Pues estuve en Urgencias hace unos días (con dolores infernales y sufriendo exámenes por nueve horas) y aún estoy con dolor, pero como sobreviví (exagero, pero no tengo mucha tolerancia al dolor) y estoy viva, subiré los últimos capítulos juntos. Disfruten.
13
Hey, hermano…
"What if I'm far from home?
Oh, brother, I will hear you call
What if I lose it all?
Oh, sister, I will help you out!
Oh, if the sky comes falling down for you
There's nothing in this world I wouldn't do"
Hey Brother. Avicii
La Bestia lanzó un horrible grito monstruoso, al tiempo que todas las ramas de edelwood se secaban, dejando libres a quienes tenían cautivos. Greg inmediatamente se lanzó hacia delante, para evitar que el cuerpo de su hermano chocara contra el suelo y lo dio vuelta, remeciéndolo.
- ¡Wirt! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡Podríamos haber hallado otro modo! – lloró, sujetándolo contra su pecho.
Wirt sonrió débilmente, sintiendo como las pocas fuerzas que tenía le abandonaban rápidamente. Le aliviaba solo tener mucho sueño y no sentir dolor, a diferencia de la Bestia, cuyos gritos guturales cada vez más débiles, podía escuchar de fondo. Vagamente se preguntó qué le estaba pasando, pero tenía los segundos contados y se enfocó en lo importante.
- No había otro modo, Greg… - susurró, respirando cada vez más lento – no podía dejar que la B-Bestia te… poseyera a ti también. Es mi alma, es m-mi decisión… el ciclo se ha roto y ahora… somos libres de… Él… estás a… salvo…
Sus ojos pesaban e involuntariamente comenzó a cerrarlos, inmediatamente Greg comenzó a sacudirlo, a gritar su nombre, mientras Mabel a su lado lloraba abierta y desconsoladamente. El resto de los Pines empezaron a levantarse del suelo, rompiendo las ramas secas y observaron la escena conmocionados.
- ¡No! ¡Por favor Wirt, resiste! ¡No me dejes de nuevo! ¡Quédate conmigo, Wirt, no te duermas!
Viéndolo llorar con tal desesperación, provocaba que Wirt deseara abrazarlo y consolarlo, o al menos tocar su cara, pero ya no podía sentir su cuerpo. Ojalá no tuviera que ser la fuente de tanto dolor para todos ellos, pero ya no podía seguir despierto.
- Lo siento… Greg… todos… ad…
Sus ojos terminaron de cerrarse y, dando un último suspiro, dejó de respirar al mismo tiempo que la figura de la Bestia terminaba de perecer.
Todo el mundo pareció enmudecer en ese instante, nada existía fuera del rostro pacífico de su hermano y un extraño pitido en sus oídos. Greg solo reaccionó cuando alguien intentó quitarle a Wirt, se aferró a él, pero alguien más lo tomó por detrás, alejándolo. Quiso golpearlo, desesperado por volver con su hermano, pero entonces el rostro de un anciano apareció en su campo visual, quien le dio una cachetada antes de repetir lo que sea que estuviese diciendo antes.
- ¡Vuelve en ti, niño! ¡Estamos intentando ayudar!
Era Stan. Parpadeó lentamente, recordando al fin que él no estaba solo, pero aún se sentía ansioso por no tener a Wirt cerca, así que se aproximó lentamente a Ford, quien en ese instante estaba haciendo resucitación cardiopulmonar en su hermano, tratando de reanimarlo, hacer algo para traerlo de vuelta. Quizá él no entendiera de almas, pero si sabía de medicina. Greg quería que funcionase, en verdad lo hacía, esto no podía acabar así, pero si el alma de Wirt seguía atada a la Bestia, seguramente ese ser lo estaba arrastrando hacia el otro lado, impidiéndole—
El otro lado.
Había teorizado bastante a través de los años sobre el plano en el que se ubicaba lo Desconocido, también llamado por algunos como "el Intermedio". La razón por la que evadieron la muerte segura esa noche de Halloween, cómo parecía conectar con todas las épocas…
Tenía una idea, una loca, peligrosa, quizá improbable y muy posiblemente mortal idea, pero era lo único que tenía y no pensaba perder esa esperanza por diminuta que fuera.
- Señor Stan, ¿sabe hacer resucitación usted también? – preguntó, observando al anciano de soslayo, quien le dirigió una mirada confundida.
- Pues sé lo básico, niño, pero para eso está Ford, ¿por qué preguntas eso?
