandes ojos de la mujer―. Y lo elegí por siempre y para siempre solo a él. Y mi esposo me eligió de igual forma, sin importar lo diferentes que fuéramos, nosotros nos complementamos en su momento.
Les sonrió.
― Una vez que te enamoras de verdad no puedes pensar en nadie que no sea esa persona especial. ―Explicó Shelly Cope mirando fijamente a James―. ¿Cuántas veces te has enamorado tú?
Las cejas de James se arquearon ante la pregunta, cosa que Edward aprovechó para dejar una fuerte palmada en la espalda.
― No sé, nunca he pensado en las veces que me enamoré. Supongo que solo fue de la mamá de Cody. Por qué los amores adolescentes no cuentan, ¿verdad?
Todos en la mesa empezaron a reír con más fuerza logrando que el rostro de James enrojeciera.
― ¿Por qué solo te refieres conmigo? También es bueno que los demás hablen. ¿A ver, Bella cuántas veces te enamoraste antes de casarte?
Los ojos de todos estaban en Bella, incluso la mirada penetrante de Edward que se había negado a fijarse en ella en toda la noche.
― No muchas ―les respondió entre dientes.
― ¿No muchas? ―se entrometió Victoria golpeando la mesa―. Desde luego que te enamoraste más veces de las que vas a reconocer y si éste ―apuntó a Edward― no hubiese vuelto, te aseguro que otra fuese la historia.
No bastó con la mirada retadora que Bella le envió a su amiga para que se quedara callada, no, no fue suficiente.
― Yo sé lo dije, Shelly. Bella tenía un montón de pretendientes. Pero...
― Deja te aclaro que sí yo regresé no fue por Bella ―interrumpió Edward―. Por si no recuerdas tu amiga se hizo un procedimiento sin mi consentimiento, es prácticamente lo que nos tiene hoy aquí.
El silencio se hizo de inmediato y la incomodidad también.
Bella no le había revelado esa parte a su vecina, y que lo supiera de esta manera no le hizo sentir bien. Irguió su rostro mirando fijo a Edward y él le sostuvo la mirada.
― Desde un principio te dije que no estabas obligado a nada. Te puedes ir cuando quieras. ―Dicho esto abandonó la estancia sin despedirse de nadie, ni siquiera se detuvo por las súplicas de su vecina.
Mierda.
Ahora sí estaba jodido. No era su intención lastimar a Bella y valía más que lo aclarara porque la conocía muy bien que sabía que era capaz de echarlo de su propia habitación.
Arrastrando la silla hacía atrás fue tras su mujer. Todos ahí se mantuvieron en silencio sin nadie que se atraviese a pronunciar una palabra.
Al entrar en la oscura habitación fue directo al buró donde encendió la lamparilla, allí en la cama y hecha bolita, estaba Bella.
― Lo siento ―le susurró, acariciando la suave melena― no fue mi intención hacerte sentir mal, no lo tomes de ese modo, por favor.
Y no, ella no dio muestra de querer hablar con él.
― Sé que no es justificación, pero sigo molesto contigo. Es que... ―exhaló― eres tan terca que no mides las consecuencias. Te había dicho que yo tenía todo bajo control y no hiciste caso, preferiste meterte en la boca del lobo, y las cosas no se hacen así, Isabella.
― No me pasó nada, ¿por qué no entiendes? ―ella se había sentado para enfrentarlo con sus ojos llorosos―. Y sí, fue estúpido lo que hice, ya me disculpe una y otra vez. ¿Qué más quieres?
― ¡Quería evitar que estuvieras en una audiencia!, no quería ver tu nombre involucrado. Y al final no lo logré porque ahora tendrás que estar en el juicio de Gabrielle. ¡Ella mató a Sam! Y tú eres la unica testigo ocular. ¿No entiendes la magnitud?
― Pues si tengo que estar en cada maldito juicio, estaré.
― Bella... ―la tomó con suavidad de los hombros hasta que ella se arrodilló en la cama― los juicios son procesos tediosos, incluso pueden durar tiempo y tú estás embarazada. Deberías estar descansando y llevando una vida relajada no yendo a una corte.
― Perdón por los disturbios que ocasiono. Cómo verás no puedo estarme quieta, ¿ya? ¿Es suficiente para ti o quieres que salga a la estancia y lo grite para que todos escuchen? Ahora si me permites tengo sueño, así que te puedes ir a contarle a todos que estás aquí solo porque me sometí a un procedimiento donde nunca te pedí que te quedaras con nosotras.
