Capítulo 32
Entonces, ¿qué es lo siguiente? La noche es joven.
He deslizado una pequeña referencia (o dos) a una de las otras 'actuaciones' del Sr Rickman – conseguís puntos de brownie por localizarla(s). Dudo que lo hagáis, oh compañeros de devoción.
La línea sobre los botones, debo confesar, no es mía, aunque de verdad desearía que lo fuera; ¡es tan estupenda! La encontré en un sitio al azar en la red – probablemente se ha empleado un montón, debería pensar, pero no pude resistirme.
Entonces… alcohol, hormonas adolescentes, una hermosa mujer, un toque de posesividad… y un montón de botones… una combinación peligrosa.
. . . . . . . . .
Cuando Hermione regresó al Gran Comedor, la música pop muggle estaba llenando el aire y los estudiantes habían comenzado a reunirse en la pista de baile. Notó que un número respetable de maestros e invitados seguían bailando, pero la mayoría de la gente eran adolescentes con la intención de disfrutar de una de las pocas ocasiones que se les permitía ser exhibicionistas en un escenario tan ilustre.
Sus amigas de inmediato se acercaron a ella, arrastrándola a la pista. Las chicas parecían haber sido abandonadas por sus parejas durante un rato, no es que Hermione se quejara. Dondequiera que los chicos hubieran ido, Lawrence estaba con ellos, aunque Hermione notó que Harry no se les había unido. Había logrado escapar de una conversación con un ministro menor para bailar con Ginny.
Mirando hacia atrás, vio a Severus regresando al Comedor discretamente para ir a sentarse en un rincón oscuro del salón. Le dirigió una sonrisa secreta, que él le devolvió, claramente aliviado al descubrir la ausencia de Filmore, y procedió a cruzarse de brazos y observarla discretamente. Ella dejó que la música guiara su cuerpo todavía cargado de erotismo en una expresión de sexualidad madura.
Hermione cerró los ojos y se entregó a los sonidos y ritmos que la envolvían, su mente consumida por las imágenes y sensaciones que había experimentado sólo unos minutos antes. Cuando logró abrir los ojos, vio que él se había levantado de su silla y estaba moviéndose lentamente por la sala, los brazos todavía cruzados, incapaz de quitarle los ojos de encima. Ella era suya. Él lo sabía, y también ella. Ella bailó para él y para sí misma. Nadie más importaba.
Anhelaba que se acercara y la abrazara, que la dejara moverse contra él. Pero sabía que eso no sería, ni podría ni ocurriría. Se contentó con proporcionarle su propio espectáculo de delicioso erotismo, deleitándose en la pequeña perversión secreta del mismo.
Estaba bailando con un grupo de chicas, incluida su amiga más extrovertida, Rose. No se veía a los muchachos por ninguna parte. Hermione se preguntó por un momento dónde habían desaparecido, pero sintió un gran alivio. Estaba con sus amigas, siendo observada por su amante, haciendo algo que adoraba, después de haber tenido el mejor sexo de su vida. No podía ser mucho mejor.
Después de algunos bailes, el grupo fue a sentarse en las sillas a un lado durante un rato, observando a los demás. Rieron con agotamiento, la pequeña cantidad de alcohol que habían consumido antes ayudándolas a flotar en un estado de euforia. En medio de chismes y risas, Hermione todavía logró mantener los ojos clavados en él. Como él en ella.
Él continuaba caminando lentamente por la sala, avanzando hacia ella y sus amigas. Hermione sintió un curioso zumbido de euforia nerviosa más allá de lo que esperaría. Cómo habían logrado mantener la tensión sexual entre ellos por tanto tiempo la asombraba. Supuso que se debía simplemente a la continua naturaleza ilícita de su relación. ¿Se atrevería a aproximarse a ellas? ¿A hablarles? No estaba muy segura de si quería que lo hiciera o no. Mientras su mente luchaba por encontrar la opción más aceptable, Rose dijo en voz alta, "¡Maldita sea, está tan condenadamente sexy esta noche!"
