¡Hola, chicos! Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen, pero todo lo que verán en esta historia surgió de mi completa imaginación.
Bueno a comenzar :D
La bendición del Caído.
Capítulo 12
―Vuelve a explicarme por qué diablos llevo alrededor de doce horas sobre este caballo.
―Viajar en dos carruajes hubiera sido demasiado llamativo ―le repetí a Eriol la misma respuesta que le había dado dos horas atrás, mientras ajustaba la capucha que cubría mi cabeza―. Además, sabes que prefiero cabalgar y disfrutar de las vistas.
―Desde luego. Había olvidado que los Li son jinetes consagrados ―ironizó―. Lo llevan en la sangre.
―Puedes ir con las damas, si gustas. No tengo problema.
―Primero muerto que verme como un hombre delicado, mucho menos delante de la señorita Daidoji ―masculló entre dientes.
―Entonces no se queje tanto, señor Hiragizawa ―dije en tono jocoso y dirigí la mirada hacia la lejanía.
Flores blancas era lo único que decoraba el paraje, haciendo que las colinas que bordeaban a Diem brillaran como si de diamantes se tratasen gracias al rocío que en ellas había; de allí el nombre de la ciudad precisamente. Cerré mis ojos por breves instantes, disfrutando de la agradable brisa que soplaba en mi rostro a pesar de estar el sol ya en lo alto y de la capa que me cubría. Ese era un regocijo que no podía obtenerse desde el interior de un carruaje.
Las altas murallas blancas que protegían a la capital de Cerenia podían distinguirse desde nuestra posición, lo cual indicaba que escasos cuarenta minutos nos separaban de nuestro destino.
―Allí hay otra marca ―dijo Eriol, señalando con la cabeza un árbol cercano.
―Eso significa que llegaron a la ciudad sin problemas ―dije, apuntando el camino que se veía al pie de la colina y se dirigía hacia Diem―. Esos sujetos no se arriesgarían a llamar la atención estando tan cerca de su majestad, no de momento.
―Debo admitir que fue una buena idea usar señuelos. ―Asentí a su comentario sin desviar mis ojos del camino.
Con dos horas de anticipación había enviado los carruajes de la familia como anzuelos mientras nosotros nos trasladábamos a caballo, custodiando uno que no portaba blasón alguno en el cual iban Meilin, Layla y sus doncellas. No portábamos estandarte que nos identificara ni mucho menos uniformes, todo con el único objetivo de no llamar la atención.
Si bien la información sobre la recuperación de Mei no se había filtrado, había tomado esa prevención al escuchar los rumores sobre la inseguridad en los caminos en los días previos al ataque, y tras recibir noticias de mis hombres en el sur: todavía no se habían desatado batallas en Zansyr, pero el ambiente que se respiraba más allá de la frontera era de tensa calma. Ellos estaban esperando ser atacados en cualquier momento y ese escenario había coincidido con el asalto a Zhuran.
Algunos podrían considerarlo una mera coincidencia, pero yo no creía en ellas. Algo me decía que El Caído había estado esperando deshacerse de Mei para atacar Zansyr, y por ello no me extrañaría que llegara la noticia en algún momento. ¿Por qué? Tenía varios motivos en mente, unos más probables que otros, y pensaba discutirlos con Xiong y el general Mao en cuanto llegara.
―El mensajero que iba en la comitiva señuelo ya debió entregarle tu carta a su majestad.
―El rey no debe estar muy contento ―suspiré con desgano―. Nunca ha sido de su agrado que llegue de imprevisto.
―Por lo menos calculamos una buena hora para hacerlo ―bromeó él.
Más allá de llegar a una hora adecuada, habíamos decidido salir de Zhuran entrada la noche y no detenernos a dormitar para aprovechar la seguridad que ofrecían los caminos dentro de Terewyll durante la noche. Algo que seguramente había sido difícil para las damas ya que sólo habíamos realizado paradas breves, pero muy necesario porque comprobamos que, superados los límites de mis tierras, la seguridad en las rutas del reino era escasa. Esa era una clara señal de que algo estaba germinando desde la matriz misma de Cerenia, porque esa carencia de hombres en los caminos, no podía deberse al azar. Ya había considerado que el enemigo debía estar en nuestra propia casa… y desgraciadamente mis sueños me lo habían confirmado.
―Excelencia, disculpe la intromisión. ―La fina voz de Sakura Kinomoto me extrajo de mis cavilaciones.
Sonreí para mis adentros y me giré para ver su pequeña cabeza castaña asomada por la ventana del carruaje. A pesar de la expresión serena en su rostro ovalado, su voz y sus expresivos ojos verdes mostraban un deje de molestia y desafío que seguramente se debía al trato cortés que debía mantener en público.
