CAPÍTULO XXXI. HABLEMOS DE AMOR

(Canción de Pablo Alborán)

¡Feliz cumpleaños, Vico Mendoza!

Me atrasé, como siempre, espero me sepas disculpar. Pablo Alborán tiene la culpa porque apenas "pre-estrenó" esta canción.

-o-o-o-

Aunque George Weasley no conocía todos los detalles, podía hacerse una idea general de la importancia que tenía Draco Malfoy en la vida de Luna. Todo estaba escrito en ella, en sus cambios de conducta y en esa reciente necesidad que había desarrollado de irlo a visitar a diario.

Y no era que a George le molestara, sino todo lo contrario, tenerla diario en la tienda y escucharle de viva voz su día a día, era algo que llevaba queriendo que sucediera desde que él y Fred administraban la tienda mientras esperaban las cartitas de Luna con noticias de su hermana en Hogwarts. Pero no por agradable dejaba de ser extraño que Luna prefiriera estar con él que en su propio departamento.

Luna y George se encontraban esa noche en la tienda ya cerrada, como muchas otras noches, mirando los nuevos productos. Luna todavía no mencionaba lo de las exportaciones y la ayuda de Draco Malfoy, pero de acuerdo con el patrón de sus últimas visitas, George sabía que era cuestión de tiempo.

En el fondo, el pelirrojo sabía que necesitaba un aliado comercial y aunque odiara reconocerlo, Draco había sido el único inversionista serio que se había interesado en mucho tiempo.

Un par de años atrás, Harry le había ofrecido un préstamo, pero Harry de negocios no sabía nada; sólo pensaba darle un montón de dinero y George tendría que encontrar la forma de transformarlo en crecimiento. Además de la evidente falta de un asesor con experiencia, aceptar el dinero de Harry, significaba que seguiría sin aliados comerciales, nada le garantizaba que ese dinero fuera a ser suficiente para abrirse al mercado internacional.

Draco Malfoy en cambio, tenía un plan trazado, todos los riesgos calculados y el capital suficiente para garantizar mercados, publicidad y ganancias. Unos días antes, le había enviado un montón de pergaminos a George con Malcom, su hombre de confianza. En ellos, además de los montones de cláusulas, cifras y términos, le recalcaba la disposición de los asociados de Draco a reunirse con George para aclarar dudas y renegociar los términos si fuera necesario.

George no tenía forma de saberlo, pero Draco había hecho los cálculos personalmente y dictado el contrato entero antes de darlo a revisión a sus asesores.

Era demasiado bueno para ser verdad y George lo sabía, pero había demasiadas cuestiones por considerar, empezando por el nombre del inversionista… aquel tipo al que unos años atrás, él y Fred le hubieran saltado encima a golpes por insultar a su madre ¿si era el mismo tipo? Aquel chico racista, arrogante y mezquino ¿era el mismo hombre por el que Luna se desvivía de aquella forma?

-Yo confío en él –dijo Luna interrumpiendo los pensamientos del pelirrojo; estaba señalando la tarjeta de Draco que George había botado en una repisa como si fuera cualquier cosa.

-Ya lo sé –repuso George, divertido porque Luna hubiera encontrado el pretexto para mencionarlo tan rápido.

-También sé que tienes razones para desconfiar, pero ¿has leído al menos el contrato?

-Pues claro que lo he leído…

-Me dijo que te daba libertad de retirar tus productos cuando quisieras…

-Con una penalización…

-¿Qué? ¿En serio?

George se alzó de hombros. –No es la gran cosa considerando el capital que perdería Malfoy y socios si soy yo quien incumple el contrato.

-Pero no lo harías ¿o sí? no entrarías solo para abandonarlo y molestarlo, ¿verdad?

-Pues no, aunque no me agrade Malfoy, no haría algo así.

El rostro de Luna se relajó al escuchar esas palabras, aunque una parte de ella supiera que Draco no perdería dinero solo porque sí, seguramente también había calculado bien ese riesgo…

-¿Y entonces, lo estas considerando?

-Créeme, Luna, esto me quita el sueño.

Instintivamente, Luna miró el reloj, aún era temprano.

-Un té podría ayudar…

-Lo dudo –George volvió a levantar los hombros-, la última vez que lo intenté fue con el primer insomnio y todo se complicó más.

Luna se limitó a girar entre sus dedos una pelotita que decía cambiar por un rato el color de los pisos cuando rebotaba.

-Apareciste… -añadió George haciendo que la pelota se escapara de sus manos y pintara franjas amarillas por la tienda. Queriendo aligerar lo que había dicho, el joven añadió: -y no conforme, enviaste a Malfoy a ver mi tienda.

Luna tomó otra pelota de un anaquel cercano a ella, se la mostró al pelirrojo haciendo ese gesto que denotaba "ponlas en mi cuenta", esta vez la dejó ir a propósito y se contentó con mirar el contraste violeta y amarillo que había logrado en el pasillo.