"¿Quién?" Ginny se volvió hacia ella, desconcertada, buscando a su alrededor a un atractivo chico de sexto o séptimo año.
"Nuestro delicioso Maestro de Pociones, por supuesto."
Un escalofrío recorrió velozmente la piel de Hermione. No estaba por completo segura de si fue de emoción o temor.
Ginny se rio un poco para ocultar los nervios y le lanzó a Hermione una mirada. Hermione mantuvo la cabeza baja. "¿Queréis ir a bailar otra vez?" preguntó lo más brillantemente que pudo, intentando cambiar de tema.
"Dios, ahora mismo no. Se dirige hacia aquí. ¡Mirad esto, chicas!"
Severus estaba caminando lenta y deliberadamente junto a ellas, su máscara de desdén arrogante ocultando su constante apreciación de Hermione. Rose de repente se recostó en su silla, bloqueándole el paso. Él se detuvo y la miró con evidente molestia.
"¡Hola, Profesor! ¿Está disfrutando?" Sonó brillantemente coqueta. Hermione comenzó a sentir náuseas. Aunque sabía que no había forma de que él respondiera a la chica, aun así sintió lo que sabía que era una agitación celosa. No era una emoción que hubiera pensado que alguna vez encontraría en su relación. Ahora supo cómo se había sentido él con respecto a Lawrence.
Los rasgos de Snape se tensaron y todo su cuerpo se puso rígido. Un gesto de desprecio familiar pasó por su rostro antes de que arrastrara, "Algunos momentos han sido mejores que otros."
Hermione sonrió para sus adentros.
Rose continuó. "¿No baila, señor?"
"Al parecer, no." Las palabras fueron pronunciadas con su habitual sarcasmo goteante.
"Oh, creo que debería intentarlo. Puede que lo disfrute." Ella se puso en pie, sonriéndole coqueta. "Puedo verle bailando un tango, señor. Si necesita pareja, estoy más que feliz de complacerlo." Terminó mordiéndose el labio, bajando los ojos a su pecho y pasando un dedo por la mitad de los botones de su torso. Luego se dio la vuelta y volvió a sentarse, con una amplia sonrisa traviesa en la cara.
Hermione tuvo que sentarse sobre las manos para contenerse de darle un puñetazo a su amiga.
Snape se estremeció visiblemente y miró brevemente a Hermione, que no podía mirarlo. Con una profunda inhalación, se incorporó y habló una vez más, su voz tan baja que apenas fue audible. "Puedo asegurarle que no será necesario, Señorita Hughes. Buenas noches, damas." Con una leve reverencia, se alejó.
Rose se recostó en su silla una vez más para observar su forma retirándose. Suspiró, "Oh, dios mío del cielo. Tantos botones… tan poco tiempo…"
Hermione se volvió para fulminarla con la mirada y se levantó. "¡Disculpadme! Voy al baño." Con eso se largó furiosa.
Justo cuando estaba saliendo, una fuerte mano le rodeó la muñeca y la llevó a un rincón oscuro.
"¡¿Qué fue todo eso?!" le siseó él.
"¡Maldita sea, a mí no me preguntes! ¡A la mitad de las chicas del año se les ha metido en la cabeza de repente que mojan las bragas por ti! ¡No tiene nada que ver conmigo, puedo asegurártelo!"
Él liberó el agarre de su muñeca, e incluso en la tenue luz ella pudo detectar sus rasgos suavizándose hasta el punto de que incluso podría haber sonreído un poco. No sirvió de nada para aliviar su incomodidad.
"No tenía idea de que tuviera tanta demanda." Sus tonos profundos tenían un toque de autosatisfacción sardónica.
Hermione se cruzó de brazos y resopló. "Sí, bueno. Sólo asegúrame que si alguna vez bailas un tango, sólo será conmigo."
Él estaba sonriendo burlón, aunque ella se negó a mirarlo. "Señorita Granger," arrastró él, "Creo que hay un toque de monstruo de ojos verdes en usted."
