Los personajes no me pertenecen son creación del gran Akira Toriyama. La trama e historia si son idea original mía
Dices que oyes voces casi cada noche, crees que te voy a engañar. Ven no te equivoques siéntate, sé un hombre aclaremos dudas y en paz.
Mírame a los ojos, no diré nada, mira mis ojos, no me des la espalda. Mírame a los ojos, sobran las palabras. Mira mis ojos, ve lo que siento por ti ... -Mírame a los ojos, OV7
El príncipe de hallaba en su amada cámara de gravedad entrenando, estaba realmente furioso.
Acababa de decirle apenas hacía pocas horas a esa inconsciente mujer los riesgos de llevar en su vientre a un hijo de un poderoso Saiyan como él y ¿qué era lo que ella hacía? Se largaba irresponsablemente todo el día lejos.
Además, había sentido en algún momento el ki de su descendiente crecer exponencialmente, poniéndolo nervioso. Y por si fuera poco sabía que ella había ido a la montaña Paoz, donde vivía el imbécil de Kakaroto con su estúpido híbrido y su arpía, lo cual lo ponía doblemente de mal humor.
¿Quién se creía esa hembra para atreverse a ir donde su mayor rival y dejarle saber que estaba esperando un descendiente suyo? Porque no era ningún imbécil y por muy idiota que fuera el tercera clase de Kakaroto detectaría perfectamente el ki tan alto de su progenie en la mujer.
Y ni siquiera un tipo como él era tan lerdo para no entender que una semilla tan fuerte como esa, no provenía de humano alguno y solamente existía aparte de Kakaroto otro Saiyajin en la tierra que, precisamente vivía en la misma casa que la científica. Esa maldita mujer lo iba a escuchar, le había dado demasiadas libertades, tendrían que ajustar eso ahora.
Tan pronto la sintió llegar a la CC, se acercó cual predador acechando a su víctima. Bulma, ajena al malhumor de su compañero iba llegando feliz, canturreando una canción. Cuando sintió que la jaloneaban del brazo con más brusquedad de la que habitualmente era tratada por el Saiyan.
- ¿Se puede saber dónde carajos estuviste todo el maldito día mujer? – Dijo entre dientes, furioso Vegeta mientras una confusa Bulma no entendía la reacción tan desmesurada de su pareja -Fui donde los Son, Vegeta. Mi padre me dio una excelente idea para entender más mi propio embarazo, así que fui a hablar con Gokú para poder estudiar y entender más el embarazo de Milk, a fin de tener más datos y saber que esperar del mío- Dijo tranquilamente la mujer quien no esperaba esa reacción del saiyan. Pero conociéndolo como era de orgulloso, suponía no lo hacía feliz que precisamente su mayor rival se enterase de su futuro descendiente y no por él.
Vegeta iba reclamarle más, pero se percató que estaban demasiados expuestos y no quería hacer una escena en pleno jardín. Así que, tomó a la mujer y entró por medio del balcón con ella en brazos a la habitación de la peli azul.
Mientras la soltaba y aventaba con suavidad a la cama, percibió la esencia de su mayor rival en ella, era muy tenue pero allí estaba.
Eso hizo que el príncipe de los Saiyajines perdiera la cordura, su corazón comenzó a latir desbocado mientras sentía un estremecimiento nada placentero recorrerlo. Se abalanzó sobre ella y la olfateó. Muy tenue pero allí se hallaba, ese asqueroso aroma del insecto de Kakaroto, burlándose de él.
A pesar de no querer reconocerlo ni bajo tortura sintió un dolor agudo en el pecho, de tan solo pensar que pudo haberlo traicionado con ese bueno para nada, sintió subir una rabia inmensa desde lo profundo de su estómago.
El saiyan no estaba acostumbrado a esa clase de sentimientos y no lo supo manejar. Sentía su pecho arder de coraje y dolor, dejó de pensar con claridad y la agarró fuertemente de los hombros sin medir su fuerza, espetando cada palabra - ¿Acaso me estás engañando con esa basura de Kakaroto, maldita hembra? – Soltó más que furioso.
Bulma sintió la presión de esos dedos que se cernían sobre ella y que parecían más las garras de un águila lastimando severamente su piel -Ve...Vegeta me lastimas- alcanzó a decir ella con un gran esfuerzo intentando que la voz no se le quebrara, intentando aguantar el dolor para no gritar.
