Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.

Notas de autor:

I. Las situaciones y diálogos no relatados en la obra original que son mencionadas a continuación, son producto de mi imaginación.

12


Después de los servicios del domingo, Darcy tomó su caballo y emprendió el camino hacia el Monte Oakham. El lugar se había convertido en un refugio donde podía pensar con claridad y disfrutar de la soledad. Después de la cena del día anterior e inclusive los incómodos comentarios al final del servicio por parte de algunos de los asistentes, el sentía que necesitaba estar aislado un rato.

Era una mañana más fría que otros días, pero no lo suficiente como para hacerle perder el entusiasmo por salir a cabalgar. Quedaba poco follaje sobre los árboles con tonos rojizos y marrones que lo hicieron extrañar el condado de Derby. Habían ya transcurrido más de dos meses desde que estuviera él ahí, y aunque a través de cartas podía atender sus asuntos, no se comparaba con la experiencia de estar presente en el Pemberley.

Amarró su caballo en el mismo árbol que la vez anterior y se sentó en una gran roca. Apoyó sus codos sobre sus piernas, su barbilla sobre sus manos y una vez más se perdió en las reflexiones de su vida. Una semana había transcurrido y Darcy era consciente de los cambios que se habían suscitado en su vida desde aquel encuentro en la biblioteca. No podía lamentar haber despertado de su errónea presunción sobre Elizabeth, ahora lo que se debatía era que hacer con sus sentimientos cada vez más intensos por la particular señorita. Después estaba el asunto de Wickham, para lo cual debía ser cuidadoso. Al día siguiente habría demasiadas actividades que realizar para no correr el riesgo de que Wickham armase un escándalo y saliera el nombre de Georgiana a discusión.

Darcy dejó escapar un profundo suspiro mientras su mirada estaba en el horizonte.

—¿Es aquí donde los taciturnos vienen a pensar sobre su existencia?— preguntó una voz que causó que el corazón de él saltara. Había un tono dulce y divertido en la de ella voz que de inmediato causaron que las comisuras de los labios de él se transformasen en una sonrisa apenas perceptible.

—No creo que la definición de taciturno se ajuste a todos los presentes, señorita. Yo usaría la palabra parlanchín para al menos la mitad de los presentes— Darcy solo la vio de reojo y siguió con la mirada hacia el frente. En un tono neutral comentó —No la escuché llegar.

—Es porque yo ya estaba aquí, señor. A veces me gusta venir y pensar acerca de todo y nada en específico, o simplemente tener un poco de silencio. No es fácil tener tranquilidad en una casa donde hay otras cuatro hermanas y, por el momento, un primo que insiste en que mi alma, la de Kitty y también Lydia están condenadas a la perdición, — él sonrió —¿Y a usted, qué lo trae por aquí?

—Me gusta la vista que el lugar ofrece— él recordó sus ideas sobre las vistas la vez pasada que había estado ahí y sus mejillas se enrojecieron ligeramente, no obstante, pasó rápido el episodio y Elizabeth no lo notó. Localizaron juntos algunos lugares y después solo compartieron un rato de agradable silencio. Fue ella la que interrumpió la calma.

—¿Señor Darcy?— empezó Elizabeth con voz que reflejaba incertidumbre, como si estuviese sopesando de lo que estaba por decir, o si debía decirlo.

—¿Señorita Elizabeth?— el tono de él era amable, por lo que ella se animó a hablar.

—Ayer en la reunión de mi tía Philips tuve la oportunidad de conversar con el señor Wickham, que estuvo haciendo preguntas sobre usted y su tiempo residiendo en la zona. Algunos de sus comentarios fueron inquietantes y me temo que debo hablar al respecto con usted—. Ella lucía seria y la alegría del principio de su conversación ya se había fugado de su expresión.

El señor Darcy cerró los ojos y pasó una mano por su frente. Este era el momento que imaginó desde el momento en que vio a Wickham en Meryton, en el que Elizabeth lo acusaría de actuar injustamente contra Wickham, tal y como otros ya lo habían hecho. Este era el momento en el que una de las únicas personas en las que había confiado una historia tan personal le daría la espalda. Él se tensó y trató de poner su expresión de indiferencia para soportar las acusaciones con entereza.

—Creo que la intención del señor Wickham es ganar la simpatía de los demás argumentando que usted lo despojó del beneficio de Kympton, señor; lo cual, si somos honestos, no será muy difícil. La mayoría de la gente en Meryton no tiene una buena imagen de usted, señor Darcy— él se volvió para verla a los ojos y Elizabeth no supo si interpretar el asombro de él como algo bueno o malo, así que continuó— le hice saber que estamos al tanto que él recibió una compensación por la renuncia a tal puesto, pero no sé qué tan bien eso funcionará ya que solo yo conozco esa información— concluyó ella con preocupación.

