Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El "defecto" de Altair
Ese comienzo de las vacaciones de diciembre, Altair Malfoy se bajó del expreso luciendo un moretón en el pómulo.
Harry percibió la tensión en el cuerpo de Draco, un segundo antes de que Lily Potter bajase de un salto del expreso. Empujó a Altair con el hombro en su camino hacia ellos y les pasó por un lado, ignorando por completo la ausencia de su madre, que llegaba tarde y avisó que los vería en casa para comer todos juntos.
—¿Lil? —La llamó Harry, con suavidad— ¿pasa…?
—¡No me pasa nada, papá! —chilló, adelantándose para poner distancia entre los Malfoy y ella. Más lentamente, Albus avanzaba charlando con Scorpius, y James seguía dentro del tren, con sus amigos de último año— ¿nos vamos o qué?
—Código rojo —Escuchó susurrar a Draco. Mal humor adolescente, peligro, peligro.
—Cuando tus hermanos vengan-
Su respuesta fue interrumpida por un largo quejido de Lily. Le recordó que Ginny soltaba uno idéntico cuando estaba enojada y Harry no entendía por qué.
Su hija se sentó en uno de los bancos del andén, cruzada de brazos y con la barbilla bien en alto. El ceño fruncido ahuyentó a cualquiera que pudiese haber tenido la más mínima intención de acercarse.
Albus se aproximó con los mellizos y Draco se lanzó a la tarea de comprobar el rostro de su hijo, preguntándole si le dolía, cuándo se lo hizo, quién se lo hizo, y utilizando un hechizo sanador.
—Estoy bien —Era lo único que Altair respondía, en voz baja, dejándose examinar y curar—, estoy bien, padre, no importa.
—Lily lo golpeó —Albus era menos sutil y no paraba de arrugar el entrecejo—, en el compartimiento en que estábamos. Una cachetada. Sonó muy fuerte.
—Alti dice que no le duele…—susurró Scorpius, fijándose en su hermano, con una expresión angustiada.
Draco observó a Harry, un poco alarmado. Él, a su vez, echó un vistazo hacia Lily, enfurruñada, con la cara roja. Digna hija de Ginny Weasley, por supuesto.
—¿Por qué te golpeó? —indagó Draco, sin reprimenda en la voz, aunque sonaba más tranquilo ahora que su varita había retirado el moretón.
Altair consideró sus palabras por unos segundos.
—Ella me pidió que la dibujara, hice un par de bocetos, los detallé, bla, bla, bla. Antes de subir al tren le dije que casi estaban listos, así que fue al compartimiento en que estábamos hace un rato para verlos…
Harry frunció el ceño, sintiéndose desorientado.
—¿No le gustaron? Esa no es razón para-
—Le gustaron sus dibujos de ella —indicó Albus, seguido de un resoplido—, lo que no le gustó demasiado fueron los de Gemma…y todos los demás que le siguieron.
—¿Gemma?
—¿La chica que estuvo por aquí el diciembre pasado? ¿La que los visitó? —Draco parecía concentrado en hacer memoria—. Sí, la recuerdo. ¿No es tu compañera de laboratorio?
Altair asintió.
—Desde primero.
—¿Y tienes muchos dibujos de ella?
El chico se encogió de hombros.
—Es vanidosa, estoy practicando los dibujos del cuerpo humano con modelos, y los contornos de una mujer suelen ser más suaves…
—Sigue sin ser razón para golpearte —alegó Harry, muy serio—. Voy a hablar con ella para que te pida disculpas, Altair.
Los tres chicos intercambiaron miradas, Scorpius más dubitativo que los otros dos.
—Bueno, es que…
—No hace falta —Altair interrumpió a su hermano, negando. Scorpius y él comenzaron a intercambiar gestos en una conversación silenciosa de la que nadie más entendió algo.
James ya se acercaba, y Lily, desde la distancia, se levantaba preguntándole si se podían ir.
Harry suspiró. No se podía tener un regreso de clases tranquilo con cinco adolescentes.
—0—
—No es una razón para lo que le hizo.
—No, no lo es.
—Y no lo apruebo.
—Bien.
—Pero…
Draco le frunció el ceño.
