N/A: Es sabido que Draco es de habla inglesa y resulta un poco complicado mezclar culturas escribiendo en un solo idioma, por lo tanto, de ahora en adelante todos los diálogos o palabras dichas "en español" dentro de la historia irán en cursiva.

Capítulo 14: Confesiones.

Las horas pasaron volando mientras Hermione y Draco conversaban. Los temas parecían ser inacabables y cada vez que ya no tenían nada que decir, algo nuevo aparecía y volvían a adentrarse en la charla. Hablaron sobre la vida del rubio durante y después de la guerra, de la composición del Wizengamot, de los miembros de la Orden del Fénix, de las causas de la guerra, de sus consecuencias y otros temas. O más bien debería decirse que él habló y ella se quedó escuchándolo y mirándolo embobada todo el tiempo que duró.

Durante la cena, él le preguntó acerca de cómo había avanzado en su magia y le entregó más libros que había traído para ella.

—Supuse que ya habías devorado los que te dejé —explicó.

—¿Qué te hace suponerlo? —preguntó ella.

—Siempre fuiste un ratón de biblioteca —respondió levantando los hombros.

Ella sonrió un poco y asintió. Había cosas que como tal, iban adheridas a la esencia de una persona, y no se perdían por más que uno se hubiera quedado sin recuerdos. No yacía un solo libro en la biblioteca de los Salazar que no hubiera pasado ya por sus manos. A su suegro le gustaba llamarla «pececillo de plata», comparándola con el pequeño insecto amante y devorador de papel.

Cuando la cena acabó, Draco se ofreció a enseñarle algunos hechizos necesarios para defenderse. Ella accedió y pasaron del comedor nuevamente a la sala, donde él le mostró cómo mover la varita correctamente y las palabras necesarias para algunos encantamientos.

—Lo estás haciendo mal —le dijo cuando de su varita salieron solo chispas rojas y no un desmaius—, colocas la muñeca en una posición equivocada.

Él se acercó a ella y Hermione, quien estaba parada frente al rubio, sintió cómo su corazón se aceleraba por su cercanía.

—Debes inclinarla un poco más —murmuró el muchacho, tomando su mano completamente ignorante de las sensaciones del estómago de ella—, así. ¿Lo ves? Inténtalo.

Ella volvió a conjurar el hechizo y un rayo rojo impactó contra la pared.

—¡Sí! —exclamó ella.

—Perfecto —dijo él—. Ahora que sabes lo más básico, te reto a un duelo.

Hermione lo miró con los ojos muy abiertos. ¿Qué había dicho? Rió un poco y negó con la cabeza.

—Apenas sé tres hechizos de ataque —dijo ella—, con tus antecedentes debes conocer unos trescientos, sería completamente injusto.

Él también rió y ella se sintió bien con ese sonido.

—Eras una excelente duelista, de las mejores —la halagó—. Supongo que a medida que avances y recuperes tus recuerdos volverás a serlo.

Ella suspiró.

—¿Realmente crees que podré recuperarlos?

Aquella pregunta le había rondado la mente los últimos meses, algunas noches se las pasaba dando vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño preguntándose si alguna vez podría volver a tener su mente completa.

—Sí —contestó él con bastante seguridad—, tus recuerdos aún siguen ahí, no te los han arrancado, solo están guardados en algún compartimento dentro de tu mente que necesita abrirse para que sean liberados.

—¿En San Mungo? —preguntó la bruja, recordando que él había mencionado eso en alguna ocasión.

Draco asintió.

—O podrías dejar que yo echara un vistazo —sugirió él.

Magnolia frunció el ceño.

—¿Hablas de mi mente?

—Sí. Tal vez podría encontrar como revertir el hechizo desmemorizante. Soy bueno con hechizos de memoria.

La mujer frunció el ceño. No le gustaba cómo sonaba aquello. No confiaba lo suficiente en él para darle acceso a sus pensamientos y a sus recuerdos creados a partir de su nueva vida. A veces, confiar demasiado en alguien acarreaba graves consecuencias, había aprendido aquello en ese negocio.

Negó con la cabeza ya que el mago esperaba una respuesta.

—Es muy pronto.

—¿Muy pronto para entrar en tu mente? ¿No tienes ya mi anillo de compromiso en tu dedo? —preguntó Malfoy con una pequeña sonrisa ladeada que demostraba burla.

La chica bufó y no respondió. No le gustaba que él se tomara a broma lo del anillo de compromiso. Aquello era algo serio, no quería banalizarlo. Uno no se compromete en matrimonio a alguien todos los días y era obvio que si habían decidido estar preparados para tomar ese paso, lo sucedido entre ellos había sido grande.

Se formó un silencio incómodo que el rubio rompió con un carraspeo.

—Ya es más de medianoche.

Hermione lo miró. ¿Ya se iría? Era obvio que debía hacerlo, y por más tentador que sonara, no podía pedirle que se quedara a dormir porque era ridículo. ¿Pero qué tal si se iba de nuevo y no volvía a aparecer?

Él interrumpió sus pensamientos.

—Tal vez querrías vestirte un poco más normal —le dijo señalando su atuendo—, podríamos salir en media hora para Azkaban.

¡Azkaban! Por supuesto, ellos debían ir a ver a Pansy y con el horario entre ambos países era la hora ideal. Su corazón se alivió un poco, todavía no se marcharía.

—¿Qué tiene de malo cómo estoy vestida? —preguntó con el ceño fruncido.

—Demasiado muggle para unos pobres celadores de la cárcel —le dijo él mirándole deliberadamente las piernas descubiertas por el vestido negro por arriba de las rodillas que se había puesto para ir al consultorio.

—¿Qué se supone que debo ponerme?

Él levantó los hombros.

—¿Tengo cara de ser asesor de moda? —le contestó—. Podrías revisar tu bolso extensible, tal vez la Granger del pasado tenga algunas prendas más acordes al mundo mágico.

Ella puso los ojos en blanco. Ya había visto la ropa que usaba cuando tenía dieciocho años, jeans muggles, suéteres y remeras que no parecían ser de su talla sino unas cuantas más grandes, y zapatos de deporte que parecían muy gastados. No se vestiría como una adolescente.

—Iré a ducharme y veré qué puedo hacer —le dijo entre dientes.

Él soltó una risita y ella negó con la cabeza alejándose por el pasillo que daba a su habitación. Se duchó e intentó no pensar en los sucesos del día porque sabía que aquello le causaría angustia. Especialmente intentó no pensar en la visita al consultorio médico; apenas la asaltó el primer pensamiento sobre eso se obligó a centrarse en cualquier otra cosa, como por ejemplo lo que le diría a Pansy Parkinson cuando la viera.

Se vistió con pantalones de sastre y zapatos de tacón, una blusa discreta y elegante, nada que pudiera «ser demasiado» para visitar a alguien en la cárcel. Como Malfoy había insistido en que pareciera una bruja, decidió que podía colocarse encima la túnica negra que tenía en su bolso extensible, que no parecía muy gastada, como si no se la pusiera usualmente en el pasado.

Cuando volvió a la sala él estaba inspeccionando de cerca una pintura colgada en la pared.

—¿Y? ¿Cómo me veo? —preguntó, haciendo que el muchacho girara a observarla.

Malfoy le dio una mirada de pies a cabeza que hizo que su piel hirviera. Por un momento no dijo nada como si se hubiera quedado sin palabras y ella levantó las cejas instándolo a darle una respuesta.

—Gloriosa —murmuró él con la voz ronca.

Ella sonrió ante su respuesta. Él seguía mirándola como si quisiera comérsela allí mismo, por lo que la mujer tuvo que buscar rápidamente un tema de conversación para cortar el silencio pesado que se había formado.

—Es un Picasso —comentó—, la pintura.

Eso obligó a que el mago cortara el contacto visual y girara nuevamente hacia el lienzo.

—Es un pintor muggle muy famoso —le explicó ella, conocedora de que los magos no eran muy afines al mundo muggle.

—Sé quién es Picasso, Granger —le contestó él—. Es una imitación bastante buena.

—No es una imitación —dijo la bruja.

Él volvió a girar sobre sus talones para observarla.

—¿Tienes un cuadro original de Picasso exhibido en tu sala?

Ella levantó los hombros.

