Aviones de Papel
Capítulo XIV:
"El regalo perfecto"

Ranma había estado soñando que Akane y él se arreglaban y hacían las paces, para luego pasar una romántica noche juntos. Por eso, cuando abrió los ojos en una habitación que no era suya y sintió que un brazo le rodeaba la cintura, pensó que tal vez no se tratara de un sueño. ¿Había hablado con ella? ¿Habían hecho las paces y luego dormido juntos? Solo necesitó espabilar un poco y girarse a la izquierda para comprobar que no era Akane con quien dormía.

Soltó un bufido, rodó los ojos y apartó con brusquedad el brazo de Daisuke. Se incorporó sobre la cama y se llevó las manos a la cabeza, pues la sentía un poco pesada. Luego se dio cuenta de que Ryu estaba sentado a unos metros de él, en el alféizar de la ventana de su habitación.

—Buenos días, tiburón —lo salud y le arrojó una botella de Pocari Sweat—, te ves tan bello cuando duermes…

Ranma cogió la botella en el aire y se rió ante la burla de su amigo. La abrió y se bebió casi de golpe el contenido de aquella bebida isotónica que se antojaba como un néctar de dioses en aquel momento.

Daisuke se movió sobre la cama y no tardó en abrir los ojos, para luego llevarse una almohada a la cabeza.

—¡Cierren la maldita persiana!

—¡Buenos días, para ti también! —Exclamó Ryu alzando la voz, sabiendo que si Daisuke tenía resaca, eso le molestaría más.

Daisuke profirió maldiciones y palabrotas, ocasionando las risas de sus dos amigos.

Tras las respectivas discusiones sus respectivos intereses amorosos, Ranma, Daisuke y Ryu se dirigieron a la fiesta en casa de Toraijiro Higuma. A decir verdad, ninguno estaba de humor para la parranda desenfrenada, pero tampoco les quedaba nada mejor que hacer.

Allí se entregaron al alcohol y a las diversiones paganas que una fiesta de preparatoria tenía para ofrecer. Aunque se hundieron en el alcohol y la comida chatarra, Daisuke y Ranma se abstuvieron de entregarse a los placeres carnales que ofrecía la compañía femenina. Los dos adoraban a sus novias y no serían capaces de serles infieles.

Ranma se sentía mal por haber explotado con Akane, quien solo se había preocupado por él. Le escribió varios mensajes durante la noche, disculpándose con ella y diciéndole que la quería y la echaba de menos. Por supuesto, a medida que la noche avanzó y que los niveles de alcohol fueron en aumento, la ortografía y redacción de dichos mensajes fue en decadencia.

Por otro lado estaba Ryu, quien en la fiesta evitó la comida chatarra y eligió el alcohol y los coqueteos casuales, pero tampoco fue capaz de participar en algún intercambio físico con el sexo opuesto, pues no podía dejar de pensar en Asami. Se sentía muy mal por todo lo que ella le había dicho y no podía sacarse de la mente su rostro lleno de lágrimas, ni tampoco el hecho de que lo suyo se había terminado para siempre y de raíz, al tal punto que ni siquiera serían amigos. Así que le escribió un mensaje para decirle que lamentaba mucho el haberla lastimado, que la quería mucho y que esperaba que en algún momento ya no lo odiara.

Daisuke, por su parte, no llamó ni escribió a Yuka. Seguía molesto por la discusión, y culpaba a su novia por haberle arruinado la noche. De por sí la noche no había sido buena porque el partido había estado cuesta arriba, el haberse peleado con ella terminó de arrebatarle el poco buen humor que le quedaba. Era la primera vez que Yuka y él discutían o peleaban por algo.

Después de echarse a correr tras ella, tuvo que rogarle prácticamente para que le dijera por qué estaba enojada. Cuando Yuka finalmente habló, no se guardó nada. Le dijo que le había molestado verlo coqueteando con Azusa Shiratori, a lo que Daisuke se defendió diciéndole que la chica era solo una vieja amiga que se le había acercado para saludarlo y felicitarlo por el juego.

—¿Una vieja amiga? —Lo miró con el ceño fruncido—. Pues para ser solo una vieja amiga se veían muy cercanos y cariñosos.

—¿Estás celosa de ella? —Daisuke intentó abrazar a Yuka para hacerla cambiar de humor, pero la chica no se lo permitió—. Princesa, no tienes por qué estar celosa de ninguna otra chica, y menos de Azusa…

—Estabas coqueteando con ella, Daisuke —repitió con firmeza—, y encima frente a Ranma, como si no te importara que te vieran haciéndole ojitos y cariñitos a otra mujer. Y lo siento, pero no me creo ese cuento de que ustedes son solo amigos.

Daisuke era consciente de que Yuka lo conocía mejor que nadie. Eran mejores amigos desde que tenía uso de razón, así que ella sabía perfectamente bien cómo era él, con qué personas se juntaba, y quiénes eran sus amigos.

—Bueno… vieja amiga es una forma de decir… el año pasado… Azusa y yo… salimos un par de veces y eso.

Y eso. Había tantas cosas que podían caber en y eso, que Yuka ni siquiera se atrevió a preguntar. Después de todo, a ella no debía importarle todo lo que él hubiera hecho antes de ser su novio.

—¿Y por qué no empezaste por ahí? —Demandó saber.

—Porque no quería que te molestaras…

—¿Y cómo crees que estoy ahora? —Acompañó su ceño fruncido con brazos cruzados.

Daisuke rodó los ojos.

—O sea que ahora no puedo saludar a otras chicas. —Esta vez fue su turno de fruncir el ceño—. Ahora solo puedo hablar contigo, porque si no te vas a poner celosa…

Yuka siempre había escuchado que los hombres solían voltear la tortilla para quedar como las víctimas de la película, pero nunca lo había vivido en carne propia. Miró a Daisuke como si no pudiera creer el morro que tenía. Ahora resulta que la mala soy yo.

—No se trata de que no puedas saludar a nadie, Daisuke, ¿no lo entiendes? —El rostro de Yuka se había puesto rojo—. Tú no la saludaste y ya, ¡flirteaste con ella! ¡Le diste un beso y un abrazo súper cariñoso!

—¡Pues eso no significó nada! —Exclamó molesto—. No la besé en la boca, ni la invité a salir, ni le dije nada inapropiado, ¿vale? Puedes preguntárselo a Ranma. Solo la saludé de forma cariñosa porque ella fue amable, y porque siempre la saludaba así antes.

—Pero ahora tienes novia, que por si no lo recuerdas, soy yo. —Se llevó las manos a las caderas y lo miró con una mezcla de molestia y determinación—. Y lo siento mucho si antes estabas acostumbrado a coquetear con todas, a mí me vas a respetar —Le dijo con firmeza y en un tono que no daba pie a réplica—. No vas a coquetear con nadie ni en mi cara ni a mis espaldas, Daisuke Koyasu.

—Yuka, estás haciendo una escena.

Aquello fue como si la hubiera insultado. Yuka se puso todavía más roja y le dijo que era un insensible y un egoísta, y que no pensaba ir a la fiesta con él. Luego apareció Akane. Daisuke se marchó muy molesto, dispuesto a encontrar a sus amigos para irse a la casa de Higuma y dejar atrás las tonterías de su novio. Si Yuka no quería ir, pues que no fuera, pero él no iba a quedarse en su casa amargado y triste por la pelea.

Pero la fiesta de Higuma llegó a su fin mucho antes de lo planeado. La policía apareció en la casa alertada por los vecinos, quienes se quejaban del alto volumen de la música y también de que había menores de edad bebiendo alcohol. Ranma, Daisuke y Ryu se escabulleron para evitar ser aprehendidos por los oficiales.

Como la noche todavía era joven, Ryu propuso seguir con la juerga en su casa. Allí continuaron bebiendo, escuchando música, hablando sobre lo difíciles de entender que eran las mujeres, entre otras cosas. Se fueron a dormir cerca de las cuatro de la mañana.

Se despertaron a las diez y media de la mañana y a duras penas fueron hasta la sala de Ryu, para intentar descifrar qué hacer con sus vidas, mientras se comían una pizza del día anterior recalentada y bebían Pocari Sweat.

—Akane aún no me responde —comentó Ranma mirando la pantalla de su móvil—, creo que sigue enojada conmigo.

Ryu frunció el ceño.

—¿Por qué te peleaste con ella? Ayer no lo dijiste, solo mencionaste que se enojó contigo y te dejó solo.

Como Ranma no estaba por la labor de confesar que había intentado lesionarse a propósito, decidió comentar a sus amigos que se había peleado con Akane porque ella no quería ir a la fiesta y él sí.

—Fui grosero con ella, le hablé muy mal, y ya saben como es Akane —explicó mientras se rascaba la nuca—, no se deja de nadie, así que me mandó a tomar aire.

—¿Y no te responde, dices? —Preguntó Ryu y Ranma negó con la cabeza—. Bueno, escríbele algo ahora, y si en dos horas no te ha respondido, ve a su casa y habla con ella. No creo que te cierre la puerta en la cara.

—Sí —agregó Daisuke—, y le dices que estás muy arrepentido, y que todo es tu culpa, que eres un idiota, y que lo sientes mucho. Eso nunca falla.

Ryu se puso a pensar en eso que había dicho Daisuke. Él no se había disculpado con Asami tras lo ocurrido, ahora que lo pensaba. Sin embargo, sí había intentado abrirse un poco más con ella al decirle que no quería lastimarla porque no sabía si podía comprometerse… frunció el ceño. Joder, por eso es que no le gustaban las relaciones, ¡todo era más complicado!

—¿Ven por qué prefiero estar soltero? Ustedes dos tienen novia y vaya fiasco anoche, ¿no? Peleados, distanciados, bebiendo con otros tíos para olvidar el despecho…

—Pero, ¿qué dices? —Daisuke se rió y le lanzó un cojín—. ¡Si tú mismo estabas así ayer! ¡Y peor, porque estabas así por Asami que ni siquiera es tu novia!

—Es verdad —Ranma frunció el ceño y se llevó una mano al mentón—, y no entiendo por qué. Asami te gusta, ¿no? Entonces, ¿por qué no le pides que sea tu novia?

—Fácil —Daisuke se recostó del respaldar del sofá y subió sus pies descalzos a la mesa de café—, porque este tiburón solo ve a esa sirena como su desahogo sexual.

