Parte 11 Al final

─¡Tierra, tiembla!

─Grito Mortal.

Las esferas chocaron y explotaron con fuerza. Aun no había ganador.

Intercambiaron ataques uno tras otro sin parar, drenando poco a poco sus energías.

Setsuna hacía todo lo posible por mantenerla a raya, pero de seguir así jamás podría ganarle, además, Tenou aún conservaba su fuerza y su velocidad, podría contraatacar con seriedad a la mínima oportunidad. Debía estar preparada para recibir cualquier ataque.

Hotaru abrió los ojos al fin y se encontró con un escenario devastador. Kino y Aino estaban inmóviles y bañadas de sangre en un extremo de la plataforma. Tenou lucía un aterrador gesto de odio digno de un demonio mientras atacaba a Setsuna con interminables esferas de energía. Tomó su guadaña y se puso de pie.

Ya no podría hacer de nuevo su técnica de "Revolución de Muerte y Resurrección", ya no tenía energías, milagrosamente sobrevivió a su propio ataque. Pero aún conservaba su guadaña y la usaría aunque eso significara un ataque traicionero.

Notó que Michiru no se había percatado de su recuperación y sonrió. Si hacía todo con silencio y cautela, podría acabar con Tenou de un solo golpe. No tenía otra opción, Ami la había obligado a usar su arma secreta y eso arruinó los planes para ese justo momento de la batalla.

─Meiou, ¿cuánto tiempo crees que resistirás así? ─le preguntó Haruka, que al fin mostraba señales de agotamiento.

─Lo suficiente como para matarte. ¡Grito Mortal!

─¡Tierra, tiembla!

Sujetó su guadaña a manera de lanza y apuntó directo a la espalda de Tenou. La distancia era de veinte metros aproximadamente, un tiro fácil gracias a su entrenamiento, pero quería ver el rostro de ese traidor cuando su cuerpo fuera atravesado por su guadaña. Se acomodó y se concentró en su blanco, que aún no se movía de su lugar.

─¡Tenou! ─gritó al mismo tiempo que lanzaba su guadaña con todas sus fuerzas.

Todos voltearon.

Haruka estaba sin protección ante el arma, pero...

Alguien más recibió el tiro, cayendo al suelo con el pecho atravesado.

─No... No, ella no ─murmuró Haruka con genuino terror.

El cuerpo que estaba en el suelo, en una cama de caliente sangre, era el de su amada Michiru. Ella fue la primera en reaccionar cuando Hotaru gritó. Su primer impulso fue proteger a su Haruka.

Con lágrimas en los ojos y un gesto incrédulo lleno de pánico, Haruka corrió hacía Michiru y la tomó en sus brazos. Ella aún respiraba, pero sería por poco tiempo. El daño estaba hecho, fue un tiro letal que le atravesó todo el torso.

─Michiru, ¿porqué? ─le preguntó con tristeza, acariciándole el rostro.

─Eres lo que más he amado en este mundo, lo sabes, no podía permitir que te mataran a traición ─contestó con un hilo de voz mientras le sonreía.

─Michiru...

─Tienes que ganar, mi rey del cielo... Véncelas...

Alcanzó a levantar el rostro y darle un dulce beso de despedida en los labios, antes de expirar su último aliento.

─Te amo ─fue lo último que se escuchó de ella.

─No... Michiru...

Con desesperación le quitó la guadaña del pecho y comenzó a sacudirla.

─¡MICHIRU!

Hotaru estaba asustada, había matado a Michiru y eso haría explotar a Haruka, nunca fue su intención que esa chica cayera también, pero las cosas pasaron demasiado rápido. Falló. Setsuna estaba sin habla.

─¡TÚ, VAS A MORIR! ─gritó Haruka, mirando a Hotaru.

Dejó a Michiru en el suelo y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba frente a Hotaru, ni siquiera le dio tiempo de sorprenderse. Tenou la sujetó del cuello y la levantó por encima de su cabeza, comenzando a ahorcarla.

─¡PEQUEÑA RATA, MUERE! ─volvió a gritarle, apretando el nudo en su garganta.

─Grito Mortal.

Haruka se percató del ataque y volteó de inmediato, usando a Hotaru como escudo. El cuerpo de la joven recibió el ataque de lleno, hiriéndole de gravedad.

─¡Hotaru!

Tenou lanzó al aire el lánguido cuerpo de la chica y, con un puñetazo, la mandó a volar en dirección a Setsuna. La capitana atrapó a su alumna, pero el impulso y la fuerza que llevaba ésta las mandó a ambas al suelo.

Tomó la ensangrentada guadaña y se acercó al par. Parecía un demonio. La cólera y el odio se asomaban por sus ojos verdes.

─Morirán ─susurró con una voz que parecía de ultratumba.

Empuñó la guadaña y corrió hacía ellas, con la clara intención de cortarlas de pedazos. Setsuna y Hotaru sólo pudieron cerrar los ojos.

─¡Centella Relampagueante!

Una esfera de electricidad se impactó en la espalda de Tenou y le mandó de boca al suelo.