—El dinero debe ir a parar a algún sitio —le explicó—, no puede meterse al banco viniendo de dónde viene ni almacenarse bajo el colchón.

Él levantó las cejas impresionado.

—¿Tienes muchas obras de arte?

—Depósitos llenos.

—Quién lo diría, Granger.

Ella solo sonrió y negó.

—Ya deberíamos irnos —le dijo.

Malfoy asintió. Sacó una pequeña caja de cartón del interior de su saco y activó el traslador con su varita. Se la extendió y ella se aferró a su bolso y apretó la mandíbula cuando sintió la sensación de ser absorbida por un agujero negro.

El olor salado del mar llenó sus fosas nasales haciendo que tuviera que cubrirse un momento con la mano para acostumbrarse. El sonido de las olas golpeando las piedras era tal que cuando Malfoy le dijo cuál era la entrada ella tuvo que pegarse completamente a él para oírlo correctamente, movimiento que hizo que su piel se erizara al sentir su aliento chocar con su oído.

La prisión de Azkaban era completamente diferente a lo que tenía en mente. Cuando Malfoy dijo «cárcel» ella pensó en alguna prisión parecida a las de Estados Unidos, dónde podría ver a los prisioneros a través de un cristal y hablar mediante un teléfono en una ordenada habitación. Pero aquello no era nada parecido. Estaban en una isla que fácilmente podría estar ubicada en el medio de la nada misma. A su alrededor todo era solamente un mar bravío que golpeaba violento como si quisiera acabar con todo lo que lo molestaba. Una torre enorme en forma triangular se erguía en medio de la pequeña extensión de tierra, los ladrillos eran negros aunque ella no podía decir si se trataba del color original o era la humedad de cientos de años.

—No podré acompañarte —le gritó Malfoy sobre el sonido—. Te quitarán la varita e inspeccionarán que no tengas hechizos encima.

Ella asintió. Él le había comentado durante la cena cómo era el protocolo. Caminó decidida hasta la entrada y colocó la mano tal como el rubio le había indicado que hiciera una vez que llegara a la gran puerta de hierro que impedía la entrada.

Una pequeña rendija apareció y vió unos ojos negros cansados mirarla a través.

—Identifíquese —ordenó.

—Soy Hermione Granger —dijo, sintiéndose rara al decirlo—, vengo a ver a Pansy Parkinson.

Los ojos se abrieron con sorpresa y luego con sospecha. La rendija volvió a cerrarse y ella pensó que le habían negado el ingreso, pero solo pudo dudar por unos segundos porque la abertura volvió a aparecer y otro par de ojos la observaron con suspicacia.

—¿Quién dijo que es?

—Hermione Granger.

La puerta se abrió y ella dio unos pasos adentro. Se encontró con dos aurores, uno bastante joven que debería haber acabado de cumplir veinte años y el otro era un anciano gordo que la miraba con cara de haberse tragado un limón.

—¿No estaba desaparecida? —preguntó con los brazos cruzados.

—Aparecí —respondió Magnolia sin emoción en la voz.

El anciano sacó su varita y aunque la mujer sintió ganas de echarse para atrás, aguantó y se quedó quieta dejando que el mago la inspeccionara. El anciano iba mutando de expresión a medida que realizaba hechizos sobre ella, para finalmente mirarla fijamente.

—No sabía que había aparecido, señorita Granger —le dijo, el cambio en su tono era muy evidente—. Le hizo mucha falta al mundo mágico estos años.

Magnolia no supo qué contestar. Simplemente levantó las comisuras de sus labios sin decir nada. El auror no pareció interpretarlo como signo de mala educación. Le preguntó nuevamente a quién quería ver y aseguró que sería «una excepción» por ser ella, ya que los mortífagos no recibían visitas, ni siquiera de sus familiares.

—¿Puedo preguntar qué la trae a visitar a Parkinson? —preguntó el auror mientras la despojaba de su varita y el otro chico joven revisaba su bolso muggle en busca de otra.

—Un pequeño ajuste de cuentas —murmuró.

El anciano sonrió complacido.

—Lo entiendo —comentó—, pero igualmente no podré dejarle su varita.

—No es necesario —le dijo Hermione—, solo quiero intercambiar algunas palabras.

El muchacho joven le pasó su bolso nuevamente. Ella estaba completamente segura que él sacaría de allí la Glock de refuerzo que traía siempre pero no fue así. El anciano tampoco le quitó la que tenía en la cintura. Era obvio que al igual que los Weasley, no conocían de qué se trataba un arma de fuego muggle ni su peligrosidad.

El anciano hizo que lo siguiera, la guió por largos pasillos oscuros y húmedos, iba iluminando el camino solo con su varita y cada paso que daban se oía fuerte y húmedo, como si estuvieran caminando sobre un interminable charco de agua. En un pasillo Hermione pudo sentir el pestilente olor de la carne descompuesta; el estómago le dio vueltas y no quiso pensar qué había detrás de las puertas de hierro completamente cerradas que yacían a los costados. No pudo imaginarse que tuvieran a los presos viviendo -o muriendo- en la más completa desidia como Malfoy le había contado. Era correcto que fueran delincuentes y como tales debían purgar una pena, pero aquello no significaba que dejaran de ser humanos. Aún tenían derechos a una vida al menos en condiciones dignas. ¿Es que los magos no tenían legisladores? ¿ONGs? ¿Amnistía?

Tras casi veinte minutos de caminata, donde no vieron la luz del sol en ningún momento ni subieron ninguna escalera por más que por fuera la torre pareciera bastante alta, finalmente el anciano se detuvo y alumbró el número forjado en hierro en una de las puertas. La pateó dos veces y luego metió su varita en un pequeño picaporte, abriendo la puerta con un sonido chirriante.

Primero se metió él, alumbrando con la varita, y luego le dio paso a Hermione.

—Cuando quiera salir golpee la puerta dos veces —le indicó—, si tan solo grita no podré oírla, la celda está insonorizada.

Magnolia levantó mucho las cejas. ¿Realmente dejaban que los prisioneros recibieran visitas en su propia celda? Dio un paso dentro y se quedó muy quieta bajo el umbral de la puerta observando el lugar.

—Está encadenada —le avisó el anciano como si le hubiera leído la mente y luego cerró con fuerza la puerta haciendo que ella diera un paso más adentro y encerrándola.

Le costó acostumbrarse a la penumbra, pero cuando sus ojos pudieron distinguir qué había dentro, el estómago se le hizo un nudo. Un colchón viejo y gastado estaba tirado en el piso, parecía tan sucio y húmedo como el resto de la habitación. Una banca de piedra estaba contra la pared del fondo, y a un costado un inodoro que tal vez fue blanco alguna vez, pero ahora era color negro corroído por la suciedad. El olor era bastante fuerte y Magnolia no supo distinguir de qué se trataba. En el fondo, justo sobre el banco de piedra, una figura pálida y delgada estaba sentada con las piernas flexionadas contra su pecho y observando por una muy pequeña ventana de veinte centímetros con rejas donde solo se filtraba un rayo de luz. Estaba vestida con una túnica gris que quizás había sido blanca y tenía los pies descalzos.

—¿Pansy?

La mujer no se inmutó y seguía con la mirada vidriosa perdida en la pequeña ventana. Hermione se acercó y pudo ver el mar con sus olas feroces alzarse alto para chocar contra las piedras. Había mucha niebla y no se veía ni siquiera el cielo.

—Pansy —insistió con más fuerza en la voz.

Como si la hubiera golpeado, la morena giró la cabeza y la miró con los ojos enormemente abiertos, eran demasiado grandes para su cara y no se parecía en nada a la mujer en la que ella misma se había convertido cuando tomó la poción multijugos, esta persona era solamente un pequeño rastro de aquello.

Abrió la boca pero no salió ningún sonido. Se llevó las manos a la garganta y Hermione pudo ver sus dedos ennegrecidos y lastimados, en pésimas condiciones. Necesitaba ver a un médico con urgencia.

—Gran…ger —Logró decir la mujer después de otro esfuerzo.

Parecía que no había usado la voz en mucho tiempo y Magnolia recordó la primera vez que había intentado hablar luego de haber estado inconsciente cuando despertó en el hospital de Culiacán.

—Hola Pansy —contestó la bruja.

Pansy estiró lentamente una mano hacia la mejilla de Hermione, como si no pudiera creer que ella estuviera allí.