De repente al sentir el ki de su padre incrementarse en forma tan agresiva el pequeño semi saiyajin despertó de su sueño, alertado por el creciente nerviosismo y dolor que sentía su madre y comenzó a incrementar en forma amenazante su ki.
Fue precisamente la reacción de su descendiente y la voz llena de dolor de Bulma lo que le devolvió la cordura y con horror se dio cuenta que estaba apretando en forma demasiado fuerte a la débil mujer.
La soltó en cuanto se dio cuenta de lo que hacía, la vio dejarse caer abrazándose a sí misma tratando de no llorar por el dolor que a leguas se le notaba en la cara que estaba sintiendo. Para colmo el ki del pequeño híbrido estaba muy alto y fluctuaba mucho, parecía como si aún dentro del vientre materno quisiera atacar de un momento a otro.
Ella como pudo, con todo el dolor que sentía intentó calmarse. Sentía a su pequeño agitado y podía sentir un calor quemante que a ratos la embargaba y la comenzaba a lastimar internamente, no era estúpida si no se controlaba, su pequeño se sentiría tan amenazado que elevaría tanto su ki, lastimándolos a ambos tal vez en forma irreparable.
-Vegeta, no sé de dónde sacaste semejante estupidez- logró decir la mujer modulando lo más que podía su voz para evitar que esta se le quebrara – Yo solo fui con Gokú a pedirle ayuda, él se dio cuenta en efecto desde que llegué de lo que sucedía y prometió no decirle a nadie ni a Milk. Estaba tan feliz por mí y por ti que mi amigo sólo tenía palabras de alegría y felicidad para nosotros . Eso fue todo lo que pasó simio estúpido- Alcanzó a sisear la mujer entre dientes, antes de cerrar los ojos y hacerse bolita protegiéndose a sí misma y evitando que las lágrimas por el dolor que sentía se desbordaran.
Al terminar de hablar Bulma, el orgulloso saiyan se dio cuenta que había reaccionado de una forma excesiva. No dejaba de insultarse internamente, como se le había ocurrido tomarla tan fuerte; sabía que ella estaba lastimada y el crío no le permitiría acercarse, porque en estos momentos lo creía un enemigo.
Le lastimaba más de lo que jamás hubiera querido aceptar ni a sí mismo, el saber que ella estaba en mucho dolor y todo por su culpa. En un rápido movimiento fue hasta su cuarto y sacó de entre sus cosas una semilla del ermitaño que le había robado tiempo atrás al maestro Karim, cuando se enteró de estas. En su desesperación prefirió gastar dicha semilla que había estado guardando tan celosamente en el único ser que, sin que él quisiera aceptar, le comenzaba a importar más que sí mismo.
En menos de un segundo estaba de vuelta al lado de ella, mientras veía los moretones que había infringido en los brazos y hombros a la mujer. Horribles cardenales verdoso-negros contrastaban cruelmente en la nívea piel de porcelana de ese ser mitad humano mitad querubín. Quien seguía en agonía.
Su frágil cuerpo estaba hecho para ser amado, besado, adorado. No para ser ultrajado de esa forma, no para ser agredido... Ella era un bello ángel hecho de un material tan delicado como el cristal: frágil y puro; él un demonio convertido en hombre: rudo, salvaje y fuerte, que había reaccionado de la única forma que conocía cuando sintió dolor: Atacando.
Toda la situación se le fue de las manos, fue una suerte que no le rompiera ningún hueso. Se sentía la peor escoria del universo, él que se había molestado porque ella era una inconsciente por irse todo el día exponiéndose. Curiosamente era de él de quien ella debería cuidarse, se acercó al lado de la mujer y le introdujo la semilla en la boca obligándola a tragarla.
Inmediatamente Bulma sintió que el dolor menguó hasta hacerse nulo. Vegeta puso su mano sobre el vientre de la científica y comenzó a enviar energía cálida a su hijo. Ella no entendía que pasaba, pero podía notar que el ki de su pequeño respondía a los estímulos del padre hasta que al fin el pequeño se tranquilizó y se durmió nuevamente.
Todo el tiempo que transcurrió mientras Vegeta enviaba energía al pequeño neonato estuvo con los ojos cerrados, concentrado en transmitirle al pequeño que su ki no era agresivo y que no le haría daño para que se tranquilizara.
