Capítulo 12
-En momentos como éste, recuerdo cuando yo mismo era un aspirante a Maestro de la Noche –estaba diciendo Eradicus, relajado sobre uno de los sillones del castillo-. Bueno, mientras Terodárticus siga por aquí, supongo que no tengo nada de qué quejarme.
-Pero señor, ¿no se da cuenta de lo que implican sus planes? –estaba susurrándole Ella Mental, sentada en frente suyo, mirándolo con gesto nervioso mientras su báculo descansaba sobre sus piernas cruzadas-. Si lo de esos antiguos rollos Woo-Foo resultara ser cierto...
-Nos ocuparemos de eso cuando surja –la cortó su antiguo amo, mientras volvía su mirada hacia una ventana-. ¡Ah, mira eso! ¡La oscuridad y el caos por todas partes! ¡El miedo en los corazones de cada ser vivo alrededor! ¿No es dulce?
-Lo que usted diga, señor.
-Es una lástima, Ella. ¿Sabes por qué es una lástima?
-Hmm, no, no realmente.
-Porque, como suele ocurrir con esta clase de cosas, no puede durar. Presiento que falta poco para que todo esto vuelva a ser lo que era en la mente de ese pajarraco presumido: una fantasía. Lo que no entiendo es para qué armar tanto escándalo por algo que pronto desaparecerá.
-me desconcierta, mi señor. ¿A qué se refiere?
-cuando estuve atrapado por segunda vez en esa cárcel infernal, me di por vencido, al menos por cierto tiempo. Bueno, eso fue hasta que escuché que la gente a mi alrededor gritaba por algo. La seguridad, que definitivamente no cobra el mejor sueldo del universo, ya estaba pendiendo de un hilo cuando caí allí por primera vez, pero después... En mi segunda estancia allí, noté que la barrera dimensional estaba realmente frágil. De modo que, cuando nos enteramos que alguien había vuelto a abrir una puerta, todo el mundo salió corriendo. Se armó una pequeña batalla civil por llegar a la salida. Digo todo esto en tercera persona, porque yo, como ser de inteligencia superior que soy, sólo tenía que esperar mi momento. Ni bien los guardias se encontraban en mitad de retener a los demás villanos, me escabullí silenciosamente y, en cuanto nadie miraba, conseguí atravesar el portal. ¡No te imaginas mi sorpresa cuando descubrí quiénes lo habían abierto!
-Los gemelos, mi señor. Bastante increíble, ¿no?
-¡Lo sé, la ironía del destino! –el grifo, embutido en un nuevo traje de negocios a medida en colores pastel sonrió, como complacido de sus propias palabras; sonrisa que no tardó en desaparecer bruscamente-. Pero, de todos modos, la intuición me dice que hay algo más profundo. Y sólo estamos viendo la punta del iceberg, como reza un dicho famoso. ¡Ah, qué coincidencia! ¡Y pensar que ese par de idiotas le dieron justamente esa forma al maldito pedazo de roca!
-Con todo respeto, señor, pero Terodárticus, por mucho que nos duela admitirlo, es... –la tigresa se mordió la lengua, obligándose a tragarse su declaración original, y a pensar en sus próximas palabras, para evitar enfadar a su antiguo amo-. ¿Cómo decirlo? Hmm, ¿astuto? ¿Audaz? ¿Un pico afilado como el hierro?
-¿Un cretino con inteligencia?
-...Eso también, claro.
-No cave duda de que sabe cómo jugar sus cartas. Pero cuidado, Ella, yo mismo comprobé cuán frágil puede ser un pico que, por más filoso que sea, reviste la tenacidad de una hoja de papel. Si un arma poderosa adquiere mente propia, debes tener cuidado de que no acabe matándote. Si yo fuera el dueño de esa hoja, me cuidaría de usarla sólo lo justo; en cuanto comenzara a hablar, no dudaría en hacer que creyera que no es la hoja de una espada, sino la de un cuaderno infantil, que yo, su amable y piadísimo amo, tuvo un día la amabilidad de arrancar del cuaderno y convertirla en herramienta parlante. No, ya no la usaría para matar, probablemente se convertiría en parte de alguna máquina mundana, como en el rayo de una rueda; y, una vez el uso la rompiera, me cuidaría de que una fuerza igual de poderosa la fundiera.
-No comprendo, señor. ¿Qué tiene esto que ver con Terodárticus?
-Ay, querida, ¿es que no lo adivinas? –de repente, el grifo se levantó de su asiento, antes de indicarle a su antigua aprendiza que lo siguiera hasta la ventana lateral-. ¿Ves ese cielo, la ciudad, todo? Dime, Ella, ¿qué es lo que ves?
-Hmm, ¿sinceramente? Bueno, a ver. El cielo es completamente negro; ni una sola estrella. Fuego, mucho fuego; gente asustada, los villanos divirtiéndose como si no hubiese mañana. ¿Algo más?
-¿Cómo dices? ¿Como si no hubiese mañana?
-Eh, supongo. Hm, ¿es éste uno de esos acertijos con trampa?
-Repite eso último.
-Hm, ¿un acertijo?
-No. Antes de eso.
-...Los villanos andan de acá para allá, expandiendo el caos. Bueno, desde aquí sólo puedo ver a ese robot de juguete Zarnot y a Pondscüm, pero supongo que da igual. Como si no hubiese un mañana. Como si pensasen: "¡Oye! ¡mírame! ¡Finalmente tengo lo que me pertenece! ¡Soy el mejor!" y todo eso.
-Exacto. –El villano sonrió, juntó sus manos bajo su mentón y, volviéndose a sentar en su sillón, dándole la espalda a la tigresa, dijo-: ¿Y no estamos, hmm, en el Oscuro Mañana ahora mismo?
-Uh. Me duele la cabeza. Soy hechicera, señor, no filósofa. ¿Puede abreviar?
-¿Recuerdas nuestro Oscuro Mañana, querida?
-Sí, mucho.
-Bien. Entonces, recordarás que convertí a los villanos en buenos. Los buenos, en malos; etc, etc.
-¿Y?
-Y que ahora, cada uno haciendo lo que se le da la gana, con más poder del que nunca antes disfrutaron en sus jóvenes e ignorantes vidas, su alianza no puede durar.
-Hmm, ¿es eso de no hacer amigos en el mal?
-Todo lo contrario. Si fuesen amigos antes que villanos, esa amistad sería inquebrantable. Ahora, no son amigos, sino aliados. A menos que Terodárticus sea un auténtico invécil, no dudará en ponerlos los unos contra los otros muy pronto. Quiere su obediencia, no su amor o su amistad. Su miedo, diría yo. Por eso siempre defendí la idea de que es mejor que, cuando mandas sobre el resto de insignificantes hormigas que son quienes te rodean, todo el mundo debe tenerte el mayor miedo. Lo contrario termina mal, muy mal. Y creo, querida Ella, que Terodárticus comprobará esto muy pronto. Más pronto que tarde, se cavará su propia tumba.
Se levantó, imitándola su antigua discípula.
-y cuando eso suceda, me encargaré de ser yo quien tenga la pala. Los demás, por otro lado...
Se detuvo en medio de su frase, al oír pasos. El propio Terodárticus, apretando su garra derecha en torno de su espada de hielo, venía farfullando furiosamente desde su valcón.
-Finalmente los encuentro. ¿Se van a perder el espectáculo?
-¿Qué espectáculo, mi señor? –dijo Ella, adoptando nuevamente su falsa cortesía.
-¡El espectáculo de mi triunfo, por supuesto! ¿Y tú, Eradicus? ¿Qué me dices tú? ¿No quieres acompañarnos?