—¿Eres otra visión?

—No —contestó—, soy real.

Se sentó a su lado y la miró de frente, la mujer parecía en estado de shock y los ojos le brillaban más que segundos antes. Volvió a estirar la mano para tocarle la mejilla y aunque la primera reacción de Magnolia fuera la de apartarse, se obligó a quedarse muy quieta para que la otra la pudiera inspeccionar.

Cuando comprobó que efectivamente era real, su rostro adoptó el mayor gesto de desdén que alguna vez vió dirigido hacia ella. La miró como si se tratara del pedazo más grande de estiércol y arrugó tanto la nariz que hasta se veía graciosa.

—¿A qué se debe que la gran Hermione Granger se haya dignado a venir a verme a mi celda? —escupió con odio—. ¿Al fin recuerda sus promesas? ¡Promesas vacías!

La castaña apretó los labios. No tenía ni la más mínima idea de qué promesa le había hecho a la morena.

—Pansy —comenzó, sin saber muy bien qué decir—, lamento mucho no haber venido en todos estos años…

—¿Cuántos? —la cortó la chica— ¿Cuántos años han pasado desde la batalla final?

Hermione frunció las cejas.

—Siete.

—Siete —repitió la mujer con asombro—. ¡Siete años! —Un fuerte sollozo escapó de su garganta y apretó los puños con rabia—. ¿A qué has venido, Granger? ¿A regodearte de tu grandeza? ¿A decirme que siempre fuiste demasiado para mí? ¿Qué solo fui una estúpida mortifaga que debía pagar mis delitos? ¿Tienes idea de todo lo que pasé? ¿Acaso sabes qué pasa conmigo día tras día? Metida en esta asquerosa celda desde hace siete malditos años por una decisión que me obligaron a tomar. ¡Dijiste que no dejarías que sucediera!

El reproche fue como una bofetada y Magnolia no pudo evitar que los ojos se le llenarán de lágrimas. La idea de la cárcel había estado muy presente en su vida desde que se enteró a qué se dedicaba Faustino, y ella aceptó ser parte de esa vida. Siempre supo que una cárcel colombiana, mexicana o en el peor de los casos una cárcel estadounidense le esperaban y era muy probable que si cometía un solo error pudiera terminar allí hasta el fin de sus días. No podía imaginarse cómo sería pasar siete años en una prisión en condiciones inhumanas.

—Lo siento mucho —susurró sobre el sollozo de la mujer—, realmente lo siento. Yo… por favor déjame que te explique qué sucedió.

Pansy no volteó a mirarla, tenía nuevamente la vista fija en la ventana pero las lágrimas salían a borbotones de sus ojos y estaba mordiéndose los labios blancos con tanta fuerza que podía ver la sangre brotar entre sus dientes amarillos.

—Hace siete años desperté en una cama de hospital sin recordar quién era —comenzó—. No podía recordar mi nombre, ni mi apellido, o mi edad, ni de dónde era o a qué me dedicaba. No había un solo recuerdo en mi mente, mi dirección o el nombre de mis padres, no había nada dentro de mi cabeza, ni siquiera recordaba que era una bruja.

Aquello hizo que la morena la mirara fijamente con las cejas fruncidas.

—No sabía nada de mí, nada de mi vida, nada de absolutamente nada. Todo era un gran espacio vacío en mi mente y no había almacenado un solo recuerdo, nada sobre la guerra o sobre mis amigos, nada sobre ti.

—¿Olvidaste todo? —preguntó Pansy con la voz muy fina.

Hermione asintió.

—Estaba en México muggle, y ni siquiera sabía que no era mi país. Un colombiano me cuidó, se hizo cargo de mí, dijo que literalmente caí del cielo en medio de una batalla entre bandas rivales, él era el líder de una de esas bandas. Me llevó al hospital, yo estaba en peligro de muerte, pasé unos días inconsciente por una herida que nadie sabe cómo me hice.

La morena se limpió una lágrima y centró toda su atención en ella. Magnolia sentía el corazón en un puño, Pansy parecía un espectro, estaba notoriamente enferma y parecía a punto de desmayarse de un momento a otro.

—Él se llama Faustino —le contó con una pequeña sonrisa que no pudo evitar—, e intentó que recordara durante mucho tiempo. Fuimos a ver a médicos, neurólogos, visitamos los mejores hospitales, psicólogos, psiquiatras, incluso hipnotistas y astrólogos que decían leer el alma de las personas.

—Estafadores —murmuró Pansy.

Hermione asintió.

—Muy posiblemente ya que nunca recordé nada.

—¿Qué pasó después?

—Pasaron los meses y nadie fue a buscarme —Suspiró—, no figuraba como desaparecida en ninguna red de datos, nadie había puesto una denuncia diciendo que había perdido una hija o una amiga. La vida siguió y yo tuve que seguir también. Adopté un nuevo nombre, Magnolia.

—Magnolia —repitió Pansy— ¿Por qué Magnolia?

Hermione sonrió.

—Faustino no sabía cómo llamarme. Dijo que las flores favoritas de su madre eran las magnolias, por su belleza y pureza. Así que le pareció correcto nombrarme así, dijo que era como bautizarme.

—Te enamoraste —dijo Pansy con mucha seguridad.

La castaña la miró. En los ojos de la mujer podía verse un pequeño brillo y no pudo evitar que sus labios se curvaran al responderle.

—Sí. Me enamoré de Faustino, él fue mi tabla de salvación, lo único a lo que podía aferrarme entre tanta oscuridad. No saber nada de mí, no saber siquiera de dónde venía era demasiado frustrante. Luego de unos meses nos casamos.

—Te casaste con… ¿un muggle? —dijo Pansy sorprendida.

Hermione asintió.

—Los años pasaron, yo hice mi vida completamente ignorante de la que había dejado atrás. Contraté decenas de profesionales que investigaran sobre cada chica desaparecida en Estados Unidos y Gran Bretaña, ya que Faustino estaba seguro que era de uno de esos países por mi acento. No obtuve ningún resultado, hasta que un día me llamaron para decirme que había un detective privado preguntando por mí —Tomó una gran bocanada de aire antes de continuar—. Fui a buscarlo y prácticamente lo secuestré para saber de qué se trataba. Al principio pensé que era un enemigo que estaba intentando localizarme, pero luego descubrí que se trataba de un mago que había sido contratado para encontrarme, hace tan solo tres meses.

—Tres meses —repitió la morena.

—He podido recordar muy poco de mi vida antes de México. Recuerdo los primeros años en Hogwarts, a Harry y a Ron, recuerdo pequeños flashes sobre los años posteriores. Pero no puedo recordar nada más, ni siquiera a ti.

Pansy mudó el gesto a uno de infinita tristeza.

—No recuerdo cómo ni dónde nos conocimos o en qué circunstancias nos hicimos amigas. No recuerdo ninguna de las promesas que te hice ni los momentos que pasamos juntas. He llegado hasta ti porque encontré un par de cartas que nos escribimos en algún momento antes de la batalla final donde se deja ver que éramos buenas amigas, incluso mejores que lo que fueron Harry y Ron para mí.

La morena bufó.

—Por supuesto que yo era tu mejor amiga y ocupaba el lugar antes que esos retrasados.

Magnolia sonrió.

—Me gustaría saber cómo sucedió eso.

—Bueno —dijo Pansy, acomodándose un mechón de pelo roñoso tras la oreja—, te lo contaré. ¿Tampoco recuerdas a Draco Malfoy?

Hermione sintió que el corazón se le detenía y negó rápidamente con la cabeza. No quería contarle qué sabía porque necesitaba conocer de boca de un tercero sobre él.

—Querida, Draco Malfoy era tu prometido.

Estaba segura que los latidos alocados de su corazón retumbaban en el silencio de la celda y que Pansy podía oír perfectamente cómo bombeaba y su sangre corría a velocidad luz por sus venas.

—Tú y yo nos hicimos amigas gracias a él. Draco era mi mejor amigo, ambos éramos de Slytherin y nos conocíamos desde niños. En quinto año él… bueno probablemente no lo recuerdes pero en quinto año, Dumbledore -el director del colegio- fue acusado por el Ministerio y tuvo que huir, dejando a Dolores Umbridge como Suma Inquisidora de Hogwarts. No quieres recordar a esa mujer, era un sapo con varita.