―¿Sucede algo? ―pregunté, tratando de aguantar las ganas de reír.
―Su alteza desea saber cuánto tiempo falta para llegar ―mencionó, intentando en vano suavizar su voz.
Alcé la comisura izquierda de mi boca y señalé con mi cabeza hacia el frente.
―Dígale que alrededor de media hora, ya se ve la ciudad a lo lejos.
Al escuchar mi respuesta, ella realizó una inclinación de cabeza algo tosca antes de cerrar la ventana. No pude seguir resistiendo y me reí por lo bajo.
―La señorita Sakura parece estar haciendo un gran esfuerzo para adaptarse a su nuevo rol, ¿no te parece? ―musitó Eriol, acercando su caballo.
―Se ha resignado más bien ―aclaré en medio de mi risa.
―Y tú estás más risueño con ella desde lo que pasó en la sala de música, debo acotar. ―No respondí a su puya, pero tampoco borré mi gesto―. Está bien, no respondas, pero esa sonrisa de demonio me dice que tú estuviste detrás de todo esto.
Tampoco respondí porque no era necesario. Tenía motivos para mantenerla cerca de mí y él lo sabía, pero también debía admitir que inconscientemente había bajado un poco mis defensas con ella y eso se debía a la empatía que sentí cuando me contó su verdad, porque por primera vez había podido reconocer en otra persona esa soledad de la cual yo era víctima por mi maldición… Y su música me lo había confirmado.
Cerré mis ojos por unos segundos y pude escuchar en mi cabeza tan extraordinaria y preciosa melodía, llena de tanto vigor y sentimiento que… conmovía. Su forma de tocar el violín era inefable; tenía un don para transmitir sus emociones de tal forma que erizaba la piel y gracias a ello había podido descubrir mucho más de Sakura Kinomoto: su miedo, su dolor, su incertidumbre… pero también había podido ver sus anhelos, su amor por la música y su pasión por la vida. Ella se entregaba al violín sin reservas cuando tocaba y gracias a eso había podido ver el alma de una mujer fuerte que no se dejaba amainar por las adversidades… Era algo apreciable y digno de admiración, aunque no se lo hubiera dicho en rigor de mantener esa picara rivalidad que me entretenía.
«Sus ojos cambian de color cuando está molesta», pensé con travesura.
―Por cierto, ahora que lo pienso un poco… ―retomó, sacándome de mis pensamientos―. No sé si sorprenderme por la oportunidad que también le diste al capitán Han ―cabeceó al frente, donde el hombre guiaba la comitiva―. ¿Por qué lo hiciste?
―Sólo una persona íntegra y leal es capaz de entregarse por sí mismo para soportar un interrogatorio repetitivo y la privación de sueño y comodidades ―dije, sorprendiéndolo.
―¿Entonces por qué lo mantuviste tanto tiempo encerrado?
―Simple confirmación.
―En verdad eres un demonio y no te da vergüenza admitirlo ―se rio―. Te gusta manipular a las personas.
―No se trata de manipular sino más bien de prevenir ―dije, soltando un suspiro―. Ya se demostró que el enemigo tiene ojos y oídos en todos lados, incluso dentro del círculo interno de Xiong. ―Eriol asintió a mi comentario―. Además, el capitán se ganó el mérito de la duda al ayudarnos a conseguir un nombre con el cual comenzar nuestras averiguaciones ―dije, recordando lo que hombre había logrado obtener tras usar su bendición. En apariencia, estábamos del mismo lado, pero eso no quería decir que confiaba completamente en él.
―Los días en Diem serán en extremo interesantes.
―Y espero estés preparado para ello ―indiqué y enseguida entornó sus ojos.
―Esa ha sido una ofensa, excelencia ―mencionó―. No hay actividad más regocijante para las personas sin título que hablar mal de los grandes señores.
―Espero ese no sea el caso de mi secretario.
―Oh que va, mi señor. Mi lealtad es pura y sincera ―dijo, riendo.
Con una sonrisa serena, negué con la cabeza; ese carácter agradable que mi amigo ostentaba le sería útil para su misión.
Tanto Layla como Eriol tenían la tarea de ser mis ojos y oídos en los lugares donde yo no podía llegar debido a mi posición, ya que precisamente en esos círculos se movían las informaciones más… jugosas, por así decirlo. Eso nos serviría para adaptar en los primeros días nuestros planes a la situación real dentro y en los alrededores del palacio.
Yo, por mi lado, debía incorporarme al parlamento como representante de Terewyll, el ducado con mayor poder en Cerenia, y de esa forma podría rondar a nuestra nueva presa: el marqués de Rygore, Zhou Wong. El noble era un hombre de carácter integro, según se sabía, pero gracias a la bendición de Zhao Han sabíamos que él había estado detrás de la selección de los traidores. Averiguar por qué y a quién servía el "honorable" marqués, sería mi meta principal.