Ella volvió a resoplar. Él le puso un dedo bajo la barbilla y la levantó hacia sí. "Hermione."
Ella se apartó. "No. Alguien podría vernos."
"Hermione," continuó él. "Ahora sé cómo te sentiste acerca de mi pequeña demostración de emoción petulante con respecto al señor… Filmore. Los encantos de la Señorita Hughes, si es que existe alguno, están por completo desperdiciados en mí. No necesito decirte eso. Me consumes por entero."
Ella al fin le sonrió. "Lo sé. Es estúpido, lo siento. Simplemente me molesta. Es tan idiota y estúpida a veces. Simplemente me recuerda lo poco que tengo en común con esta gente." Echó un vistazo alrededor. Nadie parecía ser capaz de verlos en la oscuridad de su pequeño rincón. "¿Utilizaste un encantamiento de ocultación?"
"Podría haberlo hecho." Sus bajos tonos deliberados se filtraron en ella, inflamando su lujuria una vez más. La cabeza de él había descendido a su cuello y estaba plantando besos calientes y sensuales a lo largo de su piel hormigueante. Ella gimió y lo sostuvo allí.
"Sinceramente espero que lo haya hecho, Profesor." Su cabeza se levantó hacia la de ella y se encontraron en un ávido beso abierto. Cuando se separaron, ella acercó la boca a su oído y susurró tan sensual y coqueta como pudo, "Desearía poder consumirte por entero – justo – en - este – instante."
Él le sonrió lánguidamente y se inclinó para volver a besarle el cuello. "Todo a su debido tiempo, Señorita Granger." Sus palabras podrían haber dado la impresión de fría paciencia, pero la dureza que podía sentir presionando contra sus caderas contaba otra historia.
Hermione volvió a gemir, pero cuando la cabeza de él descendió para acariciar y besar sus pechos flexibles mientras se elevaban y caían rápidamente del satén rojo de su vestido, su mente se sintonizó lo suficiente como para escuchar la música. Levantó la cabeza.
"¡Oh dios! ¡Me encanta esta canción! Quiero ir a bailar." Se apartó de él y luego levantó la mirada. "¿Te parece bien?"
Él le sonrió. "Si bailas de la manera que estabas bailando antes… es imperativo."
Ella se rio de él, lo alcanzó para un beso, y salió corriendo para reunirse con sus amigas en la pista de baile. Su buen humor había regresado con venganza, e incluso fue capaz de reír al recordar la forma en que Rose había coqueteado con su amante antes. De hecho, de repente la hizo darse cuenta de lo orgullosa que estaba de él y de su relación. Mientras bailaba, sus caderas ondulando sensualmente, sus brazos elevándose con ocioso abandono por encima de ella, consciente de sus ojos enfocados en ella desde la distancia, estaba eufórica.
Las chicas se quedaron en la pista de baile durante varias canciones. Mientras Hermione bailaba una, los ojos cerrados mientras la música la cubría, sintió que unos firmes brazos le rodeaban cintura y la apretaban. Por un momento, en su estado semi-delirante, pensó que era Severus, y pasó las manos por los brazos bien tonificados que la sostenían. Se sentían diferentes. Sus ojos se abrieron de repente y se dio la vuelta. Parado detrás de ella, una amplia sonrisa en la cara, estaba Lawrence Filmore.
Se sonrojó de vergüenza y de inmediato miró alrededor para ver si Severus se había dado cuenta. Por fortuna, en ese momento, parecía estar inmerso en una conversación con un funcionario del Ministerio. Hermione exhaló un suspiro de alivio. Le lanzó a Lawrence una mirada fulminante, que él no registró, y se giró para bailar de frente a él, manteniendo una distancia considerable, y sin mirarlo ni una vez.
