XXXII
Renacimiento
—¡Lucy, no lo hagas! —exclamó Erza desde el exterior de la esfera mágica, golpeaba sin parar la superficie con tanta desesperación que, después de quince golpes seguidos y con toda su fuerza, sus puños ya estaban sangrando.
Dentro de la esfera se encontraba Lucy Heartfilia, la novata del escuadrón; pero no se encontraba sola. Ella miraba fijamente al hombre que le realizó una propuesta interesante, y que era fuertemente considerada por la rubia; nada del exterior podía perturbar a quiene se encontraran dentro de la esfera, era a prueba de ruido, y eso le facilitó el trabajo al hombre al tratar de persuadir a la rubia a que se sometiera a su voluntad. Él le extendió la mano.
—¿Entonces qué dice, Elotito? Es algo que sólo se obtiene una sola vez en la vida, y yo no suelo ofrecerle algo a nadie.
Lucy no la tenía fácil: Ella quería tenerlo de regreso; quería verlo una vez más, escucharlo, sentir su mano tocar la de ella...ella lo extrañaba. La forma en la que se fue, en su consideración, fue bastante injusta; la mayoría lo sabía, alguien realizó una jugarreta muy sucia para eliminarlo del mapa, de la faz de la tierra, y eso quería corregir la rubia. Solucionarlo.
Lucy miró fijamente la mano que el hombre le extendía, y no pudo evitar notar el tono azulado en los bordes de los dedos y por todo el contorno de la palma; desde la primera vez que lo vio fue notado, y siempre le provocaba escalofríos. Sólo las personas de una edad avanzada muestran esa característica, y le aterraba imaginar cuántos años tenía aquél hombre encima; aunque, eran esos largos años los que la ponían a pensar que, tal vez, lo que le estaba proponiendo era verdad. Aquél hombre debía conocer un hechizo o conjuro para regresarlo a su lado, traerlo de vuelta. Lucy no sabía qué hacer.
—¿Porqué debería confiar en ti? —cuestionó Lucy; ella no sabía si era su inseguridad o ingenuidad, pero le formuló la pregunta sólo para escuchar lo que el hombre tenía qué decir.
—¿Y porqué no? —no fue la respuesta que ella quería, sólo fue una pregunta ambigua. El hombre no había terminado—. He vivido muchos años para saber qué es lo que se siente perder a alguien especial; a esa persona que te alegra las mañanas, a quien te hace sentir querida con preguntarte el cómo estuvo tu día, y quien sabes que te ama con tan sólo una mirada. Yo puedo regresarte eso; sé lo mucho que te importaba, así como también sé, por tu expresión de ahora, que darías todo lo que tienes con tal de verlo una vez más.
Lucy agachó la cabeza, y las lágrimas no tardaron en salir. Sí, ella lo extrañaba; sí, él la hacía feliz; sí, ella lo amaba más que a nada en el mundo. Aquél hombre, aunque apenas lo conocía, acertó en todas y cada una de esas razones; supo perfectamente cómo pensaba, y lo que sentía. ¿En algún momento el hombre habrá sido humano? No lo sabía. ¿Entonces cómo sabía lo que sentían las personas? Tampoco lo sabía. ¿Cómo confiar en él? Hay ocasiones en las que la confianza se queda atrás, y sólo hay que cerrar los ojos y dar un salto de fe.
Lucy volteó sobre su hombro, en dirección a Erza; ella, detrás de la esfera, dejó de golpearla y, cuando sus miradas se cruzaron, negó con la cabeza. Lucy no sabía qué había en su mirada, o qué estaba pensando al verla ahí metida con el extraño hombre. Erza sólo negaba con la cabeza, negaba una y otra vez. Lucy se volvió hacia el hombre y lentamente levantó su mano derecha.
—Entonces confiaré —aclaró la rubia. El hombre mantuvo su rostro inexpresivo, pero por dentro estaba sonriendo. Todo le salió como quería.
—No se diga más, Elotito; traeré de regreso a tu hombre —Lucy acercó más su mano, hasta quedar a sólo unos centímetros de la mano del hombre.
El cielo sobre sus cabeza se despejó de golpe; las nubes de tormenta se disiparon como si una explosión las hubiera ahuyentado. La blanca y resplandeciente luz de la luna se posó encima de ellos, interrumpiendo la acción. Lucy se apartó del hombre, y este ni se inmutó. De la luz una sombra cayó rápidamente y rompió la esfera mágica, al impactar el suelo levantó una nube de polvo; Lucy y Erza se cubrieron los ojos. Cuando finalmente se disipó, ambas abrieron los ojos y al mismo tiempo...sus corazónes dieron un vuelco.
