Capítulo 11: El rey de los vampiros


SEIS AÑOS ATRÁS

— No se por qué tienen tanto interés en saber sobre él — se quejó Valerie y bebió un largo trago de wisky del vaso que reposaba en su mano.

— Querida ¿qué puedo decir? Mi curiosidad es lo bastante grande como para saber más sobre tu pasado, en especial todo lo que guarde relación con el hombre que te convirtió en vampira — dijo Walburga con tranquilidad mientras que con un movimiento de su varita sirvió vino en la copa de Dumbledore y en la suya.

— Y con quien, cabe destacar, estuviste casada — agregó Abraxas con una mueca divertida y Albus rió suavemente.

Valerie gruñió entre dientes y posó su mirada en el fuego de la chimenea, sus amigos se quedaron en silencio dándole el espacio que necesitara para ordenar sus pensamientos.

— Vladimir — dijo de pronto la vampira.

— ¿Cómo? — le preguntó Walburga.

— Vladimir Dragavei, es su nombre — explicó Valerie. — Y más allá de ser mi ex marido y creador, Vladimir es el Rey de los Vampiros.

Ambos magos y bruja se quedaron en silencio unos segundos.

— ¿Existe un rey de los vampiros? — le cuestionó Albus sorprendido. — No pensé que tuvieran una jerarquía de este tipo, o mejor dicho jamás pensé que tuvieran algún tipo de rango entre los vampiros.

— Él es uno de los vampiros más poderosos que habita en la tierra... No es una mera jerarquía, Albus, es simplemente una línea de poder inquebrantable, todos saben que él es y será siempre el rey. Aun así, sus vasallos son una parte importante de su poder, los vampiros más fuertes y astutos forman parte de su corte real, lo cual se considera un honor de por vida.

— Dices que es una línea de poder inquebrantable ¿acaso nadie se ha revelado contra él o es que no pueden hacerlo? — le preguntó Abraxas.

— Más de algún vampiro lo intentó, pero ninguno ha tenido éxito, después de todo ¿cómo vas a vencer a uno de los primeros vampiros que vagó por el mundo y que gracias a él nacieron casi todos los demás?

Walburga, Albus y Abraxas abrieron la boca, desconcertados.

— Entonces tu… Ante semejante hombre, él… ¿Él te convirtió en vampira a la fuerza? — le preguntó Walburga confundida.

Valerie suspiró, habían muchos detalles complejos que no quería recordar y prefirió omitirlos y para simplemente responder — No. Han de saber que hay diferentes tipos de vampiros como también diversas formas de convertirse en uno. — Sus amigos inclinaron los cuerpos hacia adelanta, interesados. — Un vampiro real es un hijo de la noche con voluntad de pensamiento y acción, pero han de responder a Vladimir si son sus descendientes por sangre.

— ¿Descendientes por sangre? ¿A que te refieres con eso? — inquirió Albus.

— En el caso de que yo mordiera a alguna de ustedes y se convirtieran en vampiros, serían libres de tomar las decisiones que quieran, sin embargo, siempre responderán y aceptaran a Vladimir como su rey, pues descienden de su sangre ya que el fue quien me mordió.

— ¿Entonces todos los hijos de la noche que muerden a humanos se convierten en vasallos de rey? — dijo Abraxas aterrado.

Valerie asintió — De todas formas, no es usual ir convirtiendo a los humanos así como así. Al ser seres inmortales ¿cuál es la necesidad de extender o ampliar el número de nuestra raza? Nadie va a controlar si conviertes a alguien en vampiro o no, pero se hace en pocas ocasiones, ya que además transformarse en vampiro es un tema de voluntad.

— ¿Cómo de que voluntad? Si eres mordido te conviertes en uno ¿no es así? — replicó Walburga.

La vampira negó con la cabeza — He ahí la diferencia y por qué hay diversos tipos de vampiros. Convertirse en un vampiro real es un tema de voluntad, de que la persona que es mordida desee transformarse y abrace la oscuridad que se les otorgada para llevarla por siempre en su sangre. En palabras simples, es aceptar tornarse en un hijo de la noche, el ser humano que es mordido debe estar dispuesto a ello.

— ¿Dispuesto? — inquirió Albus.