Hermione rio y pudo oír la risa de la morena unirse a la suya.

—Draco y yo éramos prefectos, y él era líder de la Brigada Inquisitorial, un grupo que Umbridge había creado para poner orden en la escuela y que se cumplieran sus decretos. Nosotros éramos…realmente desagradables con los de Gryffindor, especialmente con Potter, contigo y con Weasley. Pero de un tiempo a otro, Draco dejó de quitarte puntos o de insultarte, incluso te ignoraba en los pasillos y un día hizo que Zabinni se callara durante el desayuno cuando comenzó a hablar de tu status de sangre.

Magnolia solo pudo entender aquello gracias a que Malfoy le había explicado durante la noche de qué se trataba el status de sangre y cómo los supremacistas creían que solo la sangre completamente mágica era la correcta, le había explicado la diferencia entre los sangrepura, los mestizos y los sangresucia, también le habló de los traidores a la sangre.

—Fue un cambio tan grande que estuve meses tras Draco para saber de qué se trataba. También en aquel entonces estábamos pasando cada uno por una gran crisis personal y familiar. El Lord Oscuro había vuelto, todos los que habían sido sus seguidores debían volver a sus filas. El padre de Draco y el mío no dudaron en unirse nuevamente a pesar de que nuestras madres no estaban muy de acuerdo, se rumoreaba que también nosotros deberíamos unirnos a él y recibir la marca. Al principio él y yo habíamos estado felices, pero luego, con el correr de los meses, algo en Draco cambió y la idea dejó de parecerle atractiva. Todos sus principios sobre la pureza de la sangre parecían estar tambaleándose, podía darme cuenta porque ya no participaba de las pullas ni se pavoneaba diciendo que tenía la sangre mágica más pura de Inglaterra. Cuando la idea de unirse a las filas del Señor Tenebroso se volvió un plan concreto, él ya no estaba para nada interesado e incluso me dio a entender un par de veces que estaba pensando en negarse, y eso era… un suicidio. Su padre lo comenzaba a presionar para que aceptara tomar la marca al cumplir la mayoría de edad y él ya no estaba tan de acuerdo, lo mismo pasó con mi familia. Y aunque yo seguía dispuesta a tomarla, las actitudes de Draco sembraron una pequeña semilla de duda en mí.

Pansy tomó una gran bocanada de aire y se relamió los labios. Se había quedado con la boca seca. Hermione buscó en su bolso y sacó una botella de agua que siempre cargaba con ella. Se la pasó y la chica se la quedó mirando como si nunca hubiera visto una.

—Debes abrirla —le informó la castaña por si las dudas.

La chica giró la tapa y se la sacó. Se llevó la botella a la boca y bebió un sorbo lentamente, deleitándose con el líquido, luego volcó la botella contra sus labios y se bebió el contenido de una sola vez. Las náuseas no tardaron en aparecer y Hermione sintió pena, era obvio que llevaba mucho tiempo sin probar agua.

—Solo dejan un vaso cada varios días —le explicó Pansy.

La bruja no supo qué contestar.

—A esa altura yo sabía que él estaba viéndose con alguien que le metía ideas en la cabeza —continuó—, pero él era tan cuidadoso en sus salidas y escapadas que no podía descubrir de quién se trataba. Sospeché que salía con alguna chica de Ravenclaw y que en el peor de los casos era una mestiza o una traidora a la sangre, pero cuando Potter y tú fueron detenidos por Umbridge en su oficina por haberse metido a hurtadillas para usar su chimenea, luego desaparecieron y aparecieron a las horas en la enfermería, tú estabas completamente cubierta de sangre y Malfoy simplemente enloqueció, perdió el control y ni siquiera disimuló su preocupación. Entonces lo supe… supe que eras tú con quién estaba viéndose.

Las mejillas de Hermione se colorearon sin explicación alguna y fue como si hubiera sido descubierta cometiendo algún mal acto.

—Obviamente yo lo encaré y le exigí explicaciones, él lo negó pero de todas maneras yo estaba segura, por lo que me aparté de él y no volví a dirigirle la palabra. Me pareció de las peores traiciones existentes. Él, Draco Malfoy, el heredero de una de las familias más ricas de Inglaterra, con la sangre más pura de Gran Bretaña, mantenía una relación con… una sangresucia que además era amiga de Harry Potter, quien era el enemigo. Era simplemente despreciable.

Magnolia frunció el ceño pero se obligó a quedarse callada a pesar de la severidad de las palabras de Pansy.

—El año escolar terminó y yo me negué a ver a Draco durante las vacaciones. Él… la pasó realmente mal, su padre fue a prisión a causa de Potter, el señor Tenebroso ocupó su mansión, castigó a Draco por las faltas de su padre y de la noche a la mañana, sin siquiera preguntarle si estaba de acuerdo, lo marcó como mortífago y le encomendó matar a Dumbledore quien había vuelto a ser director de Hogwarts, de lo contrario el Lord mataría a sus padres.

Draco le había contado aquello la noche anterior, sin detalles y bastante superficialmente, pero esa parte del relato no la tomaba por sorpresa.

—Cuando volvimos a Hogwarts él había cambiado completamente, se volvió una persona taciturna, ya no caminaba con la misma altivez de años anteriores, apenas se lo veía por la sala común, no participaba en las fiestas de Slytherin ni cumplía con sus deberes de prefecto, apenas entregaba sus tareas y estaba tan apagado que a pesar de estar enfadada con él también estaba muy preocupada, su cambio fue rotundo.

Hermione no tenía una idea verdadera de cómo había sido Malfoy en años escolares o al momento de enamorarse de él, pero podía hacer un esfuerzo e imaginarse al chico deprimido y sufriendo de ansiedad, presionado por un psicópata para asesinar al mejor mago de la historia, una misión que estaba destinada al fracaso, pero que él no podía fallar para salvar la vida de sus padres. Era fácil si lo intentaba, podía verlo triste y angustiado, caminando en soledad por los pasillos del colegio en medio de la noche, buscando respuestas a preguntas que no las tenían.

—No pasó ni siquiera un mes desde el inicio de clases para que me acorralaras en el baño de mujeres del segundo piso —rio Pansy con el recuerdo—, me dijiste que no querías perder el tiempo conmigo explicándome por qué te rebajabas en dirigirme la palabra —Una nueva risa salió de sus labios—, pero que solo me dirías que dejara de tratar a Draco como si no existiera si no quería conocerte verdaderamente enojada.

Fue como si hubiera contado un chiste y Magnolia no pudo evitar reír con ella.

—¡Fuiste una completa descarada! —exclamó Pansy— ¡Ni siquiera me dejaste contestarte como debía! Obviamente eso hizo que buscara a Draco para tener una pelea monumental, pero tu maldito plan resultó porque al menos volví a tener en cuenta a Malfoy y con el tiempo volvimos a hacernos amigos a pesar de sus dudosas elecciones de cama.

—¿Y cómo nos hicimos amigas tú y yo? —preguntó Hermione.

Pansy esbozó una leve sonrisa.

—Peleábamos mucho, yo era bastante cruel a propósito en los pasillos y Draco estaba cansado de eso. Se las ingenió para encerrarnos en un aula vacía sin varitas durante todo un día.

Magnolia rio.

—No se oye muy eficaz.

—Oh, lo fue. Luego de un par de horas de haber estado insultando a Malfoy detrás de la puerta, fiel a tu estilo quitaste tus libros y comenzaste a hacer la tarea de encantamientos que era de las más difíciles del año y en la que por supuesto yo tenía muchos problemas. Mencioné sin querer que me parecía alocado que Flitwick exigiera un nivel tan avanzado en estudiantes de sexto año y te ofreciste a ayudarme.

—No parece que hayas accedido tan fácilmente.

Pansy frunció los labios.

—Al principio no quería aceptar tu ayuda, te insulté y dije que jamás aceptaría nada que viniera de una sangresucia. Pero luego, los días pasaron y la fecha de entrega estaba cada vez más cerca y yo tenía planes de seguir una carrera al salir de Hogwarts, por lo que no tuve otra elección que pedirte si podías ayudarme. Pensé que te burlarías y al momento de preguntar si tú oferta seguía en pie tenía a su vez la varita preparada y un hechizo en la punta de la lengua para lanzártelo en caso de que fueras una perra.