Y también debía poner a mi primo al corriente de nuestros descubrimientos, porque sería su deber contener a los traidores y obligarlos a salir de sus escondites al presionarlos, mientras nosotros ideábamos las propuestas de defensa del reino para evitar, dentro de lo posible, la guerra.
No sería sencillo, por los dioses que no lo sería, pero ya iba siendo hora de mostrar nuestra entereza, especialmente Xiong. Los traidores no nos darían paz, forzarían desde las sombras para que El Caído se saliera con la suya, fuera cual fuera su meta, y no podíamos permitirlo bajo ninguna circunstancia.
De nosotros dependía la paz de nuestro pueblo, por no decir que del continente entero.
Llegando al pie de la colina nos internamos en la ruta principal hacia Diem que no tenía tanto movimiento como yo había esperado, pero sí rebosaba de seguridad.
Había hombres apostados a ambos lados del camino que nos miraban con cierto recelo y curiosidad, quizás pensando que trasladábamos los bienes de algún mercader. Después de todo, el carruaje estaba siendo resguardado por siete hombres, sin contar a Layla que iba en el interior.
A lo lejos divisé un grupo particular que cabalgaba en nuestra dirección, y era comandado por un hombre que portaba un uniforme diferente al resto. Las hombreras plateadas destacaban sobre su uniforme celeste que relucía con los ornamentos dorados: se trataba de un miembro de la guardia real de su majestad.
El capitán Han alzó su mano para que la comitiva se detuviera de inmediato cuando el grupo nos impidió el avance.
―Identificación ―ordenó el guardia con voz fuerte y tajante.
―Creo que no podremos mantener el bajo perfil como queríamos ―susurró Eriol a mi lado.
Solté un suspiro pesado y asentí, podría asegurar que esos hombres venían en nombre de Xiong, a pesar de haberle pedido encarecidamente en mi carta que aguardara a nuestra llegada a palacio para no llamar la atención.
―Vamos Arian. ―Espoleé suavemente a mi compañera para avanzar.
Estando frente a ellos, me retiré la capucha que cubría mi cabeza y mostré el anillo que relucía en mi dedo meñique, eso fue suficiente para que los guardias me reconocieran. Levantaron su mano derecha y la colocaron sobre su pecho echa puño, para luego inclinar su cabeza ante mí.
―Estábamos esperando su llegada, coronel. Sean bienvenidos.
―¿Por qué el despliegue de los hombres en la ruta principal? ―exigí saber.
―Su majestad está esperando por ustedes ―evadió mi pregunta. Eso significaba que no estaba autorizado para suministrarme información.
Tras un breve momento de silencio, di mi consentimiento, después de todo, debía ser una orden de su majestad.
―Guie usted el camino.
El joven inclinó nuevamente su cabeza y enseguida le dio órdenes a sus hombres para que rodearan la comitiva. A partir de ese punto, ellos marcarían nuestro paso.
―Algo debió pasar ―susurró el capitán Han―. No es normal la cantidad de hombres en el camino.
―Esperemos que sólo se trate de una medida preventiva ―le dije, aunque ni yo mismo lo creía.
Alcé la vista justo cuando las colosales estatuas que custodiaban la entrada se vieron en la distancia. Eran aquellos predecesores de la familia Li que habían dado sus vidas por el reino, y mi padre estaba entre ellos por órdenes de su hermano, y que terminó de materializar Xiong cuando ascendió al trono cuatro años atrás por la muerte de mi tío.
Aquella enorme estructura que poseía un rostro templado y sabio, despertó en mí la nostalgia, avivando los recuerdos de las veces que había visitado la ciudad en su compañía a lo largo de mi vida.
«Nuestro deber y responsabilidad con el pueblo siempre estarán por encima de cualquier beneficio personal, Shaoran. Nunca lo olvides», escuché su voz fresca en mi cabeza. Para Hien Li había sido un honor servir al pueblo y se había esmerado en transmitirme esa enseñanza; por eso estaba yo allí. Para proteger a mi familia y a mi nación.
Al traspasar los colosos, me sorprendió en sobremanera ver grandes telares blancos colgados en los postes que alumbraban las calles en las noches. No importaba cuánto avanzara ni hacia donde mirara, el blanco lúgubre se extendía por todos los rincones de la ciudad, dándole un toque casi fantasmagórico al moverse los mantos con el viento. Fruncí mi ceño, ¿por qué estaba Diem de luto?
Poco a poco fuimos dejando atrás las zonas residenciales y comerciales que, extrañamente, no tenían vida, y nos dirigimos hacia el gran puente que separaba la ciudad del palacio, pasando por encima del potente río que atravesaba la capital. De los grandes pilares también colgaban telas blancas, pero a diferencia de las que se extendían por toda la ciudad, esas… tenían un símbolo en dorado.