— Los vampiros beben sangre de humanos e incluso animales, pero no por ser mordido vas a transformarte en uno. El vampiro puede decidir si inyecta o no su veneno en vuestro organismo, pero si tu cuerpo y mente no desean aceptar dicho veneno te convertirás en un nosferatu.

— Espera, espera — le interrumpió Walburga. — Creí que el nombre Nosferatu había sido presentada como una palabra rumana que refiere a un sinónimo de vampiro.

— El significado original de esa palabra es difícil de determinar — explicó Valerie. — Al menos entre los de mi raza nos referimos a los nosferatus como aquellos humanos que no aceptaron la oscuridad y que convirtieron en una especie particularmente desagradable. Un Nosferatu es una entidad que, tras despertar en su nueva "no vida" como criatura de la noche, comienza por roer su propio organismo ante su desesperación por alimentarse, no posee pensamientos sino que existe solamente para satisfacer sus necesidades biológicas: su sed de sangre. Son las criaturas preferidas para armar un ejercito.

— ¡Qué! ¿Existen ejércitos de Nosferatus? — preguntó asombrado Abraxas.

— Muchísimos, yo misma lideré uno… Vladimir es el Rey de los Vampiros ¿realmente crees que no iba a tener un ejercito bajo su mando?

— Aguarda un segundo… ¿Libraste batallas guiando a nosferatus? ¡Lo pienso y no lo creo! — replicó Walburga con una risa nerviosa.

— Peleé en batallas con y contra nosferatus, Vladimir no era él único que tenía un ejercito. Cualquier vampiro real puede crear nosfertus, solo debe convertir a humanos a la fuerza.

— A menos que el humano acepe por completo la oscuridad y así se convierte en un vampiro real ¿verdad? — señaló Albus.

— Correcto, se volverá un hijo de la noche, con libertad de pensamiento y acción como dije antes. Aceptará a Vladimir como su rey, pero dentro de todo es libre de hacer lo que le plazca… A menos que el rey emita una orden de sangre.

— ¿Orden de sangre? — preguntó Walburga. — Cada detalles se vuelve más escalofriante que el anterior.

— Como les expliqué, un vampiro real es libre de hacer lo que quiera, pero Vladimir al ser uno de los primeros vampiros posee la capacidad de emitir cierto tipo de llamado u orden haciendo uso de su lazo de sangre, ello significa que todos sus descendientes estarán obligados a seguir sus instrucciones, lo deseen o no.

— ¿Él puede ordenar a cualquier vampiro a hacer lo que se le de la gana? — le cuestionó Abraxas horrorizado.

— Puede ser a uno como a miles, la orden de sangre es un llamado que trasciende a todos los hijos de la noche.

— Por Merlín… Que clase de monstruo es él… — susurró aterrada Walburga.

— Espera, hay algo que no me calza — interrumpió Albus. — Tu fuiste mordida por él, aceptaste la oscuridad y todo ese rollo, pero ¿hay tienes alguna diferencia con los demás vampiros por el hecho de que hayas sido su esposa?

"Una diferencia abismal". Valerie asintió — Han de comprender que entre lo de mi raza existe un inusual vínculo entre un vampiro y otro. Algunos lo llaman unión, otros más románticos le dicen "pareja de vida" o matrimonio como solía llamarlo Vladimir. Sin embargo, ese tipo de unión es poco habitual, casi nadie la realiza ya que es un enlace mucho más profundo y poderoso de lo que ustedes pueden llegar a concebir.

— ¿Más profundo en que sentido? — le cuestionó Abraxas cruzándose de brazos.

— Es un lazo para toda la eternidad — respondió Valerie y apretó el vaso con fuerza, detalle que no pasó desapercibido por sus amigos. — Los vampiros no suelen hacer uso de ese tipo de enlace, pues los une de por vida con otro vampiro y no es posible anularlo una vez realizado. Ahora bien, existen dos tipos de lazos, ambos igual de poderosos. Por un lado, está la opción de que un vampiro beba la sangre de otro y se genere un vínculo de servidumbre, sin embargo la segunda opción es la unión más poderosa, la cual consiste en que dos vampiros beben de la sangre del otro, sellando así su unión, la cual los convierte en uno solo a un nivel que no podrán imaginar.