-Él necesitaba un proyecto nuevo y tu un socio, me pareció lo mejor enviarlo a ver con sus propios ojos el potencial de tu tienda.

-¿Consideraste el potencial de que nos terminemos sacando los ojos mutuamente?

-Sí –Luna arrojó una pelota rosada la siguiente ocasión y sonrió tontamente—, llevo años considerando una posible interacción entre Draco y ustedes.

-¿Ustedes, es decir, nosotros… quienes?

-Todos ustedes, los Weasley.

Al fin, un punto diferente para tratar.

-Arriba tengo prototipos de esas cosas, con brillos y figuras –acotó como si no fuera tan serio el tema que estaban a punto de abordar-, y te dejaré lanzarlos por el apartamento si compartimos ese té.

Luna devolvió al anaquel la pelota que estaba a punto de soltar y siguió a George escaleras arriba.

Hablemos de amor, del sol en tu espalda,

del sueño que tarda en soltar la mañana.

El pelirrojo se tomó su tiempo preparando las tazas y algunas galletas, la tienda mantenía cierto éxito y no tenía mucho tiempo para hacer compras o preparar alimentos muy elaborados, pero a Luna seguramente le gustarían, eran de chocolate con crema.

Por encima de su taza, Luna observó a George endulzar su bebida y ponerle un toque de crema, había detalles de él que resultaban agradables de ser observados, como la forma de sus brazos, la distribución de pecas en ellos, o la marca que le había hecho el sol justo donde siempre se arremangaba las camisas.

-¿Y entonces… -empezó tranquilamente—cómo es que sucede un encuentro entre Malfoy y todos los Weasley? ¿eh?

Luna soltó una risita.

-Cuando Draco al fin pide la mano de Ginny.

George se echó a reír con ganas, que sospechara que Malfoy estaba enamorado de Ginny, no hacía que escucharlo fuera menos bizarro. Por poco le sale el té por la nariz.

-¡Malfoy! –risas - ¡Ginny Malfoy!

-A lo mejor ella no querría cambiar su apellido –acotó Luna con naturalidad, como si no percibiera la burla de George.

-Ya, pero, Luna ¿me estás diciendo que mi hermana escapó de ser Ginny Potter para hacerse Malfoy?

La serenidad de Luna le hizo abrir los ojos como platos. Eso, exactamente. Ginny, su hermanita, había protagonizado el escándalo del año cuando abandonó a Harry Potter en el altar, pero según Luna, lo peor aún estaba por venir, considerando que decidiera, en algún momento, presentar de novio a Draco Malfoy.

-Creí que lo sabías.

Ser tu despertador.

Hablemos de amor.

-Sabía… sospechaba, algo. Pero no pensé que fuera tan serio.

-Me ayudaste a infiltrarlo en la no-boda ¿y no pensabas que fuera tan serio?

-Te ayudé en la boda porque eras tú quien me lo pedía. Y porque dijiste que lo que hacías era por el bien de Ginny; no por él, Luna. Jamás por él.

-Por si no te has dado cuenta, seguimos hablando de la única persona, hasta el momento, que puede ayudarte a que el verdadero sueño, tuyo y de tu hermano, se cumpla—acotó Luna con una firmeza que no quedaba con su vocecita-. No pierdas eso de vista.

-Aun así, si Malfoy fuera mi socio de antes y me pidiera ayuda para detener la boda de mi hermana con Harry, no lo haría por él, Luna. Harry es mi amigo, un verdadero amigo.

-Yo sé y te agradezco haberme ayudado, sólo te estoy pidiendo no adelantar tus conclusiones sobre Draco. ¿Es mucho pedir?

George hizo ademan de cerrarse la boca y tirar un candado antes de volver a posar su mirada en Luna, a la expectativa de escuchar sobre lo que ella llevaba "años considerando".

-¿Sabes que una vez, me secuestraron para chantajear a mi padre? –George asintió –Me llevaron a la Mansión Malfoy, ahí estaba Draco también, casi tan prisionero como yo.

-Algo me ha dicho Ron –el tono del pelirrojo había cambiado por completo.

-Ya habíamos hablado antes en el Colegio, ¿sabes? que Snape fuera director y los Carrow profesores, nos orilló a todos a medidas un poco desesperadas.

-¿Y eso incluía a Malfoy?

-¿Crees que se sentaba en un trono y le rendían pleitesía por lo que hizo con el armario?

-Todo se precipitó por su culpa, supongo que había que estar adentro para enterarse de que no se volvió un héroe mortífago después de que los dejó entrar en Hogwarts.

-Supongo… -concedió ella.

George hizo un gesto de recordar algo. –Espera-, murmuró yendo por una caja de zapatos de la otra habitación.