- Porque necesitaremos un segundo par de manos – replicó mientras alzaba el arma eléctrica, puesta en una carga que, según lo que le había explicado Ford antes de entrar al bosque, serviría para su plan. Era una suerte que nadie hubiera notado cuando lo recogió del suelo, y una suerte aún mayor que hubiese caído tan cerca de él.
- ¡Espera! ¡Esa cosa es peligrosa! ¡¿Qué estás haciendo?! – exclamó Stan, mientras el resto observaba a Greg atónitos y sin entender qué estaba planeando.
- No tengo tiempo para explicar, pero si tengo éxito y traigo a Wirt de vuelta, podrán sermonearme todo lo que quieran.
Sin esperar ni un segundo más, apuntó el arma directo hacia su pecho, mientras Ford, quien estaba más cerca de él, hacia un gesto como para detenerle. No tuvo tiempo ni para preguntarse si dolería, evitó cualquier pensamiento que le hiciera dudar y disparó.
Al menos el dolor fue breve antes de que la oscuridad lo consumiese.
-.-.
Se sentía como estar bajo el agua de nuevo, hundiéndose cada vez más, demasiado débil para nadar hasta la superficie, sin embargo, no estaba asustado, o quizá no podía sentir nada, con lo cansado que se sentía. La entidad que era la Bestia, era una historia completamente distinta. Podía sentirla luchar durante todo el camino, removiéndose, tratando de nadar contra la corriente. Su voz, compuesta por varias voces, gritaban llenas de frustración y terror de un modo que le hacía estremecer.
En su mente comenzaron a danzar recuerdos de su vida, finalmente liberados después de tanto tiempo. Su más tierna infancia, cuando su padre estaba vivo y eran solo los tres, los años en que fueron solo él y mamá, sus juegos y el comienzo de su fascinación por la poesía y la música, cuando su madre se volvió a casar y la llegada de Greg, su entrada a la adolescencia, sus amigos, Sara, aquella noche de Halloween… le provocaban dolor por lo perdido, pero a la vez le aliviaba saber qué había perdido.
Por lo demás, no se arrepentía de su decisión. Greg estaba a salvo, y seguramente Beatrice se sentiría orgullosa, y quizá un poco enojada, de que al fin hubiese tomado la iniciativa y las riendas de su vida… al menos una vez antes de morir. Sí, seguramente se molestaría de que necesitara un evento literalmente de vida o muerte para actuar.
Súbitamente, notó una luminosidad a su lado, después de tanta oscuridad aquello logró atraer su atención y, a pesar de su cansancio, finalmente abrió los ojos.
Se sorprendió al ver una entidad de su tamaño que parecía estar hecha de luz, sin ningún rasgo físico excepto su forma humanoide y con algo sobresaliendo de lo que sería su cabeza. No le fue difícil saber que era el Guardián, finalmente liberado de su alma, pero no lograba comprender por qué no se había marchado. A diferencia de él, no había ataduras encadenándolo a la Bestia.
Su pregunta fue respondida cuando el Guardián tomó uno de sus brazos y comenzó a tirar, tratando de liberarlo del lazo que, como tentáculos, parecían estar aferrándose a su delgado cuerpo, pero era en vano, pues aquel espíritu también se hallaba debilitado y aunque logró soltar algunas ligaduras, aún estaba demasiado enredado. Intentó indicarle que se marchara y salvara a sí mismo, antes de que la corriente que los sumergía lo atrapara también, pero obstinadamente se negó.
Podía presentir que estaban cerca, algo que la Bestia debió notar también, pues sus movimientos se volvieron más desesperados. Comenzó a sentir mucho sueño de nuevo y se preguntó dónde aparecería la siguiente vez que despertara, y si su padre estaría allí para recibirlo, pero antes de que pudiese volver a cerrar sus ojos, el sonido de algo nadando hacia él lo instó a retrasar aquello un poco más y dirigió su vista en la dirección del ruido, frotándose los ojos para alejar la somnolencia.
Si pudiese sentir su corazón, este se habría saltado un latido ante lo que vio y seguramente habría empalidecido.
Era Greg.
Pero ¿cómo y por qué? Dirigió su mirada llena de aterradas preguntas a su hermano, quien solo le devolvió esa sonrisa que desde niño tenía, aquella que hablaba de confianza hacia el futuro y decía: "todo va a estar bien". La nostalgia lo inundó por completo al ver aquello y creyó en verdad estar llorando.
