➼11. EL ALCOHOL NUNCA ES UNA BUENA OPCIÓN… (PT.2)

A pesar de que Ace le había dicho que no quería volver a hablar ni ver a la ojiazul, un sentimiento de remordimiento siempre lo acompañaba todo el tiempo, desde que empezaba el día hasta que terminaba.

Desde hace un mes él había puesto su distancia y ella respetó su decisión, no se veían realmente, a veces él la alcanzaba a ver entrar o salir de la cocina, otras ocasiones de la biblioteca y muy pocas veces de la enfermería con libros en las manos. Pero era todo, jamás la veía en el comedor, en la cubierta ni siquiera en la propia habitación donde dormían, cuando dormía ella no estaba y al despertar tampoco.

Se supone que debería estar aliviado, en fin, desde que ella había llegado él no estaba de acuerdo, sobretodo porque le habían mentido sobre la estancia de una chica en su camarote pero pudo superar aquella situación. Aunque ahora todo se sentía diferente, el no verla lo hacía sentir inquieto.

Una semana atrás padre lo había enviado junto a Marco e Izo a una isla para explorar y verificar que todo estuviera bien pues era un territorio del Yonkō, y a pesar de que siempre se la pasa bien alrededor de sus nakamas no pudo disfrutarlo completamente. Una parte de él deseaba que Marco llevara a Suki, pero no sucedió, Izo fue quien preguntó por ella y el primer comandante solo se limitó a decir que la peligris prefirió quedarse a entrenar con Vista, eso lo decepcionó un poco.

Después, al explorar la isla le era inevitable no pensar en la ojiazul, probablemente ella estaría señalándole las plantas y diciéndole para qué eran, así como con los animales le estaría comentando cómo se llamaban. Pero no estaba ahí y por primera vez, no fue capaz de disfrutar completamente de una exploración.

Ahora era el cumpleaños de Izo y como siempre, padre había decidió hacer un gran banquete para festejarlo a pesar de que éste no quería, pero nadie se podía negar a lo que padre decidiera. Así que llegado el atardecer el Yonkō se encargó de hacer un brindis, él repasó su mirada entre todos y vio llegar a Suki junto a Thatch a la cubierta, llevaba una blusa roja corta junto a unos pantalones de tiro alto negros y sus botines del mismo color con poco tacón. Lucía algo cansada pero aun así mantenía una sonrisa en su rostro.

Era la primera vez que la veía bien desde hace un mes, todos brindaron con emoción y a pesar de que la mayoría se sirvieron comida —incluido él— vio que ella no comió nada, solo se dedicó a beber junto a un grupo de nakamas, que pertenecían a la cuarta división. Alejó su mirada de ella y se dedicó a festejar junto a Marco y Vista, comiendo sin parar y bebiendo sin consideración alguna, aunque de vez en cuando sus ojos buscaban a la ojiazul para asegurarse que todo estuviera bien.

—Deberías ir y hablar con ella —le dijo Marco con una sonrisa socarrona.

—¿Eh? —se hizo el desentendido y escuchó la risa de Vista.

—No te hagas el idiota, no le has quitado la mirada de encima —le codeó Vista mientras bebía de su jarra.

—No sé de qué hablan —mintió concentrándose en llenar su boca de alimento.

—Ah, a veces me decepcionas, no hay peor ciego que el que no quiere ver —murmuró Vista negando con la cabeza—. Iré con Izo, necesito saber quién aguanta más bebiendo sake.

Marco y Ace solo vieron como el enorme hombre se alejaba de su campo de visión.

—¿Por fin me dirás qué está pasando? —preguntó el primer comandante con tranquilidad—. Creí que todo estaba bien entre ustedes dos, desde antes de que fueran a la isla ambulante ya convivían más y al regresar ambos eran más cercanos.

Ace bebió de golpe la jarra de cerveza y a Marco le dio risa la actitud del menor, era como si quisiera darse valor para hablar, pero sabía que si el pecoso continuaba bebiendo así se emborracharía. Aunque ya se notaba que el alcohol le estaba haciendo efecto.