-Quizás en otra ocasión, amigo mío. Este grifo sigue algo cansado por su viaje ínter dimensional.
-Como quieras. Ella, ven conmigo. Con mis larga vistas, he visto aproximarse esos tontos. ¡No sabrán qué los golpeó!
-¿A qué se refiere, mi señor?
-A los amigos de los conejos, a eso me refiero.
-Claro, no me lo perdería. Hmm, ¿qué hay de los demás?
-¿Qué hay de ellos? –el flamante señor del mal, sonriente, se le acercó hasta estar justo a su altura y, susurrándole al oído, le dijo-: No te preocupes por ellos; son parte de la función.
Súbitamente, Terodárticus se le alejó, volviendo al valcón del castillo.
Se volvió hacia Eradicus, que volvía a estar de pie una vez se hubo ido el otro villano. Cruzado de brazos, apoyaba su espalda en la pared de roca. Al verla reparar en él nuevamente, su sonrisa regresó.
-¿Decía, mi señor?
-Ah, sí. –Se estiró, antes de reacomodarse-. Los demás, por otro lado, pondrán la tierra.
-Quisiera poder darle la razón, mi señor. En serio.
Con eso, la tigresa se marchó. Eradicus, por su parte, volvió a internarse en el castillo, rumbo a una modesta sala de estar en el primer piso, con televisión y todo. Sonrió para sus adentros; ya sabía qué iba a ver: las noticias.
Y, por primera vez en décadas, se alegró de no figurar en ellas.
En otra parte de la ciudad, más precisamente en el norte, un conejo azul en específico se encontraba cavilando.
-No sé por qué, pero ahora mismo, no sé ya qué esperar.
Yang se rascó distraídamente la cabeza. A su alrededor, las tiendas de videojuegos yacían abandonadaas o arrasadas. Esta parte de la ciudad ya había sido "limpiada", pero seguía sintiéndose insatisfecho. Por supuesto, él mismo no había participado en semejante tarea. En todo caso, era el típico conquistador, que llega cuando la acción ya ha pasado, y del fuego y los gritos quedan solo el humo y los vidrios rotos en el suelo. Aquel que, una vez todo ha sido dicho y hecho, aparece para confirmar el trabajo bien hecho, recoger el botín y marcharse.
-Ésta ha sido la peor idea del mundo –se dijo el conejo azul para sus adentros-. Aquí no hay nada que hacer, ni siquiera un espíritu rezagado para espantar.
Volvió a secarse el sudor de la frente. Con las manos en los bolsillos de su traje, entró a uno de los locales abandonados. Menos de un kilómetro después, recordó, se hallaba la cueva por donde él y su hermana habían sido llevados hasta el interior de un museo falso, que resultó ser una trampa.
-¡maldición!
Dentro del único local que no había sido virtualmente arrasado, a pesar de sus mejores esperanzas, no había nada interesante. La única máquina de juegos que quedaba en el lugar entera parecía que hiciera un siglo de no ser usada. Frustrado, Yang dio una patada al cacharro, volteándolo en el proceso. Estaba a punto de irse, cuando un sonido extraño lo detuvo.
-¿Eh? ¿Qué fue eso?
Al darse la vuelta, sus ojoos se abrieron como platos. Normalmente, no era lo que considerarías un friki de las cosas tecnológicas, pero normalmente no te encontrabas con un armatoste de un millón de años que se encendía al darle una patada. Además, estamos hablando de Yang, amante de los videojuegos. Bueno, ¿un vistazo no podría hacer daño, verdad?
Agrandando sus manos hasta que le pareció suficiente, se las arregló para reacomodar el armatoste de nuevo en su posición original. Aunque por lo general sus puños del dolor eran el equivalente a desastre, ahora mismo lo estaban ayudando a arreglar el pequeño desastre que había provocado con su berrinche.
-¡Solo espero que el pajarraco no nos necesite ahora mismo!
Sentándose en la aparatosa consola, enmarcada en blanco y negro, el conejo azul observó una luz gris que ocupaba toda la pantalla. Hizo lo que mejor sabía cuando se trataba de estas cosas: presionar botones al azar. Sus manos volaron entre las palancas de hierro oxidado y los botones, casi saltando cuando hundió uno, y maldiciendo cuando estuvo por cortarse un dedo al apretar otro. Finalmente, tras apretar un botón en rojo en el centro, el aparato se animó. Una interfaz antigua en blanco y negro empezó a formar una serie de imágenes, primero a cámara lenta, luego a tanta velocidad que fue como mirar una cinta atascada. Yang bajó una palanca con fuerza, quedándose con ella en su mano en el proceso. Al menos, se dijo, la imagen había dejado de correr. No solo eso, empezó a volverse nítida, hasta el punto de adquirir color lentamente.
-Hmm, ¿qué es esto? ¿Y mi videojuego? ¡Ah, claro! ¡Debe ser la presentación!
En el centro de la ciudad, por otro lado, una conejita rosa en su traje de batalla se paseaba por el lugar. Varios metros a su izquierda, Herman y sus hormigas gritaban órdenes a un grupo de civiles atemorizados. Casi todos eran ranas o sapos, con excepción de una tortuga anciana, que soportaba un considerable volumen de ladrillos sobre su caparazón. Cuando la conejita la miró más de cerca por un segundo, descubrió que tenía los ojos cerrados, pero si se debía al esfuerzo o al cansancio, ella no podía saberlo.
-¡Niña, ayúdame aquí! –Yin saltó por el repentino chillido de Herman, encontrándose con su mirada mandona-. ¡este montón de flojos está por acabar con mis nervios!
La coneja le lanzó una mirada propia, parte irritación, parte aburrimiento.
-Tú no tienes nervios, Herman. No eres más que una simple hormiga.
-¿Qué dijiste?
-¿Estás sordo? Ugh. –Yin puso los ojos en blanco, casi divertida-. Dije que tú no tienes nervios, tonto. ¿Tengo que deletreártelo?
Herman dejó lo que estaba haciendo, encarándola de una vez, mientras la tortuga anciana abría los ojos por el susto, dejando caer su carga en el proceso. Desgraciadamente para Herman, los ladrillos lo sepultaron con facilidad, y hubiera resultado aplastado si no fuese por su armadura. Sin poder contenerse, Yin irrumpió en una carcajada genuina, que rápidamente se contagió al resto. Pero la risa duróo poco, ya que diez segundos después, un furioso Herman explotó el montón de ladrillos, gritando de ira.
-¿De qué se ríen, montón de inútiles? ¡Cállense o ustedes serán los próximos en recibir una montaña de ladrillos por cena! –con sus gritos, los trabajadores, si así se los podía llamar, dejaron de reírse y volvieron a su tarea-. ¿No me escuchaste? ¡Deja de reírte!
-¡Lo siento, Herman! Pero ¡eso es muy gracioso!
-Lo que sea –la hormiga en armadura romana se cruzó de brazos, mientras la risotada de la coneja se detenía, hasta convertirse en una simple sonrisa-. Deberías estar castigando a este montón de inútiles, no poniéndome de los nervios. ¿Dónde está tu látigo?
-Aquí mismo –la coneja señaló su cinturón, donde un látigo con púas de metal colgaba hasta el suelo-. Hmm, me aburres. ¿No se suponía que hoy sería mi día libre? ¿Quiero ir de compras!
-¿Quieres ir de compras? ¡Si vaciaste todas las tiendas del centro comercial! –exclamó Herman, en un intento vano por llamar su atención.