— Entonces tu… Tu bebiste — tartamudeó Walburga horrorizada.

— Vladimir y yo bebimos de la sangre del otro. Yo fui una con el rey y un vínculo tan poderoso como ese me llevó a convertirme en la Reina de los Vampiros. Cuando me alejé de él y abandoné Rumania, intenté romper nuestro lazo mediante la magia y parece que en cierta forma funcionó, no sin ciertas consecuencias, sin embargo no quebró la unión por completo. Por ahora puedo sobrevivir bebiendo la sangre de otras criaturas, pero mi cuerpo seguirá anhelando la sangre de Vladimir, es la única fuente de alimento que puede darme la energía que necesito… Pero hay un aspecto de nuestro lazo que hace que mi vida esté en peligro constantemente…

— ¿Qué cosa? — le preguntó con preocupación Walburga.

— Al unirme de esa forma con Vladimir, mi vida depende de la de él, así como la suya de la mía. Si alguno de los dos llega a morir, el otro también lo hará, aun que matar al Rey de los Vampiros no es una tarea sencilla — y Valerie rió con pesadumbre.


PRESENTE

— Como dije, quiero hablar a solas con mi amada Valerie, pueden retirarse, eso te incluye, Riddle — volvió a repetir el rey de los vampiros observando a los jóvenes que seguían pasmados ante quien que había besado a su amiga y ahora les ordenaba abandonar el salón.

Vladimir se separó de la vampira y tomó asiento en el trono, sonrió con malicia mientras apoyó su codo en el paso brazo y dejó caer su rostro sobre su mano, con un aire relajado y autoritario.

— Salgan, por favor — dijo Valerie con el cuerpo tenso y observó a sus amigos con pesadumbre pues odiaba tener que quedarse a solas con Vladimir, sin embargo prefería eso a que alguno de los jóvenes estuviera cerca de él ya que era un hombre peligroso.

Riddle fue el primer en abandonar el lugar sin decir ni una sola palabra. Harry, por su parte, estudió a la vampira por unos segundos y derrotado asintió, caminó hacia la puerta seguido de Ginny y Hermione que le lanzaron miradas de apoyo y preocupación, Ron por su parte le regaló una sonrisa forzada.

— No pienso dejarte sola — siseó Draco, sus orbes destilaban odio hacia Vladimir, pero tomó una postura relajada, se cruzó de brazos y se apoyo en uno de los pilares del salón como si la situación no lo perturbara en lo absoluto.

Valerie suspiró y se acercó al rubio, él cual solo despegó la mirada de Vladimir cuando la vampira estuvo frente a él.

— Draco, por favor.

— No me pidas que te deje sola con ese hombre — se quejó el mago.

— Estaré bien, pero tienes que salir — tomó una mano de Draco y la acarició con suavidad. — Por favor…

— No puedo. Si algo te pasa jamás me lo voy a perdonar.

— Draco — el rubio miró con intensidad a Valerie, rogándole con aquellas orbes grises que no lo apartara. — Te lo suplico.

Malfoy soltó un bufido, con su mano libre acarició despacio el rostro de la vampira — Ten cuidado — y le regaló una de sus usuales sonrisas coquetas, típica de los Malfoy.

Un gruñido grave y sobrenatural los hizo pegar un salto. Vladimir tenía clavadas sus orbes rojas en Malfoy, cargadas en desprecio y se había puesto de pie. Sin que el mago pudiera decir algo, la vampira lo arrastró hacia la salida pues no podía seguir tentando a la suerte.

Cuando todos estuvieron fuera, Valerie cerró de un portazo ambas puertas y se apoyó en las manillas por unos segundos para luego respirar largamente y armarse de valor. Tras unos segundos, tragó en seco y se giró para posar sus ojos ante el hombre que continuaba atormentando su existencia. Enderezó la espalda y su semblante se endureció, queriendo mostrar seguridad e indiferencia aprovechando la distancia que los separaba.

— Aquí me tienes, Vladimir — dijo ella con desprecio. El vampiro soltó una oscura carcajada y la vampira pudo sentir un escalofrío nervioso recorrer su estomago.