—Fue extraño —empezó a decir—. En la isla ambulante me sentía tan bien a su lado, sentía seguridad y comodidad, pero no como cuando estoy con ustedes… simplemente era una sensación diferente, una sensación mucho mejor.

Marco cedió su jarra de cerveza al pelinegro quien la aceptó gustoso y volvió a beber de un tirón sin prudencia alguna, su rostro ya empezaba a tornarse rojo.

—Pero… después la vi sosteniendo una foto de él y empecé a dudar sobre lo que vio de mis recuerdos aquella vez que entró por accidente en mi cabeza —hizo una pausa y soltó un suspiro—. Ella sabe quién es mi padre, fue lo que vio en mis recuerdos y no me quiso decir. Me molesté tanto con ella y conmigo mismo que no quería saber nada de lo que pudiera opinar, así que le dije impulsivamente que no quería verla ni hablar con ella.

—Preferiste alejarte para evitar saber qué pensaba por miedo a que te despreciara.

—No podría soportar que me odie —murmuró con pesar—. Creí que todo sería más fácil si me alejaba de ella, pero me equivoqué porque siempre me siento culpable; desde hace un mes que casi no la veo, nunca está en la habitación ni en el comedor, siempre está entrenando contigo o Vista y si no, está metida en la cocina con Thatch. Creo que apenas hoy la he podido ver más.

Su mirada se dirigió a donde la había visto pero ella ya no se encontraba ahí, estuvo a punto de pararse pero Marco se rió, llamando su atención.

—Está sentada en las escaleras de allá junto a Thatch —señaló y Ace soltó un suspiro de alivio al verla conversar con el cocinero—. Deberías hablar con ella.

—Me va a odiar.

—No lo hará, si realmente la conocieras sabrías que ella no te odiaría por algo así.

—¿Cómo estás tan seguro de eso?

—¿Cómo estás tan seguro de que te odiara?

Un breve silencio se generó y el rubio rió burlón, colocó su mano en el hombro del pecoso.

—Habla con ella, sé lo que te digo, estoy seguro que ella tampoco la está pasando muy bien.

Ace se impresionó ante las palabras recién dichas del primer comandante y solo lo vio alejarse, él se quedó sumergido en sus pensamientos mientras seguía bebiendo y comiendo por igual, hasta que vio a Thatch colgado alegremente del cuello de Izo.

Buscó con la mirada a la ojiazul pero no la halló por ninguna parte, se levantó de su lugar medio tambaleante y caminó por todo el lugar tratando de encontrarlo pero no la vio, soltó un bostezo cansado y mejor se dirigió al camarote, prefería dormir.

En cuanto abrió la puerta vio a la peligris acostada de lado en la hamaca, se quedó quieto pues no esperaba verla y sólo observó cómo levantaba su cabeza y miraba en su dirección.

—¿Thatch? —balbuceó ella tratando de mirar a la persona que estaba en el umbral pero ni siquiera podía ver bien.

Ace frunció el entrecejo confundido pero supuso que había mencionado al cocinero porque tal vez él la había acompañado hasta la habitación.

—No, soy Ace —murmuró cerrando la puerta detrás de él.

—Ah…

Suki volvió a acomodarse en la hamaca, tenía bastante sueño y el alcohol no le estaba ayudando. El pelinegro se acercó a su cama y estuvo a punto de tirarse en ella para poder dormir cómodamente, pero le fue inevitable no recordar la conversación con Marco.

—¿Podemos hablar? —preguntó de pronto mirando a la peligris, quien solo se veía como un bulto rojo en la hamaca por las cobijas.

—¿Me estás hablando a mi? —tontamente cuestionó con el ceño fruncido.

El alcohol realmente le estaba nublando la razón y lógica que se quedó pensando en la pregunta de ella.

—Sí, no hay nadie más aquí que tú —respondió después de unos segundos.