Cuando terminó y al fin pudo abrir los ojos se encontró con esa profunda mirada azul que tanto le encantaba. Sin embargo, le dolió lo que vio, en esa mirada que normalmente lo veía con amor, había restos de tristeza y dolor. Se odiaba y se maldecía por ser él precisamente, el único causante de tan difícil situación.
-Bulma yo...- Quiso decir el guerrero, pero ella le puso un dedo sobre los labios silenciándolo.
La ojiazul sabía que él había reaccionado y perdido la cordura sobre sus acciones, movido por celos estúpidos.
Volvía a tener sentimientos encontrados, por un lado, se sentía herida de que su pareja no confiara en ella. Por el otro lado entendía que para el Saiyajin le estaba resultando muy difícil el lidiar con emociones de las que jamás tuvo que preocuparse.
El corazón de Bulma latía fuerte por el hecho de saber que le importaba más de lo que el mismo saiyan estaba dispuesto a aceptar. Aunque también le preocupaba por eso mismo, por la poca inteligencia emocional desarrollada por el saiyajin ante sensaciones que no conocía, como los celos.
Así que quiso ahorrarse el drama, pues sabía que justo ahora estaban parados sobre hielo muy frágil y trató de sonar lo más ecuánime al decirle – Entiendo que estés molesto porque fui a ver a Gokú, sé que es tu rival. Pero Vegeta él no sabe nada de tu entrenamiento y me prometió no decir nada a los demás acerca de mi pequeño ni de nuestra relación.
Mi única intención al ir a visitarlo era obtener más datos para poder estar preparada para recibir a nuestro bebé. Sé que tú y Gokú tienen cuentas que saldar, pero él ha sido como un hermano para mí y eso no va a cambiar. Necesito un voto de confianza de tu parte. Sí, tienes razón Gokú me dio un abrazo al felicitarme por la noticia de mi embarazo – decía la peli azul.
En cuanto escuchó esto Vegeta no pudo evitar sentir una ira intensa en contra de Kakaroto, si bien sabía que el abrazo debió ser algo muy inocente; sin embargo, perdía la cabeza de pensar que alguien más se acercara a esa mujer que ya consideraba como suya, pero antes de que pudiera decir nada, ella continuó – No deberías ni siquiera enojarte, fue simplemente una reacción al saber que su gran amiga iba a ser mamá. Además, si te preocupas por que él se me acerque no deberías. No al menos mientras tenga a nuestro pequeño en mi vientre.
Cuál si se tratara de ti, hizo valer su presencia. Comenzó a elevar su ki en cuanto sintió tanta cercanía de Gokú a mi persona, el pobre de mi amigo se alejó como si yo le quemara y tuve que hacer un gran esfuerzo por calmar a este pequeñín, que también tuvo una reacción violenta con el pobre de mi amigo – dijo la peliazul.
Al escuchar eso, Vegeta recordó cuando en la tarde sintió un pico de energía del ki de su hijo elevarse, e inconscientemente hizo acto de presencia una de sus orgullosas sonrisas ladeadas.
Vaya, pensaba Vegeta. Así que ese pequeño híbrido conocía bien el ki de su progenitor y era territorial e hizo notar su presencia aun cuando el ki al que se enfrentaba por así decirlo era mil veces mayor, no dudó en lanzar una advertencia.
Un profundo orgullo se expandió por todo su pecho, ese pequeño híbrido era un digno descendiente suyo y ya desde el vientre de su madre mostraba la estirpe de la que provenía y el orgullo de ser hijo de quien era... Su sonrisa orgullosa se amplió.
Bulma continuó – Así que no tienes nada que temer Vegeta, ya suficiente tengo con el territorial y celoso de tu pequeño hijo, que me hizo saber su inconformidad con la cercanía de mi amigo. No necesito que cada vez que alguien se me acerque pierdas tú también la cabeza, ¿Puedes confiar en mi por favor? - terminó de decir la Peli azul.
A decir verdad, el príncipe de los Saiyajin no sabía que decir. Realmente se sentía altamente incómodo y avergonzado por lo que había pasado, no sabía cómo carajos había perdido así el temple y el autocontrol tan férreo que él manejaba.
