THE FIRE AND THE FLOOD
Capítulo 13
CUESTIONES DE CIENCIA Y PROGRESO
Un suspiro lánguido y agotado escapó de los labios de Nazuna Hiwatashi.
Había anochecido, después de un atareado y frustrante día. El incidente del escenario, el caos que los medios hicieron al respecto. Y no es que desdeñara ser el centro de atención aun en momentos de pánico, pero tener más de cinco reporteros de prensa tanto humana como beastman acorralándola con incesantes preguntas por lo sucedido y por la víspera del evento, era tan apetecible como una migraña mezclada con un aneurisma.
Bien podría agradecer que Marie cumpliera casi profesionalmente con su deber de "mánager" y al menos se había dignado a responder a la mayoría de las interrogantes de los medios, aun con su premisa de "entrevista exclusiva con costo extra".
El resto del ensayo no se pospuso, pero la cabeza seguía martilleándole por todo el tropel entre revisiones de vestuario, iluminación… ah, y la condenada canción que concretaba el numero estelar del repertorio.
Y todavía tenia que practicar los últimos estribillos.
Rayos…
Abrió con un cansado bostezo la puerta del apartamento. El silencio y la oscuridad del interior le recibieron con casi estremecedor vacío. Su mano se posó a tientas sobre la pared en busca del interruptor.
Y sintió unos nudillos extraños sobre sus delgados y temblorosos dedos.
El grito, por reflejo quedó ahogado cuando la estancia se iluminó y su mirada atónita pasó de miedo y pánico a ira al encontrarse el semblante de Alan Sylvasta.
Aun con esa lacónica media sonrisa fastidiosa, Nazuna no hizo ni el menor intento por frenar aquel impulsivo gesto de defensa. La mano se había proyectado hacia su rostro y podría haber dado de lleno sino fuera porque él la detuvo con diestra habilidad. Casi como si se lo hubiera esperado.
—¡¿Qué rayos estas haciendo aqui?! —Nazuna ni siquiera hizo el intento de atenuar su voz, gritando lo más fuerte que podía e intentando zafarse del agarre de Alan—¡Suéltame!
Éste solo espetó una risa corta.
—Sólo me aseguraba que hubieras regresado a salvo…—notó la mirada desencajada de la chica kitsune, por toda respuesta, le soltó—…Y antes de que se te ocurra lanzarme algo, fue Itami-san quien me lo pidió.
Nazuna contuvo un gruñido, volviendo a su forma beastman. Sus nudillos se crisparon sobre la barandilla. Se detuvo y le miró, ladeando la cabeza con descaro.
—Genial…la comadreja prefirió pedírselo al psicópata clasista antes que a cualquier otro. ¡Vaya que me siento a salvo!
Alan hizo una mueca.
—Me complace tu amabilidad, Nazuna-chan. Se nota que extrañas a Boris y su horda de adoradores descerebrados.
Nazuna se rió, entre triunfal y sorprendida por aquella respuesta tan decepcionantemente poco ingeniosa.
—Oooh…qué respuesta tan común. ¿Se nos está acabando el ingenio? —preguntó, con perversidad.
Alan palideció, pero se guardó mucho de mostrar su frustración. Sonrió, cínico.
—Puede, pero al menos a mí no se me acaba el vestuario.
Nazuna puso los ojos en blanco. El timbre tenue de su teléfono vibró repetidas veces.
¡Ah, salvada por la campana!
…o eso habría deseado, cuando sacó el aparato y apenas logró vislumbrar el número de Michiru en la pantalla. A punto de tomar la llamada, cuando Alan se lo arrebató, dejándolo en la mesita de junto.
—¡¿Qué rayos?! –gruñó en un impulso por tomarlo de nuevo. La intensa mirada de Alan y esa sonrisa pérfida y afilada le detenían como un silencioso duelo de orgullo—¡Mejor lárgate o…!
—¿O que? Yo no me iré a ningún lado, no hasta que al menos arreglemos esto.
—¡No hay nada que arreglar!
