Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to Simaril. I just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de Simaril, solo me adjudico la traducción.
Este capítulo lo betearon mis amadas Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )
Capítulo catorce: Pacífica
POV Edward
Pasamos la mañana limpiando y ordenando la casa. O, más específicamente, Bella limpió y yo observé. Rechazó todas mis ofertas de ayudar, diciendo que prefería hacerlo ella misma. Me dio una pila de notas sobre las lecturas que me había perdido y me sentó en la mesa con órdenes:
—Lee eso y mantente fuera de mi camino.
Leí las notas en cinco minutos y pasé el resto de mi tiempo mirándola discretamente mientras trabajaba. Había algo muy reconfortante en verla moverse por la casa. Nunca había sido descuidada cuando vivía con Charlie, pero definitivamente disfrutaba más el trabajo ahora que era su propia casa.
—Bien, tendrás que irte por un tiempo —me informó cuando entró a la cocina al mediodía.
—¿Qué hice? —pregunté.
—No hiciste nada. —Me dio un beso en la mejilla—. Pero necesito comer el almuerzo y Rosalie me dijo que la comida humana huele mal.
Maldita Rosalie.
—No huele tan mal —mentí—. En serio no me importa.
—Tal vez a ti no te importa, pero a mí sí. Ve a dar un paseo o algo.
—¿Qué tal si me siento en el porche? —sugerí.
—¿Qué tal si dejas las cosas de acosador a los profesionales y vas a dar un paseo? Honestamente, Edward, solo será media hora como mucho.
Sintiéndome como un niño al que enviaron a jugar, salí de la casa hacia mi auto. Si iba a estar afuera, iba a hacer un buen uso de mi tiempo. Conduje hasta el centro de la ciudad y me detuve frente a una florería.
Reconocí a la cajera como alguien que había visto en el campus. Le pedí que me hiciera un arreglo con rosas rosas y blancas.
—¿Qué tan grande lo quieres? —preguntó.
—Una docena de cada una será suficiente.
—Guau, debes haber hecho algo realmente malo. —Mi confusión debe haber sido obvia porque ella continuó—: Son para tu novia, ¿no? Dos docenas de rosas normalmente están reservadas para las cosas malas.
—Oh, ya veo. Bueno, no hice nada, solo quiero sorprenderla.
Se rio.
—Bueno, estás mucho más informado que la mayoría de los chicos, mi novio piensa que los shots de gelatina son el camino al corazón de una mujer. Tu novia es una chica afortunada.
—No —dije con fervor—. Yo soy el afortunado.
Tuvimos una conversación amistosa mientras ella preparaba el arreglo y examinaba las muestras. Estaba tratando de decidir si comprar un peluche sería exagerado cuando mi teléfono sonó con una llamada entrante.
—Necesitas comprar un par de jarrones —dijo Alice, sin molestarse en saludar—. Bella tiene uno, pero no es lo suficientemente grande para sostenerlas todas. ¿En serio, Edward, dos docenas de rosas? Creo que exageraste un poco. Oh, y creo que el oso gris es lindo. —Cortó antes de que tuviera oportunidad de responder.
Sonriendo para mí mismo, agarré el oso y dos jarrones y los puse sobre el mostrador.
—Aquí tienes —dijo ella, entregándome las flores. Alice tal vez tenía razón sobre la exageración, era un ramo muy grande. Pagué, dejándole una buena propina, y salí de la tienda con mis paquetes.
Para cuando regresé a la casa de Bella, mi exilio de treinta minutos había terminado. Podía escuchar el suave golpeteo de su corazón alrededor de la casa.
—Estoy atrás —me llamó, escuchando mi auto estacionarse en su casa. Tomé las flores y los jarrones, pero dejé el oso en el auto, quería medir su reacción a las flores primero.
Estaba en el columpio, el crujido siguiendo el ritmo del golpeteo suave de su corazón.
—¿Tuviste un buen…? ¡Guau! —Sus ojos se ampliaron cuando vio las flores.
—Pensé que te gustarían —dije con ansiedad, medio esperando una reacción de la "vieja Bella" al regalo extravagante.
