Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Penúltimo capítulo. Y pendientes que se viene la continuación de "El Ángel caído". Gracias a todos por leer.
¡Que viva el Ichiruki!
Capítulo 31
Habían pasado horas desde que Ichigo, ya recuperado de la inconsciencia que permitió la huida
de Aizen, acompañado de Chad y Hisagi, se encerraron en una de las habitaciones de la
estación junto a Isshin. Oveja Negra
Mientras tanto, Kon y Yumichika viendo que Rukia era incapaz de estarse quieta, la ayudaron a
recoger un poco aquel caos de escombros y lograron darle un aire algo más habitable al lugar.
Imposible recuperarlo hasta su estado original, pero al menos el ejercicio consiguió que la
hembra terminara de agotar sus energías y accediera a los ruegos del eslavo para que tomara
una ducha relajante.
Dejó que el agua corriera desde la frente por todo su cuerpo devolviéndole parte de raciocinio.
Le había costado más de lo acostumbrado retornar a su apariencia física y apenas sí recordaba
retazos de la sanguinaria contienda. «Lo necesario», se dijo mientras se encogía de hombros.
Dándose cuenta de que comenzaba a hacerlo muy a menudo, el gesto la hizo sonreír a su pesar.
Aún poniendo todo de su parte para evitarlo, el sueco había logrado dejar su marca en ella. Pero
una mancha de tristeza comenzaba a extenderse por su interior. Todo había terminado, nada
quedaba por hacer allí. Su presencia ya no era necesaria y antes de que tuviera que hacer pasar
a nadie por el amargo trago de despedirla, ella misma se marcharía.
Efectivamente Ichigo había dejado en ella otra cosa además de aquel gesto de burlón
inconformismo, algo que jamás antes había conocido; el anhelo de sentirse amada. El deseo
carnal unido a una emoción mucho más profunda.
Algo parecido al fracaso por no lograr lo mismo, por no conseguir que el sueco albergara un
sentimiento más importante que la gratitud, arraigó en su corazón profundamente.
Pero era una Pura, una hembra licántropo con tal integridad racial en su sangre que jamás se
doblegaría a rogar nada a nadie. Ni siquiera a él. Su misma esencia se lo impedía. No le bastaba
que él se sintiera cómodo con ella. Cómodo podía estarse igual con aquellas zapatillas viejas a
las que aludió.
Mientras pasaba una toalla por la piel para quitar el exceso de agua, unas pequeñas patitas
rasgaron la puerta y aceleró los movimientos para terminar de vestirse. Trece requería su
atención. Se sentía culpable por no haber podido cumplir con sus obligaciones para con él en
los últimos días y no deseaba retrasar más las caricias y mimos que se merecía. El pequeño
chihuahua se lanzó a sus brazos de un salto en cuanto ella se los ofreció y lamió su cara con
tremenda alegría. Rukia no pudo menos que reír ante aquel asalto de cariño indiscriminado.
—Basta, Trece, basta —sonreía.
Un poco más animada por las caricias del can, Rukia caminó hacia el distribuidor circular.
Chad salía de la cocina con uno de sus extraños brebajes entre las manos y la pregunta
pugnó por salir de entre sus labios.
—Aunque dudo que vuelva a ser el que era, hemos logrado salvarlo —le dijo antes incluso de
que pronunciara las palabras.
—Gracias, Chad.
El indio le sonrió con amabilidad, pero algo en los ojos de la Pura impidió que siguiera su
camino. «Es mía», recordó las palabras de Ichigo y la total firmeza con que las pronunció, como
una verdad incuestionable. Rukia notó que la observaba en silencio, con preocupación. Se
sintió algo incómoda y sonrió adoptando un gesto de completa ignorancia antes de alzar una
ceja a modo de interrogación.
—No hagas ninguna tontería de la que puedas arrepentirte antes de hablar con él —dijo al fin.
Rukia sonrió para disimular la sorpresa que le provocó el acierto del indio.
—Sabes mucho acerca de las hembras, ¿verdad? —respondió en tono socarrón para quitarle
hierro al asunto y tratar de alejar a Chad de aquel tema que sólo a ella le incumbía.
—No. Pero como alguien profundamente enamorado, sé reconocer un corazón roto cuando lo
veo.
Rukia tardó unos segundos en contestar, impactada por la sinceridad del indio.
—No te preocupes, amigo. Ve, lleva eso a Isshin. Él es lo único que importa ahora.
