I
—Asesinato a alguaciles en Nueva York, posesión de armas ilegales, vinculados al asalto del Banco de la realeza —leía un pueblerino en el cartel.
—Son siete… eso me da escalofríos… es algo muy cabalístico —expresó otro pueblerino.
—Ojalá los encuentren, deben estar cerca —dijo una señora que se había acercado a la multitud.
Las personas se apilaban en distintos lugares para leer o preguntar a alguien que supiera leer lo que decía en esos carteles.
En tanto, Flip trataba de que los chicos pasaran desapercibidos, solo debían avanzar sin mirar.
—¡Hey, Flip! —le dijo un pueblerino.
—¡¿Qué sucede?! —fingía asombro.
—Hubo disparos en la cantina, se trataba de unos hombres queriendo pedir la recompensa de una chica que sale en estos carteles. Tuvo suerte de que un hombre la ayudara a escapar —le señaló los que había en frente suyo—. Debes tener cuidado, no deben de estar lejos, el comisario ya mandó a rodear todo el pueblo.
Era uno de sus clientes usuales en su tienda, pero en ese instante se dio cuenta de las personas que iban con él.
—Gracias por la información, pero tengo que atender unos asuntos importantes —fue cortante.
Aceleraron un poco más el paso, su amigo se quedó algo extrañado, pero se le pasó aquello al ver que muchas personas estaban dispuestas a atrapar a esa chica y al sujeto que la ayudó.
Caminaron un par de calles y entraron sin ser notados por un callejón. Flip abrió con prisa una puerta y los hizo entrar con rapidez. Nuevamente se dispuso a realizar esa acción, pero esta vez con una entrada a un sótano. Todos bajaron.
Maggie y Haiku estaban allí esperando la llegada de los demás y el hombre que les daba la ayuda.
—Me imagino que su amigo ya les dijo quién soy —les dijo mientras cerraba la puerta del sótano.
—Sí, supongo que era lo mínimo después de hacer la primera misión —respondió Haiku.
—La misión tiene una segunda parte y en esa tienen que proteger a la muchachita —señaló a Lindsey—; además, hacer que ella saque información vital para dar más rápido con el maletín.
Ese sótano era muy grande, se podían ver muchas cajas alrededor tapadas con sábanas blancas.
—¿Alguien ha visto a Benny? —preguntó Paula.
—Fue a verificar los alrededores, no tardará —respondió Flip mientras quitaba la cubierta de una caja.
II
Los dolores estaban llegando nuevamente, la herida de su pierna aún no había cerrado, pero esas hierbas que le dio al encontrarlo le ayudaron un poco.
Estaba trepando las casas para caminar por los balcones y azoteas, no debía ser visto por nada del mundo. Se quedó en el balcón de la habitación de un hospedaje, entró sin hacer ruido. Nadie había alquilado ese cuarto. Abrió con cautela la puerta, estando atento a cualquier movimiento del pasillo.
Descendió por las escaleras con prisa, pero en una última instancia tuvo que meterse dentro de un almacén que estaba al lado de la escalera porque unas personas estaban con dirección al segundo nivel.
Su pierna le empezaba a reclamar que hiciera algo por ella, es por eso que se apresuró en robar la caja de primeros auxilios que estaba en el vestíbulo. Tuvo que esperar que las personas que estaban sentadas subieran acompañadas por la hija del administrador.
Logró sustraer unas vendas, un jarabe, y lo que era un pequeño atado de hierbas. Ahí no acababa la cosa, debía esperar la llegada de unos sujetos.
Flip le dijo que los sujetos que se hospedarían allí eran de los que operaban por el lado del presidente, tenía que espiarlos lo necesario.
Mascó las hierbas y empezó a vendar su brazo metálico, sabía que eso llamaría mucho la atención. No cualquiera tenía esas prótesis.
Estaba en el sótano de ese hotel, esperando a esos sujetos. Flip le había dejado en claro las descripciones.
III
Cerró la ventana y tapó con las cortinas, se fijó por debajo de la cama y con una tela tapó la parte de abajo de la puerta, cerró la puerta que daba al balcón.