-¿Qué es eso? –se interesó Luna mirando el contenido de la caja que George estaba extendiendo en la mesita a su lado-. ¡Las tienes! –se emocionó reconociendo las notas que por mucho tiempo le había estado enviando a George.

-Pues claro. Pero aquí jamás mencionaste a Malfoy.

-Tienes razón, debería haberte contado los planes que hacíamos y cómo lo convencimos de ayudarnos para que cuando fueran interceptadas todos tuvieran mayores razones para torturarnos.

-Ya… pero alguna línea no tan reveladora… -George fingió beber para no mirar a Luna por un momento-. ¿Entonces a Malfoy también le torturaban?

-La primera vez fue justamente porque él mismo se negó a torturarme a mí.

-¡Vaya!

-Después fue por Ginny, casi siempre fue por Ginny.

-¿Snape no lo protegía?

-Snape puso más cuidado en ambos cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando. Pero siendo un espía que además cuidaba de un Harry Potter prófugo, entenderás que no le quedaba mucho tiempo para cuidar de un grupo de rebeldes.

-¿Entonces Malfoy corría riesgos por Ginny?

-Y ella por él.

Por toda respuesta, George volvió a probar su té. En su mente, trató de imaginar al Draco que había visto huyendo de todo y de todos en la batalla de Hogwarts, dando la cara por su hermana y por Luna. Realmente no cuadraba.

-En la batalla final, Luna, perdí a Fred… y tal vez por eso no recuerdo todo o recuerdo mal, pero Malfoy no hacía sino huir.

-Cada uno hizo lo que podía esa noche. Y Draco ya había resistido suficiente ¿qué había de malo en que quisiera llegar con su madre?

George movió la cabeza, no porque recordara o comprendiera, simplemente por hacer algo.

-¿Por qué Ginny jamás lo mencionó?

-Por culpa.

-¿Culpa nuestra?

-Sólo un poco –Luna sonrió -. Los Malfoy separaron a Draco de lo que había pasado enviándolo a estudiar al extranjero; Ginny en cambio, se quedó aquí. Y supongo que su plan para ese momento era continuar separados. Draco empezó a salir con Astoria y Ginny con Harry… pero conoces el final de la historia.

-De hecho, no.

Los dos se miraron y sonrieron.

-Creo que aún nadie conoce el final de esa historia…

-Tengo toda mi fe puesta en que esta vez lo van a lograr –repuso Luna convencida.

-Pero, Luna, han pasado ¿cuántos? ¿seis años? ¿Y así de la nada esperas que se reconcilien y hagan vida juntos?

-De la nada, no ¡Del todo, George! ¿no lo ves? Todo este tiempo y ninguno ha podido continuar realmente ¿no te parece que merecen lograrlo?

-Pero todos los años que Ginny trabajó aquí, ella y Harry…

-Y, aun así, él no logró que Ginny superara los días de resistencia. Aunque sólo fueran unos meses, George, creo que la intensidad de lo que Ginny vivió en el colegio con Draco, lo supera todo.

-En serio estoy tratando de imaginármelo.

-¿A Ginny con Draco? ¿O a Draco de tu socio comercial?

-Ambas cosas. Creo.

Luna amagó otra sonrisa y se puso a abrir los pergaminos que George había dejado en la mesa.

"Escuchamos la radio hoy, creo que todos nos sentimos mejor después de eso."

-¡Aquí esta! –dijo triunfal después de un rato-, "Ginny está mejorando con las pociones"—leyó en un pergamino ¿pues quién crees que le enseñaba?

-¿Malfoy?

En respuesta, Luna pronunció su sonrisa.

-¿Y en qué momento te enamoraste tú de él, Luna?

Del beso en la frente que llama la suerte y te avisa que está todo bajo control.

De la soledad, la cura, ser los cráteres de la luna…

-D&G-

Con cierta desgana, Ginny empezó a hojear la revista que Jhon Marlem, su estilista, le había puesto entre las manos mientras él se ocupaba de su cabello, era la misma edición francesa que había criticado duramente su cuerpo unos días antes de la boda y cuestionado su salud. No habían mentido, pero no por ello la editorial le resultaba menos desagradable a la pelirroja.

-Encontraron a Zabini –acotó Jhon para animarla a que la leyera.

-¿En serio?

-Velo por ti misma.

Ginny empezó a avanzar las páginas de la revista un poco más rápido. Y en efecto, en una nota dedicada a la gala de la eliminatoria para los mundiales de quidditch que estaba por comenzar, había una fotografía donde Blaise Zabini abrazaba sonriente a la abanderada de la selección inglesa. La reconocía, era su amiga del colegio: Demelza Robins.

-Sólo hay una fotografía –murmuró fingiendo indignación-, ni siquiera se molestan en aclarar que no está conmigo.