—Ah… es cierto, pero no quiero hablar.

La ojiazul cerró los ojos y él se acercó hasta la hamaca, se puso en cuclillas para estar a la altura de ella y con el dedo índice pinchó una de sus mejillas, molestándola.

—Oye.

Ella lo apartó con un manotazo, sin abrir los ojos.

—Después hablamos.

—Suki —llamó el pelinegro moviendo la hamaca—. No me ignores.

—Mmh, déjame en paz, tu fuiste quien dejó de hablarme.

—Pero quiero hablar de lo que pasó.

—Yo ahorita no quiero hablar —recalcó el "ahorita" bastante cansada—. Estás siendo muy infantil.

—Oye, Suki, te estoy hablando —volvió a insistir—. Es de mala educación ignorar a la gente.

—¿Me estás diciendo maleducada?

—No quiero discutir contigo, quiero arreglar las cosas.

—Pues será mañana, estoy medio borracha y tengo sueño —sinceró dándole la espalda.

Ace frunció el entrecejo, apoyó sus manos en la hamaca y de manera impulsiva e irracional tiró de ella, la verdad ni siquiera era consciente de sus acciones y el porqué lo estaba haciendo. La peligris sólo sintió la fuerza de ser empujada y sin esperarlo cayó directamente al suelo, dejando sonar un golpe ensordecedor y fuerte.

—¡Ace! —le gritó molesta en voz baja y el pelinegro solo alcanzó a reírse divertido, no entendía porque le estaba causando tanta gracia, debería de estar preocupado de que ella se enfadara.

Suki gateó hasta donde estaba el pelinegro y medio tambaleante lo empujó por los hombres, haciéndolo caer de espaldas pero la tomó de las muñecas jalandolo hacia él. Ella terminó encima de él y sólo alcanzó a acomodarse sentándose sobre las caderas de él con ambas piernas a los lados, siguió forcejeando con Ace para que la soltara y poderle propinar un buen puñetazo pero él solo estaba riéndose sin soltar las muñecas de ella.

—Deja de reírte, no le veo la gracia —sentenció irritada y con el entrecejo fruncido, el golpe le había dolido y él sólo estaba riendo como idiota.

—Creo que la última vez que te vi molesta fue en la biblioteca cuando malentendiste lo que dije.

—Yo no entendí mal nada —replicó—. Tu no te supiste expresar bien.

—Aun así te ves bonita enojada.

Ella enrojeció y continuó forcejeando por un buen rato, él continuó riéndose sin parar y la soltó. La peligris permaneció quieta sin decir nada, le resultaba curioso ver a Ace tan risueño con ella después de estar un mes distanciados.

—Realmente tomaste mucho, ¿verdad? —preguntó ella con calma y señaló el rostro de él—. Estás muy rojo, creo que hasta tus pecas se notan mucho más o tal vez son ideas mías.

Ace se estremeció al sentir la mano de ella tocar su mejilla de pronto, acunando su rostro, las risas pararon y solo sintió su corazón bombear con fuerza.

—Cuando estábamos en la isla ambulante y te quedaste dormido por la narcolepsia estaba aburrida así que conté tus pecas, ¿alguna vez las has contado? —preguntó y él solo negó—. Tienes alrededor de 17 pecas, 8 en el lado izquierdo y 9 en el lado derecho… realmente te hacen ver más atractivo.

Tragó saliva nervioso al verla acercarse, al parecer ella iba a volver a contarlas pero el simple recuerdo de que ella supiera quién era, el que ella supiera la verdad le hizo sentir inquieto y un poco molesto, así que apartó su mano soltándole un manotazo. La sonrisa antes dibujada en su rostro desapareció por una mueca.

—Deja de ser así conmigo.

La peligris pestañeó confundida, sin saber a qué se refería.

—¿Eh?