—¿Pero? ¿Por qué hay un "pero"? —gruñó— ¿Qué se supone que significa ese "pero", Harry James Potter? Si tú no ves por qué está mal que lo golpease, debería hablar con Gin.
Sus ojos relampagueaban. No era muy distinta de la mirada que Narcissa Malfoy le dirigía a quienes pensaba que le hacían algo a su hijo o nietos.
—Está mal —aclaró Harry, más tenso—, de verdad que está mal. Pero…
—¿Pero qué? —Draco se reclinó en el respaldar de su asiento, cruzado de brazos, y lo retó con la mirada.
—Realmente no la culpo por reaccionar así frente a…bueno, eso. Me refiero a que- a que- Draco, yo también estoy sorprendido —balbuceó lo último—, y pensé que nada me sorprendería después de James y Teddy.
De vuelta en la casa de Godric's Hollow, Lily superó su estallido inicial y se dedicó a ignorar a Altair. Eso hasta que, a punto de terminar la comida, él ayudó a Lily y a su madre con unos platos, e intentó hablarle.
El resultado fue un chillido de Lily espetando que ella no hablaría con un pervertido, Altair cubierto de pastel, con una expresión bastante aturdida, y Ginny en medio, poniendo distancia entre ambos y regañando a su hija.
Para esa hora de la tarde, los mellizos estaban en el cuarto de Albus, James en el suyo, y Lily en el patio, a solas. Había demostrado que el código rojo seguía en funcionamiento cuando Ginny quiso acercarse. Astoria y ella decidieron que mejor la dejaban calmarse por su cuenta durante otro rato.
Draco le pidió a Altair su cuaderno de dibujos. Él se negó, se mostró reticente, insistió en que no quería, y terminó por decirle que no debería hacerlo por la privacidad de las personas que le dieron permiso para dibujarlas. Sus palabras exactas fueron "se suponía que yo debía verlas, les doy una copia y que hagan lo que quieran con eso, pero no me dieron permiso para que otros los viesen".
No entendieron por qué le daba tanta importancia hasta abrir el cuaderno.
Al principio, Draco encontró siluetas sin facciones de sus primeras pruebas con el cuerpo humano. Tachones, borrones, bocetos sueltos de manos y pies, algunos ojos y labios cada vez mejor formados. Los dibujos de Lily eran páginas arrancadas y puestas entre otras; Lily en el uniforme de Hogwarts, con la túnica y el cabello meciéndose por el viento del patio, riendo, en el comedor, concentrada en un libro y pergamino. Altair había descubierto un tono de rojo que iba con el de su cabello, y era el único color en todo el dibujo, de manera que resaltaba increíblemente.
El "problema", o al menos la razón de la reacción de Lily, comenzaba en la página que le seguía al último de sus dibujos. Al darle vuelta a la hoja, Draco había estado a nada de dejar caer el cuaderno. Se lo tendió a Harry, y este lo apartó en cuanto se percató de lo que veía.
El fondo difuso y carente de importancia debía pertenecer a las mazmorras. Una chica de la edad de Altair posaba, con el largo cabello rizado suelto y la corbata de Slytherin con toques de color. Y sólo la dichosa corbata, si uno no tomaba en cuenta la sábana que cubría los puntos necesarios. La figura se delineaba por debajo de la tela y partes importantes de piel quedaban expuestas; la parte superior del pecho, torso, muslos. Altair incluso prestó atención a las líneas para las estrías de las piernas.
Como dibujo, era muy bueno.
La cuestión no acababa ahí. Tras un momento, Draco recuperó el cuaderno y siguió pasando las páginas. Ella era la más frecuente, siempre en las mazmorras, en diferentes posiciones; a veces se dejaba medias largas, a veces le daba la espalda, y en una ocasión, se cubría lo justo con la túnica del uniforme. Sin embargo, no era la única. Los toques de color que Altair agregaba le dieron a entender que tenía una "modelo" de Ravenclaw, otra de Hufflepuff, y un Slytherin; estos tres debían ser de la edad de James.
Lily tenía catorce años; Harry se hubiese sorprendido más si no tenía una reacción explosiva.
Ahora, el cuaderno permanecía cerrado sobre la mesa, en el espacio entre ambos. Y Draco estaba más que sólo enojado.