-Y obviamente tampoco van a disculparse, preciosa. Pero te van a dejar en paz un tiempo.

-¿Dejarme en paz significa que dejo de ser la exclusiva más buscada? Si lo pienso, no me conviene tanto –se burló Ginny.

-Esperemos a mañana que esto se comercialice, a ver qué pasa.

-¿Es por esto por lo que Danel me citó mañana para desayunar?

-Eso creo.

-¡Qué bueno saberlo antes de un desfile tan importante como el de hoy! –Ginny infló los cachetes en berrinche, hacía mucho que no caminaba como modelo principal de un desfile, hasta esa noche, porque el director de la marca italiana que presentaría había decidido que era su favorita a pesar de los escándalos.

-Pensé que ver esto te daría tranquilidad.

-Sí… es decir, ¡sí! Pero…

-¡Pero nada! –interrumpió Astoria acercándose en ese momento-, estás preciosa, perfecta ¡Y sabes hacer este trabajo!

Ginny hubiera querido reírse del excesivo ánimo que Astoria se empeñaba en mostrarle los últimos días, pero para ese momento Jhon daba un retoque a sus cejas y tenía que limitar sus gestos.

-Ok… -fue lo único que pudo musitar tratando de concentrarse.

Donde anida lo imposible. La solución…

La noche no salió mal: Ginny caminó primera con una túnica azul celeste de estilo romano antiguo, llevaba brazaletes dorados, sandalias de gladiador también doradas y una guía de flores en el cabello. Detrás de ella, salieron varias modelos con túnicas blancas y aperladas.

Ginny debía hacer un cambio de túnica después de eso, mientras Maki le ayudaba a sacarse el primer atuendo, la pelirroja murmuró con un nerviosismo que nadie que la hubiera visto habría imaginado que sentía: -están en primera fila, Dem y Zabini, están aquí…

Aun así, sabiendo que los diarios tendrían los ojos puestos en esa aparición de Blaise y en ese desfile que protagonizaba, Ginny salió una vez más a desfilar, llevaba una túnica corta, como de soldado, rojo brillante con una capa que se sostenía de los brazaletes a la mitad de sus brazos, ni siquiera bajó la mirada hasta Blaise que sí que la miraba fijamente a ella. Ginny no necesitaba pensar demasiado en lo que estaba haciendo, era seguir la música de la orquesta al fondo, mirar al frente con seguridad… y caminar.

Siempre fuiste más fuerte que yo.

Y ahora el final: Maki le ayudó con la impresionante túnica de emperatriz Romana: dorada y ajustada a su medida exacta, con un ligero velo sobre los hombros; le cambiaron el tocado y le pasaron una brocha por las mejillas para depositar tonos aperlados sobre el rubor. Le dieron un bolso y un cetro donde se suponía que se guardaba la varita. Un atuendo digno de la modelo principal de un desfile mágico.

Ginny se miró al espejo, volvió a fijar en su rostro la sonrisa elegante y confiada, parpadeó seductoramente y se puso de pie cuando la música marcó su señal.

Al inicio de la pasarela, Andreas Sargué, diseñador principal y director del desfile, la esperaba con una sonrisa. Confiada, Ginny se tomó de su brazo y se dejó llevar por él. Andreas la soltó cuando solo faltaba un paso para su marca y comenzó a aplaudir simbólicamente mientras ella posaba para los cientos de cámaras a su alrededor.

Ginny fue quien comenzó a aplaudir cuando la pista musical terminó y con el inicio de otra melodía, el resto de las modelos volvió a salir a la pasarela. Andreas volvió a ir hacia ella para abrazarla y tomarla de una mano para hacerla girar, Ginny tuvo que lidiar con el bajo de la túnica y los zapatos, pero no dejó de sonreír.

—¡Ha sido perfecto! ¡Gracias! —Andreas hablaba desde la emoción, mezclando italiano e inglés y a los gritos. Y Ginny, a quien muchas firmas le habían cerrado las puertas esa temporada, se alegró con todo el corazón por encontrarse y ser parte de ese momento.

—¡Miles de gracias a ti!

Andreas la tomo en brazos y la inclinó en señal de agradecimiento al público que no dejaba de aplaudir.

Blaise nunca le había causado nerviosismo a Ginny, ni siquiera un poco. Y no iba a comenzar esa noche.

Que la prensa y el mundo hablaran, ella estaba en su sitio. Y ninguno de ellos se lo iba a arruinar.

En cambio, soy invencible si baja el telón y quedamos los dos.

-D&G-

El silbido de la tetera los sacó a los dos de sus pensamientos. George dejó su taza vacía en cualquier sitio y movió su varita en un círculo distraído para apagar el fuego, tardó unos minutos en ir a buscar la tetera y rellenar sus tazas.