Vladimir comenzó a acercarse, pero Valerie se alejó de la puerta para mantener la distancia. El vampiro sonrió divertido y continuó avanzando mientras la vampira retrocedió todo lo que pudo hasta topar con una sucia, roída y gruesa mesa de madera en una esquina del salón. Su respiración se aceleró mientras sus facciones revelaron el nerviosismo que pensó tenía controlado. Había olvidado lo imponente que podía llegar a ser el rey de los vampiros con aquella penetrante mirada que irradiaba tanto poder e intensidad, esas orbes rojas que la observaron con tanta devoción que tuvo que tragar en seco largamente.

Vladimir, al verla acorralada no dudó en pegar su cuerpo contra el de ella, obligándola a tener que mirar hacia arriba ya que le sacaba por lo menos una cabeza de altura. Él se agachó ligeramente y tomó las piernas de Valerie con fuerza, la levantó y la sentó sobre la mesa. Sus fuertes manos recorrieron los muslos de la vampira, para luego tirar suavemente de ellas acercando sus cuerpos y la obligó a enredar sus piernas contra su cadera.

El rey de los vampiros se inclinó y le susurró en la oreja — Extrañaba tenerte cerca, mi pequeña.

Cuando él alejó su rostro, Valerie le gruñió mostrando los dientes. Vladimir dejó escapar una suave carcajada al notar la mirada de molestia que ella le dedicó… ¡Oh, y ahí estaba! Ese fuego, ese desafío en su ojos, aquella llama que siempre lo había cautivado, sin embargo era más tenue de lo que recordaba y eso no le gustó.

Una de sus manos se mantuvo en el muslo de Valerie para que no despegara sus piernas de su cadera por más que ella quisiera mientras que con la otra acarició su rostro. Se inclinó nuevamente y con sus carnosos labios recorrió el mentón de la vampira con una lentitud tortuosa. Valerie no pudo evitar el temblor que recorrió su columna ante esos fríos labios que acariciaron su piel con tanta delicadeza y atención.

El recorrido lo llevó hasta los labios de ella y Vladimir susurró sobre ellos — No sabes cuanto tiempo he esperado por tenerte cerca de mi.

Esas palabras golpearon profundamente a la vampira, posó sus manos sobre el fuerte pecho del vampiro e intentó, vanamente, empujarlo lejos suyo. Sin embargo, Vladimir no se lo permitió y la pegó más contra él.

— ¿Por qué buscas alejarme pequeña, tanto te molesta mi presencia? — el rey de los vampiros notó que algo había cambiado en la actitud de Valerie, parecía desesperada por alejarse de él y rehuía su mirada a toda costa.

— No. No. Tu no… No puedes quererme cerca. Tu no… — susurró ella acongojada. Inconscientemente apretó la chaqueta de Vladimir y bajó su rostro tratando de esconderlo. Para su sorpresa y horror, Vladimir soltó sus piernas y la abrazó con lentitud, como si no quisiera asustarla. Cuando sintió sus musculosos brazos rodeándola, su respiración se volvió agitada y su cuerpo tembló, el rey de los vampiros frunció el ceño ante su reacción, pero no dejó de abrazarla.

"¿Por qué? ¿Por qué me abraza? ¿Por qué me trata así?" Valerie se asfixió ante sus propios pensamientos y el poder que irradiaba la cercanía de Vladimir. Nada de lo que estaba ocurriendo tenia sentido. Y sobre todo, no podía tolerar que él estuviera actuando de esa forma ¡él debería odiarla! ¡Él debería buscar hacerle daño, castigarla, hacerla sufrir! ¿Por que la trataba bien? ¿Por qué no la miraba con odio? No podía soportar la conducta que Vladimir estaba demostrando. ¿Estaba jugando con ella? ¿De nuevo sería víctima de sus manipulaciones? ¿Estaba buscando que bajara la guardia para luego castigarla y hacerle saber el desprecio que le guardaba por haberlo abandonado?

De pronto, las piezas del extraño puzzle al cual se veía enfrentada comenzaron a calzar, respiró hondo y controló sus emociones mientras la ira empezó a surgir en su interior. Empujó suavemente el pecho de Vladimir, quien la soltó para posar sus manos en su cadera, ella por su parte tomó los pliegues de su chaqueta, levantó su rostro y conectó su mirada con la de él.