-Vaya forma de ir de compras, ¿no cree, señor? –le susurró Charles al oído.
-Una completa villanía, por supuesto, pero ¡aún así!
Yin continuó quejándose, sin prestarles atención en lo absoluto.
-¿Dónde están las demás villanas cuando las necesitas? Ah, claro, no me digas: las gatitas presumidas Chung-Pou están demasiado ocupadas grabando un estúpido álbum de música sin sentido que a nadie le importa. Saranoya tenía que celebrar su momento de gloria empezando con su campaña feminista, que no es lo más divertido que yo haría. ¿Y Ella? ¡La gatita del amo! Esa bruja con rayas debe estar descansando en el castillo. ¿Y qué me queda a mí? ¡el trabajo duro! ¿Gritar y castigar? No, gracias.
-¿Trabajo duro? –gritó una rana, atrayendo la atención general-. ¡Nosotros somos quienes estamos haciendo tu asqueroso trabajo duro, niña maleducada!
-¡Cállate! ¿Quieres recibir un latigazo? –Yin estuvo tentada de ejercer su tiránica autoridad por un milisegundo, pero simplemente estaba demasiado aburrida y hacía demasiado calor como para hablar en serio-. ¿Quién quiere ser el primero?
-¡Atrévete, entonces! –gritó la aludida, siendo seguida por sus compañeros a coro-. ¡Vamos! ¿Qué estás esperando? No tienes que perder nada.
Herman se golpeó su casco con fuerza, aguantándose las ganas de gritar, aunque esta vez fue por dolor. Estaba a punto de gritarles, cuando la coneja fue quien acabó por intervenir.
-Oh, ustedes lo pidieron.
En menos de un segundo, Yin se quitó el látigo, golpeando con dureza a la rana que había comenzado la pequeña rebelión, pero fallando en el primer intento. La segunda arremetida, la rana saltó, burlándose; la tercera vez, sin embargo, el terrorífico trozo de cuerda con pinchos de metal se envolvió alrededor de su cuerpo, atrapándola en el proceso. Mientras el resto chillaba y saltaba de miedo, dispersando al ejército de Herman y pisándolo en la carrera, Yin atrajo a la trabajadora rebelde hasta que la tuvo justo a dos centímetros de su rostro. Entonces, cuando creía que ya la tenía sometida, la rana le escupió, y la coneja la arrojó lejos por reflejo.
-¡Ew! ¡Eso es asqueroso!
-Yo tenía razón, señor –le susurró Charles a su jefe, una vez el grupo se hubo calmado un poco-. Ella no sirve para este trabajo.
-Gracias por el aviso, soldado. La próxima vez, me compraré mi propio látigo de tortura. ¡Sí! ¡Tendrá dibujos de gladiadores y todo!
-¡Solo eres una niña malcriada! –gritó la misma rana, mientras sus compañeros y compañeras la apoyaban con abucheos a la coneja-. ¿Eso fue todo?
-¿Ah, sí? ¿Con que soy mala, eh? –de repente, se hizo el silencio en la llanura, solo interrumpido por el murmullo de algunos árboles a causa de la brisa vespertina. Incluso las conversaciones entre las hormigas se habían detenido-. ¿Eso piensas? –de repente, Yin sonrió, y hasta Herman tuvo que tragar saliva para evitar estremecerse-. ¿Soy una niña malcriada? ¿Nada Más?
-B-bue-bueno... ¡sí! –la susodicha tartamudeó, ahora claramente intimidada-. ¡Y explotadora! ¡Y...!
En menos de un parpadeo, la conejita rosa estaba delante del grupo de renacuajos rebeldes, con una de sus manos extendidas al frente. Antes de que la rana pudiera terminar su acusación, una alargada mano de dedos sombríos, producidos a base de la oscuridad, la sujetaba por sus patas traseras, bocabajo, a tres metros del suelo.
-Te hice una pregunta. ¿Nada más? –Yin apretó su agarre feroz en la indefensa rana, que estaba claramente llorando ahora de miedo puro-. ¿Qué pasó? ¿Se te atragantó una mosca en la garganta? ¿O acaso se te acabó la imaginación?
Una segunda mano de oscuridad se formó en torno de la víctima de Yin, esta vez con garras incluidas.
-Te patearía, amiga. Pero, ¿sabes qué? No me gusta ensuciarme las manos con gente como tú.
Tan repentinamente como la función de terror de la coneja había comenzado, terminó, con sus manos de sombra disolviéndose, soltando a la rana, pero no sin antes dispararle dos esferas de fuego, que la dejaron inconsciente.
-¿Alguien más tiene un comentario constructivo sobre mi carácter? Estoy abierta a sugerencias.
Hasta los grillos habían dejado de cantar. Los trabajadores, atemorizados y amedrentados, estaban conteniendo la respiración, por miedo a desatar la ira de su actual supervisora y convertirse en su nuevo blanco.
-Eso pensé. Ya pueden volver al trabajo.
El mensaje fue efectivo: todos volvieron a sus tareas, sin rechistar. Herman estaba a punto de decirle algo, cuando la tortuga anciana de antes, recolocando los ladrillos en su caparazón, fue a hacerle una pregunta.
-Disculpa, querida, ¿sabes cuándo podemos descansar? –para asombro de los villanos, la voz de la anciana no mostraba miedo o resentimiento alguno, sino que exumaba pura sabiduría y tranquilidad-. Mi espalda es fuerte, pero ha conocido tiempos mejores.
-Hmm, veamos –se adelantó Herman, fingiendo que veía la hora en un reloj de pulsera imaginario-. Según mi reloj invisible... ¡nunca! ¡Ja, ja, ja!
-Oh. Qué pena, joven. Esta pobre anciana daría lo que fuera por un descanso...
Algo en las palabras de la tortuga ablandó un poco el corazón de la coneja, una mezcla de compasión y culpa, además de cierta sensación de paz.
Ella y su hermano habían acordado separarse en la mañana, y reunirse nuevamente a media tarde. Sin embargo, con la batalla de la noche, sumada a la incertidumbre por su futuro, había estado enfurruñada todo el día. Estar cerca de su gemelo la ponía de los nervios últimamente, y cuando estaba sola o acompañada por los demás villanos, esa inquietud interior solo aumentaba.
Su mente se quedó en blanco ante las palabras de la pobre anciana, obligada a trabajar a sus ciento cincuenta años. Hasta que habló, había estado llena de pensamientos caóticos, de ideas oscuras, de un presentimiento caliente, nauseabundo, desde la boca del estómago hasta la punta de la lengua. El corazón, latiendo más deprisa que de costumbre; la piel, hormigueante por la anticipación de la batalla y el miedo a tener que librarla contra sus viejos amigos... ¿Podía seguir llamándolos sus amigos? ¿Podría ella considerarse todavía digna de su amistad, después de la transformación por la que habían pasado? Aunque en el fondo tenía la esperanza de que fuera un sinsentido, Terodárticus había conseguido llenarles la cabeza de dudas y el corazón de rencor, dudas y rencor que no sabían que tenían. Sobre todo, cuando les había dicho al comienzo: "la amistad es un engaño, el amor una mentira, el afecto una excusa para esconder las verdaderas intenciones... No existen los amigos o la familia, solo los sirvientes y aquel a quien sirven". Él le había dicho repetidamente: "olvídate de esos idiotas, acabarás haciéndote falsas ilusiones... Olv´´idate de ellos, olvídate de ellos". Veneno, puro y dulce veneno. Hasta que escuchó a esta tortuga, y su cabeza se aclaró, su mente se despejó, su corazón se apaciguó... ¿Qué era esta sensación? ¿Quién era esta anciana?