Estaba en modo protector, lo que era mil veces peor.
—No es una razón para atacarlo —siseó, entre dientes.
Harry se pasó las manos por el cabello, vio el cuaderno cerrado, y exhaló.
—No, claro que no, pero-
Draco iba a hechizarlo si continuaba agregando un "pero" al final de sus oraciones, lo presentía.
Un leve carraspeo interrumpió lo que pudo haberse convertido en el siguiente intento de homicidio frustrado de Harry Potter. Ambos vieron al chico parado bajo el umbral que daba al comedor.
Altair arqueó un poco las cejas.
—¿Ya puedo tener mi cuaderno de vuelta? —indagó, sin mostrar signos de estar afectado.
Draco se lo ofreció y él se acercó a la mesa para tomarlo.
—No creo que fuese necesario que las viesen-
Altair se demoró más de lo que esperaba, porque Draco no soltó el cuaderno cuando él lo sujetó. Tiró, su padre continuó sosteniéndolo, y resopló al entender el punto.
—¿Ahora qué? —protestó, pasando la mirada de Harry a Draco—. Bien, sí, ya los vieron. No creo merecer un castigo por eso. Incluso Gemma es mayor que yo, los otros tienen diecisiete, tenemos un acuerdo, y ni siquiera los toqué, sólo los dibujo-
—No me parece que sea malo —aclaró Draco, interrumpiendo sus obvias intenciones de seguir quejándose y ponerse a la defensiva—, siempre que te diesen permiso.
Altair rodó los ojos.
—Pues claro que me dieron permiso, ¿quieren un acuerdo firmado que lo demuestre?
—Altair.
Altair apretó los labios frente a ese tono de leve reprimenda de su padre. Resopló.
—A Gemma le gustan mis dibujos, he hecho montones de ella, y habló con los demás. Siempre hablamos antes de que los dibuje, no he hecho algo que los incomode, se los pregunté.
Draco dejó que recogiese su cuaderno entonces.
—No es nada malo mientras sea así. Los dibujos del cuerpo humano pueden ser realmente preciosos, Altair.
—Ya sé.
—¿Y por qué estás a la defensiva conmigo?
Altair abrazó su cuaderno y desvió la mirada.
—No lo estoy.
—Altair —repitió Draco, más bajo.
—No quiero que sean malos con Lily. No estoy molesto con ella.
—Te lastimó.
El chico volvió a apartar la mirada.
—Últimamente, yo…me di cuenta de que, con mi edad y porque soy un chico, las demás personas esperan…ciertas cosas que a mí no me interesan. Y es como si no pudiesen pensar que puede ser diferente. Creo que ella sólo…pensó de mí lo que hubiese pensado cualquier otra persona, ¿no? Estoy trabajando en eso de entender a las demás personas.
—Entender que reacciona de una manera y aceptar que te golpeó como si nada son muy diferentes, Altair.
—Es complicado.
—Bueno —Draco se reclinó en el respaldar del asiento—, explícame.
—No creo que-
—¿No lo comprendería? Creo que puedo hacer el intento, Altair, si tú me quieres contar lo que en verdad pasa.
Altair le echó una ojeada a Harry, que asintió y gesticuló un "intenta". Luego exhaló y se dedicó a mirar el techo de la cocina. Las manos le temblaron un poco al sostener el cuaderno.
—En Hogwarts, me preguntaron si tenía novia. Como dije que no me interesaban las chicas, me preguntaron si era gay. Cuando dije que no me interesaban los chicos, no entendieron. Yo…no sé por qué, las personas se me hacen raras, las- las cosas que les preocupan se me hacen raras, así que intento entender, pero no es algo recíproco. No conozco a nadie más a quien tampoco le importen ese tipo de cosas, y estoy- intento no pensar que hay algo mal conmigo, porque debe haber alguien más así, ¿no? Digo, no puedo ser sólo yo- me refiero a que-
Altair apretó los párpados y contuvo un quejido. A Harry le partió el corazón ver que se tallaba los ojos y seguía rehuyendo de sus miradas.
Draco extendió un brazo y le puso una mano en la cabeza a su hijo. Lo peinó con mucho cuidado, haciendo que lo mirase.