El rey de los vampiros notó el cambio, como en un par de segundos su pequeña dejó de lado esa mirada de confusión y desesperación que se había apoderado de ella, para que, nuevamente, resurgieran las llamas en su mirada inquisidora. Sin embargo, esta vez el fuego de sus ojos ardió con la ira que se apoderó de sus facciones.

— Fuiste tu, ¿no es cierto? — su voz sonó rasposa, pero con seguridad y la suficiente fuerza como para que innumerables recuerdos se colaran en la mente de Vladimir haciendo que un estremecimiento de placer recorriera sus extremidades, sin embargo no se esperó las siguientes palabras que abandonaron los labios de la vampira. — Tu secuestraste a Fenrir y atacaste a mis amigos, eres el culpable de todo lo que ha ocurrido.


— Draco, podrías quedarte quieto por unos minutos ¡tu constante paseo me va a volver loca! — se quejó Ginny apretando el brazo de Harry que rodeaba su hombro.

Malfoy, quien no había dejado de caminar de un lado al otro en la fría galería subterránea, bufó exasperado, se cruzó de brazos y se apoyó de espaldas contra el muro con el ceño fruncido. Hermione, preocupada, se le acercó posando suavemente su mano en el hombro del rubio — Ella va a estar bien, debes confiar en su criterio — le dijo en un intento de animarlo.

Draco suspiró e instintivamente entrelazó sus dedos con la suave mano de Hermione — No desconfío en su juicio, es ese tal Vladimir quien me preocupa. ¿O acaso no notaste la forma en que la miraba? ¿El aura oscura que desprendía?

— Dudo a que alguno no lo haya notado — replicó con tranquilidad la bruja, intentando ocultar su nerviosismo al sentir como Draco acarició con lentitud su mano.

— No podemos hacer nada más que esperar — replicó Ron con voz cansada.

Harry era el único que se mantuvo en silencio. Estaba claro que todos estaban nerviosos y ansiosos por haber dejado a Valerie sola con aquel vampiro, sin embargo, Harry no pudo despegar sus ojos sobre Riddle desde que habían abandonado el salón. Era extraño ver a Tom apoyado en una de las paredes con los brazos cruzados y la mirada clavada en el suelo, no les dirigió la palabra en ningún momento ni parecía tener intenciones de hacerlo, se notaba frustrado y molesto.

De pronto, enérgicos pasos resonaron en el piso de piedra anunciando la llegada de alguien por las escaleras. Los presentes giraron sus cabezas, extrañados, cuando una figura con una larga capa negra hizo su ingreso. El recién llegado no pareció sorprenderse ante la presencia de los jóvenes magos y brujas, simplemente los analizó en silencio y con rápido movimiento se quitó la capucha que cubría su rostro.

Draco pudo notar como Hermione intentó disimular su sorpresa ante el atractivo hombre que se presentó frente a ellos. Tenía el cabello colorín largo y recogido en un moño rápido lo que permitía ver sus atractivos rasgos: nariz delgada y respingada, cejas frondosas y ordenadas con una barba corta que complementaba maravillosamente su firme mandíbula. Una delgada argolla colgaba de su oreja izquierda mientras que su blanca piel estaba cubierta de pecas. Sus ojos entrecerrados analizaron con detenimientos a los presentes que lo observaban con evidente interés. La luz de las antorchas les permitió a los jóvenes percatarse que las orbes de aquel hombre eran de color rojo, revelando su identidad: otro vampiro.

Sin prestarles mayor atención, el vampiro clavó sus orbes sobre Riddle — ¿Valerie está acá? — su tono fue serio y pareció más una orden que una pregunta a lo que Tom se limitó en asentir sin siquiera dirigirle la mirada.

El vampiro gruñió, pero nadie supo si gustoso o molesto. — ¿Cuanto tiempo lleva adentro? — Riddle guardó silencio.

— Por lo menos unos quince minutos — le respondió de pronto Harry. El vampiro lo observó fugazmente, asintió y resopló frustrado. Se masajeó el rostro y murmuró — Van a terminar matándose — sus palabras fueron débiles, como si hablara consigo mismo.

— ¿Disculpa, y tu eres…? — le preguntó Harry, extrañado.

El vampiro se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada — Yo fui quien te envió la carta Potter, pero parece que ninguno de ustedes sabe seguir instrucciones.