—¿Por qué simplemente no te dejas de juegos tontos, niña? Si, quieres la atención de todos eso se nota, casi llevas a la ciudad a su ruina por tu capricho de "Gran diosa mesiánica" y nunca replicaste cuando fingiste esa estúpida farsa. Ahora tienes todo de tu parte, ah, la "gran idol bestia" que aun no tiene todo…
La mirada de Alan denotaba un brillo diletante. Algo centrado en la mezquindad de aquellas verdades incisivas. Algo que Nazuna, aun en su casi inocua ingenuidad juvenil no podía prever.
Una pregunta se había formulado en la mente de Sylvasta desde aquel ofuscado y cercano encuentro en su camerino tras el incidente de la puerta atascada. Una incógnita muy certeramente conveniente.
¿Se puede engañar a un zorro?
—¡¿De qué rayos estas hablando?! ¡Yo no tuve nada que ver con lo que tú y ese asqueroso de Boris habían planeado! —respondió ella a la defensiva.
Demasiado abstraída en aquella ofuscada respuesta como para percatarse que Alan estaba tan cerca de ella que podía casi percibir el sutil pero penetrante aroma d su colonia.
Cómo aquella noche en que había tenido el impoluto papel de salvarle en su interpretación de Désse Louve.
—Si lo estabas…inclusive recuerdo esa intensa mirada. Casi como la que tienes en este momento…¿Acaso es interés, Nazuna-chan?
—¡Qué gracioso! ¡Ni siquiera me conoces!….—bufó Nazuna, en un intento por alejarse, hasta que sintió nuevamente la mano de Alan, sujetándole por la muñeca. No en un gesto aprensivo como hacia minutos atrás, pero lo suficientemente firme para no soltarse.
—No estás siendo objetiva porque me odias, o porque simplemente estás sexualmente frustrada.—Alan ignoró la exclamación de protesta de Nazuna y prosiguió.—Si lo fueras, tendrías que reconocer cosas tan evidentes como que sólo eres una niña caprichosa que prefiere poner una barrera con todo este teatro de la idol de moda, porque tienes miedo a que te lastimen…
Un silencio ominoso en el que su tórrida mente no pudo rebatir nada contra el argumento de Sylvasta. Quien calla otorga ventaja al adversario y éste, como si se tratara de una jugada de ajedrez meticulosamente calculada, tomó partido.
Le había acercado hasta que las puntas de las sandalias de ella chocaron con las de los brillantes zapatos de él. Nazuna alzó la vista y encontró sus ojos, brillantes y claros como la luna reflejada en el agua, que la miraban intensamente a través de los párpados ligeramente entornados. De pronto, se sintió extraña, como si alguien hubiera tirado del enchufe y la hubiera dejado a oscuras repentinamente. Tomó consciencia de la situación. ¿Qué hacía allí a solas con él, de pie en la penumbra, mirándole? No eran amigos. No compartían bromas. Ni siquiera se soportaban. Era una situación inaudita, antinatural. Nazuna se sentía insegura en aquel nuevo terreno, pero por algún motivo inexplicable, no era capaz de apartarse sin delatar su inquietud.
Y la inquietud dio paso a la curiosidad.
La premura del ambiente, la calma sosegada bajo la exigua lluvia de la noche. El vacío del apartamento si no fuera por ellos dos y…
Y entonces el contacto perdió la casi inexistente distancia. Él dejó que la encontrase, sintiendo el cálido y suave tacto de sus labios. Nazuna mantuvo el cuerpo fuertemente apretado contra el de él, y al prolongarse el beso, Alan le rodeó con los brazos y sacó la lengua para excitar aquellos labios. Sintió que ella se estremecía, deseosa de retirarse pero incapaz de hacerlo, y le acarició lentamente la boca con la lengua. Los dientes se cerraron sobre ella, atrapándola con una presión no demasiado delicada. Ésta era la manera civilizada de hacer la guerra, pensó Alan. La abrazó con más fuerza, permaneciendo así durante un momento, boca a boca y dientes a lengua.
