Al día siguiente me disculpé con ella por la escena que hice y no volvimos a tocar el tema, solamente me ofrecí para ayudar a conquistarlo, a forma de mérito, y aceptó de lo más contenta. Nunca más mencioné vestigio alguno de mis recientes sentimientos, suponiendo que era lo mejor y que mantendría la convivencia en el grupo. A veces Rook y Epel me preguntaban si estaba bien con eso, sosteniendo la idea de que buscaba atención; yo asentía, pues si Blanca Nieves estaba feliz con el pelirrojo, yo también lo estaría.

La morena comenzó a encontrarse a propósito con Ace en los pasillos, chocando y recogiendo sus cosas como en las películas. Ahí hablaban un rato y se separaban, ya que sus amigos y él estaban muy ocupados resolviendo problemas ajenos; aun así, la charla duraba lo suficiente para dejarla más ilusionada, a pesar de que el menor no mostraba ninguna respuesta romántica. Después se unió al grupo de estudio de Trey, en donde le enseñaban a los de años menores. Lograron hacerse amigos luego de mucho esfuerzo y de paso, Trappola subió sus calificaciones un par de milésimas, o eso me contó ella.

Sin embargo, así como su relación fue escalando, los overblots también. Se hacían más frecuentes y ponían a los estudiantes nerviosos, pues siempre que ocurría había un caos previo porque a los líderes les fallaban los planes. Para colmo, el prefecto de Ramschakle y su mapache eran los involucrados principales, así que ahora estar cerca de ellos significa peligro. Yo estaba preocupado, pero temía mucho más por Blanca Nieves, quien de un día para otro empezó a meter sus narices en las catástrofes.

Se puso a investigar este fenómeno como si fuera poco menos que una cazadora de mitos, buscando la adrenalina en todas partes. Según ella, quería saber cómo se generaban y si se podían evitar o al menos elaborar un plan de emergencia para la escuela, ya que el director no parecía hacer esfuerzo alguno por mejorar la seguridad. A mí me aterraba la idea de que le suceda algo y salga herida, aunque sus intenciones fueran buenas; no obstante, no me escucharía en caso que quisiera detenerla, así que solamente podía velar por ella.

– Cuídate, por favor. – le suplicaba yo cada vez que se iba a meter en las fauces del lobo.

– No te preocupes, siempre puedo volar cuando las cosas se pongan extremas. – me sonreía.

¿Qué ocurrirá el día en que no pueda volar?

Me carcomía la mente esta interrogante, así como otras más. Por ejemplo, de dónde había sacado esta idea tan osada. Una vez se lo pregunté directamente, apenas terminó la clase.

– ¿Sabes? Aun no comprendo cómo te nació el hecho de investigar el overblot. – comencé mientras guardaba mis cosas.

– Bueno, es una historia graciosa. – respondió, con algo de vergüenza. – Verás, estábamos terminando de estudiar Historia Mágica con Trey y Ace-kun, cuando de repente comentan sobre el desastre del torneo de magift. Me entró la curiosidad y les pedí detalles, pues ellos estuvieron en el campo de batalla. – relataba con una sonrisa y a mí no me estaba gustando para donde iba el cuento. – Al terminar les planteé la investigación que estaba pensando, pero en ese momento no estaba muy segura si hacerlo y… ¡Adivina que me dijo Ace-kun!

– ¿Qué te dijo? – cuestioné. La verdad no tenía ganas de adivinarlo.

– ¡Que era muy inteligente y que me atreviera! ¡Imagínate lo contenta que estaba! – saltó de la emoción, chillando de lo enamorada.

No le contesté. No pude contestarle de lo enojado y dolido que estaba, ya que siempre se lo repetí. Le insistí una y diez mil veces lo inteligente, habilidosa y capaz que es y que si se lo propusiera, haría cualquier cosa; sin embargo, nunca lo tomó en cuenta a pesar de los años y de ser su mejor amigo. En vez de mí, prefiere oír a un estúpido gusano inmaduro de primer año que ve dos veces a la semana, con suerte.

– Siento no haberte contado primero. – masculló de pronto, algo apenada. – Pero temía que te negaras al instante, diciendo que es muy peligroso y no quería discutir contigo…

Su excusa no era tan válida, porque seguramente lo hubiera hecho igual sólo para llevarme la contraria, como si fuera un acto de rebeldía no hacerme caso.

Lo odiaba. Lo odiaba a él, odiaba la situación y me odiaba a mí mismo por no ser el que la alentó, aunque no me era posible odiarla a ella, por más que me doliera.

– ¿Estás enojado? – me preguntó, con cara preocupada.

– No, no lo estoy.

– ¿Entonces qué te pasa?

– Nada.

Ahí lo entendí.

Nunca me escucha porque eso soy para ella, un amigo que toma poco menos que el rol de su mamá. Por eso prefiere al mocoso de Trappola, porque es un bebé que le gusta tocar los enchufes y la morena prefiere cuidar a esos bebés, no que la cuiden. Prefiere estar con un muchachito tonto, intrépido y sincero que con un muñeco de cristal como yo. Esa es la razón de por qué no pasa nada entre nosotros.

Nada. Jamás pasará nada.

Días después de nada pasara y que el prefecto junto a los chicos de Scarabia metieran sus narices, el vaso se rebasó.

– ¡Roi de Poison! ¡Sí sigue en ese estado usted…! – masculló el cazador, nervioso.

Pero ya era tarde.

– ¡Schoenheit-senpai! ¡Resista! – exclamaba Epel.

No podía resistir. La furia, el resentimiento y la venganza se transformaban en tinta; la tinta que recorría mis venas y mi alma.

– ¡Vil, lucha contra él! ¡Tú puedes! – gritó ella, sollozando.

No puedo. No cuando tú haces que se incendie mi pecho, que sólo vea negro y que me consuma el dolor; no cuando quiero apartarte de este ser monstruoso en el que me estoy convirtiendo, tan patético y falso, pues hacerte daño es lo único que sé hacer. Descuida, no es tu culpa. Es mía y de todos los que te rodean en esta escuela. Porque ese es el efecto que causas es la gente, así eres tú. Eres muchas cosas.

Eres bondadosa y paciente al enseñar; suertuda e inteligente al estudiar; creativa, dedicada y quisquillosa al hacer arte; intensa y tierna al enamorarte; entregada e ingenua al amistarte; psicóloga, consejera y manipuladora profesional; pero sobre todo eres una buena persona y muy modesta, pues ninguna de estas cosas te las crees. No crees en lo potente que es tu Don de la Palabra.

Te cuesta abrirte a los demás, tienes miedo de ser siempre la tonta de la cual se aprovechan, te aterra ser todas estas cosas en un mundo hostil y lleno de villanos. Villanos como yo, que te consideran su salvadora, su mejor amiga, su pesadilla y su amor.

Porque después de todo, así eres, Blanca Nieves. Bella agradable y talentosa.

Y yo te tengo envidia.