Ella sonrió deslumbrantemente.
—Son encantadoras. No estoy segura de si tengo un jarrón para todas ellas, tal vez tendrás que llevarle algunas a tu mamá.
—Estoy un paso delante de ti —dije, entregándole la bolsa.
—Bueno, ¿no eres inteligente? Vamos a poner estas en agua antes de que se marchiten. —Me llevó otra vez dentro de la casa y la observé arreglar las flores.
—Mi mamá una vez me arrastró a una clase nocturna de arreglos florales —me contó—. Renée es aficionada a los hobbies, pero pierde el interés rápidamente. Ese fue uno de los experimentos que más le duró. Creo que fue a tres clases antes de renunciar.
Me sorprendió que dejara algunas rosas apartadas y, cuando terminó, envolvió los tallos en papel aluminio y las puso en el fregadero.
—Para tu mamá —explicó—. Le gustarán, ¿verdad?
¿Gustarle? Ella iba a estar en la luna. Me preguntaba si esto anunciaba un ablandamiento hacia Esme y Carlisle.
—Ella las amará —le aseguré—. Aunque le gustarían mucho más si se las dieras tú misma. Podrías venir a nuestra casa. Carlisle podría comprobar que tu mano se haya curado ahora que dejaste de usar la muñequera. Sé que Alice y Emmett te han extrañado, y Rosalie se muere por presumirte su garaje. Y…
Ella presionó un dedo sobre mis labios, deteniendo mi lista de incentivos.
—Eso realmente te importa, ¿no?
—Realmente me importa. Son mi familia y quiero mostrártela.
—Está bien. Pero no hoy, hay cosas que quiero hacer. ¿Mañana es muy pronto?
—Mañana es perfecto —dije con una sonrisa radiante.
Me preguntaba qué era lo que quería hacer, esperaba que involucrara acurrucarnos juntos en el sofá. Ahora que no me detenía la tentación de su olor, era capaz de disfrutar los otros aspectos de nuestra relación.
Desafortunadamente, ella tenía otras ideas.
—¿Tienes tus libros contigo?
Mi corazón se hundió.
—Están en el auto.
—Ve a buscarlos y podemos empezar con las lecturas —dijo, acomodándose en el sofá con sus libros en el regazo.
Reflexionando sobre mi regresión a la adolescencia lujuriosa, recogí mis libros y, pensándolo otra vez, el peluche que le había traído.
Ella ya estaba absorta en el texto cuando volví a entrar. Ella nunca había sido holgazana antes, pero en algún momento durante los dos años que estuvimos separados, había desarrollado una ética de trabajo que rivalizaba con la de Carlisle.
—Creo que deberíamos repasar el capítulo primero, después podemos hacernos preguntas uno al otro —dijo sin mirarme.
Me aclaré la garganta fuertemente. Su irritación por la interrupción desapareció cuando vio el oso.
—Nunca pensé que fueras un hombre de peluches, pero supongo que nunca se puede decir.
—¿Qué? ¡No! ¡No es mío! ¡Lo traje para ti! —Lo alejé de mí como si fuera una bomba.
Ella rodó los ojos y tomó el oso.
—Estaba bromeando. Es muy lindo, gracias.
Me senté a su lado y comencé mi propia lectura. Pasaba mi página cuando ella pasaba la suya, sin querer revelar mis habilidades mejoradas. Después de un tiempo, noté que ella estaba leyendo más lento y sus ojos estaban desenfocados.
—¿Estás bien, amor? —pregunté.
—Sí, solo estoy cansada. Creo que voy a tomar un descanso.
Agradecido por la excusa para detenerme también, dejé mi libro en la mesa de café y envolví mis brazos a su alrededor. Ella acomodó su cabeza sobre mi pecho, directamente donde mi corazón debería estar latiendo. No pareció notar la ausencia, de la misma forma que no parecía importarle el hecho que mi piel era tan fría y dura. De hecho, ella parecía tan cómoda con las diferencias ahora como lo había estado antes.