¿Se puede engañar a un zorro?
La pregunta hizo un eco hueco en su mente y el propio Alan Sylvasta ya no se sentía tan seguro de responder a ello.
Todo dejo de tener sentido, él ahora la deseaba… y Nazuna sabía que quería…
¿Sabia que quería? Su mente era un embrollo, no podía enhebrar una línea de pensamiento coherente.
Alan se abalanzo sobre ella y empezó a desnudarla… al tiempo que ella lo desvestía a él, haciendo y dejando hacer, aunque Nazuna seguía sin entender muy bien que era lo estaba haciendo o lo que quería hacer…
Sea lo que sea, ahora no importaba…
—0—
La expresión de Melissa Horner aun mostraba una explícita preocupación mientras terminaba de colocar una pequeña bandita en la amoratada nariz de Pingua.
—No entiendo como Ogami-san pudo ser capaz de semejante arrebato –excusó con una voz aun mas tenue—Él no es asi…
Pingua intentó sonreír débilmente, más por mera cortesía que por ánimo propio, sus manos se pasaron por reflejo aun en su adolorido cuello. Las marcas dejadas por las garras de Shirou aun estaban visibles como rojos cardenales sobre la yugular.
—Fue mi culpa…—musitó Pingua en un corto murmullo. Su vista pasó levemente hacia Michiru, quien rehuyendo el contacto visual solo permanecía sentada en el sillón, mirando su teléfono—…creo que…invadí su territorio.
—Territorio o lo que haya sido, esas no son maneras de tratar con invitados aquí. —sentenció Melissa.
Gem solo miró por sobre el periódico como si nada pasase.
—Bueno, el chico está bajo mucha presión… simples errores de juventud, querida…no es para tanto
—¡¿Vas a ponerte de su parte, Gem?!
La discusión de los Horner quedó abruptamente interrumpida por el graznido de Kuro. El pequeño cuervo señalaba hacia la puerta entreabierta de la cooperativa. En la sala ahora solo estaban ellos y Pingua.
Michiru se había ido.
—0—
Su voz aun hacía un eco fantasmal en su mente.
"Alguna vez...has sentido... algo por mi?"
Y le había dicho que no.
Si hubiera podido congelar el tiempo y seleccionar un segundo concreto, Shirou Ogami habría jurado que podía determinar cuál fue el momento exacto en que la vio desmoronarse. Lo vio en sus ojos. Aquellas brillantes pupilas se habían encogido ante su negativa, habían huido de su rostro en el momento en que él dijo "No". Se habían entrecerrado para expulsar el exceso de lágrimas, y le habían lanzado aquella mirada doliente, desgarradora, aquel mudo grito de auxilio.
Justo antes de que él le diera la espalda.
Con la vista fija en la desgarbada duela del bote y el rostro inclinado hacia abajo, dejando que el fleco le ocultara toda expresión, el rostro de Shirou se contrajo. Quería repetirse que había hecho lo correcto, que no iba a permitir que nadie jugara con él. Que la traición de ella no había conseguido herirle.
Que era algo que se esperaba.
Y el reclamo, que le hubiera gritado que era un imbécil, coronado por aquel inminente ataque con el balde vacío no había sido más que una fútil descarga que constituían una poderosa réplica, y hacían aún más evidente la paradoja: por qué él, que tanto se enorgullecía de su capacidad analítica y rectitud de miras, seguía sintiéndose tan hondamente miserable.
Los hechos eran los hechos. Michiru le había usado sólo paraque Pingua pudiese tener aquella ultima jugada. No había más vuelta de hoja. Lo que le irritaba era no haberse dado cuenta antes. Le irritaba sobremanera pensar que había estado perdiendo el tiempo por algo tan estúpido, en algo que no era de su incumbencia.
Mientes.
Los ojos de Shirou se cerraron con fuerza, intentando desoír ese aullido interior.
Se repitió a sí mismo de nuevo que sólo había actuado como su dignidad le exigía, que no iba a permitir que le usaran y le faltaran al respeto. Era una afrenta a su honor. Sólo una afrenta de honor.