—No hay nada mal contigo, desde pequeño has sido fantástico.
—Hasta Scorpius me ha dicho que soy "raro" a veces —Altair dejó escapar una risita quebradiza—, sé que no es con mala intención, pero-
—A las personas les interesan diferentes cosas, Altair —Draco aceptó el pañuelo que Harry convocó con un accio y le limpió las mejillas al chico—; si todos nos interesáramos por lo mismo, sólo habría una profesión y un hobby en el mundo, ¿verdad? ¿Recuerdas que hablamos sobre esto?
Altair sorbió por la nariz y asintió.
—No creo que tenga algo de malo ser "raro" —Harry se inclinó hacia adelante y le habló con toda la suavidad que le era posible—, tú me pareces bastante bueno. Es mejor ser bueno que ser normal.
—No me des charlas de papá, Harry, no las necesito-
Draco tiró con suavidad de uno de los mechones de Altair.
—Claro que las necesitas, pequeño engreído. Debes actuar como un niño tonto de vez en cuando para que yo te consuele, ¿o es que me vas a dejar sin trabajo? Si no te quejas conmigo, ¿qué se supone que hago como padre?
—Sólo darnos una casa y comida —se burló Altair.
—¡Qué aburrido! —La exclamación de Draco hizo que tanto Altair como Harry se riesen—. Tienes que actuar como un mocoso para que yo pueda actuar como tu padre, no me quites eso. Tengo el derecho de decirte que nunca ha habido algo mal contigo, porque si lo hubiese, yo me habría enterado muchísimo antes de que tú siquiera llegases a pensarlo. Para- de- subestimarme- como- adulto- —Le pinchó el torso entre cada palabra, haciéndolo retorcerse y quejarse.
—Ya- ya entendí-
—No, no has entendido, y te castigaremos hasta que aprendas que tienes que hablar cuando algo te pasa —Draco lo rodeó con los brazos y lo arrastró hacia ellos, todavía haciéndole cosquillas—, y no hay nada malo contigo, y tienes que ser un mocoso necio y hacer tonterías, porque si no haces tonterías, no puedes aprender y no te puedo corregir-
—¡Ya entendí! —Altair le agarró las muñecas para que se detuviese, sin tener idea de que luego Harry lo jalaría también—. ¡Ya! ¡Parecen unos niños, no unos padres! —declaró, entre carcajadas.
—Bueno, entonces tú te tienes que comportar como un niño y nosotros no nos vamos a portar como niños —señaló Draco, solemne.
—O te podemos hacer cosquillas durante horas —agregó Harry, sonriendo—, hay hechizos para eso.
Altair bufó y apartó a Harry. Ya ni siquiera sabía a dónde fue a parar su cuaderno.
—Está bien, entendí, nada mal conmigo, portarme como niño, sí, sí-
—Alti —Draco sujetó sus hombros cuando se levantó—, es en serio, ¿de acuerdo? No hay nada mal contigo. Las cosas que me interesaban a tu edad no le interesaban a Harry, no le interesan a Scorpius, y las que les podían llamar la atención a ellos, a mí no me hubiesen importado tanto. Es diferente para todos.
El chico asintió.
—Está bien.
—Y no esperes a sentirte mal con algo para hablar, tienes a Scorp, a Albus, a Gemma, no hace falta que me aguantes a mí con mi "charla de papá", sólo…habla con alguien, ¿sí?
—Está bien —repitió Altair, más bajo.
Draco le revolvió el cabello.
—Te quiero.
—Ujum.
—¿Cómo que "ujum"? —Draco enseguida tiró de uno de sus mechones, sin fuerza—. ¿Por qué crees que un "te quiero" se contesta con un "ujum"? ¿Quién te…?
Se calló cuando Altair extendió los brazos y lo abrazó. Draco adoptó una expresión sorprendida y luego sonrió, dándole palmaditas en la espalda.
—Realmente, realmente te quiero, Altair.
Harry todavía se sentía enternecido cuando Altair le dio un abrazo rápido, recogió su cuaderno y prácticamente huyó de la cocina. Luego Draco le dirigió una mirada feroz y se acabó el encanto.
