No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Isabella contesto el teléfono de su oficina al segundo timbre.
―Doctora Isabella Swan, Departamento de Psicología.
―Isabella, ah, eres realmente tú. ― Isabella se puso pálida.
―¿Edward?
―Es muy bueno escuchar tu voz
―¿Cómo me encontraste?
―Garrett te buscó en internet, comprobando las listas de las facultades de las universidades alrededor de Kansas City. No fuiste difícil de encontrar… ― Edward se quedó en silencio por un momento. ― ¿Estás enojada porque llamé?
Isabella no podía mentir y pretender que no se alegraba de oírlo. Estaba preocupada porque fuera tan fácil de encontrar. No se estaba escondiendo de Edward, pero había otro hombre que ella no quería que la encontrara. Nunca.
―No. ― dijo ―No estoy enojada.
―¿Te encontrarás conmigo en algún lado?
―¿Qué? ¿Ahora? ¿Estás en Kansas City?
Él se rió. La respiración de Isabella se detuvo y sus pezones se tensaron. ¿Cómo podía el simple sonido de su risa encenderla así?
―No, yo estoy en Oregón todo el fin de semana. Más fechas del tour. Te enviaré un boleto de avión
―No puedo simplemente dejarlo todo y tomar un vuelo a Oregón.
―¿Por qué no?
―Estoy ocupada, tengo este trabajo, ¿ves? ― Este trabajo que rápidamente se estaba viniendo abajo. Ella alcanzó la carta de la Fundación Nacional De Ciencias y la deslizó en la gaveta del escritorio, no quería ser perturbada por los pensamientos acerca de perder su financiación. No cuando tenía la profunda voz de Edward Cullen en su oído.
―¿No tienes fines de semana libres?
―La mayor parte del tiempo.
―¿Estás trabajando este fin de semana?
―No necesariamente.
―Entonces ¿cuál es el problema?
Ella vaciló. Eh, ¿por qué no? Realmente podría usar un corto descanso de este lugar. Quizás un par de días alejada le aclararían la cabeza y podría comprender que hacer acerca de su actual aprieto.
―Aun no me has enviado el boleto.
―Maldición. ― murmuró Edward.
La desilusión hizo que su corazón callera a sus pies
―¿Que está mal?
―Oh, nada. Estoy fuera del estadio para coger mejor señal y he sido reconocido por un grupo de fans. Mal cálculo. Ahora tengo una dura erección gracias a ti y no puedo correr tan rápido.
―Siempre que sea gracias a mí. ― dijo Isabella riendo. Unas chicas gritaron agudamente en el fondo
―¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Es Máster Cullen!
Isabella se rió.
―¿Pueden esperar solo un minuto? Estoy en el teléfono. ―Edward le dijo a alguien.
―¡Oh Dios mío! ¿Firmarás mis tetas? Por favor. Por favor. ¡Tú eres taaaaan caliente! ¿Dónde está Jazz?
―Siempre quieren a Jazz. ― Le dijo Edward a Isabella. ―Deja que me aleje de estas chicas y te volveré a llamar con la información de tu vuelo.
―De acuerdo.
―Genial.
―Y Edward.
―¿Sí, cariño?
―Hey ― una chica llorona dijo en el fondo ―¿A quién estas llamando cariño? ¿Tienes novia?
Isabella sacudió su cabeza. Ella no sabía cómo él se aguantaba eso.
―También, es genial escuchar tu voz.
―Estoy encantado. ― dijo Edward cuidadosamente. ―Te llamare después.
El colgó e Isabella se sentó en la silla de su oficina. Escuchando la línea muerta hasta que el teléfono empezó a pitarle. Ella colgó. Había pasado casi un mes desde que ellos se habían separado en Des Moines. Ella lo extrañaba y lamentaba no permanecer en contacto con él, aunque no se había dado cuenta de cuánto hasta ese momento. Cuando el teléfono sonó casi una hora después, Isabella todavía estaba mirando al espacio con una estúpida sonrisa en la cara.
―¿Puedes estar en un avión en cuatro horas? ― preguntó Edward.
―¿Cuatro horas? Yo aún estoy en el trabajo.
―Bueno, ya me di cuenta de eso. Llamé a tu numero de trabajo. ― Isabella se rió, no se había reído tanto en… un mes.
―Es jueves. Tengo que trabajar mañana.
―Hazte la enferma.
―¿Hacerme la enferma? ― Ella nunca lo había hecho, ni siquiera cuando lo estaba.
―¿No merezco un día de enfermedad?
―No lo sé, ¿Lo mereces?
Él se rió.
―Te aseguras de no hacerlo fácil para un tipo. Nuestro concierto no es hasta el sábado en la noche, así que pensé que podríamos pasar el día de mañana teniendo un reencuentro.
¿Reencuentro? Sí, Necesitarían al menos un día. Isabella miro vagamente al gigantesco montón de exámenes de sus estudiantes. Ella había estado calificándolos cuando Edward la llamó. Un día de enfermedad no dolería. Podría terminar de calificar para el martes cuando estaban programadas las últimas notas.
―¿A dónde voy a volar?
―Portland. ― Isabella podía escuchar la risa en su voz.
―¿Cuál es el número del vuelo?
―Demonios.
―¿Ahora que está mal?
―Pensé que tenía esa erección bajo control. Resulta que estaba equivocado. ― Isabella soltó una risotada.
―Dios te deseo. ― susurró él. ―Ríete de nuevo.
―No puedo reírme cuando lo intento. ― Sin embargo, volvió a hacerlo porque estaba increíblemente feliz.
―¿Tienes algo para escribir? ― Isabella alcanzó un bolígrafo.
―Sí. ― Ella anotó la información del tiquete electrónico que Edward le dictó. Después de colgar, apagó su computadora y cerró su oficina. Salió y se detuvo en el escritorio de su secretaria. ―Cora, me voy a casa más temprano. No me siento bien.
―¿Estas enferma? ― Las cejas de Cora se levantaron de sorpresa.
―Sí y probablemente no estaré mañana tampoco.
―Qué mal. Espero que te mejores.
―Gracias.
―Oh, aquí está tu correo. ― Gladys le pasó un montón de cartas.
Isabella las metió en su cartera y se dirigió al aeropuerto. No se molestó en empacar equipaje, pues no tenía tiempo. Además, no era como si fuera a necesitar ropa.
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¡Holi! Hoy tendremos maratón de esta historia! Si quieren tener más noticias, no olviden pasarse por mi grupo de FB 'Twilight Over The Moon'. Constantemente estoy subiendo material de mis historias :3
No olviden dejar un comentario.
¡Nos leemos pronto!