—¿Qué fue lo que dije?

—Preguntaste qué horario tenía disponible —sonrió Pansy—. Después de unos días no pudiste resistirte a mi encanto y me ofreciste una tregua.

—Por Draco —concluyó Hermione.

—Por Draco —afirmó la morena—. Luego nos hicimos amigas y el resto es historia.

Se hizo un largo silencio que solo era roto por el sonido lejano de las olas chocando contra el acantilado.

—¿Qué promesas te hice?

Pansy suspiró y bajó la cabeza.

—Cuando nos hicimos amigas tú hiciste un buen trabajo ¿sabes? Lograste que mis ideas puristas flaquearan, tenías muy buenos argumentos y entonces yo… Ya no estaba segura de tomar la marca. Finalmente me convenciste de que no lo hiciera, pero en las vacaciones de Navidad mi padre no tuvo piedad y me llevó ante el Lord para que me pusiera la marca.

Extendió el brazo izquierdo y Hermione pudo ver el tatuaje de una calavera con una serpiente que estaba algo desteñido.

—No pude hacer nada para impedirlo. Luego, me sacaban de la escuela durante todo el fin de semana y algunos días más para poder entrenarme en las filas del Lord y cumplir misiones para probar mi lealtad. La primera vez no pude hacerlo y él… él me castigó tan severamente que…

Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas y la voz le tembló. Hermione estiró la mano y la apoyó en la rodilla de Pansy en señal de apoyo.

—Estuve dos semanas en la enfermería porque no me había dejado curarme en casa. Tuve que decirle a Madame Pomfrey que caí por las escaleras pero dudo que se haya creído esa mentira. Cuando me recuperé, él volvió a llamar y tú dijiste… dijiste… «Solo hazlo, Pansy, sobrevivir es más importante». Y yo… yo lo hice.

Magnolia apretó los labios. ¿A qué se refería con misiones? ¿Debía matar gente? ¿Torturarla? Ella le había dicho que sobreviviera y luego la había abandonado.

—Dijiste que tú… que si Potter ganaba la guerra tú atestiguarías a mi favor. Yo… te pasaba datos de algunos lugares donde habrían ataques y tú le hacías llegar la información anónimamente a la Orden y ellos… También en los ataques yo ayudaba a la Orden a derribar mortífagos y también… también soltaba prisioneros… Dijiste que tenías todas las pruebas para presentar ante el Wizengamot si me apresaban pero… Nunca lo hiciste.

La castaña suspiró.

—Lo lamento tanto —susurró.

—Tú no sabes, no te imaginas el infierno que he tenido que vivir. No sé qué sucedió con ninguno de los que amo, no sé si mi padre o mi madre siguen con vida. Todo este tiempo he vivido odiándote porque me traicionaste sin saber que tú… también estabas viviendo tu propio infierno sin memoria.

Hermione agradeció que ella pudiera entenderla de ese modo. No podía haberlo nombrado mejor.

—Luego del tercer año perdí la cuenta de los días, o del tiempo. Antes al menos podía contar las horas porque habían dos comidas al día y también tenía algunos libros con los que entretenerme que un auror me había traído pero después… cuando Dawson…

—¿Quién es Dawson?

—Es un auror en jefe, un anciano que…

Ella negó con la cabeza y la bajó apretando fuertemente los ojos. Hermione se fijó en como apretaba las piernas y retorcía los dedos de sus pies.

—¿Él… te…?

Pansy sollozó fuertemente y se lanzó a sus brazos. Hermione detuvo el aire en sus pulmones y cuando volvió a respirar pudo sentir el hedor del cuerpo de Pansy pero aún así apretó más el abrazo y ofreció consuelo, mientras sentía como sus venas ardían de rabia contra el tal Dawson y quien sea que fuera el bastardo que le había borrado la memoria para que ella no estuviera allí para Pansy.

—Lo hace siempre y yo… ni siquiera puedo… —sollozaba contra el pecho de la bruja quien sentía como se le mojaba la blusa con sus lágrimas— y no tengo nada con lo que acabar con mi vida de una vez y… tantos años…

El corazón de Magnolia se estrujó. Recordó a la madre de Malfoy colgándose en su celda según el relato del mago. Miró alrededor del cubículo dónde se encontraban y efectivamente ella no tenía absolutamente con lo que atentar contra su vida. Fijó la vista en la ventana mientras acariciaba la espalda de la morena sintiendo sus huesos clavarse contra la tela de la túnica.

Entonces una idea surgió en su mente.

—Te sacaré de aquí —murmuró.

Pansy se separó de ella y la miró con los ojos rojos e hinchados.

—Eso es verdaderamente gryffindor de tu parte pero no hay nada que puedas hacer sin las pruebas, y aunque las consiguieras difícilmente reabrirían mi caso y aún en caso de que sucediera, tardaría mucho para que hubiera una nueva sentencia y los aurores jamás dejarán que salga de aquí, me matarán antes de dejarme ver de nuevo la luz del sol.

La castaña la tomó de las mejillas.

—¿Quién dijo que esperaré un maldito juicio ni confiaré en las autoridades? Haremos esto al modo Magnolia.

Pansy abrió todavía más los ojos.

—¿Cuál es el «modo Magnolia»?

La bruja tomó su bolso y lo abrió. Se levantó y dio dos pasos hacia el colchón donde vació el contenido. Se sentó al lado e invitó a Pansy a unírsele. Cuando la morena se levantó y sus cadenas chirriaron contra el piso al ser arrastradas, Hermione sintió más rabia.

—¿Qué es todo esto? —preguntó la chica.

Delante de ellas habían un sinfín de objetos típicos del bolso de cualquier mujer. Maquillaje, una crema para manos, una pequeña botella de alcohol desinfectante, toallitas absorbentes, un espejo de mano, anteojos de sol, un diminuto frasco de perfume, pastillas para el dolor de cabeza, mentas, una barra de chocolate que ni siquiera recordaba que tenía con ella, otra botella de agua y un pañuelo blanco. Aunque también guardaba otras cosas mucho menos comunes, entre ellas la Glock, cartuchos de balas, una brújula y un teléfono celular satelital.

—Escúchame muy bien —comenzó, guardando lo que no necesitaría—, debes ponerme atención y hacer lo que te digo. ¿Vale?

Pansy asintió muy concentrada. Magnolia le pasó el pañuelo blanco y se quitó el reloj de pulsera que había sido un regalo de aniversario de Faustino entregándoselo también.

—Dentro de seis horas, atarás este pañuelo blanco a las rejas de tu ventana ¿Muy bien? Para que yo pueda verlo desde afuera.

Pansy volvió a asentir arrugando en un puño el pañuelo y con la otra mano el reloj, lo dio vuelta y leyó que tenía una inscripción en un idioma que no entendía «En tu alma vive mi esperanza, en tus manos está mi corazón».

—¿Crees que podrás levantar el colchón del suelo? —preguntó Hermione y la bruja asintió nuevamente— Muy bien, entonces cuando veas mi señal irás a la esquina más alejada de la ventana y te cubrirás con el colchón. ¿Entendiste?

—¿Cuál será la señal? —preguntó Pansy.

—La reconocerás —dijo Magnolia—. ¿Lo entendiste?

—SÍ —respondió—, en seis horas ato el pañuelo a la ventana, espero tu señal y voy a la esquina más alejada y me cubro con el colchón.

—Perfecto —murmuró la bruja—. Ahora bien, ¿Tienes idea de lo que es un arma de fuego muggle?

Le mostró la Glock y la chica negó lentamente mientras miraba el arma en manos de su amiga.

—Muy bien, esto es un dispositivo hecho especialmente para matar o herir de gravedad, está diseñado para disparar proyectiles a gran velocidad. Dentro tiene quince balas rellenas de mercurio que son completamente letales. Solo debes apuntar a la cabeza o al corazón de la otra persona y apretar el gatillo, que es este que ves aquí. No necesitas estar cerca, puedes estar incluso a cincuenta metros.

Las cejas de Pansy se levantaron y su boca se abrió un poco.

—¿Por qué tienes una cosa así?

—Es una historia que te contaré cuando salgamos de aquí. Ahora bien, si ves a Dawson en las próximas seis horas, ¿Qué harás?