—Habla con ella —ordenó en un susurro contenido—, y que se disculpe.
—No sé si puedo hacer que se disculpe, Draco.
—Entonces que lo haga Gin.
Harry se puso de pie, alzando las manos en señal de rendición.
—Yo voy, yo voy…
Podía sentir la furia que irradiaba incluso mientras abandonaba el comedor. Por Merlín, vaya carácter tenían las personas con las que salía.
Ginny charlaba con Astoria en el columpio doble junto a la puerta que daba al patio trasero. Apenas lo vieron, Ginny apuntó en la dirección en que estaba su hija.
—¿Altair volvió al cuarto de Albus? —indagó Astoria. En cuanto él asintió, ella besó la mejilla de Ginny, y regresó adentro para comprobar cómo estaba su hijo.
—Yo voy —insistió Harry, antes de que Ginny abriese la boca. Ella se encogió de hombros.
—Creo que ya pasó a un código gris…
Perfecto. Adolescente decaído. Justo lo que necesitaba.
Lily estaba sentada a los pies de un árbol, con las piernas cruzadas y una esfera mágica en una mano. La circunferencia contenía un lirio, y ella intentó esconderla bajo sus piernas tan pronto como notó la presencia de Harry.
—Cuando te bajaste del tren —murmuró, recargándose en el tronco a su lado—, podía jurar que estaba viendo a Ginny cada vez que se molestaba con uno de tus tíos. Su mocomurciélago le ganó un puesto en el club de un viejo profesor. Deberías practicarlo.
Ella soltó un débil resoplido.
—Mi mocomurciélago es perfecto —masculló, tan bajo que apenas pudo oírla. Harry no pudo evitar sonreír.
—¿Me puedo sentar?
Lily rodó los ojos, pero se encogió de hombros. Al menos, no lo apartó cuando Harry se sentó junto a ella, apoyando la espalda en el tronco. Gimoteó un poco, de forma teatral, sobre dolor en la columna y que la posición era incómoda, hasta que la vio apretar los labios para no reírse.
Eso siempre funcionaba. James seguía convencido, en el fondo, de que Harry debía tener como cien años.
—Eso le pasa a la gente vieja —alegó su hija, conteniendo la risa.
Harry se encogió de hombros y simuló tener un dolor en la espalda que no le permitía moverse, para después caer encima de ella y abrazarla. Lily se retorció un poco.
—Papá, no- —Puso la palma contra su mejilla e intentó zafarse. En el movimiento, la esfera rodó lejos de sus piernas. Entonces Lily se tensó y logró escabullirse para atraparla, antes de que se alejase.
Suspiró y volvió a sentarse junto a Harry, sosteniendo la esfera entre ambas manos.
—Es bonita…
Lily bufó y frotó un costado de la esfera con el pulgar, quitándole un rastro de tierra.
—Altair piensa que dejando una en la puerta de mi cuarto me voy a olvidar de que estaba molesta.
—¿Y funciona? —indagó Harry—. Porque debería probarla con Draco entonces.
Ella dejó escapar una risita y negó.
—No, no funciona —replicó, con una media sonrisita que decía que sí, un poco.
Siguió jugando con la esfera entre sus manos, mientras Harry sopesaba cómo decirle lo que obviamente tenía que decir.
—Supongo que debe ser un poco molesto a veces —susurró, vacilante—, eso de que…bueno, son cuatro chicos, y a James le gusta molestar a todos y probar nuestra paciencia. Y son mayores que tú y…me refiero a que es entendible que se enojen, o se peleen, pero, uh, también tienen que aprender a disculparse y ese tipo de-
Lily arrugó el entrecejo. Mala señal.
—Si Altair se quiere disculpar, debería hacer más que poner una esfera en mi puerta.
¿Por qué no dejó que Ginny se ocupase?
—Le diste una cachetada y luego tiraste pastel encima de él, Lily. Y Altair siempre ha sido bastante bueno contigo, ¿no?
Su rostro comenzaba a ponerse de un rojo similar al de su cabello.
—¡No sabes lo que él hace!