Ryu se puso de pie y negó con la cabeza repetidas veces, molesto de que Daisuke pensara eso de él. Asami era muy importante para él, incluso aunque no quisiera comprometerse.

—No, no, no, no. Eso no es así. —Aclaró—. Asami me encanta, ¿vale? Ninguna chica me ha gustado de la forma en la que me gusta ella. Y además la quiero mucho. Pero… no estoy listo para tener una relación. No quiero pasarme mi último año de instituto con una novia, es un desperdicio…

—Yo no lo veo así. —Intervino Ranma—. Si te gusta mucho una chica y la quieres, ¿por qué no estar con ella?

—Porque hay muchas otras a quienes también puedes querer —acotó Ryu y le guiñó un ojo.

—Ya, pero a mí no me interesa querer a ninguna otra chica, solo Akane. —Aquella era una verdad como una casa. No es que Ranma no pudiera apreciar la belleza del resto de las mujeres, pero realmente no le interesaba ligar con ninguna otra. De por sí, nunca había sido un chico mujeriego ni ligón, pero desde que comenzó a enamorarse de Akane, ahora menos que nunca se fijaba en otras chicas.

—Pero eso es porque tú antes no te comías ni una rosca y no habías probado las mieles del mundo —dijo Ryu de forma burlona, como si estuviera leyendo la mente de Ranma—, si no hubiera sido por Shamps, probablemente todavía seguirías soñando con tocar unas tetas. —Esbozó una sonrisa traviesa que Ranma correspondió, pues su amigo tenía razón—. Y Akane vino justo después y te pillaste por ella rápido.

—Puede que tengas razón en eso último —esta vez fue Daisuke quien intervino—, pero yo pienso como Ranma. A mí me encantan las chicas, Ryu, tú más que nadie lo sabes. Y sabes que me costó finalmente dar el paso con Yuka porque significaba ya no poder salir con ninguna otra, pero ahora que somos novios no lo cambiaría por nada.

—Y me alegro mucho por ti y por ella —Ryu fue sincero—, son la pareja perfecta de Furinkan —añadió de forma teatral y cursi.

Ranma alzó una ceja y miró a Daisuke como si no le creyera una sola palabra.

—Ya, tan perfecta que este idiota ayer estaba coqueteando con otra. —Frunció el ceño—. Para estar tan feliz con Yuka y no querer cambiarlo por nada, ayer estabas muy contento con la chica esa…

Ryu alzó ambas cejas y abrió los ojos con sorpresa e interés, como si la conversación de pronto hubiera mejorado. Daisuke asesinó a Ranma con la mirada antes de bufar y rodar los ojos. Finalmente, decidió contarle a Ryu todo lo sucedido la noche anterior con Yuka. Concluyó contando su pelea con ella.

—Ajá, ¿y ella tampoco te responde? —Inquirió Ryu—. ¿Te está ignorando como Akane a este?

—No —Daisuke se puso de pie y caminó por la sala—, no me está ignorando porque yo ni siquiera le he escrito. No he hablado con ella desde anoche.

—¿Y entonces con qué cara le dices a éste que reconozca su error y pida perdón y diga que es un idiota si tú ni siquiera le has escrito a tu novia? —Ryu lo miraba sin entender nada.

—Es distinto —contestó Daisuke—, yo no hice nada malo, Ranma sí.

—Claro que hiciste algo malo, imbécil. —Dijo Ranma frunciendo el ceño—. Coqueteaste con otra, ¡y Yuka te vio!

—¡Pero fue solo un flirteo inocente y ya! —Exclamó Daisuke exasperado—. ¡Un saludo coqueto! ¡No fue nada más! ¡No la invité a salir ni tampoco le tiré los tejos ni pasó nada! ¡Yo no quería que pasara nada!

Ranma se cruzó de brazos. No estaba dispuesto a darle la razón a su amigo. Él siempre había detestado a los hombres mujeriegos que se aprovechaban de las mujeres y jugaban con sus sentimientos, y aunque no pensara que Daisuke estaba en esa categoría, tampoco le iba a apadrinar la gracia.

Ryu se rió ante la insistencia de Daisuke de defender su inocencia.

—Daisuke, el punto es que Yuka te dijo que eso no le gustó y tú la trataste de loca.

—Ryu tiene razón. —Acotó Ranma—. Da igual si tú no tienes pensado hacer nada más, o si para ti un coqueteo y solo eso... a ella le molesta, a ella no le gusta. Y por eso no va entender ni aceptar que solo lo haces porque te sale natural y ya está. —Ranma miró a su amigo como si quisiera obligarlo a comprender—. Además, ponte en su lugar un momento, ¿te gustaría que tu chica estuviera regalándoles sonrisitas y coqueteos a otros tipos? Piénsalo bien.

—Es… distinto.

—¿Por qué? No es distinto. —Acotó Ryu—. Y a Yuka no le hacen falta pretendientes, ¿te acuerdas de la lista del avión de papel? Su nombre estaba muchas veces ahí.

Daisuke frunció el ceño y se cruzó de brazos al imaginarse a Yuka sonriéndole como le sonreía a él a alguno de los payasos de su clase, o coqueteando con cualquier pelele después de un partido de voleibol.

—Aparte admitiste que Azusa y tú tuvieron algo, ¡obviamente eso empeora las cosas! —Comentó Ryu.

Daisuke entonces se imaginó a su novia haciendo alguna de esas cosas con un antiguo ligue, un chico con el que hubiera compartido algún tipo de intimidad. Sintió celos de solo imaginar que su novia quisiera recordar viejos tiempos con alguien de su pasado. Yuka era suya y de nadie más.

—¡Bueno, no, no me gustaría! —Exclamó y se sentó en el sofá—. ¡Me pondría de muy mala hostia y probablemente querría romperle la cara al imbécil ese! ¡Y seguro le hubiera reclamado a ella! ¿¡Felices!?

Ryu y Ranma sonrieron. El portero del equipo de fútbol se levantó para acercarse a Ranma y chocar los cinco. Su trabajo estaba hecho.

—Me alegra que te hayas puesto en el lugar de Yuka, si es que hasta yo la entiendo. —Ryu seguía de pie—. Yo también me hubiera mosqueado si te veo coqueteando con otra mujer, ¿eh? —Se llevó las manos a las caderas—. Sobre todo si ya te entregué algo tan preciado como mi virginidad. —Batió sus pestañas y estiró su brazo para acariciar el rostro de Daisuke.

Daisuke, tras apartar la mano de Ryu, lo miró con una mezcla de sorpresa y confusión.

—¿Y tú cómo sabes eso? —Demandó saber con el ceño fruncido.

Ranma se apresuró en responder.

—Porque anoche no dejabas de hablar del tema. —Compartió una mirada cómplice con Ryu—. ¿Cómo era eso que decías? Que tu vida tenía dos capítulos, antes y después de ver a Yuka desnuda…

—Que antes de estar con ella eras un niño pero ahora eres un hombre… —Añadió Ryu.

—Que la amas porque es perfecta dentro y fuera de la cama… —Continuó Ranma.

—Que ella te…

—¡Okay, ya entendí! —Exclamó Daisuke para que sus dos amigos se callaran. A pesar de hacer un ejercicio de memoria, no fue capaz de recordar el haberles contado nada de eso.

—Pues ahora solo queda entre nosotros un tierno capullo que no ha sido desflorado por la primavera —Ryu se acercó a Ranma y le dio un beso en la frente—, pero ya te llegará tu hora, florecita.

—¡Aléjate de mí, que hueles a bar de mala muerte! —Le dijo Ranma y le tiró uno de los cojines.

Ryu soltó una carcajada y se echó boca arriba en el sofá que estaba del otro lado de la mesa de café, frente al de Daisuke.

—¿Y a qué crees que hueles tú? —Cogió el cojín y se lo puso detrás de la cabeza para estar más cómodo. Luego entrelazó sus dedos en su pecho—. El caso es, Daisuke, que eres un cabrón por desvirgar a Yuka y luego coquetear con otra en su puta cara. —Arrugó el rostro—. Y aparte con Azusa Shiratori. Yuka le da mil vueltas a esa chica, en todo. —Giró la cabeza y miró a Daisuke de arriba abajo—. Perdona que te lo diga, pero no la mereces.

Daisuke arrugó el cojín que tenía en su regazo, harto de que sus dos amigos estuvieran echándole en cara su mal actuar, consiguiendo que se sintiera verdaderamente culpable por lo que había hecho. Le costaba admitir ante ellos que se había equivocado y que la había cagado no una, sino dos veces: (1) al coquetear descaradamente con otra tras el partido, (2) al prácticamente tratar de loca a su novia por haberle reclamado justamente.

—Ya lo sé… ¡ya lo sé! Y también sé que no importa si yo no tenía intención de nada más, simplemente no debí coquetear con Azusa… ¡pero no es tan fácil dejar de hacerlo!

—A otro perro con ese hueso —le dijo Ranma desde la poltrona—, yo no coqueteo con nadie más que no sea Akane. Y antes de que alguno de los dos diga algo sobre que yo no salía con nadie antes —los miró a ambos frunciendo el ceño—, Aika Shiota quería conmigo, por si lo olvidaron. Y nunca le hice caso porque ya me gustaba Akane.

—Uffff —Ryu se mordió el labio y miró al techo—, créeme que lo recuerdo, yo te lo dije. Debiste haber tocado ese timbre cuando ella todavía estaba en la puerta. —Se incorporó hasta quedar sentado en el sofá—. Tenías que haber aprovechado la experiencia de esa mujer. No todos los días tienes la oportunidad de estar con una chica abierta y experimentada que sepa hacerlo todo bien.

Ranma rodó los ojos, pues a él no le gustaba Aika. No es que no le pareciera atractiva, pero no era su tipo. Además, ella era demasiado experimentada para un chico como él, y eso lo intimidaba y cohibía.

—Bueno, bueno, bueno —Daisuke esbozó una de sus sonrisas picarescas y maliciosas, de esas que reservaba para sus anécdotas sexuales en los vestuarios—, en realidad, una chica no necesita tener experiencia para ser buena en lo que hace. —Volvió a subir los pies a la mesa de café y se echó hacia atrás para recostarse del sofá, entrelazando sus dedos detrás de su nuca—. A veces simplemente tienen ese talento y ya.