La expresión distraída e indescifrable de Luna empezaba a preocuparlo… quizá era muy temprano aún para señalar esa herida, siempre inflamada y mal sanada.

-Supongo que no hay una única vez—la voz de Luna era extrañamente formal-, y eso que siempre he sabido que estaba fuera de mi liga.

Si tan solo George fuese capaz de hacerle ver que era ella quien estaba fuera de la liga de cualquiera.

-¿Qué?

Que la bombilla gastada puede ser mi galaxia si pinta el perfil de tus piernas cruzadas.

-La primera vez que lo vi fue en un partido de quidditch, todas mis compañeras hablaban de lo lindo que era el nuevo buscador de Slytherin, no se equivocaban. Aunque su opinión sobre él no tardó en cambiarla su carácter –Luna dejó salir un risita-. Ginny le dio un mocomurciélago cuando estábamos en cuarto y todos huimos del colegio gracias a eso, ¡lo tenía bien merecido! Me acuerdo haber pensado que ojalá yo hubiera tenido el valor de darle un castigo así. ¿Recuerdas ese año?

-Yep.

-La Patrulla Inquisitoria nos dio bastantes problemas… pero no tantos como la llegada de mortífagos reales al colegio.

-¿Me estás diciendo que te gustaba desde hace tanto?

-No. Todo ese tiempo me pareció insoportable, por eso fue tan evidente la diferencia. Él cambió para acercarse a Ginny, esa es la realidad. Y yo me enamoré de ese Draco.

-¿Te gustaba porque estaba enamorado de Ginny? – A George casi le salió el té por la nariz.

-Ginny ni siquiera era consciente de todo lo que implicaba, de lo que significaba para él. Pero su presencia exponía lo mejor de Draco, todos lo veíamos.

-O al menos tú lo veías.

-Para Draco, proteger a Ginny tanto y de todo lo que podía, era casi natural en esos momentos. Pienso que él mismo no era consciente de lo que implicaría en su vida actual.

-¿Malfoy no se daba cuenta de su enamoramiento?

-Draco se acercó a nosotros porque se estampó con la realidad ese verano. Servirle a quien-tú-sabes no era honorable ni lujoso como él había imaginado siendo un niño. Estaba desesperado cuando llegó a nosotros y asustado. Quería acercarse a Ginny porque pensaba que así llegaría a la orden y lo ayudarían a salvar a sus padres.

-¿Y Ginny qué opinaba?

-Ginny conocía muy bien todas las limitaciones de actuar desde la escuela-, Luna se retorció las manos al evocar esos recuerdos de castigos y tortura-. Casi había perdido la fe cuando Draco apareció.

-¿Y le devolvió esa fe? –George preguntó irónico.

-No es como tú te lo imaginas. No fue que su amor les diera fuerza o alguna tontería así. Es que Draco le ayudó a ver todo lo que aún podía hacer por quienes estábamos en el colegio. Que pasaran tiempo juntos y dejaran de odiarse fue colateral.

George se llevó la mano al sitio donde le habían amputado una oreja. Vaya que él conocía de daño colateral.

Que reírnos un rato, aunque el mundo de un salto sea el único pacto.

Hablemos de amor.

-Estoy casi segura de que la primera vez que se tomaron las manos ni siquiera se dieron cuenta; Ginny se metía en problemas, Draco conocía bien el castillo y nunca la dejó a su suerte. Yo estaba enamorada de eso, George. Yo si era una loca tonta que empezaba a fantasear con verlos juntos, porque con él Ginny reorganizó una resistencia y Draco encontró su propio valor. Era una situación que solo era posible en medio del caos, en un mundo ordenado, sin el retorno de quien-tú-sabes, nunca se habría gestado una relación entre ellos.

-¿Por eso se separaron apenas se ordenó todo?

-Es increíble, pero en un mundo ordenado, su relación era más difícil que en medio de la guerra mágica; los padres de ambos, sus familias, sus casas, su rango social… todo lo que no importaba en el caos, importaba al restaurarse la paz.

-Pero Ginny lucharía…

-Tal vez antes de perder a Fred lo habría hecho.

Una sensación de pesadez difícil de digerir se le atoró a George en el estómago.

-Mamá y yo la trajimos a la tienda apenas se graduó… creo que, que ni siquiera le preguntamos por lo que realmente quería.

-No sumarles problemas, eso es lo que quería. Aceptó a Harry y todo lo que se esperaba de ella después de eso… ¿no te habías dado cuenta en serio?

-Hasta que huyó de todos nosotros. Luna ¿qué clase de familia somos entonces? ¿Ginny en serio tenía que huir para que nos diéramos cuenta?

-No tenían intención de dañarla.

-Pero lo hicimos.

-Ella también lo aceptó.

-Por no dañarnos a nosotros.

-Al menos ahora lo entiendes.