—¿Entonces usted me cree?— dijo Darcy, tratando de que su voz no sonara tan sorprendida, tal y como él se sentía.

—¿Debo tener razones para dudar de la veracidad de sus palabras, señor Darcy?— preguntó ella, en lugar de responder a la pregunta de él. Ambas miradas se encontraron, en la de él se leía gratitud, en la de ella esperanza por reafirmar la integridad del señor Darcy.

—No—dijo Darcy sacudiendo ligeramente la cabeza— pero no sería usted la primera persona que sucumbe ante los engaños del señor Wickham. Mi padre lo conoció durante toda su vida y jamás se dio cuenta de cuán excelente era la actuación de Wickham. Cada vez que sucedía algún accidente mientras jugábamos, se me culpaba. Nunca fui un niño alegre; y mi padre, a pesar de ser un gran hombre y amigo, encontró en Wickham aquellas gracias sociales de las cuales yo carezco—dijo y encogió los hombros con un gesto de amargura— Siempre he tenido el hábito de pensar demasiado las cosas, señorita Elizabeth—. A pesar de que Darcy sabía que había hecho mención de sentimientos personales que rara vez externaba, esta vez no experimentó arrepentimiento o vergüenza. El reconocer una de sus más grandes frustraciones frente a otra persona, frente a Elizabeth, fue una experiencia que le causó alivio.

—Es usted un pesimista, señor Darcy, al pensar que después de su explicación yo le creería al señor Wickham— Elizabeth dijo apenas sonriendo. Ella frunció el ceño como si estuviese pensando algo inquietante y Darcy preguntó por el cambio en su expresión, a lo que ella tuvo que responder,— no tiene nada que ver con el presente tema, y por favor no piense que no le estoy prestando atención, es solo que aun cuando estamos sin compañía, usted se refiere a mi como señorita Elizabeth y no cómo señorita Bennet.

Darcy se sonrojó con intensidad. Él quería decir que le gustaba el sonido del nombre Elizabeth, pero aun había demasiadas dudas que aclarar para consigo mismo, por lo que buscó dar una respuesta más apropiada.

—Es un error de mi parte, la mayoría de las ocasiones en las que nos hemos visto está su hermana, por lo que creo que me es más fácil referirme a usted de esta manera. Intentaré no cometer ese error en futuras ocasiones, señorita.

—Oh no, no me molesta, señor Darcy— dijo ella despreocupada—, en realidad prefiero que la gente se refiera a mí de esa manera, creo que nadie porta con tanta dignidad el nombre de señorita Bennet como Jane.

—Pensé que usted se sentía ofendida.

—No, señor Darcy. Además creo que por acuerdo tácito nos debemos honestidad, ¿no lo cree?

—He aprendido recientemente que facilita mucho las cosas, señorita Elizabeth— respondió él, disfrutando del sonido del nombre de ella en sus labios.

Elizabeth le preguntó acerca de cómo había sido su padre al señor Darcy, no esperando grandes revelaciones pero al menos pistas que le ayudasen a comprender mejor al hombre que ahora estaba frente a ella. Darcy la sorprendió con una descripción física primero, explicando que él era más alto de lo que su padre había sido; al referirse a su carácter lo definió como leal y honorable, con gran aprecio por todos aquellos a su alrededor y consideración por los más desprotegidos.

—Fue un buen padre, no tengo motivos para reprocharle nada, me enseñó cómo dirigir Pemberley, aunque me hubiese gustado tener más tiempo para aprender lo necesario, los primeros meses a cargo fueron complicados y pensé que fallaría irremediablemente.

—Los Bingley se expresan de manera favorable por la manera en la que usted ha cuidado de la finca, así que creo que puede estar tranquilo en ese respecto; el señor Bingley lo admira lo suficiente como para pedirle ayuda en su proceso de aprendizaje— Darcy sonrió y agradeció las palabras, sin embargo él estaba más interesado en saber cómo había transcurrido el resto de la cena de ella, en el fondo, esperaba que Elizabeth no hiciese mención de algún otro caballero.

—Además del desafortunado intercambio con el señor Wickham, ¿Cómo estuvo su velada, señorita Elizabeth? Espero que usted al menos haya coincidido con alguna de sus amigas de Meryton.

—Escuché veintitrés cumplidos diferentes hacia mi tía Philips por parte del señor Collins, de los cuales quince contenían referencias acerca del esplendor de Rosings, los conté- se quejó ella.