Mentiroso, le punzó de nuevo aquella voz en su interior.
Volvió a verlo. Volvió a ver la boca del maldito beastman albatros cerniéndose sobre la de ella, sobre la misma boca que él había besado aquella noche por primera vez en el pasillo de la cooperativa; aunque la oscuridad había hecho indescifrable la expresión de Michiru, pero él imaginó que también con Pingua habría cerrado los ojos. Habría puesto sus pequeñas manos sobre su pecho, habría ladeado la cabeza, se habría entregado.
Shirou quiso tragar saliva, pero la congoja instalada en su garganta no se lo permitió. Su mandíbula estaba tan fuertemente apretada que podría haberse partido los dientes.
No podía soportarlo. Pensar en sus ojos cerrándose, en sus labios entreabriéndose para Pingua le volvía enfermo de dolor. No, no podía ser de nadie más…él mismo aun sentía su aroma impregnado aun en sus prendas inundado sus sentidos.
El vacío ahora le dolía como si le hubieran arrancado el corazón de cuajo.
El golpe recibido en su rostro contra el balde competía con el dolor interno, y estaba teniendo ventaja. En la agónica intimidad de su pensamiento, aquella vocecita se alzó de nuevo para punzarle.
"Ahora empiezas a entender…"— le susurró, sobrecogiéndole—"… lo estúpido que has sido."
—Shirou-san… vaya que esto es una sorpresa…
—0—
Un jadeo entrecortado escapaba de los labios de Nazuna. Alan rodó sobre sí mismo, exhausto, ambos respirando agitadamente.
Nazuna se aferró a él, temblando ligeramente, su cuerpo aún asimilando las sensaciones que acababa de experimentar. La osadía y atrevimiento, anteriormente tan a flote, ahora menguando mientras la euforia del momento abandonaba sus sistemas, mezclado con el sudor vertido por sus poros.
El cuerpo domina a la mente y la mente domina al cuerpo dependiendo de las circunstancias y fue este el preciso momento en que Nazuna recobró la cordura. La azorada chica kitsune de dieciocho años, sin mayor experiencia con el sexo masculino, se soltó de Alan, se aferró a las revueltas sábanas y trató de cubrirse con ellas.
Pudor y vergüenza, ahora entremezclados con un creciente y casi furioso desconcierto. Por instintivo reflejo pasó de su forma humana a su forma beastman. Algo que no hacía más que denotar más explícitamente su expresión de enojo. Más directa y clara en sus zorrunas facciones.
—¡¿Qué…hiciste Alan?!
Alan bajó del estado de sopor en que se encontraba, la adrenalina había alcanzado un pico elevado.
—¿Huh?
—¡Maldita sea, hablo de esto Sylvasta!
Las viejas costumbres son difíciles de dejar atrás y la lengua de Alan Sylvasta se activó más por piloto automático que por otra cosa, su cerebro aún medio aturdido por las sensaciones que aún experimentaba su cuerpo.
— ¡Hey! ¡No me vas a echar ahora a mí la culpa!
Nazuna calló, estaba nerviosa, asustada, avergonzada y enojada; enojada con Alan y enojada con sí misma. Más allá de que se había repetido mil veces que su prioridad antes que los dilemas del corazón había sido su carrera…aun si con esto tenía que dejar de lado las usuales cursilerías de cualquier chica de su edad, humana o beastman. Y era lo que prefería hacer, nunca se había considerado del tipo de chica enamoradiza y creyente del romance rosa y edulcorado de los doramas y peliculas; eso nublaba juicio ante las cuestiones importantes y ahora…
¿Y ahora que rayos había hecho?
Su teléfono había dejado de sonar, aun mientras su cuerpo y mente estaban ocupados en "asuntos íntimos", podía escuchar el incesante timbrecillo desde la sala unas tres veces seguidas hasta finalmente detenerse. Y el silencio de la incómoda realidad había sido roto por el golpe en la puerta principal.