-Yo… hablaré con mamá. No voy a contarle todo esto, pero veré la manera de suavizar el terreno para cuando Ginny regrese.

Luna escogió otra galleta, ver que se relajaba y daba esa señal de aprobación también relajó a George.

-Perdona que insista, Luna ¿pero y tú?

Hablando de amar, de romper la baraja

a ver quién nos gana, teniendo ventaja de tanto apostar.

-Yo quiero verlos felices por fin.

-¿Pero y lo que tu sientes?

-Draco lo sabe –el tono de voz de Luna volvía a ser suave-. Pero es hombre de una sola mujer y aunque seamos buenos amigos y nos tengamos mucho cariño, nunca iremos más allá de eso.

-¿Segura? ¿Pero y si lo intentan? –A George de nuevo le temblaba el pulso para levantar su taza, no podía creer que estaba diciéndole a la mujer que le gustaba que tal vez no lo había intentado suficiente con otro.

-Draco no me ve así, incluso sigue convencido de que siento lástima por lo roto que esta, así de incapaz es de aceptarlo.

-¿Ginny lo sabe?

-¿Te empeñas en subestimarla?

-No es eso, es que me parece difícil de creer que haya huido de la boda aun sabiendo que su mejor amiga está enamorada del hombre por el que huyó ¡es torcido!

-Eso me recuerda que no huyó, nos dio la cara a todos, aunque no tenía qué y fue completamente sincera con Harry. Simplemente no se casó.

-Pero Malfoy…

-Tampoco es seguro que retomen una relación. No se negó a la boda por él sino porque ¡ella-NO-quería-casarse!

-Ya, ya entendí… pero eventualmente es probable ¿no?

-Eso espero, George ¡ya te dije! ¡y te lo dije sinceramente! Draco me gusta cuando esta con Ginny, porque veo cómo es con ella ¡cómo son juntos! ¡lo que espero no es que él sienta lo mismo por mí que por Ginny! ¡No quiero separarlos por nada del mundo! ¡Lo que quiero es a alguien que crezca conmigo de esa manera, sentir que el destino cambia porque estamos en la vida del otro! Que nos vean y piensen lo que yo al verlos: que no hay nadie mejor para ellos, incluso si Harry es otro amigo muy querido y no quería hacerle daño, siempre he sabido que no era para Ginny. Nunca fueron así de…

-¿Y yo? –interrumpió George, envalentonado al ver los ojos vidriosos de Luna mientras hablaba del deseo de su corazón-. ¿Has pensado que yo sí podría quererte así?

Hablando de amar, amar sin hablar es a veces más claro.

Luna se quedó en silencio mientras las lágrimas le escurrían por las mejillas. Pasó un largo rato antes de que alguno se moviera.

George respiró pesado varias veces, sorprendido por la forma en que estaba terminando ese "té". Adiós fantasía de declararse en un momento u ocasión especial. Era ahora o nunca.

-Luna… -el pelirrojo no había terminado de digerir el momento cuando se animó a tocar su rostro y secar sus lágrimas.

-¿En serio? –Luna susurró y parecía que en eso le iba todo el aliento.

-Hace años, Fred y yo esperábamos con ansías tus cartas, desde el momento en que vimos a Ginny subirse al tren ¡teníamos tanto miedo por ella! porque era inmadura, estaba loca y era obvio que iba muy dolida por lo de Harry, tus notas eran un verdadero bálsamo. Pero sé que Fred y yo no las tomábamos igual, para él todo se trataba de Ginny, para mi después de un tiempo, se trataba también de ti. Por eso las guardé.

Luna desvió un momento la mirada hacia los rollitos de pergamino regados en la mesita, una de sus manos detuvo a la de George de ir a secarle otra lágrima.

-Después tienes que disculparme, porque olvidé lo importante que habías sido, la rabia y la tristeza por perder a Fred hicieron que me olvidara de mucho. Así como no me di cuenta del daño que le hacía a Ginny, me olvidé del bien que tú me hacías. Y tú, como no sabías nada, tardaste tanto en volver a la tienda…

-Lo siento.

-Me alegrabas muchísimo cuando venías, lo sabes. Querías verlo todo y probarlo todo y yo empecé a acordarme de guardarte muestras. Ginny misma lo sabía, que yo quería que vieras y opinaras sobre todo y hasta me ayudaba a reservar cosas que podían gustarte… creo que ella veía lo que tú, cuando miras a Malfoy.

Tantas palabras pueden sobrar.

De la soledad, la cura, ser los cráteres de la luna.

-¿Por eso esperaba afuera o en otra habitación cuando venía a la tienda?

-Tal vez—George se alzó de hombros-. Ni siquiera había puesto atención en eso.

-Las dos somos unas tontas entonces. Veíamos el amor de los demás y no el que nos dedicaban a nosotras…

-¿Y puedes verlo ahora?