Tanto Ranma como Ryu lo miraron esperando que se explayara, creyendo intuir por dónde iban los tiros.

—Prometan que no dirán nada a nadie, ni un comentario, ¿okay? Se los cuento a ustedes porque estamos hablando aquí en confianza, entre colegas.

Ryu debía admitir que le gustaba el cotilleo, pero cuando alguien le contaba alguna intimidad o confidencia importante, no abría su boca. Ranma por su parte, no era dado al chisme, principalmente porque no era bueno guardando secretos. De vez en cuando se iba de la lengua y era demasiado tarde cuando se daba cuenta de que estaba hablando de más.

—Prometido —dijeron los dos chicos al mismo tiempo.

Tras una sonrisa llena de picardía y satisfacción, Daisuke procedió a contarles a sus dos amigos que Yuka hacía bien absolutamente todo, pero destacaba especialmente en el arte del sexo oral. Contó que su novia tenía un don de la naturaleza, pues antes de estar con él ella nunca había hecho esas cosas, así que simplemente era un talento innato. La conversación fue evolucionando y llegó al punto en el que Ranma y Ryu volvieron a echarle en cara a Daisuke lo sucedido la noche anterior, alegando que no tenía sentido que él coqueteara con otras si además de ser una buena novia en los otros planos, Yuka también era una chica entregada, apasionada y buena en el terreno sexual.

Daisuke terminó aceptando su error a regañadientes. Prometió enmendarlo y pagarle a su novia con intereses por el desplante.


Tras marcharse de casa de Ryu, Ranma se dirigió a su hogar para darse una ducha y echarse a descansar un poco.

Luego de despertarse de su siesta, revisó su móvil y notó que Akane finalmente le había respondido a sus mensajes, pero lo había hecho con monosílabos. Frunció el ceño, pues sabía que aquello no era algo bueno.

Antes de volver a escribirle, continuó revisando sus mensajes y se fijó en que su amiga Ukyo le había escrito para decirle que le había traído un pequeño obsequio de su viaje a Hawái. Ranma lo tomó como una señal del universo y decidió llamarla por teléfono para preguntarle cómo le había ido en su viaje familiar, pero también para que le diera un consejo femenino.

No supo si fue por la confianza que había entre ellos (y la comodidad con la que se trataban), o porque no la tenía frente a frente, pero una cosa llevó a la otra y terminó confesándole a su amiga el verdadero motivo de su pelea con Akane.

Le habló sobre la desastrosa relación que tenía con su padre, la presión constante que sentía por ser siempre el mejor, lo difícil que era poder poner en palabras sus emociones, el reto que representaba para él hablar de ese tema y que la gente supiera cómo era su relación con Genma, y el miedo que tenía de que Akane pensara que era un pusilánime.

Ukyo lo escuchó con atención y paciencia, habiendo intuido con anterioridad que entre Ranma y su padre había una relación similar a la que había entre Andre Agassi, el ex-tenista, y su progenitor. Cuando su amigo terminó de hablar, Ukyo lo exhortó a que hablara con Akane, sugiriendo que lo hiciera frente a frente y no a través de un móvil.

—No conozco a Akane muy a fondo, pero por lo poco que la conozco y por todo lo que me han contado mi primo y tú sobre ella, sé que es una buena chica. Te va a entender y va a aceptar tus disculpas si eres sincero con ella.

Añadió que en algún punto debía ser completamente transparente con ella sobre sus miedos e inquietudes, pero le dijo que entendía que por ahora prefiriera no hablar de algo que para él era tan personal e incómodo.

—Akane no va a juzgarte ni a pensar que eres un debilucho por tener sentimientos. —Le dijo y le explicó que tanto los hombres como las mujeres podían mostrar vulnerabilidad porque era algo de humanos en general, y no de un género en particular—. Además, Akane es tu novia, tu pareja; no es sano que le ocultes cosas ni que te reprimas, ni mucho menos que pienses o sientas que no puedes contarle algo porque va a dejar de quererte o respetarte.

Finalmente, le dijo que podía hablar con ella sobre cualquier tema que lo inquietaba, en especial era algo que lo agobiaba al punto de hacerlo explotar después, o querer lesionarse o algo parecido. Ukyo entendía que Ranma no tenía problemas en contarle esas cosas y mostrarse vulnerable frente a ella porque era solo una amiga y no un interés romántico a quien tuviera que conquistar, impresionar y demostrar hombría.

Ranma se sintió mucho mejor tras hablar con su amiga, y decidió que hablaría con su novia en persona. Sin embargo, no se sentía listo para hablar de todo, pero al menos se disculparía con ella y le aseguraría que las cosas serían distintas.


Ranma llegó al Dojo Tendo hecho un manojo de nervios.

Decidido a disculparse con Akane y a hablar con ella sobre lo sucedido y siguiendo el consejo de Ukyo, eligió apersonarse en su casa en vez de simplemente llamarla por teléfono o hablarle por WhatsApp, no sin antes enviarle un mensaje en el que le decía que iría a su casa para que hablaran, por si acaso Akane tenía planes.

Para su suerte, la puerta que daba a la calle estaba abierta, así que no tuvo problemas para acceder a la propiedad. Caminó hasta la entrada de la casa pensando en los consejos que le había dado Ukyo para ser más transparente con su novia.

Tocó el timbre y esperó pacientemente que le abrieran la puerta, pensando en que lo podría recibir cualquiera de los Tendo. Sacó su móvil y le escribió un mensaje a Akane para decirle que estaba afuera. No tuvo que esperar demasiado tiempo, pues la puerta pronto se abrió, dejando ver a Nabiki Tendo.

—¡Hola, cuñadito! —Exclamó la mediana de las Tendo al verlo.

¿Cuñadito?¿Akane les habría contado ya a sus hermanas que eran novios? Eso significaba que lo quería de verdad, ¿no?

—Hola, Nabiki, ¿qué tal estás? —La saludó con cordialidad.

Nabiki no contestó, pues P-Chan apareció y comenzó a ladrar y a correr en círculos alrededor de Ranma, como si estuviera muy contento de verlo. El chico de la trenza sonrió y se agachó para acariciar el suave pelaje del Pomerania.

—¡Qué bueno tenerte por aquí! —Dijo Nabiki y se hizo a un lado para que Ranma entrara a la casa—. Pasa, por favor, no te quedes ahí esperando con este frío.

Ranma le agradeció el gesto y ambos se adentraron en la casa. Nabiki guio al chico hasta la sala y lo invitó a sentarse en el sofá. Ella tomó asiento en una poltrona, recibiendo a P-Chan en su regazo.

—Supongo que vendrás a hablar con mi padre para contarle que Akane y tú son novios, ¿no? —Comentó Nabiki con interés.

Ranma se sonrojó y de pronto perdió toda capacidad de articular oraciones coherentes. ¿Qué? ¿Él debía hacer eso? ¿Hablar con el padre de Akane para informarle sobre su relación? ¿Eso no era algo de otra época?

—¿Qué? Yo, eh, bue… n-no, es que…

—¿Qué pasa, cuñis? —Una sonrisa maliciosa surcó el rostro de Nabiki—. ¿Te comió la lengua P-Chan? —Frunció el ceño y acarició al perro—. Si no has venido a hablar con mi padre sobre tu noviazgo con Akane, entonces es porque todavía no quieren que se sepa, ¿o me equivoco?

¿Qué mierda podía contestar a eso? No es que no quisiera que se supiera, pero Akane y él habían decidido ser discretos con sus familias al principio, para poder disfrutar de los primeros meses de noviazgo sin preguntas incómodas ni presiones. Pero aparentemente, Nabiki Tendo manejaba la información a su antojo.

—No es que no queremos que se sepa, es que… estamos empezando.

Nabiki asintió con la cabeza y adquirió un semblante solemne. Continuó acariciando a P-Chan, y a Ranma le dio la impresión de estar viendo a Marlon Brando en El Padrino.

—Vale, vale, cuñadito. Lo entiendo perfectamente, quieren manejar las cosas con discreción —su expresión seguía siendo seria y concentrada, como si estuviera diciendo algo muy importante y delicado—, y lo respeto. Es por eso que por mi silencio solo te voy a cobrar la módica cifra de mil quinientos yenes.

—¿¡Qué!?

Los ojos azules de Ranma se abrieron de forma exagerada ante lo que acababa de escuchar. Nabiki permaneció impertérrita.

—Ya déjalo, Nabiki.

La voz de Kasumi Tendo hizo que Ranma reacomodara su mandíbula e intentara disimular su expresión de asombro e indignación ante el chantaje descarado que le estaba haciendo su cuñadita. La mayor de las Tendo apareció en la sala y le regaló a Ranma una cálida y dulce sonrisa.

—¿Qué tal estás? —Le preguntó amablemente—. Ya le he dicho a Akane que estás aquí, no debe tardar en venir.

—Bien, Kasumi, gracias. ¿Y tú?

Nabiki rodó los ojos ante tanto protocolo y se puso de pie para marcharse.

—Deberías pensar mi propuesta, Ranma. La información tiene un alto costo, pero la discreción todavía más. —Le guiñó un ojo y desapareció por el pasillo, dejando a Ranma totalmente desencajado.

—No le hagas caso —Kasumi seguía sonriendo—, no tienes que pagarle por guardar ningún secreto.

El comentario sirvió para que el chico de la trenza se relajara. No tuvo tiempo de decir nada más, pues Akane pronto hizo acto de presencia. Kasumi, siendo la persona prudente y respetuosa que era, decidió excusarse para dejar a la joven pareja a solas.

Ranma, cuando finalmente se quedó solo con su novia, se acercó a ella para darle un beso en la mejilla a modo de saludo.

—Hola.

—Hola —contestó Akane.

—¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

El chico de la trenza no pasó por alto que su novia parecía fría y distante.

—Bien. —Respondió intentando que no se le notara la decepción que le causaba que ella lo tratara con tanta indiferencia—. Al final, ¿qué hiciste anoche?

Decidió romper un poco el hielo antes de disculparse, pues necesitaba ordenar sus pensamientos un poco más antes de hablar.

—Fui a cenar con Asami y Yuka y después vine a casa, ¿y tú?

Bien, al menos le estaba haciendo preguntas de seguimiento y no se limitaba simplemente a contestar y ya.