Súbitamente ya no se sentía tan en paz con lo que estaba ocurriendo. Con desesperación extendió ambos brazos hacia su hermano, hasta que finalmente pudo sujetarlo con sus manos. No quería morir, no quería seguir perdiendo aquel preciado tiempo con sus seres amados. Quería estar con Greg, con Mabel, con los Pines y Pacífica y Wendy… ¡Quería vivir!
Greg pasó un brazo por su espalda, sujetando firmemente su cuerpo y tiró con fuerza. Por algunos segundos no pareció estar funcionando, y Wirt se abrazó al torso de Greg, rogando a cualquiera que pudiese estar escuchando que les dieran una mano. Uno de los lazos se rompió, luego otro y otro hasta sólo quedar uno alrededor de su tobillo. La Bestia estaba desesperada aferrándose a ésta, pero tras una patada de Greg y otro tirón, finalmente Wirt era libre.
La Bestia cayó más rápidamente hacia las profundidades y pronto se perdió de vista en el camino al otro lado, entonces Greg sujetó con un brazo a su hermano y, tras titubear un segundo, envolvió con la otra al Guardián, tras sentir que éste era inofensivo, y comenzó a nadar hacia la superficie. Sin embargo, pronto resultó obvio que no lograrían alcanzarlo sin quedarse sin energías primero. Greg pataleó con más fuerza, frustrado. ¡Estaban tan cerca! ¡Esto no podía acabar aquí!
La entidad comenzó a buscar llamar su atención y cuando lo miró, solo un poco irritado pues se les estaba acabando el tiempo, el Guardián indicó a una luminosidad que provenía desde su lado, como si allí, de alguna forma que resultaría imposible en la realidad, existiera una segunda superficie, una más cercana, más alcanzable.
Inmediatamente puso rumbo hacia allí, preocupado al sentir como el cuerpo de su hermano se relajaba completamente, como si hubiera perdido el conocimiento. Él mismo comenzó a sentir súbitamente como si el aire, el cual hasta entonces no había necesitado, se le estuviese acabando. Con sus últimas energías logró llegar a la superficie y rompiendo la barrera del agua, tomó una gran bocanada de aire…
-.-.
Alguien llamaba su nombre desde lejos. O tal vez estaba cerca y sus oídos se hallaban tapados. Luchó contra la inconsciencia y al abrir los ojos, lo recibió un rostro muy conocido que portaba una gran sonrisa. Era Greg… y él era un niño de nuevo.
Se sentó rápido, atónito, tartamudeando y sin comprender nada. Su hermano sólo rio.
- Estamos en lo Desconocido, Wirt, suelo aparecer con esta ropa y este aspecto aquí cuando sueño, a veces, no me gusta cuestionar mucho su lógica y todo eso, parece innecesario – explicó mientras se encogía de hombros, su modo de hablar claramente más adulta, contrastando con sus memorias y su apariencia infantil. Su tamaño tampoco era el mismo de aquel primer año, aunque mantenía su estilo de ropa, con aquella tetera en su cabeza, parecía tener entre ocho y diez años. Aun así, la nostalgia lo golpeó con fuerza y su vista se nubló con lágrimas.
- ¿Wirt?
Se lanzó hacia él, abrazándolo con fuerza y sin decir palabra. A los pocos segundos, Greg hizo lo mismo, y permanecieron en esa posición por varios minutos. Finalmente se separaron, manteniendo un contacto mínimo con sus brazos como para asegurarse de que el otro seguía allí y, mientras se secaba las lágrimas del rostro, Wirt preguntó.
- Pero, ¿cómo llegamos aquí? Yo… creo que me desmayé, pero estoy seguro de que estábamos hundidos en agua y… uh… espera, ¿c-cómo acabaste allí en primer lugar?
- Oh, bueno, intenté regresarnos a nuestros cuerpos porque, ya sabes, estamos básicamente "muertos" y eso—
- ¡¿Q-qué?! ¡¿Cómo pasó eso?! ¡Oh, Greg! ¡¿Estás bien?! – exclamó con pánico Wirt, sujetándolo por ambos hombros. No entendía nada, cuando él… se fue, su hermano estaba perfectamente bien y vivo, ¿acaso habían sido atacados por algo?
- Estoy bien, no pasó nada, pero era la única forma de alcanzarte antes de que fuera demasiado tarde.
- Greg… ¿acaso tú…? – titubeó, sin saber cómo continuar ni como sentirse.