Luna envolvió la mano que le había tomado a George entre las suyas, la verdad era que necesitaba pensarlo, incluso si en ese momento parecía fácil dejarse llevar del mismo modo en que alguna vez lo hizo con Dean: ceder solamente a la sinceridad de los sentimientos de él sin estar segura de los suyos, pero ella también tendría que haber aprendido algo en todos esos años ¿no?

Y entonces recordó lo triste que había estado al saber que George no abría la tienda ni hablaba gran cosa, lo mucho que había querido botar a Dean para ir a tirarle la puerta a George y abrazarlo, lo mucho que le gustaba que Ginny le contara de la tienda cuando se graduaron y empezó a trabajar con su hermano y cómo, cuando iba a visitarlos siempre se sentía como en casa. George siempre había tenido ese efecto en ella, de calmarla y hacerla sentir segura con su sola presencia; era algo para lo que Draco le ofrecería alcohol…

En ese momento, Luna casi podía verlo detrás de George, con la sonrisa burlona que denotaba que él también siempre había sabido algo que ella no. Pero no era el momento de pensar en él, sino en ella.

Donde anida lo imposible. La solución.

Siempre fuiste más fuerte que yo.

En cambio, soy invencible si baja el telón y quedamos los dos.

Porque aparentemente, ella, que siempre sabía y siempre comprendía, había omitido sus propios sentimientos. Soltó lentamente las manos de George y le permitió secarle otra lágrima

-¿Me llevas mi casa? –preguntó con tono sereno, pero con una sonrisita bailando en su rostro.

-Claro-. George se puso de pie en seguida y fue a buscar sus capas.

-Y tal vez mañana quieras… ¿desayunar?

-Claro.

La sonrisa que intercambiaron antes de que Luna se tomara de su brazo y desaparecieran, les despejó a los dos cualquier duda que pudieran haber tenido de lo que estaban comenzando esa noche.

-D&G-

La mañana encontró a Draco ya en su oficina, había estado perdiendo mucho tiempo y si se permitía continuar así no podría cumplir con todos los compromisos que había ido adquiriendo.

A media mañana, mientras rellenaba su taza de café se dio el tiempo de hojear rápidamente los periódicos: Luna y él habían tenido éxito, habían encontrado a Zabini y aunque nadie se tomara el tiempo de aclarar que todo ese tiempo habían estado equivocados y vendiendo una historia sin sentido, estaba esa fotografía de Blaise sentado junto a Demelza entre los asistentes a la gala en Roma en más de un periódico.

Casi nadie hablaba de las aclaraciones que el mismísimo Harry Potter había hecho ni se tomaban la molestia de mencionar que se habían adelantado en querer dañar a Ginny. Pero justo esos que no hablaban más de ello, cubrían detalladamente las semanas de moda y desfiles mundiales y se desvivían en halagos para la presentación en Roma que había tenido Ginny.

Draco contempló una de las fotografías donde Andreas Sargué, el diseñador principal de un desfile de alta costura tomaba en brazos a Ginny. El tipo sabía bien lo que hacía al hacer que su modelo principal fuera esa chica polémica y preciosa: todos hablaban de su presentación y las fotografías de sus túnicas se habrían visto en todo el mundo mágico para esa misma noche. Seguramente por ello sonreía de esa forma, el maldito tipo listo. Y pensar que había imbéciles que habían sacado a Ginny de sus filas para los desfiles de verano…

Ginny lucía feliz también, esa condenada mujer otra vez estaba preciosa y en todo su esplendor; más le valía a Draco tener su empresa bajo control para cuando ella volviera de su gira.

Que la bombilla gastada puede ser mi galaxia

sí pinta el perfil de tus piernas cruzadas.

Era extraño que Luna no apareciera por su oficina con el resto de las revistas esa mañana. Draco sabía que a la noche visitaría a George Weasley y una parte de él se divertía con la idea de que al fin pudiese haber cedido y esa mañana tuviera pegadas las cobijas… las de Weasley, para ser más precisos.

Era casi una mañana de trabajo como cualquier otra para Draco, que de ninguna manera esperaba que su madre fuera a hacer otra aparición allí.

Tras recomponerse y poner la taza en cualquier lugar, Draco fue a los brazos de Narcisa y la besó en las mejillas.

-Sé que estas ocupado, pero tenía que decirte en persona que tu padre y yo te apoyamos. Si quieres a la hija de Arthur Weasley y ella te corresponde, los ayudaremos con la prensa y haré cuanto pueda para que Patrick la mantenga como su modelo.

Draco dejó salir una risita y le dio a su madre un tercer beso en la frente.

-Gracias—repuso algo sorprendido.

-Haríamos lo que fuera por verte feliz.

-Lo sé, madre. Gracias.

-¿Se arregló todo con Zabini?

-No.

-No me refiero a sus negocios.