—Pero qué sorpresa —dijo el hombre, carente de emoción.
Lo que cayó frente a ellos no fue un objeto, se trataba de una persona: Un hombre vestido con las ropas de la era dorada del continente, una espada de hoja color rojo brillante, unas botas marrones, y una armadura hecha enteramente de oro para todo su brazo izquierdo; si no fuera por una importante característica que destacaba como una nariz a mitad del rostro, las dos mujeres no sabrían de quién se trataba. No podían creerlo, jamás imaginaron que ocurriría tan... abruptamente. Bajo la luz azulada de la Luna, aquella característica no perdía notoriedad, no pasaba desapercibida; esta era una larga cabellera de un llamativo color, muchos lo llamaban "Flor de cerezo". Su cabellera era rosada, y el único que poseía esa cabellera era nada más ni nada menos que...
—Natsu... —musitó Lucy al ver a su mentor parado frente a ella en una pose amenazante ante el hombre quien trató de engañar a la rubia.
—El gran hombre ha llegado finalmente —dijo ese hombre. Natsu mantenía su seria expresión; el pelirrosado levantó el puño con la intención de golpear al hombre y este por reflejo saltó hacia atrás—. ¡Ah, ah, ah! Hoy no es hora de pelear, Rosado; eso será más adelante. Yo ya me voy.
El hombre extendió ambos brazos en ambos lados y luego aplaudió con fuerza, una nube de polvo azul lo cubrió de pies a cabeza, esta se disipó por el viento y todos vieron que ya no estaba presente; había desaparecido.
Natsu dejó salir una exhalación y giró hacia atrás; de un momento a otro alguien se arrojó sobre él y lo abrazó con todas sus fuerzas, se trataba de Lucy. El pelirrosado agachó la mirada para verla mejor, y notó que la rubia estaba llorando a moco tendido; a Natsu le conmovió verla de esa verla de esa manera, y acarició gentilmente la cabeza de Lucy.
—Ya, Señorita Heartfilia; no tiene que llorar de esa manera —dijo, tratando de calmar a Lucy; pero ella no parecía calmarse en absoluto.
—Es que...es que... —decía Lucy entre sollozos. Natsu dibujó una sonrisa y rodeó a Lucy con los brazos, dándole un cálido abrazo.
—Qué emocional es usted, Señorita Heartfilia. Tal parece que nunca va a cambiar —entonces, con la esfera mágica destruida, Erza se acercó a ellos caminando tranquilamente; al verla, Natsu se sorprendió—. ¡Erza!
—Me alegra volver a verte, Natsu —dijo, luego se cruzó de brazos; pero su expresión era tranquila y estaba ligeramente divertida por lo que estaba viendo—; como puedes ver, tu alumna te ha extrañado mucho.
—Yo... —trató de explicar Natsu; fue interrumpido por Erza, levantando el dedo índice.
—No hace falta que me expliques nada, entiendo perfectamente lo que piensas; Tú aún me amas, eso lo sé, sin embargo... pasó demasiado tiempo, y por ende has vivido muchas cosas desde entonces. Ya no eres el mismo de antes, y has conocido a alguien más —dijo señalando gentilmente con un ademán a Lucy, quien no dejaba de llorar.
—No sé qué decir, Erza.
—No digas nada, yo lo haré por ti —Erza se acercó a Natsu y colocó su mano sobre el hombro de él—. Tú, ahora, amas a Lucy; sé que no me dejarás mentir. Hazla feliz, Natsu; así como sólo tú sabes hacer.
Natsu no sabía qué decir, las palabras de Erza le congelaron los pensamientos. la pelirroja deslumbró una sonrisa y asintió, para luego darles la espalda e irse del lugar.
Natsu volvió a mirar a su alumna, y ahogó una carcajada al ver que aún seguía llorando; le parecía increíble que durará así tanto tiempo, más aún sabiendo que el motivo de su llanto...era él. Eso le demostró que lo que dijo Erza era cierto: Lucy lo amaba. Y él correspondería esos sentimientos. Le dio unas gentiles palmadas en el brazo para llamar su atención; Lucy levantó la mirada aún con los ojos rojos y vidriosos. A Natsu le pareció adorable verla de esa manera.