Apreté las riendas con fuerza tratando de calmar en vano el tiritar de mis manos. Frío, eso era lo que sentía, una sensación gélida que me recorría el cuerpo y embotaba mis sentidos. ¿Qué demonios significaba todo esto? Volví a alzar la mirada con la esperanza de que mi vista hubiera fallado, pero no… allí resaltaba contra el blanco de la muerte el emblema de la familia Li.
¿Podría ser que Xiong creyera que Mei estaba muerta? ¿Le habría llegado tal noticia a mi primo a pesar de mis esfuerzos por retener toda información?... ¿O habría pasado algo más?
Mascullando una maldición, espoleé a Arian y a todo galope atravesé el grupo de guardias reales que guiaban nuestro camino, sin reparar en las voces que me llamaban. Traspasé la entrada del palacio que se elevaba imponente ante mí y sólo cuando divisé la gran escalinata principal, halé las riendas de mi compañera para que frenara su trote. Bajé de ella, mirando en todas direcciones. Eso era más extraño aún… el protocolo exigía que mi primo estuviera allí para darnos la bienvenida, pero no había rastros de él. Las campanas de alarma resonaron en mi cabeza… ¿Acaso Xiong…?
―Tan impaciente como siempre, Shaoran ―escuché decir a mi derecha. Fue una voz que reconocí de inmediato.
Al girarme, me encontré con unos ojos azules que me observaban desde un lado de la escalinata. Apoyado en el pasamanos de marfil, estaba un hombre de complexión fuerte que era incluso más alto que yo. Era el padre de Layla, Sheng Mao, conocido entre los militares como el Gran Búfalo de Rhuddem por su poderosa bendición: daerlem, un grandioso y poderoso místico de la tierra.
―General ―saludé y presenté mis respetos ante mi antiguo maestro.
Una sonrisa orgullosa se plasmó en su rostro, haciendo que las pocas arrugas en sus ojos se marcaran aún más. La ventisca que soplaba a nuestro alrededor revolvió su largo cabello rojizo que mostraba ya algunos vestigios de la edad, ese color vivo que era una característica típica de la familia Mao.
―Es un gusto verte, muchacho ―dijo, enderezándose en toda su estatura―. Aunque te esperaba hace días.
―¿Qué ha pasado?
―Será su majestad quien te informe, es su derecho ―dijo, palmeando mi espalda―. Además, allí vienen los demás y estoy seguro que ellos querrán saber también.
Por un breve instante temí que mi primo hubiera resultado víctima de algún ataque, así que escuchar las palabras de mi maestro fueron como un pequeño bálsamo, aunque no aclaraba a qué se debía el duelo en la ciudad.
El carruaje se detuvo frente a la escalinata y sin esperar a que alguien abriera la puerta, Meilin bajó por su cuenta mirando todo a su alrededor. Su doncella, Tomoyo, inmediatamente descendió tras ella y le habló en voz baja, pero mi prima hizo caso omiso. Su ceño arrugado y el ligero temblor de sus labios, reflejaban su preocupación.
―¿Dónde está mi hermano?
―No se preocupe, mi princesa, su majestad está esperando en el interior del palacio ―respondió el general, haciendo una reverencia ante ella.
Meilin estiró su espalda y miró con firmeza al general.
―Exijo saber a qué se debe el luto ―expresó en tono solemne.
―La guiaré hacia nuestro rey y será él quien les explique la situación actual del reino. ―Hizo un ademán para que le siguiéramos escaleras arriba.
Evidenciando las intenciones que tenía mi prima de discutir, tendí mi mano hacia ella en una invitación silenciosa a hacer lo que se nos pedía. Mei mordió su labio inferior y frunció su ceño, mostrando inconformidad, pero aun así tomó mi mano; la suya estaba helada.
Miré sobre mi hombro en busca de Eriol, pero en el trayecto mis ojos hicieron contacto con unos verdes que me observaban con fijeza y preocupación; no había pensado en ella debido a la conmoción. Con disimulo, cabeceé en dirección a la otra doncella y volví a mirarla, ella pareció captar mi mensaje porque la vi asentir y caminar hacia Tomoyo.
―Eriol.
―Sí, excelencia ―se acercó.
―Ayuda a las doncellas de su alteza a instalarse, estoy seguro que no será una tarea incómoda para ti ―ordené, sin dejar de mirar a la chica.
―Cuente con ello.
Me acerqué un poco más y lo siguiente se lo dije en un susurro:
―Y dile a la florecilla que no llame la atención… la buscaré cuando sea apropiado. ―Él asintió.
―General. ―La voz de Layla se alzó y me hizo desviar la mirada de la joven.