"¡Marie!...ay no… ¡NO AHORA!"
Nazuna apretó con más fuerza las sábanas.
—¿Nazuna?
La joven arrojó su pantalón a Alan.
—Vístete —le dijo, a la vez que buscaba a tientas entre las blusas que tenía desperdigadas por la alcoba. Alan notando su apuro sólo le arrojó su camisa. Nazuna le miró recelosamente.
"Ah claro, tienes un acostón con un tipo y lo mas adecuado es tomar su camisa como trofeo…¡ménudo descaro! ¡Y más por parte de él!"
—¡Olvidalo!
—Va, como quieras…si a menos que desees abrir la puerta así como estas. Aun sobre el pelaje se notan ciertas cosas…
Nazuna tomó la camisa y se la puso, renegando sobre el ufano gesto al señalar su desnudez de semejante manera. Luego el peso de sus acciones cayó sobre sus hombros. Un gruñido tenue escapó de sus labios.
—Esto…esto no significó ni significará nada, ¿entiendes?
Alan le miró de reojo mientras terminaba de ponerse el pantalón. Exhaló hondamente, sintiendo la aprensión en sus palabras y…podría darle bastante razón a ello.
—Me alegro, porque esa no era la intención. —no había frialdad en ello, solo una conveniente indiferencia—…aunque si somos honestos, esto fue porque tu quisiste…
—¡Yo no te besé!
—Y podías haberme apartado en cualquier momento…—hubo una momentánea sonrisa casi afable en su rostro, casi, si no fuera por el brillo displicente de su mirada al levantarse y señalar unas pequeñas marcas en sus omóplatos.—…y estos rasguños delatan toda tu mentira, Nazuna-chan…
Nazuna tragó hondo. Bajó la mirada, apelando a un poco de aplomo por lo menos para equilibrar la situación.
—Bueno, al menos con esto dejarás de fastidiarme con eso de que estoy "sexualmente frustrada"…—nuevamente llamaron a la puerta, con más apuro, provocando que Nazuna aun sin salir de la alcoba replicara a voz en grito un hosco "ya voy". Volvió a dirigir la mirada hacia Alan—¡Ni se te ocurra salir!
Sylvasta sólo se alzó de hombros en aire desenfadado, mientras la mano temblorosa de Nazuna apenas tocaba la manija de la puerta y su mente se rebatía en un torbellino de excusas que podría rebatirle a Marie...
Abrió la puerta y aquella marejada de bochornosas ideas simplemente se desvaneció como una ofuscada brisa, al encontrarse con el semblante ensombrecido de Michiru. Aun bajo la capucha de su sudadera, los brillantes orbes de apenas y avistaron una leve sorpresa ante la desconcertada expresión de Nazuna.
—¿M-Michiru?, ¿Qué…que haces aquí?
En un intento sutil por responder calmadamente, la chica tanuki bajó un poco la mirada.
—Te había estado marcando y no respondías…creí que había pasado algo y…—el pretexto que cubría la abrupta visita quedó relegado cuando al entornar la mirada percibió la inusual prenda que llevaba su amiga—¿y esa camisa?
Antes de siquiera impostar alguna respuesta y como si el universo conspirara cruelmente en la situación, una voz terció a sus espaldas. Alan, de pie, vestido únicamente con el pantalón y apoyado contra el marco de la puerta que daba a la habitación simplemente esbozó una sonrisa ladina.
—Bueno, ya que por lo visto no tendrás que preocuparte por la comadreja y supongo que a tu amiguita no le importa…¿te importaría devolverme mi camisa, Nazuna-chan?
Los ojos ampliamente abiertos de Michiru pasaron de Nazuna hacia Alan y nuevamente hacia Nazuna. Aun en su confusa y apabullada mente no se necesitaba ser un genio para atar los cabos sueltos; tan sencillo como que dos y dos son cuatro y si su amiga estaba desnuda bajo aquella camisa de hombre y el imbécil de Sylvasta estaba allí, era más que obvio lo que había pasado…
Claro, que en los términos de Michiru, la calma antes cualquier explicación era como manejar un idioma extranjero.