—Señorita Heartfilia...—tal vez, para algo tan serio como lo que estaba a punto de hacer, era mejor llamarla por su nombre. Así que Natsu optó por hacerlo—, L-Lucy, yo...sé lo que piensas de mí.
Y como si estuviera tocando un fierro al rojo vivo, Lucy empujó a Natsu y se alejó de él con una expresión de incertidumbre; el pelirrosado se sorprendió ante esa reacción, pero ya la veía venir.
—¡¿C-Cómo qu-que ya lo-lo sabe?! —tartamudeó Lucy hecha un manojo de nervios. Natsu asintió.
—Mientras estaba en el Tártaros, me encontré con un viejo amigo que...por ponerlo de una forma, me ayudó a ver lo que estaba pasando en el reino de los vivos, aquí; fue entonces que no pude evitar preocuparme por usted, así que le pedí a mi amigo que la buscara para saber cómo se encontraba y...ahí me di cuenta.
—Sigo sin entender —dijo Lucy. Natsu se acercó a ella un paso.
—Escuché la plática que tuvo usted con Erza —Lucy amplió los ojos y sus mejillas enrojecieron—, y por ende...sé que usted está enamorada de mí.
Lucy cubrió su rostro con ambas manos, estaba muerta de la pena. Viendo cómo reaccionó la rubia, Natsu dejó salir una exhalación y se acercó a ella; tomó ambas manos de ella, obligándola a verlo a los ojos, y le dedicó una alegre sonrisa.
—Lo que me reconforta porque...usted y yo sentimos lo mismo por el otro —Lucy enmudeció—. Desde que la conocí, despertó algo en mí que...se había apagado hace muchos años; y con el tiempo que pasamos juntos, terminó por conquistar mi corazón. Yo quería...QUIERO, seguir junto a usted, y que nunca se separe de mí.
—¿Qué trata de decir? —cuestionó Lucy aún incrédula. Natsu se acercó a su rostro, casi rozando su nariz con la suya.
—Lo que trato de decir...es que yo la amo. Te amo, Lucy.
—¿Qué...? —la pregunta quedó flotando en el aire ya que, inesperadamente, Natsu interrumpió a la rubia con un tierno beso en los labios.
Lucy amplió una vez más los ojos, su rostro estaba teñido en rojo, y sus pensamientos estaban revueltos; lo imposible había sucedido, ahora, en ese momento, y no lo podía creer. ¿Era esa una clara señal de que por fin su deseo se había cumplido? ¿A caso ella por fin podría ser feliz con ese alguien especial que tanto amaba en secreto? ¿Todas las posibilidades estaban ahora a su favor? Erza ya no estaba, se había ido; sólo los dejó a ellos dos solos. No quería traicionarla, fue muy amable con ella y la respetaba como a su superior y como mujer; sin embargo, ahora recordaba un poco de lo que ella dijo antes de irse, y las dudas se aclararon en su mente.
"Hazla feliz, Natsu..."
Fue lo que dijo; y como una especie de chispa que aviva el fuego de un incendió, Lucy rodeó el cuello de Natsu con sus brazos y lo acercó más a él, intensificando más el beso para convertirlo en uno mucho más apasionado. Natsu se sorprendió ante el repentino cambio, pero en el fondo estaba feliz. Ambos, después de un minuto completo, se separaron por falta de aire y se miraron fijamente a los ojos en una nueva clase de conexión.
—¿Eso quiere decir lo que creo que quiere decir? —inquirió Natsu. Lucy sonrió dulcemente.
—Quiere decir...que yo también te amo, Natsu —respondió, y lo volvió a besar—. Regresemos a casa.
FINALE.
Hello, Buttercops. Les mando un cordial saludo antes que nada, y les agradezco inmensamente por haberme acompañado en esta aventura del "Fictober"; antes no le veía sentido a esta clase de dinámicas, pero ahora sé porqué algunos lo hacen: Y es tratar de explotar la creatividad con tener sólo una palabra con la cual basar una historia. Aquí literalmente me rompí la cabeza al momento de escribir, y exploré otros géneros...no muchos, pero sí.
También quiero disculparme por lo que pasó, en especial a Niomei; no sé que ocurrió con la página, ya que publiqué el cap número 32 y no aparece. Ya traté de arreglarlo y publiqué el verdadero. Lamento la confusión. Este sería el final feliz y, no podría estar más que satisfecho..
Muchas gracias a todos los que me siguieron en esta aventura, no saben cuánto me divertí escribiendo. Nos leemos luego, y les deseo lo mejor. Sayonara :3