—Fui a la fiesta de Toraijiro Higuma y luego a casa de Ryu. —No quiso entrar en detalles sobre su borrachera. Lo mejor sería ser directo con ella y no andarse con rodeos—. Akane, quería hablar contigo sobre lo que pasó anoche. ¿Estamos bien aquí? No quisiera que nos interrumpieran.

Sin decir nada, Akane lo tomó de la mano y lo guio hasta el dojo. Al llegar, cerró la puerta tras de sí.

—Ahora sí, ¿qué… ibas a decirme?

Ranma decidió ir al grano.

—Quiero disculparme por la forma en la que te hablé ayer, Akane —bajó la cabeza avergonzado—, lo siento mucho.

Miró al suelo durante varios segundos, en los que la culpabilidad y la vergüenza fueron más fuertes que él. Sin embargo, sabía que debía ser un hombre y enfrentar las consecuencias de sus acciones, y eso implicaba hacer contacto visual con Akane mientras le hablaba.

Ella notó que la mirada azul de su novio era sincera, y que tanto su tono como su lenguaje corporal demostraban genuino arrepentimiento.

—Hiciste bien en mandarme a tomar aire ayer, y también en decirme que no vas a permitir que te hable así. Nadie debería poder hablarte así. —Fue lo primero que dijo tras quedarse en silencio—. Mucho menos yo, que soy tu novio.

Akane se limitó a observarlo, pensando que lo mejor sería dejarlo hablar. No solo porque quería escuchar sus disculpas, sino porque además tenía la esperanza de que Ranma se abriera con ella como lo había hecho la noche del partido inaugural, y temía que si lo interrumpía para decir alguna cosa, el chico volvería a cerrarse.

—No quiero que pienses que voy a justificarme —continuó Ranma—, pero quiero decirte por qué actué así ayer para que lo sepas, ¿sí? —Al ver que ella asentía con la cabeza, Ranma siguió—. Ayer no fue un buen día para mí… empezó mal desde la mañana porque me peleé con mi padre, y luego, bueno... luego fue lo del partido y eso.

Hizo una pausa para elegir sus palabras. Recordó el consejo que le había dado Ukyo: «si no estás listo para decirle todo, entonces puedes guardarte algunas cosas, pero lo que le digas tiene que ser sincero y verdadero».

—Yo, mi padre, bueno... no tenemos una buena relación. Y ayer dejé que todo eso me afectara... y no te lo dije porque… no es fácil para mí hablar de esas cosas. —Se animó a confesar, sintiendo los hombros más livianos—. Y no es porque no confíe en ti, créeme que no confío en nadie como en ti. —Estiró su mano y acarició la mejilla de Akane. Acercó su rostro al de ella y apoyó su frente de la de su novia—. Tú… eres lo mejor que me ha pasado y todos los días doy gracias por tenerte en mi vida, Akane.

Ranma no era precisamente la persona más expresiva del planeta, pero podía decirle cosas tan sinceras y bonitas que cuando las escuchaba, Akane sentía que se enamoraba más de él. Tal vez no fuera el más romántico de los hombres, pero eso hacía que sus palabras lindas fueran todavía más especiales.

—Me cuesta hablar de ciertas cosas. A veces no sé poner en palabras cómo me siento, y otras veces prefiero simplemente cambiar el tema porque no me siento bien y hablarlo me frustra todavía más. ¿Me entiendes?

Sí, lo entendía. No podía decir que ella era precisamente un libro abierto con sus emociones o con los hechos de su vida que la habían marcado, cuando había cosas de las que evitaba hablar (como la muerte de su madre y lo ocurrido con Tatewaki) y prefería sepultarlo todo y hacer como si no existiera. Pero al menos ella sabía que si quería hablar, tenía personas con las que podía abrirse. Deseaba que Ranma también tuviera eso claro.

—Sí, te entiendo. —Esta vez fue ella quien acarició el rostro de su novio al hablar—. Y quiero que sepas que yo voy a estar aquí siempre para ti, Ranma. Puedes contarme lo que sea cuando sea, ¿vale? —El chico asintió con la cabeza—. Si necesitas ayuda con algo, un consejo, o simplemente desahogarte, sabes que puedes contármelo y yo buscaré la forma de ayudarte y juntos superaremos lo que sea.

Ranma sonrió y rodeó a Akane con sus brazos para estrecharla con fuerza y cariño contra su cuerpo.

—Eres genial, ¿lo sabes, no?

—Lo sé —dijo ella correspondiendo al abrazo y a la sonrisa.

—Te prometo ser más abierto contigo —le dio un beso—, y menos bruto —otro beso—, y menos pervertido.

Akane dejó salir una risa traviesa. Ranma le sonrió con picardía y compartió una mirada cómplice con ella.

—No prometas cosas que no puedas cumplir.

Él se rió ante el comentario de su novia. Akane ya lo conocía bien en ese aspecto, y sabía que se excitaba muy rápido.

—¿Me vas a decir que estar aquí a solas conmigo no te trae ningún recuerdo?

El flirteo de Akane fue suficiente para que la mente de Ranma volara a aquella tarde en la que se besaron por primera vez. Aquel momento le pareció muy lejano, tomando en cuenta todo lo que había avanzado con ella en el plano físico, pero también en el emocional. En aquel momento, no eran capaces de mantener una conversación por más de diez minutos sin ponerse a pelear. También, en aquel momento, Ranma fantaseaba con volver a besarla y con hacerle muchas otras cosas.

—Bueno, como prometí ser menos pervertido, lo mejor será que salgamos de aquí. —Sabía que si se quedaba más tiempo a solas con ella en el Dojo, no se aguantaría las ganas de besarla, y él tenía otros planes para esa tarde—. Además de venir a disculparme, he venido a invitarte a salir.

Ella alzó las cejas y lo miró interesada.

—¿A una cita romántica?

—Sí. Mi madre cumple años dentro de poco y me gustaría que me acompañaras a elegir algo para regalarle. Y así puedo invitarte a tomar un helado, ¿qué dices?

A Akane le hizo mucha ilusión que Ranma la tomara en cuenta para eso.

—Sí, claro. Déjame avisarle a mi hermana Kasumi que voy a salir, es que mi papá no está.

Los dos adolescentes salieron del dojo y caminaron rumbo a la casa.

—Oye, Akane —Ranma la miró de reojo mientras atravesaban el jardín—, para el cumpleaños de mi madre siempre salimos a cenar y bueno… me preguntaba si te gustaría acompañarnos. —Se llevó una mano a la nuca—. Sé que quizás te parezca apresurado que te presente a mis padres, ¡pero ya los conoces! Igual... no tienes que venir si no quieres, pero… me gustaría que vinieras.

Akane sintió que su corazón se expandía y crecía como el corazón de El Grinch al final de la película. Le pareció completamente adorable que Ranma estuviera tan nervioso y sonrojado mientras la invitaba a cenar con su familia, pero al mismo tiempo, le encantaba que la tuviera en cuenta para eso. Definitivamente, el chico sabía cómo redimirse.

—Claro que quiero ir. —Acercó sus labios a los de su novio y le dio un dulce y corto beso—. Gracias por invitarme.

Ranma acarició su mejilla con el dorso de su mano y le acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Gracias por ser tan dulce conmigo siempre, aunque a veces no lo merezca.

—¿A veces? Nunca lo mereces —dijo ella de forma bromista.

Ranma se rió pero no dijo nada más, no queriendo picarla con algún comentario que pudiera malinterpretarse y romper el romanticismo en el que se encontraban.


Akane y Ranma recorrieron el centro comercial de arriba abajo en busca del regalo perfecto para Nodoka, pero también porque disfrutaban de la compañía del otro y en cualquier tienda encontraban una excusa perfecta para hacerse bromitas, decirse piropos y darse besos furtivos.

En una tienda por departamentos, Akane hizo que Ranma se probara todos los sombreros que encontró, y le hizo una foto por cada sombrero. El chico, que en otras circunstancias y con cualquier otra persona se hubiera negado rotundamente, accedió a hacer todo lo que su novia le pedía. Ahora entendía por qué decía que los hombres se volvían tontos cuando se enamoraban…

Fue en esa tienda donde Ranma encontró el regalo perfecto para su madre. Akane le dijo que también ella quería comprarle algo, tomando en cuenta que iría a la cena de su cumpleaños. Ranma insistió en que no era necesario y le dijo que no hiciera ese gasto, pero Akane se mantuvo firme en su intención de encontrar un obsequio adecuado para Nodoka.

Entre tiendas, tomaron un helado y una crepe, y esta vez fue el turno de Ranma de hacerle fotos a su novia mientras comía. Descubrió que a Akane no le gustaban las fotos, pero en ningún momento se molestó con él por hacer de paparazzi y molestarla mientras comía. Luego encontraron una cabina de fotos donde posaron de distintas formas, haciendo payasadas principalmente, aunque la última foto fue un romántico beso. Como la máquina imprimía dos tiras de fotos, cada uno se quedó con una.

Caminaron cogidos de la mano por otras tiendas, hasta que Akane encontró una que le llamó la atención y pudo finalmente comprar un regalo para su suegra.

Salieron del centro comercial y Ranma le preguntó a Akane si quería conocer su casa, pues ésta quedaba bastante cerca de ahí.

—Mis papás no están, así que tendré tiempo de esconder el regalo que le he comprado.

Le explicó que sus padres estaban en un compromiso y no volverían hasta la noche. Akane estuvo de acuerdo, ilusionada de conocer el lugar donde vivía Ranma.

Con lo que la joven pareja no contaba, era con que se pusiera a llover cuando todavía faltaban unas cuadras para llegar al edificio de Ranma. No era habitual que lloviera en febrero, así que la mayoría de la gente no solía estar preparada para ello. Akane y Ranma no llevaban paraguas, y sus abrigos no eran impermeables, así que cuando llegaron al portal del edificio de Ranma, se habían mojado bastante.

Se abrazaron en el ascensor para intentar recuperar el calor, pero al llegar al apartamento, Ranma se dio cuenta de que su novia estaba helada.

—Estás temblando —le dijo al ver que Akane tiritaba por el frío—, te daré ropa seca.

La guio a través del apartamento hasta que llegaron a una habitación que tenía la puerta cerrada. Con la mano en el picaporte pero todavía sin abrir, Ranma miró a Akane.