—0—
Una voz había reído entrecortadamente a sus espaldas, rompiendo completamente el silencio de la fría noche. Shirou, aun en su forma humana y con el semblante taciturno y sombrío, apenas y ladeó la cabeza en respuesta al sonido.
—Necesitaba un poco de aire fresco –respondió escuetamente.
Emergiendo de la sombra que proyectaba la cabina de mando del pequeño bote motorizado, Marie Itami solo avistó a una sonrisa sutilmente burlona, un poco más expresiva cuando avistó el tremendo moretón que se veía en la mejilla izquierda de Shirou.
—Tsk tsk –chasqueó la lengua en gesto represivo—Yo diría que te echaron a dormir afuera, como perro castigado…si, se lo que pasó esta tarde—señaló indiscretamente hacia el moretón—¿Pingua o Michiru?
Shirou se levantó el cuello de la gabardina en un afán por cubrirse el rostro.
—¿No se suponía que deberías estar con Nazuna? —la hosca pregunta fue un vago intento de cambiar de tema, sin embargo la mirada curiosa e indagadora de la visón dejaba bastante en claro que no iba relegar el contexto de la huraña expresión de Ogami.
Sin miramientos y como si la situación no fuera agravante, Marie se acercó, apoyando la espalda contra el barandal en un aire desenfadado.
—Bueno, también tengo mis otros negocios, estas cajas de cerveza no van a entregarse solas…—respondió ufanamente—Además sé que la "niña mimada" estará bien, no es como si fuese a meterse en líos por una noche que se quede sola.
Una parte de la frase se quedó en sus labios, tenía la intención de mencionar a Alan pero viendo el aire diletantemente sombrío de Shirou prefirió tener la discreción de no echar más leña al fuego. No cuando podía sacar provecho de la situación, o al menos indagar más a detalle. Shirou molesto por algo que fuese más que el conflicto de la ciudad, era algo poco usual.
—Lo dices como si lo ocurrido la otra noche no hubiera importado…—las azules y brillantes pupilas de Shirou se posaron levemente en la pila de cajas cerca de la cabina—…me sorprende que Flip no haya tomado represalias.
El chasquido del encendedor dio un leve chispazo mientras Marie encendía un cigarrillo.
—El viejo sabe que hay embarques que llegan incompletos, pude apañármelas con eso –respondió Marie, dando una bocanada leve—Y por las chicas, incluyendo a tu querida tanuki fastidiosa, pues… ¿Qué puedo decir? Errores de juventud…claro que en tus años de experiencia hay cosas que has olvidado.
Shirou resopló, molesto por la cercanía de aquella piedra arrojada contra su silencioso dilema interno. Marie lo notó, con clara obviedad y enarcó una media sonrisa complacida por tan certero movimiento.
—Igual puedes tomar ese error como lo que es, pareciera que olvidas que por más fuerte y obstinada que sea, sigue siendo una chiquilla y bastante ingenua…—Marie ni siquiera le miró, pero el silencio era una apremiante respuesta—Pingua solo quería dejar en claro las cosas, tal vez no de la mejor manera, pero el que no arriesga no gana.
Un tosco gruñido escapó de la garganta de Shirou.
—Traición…eso es lo que he ganado. —respondió al aire.
Marie ladeó levemente el rostro.
—Ese moretón dice lo contrario. —señaló ásperamente—Traición hubiera sido que ella dejase en claro que sentía lo mismo por Pingua y ni siquiera se habría molestado en contradecirte.
Shirou no respondió, su mirada bajó, levemente hacia las calmadas aguas agua, reflejando su mirada vacía y hundida.
¿Era esa la mirada en la que se habían perdido las lágrimas de Michiru? ¿Eran esos los ojos con los que la había sentenciado?