―He escuchado que se le ha asignado una gran misión, espero esté cumpliendo con ella a cabalidad, capitana Mao ―dijo en voz solemne, pero después de verla asentir y presentar el saludo militar, sonrió―. Ahora, como tu padre, quiero decir que me hace feliz verte, hija.
―Lo mismo digo, padre ―dijo ella, inclinando su cabeza.
―Bien, no hagamos esperar a su majestad ―dijo, mirándonos a nosotros dos―. Por favor, síganme.
―No entiendo nada, Shao… ―El susurró trémulo de Mei reclamó mi atención.
―Tranquila, Xiong por lo visto está bien… ―Palmeé su mano suavemente y la insté a caminar.
Juntos comenzamos a ascender por las escaleras siguiendo al general y al llegar a la cima, nos internamos en los pasillos que estaban tan resguardados como la ciudad y sus alrededores. Los ruidos habituales del palacio parecían haberse extinguido y sólo podíamos escuchar el eco de nuestros pasos y el sonido de nuestras respiraciones.
La puerta del despacho del rey se asomó poco después, entonces… la reunión que tendríamos sería a puertas cerradas, lejos de los ojos y oídos del Consejo y posibles traidores.
Perfecto.
El general Mao hizo un ademán a los guardias para que abrieran las puertas ornamentadas para nosotros; la mano de Meilin comenzó a temblar, así que le di un ligero apretón para infundirle calma. Sus labios se estiraron en una sonrisa nerviosa y volvió su mirada al frente justo en el momento que ingresamos a al despacho; la puerta se cerró tras nosotros.
Busqué por toda la estancia a mi primo, evidenciando que el lugar estaba tal cual lo recordaba. En las paredes estaban apoyadas varias estanterías de libros que eran de consulta exclusiva del monarca de Cerenia y un gran escritorio de roble estaba en el fondo; varios textos estaban apilados sobre él. Mis ojos fueron hacia el escudo real que reposaba sobre la chimenea de mármol blanco, reluciente, poderoso, orgulloso; muy parecido al de mi ducado con la única diferencia que este poseía una corona dorada encima del blasón… y justo debajo de él estaba Xiong... vestido completamente de blanco.
Ambos hermanos se parecían mucho en físico, gozaban de una cabellera negra y lisa, aunque mi primo solía llevarla recogida en una cola ladeada. Los rasgos de su rostro siempre habían sido delicados, pero por alguna razón lucían rígidos en ese momento, a pesar de mostrar una pequeña sonrisa que no llegaba a sus ojos granate.
Sin decir una palabra, el rey caminó hacia nosotros y rompiendo con la formalidad, estiró sus brazos y envolvió a su hermana menor en un abrazo fuerte.
―No saben… la alegría y el alivio que siento al tenerlos aquí conmigo ―dijo en voz acongojada.
―Hermano… ―Xiong la separó de él y dejó en su frente un beso que silenció sus palabras.
―Quiero pedirle perdón por no haber enviado noticias desde Zhuran, majestad ―me disculpé de inmediato, bajando mi cabeza.
―Cuando conoces muy bien a una persona como yo te conozco a ti, primo, eres capaz de entender hasta sus silencios ―dijo, mostrando una débil sonrisa―. Aunque no me lo dijeras, sabía que estaban bien… Eso fue lo único que me permitió mantener la cordura estos días.
―¿Qué ocurrió? ―pregunté.
El rey caminó hacia uno de los muebles y se dejó caer en él, cubriéndose el rostro con sus manos. El general nos pidió que hiciéramos lo mismo, eso significaba que lo que nos diría no sería fácil de digerir.
―Según tu mensaje, el ataque a Zhuran fue perpetrado hace once días ―dijo mi primo, mirándome. Cabeceé una respuesta afirmativa para él―. Ese mismo día… Koentry fue atacada.
―¿La mansión del…? ―Xiong asintió, interrumpiendo mis palabras.
―El marqués de Daeth fue asesinado esa noche… ―reveló y alzó su mirada al techo para ocultar sus lágrimas.
―Oh, por los dioses… ¿Y la reina? ―escuché preguntar a Mei con voz ahogada.
―Mi esposa… la mujer que amé desde niño… ¿Recuerdas, Shaoran, cuando corríamos juntos por los prados de Zhuran? ―Bajó su cabeza y sumergió sus dedos entre sus cabellos negros―. Koentry ardió en llamas… no hubo sobrevivientes ―dijo con voz ahogada.
Meilin ahogó un grito con sus manos y tuve que sujetarla cuando su cuerpo cedió hacia el frente, aunque yo no estaba mejor que ella. No podía creerlo… no podía.
Ziyi.