Dejé un beso sobre su cabello y me recompensó con un suspiro suave. Pasé mis dedos sobre su brazo, maravillado con su calidez y suavidad. Eso pareció relajarla mientras se acurrucaba contra mí y, en poco tiempo, su respiración se volvió más lenta y profunda por el sueño.
Traté de cambiarla a una posición más cómoda, pero gimió.
—No te vayas.
—No iré a ningún lado —prometí—. Solo quiero ponerte cómoda.
—Está bien —suspiró.
La levanté en mis brazos y la acosté sobre el sofá, colocando un cojín debajo de su cabeza. Ella agarró mi camiseta y me tiró hacia ella.
—Estoy aquí —susurré, dándole un beso en la mejilla—. Te amo.
—Yo también.
Me reí, acomodándome en el suelo y descansando la cabeza en el cojín, así estaba frente a ella. Siempre había amado verla dormir, la forma en que su expresión cambiaba mientras soñaba era fascinante. Aunque ella no estaba soñando ahora, su rostro estaba calmado y relajado.
Deseaba tener la habilidad de capturar la imagen de su rostro sereno. Alice era la que tenía las habilidades artísticas en la familia y no creía que fuera apropiado pedirle que viniera y dibujara a Bella para mí ahora. Conformándome con tener la imagen imborrable en mi memoria, cerré los ojos e imaginé como se sentiría soñar.
Estaba contento, perdido en mis recuerdos de Bella, cuando el estridente sonido del teléfono de Bella me sacó de mis pensamientos. Deliberé un momento antes de responder, no estaba seguro de cuál era la costumbre en la casa de alguien más. Bella se agitó y decidí que su descanso era más importante que la costumbre. Reconocí el número de Charlie.
—Hola, jefe Swan. Soy Edward.
—¿Edward? —dijo, su confusión era evidente—. ¿Dónde está Bella? ¿Está bien?
—Ella está bien —dije—. Estábamos estudiando juntos y se quedó dormida. No quería que el teléfono la despertara.
—Estudiando —murmuró—. Bueno, supongo que está bien.
Incluso si no era así, ¿qué pensaba que podría hacer? Ahogué una risa ante la imagen de él volando aquí para supervisar nuestras sesiones de estudio.
—¿Quiere que le diga que lo llame cuando se levante? —pregunté.
—Sí… eso estaría bien. —Parecía que había algo más que quería decir, así que decidí ayudarlo. Cuanto antes terminara la llamada, antes podría regresar a Bella.
—¿Hay algo más que quiere que le diga? —pregunté.
—¿Cómo la ves? Quiero decir, sabes sobre el desmayo, ¿verdad?
—Lo sé. De hecho, Bella me contó toda la historia sobre el accidente esta mañana.
—¿Lo hizo? —El asombro coloreó su tono—. Bueno, supongo que no debería estar sorprendido, Renée dijo que ella sonaba toda enamorada esta mañana por teléfono, era solo cuestión de tiempo antes de que te lo dijera. Espero que te des cuenta de lo grande que es esto para ella, Edward. Luchó por su independencia después del accidente y odia admitir debilidad. Ella confía en ti ahora, es mejor que no lo arruines otra vez.
—No lo haré —juré—. Herir a Bella equivale a lastimarme a mí mismo. Ella es mi vida.
—Huh, bueno, bien. —Sonaba avergonzado por mi declaración sincera—. Si ella confía en ti ahora, supongo que tengo que hacerlo también. Necesito que la cuides ahora. Sé que te dijo que fue porque olvidó comer, pero este asunto del desmayo nos tiene un poco preocupados. He hablado con Renée de volar hasta allí, pero necesito que tú seas mis ojos. Si hay alguna pista de que está enferma, la llevas al médico y luego me llamas, en ese orden.
Lo habría hecho aunque no me lo hubiese pedido, pero lo tranquilicé de todos modos y le di el número de mi celular y de mi casa antes de colgar y regresar a Bella.
Durmió la mayor parte de la tarde, el anochecer estaba empezando cuando comenzó a agitarse. Me moví al sillón y recogí un libro. Aunque estaba tan cómodo en el suelo como en una silla, hubiese sido extraño para ella si se despertaba con mi rostro a centímetros del suyo.