De repente, el peso sobre el caparazón de la tortuga desapareció. Por primera vez en semanas, Yin utilizó el woo-foo espontáneamente, sin segundas intenciones, sin ira o rencor. Con un solo toque de su magia habitual, a la que estaba tan acostumbrada y extrañaba volver a usar, en lugar de la magia oscura o nocturna que tanto la desgastaba, y que la enojaba con frecuencia, los ladrillos se transformaron en almohadas.
-¿Qué estás haciendo? -Herman quedó en estado de shock.
Incluso la anciana estaba sorprendida. Por un momento fugaz, los ojos de la coneja volvieron a ser azules, sus ojos azules naturales, y una sonrisa culpable asomó a sus labios.
-Lo lamento. Yo... no sé qué estoy haciendo.
Sin pensárselo dos veces, la coneja salió corriendo en ninguna dirección determinada, alejándose de aquel sitio antes de que nadie pudiera reaccionar. Un minuto después, estaba resollando, mirándose las manos, que por un momento brillaban en rosa y naranja.
-¿Qué me pasa?
-¿Estás bien, querida?
Yin saltó, a punto de sufrir un paro cardíaco. Al voltearse, pudo ver a la misma anciana, mirándola con una sonrisa en su rostro arrugado.
-Magia pura.
El susurro fue casi inexistente, como si Yin lo hubiera soñado. Si no fuera por su audición, hasta juraría que la anciana no había hablado en absoluto.
-¿Disculpe?
-magia. Magia pura.
-Eh, sí, pura magia. Poder, supongo. Para mí es algo natural.
Por alguna razón desconocida, se encontró a sí misma hablando con esta anciana, a la que ni siquiera conocía, con soltura, como si se deslizara por un arrollo sobre un bote costa abajo, lenta, suavemente.
-No, niña, no me entendiste. Magia pura. Magia buena. Dulce como la miel o el algodón. Pero ten cuidado. Mucha dulzura embriaga, querida; y si no cuidas el algodón, la suavidad desaparece y deja paso a la aspereza. Mira.
De la nada, la mujer tomó una de las manos de Yin, quien se sorprendió por la suavidad de su toque amable. Aunque sus patas eran ásperas y parecían haberse arrugado durante décadas, contenían una calidez especial, una suavidad propia. No podía explicarlo; ¿qué era esta sensación?
-Mira, mira. Toca mi espalda. ¿Lo ves?
-N-no sé. ¿No le molesta?
-Para nada. Tócalo, que no muerdo. ¿Ves? Mi caparazón es duro, pero sin perder cierta suavidad. Si fuera demasiado duro, se rompería; si fuera demasiado blando, no protegería mi cuerpo del exterior. No, un buen caparazón está en el medio, una tortuga centenaria lo sabe.
-¿Ah, sí?
-Créeme. ¿Sabes? –de repente, la tortuga cambió de tema, a la vez que dejó ir la mano de Yin-. Siento que tienes miedo.
-¿Miedo, yo?
-Sí, mucho, mucho miedo. Miedo del futuro, miedo de quienes te rodean, hasta de ti misma. Puede que no lo muestres; apuesto que, quienes no te conocen, te miran y dicen: "¡miren a esta conejita! ¿No es una niña hermosa y cariñosa?" Y otros dirán: "¡Miren a esta niña! ¡Me da tanto miedo, es tan aterradora!". Pero en el fondo, es una fachada. Te sientes sola, demasiado lejos de este mundo, sientes que no perteneces aquí.
-¿Y quién es usted para decirme eso? –la conejita espetó, enojada, pero excepto Yo y Lina, y quizás a veces Yang, esta mujer era una de las únicas personas que la leían tan bien.
-Oh, no soy nadie, querida. Cuando eres una tortuga que ya ha superado los cien años, te das cuenta que no eres nadie, que lo que alguna vez fuiste ya hace mucho que se fue, como un tronco que arrastró la corriente hace mucho, o como los hijos y los nietos que hace ya mucho tiempo que se han ido de casa. Dime, niña, ¿tienes abuelos?
-No lo sé. ¿Qué es eso?
-Oh, no importa. Esa hormiga cascarrabias con un balde en la cabeza me va a matar si sigo haraganeando más tiempo. En fin, considera un consejo de una vieja tortuga: nunca pierdas la fe. Debo sonar como una vieja loca ahora mismo, pero recuerda mis palabras. A mí siempre me han servido.
-¿Qué? ¿Qué quiere decir con eso? ¡Soy una villana!
Pero la anciana acababa de desaparecer, como si nunca hubiera existido. ¿Qué?
-Uhg. Estoy pensando demasiado y hace demasiado calor.
-ya te lo dije –una voz la devolvió al presente-. ¿Podrías dejar de quejarte? ¡Si ya robaste todas las tiendas!
-¿Qué?
De repente, estaba una vez más con Herman y su perorata insoportable. Para su asombro, los trabajadores al completo se habían esfumado, pero el gladiador miniatura no parecía haberlo notado.
-Lo que sea, Herman. ¿Sabes qué? Ya es mi hora de descanso. ¡Nos vemos luego! ¡Adiós!
-¡Espera, no puedes irte así!
Sin querer escuchar nada más, Yin salió corriendo, sin una dirección real en mente. Estuvo trotando los siguientes veinte minutos, hasta que chocó con alguien.
-¡Oye, fíjate por dónde caminas! Un momento, ¿Lina? ¿Eres tú?
-¿Yin?
La perrita, vestida con su traje de entrenamiento, la miraba con una expresión confusa.
-¿Qué estás haciendo aquí? ¡Vete!
-¿Por qué?
-¿No te das cuenta que, en cuanto Terodárticus se de cuenta, nos hará luchar contra ustedes? Y hablando de eso, ¿dónde están los demás?
-Coop y Jobeaux me siguen. Roger y Dave se nos adelantaron primero.
-Espera, ¿adónde fueron?
-Hm, en esa dirección –la perrita señaló al norte con su mano izquierda despreocupadamente-. ¿Por qué?
-Oh, por el amor de... Será mejor que compruebe a Yang.
-¡hey, espérame!
Sin prestarle atención, Yin reemprendió su carrera, ahora con un rumbo fijo.
-uf, esta cosa no funciona –estaba diciendo Yang, ahora claramente aburrido-. ¿Cuántas veces van a repetir la presentación? ¡A menos de que se haya vuelto a tildar! ¡Lo sabía! ¡de seguro esta cosa es más vieja que el Maestro Yo, y él es viejo!
Frente al conejo azul, la pantalla seguía reproduciendo una y otra vez una escena en grises con poca calidad. Dos figuras borrosas, semejantes a leopardos, se pasaban una pelota. El fondo era una selva.
-¡Qué total pérdida de tiempo!
Harto, el conejo azul pateó el fondo de la máquina, a punto de abandonarla definitivamente. Entonces, la imagen cambió una vez más. Ahora, dos relojes de arena enmarcaban una serie ininteligibles de letras en blanco sobre un fondo negro.
La pantalla ponía:
GRITETIENDESSOLLEIDECAVALEBINEESBACAELA...
-¿Qué rayos significa esto? ¡Vaya estafa!
Yang saltó del videojuego, caminando hacia la salida y fuera del lugar, sin molestarse siquiera en apagar la máquina.
No había caminado diez pasos cuando chocó con alguien. Estaba a punto de gritar enojado, cuando sus ojos se abrieron por la sorpresa. Dos de sus ex mejores amigos.
-¿Roger? ¿Dave? ¿Qué están haciendo ustedes dos aquí?