—Sé que estás acostumbrada a habitaciones espaciosas, pero la mía no es tan grande como la tuya, señorita consentida. —Dijo en tono burlón.

—¿Consentida? —Akane alzó una ceja.

—Sí, tienes una habitación grande con baño propio. —Comentó él mientras abría la puerta de su cuarto y dejaba pasar a Akane—. Yo no.

—¡Mi baño es compartido con Nabiki! —Alegó ella entrando a la habitación de Ranma.

Había una cama individual pegada a una de las paredes, un escritorio con un ordenador frente a la ventana, un armario empotrado en otra pared, y una estantería llena de premios y trofeos. No estaba tan pulcramente ordenada como la de Hiroshi, pero estaba bastante en orden para ser la habitación de un chico.

Él se dirigió al armario empotrado y abrió una de las puertas y se dispuso a buscar ropa para él y para Akane. Sacó dos mudas de ropa limpia y seca.

—Creo que esto podría quedarte más o menos bien. —Le extendió una sudadera color granate y unos sweatpants grises—. Los pantalones ya no me quedan y la sudadera me queda un poco apretada. Seguramente serán algo grandes para ti, pero es lo más pequeño que tengo.

Ella asintió con la cabeza, le sonrió y le dio las gracias mientras cogía la ropa. De pronto, un sonrojo apareció en las mejillas de Ranma.

—¿N-necesitas ropa interior? —Le preguntó algo nervioso—. Lo digo por si tal vez te mojaste mucho, para que no te quedes con eso húmedo. Te puedo… prestar algo mientras tu ropa se seca.

A Akane le causó gracia el nerviosismo de Ranma, pero no se rió porque también sintió que sus propias mejillas se coloreaban ante la idea de idea de desnudarse completamente y usar los calzoncillos de su novio. Por suerte, no sentía que su ropa interior se hubiera mojado con la lluvia.

—No te preocupes, estoy bien así. ¿Me puedo cambiar aquí o prefieres que use el baño?

—Aquí está bien —contestó Ranma, intentando que no se le notara el nerviosismo y la excitación que le causaba imaginarse a Akane medio desnuda en su habitación. Permaneció en medio del cuarto, perdido en sus fantasías, hasta que Akane volvió a hablar, una sonrisa tímida dibujada en su rostro.

—¿Me dejas que me cambie?

Ranma pareció reaccionar de inmediato. Sonrió avergonzado y asintió con la cabeza rápidamente.

—Sí, sí, sí, ¡claro! Eh, yo… iré a cambiarme al baño. —Con la muda de ropa que había cogido para sí mismo, caminó de espaldas hacia la puerta, como si no quisiera irse—. Te espero afuera. —Dijo cuando ya tenía la mano en el picaporte, sin dejar de mirarla, deseando que Akane le pidiera que se quedara.

—Vaale —contestó ella esperando que saliera de la habitación y cerrara la puerta.

Una vez se quedó sola, comenzó a desvestirse sin mucha prisa. Aunque su cuerpo estaba frío por haber pasado algo de tiempo bajo la lluvia y también con la ropa mojada, el apartamento de los Saotome tenía una temperatura agradable, así que pronto entraría en calor. Tras quedarse en ropa interior y confirmar que estaba seca, se puso los sweatpants y la sudadera que Ranma le entregó. Los pantalones le quedaban un poco grandes, pero al menos no se le caían.

Salió de la habitación y se dirigió a la sala, donde Ranma la esperaba ya cambiado y sentado en el sofá. Se había puesto una camiseta blanca de manga larga con el logo de la Nasa en el pecho, y unos pantalones cortos azules de algodón. Se incorporó al verla y le indicó que lo mejor sería meter la ropa húmeda en la secadora para que cuando Akane se fuera a su casa, no tuviera que ponerse ropa mojada o fría.

—También te puedes ir con mi ropa puesta, pero mejor será secar la tuya por si acaso —comentó.

—¿Sabes poner la secadora? —Preguntó Akane con interés al ver que el chico manipulaba el aparato con destreza.

—Sí, ¿por qué? ¿Tú no?

No. Akane no había puesto una secadora o una lavadora en su vida, ya que siempre había tenido alguien que hiciera esas cosas por ella. Pero no estaría mal aprender, pensó.

—Bueno —intentó sonar casual—, es que la de mi casa es distinta.

Ranma asintió con la cabeza sin mirarla, mientras elegía un ciclo rápido. Después de tocar el botón que daba inicio al ciclo, miró a Akane y frunció el ceño.

—Espera —una incógnita se apoderó de él—, ¿sabes si esa ropa se puede secar en secadora?

Akane simplemente se encogió de hombros y sonrió.

—Ya lo averiguaremos después.

Ranma se rió ante el comentario distendido de su novia. La estrechó en un abrazo cariñoso y le dio un beso en la boca, el cual Akane correspondió con cariño al principio y luego con mucha intensidad, hasta que la espalda de Ranma chocó contra la pared. Pronto lo que inició como un cariñoso beso se convirtió en un morreo intenso y apasionado.

—Akane —Ranma separó sus labios de los de ella y habló en un susurro sin soltarla—, deberíamos parar.

No es que no quisiera besarla; en realidad era todo lo contrario, pero no quería que ella pensara mal de él, o que creyera que lo único que quería o buscaba de ella era sexo; además, había prometido ser menos pervertido. Estaban solos en casa y cualquier cosa que él hiciera se podía malinterpretar, así que lo mejor sería mantener su boca y sus manos alejadas del ardiente cuerpo de su novia.

Akane, ajena al dilema moral en el que se encontraba Ranma, se separó de él y asintió con la cabeza, creyendo que lo decía porque estaban en un lugar donde sus padres podían encontrarlos si llegaban en cualquier momento.

—¿Qué quieres hacer? —Le preguntó Ranma cariñoso—. ¿Tienes hambre?

—No, aún no. —Después de ese beso, algo se había encendido dentro de ella, así que lo único que quería devorar eran los labios de su guapísimo novio—. ¿Tú...? —Lo miró esperando que él le dijera que quería continuar besándola.

Ranma le dijo que tampoco tenía hambre. Al menos no de comida, pensó. El foco sobre su cabeza se encendió con una idea que seguramente serviría para entretener a los dos y mantener sus pensamientos fríos. Él sabía que a las chicas les gustaban esas cosas, así que pensó que sería una buena idea proponérselo a su novia.

—¿Te gustaría ver fotos mías viejas? De cuando era un niño.

Los ojos de Akane se iluminaron de emoción y felicidad ante la idea de descubrir cómo se veía Ranma durante su infancia. Incluso la excitación que sentía pasó a un segundo plano por el momento.

—¡Me encantaría!

Ranma sonrió ampliamente, complacido de ver a Akane tan contenta e ilusionada. La tomó de la mano y la llevó hasta la sala. Akane se sentó en el sofá y esperó que Ranma volviera con un álbum de gran tamaño. Se sentó junto a ella en el sofá y puso el álbum en el regazo de Akane, para que fuera ella quien pasara las páginas.

El rostro de Akane se iluminó al ver todas las fotos que había en el álbum: fotos de Ranma cuando era un bebé recién nacido, fotos de cuando le empezaron a salir los dientes, de sus primeros pasos, su primer balón de fútbol, su primer día de clases, fotos de él con otros niños de su edad, fotos con sus padres, otras en la playa construyendo castillos de arena.

Todas eran fotos muy bonitas porque Ranma era un niño precioso. Akane se sentía muy especial al estar viendo esos retratos de la vida de su novio. Le encantaba que él se hubiera ofrecido a mostrárselas.

Pero hubo una foto en particular que llamó especialmente la atención de Akane, por la ternura que le generó. En ella aparecía un Ranma de cuatro o cinco años usando un gi de artes marciales y posando como si estuviera haciendo una kata. Tenía el ceño fruncido, como si quisiera aparentar una rudeza que claramente no tenía. Sus mejillas estaban enrojecidas y sus ojitos azules se veían grandes y con un brillo precioso. Akane abrió la boca sorprendida ante tanta ternura y contempló la foto completamente enamorada.

Ranma miraba a Akane con una sonrisa, totalmente embobado ante la expresión de su novia.

—¿Te gusta esa?

—¡Me encanta! —Exclamó mientras pasaba su dedo por encima de la foto—. ¡Eras un niño súper hermoso! —Miró a Ranma y comprobó que le sonreía embelesado—. Todavía lo eres, pero antes eras mucho más adorable.

Él expandió su sonrisa, complacido de que sus encantos de niño estuvieran haciendo efecto en Akane.

—Entonces es tuya —Ranma sacó la foto de la lámina del álbum y se la extendió a Akane—, quiero que la tengas tú.

Akane lo miró con una mezcla de ilusión y sorpresa. Sus ojos cafés fueron de la foto a Ranma y de Ranma a la foto.

—¿Estás seguro? Tal vez su madre la echará en falta…

—No creo, pero de todas formas tenemos los negativos, así que no pasa nada. —Besó la mejilla de Akane y depositó la foto en su mano—. Pero… vas a tener que darme una foto tuya a cambio, ¿te parece?

—¿Una foto de niña? —Preguntó Akane sonriendo.

—Sí. —Contestó Ranma. De pronto, como si hubiera recordado algo, su rostro se iluminó—. Ahora que lo pienso, esta foto es de mi primer torneo de artes marciales, el cual gané. —Le guiñó un ojo—. Aún tengo esa medalla, ven.

Dejó el álbum sobre la mesa de café y luego cogió la mano de Akane y la llevó hasta su habitación. Al entrar, Ranma señaló la estantería que estaba a rebosar de medallas, premios, reconocimientos y otros objetos.

—¿Y todos estos trofeos? —Preguntó ella mientras se acercaba a la estantería—. Porque no creo que sean todos de fútbol y artes marciales, ¿no? Imagino que también serán los premios al más bocazas de la clase. Y al más fastidioso, pesado, e insoportable…

Ranma la miró incrédulo. Así que su novia tenía ganas de bromear… vale, vale. Entonces él también.

—No, son los premios al chico más guapo y sexy de la clase, y otros parecidos. —Habló en tono presumido mientras se acercaba a ella—. Por ejemplo, ése que ves allí de color cobre es el premio al soltero más cotizado de mi anterior instituto. Y el que está allá arriba —señaló el último estante—, me lo dio Shampoo, al hombre que mejor besa en todo el mundo.