No era propio de él y estaba horrorizado si en su insensatez la hubiera lastimado en forma fatal; a esa mujer que él no dudaba que era una hechicera, que lo tenía subyugado a sus deseos. Si no hubiera sido por ese crío que crecía en sus entrañas él jamás hubiera reaccionado a tiempo y el desenlace pudo ser algo muy difícil de siquiera imaginar.
En un movimiento no esperado por Bulma, el Saiyan la atrajo hacia sí mismo y hundió su cabeza entre el cuello y el hombro de la mujer, aspirando su seductor aroma – Mujer yo... de verdad no quise lastimarte, no sé que pasó. Por favor créeme no quise lastimarte... - dijo volteándola a mirar, de pronto un sentimiento impropio en él, que más tarde lo haría tomar las peores decisiones surgió en su ser: Miedo.
Miedo de ver que en ese océano azul que era su mirada, podía ya no verlo con los ojos de amor que le dedicaba siempre, de encontrar a partir de ahora la tristeza y dolor que había visto momentos antes.
-Por favor créeme y no me temas, no tú... No podría soportarlo– terminó confesando el saiyan en un arranque de sinceridad del que más tarde se arrepentiría.
Ella clavó su profunda y azul mirada en los ojos de él. No sabía que era lo que pasaba por la mente de su pareja, es cierto que la había lastimado y sabía que no era justificable su acción. Sin embargo, notaba lo difícil que era para alguien como él, un príncipe que desde que tuvo uso de razón lo educaron a no tener sentimientos, que después fue humillado cuando destruyeron su planeta, su raza y todo lo que alguna vez fue de él. Y que todo lo que quedara a su alcance fuera humillación y dolor, volviéndolo por necesidad un mercenario más.
Ese mismo hombre cruel iba poco a poco transformado su ira, paso a pasito reconectándose con sus emociones, aunque él no lo supiera en forma consciente, así que no... No podía culparlo del todo.
Juntó sus frentes – Vegeta mírame por favor, jamás dejaré de amarte. En mi mirada solo hallarás el amor y cariño que te tengo- dijo la mujer.
El saiyan aún con incertidumbre enfocó su obscura y profunda mirada en ese mar azul y supo definitivamente que ella era ese hogar, ese reino que con tanta desesperación buscaba. Esa mirada azul le mostraba amor y le hablaba de maravillas secretas que solo eran para él.
De pronto el Saiyajin sintió la urgencia de su corazón crecer, quiso transmitirle una vez más a esa hechicera lo que sentía por ella, de la única forma que él conocía. Sin darle tiempo a la mujer, se lanzó sobre sus labios aprisionándola y haciéndola vibrar.
Esa hembra terrícola, débil, escandalosa, vulgar era suya solo suya, quería mostrarle lo que ella hacía sentirle. Quería transmitirle su arrepentimiento por lastimar aún sin intención ese frágil santuario que era su cuerpo.
Tenía una extrema necesidad de hacerle saber de la única forma posible lo que con palabras no podía expresar, transmitir una ternura y calidez que no tenía forma de confesar a plenitud con la palabra dicha.
Su corazón latió con fuerza, le demandó en forma imperante hacerle saber lo que ella era para él, poseerla y que ella lo poseyera. Y perderse en su suave placer, en su melodiosa voz, rendirse ante ella y adorarla, cuál dulce diosa creada para someterlo y extraviarlo, a él y a su voluntad en sus exquisitos gemidos.
Le besó suavemente. Esa negra, profunda e insondable mirada se conectó con el azul índigo de esos zafiros que lo esclavizaban y por primera vez en su vida, esos carbones color Ónix brillaban con toda la ternura y amor que solo ella era capaz de hacer brotar en ese frío y duro corazón.
Se supo vencido, sentía los latidos de su corazón golpeando cuál tambor batiente, la abrazó delicadamente sin dejar de besar, de adorar ese templo sagrado que eran sus labios. Desconecto todo su ser y se dejó caer en su profundos y provocadores ojos azules, una vez más...
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Pobre Bul que difícil situación ... Convivir con el Príncipe Saiyajin no es nada fácil... Que estará pasando por la cabeza de Vegeta?
Y si del capítulo anterior coincido con sus comentarios, creo que le costó mucho a Milk que le cayera bien Bulma. Un caluroso saludo a todo mundo.