-Podríamos preguntarte lo mismo, amigo –dijo el niño ogro, mirándolo con confusión.
-Quiero decir, se supone que ahora somos enemigos.
-¡Oye! ¿Y los videojuegos? ¿Adónde se los llevaron a todos? –Dave escaneó los alrededores con nerviosismo.
-Obviamente, no por aquí –Yang señaló lo obvio-. La última vez que revisé, estaba así. Simplemente no queda nada. Así que, si yo fuera ustedes, me iría a buscar algo mejor que hacer a otra parte. En este basurero no queda nada interesante.
-¡mira, Roger! ¿Qué hay de esto? –llamó Dave desde adentro, obligando a sus oyentes a entrar al local abandonado.
-¿Ese pedazo de chatarra? Quédatelo si quieres, de todos modos no funciona.
Para sorpresa del conejo, la pantalla había vuelto a quedar negra. Sin embargo, como no le importaba lo más mínimo, no le prestó mayor interés.
-¡Coo, ahora, coo, chicos!
De repente, Yang fue derribado por un Coop furioso, que lo tomó desprevenido. Sin perder ni un segundo, los otros dos rodearon al conejo indefenso, sujetándolo por ambos brazos.
-¡yang! ¿Estás aquí?
-¡Sí! ¡Por aquí! –el susodicho empezó a gritar, mientras sus ex amigos lo arrastraban dentro del local abandonado a un lado del anterior-. ¡Déjenme en paz!
Yin corrió lo más rápido que pudo, siendo seguida por Lina. Tras escuchar los gritos y ruidos de pelea, siguió su instinto, ingresando al lugar con dos esferas de energía listas.
-¡Oigan, ustedes dos! –gritó ella, una vez los hubo localizado-. ¿Qué les pasa?
-¡Se han vuelto locos! –respondió su hermano por ellos, que permanecían en silencio, pero sin señales de soltarlo pronto-. ¡Suéltenme, o les voy a patear el trasero!
Sin una palabra, tanto Dave como Roger continuaron empujándolo. Yin fue a disparar, cuando sintió que alguien la empujaba a un lado. Yin rodó por el suelo con Lina sobre su espalda, mientras ambas bolas de fuego iban a estrellarse contra una vidriera, que estalló en mil pedazos por el impacto.
-¡Lina, bájate! ¿Qué estás haciendo?
Ambas lucharon para desenredarse de la otra, pero en cuanto la conejita se hubo liberado, Lina convocó sus puños de poder y la arrojó contra la pared del fondo.
Yin consiguió crear un campo de fuerza a su alrededor, evitando por poco que su cabeza chocara contra el siguiente mostrador vacío. Al tocar el suelo, deshizo su hechizo, preparándose para pelear. Un segundo después, Lina volvió a estar frente a su cara, con ambos puños gigantes en el aire.
-¿Así que quieres pelear conmigo, Lina? ¡Muy bien! Solo recuerda que intenté ser razonable contigo.
Los ojos de Yin se encendieron en rojo, disparando rayos láser repetidamente, pero su contrincante los esquivó todos. La perrita saltó sobre un mostrador vacío, antes de desenvainar dos espadas de bambú y correr hacia su oponente.
-No me digas. ¿Planeas vencerme con fuerza bruta?
Burlándose, Yin levitó sobre el suelo, elevándose a gran velocidad y evitando por poco un corte de su actual oponente. Teniendo ahora la ventaja, volando a dos metros de ella, Yin cruzó sus manos, que se cubrieron de inmediato con el conocido color rojo. La conejita sopló sus manos, creando dos calaveras del color del alquitrán, que comenzaron a perseguir a la ahora temerosa enemiga. Ambos cráneos color medianoche se elevaron en el aire sobre sendas columnas de fuego, aumentando su velocidad.
-Oh, no –se dijo Lina para sus adentros, retrocediendo en la dirección opuesta.
Rodeó el interior, hasta encontrarse con una máquina registradora abierta y vacía. Sin pensárselo dos veces, la arrojó sobre su hombro, cubriéndose con ambos brazos cuando el choque resultó en una explosión. Creyendo que estaba a salvo, se dio la vuelta en cuanto el humo se despejó, mientras una cuerda con pinchos metálicos la rodeaba y ataba sus brazos y piernas, dejándola indefensa.
-Deberías saber que es un error subestimarme –dijo una Yin confiada, apareciendo a su lado de la nada-. Dos cosas, vieja amiga: en primer lugar, apenas vas en el nivel 1 de caballero Woo-Foo. En segundo lugar, la magia supera a la fuerza en mis libros.
Yin apretó su agarre sobre la cuerda, mientras su ex mejor amiga gritaba de dolor y miedo.
-Ah, y algo más. Un simple consejo. Cuando combatas con alguien que utiliza magia oscura, no olvides llevar curitas. Créeme, los necesitarás.
La conejita envolvió a su presa en el resto de la cuerda, antes de hacerla girar a gran velocidad a su alrededor, desenredando a su víctima al arrojarla contra la siguiente pared.
-Bueno, supongo que vas a necesitar algo más que curitas después de la paliza que te daré.
En el otro lado del lugar, Yang era arrastrado por el suelo. Harto, el conejo azul consiguió patear a ambos captores a la vez en sus entrepiernas, liberándose.
-Bien. Creo que comenzamos mal. ¿Qué rayos les pasa, chicos? ¿Quieren decírmelo?
-Es sencillo. Somos enemigos ahora –dijo Dave, como quien anuncia el clima.
-Y te vamos a dar tu merecido por unirte al malo –acotó Roger, tronándose los nudillos-. A menos, claro, que hayas perdido tu estilo.
-Bien. Ya que insisten...
El conejo desenvainó dos enormes espadas medievales, que apuntó en su dirección. Ambos saltaron en el aire, y dos columnas recibieron el corte mortal que los habría eliminado.
Roger corrió a un lado, con dos espadas de bambú y su cuerno para pelear. Yang no perdió el ritmo y lucharon por todo el lugar, rompiendo casi todo lo que había.
-¡Dave! ¿Qué estás esperando? ¡Ayúdame!
De repente, un árbol en el exterior irrumpió con las raíces primero y el tronco por delante, desequilibrando al conejo el tiempo suficiente para permitirle al ogro contraatacar, con una fuerte patada en la cara.
-¡Oye! ¡Eso es trampa!
-¡no si nos ayuda a vencerte! –Roger alejó ambas armas de su contrincante con una segunda patada.
Yang esquivó un cabezazo, pero su estómago se encontró con una de las hojas del lado romo, siendo empujado contra un mostrador, que se partió en dos por el impacto. Bajo sus pies, un segundo árbol creció de la nada, elevándolo hasta hacerlo darse un fuerte golpe en la cabeza, que hizo un considerable agujero en el techo.
-No me digan. ¿Creen que esto me detendrá?
El conejo saltó nuevamente dentro del lugar, pero su patada se encontró con nada. Esquivó un puñetazo por centímetros, pero el siguiente le quitó el aire. Sacó un hacha de guerra, consiguiendo igualar a su oponente de nuevo.
-¡A ver si puedes con esto, idiota!
Yang rebanó todo lo que estuvo a su alcance, desde mesas, carteles con propagandas de futuros videojuegos, una escalera y una silla giratoria. Con su tornado, era imparable. Ni siquiera las pocas máquinas de juego del lugar sobrevivieron a su ira, siendo destrozadas en pedazos. Finalmente, Roger se vio sin salida, entre Yang y la pared.
-¡Dave, amigo! ¿Qué pasó con esos árboles tuyos?