Akane alzando una ceja y se cruzó de brazos, mientras abría la boca ante aquel comentario. La mención de la ex de Ranma le había picado un poco, pero al mismo tiempo le parecía gracioso que el chico estuviera contratacando.

—Y supongo que alguna de estas medallas será el reconocimiento al engreído del año.

Ranma descruzó los brazos de Akane y entrelazó sus dedos con los de su novia.

—Sabes que tengo razón. Soy el chico más guapo y más sexy que has conocido en toda tu vida. —Frunció el ceño—. ¿Cómo fue que me dijiste cuando estábamos en casa de Hiroshi? Que era agradable a la vista.

Akane se rió al recordar ese comentario y rodó los ojos, no queriendo darle la razón. Aprovechando que estaban cogidos de las manos, Akane apoyó su rostro en el pecho de Ranma y él le dio un beso en el pelo.

—Entonces, princesa consentida, ¿cuál es tu veredicto sobre mi habitación?

Akane alzó el rostro para mirarlo.

—Pues, yo la veo bien. No hay calzoncillos tirados por ningún lado, ni restos de comida o envoltorios sucios. Tampoco hay pañuelos sospechosos y pegajosos ni manchas extrañas en la cama —Ranma soltó una carcajada—, ni posters de mujeres sensuales posando en bikini...

—Eso es porque nunca me has enviado una foto tuya en bikini. —Le dijo con una sonrisa coqueta—. Entonces podría imprimirla y ponerla en mis paredes.

Akane se mordió el labio inferior, en un gesto que encendió a Ranma.

—¿Consideras que soy una mujer sensual?

Él asintió con la cabeza. Llevó uno de sus dedos a los labios de Akane y los acarició despacio.

—Demasiado…

Akane subió sus manos y cogió el rostro de Ranma para besarlo con las mismas ganas con las que lo había hecho después de poner la secadora. El chico le correspondió y pronto se dio cuenta de que Akane no tenía ganas de besitos tiernos ni abrazos inocentes; la chica estaba besándolo con una pasión y unas ganas que dejaban muy claro lo que quería de él. Y no es que él no quisiera besarla y meterle mano, pero había prometido ser menos pervertido.

—Akane —separó su rostro del de ella y habló en un susurro—, deberíamos… volver a la sala. —Ella aprovechó que él hubiera roto el beso para ir a por su cuello—. Las fotos...

—¿Tú quieres parar? —Le preguntó Akane mientras le mordía y lamía el cuello—. Porque yo quiero seguir besándote...

¿A quién quería engañar? No podía dejar de ser un pervertido porque era un adolescente hormonal que tenía la fortuna de tener de novia a una chica preciosa a la que le gustaba hacer travesuras con él. Además, no todos los días se encontraba solo con ella en su casa sin supervisión adulta, ¡así que al diablo con todo!

Cogió a Akane de la cintura y la levantó del suelo para llevarla hasta la cama, en la que la acostó boca arriba y se posicionó sobre ella.

—¿Esto responde tu pregunta?

Akane se mordió el labio inferior mientras asentía con la cabeza. Le encantaba que Ranma fuera un chico fuerte y alto que pudiera hacer cosas como levantarla sin esfuerzo y ponerla sobre la cama. Sin decir nada más, enterró sus dedos en el pelo de su novio para acariciarlo mientras lo besaba con ganas, siendo correspondida con la misma pasión y deseo.

Ranma pronto coló sus manos por debajo de la sudadera que usaba Akane, haciendo que la chica se estremeciera ante el contacto.

—Tienes las manos frías —le dijo contra su boca.

—Mmm… se me ocurren un par de lugares donde puedo meterlas para calentarlas rápido...

Akane soltó una carcajada.

—¡Te dije que no podías dejar de ser un pervertido!

—Nop, no puedo. Eres una mujer sensual, ¿recuerdas? —Continuó deslizando sus manos por la piel de Akane, hasta que llegó hasta sus pechos—. Mmm, ¿qué tenemos por aquí? De pronto me ha dado hambre…

Akane dejó salir una risa pícara. Ranma acarició los senos de Akane y repartió besos en su vientre y su ombligo. Mientras ascendía, fue levantando la sudadera para dejar la piel al descubierto. Se entretuvo besando y jugando con los pechos de Akane, que seguían cubiertos por el sujetador azul celeste que llevaba puesto, pero pronto deslizó sus manos por detrás de la espalda femenina para buscar el broche del sostén.

—¿Tan rápido me vas a desvestir? —Preguntó ella encantada con las atenciones recibidas, aunque un poco sorprendida por lo rápido que habían escalado las cosas—. ¿Y tú?

Si la condición para poder quitarle la ropa a su novia era desnudarse él primero, Ranma no se opondría. Se levantó de la cama y se deshizo tanto de su camiseta como de sus shorts, dejando ver unos bóxers ajustados de color verde neón, que no ocultaban su erección.

—Si el problema era que me querías semidesnudo, pues lo hubieras dicho antes, mi amor. —Volvió a acostarse sobre la cama y besó a Akane mientras introducía sus manos debajo de la prenda superior otra vez—. ¿Ahora sí?

La complicidad que tenía con Ranma en la intimidad la hacía adorarlo más y sentirse todavía más unida y a gusto con él. No solo le gustaba por lo increíbles que eran sus juegos sexuales y por lo mucho que se excitaba con él, sino también porque además de excitarse, siempre conseguían reírse y hacerse divertidas bromitas que los ponían de buen humor y los encendían todavía más.

—Ahora sí —contestó ella dándole un dulce beso en los labios.

Ranma sonrió satisfecho y le quitó la sudadera con suavidad, haciendo que las mejillas de Akane adquirieran una tonalidad rojiza. Todavía no se acostumbraba completamente a que Ranma la viera tan expuesta, aunque debía reconocer que cada vez se sentía más cómoda, sobre todo porque su novio le demostraba con palabras, besos y caricias, lo mucho que le gustaba su cuerpo.

—¿Sabes? —Ranma se deslizó sobre ella hasta que su rostro quedó a la altura de sus pechos—. ¿Qué tal si en vez de una foto en bikini me das una foto de esta área en particular? —Akane sentía el tibio aliento de su novio sobre sus pezones con cada palabra—. Porque me encanta… creo que es lo que más me gusta de tu cuerpo, además de tu cara.

Tras recrearse con la erótica imagen que tenía frente a él, el chico de la trenza decidió que quería más. Intentó desabrochar el sujetador de Akane, pero no era tarea fácil, así que tuvo que pedirle a ella que lo ayudara. Después de reírse, Akane se incorporó hasta quedar sentada en la cama, llevó las manos al broche del sostén y lo abrió sin ningún problema. Antes de quitarse la prenda, miró a Ranma mordiéndose el labio. Se sintió más que complacida al ver la expresión embobada de Ranma cuando finalmente su pecho quedó al descubierto.

Ranma la sujetó por la cintura y consiguió que Akane se sentara sobre él y lo rodeara con sus piernas. La posición era maravillosa; no solo tenía los preciosos pechos de Akane a la altura de su rostro, sino que además sus sexos estaban en contacto. Sin decir nada más, comenzó a repartir besos y lametones en los atrayentes senos de su novia, dando especial atención a sus pezones.

Akane suspiraba y gemía tímidamente, todavía un poco cohibida ante sus propios sonidos de placer. Le sorprendía enormemente lo mucho que le excitaba que le estimularan los pezones, algo que jamás había pensado podía gustarle tanto. Intentaba no hacer demasiado ruido, pero no siempre era fácil, sobre todo porque Ranma también movía sus caderas contra ella, haciendo que su pene erecto se rozara contra su sexo. Y Akane se deshacía ante los roces, besos, caricias, y apretaba la piel de los hombros y espalda de Ranma.

Volvieron a acostarse, esta vez uno junto al otro, y Akane decidió que era su turno de hacer suspirar a Ranma. Bajó su mano por su cuerpo y se tomó el tiempo de acariciar su pecho y sus abdominales, hasta que llegó al elástico de sus bóxers.

—Te queda bien ese color —le dijo en un susurro contra su boca mientras introducía su mano en la ropa interior de Ranma—, te ves sexy.

Cerró su mano alrededor de la punta del pene de Ranma y comenzó a tocarlo con un movimiento lento pero firme, consiguiendo que su chico soltara los primeros suspiros.

—Tú te ves sexy con lo que sea —le dijo él y le lamió los labios—, aunque tengo mucha curiosidad por saber qué llevas puesto debajo de esos pantalones que te presté…

Con sus dos manos, apretó las nalgas de Akane con ganas y la atrajo hacia él, ocasionando las risas de su novia, quien no tardó en quitarse los sweatpants que Ranma le había prestado. Ranma bajó la mirada y se fijó en que Akane llevaba unas bragas que hacían juego con el sujetador que le había quitado antes: eran de color azul celeste y tenían un pequeño detalle de encaje en el costado.

—Son bonitas, me gustan.

me gustas —le dijo Akane cuando sintió que Ranma le acariciaba las nalgas con una mano y con la otra zigzagueaba peligrosamente por su vientre y su pubis—, y me gusta tocarte.

—Y a mí —susurró Ranma entre besos y bajó sus bóxers con un movimiento rápido, deshaciéndose de la prenda con destreza y quedando completamente desnudo.

Igual que lo había hecho la noche que pasaron juntos en casa de Hiroshi, Akane bajó la mirada para recrearse y disfrutar de la imagen del cuerpo desnudo de Ranma. Pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo, ya que el chico de la trenza la abrazó contra él, sintiendo que su piel ardía contra el cuerpo casi desnudo de su chica. Le susurró palabras de amor y deseo al oído, dejándole saber lo mucho que le gustaba y que adoraba hacer esas cosas con ella. Se tocaron mutuamente durante un rato, hasta que Ranma llevó sus manos al borde de las braguitas de Akane para bajarlas, pero antes la miró.

—¿Te las puedo quitar? —Su cálido aliento rozó la mejilla de ella.