Makoto estaba de pie, recuperada de aquel ataque. Se había percatado de todo lo sucedido después de que quedó tirada. De la Cadena Dorada de Minako y del intercambio de ataques de Meiou y Tenou, también de la muerte de Michiru.

Por dentro Makoto sentía pena por Tenou. De inmediato se había dado cuenta del enorme amor que Michiru sentía por Haruka, un amor plenamente correspondido. Sabía que, si ese fuera su caso, que si, en lugar de Michiru, hubiera sido Minako la que se hubiese sacrificado de esa manera; estaría igual que Tenou: con el alma y el corazón destrozados.

─Sigues viva – murmuró Haruka, levantándose.

Makoto no contestó.

─Las mataré a todas ─continuó, mirándole con furia─. Empezando por ti.

Con su increíble velocidad quedó cara a cara con Makoto y comenzó a golpearla con sus puños en todo el cuerpo. Pero, para sorpresa suya, su rival sólo se tambaleó un poco.

─¡No quieras presumir! ─gritó.

Con un golpe más fuerte en el estómago, logró doblarla, pero sólo eso. Makoto levantó el rostro y le miró con un extraño gesto.

Haruka no podía creerlo, ninguno de sus golpes podía siquiera tirarla, ¿cómo era eso posible?

─¡Centella Relampagueante!

El ataque derrumbó de nuevo a Tenou, que seguía sin creer lo que pasaba.

Contempló a Makoto y encontró que ese gesto que tenía en el rostro, esa mirada, ya la había visto antes.

~ o ~

─Así que tú eres Kino, he oído mucho sobre ti pero te reconocí por los ojos.

─¿Tú eres Tenou?

─En vivo.

─En una hora asaltaremos el palacio y tú y yo estaremos en la vanguardia, ¿qué te parece?

─Es un gran honor, siempre quise conocerte.

─Yo también.

─Aunque me gustaría ver tu rostro, tiene buena voz.

─Lo siento, pero me propuse a guardar mi rostro. Los caídos no necesitan verlo.

─De acuerdo.

Era la primera vez que se encontraba con Kino. Diario le llegaban noticias sobre él: que en una noche había acabado con un ejército de cien hombres, que se había enfrentado a cincuenta soldados y había derrotado a todos. Era increíble. Por fin lo conocía. Y era igual a como lo habían descrito: alto, fuerte, ojos esmeralda.

Sus ojos esmeralda. Era lo único que podía apreciarse de su identidad. En ese momento eran joviales y amistosos, ni siquiera lucían amenazadores como le dijeron una vez.

Llegaron al palacio. Un enorme ejército, con ellos dos a la cabeza, irrumpieron en la capital de la Luna matando a todo aquel que se atravesaba en su camino.

Dejó que Makoto Kino se sorprendiera con su "Corte del Rey del Cielo" y su "Tierra, tiembla". Y sí logró sorprenderlo. Pero Kino también le dejó una buena impresión. Sus puños eran muy fuertes, podían derribar a decenas de enemigos por golpe, su "Centella Relampagueante" era fantástico, sin contar su otro ataque, la "Revolución de Hojas".

Pero, lo que más grabado le quedó de Kino, fueron sus ojos. En ese momento lucían fríos, poderosos, capaces de doblegar a aquellos que llegaban a mirarlos. Era una mirada cruel, severa, llena de fuerza, fría... No le alcanzaban las miradas para describir la letalidad de esos ojos esmeralda.

~ o ~

Era esa mirada.

Sacudió su cabeza y recobró la compostura, encarando de nuevo a Kino.

─¡Tierra, tiembla!

─¡Centella Relampagueante!

Makoto se dio cuenta que sólo perderían tiempo y energías intercambiando ataques de esa manera, lo mejor era cambiar de estrategia o jamás terminarían con esa pelea.

─¡Revolución de Hojas!

Un tornado de filosas hojas hechoas con su propia energía atrapó a Haruka, produciéndole numerosas cortadas en todo el cuerpo.

Al parecer, con Michiru se fueron todas sus fuerzas, pues apenas si pudo ponerse de pie. Makoto sintió una inmensa pena por él, ya no deseaba pelear.

─Tenou, ríndete, ya no puedes hacer nada. Ya has perdido...

─Cállate, Kino, aún no me vences, voy a matarte a ti y a esas tres.

─¡Demonios, ya detente! ¡Has perdido a Michiru y a tus discípulas!

─Por eso no voy a rendirme, por ellas...

Los ojos de Haruka le dijeron que todo acabaría cuando uno de los dos dejara de respirar.

─Como quieras, Tenou...

─¡Aquí voy!

Se lanzó sobre Makoto con sus puños preparados y su mirada decidida. La alta chica pudo esquivar todos los golpes y patadas de Haruka, pero éste no hacía lo mismo con los puñetazos de Makoto, todos le dieron. La pena de perder a Michiru disminuyó su velocidad también.

─¡Tierra, tiembla!

Makoto concentró la electricidad en su puño y atrapó el ataque de Haruka con su palma. Tenou no daba crédito a lo que veía, Kino había atrapado su técnica con sus manos.