—Esos tipos no podrán andar tranquilos —dijo un tipo a otro que se sentaba en la cama.
—Con esos números… nadie estaría tranquilo —encendió un cigarrillo—. ¿Nuevas noticias? —absorbió con tranquilidad el humo.
—Sí —sacó unos papeles y los puso en su cama—. Chandler McCan aceptó ayudar al presidente.
—¿A ese capullo? Supongo que el presidente sabe por qué darle la chance de inmiscuirse —exhaló con algo de frustración.
—Él solo será el buen rostro para los periódicos, esos metiches pondrán su atención en el joven —aclaró a su amigo.
Ese nombre le sonaba a Benny, pero no sabía exactamente de dónde…
IV
Algunos años atrás
La joven Luan Loud salía a caminar con el joven Benny que la pretendía, eran aún jóvenes para el matrimonio.
El joven tenía un futuro en las artes, en especial en la dramaturgia. Eso no era pasado por alto, los padres de Luan debían asegurarle un futuro.
En una de las tantas caminatas, se topan con unos alguaciles que enmarrocaban a un joven de cabellos rojos.
—Los irlandeses como tú no deberían venir a América, solo causan muchos problemas —le dijo uno de los alguaciles.
—De esta no te salvas —le dijo el otro.
—¡Suéltenme idiotas! —expresaba su enojo.
Luan y Benny se quedaron expectantes a todo lo que sucedía en esos momentos. No pensaron que su paseo se viera interrumpido por ese espectáculo.
—Usualmente cuando un alguacil dice eso es que se lo van a llevar a la prisión —le dijo Luan—, por lo menos es lo que dice mi padre.
—Es una pena, se ve muy joven —expresó Benny.
El chico había matado a un hombre para robarle… o esa era la versión de los agentes del orden. El chico no era un buen ejemplo, pero había visto que ese hombre iba a atacar a una señorita. Al ayudarla, terminó matando al hombre.
No se podía dejar pasar por alto aquello es por eso que se barajaron dos opciones, una era llevarlo a la prisión de menores y la otra era alistarlo en la armada del país porque el delito en sí fue ayudar a una ciudadana.
Fue llevado muy joven a enlistarse para la marina del país, precisamente había guerras por "liberar" colonias de un país hispanoparlante.
V
Benny estaba en el tejado de ese hotel, había hecho un agujero para escuchar. Como estaba en el tercer piso, no lo veían desde las calles. Su oreja no se perdía nada de lo que decían.
Al finalizar toda esa actividad, sabía que debía irse rápido si no había nada más que ellos le pudieran brindar.
Al querer bajar, el agujero que había hecho para escuchar fue agrandando una grieta, cayó en la habitación.
El contacto visual fue algo instantáneo a pesar de que él cerraba y abría los ojos por el dolor.
Benny no dudó en hacer caer a uno golpeando su pierna y utilizarlo de escudo antes de que el otro le apuntara con su arma.
—Eres de los que están buscados —lo dijo con seguridad el hombre sin dejar de apuntar con su arma.
—Pues… sí —había tomado el arma del que era su rehén.
—Le recomiendo no entrometerse en nuestros asuntos —le aconsejó el hombre sin parpadear y apuntar.
—Lo siento, son negocios… uno no puede rehusarse a eso —lo dijo de manera serena.
El hombre de en medio no hablaba, estaba asustado del siguiente movimiento de su amigo, sabía que ese chico era muy peligroso.
Benny no despegaba su mirada del otro hombre, sabía que su pierna no le ayudaría a correr, debía eliminarlos y esconderse como podía.
El hombre cautivo de los brazos de Benny miraba a su amigo, esperaba que el chico diera un momento de distracción.
De repente unos pasos que venían del pasillo hicieron que la ansiedad aumentara. El hombre avanzó a la puerta, pero sin dejar de apuntar a Benny.
—¿Todo está bien? —preguntó una muchacha del otro lado de la puerta.
—Sí.
—Los inquilinos del segundo piso dijeron que algo había pasado en los cuartos de aquí, ¿podría inspeccionar? —preguntó con dudas.