Shirou apretó los dientes al sentir de nuevo aquella náusea interna. No podía olvidar lo que le había dicho. Aunque sentía que estaba legitimado, que ella se lo merecía, se sentía miserable. El sentimiento de estar engañándose a sí mismo le escocía tanto como el moretón en su mejilla.
"Basta", le dijo su autocontrol, desde las profundidades de su ser.
Alguien había gritado a lo lejos. La voz del detective Tachiki parecía resonar desde casi una milla de distancia.
—¡Ogami-san!
Shirou parpadeó, como emergiendo de la bruma de un turbulento sueño de duermevela. Nunca antes sintió tanto alivio por ver el rostro enjuto y preocupado del detective. Bajó resueltamente del bote, seguido silenciosamente por Marie.
—¿Qué ocurre, Tachiki-san?
—Algo más en los resultados de la autopsia de Dante y, encontraron los videos de la cinta de seguridad de las cámaras de los barrios bajos. —el detective respondió, apoyado en una de las columnas del muelle. Pese a que su expresión era tan contenida y sobria como siempre, su mirada estaba velada.—La alcaldesa también le ha estado buscando.
Por la tensión de sus hombros, Shirou leyó que no eran buenas noticias. Tragó saliva.
—0—
Aun sin haber hecho algún otro artero comentario, Alan había salido del apartamento, tras dejarle a Nazuna una de las blusas que estaban sobre uno de los sillones y recuperar su camisa, dejándosela descuidadamente abotonada y abandonado el edificio con un mustio silencio. Solo tras dirigirle una última mirada a la exaltada kitsune. No, no era la furia de sus pupilas carmesí lo que había provocado esa sutil y casi imperceptible satisfacción, sino la frialdad que se había impostado en las silenciosas miradas entre ambas amigas.
Las fichas en el tablero estaban puestas y él había hecho un buen movimiento, tal vez no el mejor que hubiese querido pero podía tomarse como un tiro certero.
Como si lo estuviese esperando, el timbre de su teléfono sonó. Le dejó timbrar un par de veces antes de contestar, mesurando el sutil incordio en la voz de Eileen al otro lado de la línea.
—Casi medianoche, ¿no deberías estar trabajando en las pruebas?
Alan exhaló como evocando un suspiro agotado.
—Debería, pero tenía asuntos por terminar. —respondió en un murmullo tenue—Asuntos que podría haber dejado si tu no hubieras mandado a uno de tus lacayos a arruinarlo todo. Fue una estrategia algo estúpida de tu parte, querida.
La voz de Eileen permanecía en aquel tono sutil pero ofuscado.
—No se puede hacer un omelette sin romper algunos huevos, creí que una distracción sería lo más adecuado. Sabes que los accidentes suceden. Te pedí traer a la chica, no como una sugerencia sino como una orden.
—¿Y tenía que ser precisamente la que es el centro de atención?, no es eso ¿algo arriesgado? –Alan no le dio oportunidad de responder—Te dije que podía encargarme de esto.
—No puedo dejar las muestras sin completar, Sylvasta. El espécimen es necesario.
Antes de llegar a su auto, Alan se detuvo en medio de la desolada calle. Su aguda vista vislumbró un vehículo aparcado en una de las calles aledañas. Volvió a tomar el teléfono, sin despegar la mirada del auto.
—Sé que es tan importante como para haberme seguido hasta aquí, descuida, tendrás a tu sujeto de pruebas…—la voz de Alan bajó hasta ser un gruñido grave—…y si eres lo bastante paciente, no solo tendrás a la chica sino al lobo. Sólo espera que las fichas se muevan hacia donde deben.
Y colgó.
—0—
—¡¿De todos los beastman en el mundo tenía que ser él?! ¡¿En qué rayos estabas pensando, Nazuna?! —el grito de Michiru se había elevado aún más de lo que la propia Nazuna había esperado.
Y ella no estaba ni de ánimos ni con la paciencia suficiente como para sucumbir a un reclamo tan infantil.
—¡¿Y?! ¡Claro, como si yo no tuviese nada que opinar sobre lo tuyo con Ogami!