- Todo estará bien, Wirt. Pero como iba diciendo, intenté regresar, pero el camino era muy largo como para nadarlo sin agotarse, entonces el chico de luz notó un camino hacia lo Desconocido, porque ya sabes, está básicamente al medio, pero nunca pensé que sería tan literal y, cómo su superficie estaba más cerca, nadé hacia él y aparecimos en este pequeño claro en el bosque, y eso es todo lo que pasó.
- ¿Chico de luz?
Greg apuntó hacia un lado y Wirt se sobresaltó al ver el Guardián tan cerca, observándolos fijamente. Había estado tan absorto por estar reunido de nuevo con Greg, además de desorientado, que no se había percatado de su presencia.
- Oh, lo siento, no noté que estabas ahí, uhm – se sentó de modo que pudiera encararlo y continuó –, gracias por protegerme todo este tiempo, yo… no estaría aquí con Greg si no fuera por ti.
El Guardián inclinó ligeramente la cabeza, probablemente aceptando su gesto.
- Supongo que ahora retomarás tu viaje pare reencontrarte con los de tu especie, seguramente te han estado extrañando todo este tiempo.
El otro asintió, entonces se observó a sí mismo. Lentamente su cuerpo comenzó a cambiar, adquiriendo detalles y perdiendo esa luminosidad. Ambos lo miraron con gran curiosidad, que luego se volvió en sorpresa al ver la forma que había decidido tomar. A pesar de la ornamente, que, a diferencia de la Bestia, poseía flores y hojas vivas, su apariencia era humana, y no la de cualquier persona, era Wirt. Incluso portaba su propia versión de la capa azul, mientras que su ropa era más arbórea.
Wirt no sabía si sentirse halagado o perturbado, aunque al menos, a diferencia de su tiempo poseído, aquella imagen se veía más amigable y saludable.
- Gracias… por liberarme – musitó tentativamente con una voz suave y melodiosa, aunque algo cortada, como si hubiera pasado mucho tiempo sin usarla y estuviera recordando cómo hacerlo, lo cual era probable.
- N-no tienes por qué agradecerme, nos ayudamos y liberamos el uno al otro, en cierto modo, así que, uh… - farfulló algo incómodo, sin saber cómo responder exactamente y sonrojándose un poco.
Guardián rio en silencio, entonces añadió con voz más fluida y segura.
- Pero tú tomaste la decisión, así que gracias.
Wirt abrió la boca para decir algo, pero finalmente la cerró y rascó nerviosamente su cuello, decidiendo simplemente asentir.
- Así que, ¿vas a buscar a tu familia? – preguntó Greg, ladeando ligeramente la cabeza sin dejar de sonreír -. ¿Van a poder reconocerte si vas vestido de Wirt?
Su hermano hizo una mueca ante su elección de palabras, sin embargo, no dijo nada. El Guardián, por otra parte, negó con la cabeza.
- El exterior no tiene nada que ver con la forma en que nos reconocemos.
- ¿Y por qué elegiste a mi hermano?
El otro pareció pensativo por unos instantes, entonces respondió.
- No estoy seguro, simplemente me siento cómodo así, puede que sea por el tiempo que llevo habitando junto a su alma, espero que no les importe.
- N-no, está bien – tartamudeó Wirt. Le inquietaba un poco, pero si aquel ser se sentía cómodo así, no tenía razones para estar en contra, además, no es como si tuviera malas intenciones para hacer eso y, de todos modos, se lo debía.
El Guardián entonces se levantó, haciendo que ellos lo imitaran, y sonrió suavemente.
- Es hora de que separemos caminos, ustedes tienen que regresar a sus cuerpos, no se retrasen demasiado – se detuvo un segundo, entonces añadió, con un tono que parecía avergonzado –. ¿Y Wirt? Lamento haber realizado cambios en ti, fue sin intención, pero no puedo hacer nada para tomar de regreso esa esencia de un guardián que se impregnó en tu alma.
- Esta bien, me acostumbraré, no es lo peor que me ha sucedido en este viaje y, además, no estoy solo – le aseguró inmediatamente, porque era cierto, no sabía cuántos inconvenientes aquello iba a traerle en el futuro, pero con Greg y los Pines y el resto de sus amigos, estaba seguro de que iba a poder superarlos.
El Guardián sonrió con más confianza entonces y, despidiéndose de nuevo, sacó una flauta y se alejó, entonando una canción llena de esperanza, mientras retomaba su viaje interrumpido hacía tiempo.