—Los dibujos, sí —Harry asintió—, le dijeron que podía hacerlo y-
—¡Dibuja chicas…! —Miró alrededor y se inclinó para agregar, más bajo, como si fuese algún tipo de maldición—. Chicas medio desnudas, papá. ¡Medio desnudas! Estoy segura de que en varios Gemma no tenía nada-
—Es una rama del dibujo, ya sabes, como hay ramas en los hechizos o en las pociones-
—¡Dibujar chicas medio desnudas no es lo mismo que hacer una poción!
Sí, aquello no estaba saliendo muy bien.
—No es muy diferente de cualquier tipo de dibujo, Lily.
Debió dejar que Ginny se encargara. En serio, en serio, debió hacerlo.
—¡No están usando casi nada! —chilló ella, de nuevo, y se cruzó de brazos—. Y además, ¿tenía que hacer tantos dibujos de Gemma? ¡Ella es…es…! Tiene el pelo todo…así, y tiene- tiene- ¡es muy fastidiosa! ¿Qué puede ver Altair de interesante en alguien como ella para dibujarla tanto? ¡Yo le tuve que pedir que me dibujara, pero a Gemma…! ¡Agh!
Lily apartó la mirada y le frunció el ceño a un arbusto que no tenía la culpa de nada.
Harry se pasó alrededor de dos segundos boqueando.
¿Por qué no se lo dejó a Ginny?
—Probablemente dibujó tanto a esa chica porque es su compañera de clases y de Casa, y la ve más…—puntualizó, fingiendo ignorar el obvio trasfondo de esa conversación y en sus palabras.
Lily lo observó como sino se le hubiese pasado por la cabeza ni por un instante. Recogió la esfera con el lirio, lo pasó de una mano a la otra, y luego soltó un "oh".
—Entonces probablemente me dibujaría más a mí si se lo pido, ¿no, papá?
Estaba casi seguro de que acababa de cometer algún tipo de error, sólo que no sabía cuál.
—Supongo que- ahm- sí, supongo que- —Harry sacudió la cabeza—. Si lo único que querías era que te dibujase más, creo que podrías habérselo pedido.
Lily se mordió el labio por unos segundos, pensativa.
—Mis dibujos serían más bonitos que los de Gemma.
Sí, definitivamente había enfocado mal el asunto. Por otro lado, Lily ya no parecía molesta, sólo decidida.
¿Qué tan malo podía ser?
—Bueno, puedes ir ahora y explicarle que lo sientes por haberte puesto así, y el golpe, y el pastel, y que sólo quieres que te…dibuje más.
—Sí, eso voy a hacer —Lily se puso de pie de un salto, se sacudió el pantalón, y se guardó la esfera en el bolsillo—. Gracias por la idea, papá.
Harry pudo respirar un poco más tranquilo cuando la vio marcharse.
¿Quién decía que él no sabía resolver los problemas de sus hijos?
—0—
El siguiente problema tuvo lugar ese mismo día, sólo un rato más tarde. Altair caminaba por el pasillo que conectaba la sala al segundo piso, con su cuaderno de dibujos bajo el brazo, y fue la voz de Lily lo que llamó su atención.
Harry y Ginny se asomaron desde el comedor. Draco y Astoria estaban en el jardín.
—…y yo te dije que no —respondía Altair, con calma.
Lily caminaba detrás de él dando zancadas para seguirle el ritmo.
—¡Pero acabas de dibujar a Scorpius y Albus!
—Estaban jugando snap explosivo y el ángulo de luz era perfecto —Altair se detuvo y giró para encararla—, lo que tú me estás pidiendo no es que te dibuje jugando snap explosivo.
—¡Pero puedes hacerlo igual!
—No.
—¡¿Por qué no?! —Lily se estaba poniendo de un intenso rojo de nuevo—. ¡Dibujaste a Gemma así!
—Gemma es una amiga y-
—¿Y qué?
Altair respiró profundo y se pasó una mano por el cabello. Se veía bastante serio al contestarle.
—Gemma es mayor, las demás chicas que dibujé también son mayores. Tú tienes catorce, Lily.
—¿Qué tiene que ver mi edad con esto?