Chad se dirigió hacia la habitación y durante el par de segundos que la puerta estuvo abierta,
las miradas del sueco y la Pura se cruzaron, encontrándose más allá del tiempo y el espacio. La
llegada de Einar acompañado de varios miembros del Consejo no se hizo esperar demasiado.
La noticia de la recuperación de Isshin fue acogida con un gozo indescifrable por parte de su
antiguo amigo y consejero. No así entre las filas de los partidarios de Aizen, que movidos por la
vergüenza y el miedo a ser objeto de investigación sobre sus actividades, desaparecieron sin
dejar rastro, buscando refugio en los oscuros agujeros que ellos mismos habían creado y de los
que habían sacado beneficio en el pasado.
Después de que el antiguo señor de Tavastia compartiera algunas palabras con Isshin y
varias miradas de reojo con Chad, que no cesaba de taladrarlo con las negras pupilas, dejó a
sus acompañantes junto a Ichigo y los naguales en la habitación. Más tarde tendrían
oportunidad de hablar con tranquilidad.
Rukia lo encontró mientras éste saludaba efusivamente a Kon que encajaba los abrazos y
los amigables golpes en la espalda con estoicidad, sin saber exactamente el porqué de tanta
efusividad. La Pura arrugó la frente mientras lo observaba. La estampa hubiera resultado
graciosa si el semblante de aquel licántropo no le resultara conocido pero no conseguía
situarlo, le era imposible saber cuándo o dónde los habían presentado.
—¡Mi señora! —exclamó yendo hacia ella y, realizando una magnífica reverencia, le tomó la
mano para besársela, lo cual hizo que Rukia sintiera más desasosiego por no recordarlo—.
¡Recibe mi enhorabuena por el magnífico trabajo que has realizado! Ninguna otra lo hubiera
conseguido.
«Mi señora», así se había dirigido a ella Hisagi en el momento en que se conocieron.
—Perdóneme pero... no sé... —respondió tratando de recordarlo.
—Oh, por el amor del cielo. —Einar frunció el ceño al ver la incertidumbre pintada en el rostro
de la hembra—. Aún no te los han devuelto. Comprendo tu desconcierto, te ruego que sepas
aceptar mis disculpas.
—¿Nos conocemos?
—En efecto, así es. Aunque me temo que no puedes recordarlo —respondió evidentemente
incómodo.
Aquellas palabras despertaron la sospecha que ya había tenido varios días atrás cuando llegó a
la conclusión de que Trece le pertenecía antes de que toda aquella locura comenzara. Pensar en
el perro fue como un conjuro que lo trajo hasta ellos. Intentando tener algo de tiempo para
ordenar el aluvión de confusos sentimientos que la embargaron, se agachó para tomarlo entre
sus brazos.
—Me alegra comprobar que Trece se encuentra en perfecto estado. —El animalillo movió la cola
con energía—. Y feliz por lo que veo —sonrió Einar.
Antes de que pudiera formular la pregunta que trataba de escapar de sus labios, el sonido de la
puerta al cerrarse llamó la atención de ambos. Ichigo, aún con los cabellos cubiertos de sangre
seca, se acercó. Rukia fue incapaz de descifrar ni uno sólo de sus pensamientos pues
mantenía el rostro inescrutable.
—Aún no se lo has dicho —dijo Einar dirigiéndose a Ichigo con evidente tono acusatorio.
—No —confirmó éste.
—A estas alturas ella debería saberlo. Está en su derecho. —Ichigo no rebatió sus palabras—.
¿Has pensado dos veces lo que estás haciendo?
—Preocúpate más por hablar con tu nieto, Einar. Tú sí le debes unas palabras a Chad —atacó
el sueco para consternación del licántropo—. Este tema no es de tu incumbencia.
—¿Qué no es de mi...? —Einar no podía creer lo que estaba oyendo— . Maldita sea Ichigo, no
puedes... ¡Debes decírselo! ¡Debes llevarla para que pueda recuperarlos!
—¡Basta ya! —gritó Rukia mirando a uno y a otro consiguiendo dejarlos perplejos—. Basta ya
de hablar entre vosotros como si yo no estuviera presente. ¡Me enerva!
—Lo siento, mi señora. Yo...
—Mi nombre es Rukia. No es necesario que me trate de...
—Sí, es necesario —rebatió Ichigo antes de que ella pudiera terminar.
—Que mi rango como militar sea de los más altos no significa que alguien como él,
completamente relacionado con altos cargos del Consejo, deba guardarme esa consideración
—discutió la Pura.