En varios momentos él intentó acercarse a ella, agarrándola por la cintura y atrayéndola hacia sí. Fue capaz de escapar de sus garras cada vez. Sin embargo, cada vez que se acercaba, olía el hedor inconfundible de alcohol fuerte, mucho más que las dos copas de vino permitidas en la cena. Levantó la mirada hacia él. Estaba bailando muy mal, en ese peculiar estilo abandonado que tienen los adolescentes borrachos; todo extremidades agitadas y ojos vacíos. Le revolvió el estómago.
Aun así, él seguía acercándose a ella, sus manos por todo su cuerpo. Volvió a fulminarlo, tratando de gritarle una advertencia por encima de la música. No sirvió de nada. Después de varios minutos de intentar defenderse, se largó furiosa. Él la siguió, desviándose inestablemente tras ella.
Snape había sido llevado a una posición en su conversación desde la que no podía ver la pista de baile. No se dio cuenta de que Hermione se marchaba.
Ella se dirigió al baño de las chicas, pero Lawrence la alcanzó y la agarró del brazo antes de que pudiera alcanzarlo. Había varias parejas enganchadas en varios grados de besuqueo a su alrededor.
"¡Hermione! ¿Qué passa?"
Ella se giró para fulminarlo. "Creo que es completamente obvio lo que pasa, Lawrence. ¡Estás borracho! ¡¿Cómo demonios te pusiste así?! ¿De dónde sacaste la bebida?"
"Oh – no te preocupes por eso. Un montón de chicos de Quidditch se las arregló para conseguir un poco hace unos días. Hemos estado en la habitación de Radford. ¡Jodidamente estupendo! Sólo desearía que hubieras estado allí."
Su dicción era tan torpe, que apenas podía distinguir sus palabras.
"¿¡Tom Radford!? ¡¿Ese imbécil?! Es Slytherin. Ni siquiera pensaba que lo conocieras. ¿Y cómo conseguiste entrar en su habitación de todos modos?"
"No sé… todos están en el baile… a nadie le importan una mierda las mazmorras de Slytherin. ¡Ciertamente no al maldito Snape! ¡No ha estado cerca del lugar!"
Hermione sintió una punzada de culpa atravesarla. Pero pasó rápidamente cuando Lawrence una vez más se acercó a ella.
"'Mione… quiero decir… tú realmente… yo realmente… maldita sea, 'Mione… las cosas que me haces… ven aquí…"
Se abalanzó hacia ella. Ella logró retroceder de nuevo. Se esforzó por no juzgar, y sabía cómo podían ser lo chicos cuando estaban borrachos. No se hacía ilusiones sobre el potencial de cualquier estudiante de propasarse a veces. Pero el exceso de alcohol parecía estar sacando un aspecto de Lawrence que no había visto antes. Estaba asqueándola.
"¡Lawrence! Recuerda lo que dije acerca de ir al baile. Sólo como amigos. Estrictamente. Por favor, mantén tus manos lejos de mí. Lo siento, pero no estoy interesada en ti de ese modo."
Todo el cuerpo de él se aflojó. "Oh, maldita sea, 'Mione. Sólo unos besitos. Vamos. Por favor."
Ella abrió la boca horrorizada. "¡De ninguna manera! Lawrence, vuelve al baile y recupera la sobriedad un poco, si eso es posible."
"¿Qué pasa contigo? ¿Qué es? Ya no te gustan los chicos, ¿es eso? ¿Ginny es más tu tipo?"
Hermione casi le dio un puñetazo. Pero mientras lo miraba balanceándose ante ella, tratando desesperadamente de enfocar su cara, sólo sintió lástima por él. Suspiró hondo.
"Lawrence. Estás diciendo cosas de las que, si las recuerdas mañana, te arrepentirás mucho. Escúchame. Vuelve y encuentra a tus amigos. Creo que probablemente deberías irte a la cama."
"No no no no no… tienes que bailar conmigo una vez, muñeca. Todavía no he tenido un solo baile lento contigo."
Ella volvió a suspirar, sus ojos se elevaron al techo. Era su pareja después de todo. "De acuerdo. Sólo un baile lento, y luego prométeme que te irás a la cama. Comprobaré que haya alguien allí para asegurarme de que estás bien."