Los hermanos hicieron lo mismo, aunque no tardaron en toparse con un muy familiar molino, solo que esta vez, estaba rodeado de colores primaverales y en cuyo patio vieron a una chica, una muy familiar para Wirt, quien se lanzó a abrazarla, comenzando un cálido reencuentro.
- Estoy tan aliviada de que por fin acabó todo – comentó Beatrice, tras lo cual felicitó y sermoneó a Wirt por sus arriesgadas acciones, aunque él ya se imaginaba que iba a reaccionar así. La verdad es que extrañaba sus palabras filosas.
Al menos, a diferencia de la vez anterior, ellos conocían el camino de regreso, o al menos lo presentían. Ella los acompañó hasta donde pudo y, tras una conmovedora despedida, esperando encontrarse de nuevo en sueños, ahora que, según Greg, volvían a tener acceso a esa zona de lo Desconocido que lo había estado evadiendo durante años, por alguna razón que quizá nunca conocerían, los hermanos continuaron solos…
-.-.
Greg dio una bocanada profunda de aire casi al mismo tiempo que Wirt, ante lo cual todos permanecieron en sus puestos unos segundos, conmocionados, antes de lanzarse a la acción. El único consciente, sin embargo, era Greg, quien en seguida quiso lanzarse hacia su hermano para asegurarse de que estaba bien, pero Stan lo retuvo.
- ¡Hey! Tranquilízate, niño, no sé cómo lo hiciste, pero tu hermano está bien, mejor preocúpate por ti un poco y tomate las cosas con calma, estuviste como dos minutos muerto por culpa de ese truquito tuyo – lo amonestó el anciano, añadiendo con una pequeña sonrisa, llena de alivio y algo traviesa, tratando de mantener un tono serio –, una acción por la cual, como adulto responsable de ustedes, los jóvenes, se esperaría que te de un sermón por al menos una hora, pero no soy responsable y nunca me he guiado por expectativas, así que, ¡bien hecho!
Ford por otra parte, parecía seguir algo aturdido y se hallaba balbuceando para sí mismo.
- Pero, no entiendo cómo es posible… espera, ¡por supuesto! ¡El Intermedio, camino hacia el "Otro lado"! todo este tiempo se trataba de—
- ¡Déjate de tus cosas de ciencia Seis Dedos, y concéntrate en ayudar a ese niño!
El aludido se sobresaltó como un infante atrapado con la mano en el frasco de galletas y, asintiendo, se puso a trabajar. Lo primero que sobresalió era la temperatura de Wirt, prácticamente inexistente, lo cual le recordó a la primera vez que lo vio, lo cual lo preocupó, pues significaba que estaba cercano a la hipotermia. Rápidamente se sacó la chaqueta y Mabel, quien se había ubicado a su lado, claramente preocupada por el muchacho, siguiendo su línea de pensamiento se sacó su suéter y se lo puso a Wirt, sin importarle el frío del ambiente que inmediatamente mordió su piel expuesta. Protegido con dos capas de ropa, alzó al niño en brazos y se dirigió hacia el resto, instándolos a marchar de vuelta a la cabaña lo más rápido posible.
Siguieron la cinta infinita de Ford para abandonar el bosque oscuro, siendo las únicas señales de su presencia en aquel claro, una vieja y abandonada lámpara apagada, y un nuevo y espantoso árbol torcido, que parecía estar gritándole al cielo.
-.-.
Habían colocado a Wirt devuelta en su cama en el ático y, cubierto de mantas y un calentador, finalmente lograron alzar su temperatura, aunque inmediatamente, el siguiente problema al que debieron enfrentarse fue una alta fiebre que se mantuvo durante el día, pero que, en comparación con los peligros de la hipotermia, era mucho más manejable. Ford no encontró otro problema así que, dejando instrucciones, se quedó profundamente dormido en el sillón junto a Stan.
Todos estaban agotados, habiéndose pasado la noche en vela en el bosque, luchando con la Bestia, pero Greg se negó a descansar todavía y dedicó el día a atender a su hermano, para lograr bajar su fiebre. Finalmente, a la noche, Wirt pareció recobrar la consciencia, aunque se le notaba claramente confundido debido a los medicamentos y su temperatura. Se encontraba inquieto por la incomodidad y el malestar, su consciencia empañada por la somnolencia. Mientras colocaba un nuevo paño frío sobre su frente, su hermano volvió a despertar, abriendo sus ojos ligeramente, aunque era claro por su mirada de que él no estaba totalmente allí.