—¡Maldita sea, Kia! Si digo que debe ser así, ¡así debe ser! —Los ojos del sueco no admitían
más objeciones al respecto.
El rostro de Rukia enrojeció hasta la raíz del negro cabello. Comprendió que estaba en lo
cierto al pensar que jamás podría compartir algo más profundo con aquel licántropo. Era
imposible. Apretó los puños para no abofetearlo delante de Einar quien no merecía ser testigo
de semejante espectáculo. No obstante decidió que le dejaría clara su postura.
—Veo que aunque no te han presentado oficialmente como tal, ya has tomado posesión del
cargo que te pertenece como Alfa de todos los licántropos. Enhorabuena, Ichigo. Y adiós, ya has
logrado tu objetivo y, por tanto, aquí termina nuestro acuerdo.
Esas fueron las últimas palabras que le dedicó antes de girar sobre sus talones y desaparecer
de su vista, seguida de un alarmado Einar. Al día siguiente la noticia ya corría en boca de todos
los licántropos que habitaban Estocolmo, y Rukia imaginaba que también en otras ciudades.
La necesidad de alojarse en algún lugar, debido a que su apartamento había desaparecido con
la explosión, la llevó a aceptar la oferta de Yumichika. No es que le agradara
particularmente hacerlo, no deseaba ser un estorbo y el piso que ocupaba el eslavo era,
por sus dimensiones, más bien un estudio. No obstante Yumichika no admitió negativas,
incluso le ofreció algunas ropas de las chicas que trabajaban en el Latin Kiss.
Un golpe en la puerta la sacó de sus cavilaciones mientras se enfundaba un jersey y un vaquero
muy usado a toda prisa y corría hacia la puerta. El rostro sonriente de Yumichika apareció tras ella.
—El coche ha llegado —le informó—. Einar te llevará.
—Gracias, Yumichika. Trece tiene todo lo que necesitará durante esta noche. Verás que es un perrito
muy bueno y muy cariñoso, no te dará problemas.
—Nos haremos mutua compañía, quédate tranquila. Si quieres que te acompañe puedo dejar a
las chicas a cargo del local durante un par de horas —se brindó con voz atribulada, mientras
esperaba a que se calzara.
Rukia se incorporó y posó sus manos sobre los hombros del licántropo.
—Has demostrado ser un gran amigo, Yumichika, no quiero crearte más problemas.
—No me has creado ninguno. Ha sido un placer y un honor compartir contigo estos días —
contestó—. Te echaré de menos, pequeña —añadió abrazándola con verdadero cariño y tristeza.
—¡Yumichika! —Sonrió sorprendida ante el gesto del eslavo—. Volveremos a vernos, te lo aseguro.
Cuida del gruñón de Ichigo, va a necesitar a los suyos cerca. Pero jamás le digas que te lo pedí a
menos que quieras que te saque los ojos —rio.
—Es a ti a quien necesita a su lado.
—No insistas, por favor.
—¿Irás al menos a la ceremonia que han organizado en su honor cuando tome posesión de su
cargo?
—Aún no lo he decidido. Primero he de recuperar mi verdadera identidad. Necesito llenar los
agujeros negros de mi memoria.
—Cuídate mucho, pequeña. ¿Me lo prometes?
—Claro, Yumichika. Yo también te extrañaré —se despidió mientras volvía a abrazarlo.
Rukia descendió por la escalera y atravesó el Latin Kiss. No pudo evitar recordar la primera
vez que estuvo allí. Apenas habían pasado unos días y, sin embargo, parecía que hubieran sido
meses. Sus ojos buscaron el lugar donde se apoyó Ichigo, retándola con la mirada, mientras
aquella morena voluptuosa se acercaba. Algo se removió en su interior, apretó los dientes y
continuó su camino hacia el exterior.
Nada más verla aparecer, Einar salió del coche para abrirle la puerta.
—Gracias, Einar, pero no era necesario.
El macho sonrió con amabilidad y cerró la puerta con suavidad en cuanto ella se acomodó en el
asiento.
—Llegaremos enseguida. Las instalaciones donde tenemos guardada la primera SIM no están
lejos. El mismo operador que llevó a cabo la extracción se encargará de reinsertar los recuerdos
de aquel día —informó una vez hubo puesto el coche en marcha.
—Bien.
—¿Preocupada?
—Sí, no voy a mentirte.
—También lo estabas la primera vez.
Rukia suspiró pero no sintió la necesidad de continuar con la conversación. No quería pensar
en nada, sólo llegar a su destino y conocer las horas del pasado que guardaba en su memoria
alguien que no conocía