"Sí, claro, muñeca, lo que digas." Estaba sonriéndole estúpidamente.
Ella se dirigió al cuarto de baño, luego se detuvo y se giró. "Y Lawrence," habló bruscamente. "No me llames muñeca."
Cuando regresó al comedor, volvió a unirse a sus amigas. Lawrence se acercó, paro mantuvo la distancia durante el siguiente par de bailes. Sus ojos de inmediato volvieron a encontrar a Severus. Estaba solo, en pie, un poco apartado de algunos otros maestros. Sus ojos se encontraron. Obviamente ella parecía un poco angustiada, y él alzó las cejas inquisitivamente. Ella logró una sonrisa forzada, tratando de no revelar nada.
La música cambió. El ritmo se ralentizó y las parejas comenzaron a formarse a su alrededor. Suspiró, preguntándose si podría escabullirse. Pero no pudo. Antes de que el primer compás hubiera terminado, Lawrence la había atrapado y la atrajo hacia sí. Notó su cuerpo musculoso y sus fuertes brazos de inmediato. Pero mientras que antes podría haber encendido su deseo, ahora simplemente la apagaba más todavía. Su camisa estaba húmeda de sudor, y el alcohol en su aliento había comenzado a ponerse rancio. Le puso las manos en los hombros, lo más platónica y formalmente que pudo, pero su fuerza la abrumaba y se encontró siendo atraída contra él una y otra vez. Finalmente, se dio por vencida, y movió los pies con regularidad, rezando para que la canción terminara.
Mientras giraban en el lugar, se atrevió a levantar la mirada y se encontró con los ojos de Severus. Lo miró disculpándose y casi con vergüenza. El rostro de él estaba tenso. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y notó que estaba elevándose y cayendo más rápido de lo normal. Pero permaneció inmóvil y aparentemente tranquilo. Eso le proporcionó un poco de alivio. Un baile. Eso era todo.
La música continuaba. Las manos de Lawrence estaban rodeando su cintura, y sintió un apretón de sus dedos. Bajó la cabeza a la de ella y sintió su boca en su oído. Hizo una mueca cuando sus labios lo rozaron. "Joder, 'Mione. ¿Puedes sentirme? Maldita sea, voy a correrme aquí mismo si no tengo cuidado." Con eso se clavó en ella. Hermione se retorció, agitada por el asco, pero de inmediato, la mano de él sujetó firmemente su trasero, empujándola contra su erección aún más. Se sintió físicamente enferma y luchó por escapar. Pero él era demasiado fuerte para ella y la mantuvo contra sí, gimiendo sonoramente en su oído. Estaba claro que sus protestas simplemente estaban excitándolo aún más.
Ella estiró las manos bruscamente y le agarró las muñecas, tratando de quitárselas de encima. No pudo.
"¡Lawrence! ¡Para! Quítame las manos de encima."
"Vamos, muñeca. Sabes que se siente bien. Estás tan metida en tu puto culo, mujer. Necesitas un buen polvo." Su mano estaba apretando la carne de su trasero con fuerza, mientras continuaba apretándose contra ella.
Hermione lo veía todo rojo, pero era incapaz de hacer algo. Buscó a su alrededor desesperadamente a Severus, pero se había desorientado y no pudo verlo. "Lawrence. Bastardo. Para. Por el amor de dios, suéltame."
Sus palabras simplemente estaban inflamándolo más. Su cabeza había descendido a su cuello y sintió no sólo su boca, sino sus dientes, sobre su carne. Deseó tener su varita. Luego, su otra mano se levantó y agarró su pecho, sus dedos hundiéndose tan fuerte que gritó de dolor.
De repente fue apartado de ella. Ella se tambaleó, y dio un paso desesperado hacia delante para estabilizarse, insegura de lo que había sucedido. Entonces escuchó una voz, una voz tan familiar, sedosa y bienvenida, que casi lloró.
"Le sugiero que se aleje en este instante, Sr Filmore. No creo que la Señorita Granger aprecie sus atenciones."