—Que no voy a dibujar a una niña de catorce años de la forma en que me estás pidiendo —replicó Altair—, mucho menos a una que es como mi hermanita. No creo que entiendas que se necesita cierta madurez para algo así, y que eres muy peque-
La expresión de Lily, que había sufrido un cambio drástico con la palabra "niña", llegó a un nuevo nivel de horror cuando incluyó el "hermanita".
—¡Pero te estoy dando permiso!
—Sí, y yo te estoy diciendo que no dibujo niñas pequeñas de ese modo. Es espeluznante sólo de pensarlo, y estoy seguro de que ni siquiera debe ser legal-
Harry se acercó justo a tiempo para rodear a Lily con los brazos y que no estallase. Una alarma se encendía en su cabeza y no estaba seguro de qué código era ese, ¿rojo? No, malhumor no. ¿Gris? Lily no se veía decaída. ¿Amarillo? Quizás. ¿Negro? Sí, debía ser negro. Cualquier asunto relacionado a ese tema era código negro.
—Está bien que le digas que no —indicó Ginny, viendo a Altair.
—Claro que está bien —mencionó Harry, frunciéndole el ceño—, no ibas a dibujarla así.
Altair rodó los ojos.
—Por supuesto que no, ni lo consideré.
Mala elección de palabras. Harry retuvo a Lily cuando esta se retorció entre sus brazos. Ginny le pidió que los dejase a solas y se agachó frente a su molesta hija, roja hasta las orejas.
—Lily, cariño-
—¡Papá dijo que un dibujo así era lo mismo que cualquier otro! —espetó de inmediato.
La mirada que Ginny le dirigió prometía que hablarían del tema en cuanto estuviesen solos. Eso era, en lo personal, un código verde. Harry también está en problemas.
—Altair tiene razón al decirte que no, las chicas que ha dibujado son mayores, y se requiere entender ciertas cosas antes-
—Ni que fuera el fin del mundo —resopló Lily—, tú tuviste que estar desnuda frente a papá.
Ginny boqueó por un instante. Harry por un poco más.
—Sí —admitió la bruja, despacio—, tienes razón, pero no a los catorce años, sino después de casarnos.
—No lo creo.
—Lo importante aquí —siguió Ginny, para que no se desviaran—, es que-
—Que Altair prefiere dibujar a Gemma, sí, ya sé —Lily se retorció otra vez, hasta que Harry la soltó, y se restregó los ojos con una mano.
Ginny suspiró y sujetó las manos de su hija.
—Hay ciertas decisiones que deben tomarse siendo un poco mayor de lo que eres ahora, ¿comprendes, cielo? Eres muy madura y muy lista, pero Altair está…—Lo sopesó un instante—. Está respetando eso, y a ti, y tu cuerpo. Y si tú quieres que te dibuje así en unos cuatro años, cuando lo hayas entendido, seguramente te dirá que sí, pero de momento…
Ginny utilizó un silencio disimulado para callar la protesta de Harry.
—Si Altair no te tuviera aprecio —continuó la bruja, apretando las manos de su hija entre las suyas—, eso no le importaría. Pero a los chicos buenos les importan estas cosas, ¿comprendes? Los chicos buenos tienen mucho, mucho cuidado con las chicas, con tratarlas bien, no sobrepasarse, respetarlas.
A Lily se le escapó un débil "ah". Se demoró un rato considerándolo, mientras sus padres tenían una discusión en base a ceños fruncidos y movimientos de cabeza.
—¿Así que no quiere mucho a Gemma? —indagó Lily, vacilante.
—Seguramente no tanto como a ti —contestó Ginny enseguida, con gran solemnidad.
Su hija pareció satisfecha con eso, por ahora.
En cuanto los dejó en la sala, Harry se retiró el silencio y le frunció el ceño a su ex esposa.
—¿Qué es eso de que puede pedírselo de nuevo en unos años? ¿Y lo de…?
Ginny le dio un manotazo en el brazo.
—¡Tú casi lo arruinas! Lily sólo estaba intentando sentirse más especial que esas otras chicas, Harry. Si ella quiere pedírselo cuando sea mayor de edad, será asunto suyo, y no hay nada que podamos hacer al respecto —Se cruzó de brazos—. Al menos él se negó. Estoy tan agradecida de que Astoria y Draco le inculcasen algo de decencia a sus hijos…
Harry se pasó una mano por el brazo y arrugó más el entrecejo.