"Tu secuestraste a Fenrir y atacaste a mis amigos, eres el culpable de todo lo ocurrido".

Las palabras de Valerie no eran una pregunta, sino una afirmación. Vladimir chasqueó la lengua disgustado y ella dejó caer sus piernas lejos de su cadera. Él, por su parte, posó ambas manos sobre la mesa a cada lado de la vampira y se inclinó sobre ella, mientras fruncía levemente las cejas — No atacaría a tus amigos mi pequeña… ¿Tan mal piensas de mi?

— ¡Eres el único que pudo haberlo hecho! — le recriminó ella.

Vladimir apretó los puños y se alejó dos pasos, su rostro se había puesto serio mientras le lanzó una mirada extrañada y molesta. — Puedo tolerar muchas cosas Valerie, pero no aceptaré que me culpes por algo que no he hecho.

— ¡No me mientas!

— ¡Jamás te he mentido! — Vladimir lanzó un puñetazo al pilar que estaba a su derecha y lo destruyó casi por completo dejando a Valerie con las palabras en la boca. Los colmillos del vampiro brillaron con la luz de las antorchas y sus facciones se volvieron bestiales.

La vampira se quedó en silencio unos segundos, conocía demasiado bien la forma de ser de Vladimir como para saber que no perdía los estribos con facilidad, pero parecía que había subestimado las palabras con las que lo atacó.

Vladimir inhaló con fuerza y retomó la peligrosa calma que lo caracterizaba — Sabes que jamás te miento, pequeña. Aborrezco las mentiras y siempre te he hablado con la verdad desde que nos hemos unido.

— Parcialmente con la verdad — replicó la vampira cruzándose de brazos.

— Hay ciertos misterios que a veces es mejor guardar ¿no es así mi exbruja? — Vladimir le regaló una mueca altiva, aquella que en algún momento fue su preferida, Valerie se apretó los brazos con fuerza intentando no demostrar lo mucho que parecía afectarle dicha expresión.

— Entonces — dijo Valerie sin querer desviar el tema de la conversación. — Puede que tu no seas el responsable tal cual, pero eso también puede significar que le hayas dado la orden a alguno de tus vasallos para que atacara a mis amigos.

— Pequeña… — fue Vladimir quién se cruzó de brazos esta vez y su mirada se oscureció. — ¿Por qué sigues buscando culparme por algo que no he hecho? Sabes bien quién puede ser el responsable. ¿Realmente haz olvidado de lo que él es capaz de hacer? ¿Aquel hombre que juró protegerte, pero que terminó lastimándote? El mismo hombre que juró acabar conmigo y contigo cuando aceptaste unirte a mi y convertirte en mi esposa. ¿De verdad creíste que él no regresaría por nosotros?

Valerie dejó caer los brazos sin fuerza y abrió los ojos aterrada — Azriel… Azriel ha vuelto…


Clementina abandonó la habitación con una reverencia dejando al imponente hombre observar en silencio la noche desde el enorme ventanal mientras sostenía una rosa negra. Acercó la flor a su nariz inhalando su esencia y murmuró para si mismo — Ahh, mi pequeña Valerie… Estoy expectante a nuestro encuentro junto a tu querido esposo.

Una sonrisa siniestra cruzó sus labios y Azriel alzó el rostro para continuar observando el cielo estrellado — Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama el diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fuimos arrojados con él.


Ahora si, capítulo nuevo! ¿Qué les pareció?

¿Quién será el misterioso Azriel? ¿Cuáles son los planes de Vladimir? Se vienen muchas sorpresas muajajaj

Ahora, como en cada capítulo nuevo... ¡Tenemos el comentario de la semana! Esta vez fue a pedido de varias así que... ¡Felicitaciones a llshsk ! Ya está disponibe tu comentario en instagram para que puedan reírse jajaja

Como siempre, estoy expectante a sus comentarios!

Ojo, es probable, muuuy probable que pueda publicar un nuevo capítulo antes de tiempo el viernes (todavía no es seguro). Cualquier cosita lo avisaré por instagram jeje y ya se viene la publicación y presentación de Vladimir!

Sin nada más que decir, que tengan una increíble semana!

Nos veremos (ojalá el viernes),

Los quiere,

Florence!