Lawrence se dio la vuelta para ver la alta forma de Severus Snape cerniéndose a su lado. Su cara se torció con incredulidad y le gruñó a su maestro, "Le sugiero que se ocupe de sus jodidos asuntos… señor." De inmediato volvió a girarse hacia Hermione.
La mano de Snape estaba una vez más sobre su hombro, girándolo hacia él. "Sr Filmore. El empleo de lenguaje inapropiado con un miembro del profesorado es un delito disciplinario grave. Pero en este preciso momento, es el bienestar de la Señorita Granger lo que más me preocupa. Aléjese de ella ahora."
Lawrence se sulfuró. Dio un paso hacia Snape, sus rasgos torciéndose con la arrogante ira de la juventud. "¡¿Qué pasa contigo?! Mira a tu alrededor… Profesor… la maldita mitad del colegio está a ello. Mira a Whitemore y Lucy – ¡él prácticamente ya le ha metido la polla!"
Snape no se inmutó, sino que continuó mirando fijamente a Lawrence. "La Señorita Granger no está disfrutando de sus… esfuerzos."
"¿¡Cómo diablos lo sabe!? ¿Y qué demonios le importa? Ve a meterte con algún otro." Se volvió una vez más hacia Hermione, alcanzando sus caderas. Snape lo agarró del brazo enérgicamente y volvió a girarlo hacia él con fuerza.
"Quítame tus jodidas manos de encima, ¿quieres?" exclamó Lawrence, retorciendo el brazo para librarse del agarre de Snape. Miró a su maestro con furiosa confusión. "¿Cuál es tu jodido problema?"
Snape estaba respirando pesadamente, su cuerpo tenso, los ojos clavados como dagas en Filmore.
Una repentina luz de conciencia apareció en la cara del hombre más joven. Sonrió un poco para sí mismo, sin quitar los ojos de los de Snape, y comenzó a asentir lentamente. "Estás celoso. Estás jodidamente celoso. ¿No?"
La comisura del labio de Snape se torció, pero él no se movió. Hermione permaneció inmóvil, insegura de qué hacer o decir.
Lawrence se acercó a su maestro y le susurró al oído, burlándose deliberadamente. "La deseas, ¿no, viejo? Deseas su coño apretado y caliente tanto como yo. No puedo decir que te culpe. Pero, ¿sabes qué? No puedes tenerla."
Los ojos de Snape se entrecerraron brevemente y se inclinó hacia Filmore, casi íntimamente, y susurró con suavidad, sólo para los oídos del hombre más joven, "Ahh, pero ya ve, Sr Filmore, como suele ser el caso con usted… ahí… es donde está… equivocado."
Lawrence se apartó, su cara retorciéndose con confusión. Claramente no comprendió lo que Snape quería decir y continuó sin cesar. "¿Crees que ella desearía a un viejo esmirriado como tú? En tus jodidos sueños… señor. Te diré que te escribiré un ensayo. 2000 palabras. ¿Qué tal? Después de habérmela follado hasta dejarla sin sentido esta noche, lo escribiré todo para ti y lo dejaré en tu escritorio al día siguiente – 'A la atención del Professor S Snape. Título: Cómo es estar en el coño de la Señorita Hermione Granger.'"
Antes de que hubiera terminado la última sílaba, la varita de Snape estaba fuera y en su garganta. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso y parecía más alto que nunca, incluso al lado de Filmore. Sus ojos negros estaban muy abiertos y brillantes, y una vena latía en su sien. Hermione no había oído lo que el muchacho había dicho, pero podía sentir el veneno vertiéndose de su amante hacia él. Se sintió impotente para detenerlo. De inmediato, la gente a su alrededor dejó de bailar y retrocedió. Snape estaba a sólo un suspiro de maldecir a uno de sus alumnos ante los estudiantes y brujos reunidos en el Gran Comedor. Las manos de Filmore se levantaron por encima de sus hombros y tragó saliva, sin quitar los ojos de la varita todavía presionada con fuerza contra su garganta.