Mi cuerpo entero temblaba, la tensión en mi mandíbula era tal que sentía mis dientes crujir y todo fue peor cuando irremediablemente se coló en mi mente su dulce sonrisa que había sido siempre como una ventisca delicada, radiante… gentil.
Una mujer de una belleza sin igual que se había ganado el amor de mi primo cuando éramos tan sólo unos niños y jugábamos juntos como él había dicho. Sus ojos verdes como el prado más puro y que siempre había derrochado una amabilidad infinita… ya no… Por los dioses, me negaba a que eso fuera real. No podía… serlo. ¡No podía!
―El administrador del marqués fue quien se apersonó en el lugar al día siguiente y ordenó las investigaciones ―continuó el general―. Su reporte llegó cuatro días después del incidente.
―¿Existe alguna posibilidad de que ella siga con vida? Quizás escapó o se la llevaron… ―dijo Mei, pero nuestras esperanzas se fueron a pique al verlo negar con su cabeza.
La mansión había ardido hasta sus cimientos, pero… los malnacidos sacaron del fuego dos cuerpos para que no fueran consumidos, Ziyi y su padre. El general no quiso entrar en detalles con respecto a cómo fueron encontrados, tal vez por consideración a Mei… pero al desviar la mirada hacia mi primo, me encontré con una expresión llena de tormento. Él sí conocía los pormenores y debían ser atroces.
Dioses.
―Sus cuerpos llegaron al sexto día y se realizaron los actos fúnebres inmediatamente ―continuó el militar―. Es por eso que la ciudad aún está vestida de blanco.
―Querrá usted decir "de muerte", general ―corrigió mi primo con voz contenida―. Ese desgraciado quiso arrebatármelo todo… ¡Todo! Y por poco lo logra… si no hubiera sido por ti, primo.
Apreté mis puños hasta sentirlos temblar, pues ese mérito no me pertenecía, pero no podía contradecirlo sin poner en riesgo a la verdadera heroína. La chica que por fortuna o destino había llegado a Zhuran, y nos había salvado la vida al dar la alarma y usar su bendición, exponiéndose a sí misma.
Viendo la importancia de su acción, más que nunca debía retribuírselo. Iba más allá de mi honor, ¡debía ayudarla y protegerla!
―El general me pidió esperar hasta que ustedes llegaran a Diem, porque ambos estábamos seguros que Zhuran seguía en pie ―expresó, levantándose, y nosotros con él―. Eres la persona en quién más confió, primo… Tú sabes lo que Ziyi significaba… significa para mí… Ella merece ser vengada.
―Xiong…
―¡No, Meilin! ¡Es hora de mostrar el poder de Cerenia y de los Li! ―dijo, posando su mano en mi hombro―. Su objetivo era arrebatarme a mi familia para debilitarme. De esa forma le sería más sencillo hacerse con mi corona, pero no voy a permitirlo. El dolor y la sed de venganza me han fortalecido… Acabaremos con él.
―Estoy a su disposición, majestad ―dije, inclinando mi cabeza ante él en honor a Ziyi.
―Contigo de mi lado… sé que podremos con esto. ―Me dio un ligero apretón―. Bueno, su viaje ha sido largo y las noticias no fueron las mejores, vayan a descansar. Ordené que prepararan sus aposentos apenas leí tu carta y no acepto un no como respuesta: te quedarás en el palacio, primo.
Asentí sin siquiera pensar en rebatirle su decisión. En tal situación, la familia debía estar unida.
Meilin sin poder resistirse más, abrazó a su hermano y se permitió liberar algunos sollozos. La tragedia nos había golpeado de la peor manera y no podía evitar sentir culpabilidad… Esa sensación de que quizás pude haber hecho algo para evitarle tan trágico final a nuestra querida amiga de la infancia, no dejaba de atormentarme.
―Te amo, hermano.
―Y yo a ti, querida… Tú y Shaoran… son todo lo que me queda ahora. ―Xiong limpió las lágrimas de su hermana manteniendo una melancólica sonrisa.
Meilin asintió y se acercó a mí para también darme un abrazo en busca de apoyo, uno que no podría negarle jamás. Dejé un beso en su frente y la observé salir del despacho con un andar que reflejaba su congoja. Antes de cerrarse la puerta, vi que era abordada por Layla y el capitán Han, y mi amiga no dudo en abrazarla cuando mi dulce prima se desmoronó delante de ellos.
La muerte… eso era lo que traía la guerra consigo y debíamos evitarla a toda costa.
―¿Cuándo se retomarán las sesiones del Consejo de Guerra? ―pregunté, volviendo a mirar a mi primo.
―Sabes que el luto debería durar un mes, pero dadas las circunstancias… las actividades se retomarán en once días ―respondió.
―Antes de esa reunión debemos discutir algunas cosas, de preferencia nosotros tres ―dije. Mi intención había sido hablar con ellos de mis sospechas de una vez, pero después de tales noticias… no creía que los ánimos estuvieran para ello.