—¿Tuviste una buena siesta? —pregunté solícitamente mientras ella parpadeaba.
—Sí, siento dormirme sobre ti, supongo que estaba más cansada de lo que pensé. Espero que no te hayas aburrido mucho.
—Para nada, disfruté la vista.
—¿Me observaste dormir? —Esperaba fervientemente que fuera sorpresa en lugar de enojo lo que hizo que su voz fuera tan alta.
—¡Tu padre llamó! —anuncié, aprovechando el cambio de tema—. Quiere que lo llames. Tuvimos una charla, creo que fue bien.
—Buena distracción —dijo irónicamente—. Voy a llamar a Charlie y después tendremos una charla sobre la etiqueta durante las siestas.
Asentí con entusiasmo, contento por el aplazamiento.
—¿El café huele tan mal como la comida? —preguntó.
—No huele muy mal —dije, eligiendo mis palabras con cuidado. Definitivamente no olía bien, pero no iba a admitir eso. Tal vez me haría irme cada vez que bebiera uno y entonces nunca podría verla.
—Bueno, entonces, ¿te importaría servirme un poco mientras lidio con mi padre?
—Por supuesto.
Me quedé en la cocina un poco más de lo necesario para darle al menos la apariencia de privacidad. Estaba tratando de bloquear sus voces concentrándome mucho en los pensamientos de alguien corriendo por el parque, pero cuando ella mencionó mi nombre, no pude evitar escuchar.
—Así que escuché que hablaste con Edward. Espero que fueras amable.
—¿Qué? ¿Te dijo eso? —El tono de Charlie era ansioso. Sofoqué un gemido con dificultad, él obviamente pensó que ella se refería a mi visita a Forks.
—Bueno, tú llamaste, ¿cierto?
—Oh, sí, llamé. —Bella no era la única Swan que fallaba en el departamento de habilidades de actuación, aparentemente la inhabilidad para mentir era un rasgo genético—. Admito que estaba sorprendido cuando atendió tu teléfono.
—¿Pensaste que habías interrumpido asuntos pervertidos?
Mi boca se abrió. Nunca la había escuchado hablar con tanto atrevimiento y nunca esperé que le hablara a Charlie de esa forma. Ella sonrió, guiñándome un ojo.
—¡Isabella Marie! —explotó.
Ella se rio estridentemente.
—Lo siento, papá, solo estoy bromeando.
—¿Estás tratando de causarle a tu padre un ataque al corazón? No necesito esos pensamientos en mi cabeza, muchas gracias. Quieres hablar sobre esas cosas, llama a tu madre.
—¿Pero que si necesito la perspectiva masculina? —dijo inocentemente.
—Tengo que irme, Bella, alguien está aquí… Hablaré contigo más tarde. Deberías llamar a Renée, ella puede ayudarte con esas... cosas —balbuceó incoherentemente por un momento y después cortó la llamada.
Bella casi rugió con la risa. Apretando un cojín contra su estómago, se balanceó de un lado al otro con lágrimas corriendo por su rostro.
—Oh, eso fue divertido —dijo, haciendo un intento de calmarse otra vez—. Lo siento si te avergoncé, pero era demasiado tentador para dejarlo pasar.
—No estoy avergonzado —mentí sin convicción. Estaba eternamente agradecido de que no me pudiera sonrojar, sino mis mejillas estarían en llamas en ese momento—. Solo estaba un poco sorprendido.
—También Charlie —resopló—. Pobre tipo. Sin embargo, el lado positivo, le impidió interrogarme sobre el tema del desmayo.
Fruncí el ceño.
—¡Oye, no estoy escondiendo nada! —se defendió, viendo mi reacción—. Ellos saben lo que pasó y mi doctor sabe lo que pasó. Todo lo que Charlie quería era comprobar que estoy bien, que lo estoy, y que le diré si vuelve a pasar, lo que haré. Solo le ahorré el costo de una llamada a larga distancia.
Ella palmeó el asiento a su lado y, cuando me senté, se subió a mi regazo.
—Ahora, había algo que íbamos a discutir, ¿no? —dijo, dándome besos en la mejilla.