-¡Demasiado cemento en este lado, amigo! ¡Lo siento, pero no puedo ayudarte en este punto!
-Ahora, arreglemos esto como hombres –dijo el conejo, que expulsaba fuego por ambos iris.
Pero cuando estaba a punto de partir a su enemigo a la mitad con un golpe vertical, fue recibido por un par de puños gigantes, que lo obligaron a retroceder.
-¡por supuesto, Yang! ¡Arreglemos esto como hombres!
Roger lanzó un puñetazo, que el conejo apenas esquivó. El siguiente golpe partió el suelo en dos, y el temblor arrojó a su enemigo por los aires, mientras un nuevo árbol, cortesía de Dave, atravesaba la nueva abertura, atrapando al desafortunado conejo entre sus ramas.
-¡No puedo creer que vaya a decir esto! Pero ¡Dave, definitivamente no voy a arrepentirme de partirte en pedazos esta vez!
Yang hundió su hacha de guerra en el árbol, que se partió en dos por la fuerza. Una vez en el suelo, arrojó el arma al niño ogro, que utilizó su cuerno como defensa. Ambos, hacha y cuerno, se partieron en pedazos por el impacto.
-¡Aaaahh!
-¡Eso solo es el principio!
Yang extrajo un mazo lleno de espinas de ninguna parte, corriendo a la batalla. En el proceso, pasó al lado de dave, sacando una cimitarra y partiéndolo en dos en un milisegundo, antes de guardarla y continuar con su asalto.
-¿Sabes qué más supera a la fuerza en mis libros, Lina? La inteligencia. Fuiste una estúpida intentando enfrentarme tú sola.
-¿Quién dijo que estuviera luchando sola?
De repente, Coop apareció a espaldas de la coneja, sorprendiéndola con un rayo de energía. Yin saltó justo a tiempo, teniendo que alejarse por precaución. Lina se reincorporó en ese momento, sonándose los nudillos en preparación.
-¡Toma, coo, esto, coo, querida, coo, Yin!
Yin arrojaba esferas de fuego constantemente, y Coop las desviaba también constantemente con sus rayos de energía de sus alas. Descubriendo su estrategia, volvió a salir al centro de la ciudad, para evitar ser acorralada. Una vez afuera, creó dos manos de oscuridad, empezando a envolver al desafortunado pollo, que fue tomado por sorpresa. Sin embargo, antes de conseguir consumar su acto, sintió un fuerte golpe en la cabeza por detrás. ¡Se había olvidado de Lina!
Coop fue liberado justo antes de ponerse azul por la falta de oxígeno. Yin golpeó el suelo, pero se reincorporó a gran velocidad, esquivando un segundo golpe de la perrita.
-¿Qué tal ahora, Yin? Dos contra uno, ¿no eres tan fuerte ahora, verdad?
-Claro.
Yin envolvió a su enemiga en un puño de negrura, mientras la utilizaba de escudo de los rayos de Coop. En un momento de descuido del pollo, arrojó a su presa contra él, haciéndolos rodar por el suelo.
-Escuchen mis palabras. Van a necesitar más que solo curitas para cuando acabe con ustedes dos.
-¡jobeaux, ahora! –gritó Lina de repente, tomando a la coneja desprevenida.
Sin previo aviso, el conocido goblin salió de una tienda cercana, atándole las piernas con una cuerda mágica.
-¿Esto también está en tus libros, Yin? –dijo el goblin, con una sonrisa triunfante.
Yang estrelló su mazo en el puño gigante de Roger, quien gritó de dolor mientras su mano recuperaba su tamaño original. Con su puño gigante restante, intentó aplastar al conejo furioso, pero éste hundió nuevamente su arma en él, esta vez rompiendo al menos tres dedos, antes de que la fuerza abandonara la mano del dolorido ogro, que ahora sangraba por ambas extremidades.
-¿Te rindes ahora, Roger?
-¡Nunca!
-Funciona para mí.
-¿Q-qué dijiste?
Yang se sacó una cadena de su cintura, golpeando con ella al ogro en la cabeza, ahora desprotegida. Alternando la cadena y el martillo, el conejo lo golpeó hasta dejarlo magullado e inconsciente en el suelo.
-¿Qué raro –dijo Yang, observando su tarea-. ¿Desde cuándo Roger tiene la sangre de color naranja?
-¿Eso es todo lo que tienen? Tenía la impresión de que habían mejorado, chicos. Qué decepción.
Yin se rodeó con energía nocturna, destruyendo la cuerda mágica del goblin en segundos. Acto seguido, disparó sucesivos rayos rojos y negros a sus oponentes a la velocidad del sonido, dispersándolos. Jobeaux, que se había escondido bajo tierra, fue pronto sacado de su escondite a la fuerza con una explosión, antes de ser pateado contra una pared. Lina se arrojó nuevamente sobre la enfurecida conejita, pero esta vez no tuvo tanta suerte.
-Eso no funcionará dos veces.
Yin creó una nueva calavera infernal, echa completamente de llamas, que atravesó a su oponente, dejándole horribles quemaduras en el proceso.
-¡Coo, nooo!
Coop disparó dos rayos a Yin, en un desesperado intento por salvarse. Pero su ex novia no iba a dejarlo pasar. Sin piedad, devolvió el fuego multiplicado por diez, y uno de los rayos acabó alcanzándolo, dejándolo inconsciente.
-¿Últimas palabras?
Para su furia, ninguna de sus víctimas habló esta vez.
-Está bien. ¡Entonces, su silencio será lo último que...!
-¡Yin! ¡Ven aquí un momento!
-¡Yang, ahora no puedo! ¿No ves que estoy a punto de exterminar a estos tontos?
-Yin. Por favor –de pronto, su hermano estuvo a su lado, con los brazos cruzados-. Siguen siendo nuestros amigos, ¿recuerdas?
-¡Y sin embargo nos atacaron! ¡Nos atacaron sin razón, cuando ni siquiera queríamos pelear con ellos!
-Es extraño. Ahora que lo dices, Dave y Roger me atacaron sin sentido. De la nada, se arrojaron sobre mí y se volvieron locos.
-¡A eso me refería! ¿Cuál es tu punto?
Sin una respuesta oral, su hermano la condujo al otro lado del lugar, más precisamente al interior del local destrozado.
-Mira eso.
-Roger. Sí, puedo verlo. ¿Y qué?
-No, no Roger. Mira sus manos. Y ahí, en su cara.
-Sí, sí, le falta el cuerno y tiene la cara destrozada. Ya sé, pero no tengo tiempo para apreciar tu brutal obra de arte.
-Mira esto. ¿Qué rayos es? ¿Y desde cuándo la sangre es de color naranja?
-Oye. Oye, ¡bien, bien! ¡No hagas eso, es repugnante! –exclamó Yin al ver a su hermano probando lo que salía de las heridas del caído-. Veamos.
Yin pasó su mano por la nariz rota de Roger, y comparó el líquido extraño con el que manchaba la cara de su gemelo.
-¡No es nada asqueroso! ¿No lo entiendes? ¡Esto no es sangre real!
-Oh, no. –Yin olfateó el líquido, antes de atreverse a lamerlo. Sus ojos se abrieron por el asombro-. ¡Esto sabe a caramelo!
-¡Por aquí!
Yin siguió a su hermano a donde habían dejado al pobre Dave en dos mitades, pero en lugar de sangre o savia, su cuerpo expulsaba un líquido similar al que encontraron en Roger, esta vez marrón.
-¡Oye! ¡Chocolate! –exclamó Yang, descolocado.
-¿Qué significa esto?
