Aftercare

Draco/Harry


Draco estaba desatando a Harry, había sido una sesión muy dura, tan dura que él mismo estaba agotado.

El cabello de Harry estaba pegado a su frente, su boca abierta aún jadeando, las cuerdas habían dejado marcas profundas sobre su cuerpo musculoso. Ese mismo que Draco había estado buscando muchísimo tiempo.

Comprobó de nuevo su rostro, relajado, realmente relajado. Ese era el momento favorito de Draco, cuando le deshacía de tal modo que toda su aura de tensión contenida se evaporaba.

Cuando lo encontró en una sesión a la que fue invitado como Amo, supo que tenía que ser suyo. Imponente, indómito y con un amo al que su sumiso le venía grande en todos los sentidos.

Acarició las marcas, las zonas enrojecidas por los azotes, cuidarle tras un duro castigo era parte de aquel acuerdo, de aquellas prácticas que ambos habían aceptado.

Cuidar el cuerpo que él mismo había roto, había domado y había poseído.

Acarició su ano aún dilatado mientras Harry se apoyaba levemente en él.

El duro y reservado auror en esos momentos era completamente suyo, y Draco lo cuidaba como merecía, y tan poco se dejaba.

Le ayudó a levantarse para llevarlo al baño, que ya estaba lleno de agua caliente que ayudaría a los músculos de Harry a relajarse.

Le costaba andar por haber estado tanto tiempo en la misma postura, pero cuando se metió dentro del agua de nuevo se reflejaba en su rostro la satisfacción.

En el agua, Draco siempre mezclaba algunas pociones reparadoras y calmantes, apartó el cabello de la frente y acarició su rostro. Harry había cerrado los ojos, recostado contra la porcelana.

Era una bomba de relojería, siempre listo para estallar, y sin embargo, entre las manos de Draco encontraba una calma que necesitaba.

La doble vida del héroe mágico era algo que Draco había desconocido, nunca imaginó las raíces profundas y oscuras que tenía. Draco le había prometido ayudarle.

Tras la guerra ambos habían seguido sus caminos, a veces coincidían, pero aunque ambos trabajaban para el Ministerio, no era tan común encontrarse con él.

Draco era director de Relaciones Internacionales, Harry uno de los mejores aurores.

Ahora, eran amo y sumiso, y el cuidado de Harry, tanto físico como mental, estaba completamente en sus manos.

Pero como siempre en sus vidas, no todo era fácil, no todo era simple, a sus espaldas, sobre todo de las de Harry pendían cadenas que nada tenían que ver con lo que ellos hacían todas las semanas.

Y Draco le había prometido que le ayudaría, no porque le debiera nada, sus deudas habían sido saldadas, las cuentas estaban a cero.

Sino porque nadie debería sufrir lo que sufría Harry, y esto dicho de la persona que le infringía dolor y placer, era mucho decir.

Lavó sus brazos, llenos de cicatrices que Draco jamás le haría, ascendió por su cuello que era uno de los puntos débiles de Draco, fuerte, ancho e indomable. Ahora, relajado contra las llamas de sus dedos.

Los sumergió bajo la mata de cabello negro, masajeando su cuero cabelludo, un leve gemido de placer abandonó los labios de Harry, y Draco que ya tenía las mangas de su camisa empapadas sonrió.

Para un amo era tan importante la sesión como los momentos de después, donde cuidaba de su sumiso, donde le daba confort y seguridad.

Harry abrió los ojos, de un verde tan intenso que Draco los reconoció aún debajo de una máscara oscura el primer día que lo encontró.

Un verde que no era limpio, que estaba lleno de sombras, y estas estaban comenzando a cubrirlo. Draco ejerció fuerza sobre su cuello, bajando sus manos de él a sus hombros tensos.

Harry era el sumiso perfecto para Draco, lo que siempre había estado buscando, pero hasta él se daba cuenta de que no era suficiente, porque lo importante era que Draco fuera lo que Harry necesitaba, y aunque Draco sabía que podía llegar a serlo, Harry estaba levantando las barreras de nuevo ante él.

Se levantó de la bañera llenando todo de agua, Harry era capaz de soportar cualquier golpe, cualquier castigo, su umbral de dolor era elevadísimo. Su mente de acero, pero no era ahí donde Draco metía sus dedos, sino en un lugar privado, maltratado y pequeño que hacía estar a Harry siempre en guardia.

Ese era el lugar que Draco necesitaba dominar, el lugar que necesitaba liberar en Harry, pero este no lo ponía fácil, nunca lo había puesto fácil.

—Me voy.—Su cuerpo perfectamente torneado y mucho más amplio que el de Draco salió de la bañera. Era perfecto, y a la vez imperfecto en sus maneras.

—Hasta el viernes que viene—le despidió Draco. Los músculos de la mandíbula de Harry se apretaron con fuerza y su magia, demasiado poderosa, les barrió a ambos. Draco estaba acostumbrado.

La furia de Harry era parte de él mismo, salió del baño aún chorreando, recorriendo el pasillo completamente desnudo hasta llegar a la chimenea mojando todo a su paso, y se metió en ella sin mirar ni por un momento a Draco.

Draco se lanzó un hechizo de secado, tanto a él como a los suelos de carísima madera que Harry había mojado.

Draco fue hasta su despacho, donde guardaba el contrato que les unía, arcaico, ilegal, e imposible de romper.

Pero a Draco le gustaban los imposibles, y los retos. Y este iba a ser uno de los más grandes a los que se iba a enfrentar.


Pues con esta historia terminamos, no contemplaba en ningún momento no acabar con Drarry. Ellos, aunque vayan y vengan, al final siempre son los primeros, ¿verdad?

Gracias a todas, habéis acogido este mes y tantas parejas raras estupendamente, me dais demasiadas alas a seguir haciéndolo.

A este ritmo la Kink Week va a ser tradición.

Nos leemos en otras historias.

Besitos.

Shimi.