Edward bufó.
― No quise decir eso. Bueno, lo dije, mas no era con esa intención.
― Déjalo, ya no importa.
Antes de que volviera a su posición fetal en la cama la estrechó entre sus brazos siendo separados por su pequeño vientre en donde sus grandes manos descansaron.
― Si importa, mi vida. Estoy aquí con ustedes porque quiero y no porque me sienta obligado ―besó su cabeza inspirando su delicioso aroma―. Te amo, Bella. Te amo tanto ―comenzó a regar besos por el rostro calentado de ella de forma tierna hasta llegar a los labios rosas―. ¿No me crees? ―preguntó al ver los labios de Bella apretados y negándose a besarlo.
Al no responder acunó el rostro de ella y la hizo mirarlo.
― Me dolió que dieras a entender el porqué estás con nosotras ―rebatió Bella.
Él suspiró llenándose de paciencia.
― Perdón por ser tan imbécil. Tengo muchos defectos, mi vida.
― Yo también ―admitió ella esbozando una pequeña sonrisa―. Y así te amo con toda mi alma y mi terco corazón. Discúlpame por preocuparte, no fue mi intención.
― No te imaginas la angustia que viví. Tuve tanto miedo a perderte, Bella.
― Lo sé, amor, lo siento de verdad. Perdóname por ser tan imprudente.
― Tendrás que hacer méritos, cariño ―le dejó una suave palmada en el trasero haciéndola reír.
Le sonrió antes de adueñarse del dulce sabor de la boca de su único amor, sintiéndose complacido cuando ella enredó las manos en su nuca.
― Sabes a alcohol... ―susurró Bella al momento que abandonaba su boca y se concentraba en su dura mandíbula, chupando y pasando la lengua que hicieron despertar a su pene, se estremeció de placer― a tequila.
Edward apretó los párpados y jadeó de forma trabajosa cuando ella mordió su hombro. Espera, ¿en qué jodido momento desabotonó su camisa y se deshizo de ella?
Tragó saliva con dificultad. No quería detenerla, pero debía hacerlo.
― Be-ella, amor...
Sus ganas de detenerla se fueron al olvido cuando una delicada mano apresó su falo por sobre la tela de los vaqueros y empezó a acariciarlo con vigor haciéndolo olvidar que debía volver con sus visitas.
No sabía que le pasaba a ella, pero estaba disfrutando lo que su mujer hacía con él. En un movimiento que no esperaba cayó de espaldas sobre la cama abriendo los ojos de inmediato, sorprendido, cuando se posó ahorcajadas dispuesta a montarlo.
Bella se había sacado la blusa y estaba con su torso desnudo mostrando sus senos inflamados y su tierno vientre donde habitaba su nuevo hijo.
Se mordió el labio hipnotizado ante la belleza natural de su esposa. Ella era deliciosa y era solo de él.
― Te amo, Edward. No tienes una idea de cuánto...
Los labios de Bella lo buscaron con profunda necesidad de hacerle saber lo que decía. Y él estaba más que complacido en dejarse llevar.
Y como siempre les dejo a su imaginación la salvaje noche que pasaron juntos😘. Cambiando de tema: Realmente no creí necesario agregar más drama o hermetismo a la familia Cullen. Bastante tienen con sus 4 pulgas y un bebé en camino para agregar más estrés a su vida, siento mucho si no es lo que esperaban. Sobre Gabrielle ella nunca llegó con buenas intenciones, tuvo la desdicha de encontrar en su camino a personas que solo la usaron y sacaron provecho de su poco carácter, y ella ahora pagará las consecuencias de no haberse alejado cuando era necesario. Y pues Sam Uley ya no existe, quizás no sufrió cómo lo merecía porque él fue quién orquestó todo contra Bella, sin embargo no podrá seguir espiando nunca más.
Muchísimas gracias por sus favoritos, follows y reviews.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Elizabeth Marie Cullen, Iza, Vane, Lili Cullen-Swan, PaolaValencia, Jade HSos, Liz, mrs puff, Flor Mcarty, Adriu, Mar91, Torrespera172, Lily, Pepita G, Dulce Carolina, Lizdayanna, Ximena, cavendano13, Kony Greene, Diannita Robles, Diana, Eli mMsen, Pameva, ALBANIDIA, Ana, Lidia, Rocio, Antonella Masen.
¡Gracias totales por leer!