—No por ahor… —no terminó de hablar.
Un disparo a la cabeza a través de la puerta desconcertó a todos allí, pero en menos de tres segundos Benny tuvo que hacer lo mismo con el hombre que quedaba.
—Levántate, suspiro… —se lo dijo con prisa.
Benny le dio la mano a Lucy y se dirigieron a las escaleras, en medio del camino se encontraron a la que hacía limpieza a la habitación y a un inquilino. No dudaron en dispararles.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó mientras cojeaba.
—Iba a ir por medicinas y te vi en el tejado —no quitaba la vista del camino.
Lucy había entrado por los balcones del segundo piso, y rápidamente se hizo pasar por la chica del servicio.
Al bajar no dudaron en disparar al aire para asustar a las personas que se encontraban allí para que se metieran a sus habitaciones. El ruido asustó al administrador y a su hija que no dudaron en esconderse en la puerta que daba a su morada. Lucy y Benny se fueron por otra puerta.
Se fueron por una puerta que daba al patio trasero del hotel, y como estaban con poncho y velo se mezclaron con las personas que iban a curiosear por el alboroto.
—Y pensar que no eras así antes —decía Benny en su mente mirando a Lucy.
VI
Algunos años atrás
Hugh y sus compañeros estaban montados a caballo por una extensa llanura, hace dos días habían asaltado el banco de un pueblo.
Dana y Benny discutían porque desde que este se integró al grupo ella no lo miraba con buenos ojos. Para ella, él era un muchacho pretencioso.
Al estar cerca del siguiente pueblo, vieron que, no tan lejos, había una tienda parecida a la de los gitanos.
—¿Qué tal si hacemos que nos lean la mano? —propuso Hawk al grupo.
—¿Crees en esas cosas? —Grant lo decía con incredulidad.
—Yo le creo a mi amigo —respondió Hank.
Dana dejó de discutir con Benny para discutir con los demás sobre las creencias del futuro y la buena suerte.
El muchacho de rizos castaños posó su vista en esa tienda y la persona que vio lo dejó sorprendido.
Era Lucy Loud, la hermana de su exprometida, estaba botando a alguien de esa tienda apuntándole con un revólver. También se dio cuenta que estaba acompañada de una chica que era de su ciudad natal, pero no recordaba el nombre.
Le surgieron muchas preguntas, pero la más importante era saber el porqué de que ella estuviera en esa vida de alguien errante, era muy joven para ello. Era algo parecido a un destierro, y si era eso… debía haber un grave motivo.
Tuvo que guardarse esas preguntas porque debía llegar al siguiente pueblo. Si el camino la cruzaba a ella en su camino, le haría esa pregunta.
VII
—Tuvimos suerte —le dejó en claro Brownie.
—No lo repitas —respondió Carol un poco frustrada.
Ambas estaban cerca a un riachuelo bebiendo agua y curando las heridas. No descansaron por temor a que las sigan.
—Tendremos que tomar otro camino —miró el mapa de la rubia.
Carol solo asintió con su cabeza y empezaron la marcha. Rodearon el camino para evitar toparse con bandidos.
Tardaron como tres días, pero llegaron al pueblo que le habían indicado en el mapa.
Brownie y Carol observaron los carteles de recompensa y se dieron cuenta que los rostros les eran familiares.
Hicieron una parada en un hotel donde las instrucciones les indicaban y se hospedaron en la habitación correcta.
En menos de una hora, un hombre caminó de manera sigilosa por el pasillo y dejó unos papeles debajo de la puerta de la habitación.
—Debemos seguir dirección suroeste, el grupo que seguimos no hace más de unas horas está en el siguiente pueblo —le resumía lo de la hoja.
Brownie miraba las ventanas, se dio cuenta que no había cortinas. En menos de un segundo se tiró al suelo junto a Carol.
Las balas de la ametralladora destrozaron las ventanas y gran parte de la habitación.
Ambas respiraban de manera agitada, no había dudas, sabían que ellas iban por el maletín...