Ace apretó los puños algo irritado. ¿Cómo ella podía actuar como si nada al saber de quién era hijo? ¿Por qué no lo despreciaba o insultaba? ¿Por qué solo lo miraba como un igual? No entendía porqué no se escandalizaba.

—Soy hijo de Gol D. Roger, Rey de los Piratas —dijo con dureza esperando su reacción, pero solo vio un rostro pasible.

Ella entendía que estaba medio borracha, la cabeza le daba vueltas y sabía que no estaban coordinando bien todos sus sentidos, pero no entendía a qué venía eso y ladeó la cabeza sin comprender.

—¿Y eso qué?

Ace se molestó al escuchar aquello.

—¿Cómo que eso qué? —murmuró frustrado—. Dime algo, insultame, odiame, ¿cómo puedes estar tan tranquila al saber de quién soy hijo?

Suki solo alejó su rostro y se enderezó pero permaneció encima de él, dejando caer sus manos en el abdomen bien trabajado del pelinegro.

—¿Por qué tendría que odiarte? No has hecho nada malo hasta donde yo sé, lo que haya hecho Roger no te tiene porque afectar a ti, un hijo no tiene porque pagar los errores de su padre —dijo con seguridad y en voz baja—. Sí, eres su hijo, ¿y qué? Solo llevas su sangre, un verdadero padre es aquel que educa y enseña… tú mismo me dijiste que tu único padre era Barbablanca, así que no entiendo porqué debería odiarte.

Ace entreabrió los labios más ninguna palabra salió, todos los escenarios negativos que imaginó en su cabeza eran erróneos y jamás imaginó escuchar aquello.

—¿Has matado a alguien inocente? ¿Has robado a gente pobre? ¿Has herido a niños, ancianos o desválidos? ¿Te has aprovechado de alguien? —el pecoso solo negó con la cabeza ante cada pregunta enmudecido—. Entonces no tengo porqué odiarte o insultarte, no me importa quién eres sino cómo eres.

Suki trató de enfocar su mirada en él pero la verdad era que no podía, el sueño la estaba dominando y ni siquiera sabía cómo es que había podido decir todo aquello de manera coherente sin trabarse o malentenderse.

—Lo dices porque estás borracha —murmuró él sin poder creer las palabras de ella.

—Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad —respondió—. Y no gano nada mintiendo.

Ace fijó su mirada en los ojos azules de ella, los cuales se veían bastante cansados y adormilados, sin preguntar ni nada, se atrevió a abrazarla por la cintura enterrando su rostro en el cuello de ella. Fue un impulso en sí y esperó que ella lo apartara, sin embargo nunca pasó, en cambio sintió los brazos de ella rodear sus hombros y una de las delgadas manos de la peligris se posó en su cabello oscuro, acariciándolo.

El silencio de la habitación reinó, Ace podía escuchar el suave y tranquilo palpitar del corazón de ella, era bastante agradable sentir sus latidos, sus brazos rodeando su cintura encajaban bastante bien y a pesar de que podía percibir el olor a tabaco y alcohol, aún en ella estaba impregnado la esencia de perfume. No se quería separar, quería que el momento durara para siempre.

—Lamento mucho haber visto tus recuerdos, Ace —murmuró con culpa.

—Lamento haberte tratado así, no debí reaccionar de aquella manera pero no es fácil para mí hablar de esto.

—¿Crees que recordemos todo esto mañana? —preguntó ella soltando un bostezo.

—Siendo sincero, no lo sé —hizo una pausa—. ¿Podemos quedarnos así un momento más?

—No me molesta, de hecho me gusta.

Quién sabe cuánto tiempo estuvieron así, pero Ace se percató mucho después que Suki había aflojado su agarre y que la respiración era mucho más lenta y pausada, al separarse se dio cuenta que ella ya se había quedado dormida. La acostó en el suelo y él se colocó a su lado, sólo bastó cerrar los ojos para quedarse profundamente dormido.

«El alcohol nunca es una buena opción… aunque a veces sirve para expresar todo aquello de lo que se tiene miedo».