-Bueno… eso tampoco-, Draco se alzó de hombros y volvió a sacar una risita.

-Pero he visto sus fotografías con la jugadora de quidditch.

-¿Vamos a mi oficina?

Draco se aseguró de que nadie podría escucharlos antes de continuar.

Sí… Lo forzaron a aparecer. No estoy seguro de su relación con Robins –mencionó tratando de quitarle importancia-. Tal vez sólo quiera importar escobas o ve a saber. El maldito no iba a aparecer sólo para tratar de forzar a Ginny a buscarlo. Al final fue Potter quien lo encontró, pero sus amenazas de auror estilo matón no lo convencieron.

-¿Fuiste tú?

-Fue Luna, pero no sé exactamente cómo.

-Pero también lo amenazaste, ¿no?

Draco dejó escapar un risita burlona y ensayada. Pues claro que él también se había involucrado.

-Encontré algunos números interesantes, si…

-¿Y entonces cuál es el escenario actual?

-Él no dirá nada y yo tampoco.

-Quiero decir, entre la hija de…

-Ginevra—Draco interrumpió a su madre-. ¿No crees que ya fue por mucho tiempo "la hija de su padre" o "la novia de alguien"?

-… entre Ginevra y tú.

-Francamente no sé.

-Pero le escribes ¿no?

Draco negó levemente sólo con la cabeza.

-¿Y qué esperas?

-No estoy seguro de que reciba lechuzas…

-¿Quién eres y que hiciste con el hijo que críe? ¿Para qué quieres la magia?

Narcisa desvió sus ojos un momento hacía los pergaminos en el escritorio… su hijo tenía trabajo pendiente.

-Voy a dejar de interrumpirte, hijo. Ya te he dicho lo esencial: que tu padre y yo te apoyamos.

-Gracias otra vez, madre.

-Termina todo este trabajo entonces. Pero no pierdas a la mujer que has perseguido tanto por esto. Encuentra la manera, Draco.

Después de besarlo otra vez en la frente con toda ternura, Narcisa salió de la oficina pensativa. Había esperado noticias distintas y mucho más entusiasmo de Draco al saber que lo apoyaban.

-D&G-

Draco era consciente de que, a pesar de todo, la situación en Hogwarts era "fácil" comparada con el exterior.

Que reírnos un rato, aunque el mundo de un salto

sea el único pacto.

En el castillo, existían tantos pasillos como aulas y pasadizos en los que estar a solas con Ginevra, que algunos días se hacía fácil esconderse y gastarse la tarde entera de pie con ella, sujetándola contra la pared y quedándose poco a poco con todos los besos del otro.

De alguna forma, él siempre supo que su tiempo estaba medido en función de los trimestres del año escolar y de alguna forma, empezó a desear que el verano no llegase nunca. Cuando las manos de la pelirroja se acomodaban en su cuello o su espalda se hacía fácil olvidarse del mundo y sus tormentos; en cambio cuando ella lo soltaba y se retiraba a su torre, volvía el sabor amargo y la sensación de que todo hacía falta y nada terminaría por salir bien. Así de extremo.

Ginny por su parte era optimista, aunque no fuera consciente de ello desde que tenía a Draco. Incluso cuando perdió a Luna en la estación y creyó que el mundo se le caía encima, él le contó que estaba en la mansión Malfoy y que la ayudaría en lo que pudiera… y el mundo volvió a su sitio un poco.

Probablemente por ello, llegado el final, ella tuviera tanta necesidad de que siguieran siendo reales y él fuese tan consciente de repente de todos los obstáculos que encontrarían.

Hablemos de amor.

Nunca sabría si lo hubiesen logrado siendo más jóvenes, pero ahora sí que podrían y sí que lo sabía. Muchos obstáculos habían existido solo en sus mentes desde un inicio y en retrospectiva Draco lo entendía mucho mejor de lo que lo había hecho a los dieciocho, tan cobarde e inexperto como había sido.

Después de todo lo que habían pasado, era evidente que sus vidas y las posibilidades de su amor ya solo estaban en manos de ellos mismos.

La idea golpeó a Draco mientras trataba de concentrarse en un pergamino de cálculo. Al final lo devolvió a la montaña de pendientes y en un pergamino limpio, empezó una carta…

"Hablemos de amor…"

-o-o-o-

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¡Miles de gracias si siguen por aquí!

Siento que vivo un tipo de fin del mundo cuando estoy en el hospital, pero vengo a casa y trato de estar en paz conmigo misma otra vez, así encontré esta canción y me dije que ya era hora de hablar de amor en ese fic e ir conociéndole el final. Espero que les hayan gustado.

¡Cuídense! Las quiero siempre! Usen bien su cubrebocas si tienen que salir y cuiden de quienes aman también. Espero por estos días me salga un one o algo y volvernos a leer!