─¡Esto es tuyo! ─gritó Makoto, regresándole su ataque.

Haruka esquivó la esfera pero, detrás de ésta, venía la centella de Kino, y eso no pudo evitarlo. El ataque le dio de lleno, derribándole.

─Kino, aún no acabamos...

Volvió a levantarse.

─¿Qué te parece si terminamos ésta pelea con un solo golpe? ─le preguntó en cuanto pudo ponerse de pie.

─De acuerdo.

─Será el último, así que dame con todo, por que yo haré lo mismo.

El viento sopló con furia, arremolinándose alrededor de Haruka, de la misma manera que lo hacía su aura azulada. Los árboles resentían el poder de aquel viento, se doblaban y algunos caían, las hojas volaban con fuerza, arrancadas de las ramas. Sus ojos brillaban como nunca.

Al mismo tiempo un aura verde rodeó a Makoto, las nubes se aglomeraron en el cielo, eran nubes de tormenta, algunos rayos sacudieron el ambiente, demostrando que era la alta chica quien los controlaba.

Setsuna y Hotaru simplemente no podían hablar. Sabían que todo se decidiría con un solo golpe. Aquel que fallara el golpe, irremediablemente moriría.

Daba miedo verles así.

─Tú puedes, Kino ─murmuró Hotaru.

─Lo hará, no te preocupes ─dijo Setsuna en voz baja.

Minako también observaba todo, en ningún momento quedó inconsciente. Aquel ataque sólo la dejó inmóvil y sin fuerzas. Su impresión era demasiada, ver a Makoto así era algo que no esperaba, era extraordinario, increíble. Confiaba en ella...

─Makoto, vas a derrotarlo, lo sé. Nadie puede vencerte ─sonrió Minako, pensando que Michiru también debió sentirse así en vida─. Sólo yo...

Las auras de los combatientes crecieron hasta el límite de sus fuerzas.

─¿Lista, Kino?

─Cuando quieras.

Comenzaron a correr a manera de encontrarse de frente. Sus puños derechos brillaban, sus ataques y energías ya estaban concentrados en ellos. Sería un golpe tremendo el que recibirían.

Gritaron al mismo tiempo y lanzaron sus puños.

El de Haruka chocó contra la frente de Kino, justo en medio de los ojos. Makoto sintió que aquel golpe resonó, no sólo en su cabeza, sino en todo su cuerpo.

El de Makoto fue directo al pecho de Tenou, a la altura de su corazón. La carga eléctrica y la intensidad del golpe fueron demasiado para su corazón, haciendo que se descontrolara por completo.

El choque de ambas fuerzas culminó con un gigantesco rayo y un viento que azotó con todo.

Kino y Tenou se quedaron unos segundos más en esa misma posición de impacto. De pronto, ambos cayeron al suelo.

─¡Makoto! ─gritó Minako, asustada, al ver que no se movía.

Se puso de pie sacando fuerzas de flaqueza y corrió hacía la alta chica. Hotaru y Setsuna también se acercaron con prisa.

─Makoto...

Minako chequeó el pulso de Makoto y, aliviada, descubrió que seguía viva. Per, ese golpe era peligroso y debían atenderla lo más rápido posible.

En cuanto a Haruka, Setsuna comprobó que su corazón había dejado de latir, para siempre. No resistió la fuerza de aquel golpe y la descarga eléctrica.

─Ha muerto ─dijo Setsuna sin ánimos de celebrar nada en ese momento, solo sentía alivio─. Hemos terminado, podemos ir a casa.

Meiou se puso de pie y sacó un comunicador de entre sus ropas para avisar a la nave que fuera por ellas.

─¿Ella está bien? ─le preguntó Hotaru a Minako.

─Creo que sí ─respondió la rubia─. Pero ese golpe pudo lastimarla por dentro en su cabeza, debemos sacarla de aquí.

─No te preocupes, la nave nos recogerá de un momento a otro, ahí tenemos equipo médico y personal capacitado.

─Gracias.

─Al contrario, gracias a ti, estuviste increíble.

─Tú también.

La nave llegó alrededor de veinte minutos después y las recogió a todas, incluso se llevaron los cuerpos de Haruka y Michiru para darles sepultura. De Ami y Rei no encontraron ni los cuerpos, quién sabe que había sido de ellas.

─Las felicito ─dijo Setsuna─. Todo ha terminado.

La primera en sonreír fue Hotaru.

─Lo hiciste muy bien, Hotaru. Tú también, niñita.

─¡¿Niñita?! ¡Si me vuelves a llamar así, ni Makoto va a salvarte!

─Si, si, como quieras niñita...

─¡Ahora sí te mato!

Hotaru tuvo que sujetarla mientras la capitana se dirigía al cuarto de controles con gesto indiferente.

En la plataforma, una silueta de cabello largo y negro contempló la nave hasta que desapareció de vista. Era Rei, con lo que quedaba del cuerpo de Ami en sus brazos y lágrimas en sus ojos.

─Todo acabó...

Dio media vuelta y se perdió en el laberinto.

─El Amo siempre tuvo razón. Sólo el más fuerte gana...

¿Continuará?