- Greg, l-lo siento –murmuró aún medio dormido.
El aludido frunció el ceño, preguntándose cuál de todas las cosas por las que su hermano podía culparse, se estaba refiriendo. No es como si no lo hubieran conversado mientras regresaban por lo Desconocido… aunque quizá era debido a la fiebre, la cual había provocado que su mente y memorias no se encontraran en el lugar correcto. Seguramente mañana, cuando estuviera más coherente, no recordaría nada de esto.
- No hay nada de que disculparte, no fue tu culpa – respondió suavemente, buscando tranquilizarlo para que volviera a dormirse.
Wirt se removió en su lugar, claramente frustrado, su mirada febril buscándole.
- No, yo, yo debería haber estado ahí, debí haber visto a través de su engaño, no—
- Esta bien, no pienses en eso ahora, duerme Wirt, yo seguiré aquí cuando despiertes.
Acarició su cabeza, lo cual comenzó a calmarlo. Por unos minutos pareció volver a sumirse en el sueño, pero súbitamente comenzó a llorar, remeciéndose de nuevo, producto de alguna memoria o pensamiento invisible para Greg.
- Esta bien, hermanito, está bien.
- Se supone que yo soy el hermano mayor – sollozó. Cuanto deseaba Greg saber qué estaba pasando por la cabeza de Wirt en esos momentos, para poder responder de una forma más completa y acallar la culpa que él aún sentía. Su hermano siempre había sido del tipo que no dejaba de darle vueltas a sus errores, sin importar cuanto tiempo había pasado desde estos, de pensar demasiado las cosas y preocuparse por lo que pensaban los demás de él, y era obvio que su estado febril solo empeoraba esos hábitos.
Por el momento, aquello tendría que esperar, cuando volviera a estar saludable, tendrían otra larga y profunda conversación sobre el tema, para que hiciera mella en esa obstinada cabeza suya.
- Nimiedades, Wirt, el título es relativo. Además, hiciste un buen trabajo al final, me protegiste – le aseguró, colocándose en su campo visual –, ahora es mi turno de ser el mayor, ¿está bien?
Los brazos de Wirt se movieron para agarrar su brazo y ropa, solo cuando los tuvo pareció estar lo suficientemente calmado y seguro como para dormirse profundamente de nuevo. Greg bostezó y vio la hora, quizá él también podría dormir.
En ese momento entró Dipper, quien le dirigió una leve sonrisa antes de tomar algunas de sus cosas. Greg iba a disculparse por estar acaparando el espacio, pero el otro se adelantó para decir.
- No te levantes, puedes usar mi cama por ahora, estoy seguro de que Wirt dormirá más tranquilo si te ve cerca al despertar. Yo iré a descansar en otra habitación, así que no te preocupes, nos vemos.
Y se marchó rápidamente, sin darle tiempo de replicar. Greg volvió a mirar a su hermano, quien, aunque descansaba con un rostro pacífico, se aferraba a él casi con desesperación, como un náufrago a cualquier objeto flotante. No podía mentir de que él también estaba aliviado de poder sentir su presencia físicamente. Haciendo un espacio, se recostó justo al lado de Wirt, y pasando un brazo protector por sobre su pequeño y delgado cuerpo, finalmente dejó que el sueño lo envolviera también.
-.-.
- Mabel, uh, ¿puedo dormir aquí? – preguntó Dipper, asomándose por la entrada de la habitación, antes de agregar rápidamente, algo avergonzado –, es sólo que Greg está allí y, y no quiero sentir que estoy husmeando y… bueno, es sólo que al verlos pensé… – se detuvo un momento, observándola con una mirada incierta.
Mabel sonrió con tristeza, comprendiendo lo que quería decir, ella había pensado lo mismo al ver a esos dos hermanos reunidos tras más de una década. Aunque era un final agridulce y no lo que ambos esperaban, ahora se tenían el uno al otro para enfrentar las incertidumbres que les deparaba el futuro.
Al final eso era lo único que importaba.
- Hey, ya sabes que yo nunca digo no a una pijamada, y menos cuando incluye a mi hermano favorito.
- Yo soy tu único hermano.
- Exacto.
Y fue así que, aquella noche, inició el comienzo de una nueva vida para los hermanos, e incluso para lo Desconocido. Uno sin la sombra de temor hacia la Bestia, uno de reencuentros. Las nubes de tormenta habían pasado y, sin importar los destrozos que había dejado, lograrían superarlo y reconstruir, juntos.