Pansy parpadeó rápidamente con la vista fija en el arma y balbuceó un par de sílabas sin sentido hasta que finalmente frunció el ceño y levantó la mirada hacia el rostro de Hermione.

—Apuntaré al corazón —dijo claramente.

La bruja sonrió.

—Muy bien. Ahora déjame enseñarte cómo hacerlo.

Descargó los cartuchos y le mostró las balas a la chica, informándole que no había peligro ahora y solo era una demostración. Tomó la mano áspera de la mujer y le enseñó cómo sostener el arma, le enseñó a quitarle el seguro y apuntar. Tomó su mano y colocó el cañón del arma sobre su propio corazón y le enseñó a disparar apretando el gatillo. Pansy entendió rápido. Le mostró dónde apuntar para disparar a la cabeza y también cómo hacerlo a distancia.

—¿La celda realmente está insonorizada? —preguntó Hermione.

—Sí.

La chica metió dos balas al cargador e hizo que Pansy se levantara, colocándose tras ella y enseñándole cómo disparar realmente. Necesitaba que ella sintiera la fuerza del impacto y que no la tomara desprevenida a la hora de defenderse. Recordó el momento en el que Faustino le enseñó a disparar y no pudo evitar el deje de melancolía.

«¿Usted no quería entrar a las grandes ligas, mamacita? Párese derecha, la frente en alto, los pantalones bien puestos. Cuando sea el preciso momento va a saber perfectamente qué hacer para defenderse. Repita conmigo: seguro, gatillo, percutor, bala. ¿Lo tiene?»

—Seguro, gatillo, percutor, bala —repitió Pansy cuando Magnolia le dijo las mismas palabras que Faustino le había dicho a ella en su momento.

El primer disparo impactó contra la pared lateral y Pansy trastabilló aunque Hermione la tenía bien sujeta. El segundo disparo no fue tan certero pero ella al menos no se había sorprendido tanto con la fuerza del impacto.

—Por ahora es todo lo que puedo enseñarte —le dijo la castaña—, será suficiente si debes tomar medidas urgentes.

Le dejó también la barra de chocolate y el agua, y a pedido de Pansy agregó el espejo de mano. Se despidieron con un gran abrazo y aunque Hermione tuviera mil preguntas más sobre su relación con Draco, estaba segura que podría hacérselas cuando la tuviera sana y salva en la hacienda.

Tocó la puerta dos veces como el anciano le había indicado luego de que la morena escondiera todas sus nuevas pertenencias bajo el colchón. El auror apareció con cara de pocos amigos y miró a Pansy con desprecio y burla.

—¿Le ha enseñado respeto a la maldita basura? —murmuró el anciano cuando ella todavía no salía de la celda— Estuvo dentro por mucho tiempo.

Pansy estaba sentada sobre el colchón mirando al vacío en una clara actuación. Magnolia frunció el ceño.

—Hemos podido aclarar nuestros asuntos —comentó, ganándose una gran sonrisa sardonica de labios del auror.

Salió afuera sin volver a mirar a la chica, sabiendo que tras la gran puerta de hierro se quedaba su corazón, o al menos lo que quedaba de él. Caminó a paso veloz por los pasillos, haciendo que fuera el auror quien debió apresurarse para seguirle el paso. No se perdió porque el camino siempre era recto y ella realmente no lo entendía, posiblemente algún hechizo para despistar a cualquiera que quisiera hacer un plano para escapar.

—Ha sido un placer conocerla, señorita Granger —dijo el anciano cuando llegaron a la salida—, aunque lamento que haya sido en estas condiciones.

Los labios de Magnolia se curvaran en una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—El placer ha sido mío, señor…

—Dawson —contestó el hombre.

—Señor Dawson —repitió Hermione—, no se me olvidará.

Le devolvieron su varita y finalmente pudo salir a la luz del sol nuevamente. Caminó a pasos veloces hasta donde había dejado a Malfoy y lo encontró sentado de espaldas a ella observando el mar.

—Malfoy —gritó sobre el sonido.

El muchacho giró la cabeza y se levantó rápidamente.

—Has tardado —le gritó a su vez—. ¿Te fue bien?

Hermione asintió y rebuscó en su bolso quitando el celular satelital. El mago se acercó mucho a ella y frunció el ceño al ver el aparato.

—¿Qué rayos es eso?

—Es un teléfono —le explicó.

—¿No eran pequeños y brillantes?

—Este no —contestó ella esperando que el aparato se encendiera.

Por un momento temió que no funcionara. Una pequeña nota al pie de una sección de «Hogwarts: Una historia» decía que el colegio bloqueaba todos los aparatos electrónicos muggles, era imposible que funcionaran dentro o alrededor del colegio. ¿Sería lo mismo en Azkaban?

Pero gracias al cielo el teléfono se encendió y pudo marcar el número de la hacienda, tal vez la construcción y los hechizos eran tan antiguos que no habían tenido aún en cuenta la modernidad de los muggles en el momento de convertirla en una prisión mágica.

¿Aló? —dijo la voz adormilada de una de las empleadas que tenía en la casa.

Pásame al Turco inmediatamente —ordenó.

Sí señora —contestó la mujer con un pequeño jadeo.

Magnolia se tapaba un oído para disminuir el sonido del mar y apretaba fuertemente el celular contra el otro. Luego de unos segundos la voz alarmada de el Turco se escuchó al otro lado de la línea.

¡Magnolia! ¿Patrona dónde está? ¿Qué ha sucedido?

¡Triangula la señal y localiza la ubicación de esta llamada! —le gritó sobre el sonido.

¡¿Señora qué ha sucedido?! ¿Está bien? —gritó también el Turco sin hacerle caso.

¡Todo está bien! ¡Dame la maldita ubicación!

El Turco realizó más preguntas pero ella lo instó a que obedeciera sus órdenes de una vez. Esperó los minutos correspondientes rogando para que la llamada no se cortara y se sintió cada vez más ansiosa cuando luego de cuatro minutos el Turco seguía sin tener un resultado.

¿Por qué rayos estás tardando...?

Es… es algún punto en medio del mar entre... Dinamarca e Inglaterra.

¡Anota las coordenadas precisas!

Una vez que el sicario dijo que las tenía, la mujer cortó la llamada ante la atenta mirada de Malfoy quien no comprendía nada de lo que sucedía.

—¿No vas a explicarme qué fue eso?

—¡En casa! —exclamó ella.

Malfoy no hizo más preguntas y sacó el traslador que ya tenía preparado y lo activó. Ambos lo tocaron y enseguida aparecieron de nuevo en la hacienda, donde un enloquecido Turco caminaba de lado a lado.

Luego de insistir en que todo estaba bien el hombre se retiró nuevamente realmente poco convencido; por lo que Hermione procedió a contarle todo lo que había sucedido con Pansy a Malfoy, quien la escuchó con asombro y pena a partes iguales. Aunque su expresión cambió completamente cuando le contó su plan para sacarla de prisión.

—Estás completamente loca, Granger —le dijo, mirándola como si de repente tuviera otra cabeza al lado de la suya.

—¿Tienes alguna otra solución, Sherlock?

—No hay soluciones cuando uno ha sido condenado a…

—¡Ella está allí por mi culpa!

—¡Está allí porque era seguidora del Señor Oscuro! —exclamó él.

—¡Como tú! —gritó Hermione caminando alrededor de la sala— ¡Y no estás preso! ¡Estás libre! ¡Porque Harry atestiguó a tu favor! ¡Yo debía hacerlo a favor de Pansy y mira lo que pasó!

—No es tu culpa, Granger.

—Quizás no lo sea —dijo Hermione bajando la voz—, pero aún así tengo una deuda con ella.

Malfoy no pudo estar en contra de la idea mucho tiempo porque ella derribó todos sus argumentos. Finalmente luego de un poco más de insistencia él no tuvo otra que opción que estar de acuerdo a regañadientes. Ella casi dio un salto de emoción pero se contuvo cuando él accedió.

Revisaron mapas, buscaron las coordenadas y marcaron la ubicación de dónde se encontraba Azkaban exactamente, aunque solo se viera una enorme extensión de agua donde se suponía que debía haber una isla. Magnolia despertó a un par de hombres para que le ayudaran a armar lo que necesitaba y luego de dos largas horas de espera, por fin pusieron en marcha su plan.