"Wow… de acuerdo… de acuerdo… sólo… baje esa cosa, ¿quiere…? Lo siento… lo siento…" Su cara se arrugó y pareció que estaba a punto de llorar.
Manteniendo su varita firmemente presionada contra la garganta del muchacho que gimoteaba ante él, Severus volvió a acercarse a él y habló, bajo y peligroso. "Eres la peor escoria que nunca he tenido el desagrado de cruzarme durante mi tiempo en este colegio, y, como tu ignorancia puede o no permitirte saber, eso es un gran logro. Considera tu tiempo en el Colegio Hogwarts acabado de inmediato, y de hecho, tu futura carrera, como lo habría sido, llegó a su fin antes de que comenzara. Nunca volverás a conversar, acercarte, o incluso mirar a la Señorita Granger durante el tiempo que vivas, y si lo haces, puedo asegurarte que terminaré el trabajo que tanto deseo completar esta noche."
La música se había detenido y Hermione, Severus y Filmore estaban solos en un círculo de gente que se había formado a su alrededor. Había silencio. Parecía que todo el salón estaba observando y esperando para ver lo que sucedería a continuación.
Severus comenzó a bajar lentamente su varita, y cuando se alejó de su garganta, la cara de Filmore cambió del horror a la malicia. "Vete al infierno, maldito bastardo."
La varita volvió de inmediato su garganta y el brazo de Snape se tensó. Su boca se abrió.
Entonces una mano se levantó y descansó sobre su brazo, apretando suavemente los dedos tranquilizadores a su alrededor. "Severus."
Hermione susurró su nombre suavemente, pero fue oído por las primeras filas de personas que los rodeaban. Snape se volvió con la mirada nublada para encararla, casi sorprendido de encontrarla allí. La miró con una mezcla de desconcierto y adoración.
Su mano continuó descansando en su brazo y suavemente lo bajó, sintiendo que los músculos se aflojaban al hacerlo. Él giró su cuerpo hacia ella, respirando pesadamente, y ella permaneció ante él, simplemente mirándolo. Entonces, con derrota exhausta, Severus Snape se inclinó hacia delante y lentamente apoyó la frente sobre la de Hermione Granger. Ella a su vez, levantó las manos y tomó las suyas dulcemente. Apenas notaron el audible jadeo de los estudiantes, profesorado e invitados reunidos. Lawrence Filmore retrocedió tambaleándose horrorizado e incrédulo.
El comedor volvió a quedarse en silencio, nadie se movió. Pero entonces, desde el otro lado de la sala, llegaron pasos agudos, crujiendo por el aire.
Minerva McGonagall entró a largas zancadas en el círculo, una mirada de absoluta conmoción apoderándose de ella por lo que encontró.
"En el nombre de Merlín, ¿¡qué está pasando aquí!?"
Nadie dijo una palabra. Severus y Hermione dejaron caer las manos lentamente y se volvieron para encarar a la Directora.
McGonagall miró de uno a otro, la boca colgando abierta de incredulidad. Luego recompuso su rostro en su habitual expresión de profunda desaprobación y habló.
"Sr Filmore. Esperará en el despacho de Madame Hooch. Trataré con usted inminentemente. Señorita Granger. Profesor Snape. A mi despacho. Ahora."
Con eso salió del círculo. Hermione y Severus no vacilaron en seguirla. La multitud se separó con murmullos para dejarlos pasar. Hermione notó brevemente las caras ansiosas de Harry y Ginny mientras salían.
McGonagall caminó delante de ellos a través del castillo, llegando enseguida al pie de la escalera que conducía a su despacho.
No se habían mirado el uno al otro mientras la habían seguido a través de los oscuros corredores silenciosos, pero cuando McGonagall desapareció por la escalera de caracol por encima de ellos, instintivamente extendieron las manos al mismo tiempo y entrelazaron los dedos. Luego, con una última mirada a los ojos del otro, ascendieron la escalera hacia el despacho de la Directora.