Darcy vio como Elizabeth ponía los ojos en blanco y sin contenerse, él dejó escapar una carcajada que se alargó por varios segundos más. Llevó sus manos hacia su estómago y su respiración se agitó, un par de lágrimas rodaron por sus mejillas pero Elizabeth no comentó acerca de eso. En opinión de ella, el señor Darcy necesitaba aprender a reírse de la hilaridad de muchas de las situaciones de la vida cotidiana y este parecía un buen momento para que él se relajara, incluso si ella era la causa en esta ocasión.

—Estoy seguro que no pasó toda la noche sentada junto al señor Collins, señorita Elizabeth. Sé que usted es perfectamente capaz de entablar una conversación con desconocidos con más habilidad que Bingley.

—Agradezco su voto de confianza, señor Darcy, y sin querer sonar pretenciosa concedo que en eso tiene usted razón, pero cuando alguien tiende a utilizar un tono que fácilmente se escucha al otro lado del salón, es difícil ignorar la conversación. A pesar de que tuve la oportunidad de saludar a algunas de mis amistades, fue como si en la mayoría de las charlas en señor Collins hubiese estado presente también. Confío en que al menos usted y la familia del señor Bingley tuvieron una cena más agradable.

Darcy hizo una mueca y levantó las cejas, pero no contestó de inmediato.

—Por favor no me diga que pasó dos horas mirando las ventanas de los Thompson, señor— dijo ella como si hablase a un niño— las he visto y no son extraordinarias.

—Me alegra decirle que no fue el caso, señorita Elizabeth— dijo él con calma. Elizabeth lo felicitó por su esfuerzo al romper con su imagen de persona extremadamente reservada, a lo que Darcy respondió— esta vez solo fue una hora el tiempo que destiné al meticuloso estudio, a este paso, para el baile de Netherfield serán solo treinta minutos—. Él estaba complacido con su broma y con la manera en la que ella parecía disfrutar del comentario.

Cuando las risas cesaron, él explicó en los términos menos ofensivos para referirse a los Thompson cuál había sido su experiencia. Al escucharlo, Elizabeth pensó que tal vez si ambos hubiesen estado en el mismo lugar, sus experiencias habrían sido bastante distintas, aunque no lo comentó. Al igual que la vez anterior que se encontraron, platicaron todo el trayecto de regreso. Él le contó algunas cosas de su hermana y Elizabeth acerca de los Gardiner, quienes sonaban mucho más interesantes que los Philips.

Elizabeth insistió en que Darcy solo la acompañase hasta donde empezaba la propiedad de Longbourn, pese a que él había insistido en dejarla al menos donde iniciaban los jardines.

—Es mejor de este modo, señor Darcy. Alguien podría verlo y no me gustaría que alguna falsedad tuviese lugar. Es por el bien de ambos.

El señor Darcy aceptó la sensatez en las palabras de Elizabeth y no pudo evitar colocarla aún más alto en su estima. Otras mujeres como la señorita Bingley o la señorita Thompson habrían aceptado gustosas con tal de crear un escándalo y forzar una unión ventajosa. A veces Darcy pensaba en si la misma Lady Catherine había tenido que recurrir a tales acciones para capturar a Sir Lewis, ya que era bien conocido entre la servidumbre de Rosings que aquel matrimonio no había empezado en términos muy buenos y la familia de Bourgh elegía no asociarse con Lady Catherine.

Él subió a su caballo y se perdió entre el campo. Esta vez no volteó la mirada, por lo que no se dio cuenta que Elizabeth lo observó hasta que la figura de él era un punto en el vasto prado.


Elizabeth reflexionó el resto del camino sobre las palabras de él y se le ocurrió que incuso si el señor Darcy habló de su padre con gran respeto y admiración, pintando casi una persona sin falta alguna, era claro que a pesar de su bondad por los demás fue incapaz de reafirmar el afecto hacia su hijo. Sin importar que el señor Darcy se esforzara en superar aquel recuerdo o al menos que hacía un excelente trabajo evadiéndolo, era algo que seguía pesando sobre sus hombros. Ella no podía imaginar lo que era vivir con tal experiencia, ella siempre había sido la predilecta de su padre sobre cualquier otra persona y el resentimiento por el favoritismo del señor Bennet se reflejaría eventualmente sobre alguna de sus hermanas.

Su preocupación por el señor Darcy aumentó el temor a enamorarse de él. Sin razones para detestarlo solo quedaban motivos para admirar las buenas cualidades que él tenía; él podía ser amable, divertido, era inteligente y con gran sentido de responsabilidad. A la lista se sumaba la atractiva figura de él, pensó ella con la cara enrojecida a pesar que nadie la veía. Sería fácil enamorarse de un hombre como él, o más bien de él... Y era igualmente doloroso saber que un hombre como él jamás pediría la mano en matrimonio de una señorita como ella.

12


Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.

—D