―¿Traes reportes del sur? ―preguntó con interés el general.
―Son más bien conjeturas que están tomando mayor fuerza ―dije―. Sospecho que los ataques a Mei y a la reina van más allá de hacerte vulnerable, sentimentalmente hablando.
―¿A qué te refieres? ―preguntó mi primo.
―Aislamiento, ese es el objetivo.
―La alianza… ―Asentí―. Mañana a primera hora nos reuniremos aquí mismo. Esa coalición es lo único que nos podría dar ventaja y no podemos perderla.
Estando en un escenario tan complejo, yo ya la daba por perdida y por eso había comenzado a trazar la posibilidad de aliarnos con alguien más, un reino de mayor tamaño y poder que estaba tan amenazado como nosotros. Era una idea que había estado dando vueltas en mi cabeza en los últimos días y después de un sueño que había tenido, me había decidido a proponerla y lo haría. Era nuestra única opción.
Estando en los aposentos que Xiong había dispuesto para mí, recapitulé todo lo ocurrido. El general me había comentado de camino que muchos creían que El Caído atacaba reinos pequeños porque no tenía el suficiente poder para hacernos frente, pero tanto él como yo lo veíamos como una partida de ajedrez: él sólo estaba colocando sus fichas en la posición adecuada para ponernos en jaque.
―Jamás me esperé que la reina fuera asesinada ―dijo Eriol a mi espalda―. Ni siquiera usando mi bendición.
―Gozamos de dones, pero no somos omnipotentes, amigo ―dije, soltando un suspiro―. Ha sido un golpe fuerte para Xiong, pero el mismo dolor se ha convertido en su fortaleza para afrontar al Caído.
―¿Le hablaste de nuestras sospechas? ¿Del marqués de Rygore?
Negué con mi cabeza.
―No lo creí adecuado… sólo le asomé el peligro que corría la alianza y quedamos en reunirnos mañana a primera hora. ―Me giré y lo miré―. Con lo que ahora sabes, ¿qué probabilidades hay de que mi hipótesis sea correcta?
Eriol cerró sus ojos para activar su bendición y al abrirlos nuevamente brillaban, entonces me dio su respuesta: el ataque a Zansyr era inminente y Sion no se aliaría con nosotros, me dio seguridad de ello, pero no debíamos caer en la desesperación. Ese contexto sólo nos preparaba para el siguiente paso.
Una alianza con el país del fuego: Arcana.
―La Sakura de tus sueños fue bastante acertada ―dijo, cerrando sus ojos―. "Busca el poder del fuego".
Asentí. Los sueños no se habían detenido y cada vez se hacían más intensos, al punto de sentir en mi piel todo lo que ocurría. Eran tan vívidos que podía recordar los detalles aun estando despierto… Pero ese último había sido tan explícito que me asustaba.
En él había estado rodeado de una densa oscuridad, justo como había ocurrido en el primero. La desesperación me ahogaba, una gélida sensación me recorría el cuerpo cual serpiente, y cuando sentía que no podía más, la joven se presentaba ante mí completamente vestida de blanco. Su cuerpo irradiaba una hermosa luz del mismo color, justo como cuando usó su bendición para salvar a Mei, y sus ojos me habían observado con tanta emoción que me hizo sentir sobrecogido por un momento. Ella extendía su mano hacia mí y, sin dudarlo, la recibía entre mis brazos, fundiéndonos en un abrazo profundo y reparador, que me llenaba de esperanza entre tanta penumbra. Por último, se alzaba en sus puntillas y me hablaba al oído, diciéndome que el enemigo estaba más cerca de lo que pensaba, pero que no sucumbiera a la desesperación entre la muerte, y finalizaba nuestro encuentro con la frase que había dicho Eriol, antes de desaparecer de mis brazos.
Al despertar, no me quedaron dudas: ese era un mensaje que confirmaba lo que había estado pensando y debíamos prepararnos para ello.
―La señorita Sakura no parece estar enterada de nada de esto ―dijo, extrayéndome de mis recuerdos―. Si yo soñara recurrentemente que un hombre acabará con mi vida, lo evitaría como la peste, pero contrario a eso, ella parece confiar plenamente en ti o eso fue lo que percibí cuando hablé con ella.
―De los tres, sólo uno refleja su muerte.
―Pero en todos te recuerda que debes cumplir con tu deber, y ¿adivina cuál es, mi pequeño saltamontes? ―ironizó.
―Eso no ocurrirá.
―No lo sabemos ―dijo, suspirando―. Pero de lo que sí no hay duda es que ella está o estará relacionada con todo esto de algún modo. Figurativa o literalmente. Así que debes moverte rápido si quieres mantenerla a salvo.