—¡Pero Shirou no quería destruir la ciudad ni acabar con los beastman! ¡Y mucho menos estuve inmiscuida en el fraude de una secta fingiendo ser lo que no soy!
El dedo en la llaga, como si no fuera la primera vez que lo decía. Pero siempre había un límite, una gota que derramaría el vaso.
—¡¿Qué no sabes otra acusación?! –esta vez Nazuna apeló a una respuesta contrita—¡Si, me he equivocado pero ¿y tú?! ¡Tu ingenuidad y tu estúpida necedad de que todos estén de tu parte! ¡Como si no hicieras nada malo más que ocasionarle problemas a la ciudad o al propio Ogami! ¡¿Te recuerdo lo de esta tarde con Pingua o tampoco tiene importancia?!
Michiru aun a pesar de su estridente voz, intentaba contenerse. El erizado pelaje de la nuca y las orejas echadas hacia delante le incriminaban de lo contrario.
—¡Eso es problema entre Shirou y yo y te aseguro que ya no hay nada! ¡No me compares contigo! ¡No fui yo quien se metió en la cama con alguien que casi destruye la ciudad!
Nazuna la miró extrañada y dolida. No se había esperado esa reacción de Michiru, en verdad no sabía que reacción estaba esperando de su parte, pero el rechazo le dolía.
—Asi que es eso… —musitó—No es el interés por la ciudad, es por Shirou. Finalmente tenia que pasar, y como siempre, eres tan estúpida como para no darte cuenta.
La mirada de Michiru estaba cristalina, era evidente su nerviosismo, retorcía sus manos. Nazuna no estaba mejor que ella, en verdad estaba un poco asustada, no quería más complicaciones en su vida, ya tenía suficientes, y ahora esto…
—Podre ser estúpida pero no tanto como para creerle a un farsante…
Nuevamente el dedo en la llaga, ahora más hondo. Esa palabrita tenía muchas connotaciones y a Nazuna, ninguna de ellas le gustaban.
—Hablas como si me tomara esto en serio. Ese es tu problema, siempre asumiendo todo. Y lo único que deberías realmente tomar como verdadero, es lo que ese lobo amargado siente por ti, en vez de echarlo por la borda.
Michiru se giró, lágrimas cayendo por sus mejillas, las cuales limpió rápidamente con el revés de su mano y empezó a caminar.
—Eso ya no importa ahora…
La voz se le quebró y Nazuna no supo que más rebatir. Se quedó allí, inmóvil y desconcertada mientras escuchaba la puerta de la entrada azotarse al cerrarse.
Había oído de la culpa luego del placer, pero esto era más de lo que podía manejar, y por lo visto, tampoco podía hacerlo, y eso era lo que más le asustaba. En cuanto a Michiru, aún no había podido dejar las cosas claras con ella ¿Cómo podría cuando ni ella misma entendía lo que estaba pasando?
Sabía que lo de Alan ni siquiera iba en serio y ya tendría su debido momento para arreglar más certeramente la situación con él, y aun asi, bajo las revueltas sábanas, aun exhalando la sobria colonia de él, sentía que su mente se perdía entre lo que debía hacer, lo que quería hacer, lo que se esperaba que hiciera, y lo que toso, incluyendo a Michiru, esperaba que hiciera.
Cerró los ojos y trató de conciliar el sueño, aunque este tardo en llegar.
CONTINUARA
Notas de la Autora:
Saludines! bueno, antes que nada, una enorme disculpa por la tardía actualización, estas ultimas semanas he estado a tope con trabajo jejeje, pero bueno, aqui estamos de regreso ¡y con mas drama! Tambien creo que podremos empezar a enfilarnos al final de esta compleja historia...si, aun faltan detalles, bastantes a decir verdad, pero no se preocupen, aun quedan algunos capitulos.
Espero volver a recuperar mi ritmo de actualizacion semanal, aprovechando estas vacaciones.
En fin, nos vemos pronto en el siguiente capitulo! gracias por leer y mas por comentar!
Higurashi´s Out!
