Epílogo
Sasusaku Obitema DanTsu SuiKarin
Seis meses después, el 18 de junio, a las doce y media de la mañana, el sol escocés brillaba alegre para celebrar una boda.
Eilean Donan, engalanado para la ocasión, estaba espléndido, mientras los invitados se arremolinaban en la pequeña capilla del castillo para compartir la alegría de los contrayentes.
Los novios, elegantísimos, acababan de intercambiar los anillos y decir sus emocionados votos matrimoniales, por lo que el párroco terminó:
—Por el poder que me otorga la Santa Madre Iglesia, yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
—Por fin eres mi esposa.
—No lo dudes y bésame.
Sin esperar un segundo más, el nervioso novio se lanzó sobre su preciosa mujer, que, para delicia de todos, lo acogió con pasión, mientras Lexie, que llevaba las arras y estaba preciosa con su vestido rosa de tul, se tapaba los ojos al ver el tórrido beso.
La salida de la capilla fue triunfal. Todo el mundo echó arroz para felicitar a los novios.
—Están guapísimos —comentó una Temari sonriente mirándolos desde lejos con cariño.
—Tú sí que estás guapa, española —repuso Óbito, y la abrazó haciéndola reír.
—Por favor..., por favor —señaló Deidara a su lado, emocionado al ver a la pareja disfrutar entre el gentío—. ¡Qué guapa y elegante está la novia!
—El traje es de Christian Lacroix —señaló Sakura junto a Deidara. Ella misma lo había elegido.
Había cambiado mucho, pero no tanto como para no seguir adorando la ropa cara.
—Pero ¿ese tipo no hace relojes? —inquirió Temari.
—Venga, venga... —exclamó Dan, que huyó de entre la multitud y llegó hasta sus nuevas hijas—. Hagamos una foto de familia.
—¡Cariño! —llamó Sakura a Sasuke, que saludaba a unos amigos—. Vamos a hacernos una foto.
—Come here, Sasuke! —gritó Tsuna, que también había llegado hasta ellos, deslumbrante con su traje de novia francés. Se agarró del brazo de Dan y preguntó—: ¿Lo he dicho bien?
Su marido le sonrió.
—Pero, hermosa, ¿desde cuándo hablas inglés? —preguntó la señora Mei. La mujer había viajado a Escocia junto a otros vecinos para asistir a la boda, aunque había decidido dejar las cenizas de don Ao en casa, no fuera que se las perdieran.
—Estoy dando clases —explicó Tsunade y, agarrando a Óbito, añadió—: Quiero poder hablar con mis futuros yernos y que me entiendan. Óbito también está aprendiendo español, ¿verdad?
—Oh, sí —aseguró él sin saber qué más decir.
—Hermosa, ¡qué bien! —aplaudió la señora Mei—. Eso es maravilloso.
—Di algo en español, cariño —lo animó Temari.
—«Gilipollas», «Eh, tú, cabrón», «Mierda»... —soltó Óbito con una carcajada.
—¡Por todos los santos! —bufó la vecina—. Pero ¿qué le enseñas a este hombre?
—¡Oh, Dios mío! —exclamó Tsunade mirando a su hija—. ¡Temari, eres una sinvergüenza!
—Y ¿ahora te das cuenta? —preguntó Deidara, tan muerto de risa como ellos, mientras los colocaba para la foto.
Se hicieron cientos de fotografías hasta que finalmente Ko animó a la novia para que lanzase el ramo.
—Voy a tirar el ramo —anunció la novia en español mirando a sus hijas—. ¡Eh, chatungas! A ver si lo cogéis y dejáis de vivir en pecado.
—Me encanta pecar —murmuró Sakura guiñándole un ojo a Sasuke.
—Vamos, mamá —la animó Temari—. ¡Tíralo!
—¡Diane Lane! —gritó Deidara—. Tíramelo a mí, que ya he encontrado novio.
—Pero bueno, y ¿quién es ese chulazo con más fibra que el kiwi? —señaló Temari refiriéndose a un enorme nórdico que no se separaba de Deidara.
—Mi novio Olaf —respondió él sonriendo al ver cómo lo miraban—. ¡Es vikingo! ¿A que es mono?
—Ufff... —silbó Sakura al verlo—. ¡Madre del amor hermoso!
Tras decir eso, miró a Sasuke, que levantó una ceja y esbozó una sonrisa.
—¡Chatungas! —volvió a gritar Tsunade a sus hijas—. Agarrad el ramo con fuerza, que veo mucha desesperada por pillar cacho y vuestros novios están muy lustrosos.
—¡Mamá, por Dios! —gritaron al unísono avergonzadas Temari y Sakura.
—¡Diane Lane! —se carcajeó Deidara—. Al loro con lo que dices, que estos pelinegros son muy listos y somos minoría.
—Tú cállate, ¡so... vikingo! —le ordenó Tsuna guiñándole un ojo.
—¿Qué ha dicho tu madre? —preguntó Óbito con curiosidad a Temari.
—Por sus gestos y la cara que ponen nuestras chicas —habló Sasuke entre carcajadas—, mejor no saberlo.
—¡Exacto, mi amor! —señaló Sakura tirándole un beso.
Con decisión, Tsunade lanzó entonces el ramo, que cayó limpiamente en las manos de Karin. La muchacha rio, mientras los hombres palmeaban sonoramente la espalda de Suigetsu, animándolo.
Divertidos, los novios entraron a continuación en el salón del castillo seguidos por los invitados, mientras que Sasuke y Sakura se quedaban algo rezagados.
—Ese vestido de seda que llevas te sienta muy bien —comentó Sasuke atrayéndola hacia sí—. Tan bien que estoy hasta celoso.
—Como diría mi hermana, estoy más buena que el chocolate y encima no engordo —repuso ella en tono de broma. Luego lo besó y añadió—: Gracias, cariño. Tú estás guapísimo.
—¿Tanto como el vikingo? —preguntó sorprendiéndola.
Sakura sabía que había oído sus risas con Deidara y eso la divirtió.
—Hombre, el vikingo es mono —susurró rozándole los labios—, pero tú eres sexy, atractivo, y me gustas mucho mucho más.
—No me convences —murmuró Sasuke.
—Y ¿cómo puedo convencerte? —planteó suspirando Sakura y mordisqueándole el labio inferior.
—Sólo conozco una manera —dijo cargándosela al hombro.
—¡Sasuke, bájame! —le pidió ella muerta de la risa—. Cariño, estamos en la boda de mi madre.
—Me da igual —repuso él sin inmutarse—. Mi suegra lo comprenderá.
Y, mientras subían por la estrecha escalera del castillo, Sakura sonrió al ver adónde la llevaba. Tras abrir la puerta y cerrarla de nuevo con llave, Sasuke la depositó con cuidado sobre la enorme cama con dosel y, mirándola con una peligrosa mirada, dijo con voz ronca al tiempo que se quitaba la chaqueta:
—Ven aquí, cariño, y convénceme.
Fin.