Que uno de ellos pareciera cumplirse fielmente no me daba muchas esperanzas, pero debía existir alguna forma de evitar que el primero se hiciera realidad, aunque la Sakura Kinomoto de mis sueños se empecinara en recordármelo como había dicho Eriol.
Así que, tomándole la palabra, me dirigí hacia el pequeño escritorio que reposaba a un lado de la ventana para ocupar un pergamino. Con la pluma, redacté un breve mensaje para aquel erudito que podría ayudarnos a dilucidar mucho mejor la situación, siendo lo más puntual posible y usando las palabras adecuadas para despertar su interés y me permitiera visitarle en los próximos días. Él no era un noble y por ello no tendría por qué pedir su permiso para visitarle más que por mera cortesía, pero todos sabíamos que Clow Reed era un hombre excéntrico y no iba a arriesgarme.
Seguiría sus reglas, como siempre lo había hecho.
―Le llevaras esto a Clow mañana a primera hora, no envíes mensajero ―le dije, colocando la cera sobre el sobre y después presioné mi sello para cerrarlo.
―¿Le consultaras sobre tus sueños?
Asentí.
―Entrégasela en sus manos o a su esposa ―dije―. Y esperas la respuesta, por favor, no confío en nadie más.
―De acuerdo.
―Debe tener más conocimientos que nosotros sobre los favoritos del sueño y la veracidad de sus visiones.
―Que sea catalogado como uno de los diez eruditos más grandes del continente no debe ser en vano ―dijo y era cierto.
Cuando mi poder se manifestó por primera vez, mis padres no dudaron en contactar a su gran amigo porque confiaban en que él daría con la respuesta y sería discreto… ya que no se sabía mucho de mi bendición en aquel tiempo por lo que ese oscuro poder involucraba.
"Tu bendición es maravillosa en verdad", fue lo que me dijo cuándo me conoció hace tantos años, aunque yo no pensara igual que el gran erudito.
Después de un largo tiempo que estuve encerrado mientras él realizaba su investigación, dio con la respuesta que mis padres y yo ansiábamos: la forma de controlar mi poder para mantenerlo oculto. Había sido gracias a él que había podido sobrevivir hasta ese momento y por ello confiaba tanto en el hombre, porque a pesar de tener mi vida literalmente en sus manos, Clow jamás había intentado revelar mi secreto, aunque eso significará un gran logro para él como erudito.
Sabía que me ayudaría a comprender mis sueños y también le brindaría su apoyo a Sakura Kinomoto. Si era lo que yo sospechaba… la contraparte de mi bendición, él le ayudaría a controlar su poder como había hecho conmigo y quizás podría darle algún indicio de cómo volver a su mundo, antes de tener que cumplir con la maldita promesa que le hice a su alter ego que me tentaba en sueños… así como lo estaba comenzando a hacer ella en la realidad.
Demonios… ¿qué me estaba haciendo esa mujer?
¡Hola, chicos! Aquí tienen el capítulo doce de esta aventura :D Hemos llegado a Diem y nos encontramos con una noticia terrible: El Caído ha cobrado la vida de la reina y con eso le ha dado una estocada a la familia Li, pero nuestro duque ha sabido mantenerse en pie y le ha tendido su mano a su primo que atraviesa tan atroz experiencia. Diem nos presentará un cambio de escenario importante y ya vimos que tendremos a Clow muy pronto para que nos explique muchas cosas :D Pero ¿cómo afrontarán los Li la osadía del Caído? ¿Cobrarán venganza? ¿Cómo podrá Shaoran ayudar a Sakura con tanto problema encima? ¿Y cómo podrán verse o interactuar estando en tal escenario? ¿Seguirán siendo confidentes? ¿Habrá romance? Obvio que sí xD Es lo único que diré y pronto veremos estos avances en los siguientes capítulos ;)
Muchas gracias a todos los que me han dejado sus valiosos comentarios, porque me muestran cuanto disfrutan de la lectura y espero que este capítulo haya sido de su agrado. Es un contexto triste, pero que marca un punto de inflexión para los Li contra su enemigo.
Y nuevamente, les agradezco a mis lectores cero Pepsipez y WonderGrinch que me prestaron sus ojitos para la revisión y por sus comentarios oportunos :D
Espero sus opiniones acerca de este capítulo, estaré encantada de leerlas y contestarlas como siempre. ¿Seguimos juntos en esta aventura? Espero que sí porque ahora se viene el arte de la guerra y del romance: literalmente.
Les recuerdo que todos los miércoles dejo adelantos en mi página de Facebook, así que pasen por allí para estar enterados de esto y mucho más :D
Nos leemos en el siguiente.
Un beso para todos y mucho ánimo chicos,
CherryLeeUp.