—¿Íbamos a hacerlo?
Por mi vida, no podía pensar qué era. De hecho, no podía pensar en nada que no fuera la forma en que sus labios cálidos se sentían contra mi piel. Recé para que mi cuerpo no me traicionara, ella estaba sentada demasiado cerca, no habría forma de que no lo notara. Se entretuvo en mi oreja, su aliento suave rozando mi piel.
—Sí, íbamos a hacerlo. —Se alejó para mirarme—. Íbamos a hablar sobre tú observándome dormir.
—¡Oh! —Todos los miedos por la reacción de mi cuerpo se desvanecieron, mientras mi corazón se hundía—. ¿Hay alguna posibilidad de que pienses que es romántico? —pregunté con esperanza.
—Eso depende —dijo pensativa—. ¿Qué estabas haciendo mientras me mirabas?
—No estaba haciendo nada.
—Entonces, ¿no es una cosa fetichista? ¿No vas a meterte en las habitaciones de tu familia y verlos dormir por la noche?
—¡No! —jadeé, horrorizado—. Te aseguro que fue perfectamente inocente. Solo me gusta verte dormir, luces muy pacífica.
—¿Entonces no ves dormir a tu familia en secreto?
Me moví incómodo, no estaba seguro de cómo responder. Nos dirigíamos a territorio vampiro ahora.
Ella malinterpretó mi malestar y jadeó.
—¿Lo haces?
—¡No! No puedo. Quiero decir, no lo hago. —Suspiré. Tal vez revelara demasiado, pero prefería que supiera un poco más sobre nuestras diferencias en lugar de pensar que tenía un raro fetiche de ver a las personas dormir—. Nosotros no dormimos, mi familia y yo, una de nuestras diferencias es que no dormimos.
—Entonces, ¿qué haces toda la noche? —preguntó.
—Cuento los minutos hasta que puedo estar contigo otra vez.
—Bueno, eso en realidad es un poco dulce, puedo ver por qué encontrarías… —Ella se alejó, sus ojos ensanchándose con horror—. ¡Rosalie!
—¿Qué pasa con ella?
—¿Ella también me observó dormir?
Me reí.
—No, ella se quedó abajo toda la noche.
—Entonces, ¿por qué aceptó quedarse a dormir? Solo pregunté porque se sentía mal que manejara a casa tan tarde, pensé que estaría cansada.
—Bueno, ella no estaba cansada, pero lo disfrutó. Normalmente no formamos relaciones fuera de la familia, no todos tienen tu punto de vista sobre nuestras diferencias. Creo que ella disfrutó la oportunidad de actuar como una estudiante universitaria normal para variar.
—Está bien, tendremos que encontrar alguna otra cosa "normal" para hacer juntas entonces. Aunque no más pijamadas, es raro cuando soy la única que duerme.
Me reí.
—Alice estará decepcionada, creo que ella esperaba una invitación la próxima vez.
—Ella sobrevivirá —dijo despreocupadamente, poniéndose de pie y estirándose—. Ahora es tiempo de que yo coma y que tú te vayas.
Me esforcé mucho para no hacer pucheros, pero no tuve mucho éxito. Riéndose de mi expresión decepcionada, ella me sacó por la puerta con las flores que había apartado para Esme.
—Ve a hacer feliz a tu madre, les gusta cuando sus hijos les llevan flores.
Suspirando pesadamente, la besé como despedida y caminé hacia mi auto, preguntándome qué podía hacer para que Rosalie pagara por decirle el secreto de la comida. Decidí que una raya a su M3 funcionaría.
Gracias por los comentarios en el capítulo anterior a: Yani B, solecitopucheta, tulgarita, alejandra1987, Isis Janet, Adriu, Andy55TwilightOverTheMoon, Kriss21, bbluelilas, Leah De Call, Car Cullen Stewart Pattinson, martuu341, jupy, Tata XOXO, somas, Mapi, Jade HSos, lunaweasleycullen14, Tecupi, alo-star, SmilePaola, Dess Cullen, Liz Vidal y ClaryFlynn98.
¡Hasta el próximo capítulo!