Ella tomó una gran cantidad de dinero y lo guardó en una bolsa deportiva que se colgó al hombro. Malfoy hizo un traslador a una ciudad costera de Inglaterra y perdieron una hora más buscando alguien que pudiera alquilarles un helicóptero. Todos los lugares que hallaban que tuvieran uno también venían con chofer incluido y según Malfoy nunca podrían llegar a destino si venía con ellos un muggle, ya que Azkaban podía no tener barreras contra aparatos electrónicos pero sí contra muggles.

—Es demasiado, señor —le dijo el dueño del helicóptero a Draco sin querer aceptar el dinero— y no está a la venta, solo es para que los turistas sobrevuelen la costa.

El rubio seguía insistiendo con el muggle para que tomara el dinero y Magnolia vió que estaba a punto de hechizarlo con la varita apretada tras la espalda.

—Mire —intervino luego de probar los motores de la máquina—, aquí hay el doble de lo que cuesta su helicóptero, si todo sale bien le devolveremos el pájaro, pero si no… Podrá comprarse dos más para seguir trabajando.

—No, señorita… —siguió el hombre.

—Maldición, solo hechízalo —murmuró Magnolia perdiendo la paciencia.

Draco soltó una suave risa y disimuladamente hechizó al muggle quien cayó suavemente sentado en una banca frente al puerto, le puso la bolsa de dinero en el regazo.

—Despertará en diez minutos —le informó a la bruja.

—Que delicado —dijo Magnolia entre dientes.

—No asesino personas solo porque son honestas, Granger —contestó él y ella puso los ojos en blanco.

Cuando caminaron hacia el helicóptero sintió que los pasos de Malfoy se iban haciendo más lentos y que no subió al transporte detrás de ella. La castaña bufó y giró sobre sus talones para mirarlo desde la puerta.

—¿Y ahora qué?

El rubio tragó y ella casi pudo oír el sonido.

—¿Quién dijiste que manejaría esta cosa?

—¡Yo! —exclamó la mujer— ¿Acaso ves a alguien más? ¡Sube de una vez! ¿O eres un cobarde, Malfoy?

Las palabras dieron en el blanco y la mujer sonrió internamente cuando el mago murmuró algo ininteligible entre dientes y subió al helicóptero.

—Ahí —ordenó ella señalando el asiento del acompañante—, y no toques nada.

El mago puso los ojos en blanco y se sentó de mala gana mientras ella le mostraba los cinturones y la forma correcta de desprenderlos en su debido momento.

—Colócate los cascos —le dijo ella señalando los auriculares que tenía delante—. Son para los oídos —murmuró cuando él no supo qué hacer con ellos.

Magnolia se sentó e hizo las comprobaciones necesarias antes de ponerse en marcha. Los mandos parecían funcionar bien. Accionó el acelerador para ponerlo a 1500 rpm, puso el transpondedor en espera y encendió la baliza de posición. Todo estaba preparado y a punto para el despegue.

—¿Sabes lo que haces? —preguntó él y ella pudo oírlo a través de los auriculares. Su voz se sentía temerosa pero no perdía el tono cálido que tenía. Ella dio un pequeño salto ante la sorpresa de oírlo tan cerca aunque estuviera alejado.

—Aprendí a pilotar hace cinco años —le explicó—. No te preocupes, estarás a salvo conmigo… al menos mientras estemos volando.

Pudo oír el pequeño jadeo de él en los auriculares y sentir su mirada de acero sobre ella. Decidió ignorarlo. ¿Qué rayos había hecho? ¡Acababa de… coquetear! ¡Con Malfoy!

«Tu prometido» dijo una pequeña voz al fondo de su mente. «Ex prometido» agregó otra, «¡Piensa en Faustino!».

Subió el acelerador a 2000 rpm. La temperatura del aceite era de 60°C, todo estaba correcto. Aumentó la presión del colector con el motor a 2500 rpm y tiró del acelerador hacia atrás. El helicóptero se elevó en el aire como la elegante ave que era y ella pudo sentir la adrenalina en su pecho burbujeando como la primera vez que había logrado pilotar.

—¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta? —preguntó Malfoy.

—Aquí —Señaló el tablero de control y él se concentró en las luces que se encendían y apagaban dependiendo de su función—. Las coordenadas están puestas y solo debo seguirlas.

—¿Cuánto durará el vuelo? —preguntó él nuevamente con la respiración algo entrecortada.

—Tenemos el viento favor y el tanque lleno, posiblemente unas dos horas —Miró al rubio que tenía los ojos fijos en ella—. ¿Estás bien Malfoy?

El muchacho asintió y el viaje siguió en silencio, solo con la luz del sol frente a ellos e iluminándolos. Ella se permitió mirar al mago a su lado en un par de ocasiones para comprobar que con los rayos del sol su piel era todavía más blanca y su cabello resplandecía en dorado, mientras sus ojos parecían mercurio líquido con destellos.

El GPS informó que estaban por llegar a destino unos diez kilómetros antes y Magnolia tragó. No sabía si su plan resultaría pero confiaba en que daría resultado. Cuando más se acercaban, una gran nube de tormenta cubría todo el cielo y dejaron de ver el mar bajo ellos para estar rodeados completamente de una niebla espesa y oscura.

—Este debe ser el sitio —murmuró el rubio.

Traspasar la niebla fue más difícil de lo que se veía porque los controles enloquecieron por un momento, Magnolia temió chocar contra la torre si el helicóptero salía de control, pero luego de un par de minutos salieron nuevamente a la claridad, volando mucho más bajo de lo que habían estado antes, lo que obligó a la chica a elevar rápidamente el vuelo antes de terminar estrellados contra las piedras del acantilado.

La torre apareció imponente frente a ellos y Magnolia se fijó en que era mucho más grande de lo que parecía desde la tierra. La rodeó con el helicóptero.

—¿Ves el pañuelo? —preguntó la chica.

Malfoy se mantuvo en silencio inspeccionando al igual que ella. Hermione revisó la hora en el reloj que Malfoy tenía en la muñeca y se encontró con que ya habían pasado seis horas. ¿Dónde estaba la señal de Pansy?

—¡Allí! —exclamó Draco señalando un punto casi quince metros más arriba de donde se encontraban.

El pañuelo estaba fuertemente atado a los postes de la pequeña ventana. Hermione suspiró de alivio. Dirigió el helicóptero a la altura de la ventana y se acercó a la torre todo lo que pudo y presionó unos cuantos botones.

—Malfoy —anunció, temiendo la reacción del muchacho—. Necesito que vengas aquí.

—¿Qué?

Hermione se levantó del asiento y lo señaló.

—Necesito que tomes el control por un momento.

—¡No habíamos quedado en eso, Granger! —exclamó él.

—¡No lo hubieras aceptado!

—¡Por supuesto que no!

—¡Rápido Malfoy! Solo debes mantener firme el volante para equilibrarlo.

El rubio gruñó y maldijo abiertamente, pero de todas maneras se sentó en el asiento del piloto y tomó el mando. El helicóptero se tambaleó pero Magnolia le enseñó a mantener el volante equilibrado.

—No lo vayas a soltar —le advirtió.

—¿Qué rayos harás?

Pero ella no respondió. Abrió el bolso deportivo que había traído con ella, sacó una soga y se la ató a la cintura y al pecho con uno de los nudos marineros que había aprendido. Sujetó la soga al riel de emergencia del helicóptero y le enseñó a Malfoy qué botón debía apretar cuando ella le diera la señal.

—Granger —empezó él— cómo se supone que llegarás a la… ¡Granger!

Antes de que él pudiera terminar de formular la pregunta, la chica sacó lo necesario y dio un salto de fe hacia la ventana de Pansy. Vió a la morena con ambas manos en los barrotes intentando mirar hacia afuera y solo podía verse su nariz sobresaliendo entre la abertura.

Hermione estaba apenas sujeta de los barrotes y se había dado un buen golpe con las piernas contra la pared de piedra, pero aquello era lo de menos.

—¡Pansy! —gritó como pudo—. ¡Aléjate y cúbrete!