Ambos conejos colocaron al quinteto de aprendices inconscientes en fila, como si de muñecos se tratase.
-Pero si éstos no son nuestros amigos, entonces ¿quiénes son? –Yang miró a su hermana en busca de respuestas.
-¿Y cómo quieres que lo sepa? –se encogió de hombros-. Mejor dicho ¿qué son?
Frente a ambos conejos anonadados, los cuerpos de sus "amigos" empezaron a brillar, antes de comenzar a disolverse poco a poco en el suelo, donde quedaron reducidos a charcos de colores.
-¡Fooplicados! –exclamaron al unísono.
En efecto, resultaron ser muñecos. O, mejor dicho, clones.
-¿Creen que esto funcione? –estaba diciendo Lina, en parte dudosa y en parte confiada.
-¡El rock and roll manda! –dijo el Boogeyman, eufórico.
Los siete amigos sostenían diversos instrumentos musicales, además de los aparatos electrónicos para su sincronización. Lina tenía la batería; Jobeaux, una armónica; Coop, el bajo eléctrico; Roger, la guitarra eléctrica; Vinnie y el Boogeyman, el parlante Woo-Foo místico; finalmente, Dave jugueteaba nerviosamente con el micrófono.
-Solo espero que nuestros fooplicados nos estén dando el tiempo que necesitamos –pensó Lina en voz alta.
-¡Menos charla y más música! ¡Quiero escuchar a nuestro público! –gritó el Boogeyman.
-Pronto, amigo, pronto. ¡Vamos!
Y con esa orden de la autoproclamada líder, el grupo avanzó por las calles.
-¡estúpidas ranas! ¿Adónde rayos se fueron todas? –Herman pateó otro ladrillo, gritando de impotencia e ira.
-Señor, si continúa pateando los ladrillos, acabará rompiéndose algo. O peor aún, la armadura –sugirió uno de sus soldados.
-¡No me importa! ¡Me compraré una nueva si es necesario! –Herman continuó gritando, lleno de furia-. ¡Y todo es culpa de esa coneja malcriada! Desde el principio supe que no era una buena idea tener a esos conejos con nosotros. ¡Maldición!
De repente, comenzó a escucharse un rumor a lo lejos. El viento aumentó de una ligera brisa nocturna a una ventisca. Los árboles de los alrededores se agitaron, como si presintieran una batalla. Como si animaran el paso de un gigante.
O de una música salvaje y poderosa, en última instancia.
-¿Qué es ese ruido? –dijo Charles, pero nadie le respondió.
-Supongo que no tengo otra opción. ¡Charles! ¡Ordena a nuestros mejores soldados que nos acompañen!
-¿Por qué sería eso, jefe?
-Supongo que ese pajarraco querrá alguna clase de informe. Por supuesto, ¡no olvidaré mencionar la falta de colaboración de esa tonta! ¿Qué estás esperando?
-Pero señor, ¿y ese sonido? ¿Acaso no puede oírlo? –Charles volvió a intentarlo, pero su jefe ya no lo oía-. ¿Eh? ¿Jefe?
-Alguien se acerca –dijo un soldaado a su lado-. No se preocupe, comandante. Somos miles y ellos jamás podrán superarnos, ya sea en número, fuerza o armas. Estaremos bien. Usted y los mejores de nosotros deben escoltar al jefe de regreso al castillo.
-De acuerdo, Robb.
A lo lejos, a un kilómetro al sur, los siete guerreros en entrenamiento iban aproximándose poco a poco, con la música en cero.
-Hmm, ¿y el Maestro Yo? –preguntó Dave, nervioso-. ¡necesito que alguien me ayude con mi pánico escénico!
-¡Te causaré pánico escénico si nos arruinas la entrada, tonto! –amenazó Roger.
-No se preocupen, viene justo detrás de nosotros. –Lina sonrió, con un puño gigante abierto para contener la batería al completo, mientras en la otra los dos palitos giraban alternativamente-. Lo que importa es ser sorpresivos.
-¡Allí, coo, están, coo!
A una señal de Lina, el grupo ocultó todo el equipo instrumental bajo una carpa amarilla.
-¡Aquí vienen! –dijo Dave, a punto de salir corriendo por el nerviosismo.
-¿Ni te atrevas a correr, Dave! ¡No podemos hacer esto si falta el micrófono central!
-¡Entonces díganle a Boogeyman, él parece más entusiasmado que yo!
-¡Olvídalo! –exclamó Vinnie, deteniéndose para recobrar el aliento tras llevar parte del equipo por los últimos veinte minutos-. ¡Si vuelve a cantar estando yo a menos de un kilómetro de distancia, me quedaré sordo!
-¡Pero...!
-¡Shhh! ¡Ahí vienen! –los silenció Lina.
-Vaya, vaya, ¿a quiénes tenemos aquí? –dijo una conocida cucaracha-. ¡Si no son los tontos amigos de Yin y Yang! ¿Vinieron a servir de entretenimiento a mis amigos?
-¡Oh, claro que sí! –contestó Vinnie, sonriendo a un Carl desconcertado-. ¿No es así, chicos?
-¡Ya rugiste, amigo! –exclamó Roger, descubriendo los instrumentos y conectándolos a un poste de la luz pública.
-Hmm, ¿así que estoy escuchando música ahora? Bueno, supongo que podría evaluar sus estúpidas actuaciones. ¡Vamos! ¡Quiero ver qué tienen!
-¿De verdad? ¡Está bien! –Lina aplaudió, y la música comenzó.
-La cucaracha, la cucaracha –comenzó Dave, con su voz chillona ante un Carl desconcertado-. Ya no puede caminar...
Sus amigos tocaron la melodía infantil con sus instrumentos. Justo detrás de Carl, sus ahora veinte insectos de piedra gigante comenzaron a ser absorbidos por el ritmo.
-¿Qué significa esto? ¿Qué tonta canción es ésa?
-...Porque le falta, porque le falta...
-¡ya basta! ¡No dejaré pasar esta ofensa a los de mi clase! ¡Aplástenlos!
Pero, para su horror, sus creaciones no lo obedecieron.
-...Hmm, ¿cuántas patas eran?
-¡Di tres! –gritó Jobeaux, saltando sobre su propio instrumento.
-Porque le falta, porque le falta, tres patas rarrarrá...
-¿Qué están haciendo? ¡Ataquen!
Para sorpresa de todos, las cucarachas gigantes estaban... ¡bailando! ¡Bailando al ritmo de la canción!
-Oh, no. ¡Estas moles no fueron hechas para bailar precisamente!
En menos de dos segundos, la mitad de los gigantes de roca del hechicero habían perdido sus extremidades. Dos se derrumbaron sobre otras dos, mientras el resto se iba desarmando a medida que los movimientos rápidos y bruscos provocaban que las patas se fueran rompiendo bajo el peso sumado al movimiento constante.
-¡Odio esa canción!
Antes de que Carl pudiera alcanzar su control remoto, una de sus últimas creaciones aún en pie se le cayó encima, arrancándole un gritito final.
-...¡Porque le falta, porque le falta, la pata veintitrés!
-¡Es suficiente! –Lina detuvo la música-. Sigamos.
Más adelante, tres famosas gatitas ninjas se hallaban ensayando para su más nuevo álbum. Se suponía que deberían estar terminando, pero habían estado enfrascadas en una discusión sobre ropa las últimas tres horas.
-¡Te digo que el rosa es el mejor color para nuestra nueva línea de ropa exclusiva! –estaba diciendo Rosa.
-¡No, es el violeta! ¡Díselo, Ashley!