El corazón de Akane comenzó a latir fuertemente dentro de su pecho. Si se quitaba las bragas, se quedaría completamente desnuda ante Ranma, y ella jamás había estado en esas condiciones frente a ningún chico... ni siquiera frente a Tatewaki, pues con él había procurado conservar al menos una prenda; Akane siempre había tenido el presentimiento de que si se desnudaba por completo con Tatewaki, ya no habría vuelta atrás. Con Ranma, por fortuna, la sensación era distinta. No obstante, consideraba prudente aclarar un punto muy importante para alinear expectativas y que los dos estuvieran en la misma página, y así evitar sorpresas desagradables.

—Sí, bueno, no… bueno, sí —balbuceó—, espera, espera. —Se separó un poco de él para poder mirarlo a los ojos—. Es que… hay algo que quiero decirte.

Él se quedó mirándola mientras esperaba que hablara.

—Es que yo —respiró profundo para calmar sus nervios—, yo… nunca lo he hecho. —Confesó con una mezcla de timidez y nerviosismo, que respondían al hecho de que era la primera vez que Ranma y ella estarían completamente desnudos y además solos—. Y... me imagino que quieres hacerlo, pero… es que... no sé si estoy lista aún.

Ranma la miró atónito, procesando lo que acababa de escuchar. ¿Qué? ¿Ella era virgen? ¿No se había acostado con nadie antes, ni siquiera con el patán de Kuno? No es que creyera que Akane había tenido una vida sexual muy movida antes de él, pero habría jurado que ella y Kuno sí se habían acostado.

—¿Eres virgen? —Inquirió mirándola fijamente.

—Sí —contestó ella—, y... no es que no quiera hacerlo contigo, Ranma —con la dulzura que la caracterizaba y que Ranma adoraba, acarició la mejilla de su novio—, pero no sé si sea el momento adecuado. ¿Me entiendes?

Ranma le acarició los labios y asintió con la cabeza. Por supuesto que la entendía, y de hecho que ella fuera virgen explicaba por qué se mostraba tímida con ciertas cosas. En realidad, él tampoco había planeado o esperado quedarse desnudo en su cama con ella, y, si bien deseaba perder su virginidad con Akane, no esperaba que ocurriera tan pronto. Aunque sí tenía ganas, no tenía prisa por hacerlo.

—Claro que te entiendo. —Le dio un beso en los labios y continuó acariciándole la mejilla—. Llegaremos hasta donde tú quieras y haremos solo lo que tú quieras. Y si sientes que estoy yendo muy rápido o algo te incomoda, me lo dices, ¿vale? —Volvió a besarla—. Así como me has dicho esto, quiero que siempre me digas todo, para que los dos disfrutemos al máximo siempre, mi amor.

Cada vez que Ranma le decía mi amor, Akane se derretía por dentro. Sonrió y asintió con la cabeza mientras se relajaba y volvía a besarlo. Con él se sentía completamente cómoda, tranquila, protegida, segura y en confianza. Era realmente gratificante tener la certeza de que su novio la respetaba y la quería, y que jamás la presionaría u obligaría a hacer algo que ella no quisiera.

—Por cierto —comentó Ranma entre besuqueos—, yo tampoco lo he hecho.

Akane sabía que Ranma y Shampoo no se habían acostado por todo lo que Asami le había contado de la chica de pelo morado, pero creyó que tal vez Ranma había perdido la virginidad con alguien de su instituto anterior.

—¿Ni siquiera con alguien antes de Shampoo? —Preguntó curiosa.

Él negó con la cabeza y se rió.

—Antes de Shampoo lo único que había hecho era dar un beso, a una sola chica. Y con Shampoo hice menos cosas de las que he hecho contigo hasta ahora, así que podría decirse que tú me has corrompido.

Akane alzó ambas cejas y lo miró con una sonrisa divertida.

—¿Yo te he corrompido?

—Sí —él asintió con la cabeza—, antes era un chico bueno e inocente y tú me volviste un completo pervertido, pero no estoy quejándome en lo absoluto, al contrario. Me encanta ser tu pervertido. —Repartió varios besos por el rostro y cuello de Akane—. Entonces, ¿sí te las puedo quitar?

Akane respiró profundo y asintió con la cabeza.

—Está bien, pero, ¿nos metemos bajo las sábanas? —Preguntó con timidez y bajó la cabeza—. Por el frío…

Ranma le dijo que sí y levantó las sábanas para que él y Akane se arroparan, intuyendo que su novia quería estar tapada más por pudor que por frío. Una vez estuvieron bajo la tela, Ranma llevó sus manos temblorosas e inexpertas al borde la ropa interior de Akane. Sin dejar de mirarla en ningún momento, bajó las braguitas despacio, atento a cualquier cambio en la expresión de su novia. Cuando la prenda llegó a las rodillas de Akane, ella se encargó de quitárselas y pegó la sábana un poco más a su cuerpo.

Aprovechando que Akane estaba acostada boca arriba, Ranma, que seguía de lado, se inclinó sobre ella y le dio un dulce beso en los labios para luego coger la sábana y bajarla un poco, deseando ver a Akane completamente desnuda. Ella no puso resistencia y apartó la mirada mientras Ranma la contemplaba con deseo y adoración. Pero cuando el chico se sentó en la cama e intentó separar las piernas de Akane con un movimiento suave y delicado, ella flexionó las rodillas y cerró sus piernas todavía más, para luego coger el borde de la sábana y volver a subirla.

Ranma se mordió el labio inferior e intentó quitarle la sábana para separarle las piernas, pero Akane no lo dejó.

—¿No me vas a dejar mirarte? —Preguntó con cara de pillo y ella negó con la cabeza—. Estoy abusando de mi suerte, ¿verdad?

Esta vez Akane asintió con la cabeza y le sonrió a Ranma, haciendo que él también sonriera. Desistió de su intención de mirar detenidamente aquella parte del cuerpo de su novia que se moría por conocer a detalle, pensando en que ya tendría tiempo de hacerlo en otro momento, y que además ya era suficientemente bueno que ella hubiera accedido a estar desnuda con él.

—Bueno, no importa —Ranma acarició el vientre desnudo de Akane—, olvida lo que cada uno eligió para mi madre, el regalo perfecto de hoy ha sido que me hayas dejado quitarte las bragas.

Akane soltó una carcajada que hizo sonreír a Ranma. Adoraba hacerla reír. Buscó su boca y la besó al principio con ternura, pero pronto la excitación que cada uno sentía se apoderó del beso. Se abrazaron para unir sus cuerpos desnudos y comenzaron a acariciarse con frenesí, deseando dar y obtener el máximo placer con cada beso, cada roce, cada palabra y cada gesto.

Ranma, que inicialmente había estado acostado de lado, se movió hasta quedar sobre Akane. Como era natural por la posición en la que se encontraban, sus sexos entraron en contacto, haciendo que ambos suspiraran y gimieran ante la placentera sensación. Él comenzó a moverse despacio contra Akane, siendo consciente de que aquello iba a volverlos locos a los dos. Ella se dejó llevar por el movimiento y pasó sus brazos por debajo de las axilas de Ranma para abrazarlo y pegarlo más a su cuerpo, mientras enterraba su rostro en su cuello.

—Akane, me vuelves loco —susurró Ranma llevado por la pasión del momento—, me encanta besarte, tocarte, hacerte todo esto…

—A mí también me encanta, Ranma.

Continuaron así hasta que Ranma buscó su pene con su mano y lo acercó al sexo de Akane. También unió su boca a la de ella.

—No te asustes —le dijo mientras sus labios se tocaban—, solo voy a rozarlo, ¿vale?

Akane asintió con la cabeza y llevó sus manos a la nuca de Ranma para besarlo con ganas, deseando que él hiciera lo que acababa de decirle. Si rozarse con él estando vestidos era placentero, sentirlo así de forma tan directa terminaría por enloquecerla.

En efecto, el contacto fue una descarga eléctrica para ambos. Ranma estaba como una olla de presión, completamente entregado a la tarea de masturbar a Akane son su pene y también de estimularse a sí mismo con cada frote. Sus fluidos se mezclaron con los de Akane, que estaba tan mojada que Ranma no pudo evitar preguntarse cómo se sentiría deslizar su pene hasta penetrarla completamente. Era la primera vez que hacía algo como eso y sabía que no iba a durar demasiado, así que tenía que dejar de pensar en esas cosas y concentrarse en dar placer a Akane, pues él ya estaba obteniendo el máximo disfrute. Con una de sus manos, palpó hasta sentir el clítoris de Akane bajo sus dedos, y luego volvió a frotarse contra ella, queriendo enfocarse en esa área en particular.

Akane se mordió el labio inferior, disfrutando de la dureza del pene de Ranma contra su sexo, completamente entregada a los movimientos de su novio. Era una forma de masturbación mutua que ninguno de los dos había probado antes, pero Akane pensó que Ranma sabía lo que hacía. Ella no se quedó atrás y comenzó a mover sus caderas hasta que encontró una cadencia en la que sus movimientos y los de Ranma se complementaban.

—¿Esto te gusta? —Le preguntó él sin dejar de frotarse contra ella, y le lamió el cuello.

—Sí —alcanzó a contestar ella a duras penas.

Los dos siguieron disfrutando de aquella práctica sexual hasta ahora desconocida para ambos, pero que ya se había convertida en una de sus favoritas. Akane cada vez gemía más fuerte, lo que excitaba muchísimo a Ranma y hacía que quisiera ir más rápido para desfogarse con ella. Había descubierto que una de las cosas que más lo excitaban era escuchar gemir a su compañera.

La menor de las Tendo, queriendo tomar las riendas del asunto, bajó su mano por entre sus cuerpos y cogió el pene de Ranma para controlar ella los movimientos. El chico la dejó sin oponerse ni rechistar, comprendiendo que seguro para ella sería más fácil alcanzar el orgasmo si tenía el control. Subió una de sus manos y comenzó a acariciar uno de los pechos de Akane, mientras la otra la ocupó para sujetarla fuertemente de las caderas.

Ella cada vez presionaba más y más rápido, sin dejar de mover sus caderas en ningún momento, haciendo que el frote fuera muy intenso para ambos. Ranma tuvo que pedirle un par de veces que fuera más despacio, pues sentía que estaba cerca de correrse y por ningún motivo podía hacerlo sobre el sexo de Akane. La chica obedeció, pero las dos veces volvió a olvidarse de la petición de su novio para aumentar el ritmo de lo que hacían, acelerando el placer de ambos.