—Tendrías que haberle dicho que no debería pensar en hacer algo así y que-
—Eso no era lo que necesitaba oír.
—A la mierda lo que necesitaba oír, ¿por qué no le dijiste que a su edad no debería…?
Ginny se palmeó la frente.
—¿Dirías lo mismo si hubiese sido Albus, Harry?
Él boqueó, incrédulo. ¡Pero claro que sí! ¿Por qué Albus querría hacer eso, en primer lugar?
—Albus no- él no habría intentado-
Ginny arqueó una ceja.
—¿Sí? ¿Por qué estás tan seguro de que no?
—Porque Albus- Albus- ¡es Albus!
—Porque Albus no quiere la aprobación, ni sentirse especial para un chico mayor que él, que hace dibujos como esos.
Harry se tardó unos segundos en asimilarlo.
—No.
—Sí, Harry.
—No.
—Sí.
—¡No!
—¡Que sí!
Oh, mierda.
¿Qué era lo que sucedía con sus hijos y su fijación por los Malfoy?
Más tarde, Harry lo confirmó al pasar por la sala. Los Malfoy estaban a punto de irse y Ginny pasaría la noche. Lily estaba sentada en el reposabrazos de un sillón, mientras Altair la dibujaba, con una túnica larga, regalo de Lucius Malfoy.
—…pero no es porque no sea bonita, ¿cierto?
—No —Le contestaba Altair, en tono suave—, no es por eso, Lil.
—¿Por respeto?
—Sí, exacto.
—Pues gracias —Lily jugueteó con las mangas de su túnica por unos instantes—, y, uh, siento lo de, ahm, el pastel y el golpe y…no pienso que seas, eh, un…ya sabes. Me porté mal y, uhm…
—Disculpa aceptada —Altair se permitió soltar una risita—, pero me debes una ración de pastel. Y deberíamos robárselo a James.
Ella se rio y asintió.
Harry se pasó alrededor de cinco minutos enteros lloriqueando esa noche por su reciente descubrimiento. Draco, al otro lado de la cama, leyendo unos informes del laboratorio, no paraba de fruncir el ceño.
—Altair es mejor que muchos chicos de su edad —replicó, un poco a la defensiva. Luego, más suave, agregó:—. Lo superará. Muy pocos siguen sintiendo algo por la persona que querían a los catorce, Harry, no significa que vaya a ser gran cosa. Deja que se tome su tiempo.
Harry paró de lloriquear por unos segundos y rodó sobre el colchón, para quedar de costado.
—¿Cuánto tiempo te tomó a ti superar a la persona que te gustaba a esa edad?
Draco fingió pensárselo, con la pluma en una mano, los lentes de lectura cayendo por la nariz.
—Probablemente yo no sea el mejor ejemplo de eso —reconoció, despacio—, pero te aseguro que lo puede superar.
—¿Qué? —Harry arrugó el entrecejo, confundido— ¿por qué? ¿Cuánto tardaste? ¿Un año, dos? ¿Tres?
Draco soltó una risita y se estiró para besarle la frente.
—Draco, esa no es una respuesta.
—Claro que lo es —contestó su novio, riéndose.
—Pues no la entiendo.
—Qué mal por ti, Potty-Potty.
Harry resopló y se rindió tras un rato y varias protestas. A veces, Draco era imposible de entender, y estaba bien con eso.
Lo rodeó con un brazo, se pegó a su costado, y apoyó la cabeza a medias en su pierna, esperando no incordiarlo en su lectura. Draco colocó la mano sobre su cabeza y lo durmió en unos minutos con las caricias.
Ojalá lo de Lily no demorase tanto como el enamoramiento de Draco, fuese el que fuese este.
Un detrás de escenas de la última conversación:
Harry: YA LO SÉ. Te gustaba Cedric Diggory, ¿verdad?
Draco: …
Harry: no te culpo, era atractivo. Me refiero a que a mí también me gustó un tiempo, no lo noté. Después alguien me mencionó que él me había coqueteado; tampoco lo noté.
Draco: …
Harry: Hermione dice que a veces no noto cosas como esa.
Draco: Hermione tiene razón.