No pudo escuchar si ella le respondió pero supo que entendió el mensaje cuando la vió alejarse. Hermione metió la mano en el bolso que le colgaba del brazo y sacó el dispositivo que había mandado a conseguir con sus guardias esa misma mañana. Una bomba con conteo regresivo para volar la pared de la torre. La pegó a los ladrillos con el adhesivo que tenía y apretó un botón comenzando el conteo de sesenta segundos. Alzó el brazo para que Malfoy la viera y enseguida sintió cómo la soga hacía su trabajo y era rápidamente estirada hacia el helicóptero de nuevo. Sintió que caería al vacío y dudó por un momento de la efectividad del nudo que había hecho pero cuando sintió el patín de aterrizaje contra su espalda le volvió el alma al cuerpo y subió como pudo al helicóptero de nuevo.

Casi gateó hasta Malfoy y puso ambos brazos sobre los suyos. Sintió cómo se le cortaba la respiración al rubio pero no tenía tiempo para analizar aquello y giró el timón mientras estiraba la palanca de mando para alejarse unos metros de la ventana, lo suficiente para no salir lastimados o desequilibrados por el impacto.

Se escuchó una fuerte explosión afuera y una nube de polvo se formó dónde segundos antes estaba la pequeña ventana de veinte centímetros de la celda.

—¡Es imposible que no oyeran eso desde adentro! —exclamó Malfoy mientras ella volvía a maniobrar el helicóptero para dejarlo lo más cercano posible a la zona de explosión.

—Lo sé —contestó Magnolia—, por eso debemos apresurarnos.

Dejó que Malfoy siguiera al mando del volante y se lanzó nuevamente hacia la ventana de Pansy sin ver mucho entre el polvo. Realmente necesitaba a uno de sus guardias para que hicieran el trabajo sucio por ella, ¿por qué ninguno tenía magia?

—¡Pansy! —gritó sobre el polvo.

Oyó como la chica tosía y estiró los brazos intentando encontrarla. ¿Por qué no había llevado los lentes de visión nocturna? Tal vez hubieran servido de algo.

—¡Hermione! —escuchó que gritaba la chica y tomaba una de sus manos.

El polvo se dispersó un poco más y pudo ver los ojos oscuros de Pansy brillando emocionados a pesar de la situación. Hermione le rodeó la cintura con un brazo con fuerza y estiró la soga para que Malfoy supiera que debía presionar el botón del riel que la recogería de vuelta. Sintió el estirón y apretó contra ella a Pansy con ambos brazos.

La chica soltó un chillido cuando sus pies se elevaron del suelo y Hermione volvió a sujetarla con más fuerza. Pronto golpearon el patín de aterrizaje y la castaña intentó levantarla para que ella subiera primero. No le costaba, estaba demasiado delgada para que resultara pesada y Hermione solía levantar peso normalmente para mantenerse en forma.

La morena entendió rápidamente que debía subir y se sujetó con ambas manos al patín para tomar fuerza y entrar dentro del helicóptero. Hermione la empujó por las caderas y luego subió ella misma.

—¡Los aurores! —gritó la morena sentada en la cabina y apuntando a los magos que habían entrado a lo que quedaba de la celda.

Eran solo dos, uno con piel oscura y el anciano Dawson. Hermione comprendió que Pansy no había recibido ninguna visita del hombre desde que ella la había dejado, por lo tanto seguía vivo. Iba a moverse hasta Malfoy para poder alejar el helicóptero nuevamente pero vió que Pansy se paró sobre sus piernas y apuntaba la Glock con las manos temblorosas hacia los aurores. Disparó una vez y dio un paso atrás por el impacto.

—¡Granger! —gritó Malfoy que también veía a los aurores desde su posición— ¡Date prisa!

Magnolia se debatió entre quitar a Pansy del camino de los aurores que aún no habían entendido bien qué sucedía e ir hasta Malfoy para alejarlos de allí, o ayudar a la morena a realizar su venganza. La chica volvió a disparar y la bala pasó varios metros más arriba de su objetivo.

—¡Merlín! ¡Granger! ¡VEN AQUÍ!

Vió los ojos rojos de Pansy llenarse de lágrimas e intentar apuntar una vez más contra su enemigo, el hombre que la había violado sistemáticamente durante años sin darle siquiera la oportunidad de poner fin a su vida. Pudo sentir la rabia y el dolor de la chica; y la sintió propia.

Un hechizo cruzó sobre la cabeza de Pansy y otro más le rozó la pierna a ella misma. Lo más sensato sería lanzarse al suelo del helicóptero y alejarse de allí lo más rápido posible. Pero no podía dejar que su amiga perdiera la única oportunidad que iba a tener de vengar al viejo asqueroso que se había aprovechado de ella. Sin dudarlo más, se colocó tras Pansy y tomó sus manos que aún tenían el arma apuntando hacia la celda, la levantó justo a la altura de los ojos de Dawson quien también apuntaba su varita hacia ellas. Metió el dedo en el hueco del gatillo, justo sobre el de Pansy, y presionó.

Pudo ver casi en cámara lenta cómo la bala impactó en la frente de Dawson haciendo que cayera para atrás como un saco viejo. Oyó el jadeo de Pansy y vió la luz de un hechizo saliendo de la varita del otro auror que las apuntaba, por lo que lanzó al suelo a la morena mientras sentía cómo el helicóptero de repente se inclinaba a un lado. Miró por sobre los hombros de Pansy y vió al rubio maniobrando con el timón en un intento de apartarlos.

—¡El pedal! —le gritó mientras intentaba levantarse— ¡Estira el pedal!

Señaló a la palanca sobre su cabeza y el rubio la tomó, haciendo que se elevaran violentamente. Hermione cerró con fuerza la puerta de la cabina arriesgándose a que la hirieran, y un segundo antes vió cómo se le unían más aurores.

Se lanzó sobre Malfoy para equilibrar el helicóptero.

—Granger —gruñó el rubio removiéndose bajo ella cuando sintió el peso de su cuerpo sobre sus muslos.

Pero ella lo ignoró y aceleró todo lo que pudo para volver a traspasar la niebla que rodeaba Azkaban. En cuestión de minutos, lo que duraba la odisea de llegar al otro lado, los aurores los igualaron y eran unos diez o doce volando a su lado en escobas, lanzando hechizos al helicóptero.

—¡Nos derribarán! —gritó Draco, metiendo la mano dentro del bolsillo de su pantalón y quitando el traslador que habían acordado preparar de emergencia en caso de que el plan se fregara.

—Muy bien, entonces solo vayámonos —murmuró Hermione—, hay que ser muy rápidos.

Se levantó del regazo de Draco y soltó los comandos, dejando que el helicóptero perdiera altura y fuera cayendo sin detenerlo. Se abalanzó sobre Pansy quien todavía estaba sentada en el suelo respirando muy profundamente, ajena a los problemas a su alrededor, como si no pudiera creer que verdaderamente hubiera escapado de la prisión.

La tomó del brazo y puso su mano sobre el traslador, ella también lo sujetó y finalmente la mano de Malfoy se cerró sobre las suyas, el traslador se encendió justo cuando las hélices rozaron el agua del mar.

Cayeron sentados en la sala de la hacienda, todos con el corazón latiendo frenéticamente. Pansy miró a Hermione impactada ante la repentina aparición, y luego miró a Malfoy por primera vez. Abrió tanto los ojos que Magnolia pensó que se le saldrían de las cuencas.

—Draco… —murmuró, cayendo automáticamente a un lado, salvada de golpear el piso solo por los brazos del rubio.

—Está en shock —comentó Magnolia con preocupación.

El sonido de más apariciones llenó el silencio y en menos de un segundo Harry, Ron, Ginny y un niño de cabello azul estaban en su sala.

—Buen día Hermione —saludó Harry con una sonrisa que se borró automáticamente cuando su vista se posó en la mujer desmayada en brazos de Draco.


Hola! Perdón por no subir ayer, sinceramente Fanfiction tiene muchos problemas técnicos últimamente. La semana pasada fue un caos.

El recuerdo que les prometí la semana pasada está listo. En realidad, tengo dos escritos y no sé cuál enviarles. Si el que contiene lemon en la habitación de Draco en Hogwarts o el de la primera charla que tuvieron en su habitación también. Ayúdenme a decidir. Antes de la próxima actualización lo tendrán con ustedes!

Muchas gracias por seguir la historia y por esperarme siempre, déjenme un comentario para saber qué les pareció y qué recuerdo prefieren! Les está gustando? Se va aclarando un poco la historia, no les parece?

Con cariño, Anna.