Ya Akane no era la única que gemía, también Ranma lo hacía con cada ramalazo de placer sentía al restregarse contra ella. Jadeante, Akane le indicó a Ranma que no le faltaba mucho para correrse.

—Ya me falta poco…

—Qué bueno, mi amor, porque no creo que pueda… aguantar mucho más…

Estaba haciendo su mayor esfuerzo por no eyacular ahí mismo, así que saber que Akane estaba cerca fue casi un alivio para él. Sabía que si ella no se corría pronto, tendrían que detenerse para que él se apartara y no terminara en un lugar tan peligroso.

Por fortuna, Akane no había mentido. Su orgasmo llegó y con él, sus movimientos de cadera se hicieron mucho más profundos y circulares; los sonidos que salieron de su boca también fueron muy intensos. No pudiendo resistirse más tiempo, Ranma apoyó una de sus manos en la cama, separando su cuerpo del de Akane, apartó la mano de ella con suavidad y cogió su pene justo a tiempo para correrse en un lugar seguro: el vientre y el abdomen de Akane.

El orgasmo fue tan intenso, que tuvo que dejarse caer boca arriba junto a ella, para recuperar el aliento y el ritmo cardíaco normal. Tanteó la cama hasta que encontró la mano de Akane y la entrelazó con la suya para atraerla a sus labios y besarla, haciendo que su novia lo mirara. Él le dio un beso al aire y la miró con cariño, consciente de que los dos estaban recuperando el aliento y empezando a relajarse.

Poco después, Ranma salió de la cama y cogió el paquete de Kleenex húmedos que convenientemente tenía en una de las gavetas de su escritorio, precisamente para este tipo de circunstancias (aunque hasta ese momento, siempre había usado los pañuelos para limpiarse a sí mismo).

—Lo siento, te he manchado —le dijo volviendo a la cama y ocupándose de limpiarla él mismo, como todo un caballero—, pero me he movido lo más rápido que he podido y no me ha dado tiempo de nada más.

—No pasa nada, no me molesta —contestó Akane y con cariño y cogió un pañuelo húmedo para ayudar a Ranma.

Ranma la miró con los ojos muy abiertos.

—¿De verdad?

Akane lo pensó bien. No le había dado asco ni tampoco le había incomodado que Ranma se corriera sobre ella; de hecho, había sido todo lo contrario. No sabía exactamente qué era, pero había algo erótico en que el chico hubiera hecho eso, incluso a pesar de no haber sido planeado.

Esbozó una pequeña sonrisa.

—Es... un poco sexy, ¿no crees?

Ranma no podía creer lo que estaba escuchando. A él también le había parecido muy sexy y erótico correrse sobre el cuerpo de su novia, pues lo había visto en el porno y siempre le parecía excitante; sin embargo, entendía que era probable que a las mujeres no les gustara eso en la vida real, y menos si tenían tan poca experiencia con Akane, así se sintió un poco avergonzado de haberlo hecho. Pero descubrir que a ella no solo no le molestaba, sino que le gustaba, era algo completamente increíble y satisfactorio.

—Eres increíble, ¿lo sabes, verdad?

Ella sonrió, le guiñó un ojo y asintió con la cabeza. Ranma se inclinó para besarla y ella le correspondió con ternura.

—Te quiero —le dijo él tras besarla.

—Y yo a ti, mucho.

—¿Sabes qué me gustaría? —Preguntó Ranma—. Dormir contigo otra vez. Me gustó mucho abrazarte y despertarnos así.

Ella sonrió.

—A mí también me gustaría dormir contigo otra vez.

—Hay que decirle a Hiroshi que haga otra pijamada. O —Ranma sonrió con picardía—, te puedes quedar a dormir aquí conmigo.

Akane frunció el ceño.

—¿Cómo se te ocurre? —Negó con la cabeza varias veces—. ¡Me moriría de la vergüenza con tus papás!

Ranma se rió. Sabía que ella jamás aceptaría a algo así, pero valió la pena intentarlo solo por ver su adorable expresión. Volvió a inclinarse sobre ella para besarla.

Lo siguiente ocurrió de forma trepidante.

En cuestión de segundos, la puerta de la habitación se abrió y Nodoka se topó con la imagen de su hijo y una chica desnudos en la cama. Los dos adolescentes se cubrieron rápidamente con la sábana, y Ranma alcanzó a exclamar la palabra «¡MAMÁ!», la cual probablemente fue escuchada por su padre, pues Ranma pudo oír su voz en el fondo. Nodoka también escuchó la voz de su esposo y se disculpó apresuradamente antes de cerrar la puerta. Aunque solo estuvo segundos en el umbral, la madre de Ranma identificó a la chica que estaba con su hijo. Era la hija menor de Soun Tendo, el viejo amigo de su marido.

—Mierda, mierda, mierda.

Ranma observó la expresión en el rostro de su novia. Estaba completamente roja y parecía a punto de echarse a llorar. Era más que evidente que la vergüenza se había apoderado de cada fibra de su ser.

—Akane, mi amor, lo siento mucho —le dijo Ranma mientras la abrazaba contra su cuerpo—, no sabía que iban a llegar tan pronto, se nos pasó el tiempo muy rápido, lo siento.

Akane correspondió al abrazo y enterró su rostro en el pecho de su novio, deseando teletransportarse a cualquier otro lugar de la galaxia.

—No creo que pueda mirar a tu madre a los ojos en tu vida.

De pronto, la voz de Genma se escuchó del otro lado de la puerta, haciendo que tanto Akane como Ranma se tensaran.

—¿Ranma?

El chico saltó de la cama y de dos grandes zancadas llegó a la puerta para ponerle el seguro y evitar que su padre abriera. Si Akane se estaba muriendo de la vergüenza porque Nodoka los había visto, seguramente saltaría por la ventana si también la veía Genma.

—¡Ya voy! —Exclamó—. ¡Dame cinco minutos!

Miró a Akane desde la puerta. La chica se había tapado el rostro con las manos. Ranma se mordió el labio inferior, sintiéndose culpable por lo que había pasado. A él también le daba vergüenza que su madre los hubiera encontrado así, pero al final era su madre, y él podía hablar con ella para aclarar cualquier inquietud; además, era un chico, y normalmente los chicos solían salirse con la suya con ese tipo de temas. Akane no solo era una chica (y era más fácil que la juzgaran por tener una vida sexual activa), sino que además había sido encontrada por una persona que no era de su familia, ¡y que la conocía! Por si fuera poco, Ranma apenas les había comentado a sus padres que tenía novia, pero no les había dicho quién era. Sorpresa, sorpresa.

Ranma miró a Akane, que había comenzado a vestirse con la ropa que él le había prestado, pues la suya debía estar en la secadora, y pensó en que no tenía nada de ganas de dar explicaciones a sus padres, mucho menos después del agradable, romántico y excitante momento que acababa de vivir con su novia. Y si él se sentía así, solo podía imaginar cómo se sentía Akane.

¿Y ahora, qué?


¡Hola! Empezaré por decir que la vida ha estado a mi favor y me ha permitido seguir actualizando a tiempo.

Ahora pasemos a los hechos del capítulo. Primero, la conversación entre los tres jovencitos que nos hicieron apretar los dientes y fruncir el ceño al final del capítulo anterior. Creo que Daisuke se esperaba que sus amigos le dieran la razón, pero al menos Ranma y Ryu, aunque no son unos santos, tienen muy claro que lo que Daisuke le hizo a Yuka no estuvo nada bien.

Sobre nuestra pareja favorita: primero, cita romántica; después, besos, caricias y otras cosas bajo las sábanas… hasta que llega alguien a interrumpir. Pareciera ser la historia de su vida. ¿Se acuerdan del capítulo VI cuando Nabiki pilla a Akane y Ranma en el Dojo? ¿Se acuerdan que trajo cola? Bueno…

¡Pero creo que la interrupción valió la pena después de esa tarde juntos! Parecen estar mejor que nunca, con Ranma comprometido a abrirse un poco más con ella. Al menos cuenta con Ukyo, quien lo aconseja sin juzgarlo.

¡Muchas gracias a todos por el apoyo constante!


Voy a empezar a responder los reviews para las personas que no tienen cuentas por aquí. Los que sí están registrados, revisen sus PM, que por ahí siempre respondo.

Felicius: mil gracias por leer ADP y por tomarte el tiempo de dejar reviews tan detallados en cada capítulo. Todas somos Hiro bombón3. Genma y Tatewaki están en mi lista de personas non-gratas. Has dado en el clavo con Ryu; no solo no quiere ilusionarla a ella, sino que teme ilusionarse él porque ella le gusta mucho… pero ahora no la tiene ni como amiga. Sobre Yaisuke: la conversación entre amigas VIENE, y será muy interesante; ya los chicos han hablado y le han dicho a Daisuke lo que piensan de su actuar. Ranma vive una situación muy difícil por dos motivos: (1) su padre lo explota y maltrata, (2) esa relación le ha hecho absorber características de masculinidad tóxica que no le permiten mostrarse vulnerable ante su pareja por miedo a ser juzgado; pero poco a poco se irá soltando. (Gracias por la observación del párrafo del brazo, ¡corregido!) ¿Qué tal te pareció la cita de Rankane? ¡Espero que bien!

Javi: Hiroshi últimamente es el que está mejor parado en todo (that's what she said).

Alexandra: ya los chicos tuvieron su conversación y por suerte cada quien escarmentó y reflexionó; hasta ahora vimos que a Akane y Ranma le fue bien, faltar ver a Daisuke y eso. Y sí, Hiroshi es un sol, pero no te equivocas al decir que las chicas mayores lo están usando.

Grace: las actualizaciones han seguido el ritmo de los 15 días, pero puede que en cualquier momento se alarguen un poco más. Me encanta que hayas usado esa palabra porque fue exactamente lo que Asami quiso decirle a Ryu y no dijo jajaja. Y coincido contigo con lo de la terapia, pues nuestros dos protagonistas la necesitan (don't we all?)

Jessie: haces bien en no confiar en Tatewaki. Ryusami es mi guilty pleasure, así que te entiendo; sobre si habrá redención o no, prefiero ahorrarme los detalles… por ahora. Estoy de acuerdo contigo; si contextualizamos la reacción de Ranma, podemos entenderlo (mas no justificarlo) y ser empíricos con él. De Daisuke quiero que cada quien saque sus propias conclusiones.