-Hmm, ¿chicas? –la jefa las detuvo, mirándolas con una juguetona severidad felina-. Esto es tonto. Es obvio que el azul es el color que nos va mejor.
-¡Oh, no estás hablando en serio ahora! –Kity gritó-. ¿Por qué rayos ese horrible color?
-¡Es cierto! –Rosa la secundó-. Por lo menos el rosa es llamativo y brillante. ¿Qué tiene el azul?
-¿Y qué tiene el violeta?
-¡Oh, te lo diré! –Kity se acarició los bigotes, en anticipación-. ¡Es tan exótico!
-Por última vez, no. El rosa es demasiado femenino. Y el violeta es demasiado anticuado. El azul... es mejor. El mar es azul, el cielo...
-¡Ja, ja, ja! ¡Ésa es buena! ¿La escuchaste, Kity? ¿Dijo que el cielo es azul!
-Es cierto, Ash. Desde que el tal Terodárticus comenzó con este circo suyo, el cielo es todo menos azul. Rojo o bordó, quizás. ¡Ah, ese es un color interesante! ¿Quién vota?
-Y el agua aquí no es azul, al menos parece algo amarillenta. ¡Ew! ¡Ése color no va con nosotras! –opinó Rosa, con sus manos en la cintura.
-Rojo no es lo nuestro. ¿Qué somos, la pasión gatuna? ¿Claro que no!
-¿Y el azul sí?
-¡Oh, ya sé por qué es el azul! –Rosa sonrió, guiñándole un ojo a Kity en complicidad-. ¡Es por el invécil de Yang!
-¡Claro que no! –Ashley se sonrojó, ocultándose bajo una montaña de regalos de sus fans.
-¡Sí lo es!
-¡Que no!
-¡Sí lo es! –ambas gatitas gritaron a coro.
-¡No!
-¡Te gusta Yang!
-¡no, para nada! –Ashley resurgió de la montaña, enfurruñada-. ¡jamás podría gustarme ese patético, tonto, machista, invécil, indiferente... conejo!
-¡Confesión! –exclamó Rosa, sacándole una foto a su amiga, cuya cara estaba más roja que un tomate-. ¡Pon eso entre nuestras fotos invaluables!
-¡Dame eso!
-De todos modos –las interrumpió Kity, con la cabeza gacha-, no podría ser azul. Hmm, la última vez que me fijé, mezcló azul y rojo. ¿O era negro?
-¡Chicas! ¡ya están listas! –gritó alguien afuera.
-¡ya vamos, viejo! –gritaron las tres a coro.
-me estoy volviendo vieja para estas cosas –dijo Ashley despreocupadamente, jugando con una shuriken-. El amor es para perdedores.
-¡Y también la música pop! –exclamó rosa, furiosa.
-¿De qué estás hablando? –Ashley fue junto a su mejor amiga, que se encontraba en la ventana, rugiendo-. ¿Qué están mirando?
-¡Es esa horrible música! –exclamó la susodicha, señalando afuera.
Las tres abrieron la ventana, y entonces la música del exterior entró del todo.
-¿Ya comenzaron? –el hombre de afuera preguntó, a punto de entrar.
-¡Mantente al margen, Chester! –Kity pateó la puerta en la cara del hombre, consiguiendo un grito.
-¡Soy Ralf!
-¡Esa horrible música no va a opacarnos, chicas! ¡Enseñémosles a quienes quieran que sean esos aficionados qué es buena música!
Ashley saltó por la ventana, siendo seguida por sus dos compinches.
A dos cuadras del estudio, el grupo de guerreros musicalmente armados, iban tocando a todo volumen. La gente de los alrededores había dejado sus quehaceres para salir a ver qué estaba pasando. Todos se quedaban prendados de la música.
-¡Sí!
-¡Esto es mucho mejor que esas tontas Chun-Pou con sus canciones fuera de moda!
-¡Es genial!
Las gatas ninja, ahora furiosas, se dirigieron con sus armas a desbaratar a su competencia de aficionados.
-¿Quiénes son ustedes? –Ashley fue la que habló, en representación de su banda-. ¿Cómo se llaman?
-Hmm, Lina, ¿tenemos un nombre? –Roger parecía nervioso.
-¿Qué tal los Árboles musicales? –Dave sonrió, pero se acobardó ante la mirada furiosa del guitarrista.
-¡Olvídalo! ¡Ese nombre es terrible!
-¿Los guardabosques? –pero la solicitud de Vinnie cayó en oídos sordos.
-¡No tenemos tiempo para discutir el nombre de nuestro equipo! –Lina estaba empezando a exasperarse, pero nadie parecía ponerle atención.
-¿Quieren decir que no tienen un nombre? ¡Son una vergüenza! –exclamó Rosa, divertida.
-¡Todo el mundo sabe que el nombre de tu banda es lo más importante! –Kity estuvo de acuerdo con su amiga, acotando su propia voz.
-Correcto, correcto –su líder sonrió con suficiencia.
-Uh. Me gustaban más cuando solo maullaban –se quejó Lina.
-La importancia de saber español –dijo Rosa, tontamente.
-Como sea. ¿Cuál es el nombre de la competencia que estamos a punto de eliminar? –Ashley se enfrentó a Lina con los brazos cruzados y una mirada desafiante.
-Hmm, Boogeyman tiene una sugerencia. ¡Los muertos vivientes!
-Eres el único muerto viviente aquí y no somos una banda de un solista –lo cortó Jobeaux-. Es como si sugiriese que nos llamásemos Los Duendes o Los Goblins.
-¿No es un enano? –dijo Rosa, sin entender.
-¡Un ratón! –Kity estaba a punto de saltar sobre el goblin, hasta que Ashley la detuvo.
-Ahora no, Ki. Ya tendrás tiempo de jugar con ese ratón más tarde.
-¡Soy un goblin!
-Jobeaux tiene un punto –acordó Roger-. Hmm, ¿qué tal Los Imbatibles?
-¿Qué somos, superhéroes? –exclamó Vinnie.
-¿No lo somos? –dijo Dave, pero Lina le cubrió la boca.
-Coo, tengo, coo, una, coo, mejor, coo, idea. Toquemos primero y pensemos en un nombre, coo, después.
-Coop tiene razón. ¿Qué tocamos? ¡Ah, ya sé! ¡Esta canción las va a dejar por el suelo!
-¡Richard, nuestros instrumentos! –gritó Ashley.
-¿Dije que soy Ralf!
Los instrumentos volaron por el aire, hasta ser atrapados por las tres gatitas. Ashley en la guitarra eléctrica, Kity en el teclado y Rosa en la batería. Tres micrófonos para cada una.
-¡Que comience esta batalla!
-¡Nosotros empezamos! –Lina gritó-. ¡Mostrémosles lo que sabemos hacer!
-¡Pero no la sé! –dave quiso escaparse, pero Roger le encajó el micrófono-. ¡Quiero decir que la sé un poquito! Aquí voy...
Mientras tocaban, la música elevó al grupo en el aire, con un instrumento en una mano y un arma en la otra. La batería y el parlante místico flotaron a su lado.
-¡En un mundo de caos y confusión...!
Mientras las gatitas intentaban cubrirse los oídos, sus armas se les iban cayendo. Roger preparó un puño del dolor.
-...¡Todos peleamos con valor!
Lina golpeó los tambores, creando un choque supersónico, que mandó a Rosa a volar sobre un techo cercano.
-¡Yin, Yan, Yo!
Mientras luchaban, todos cantaban. Incluso el público improvisado de la calle los siguió en el coro, animándolos.
-¡Yin Yang Yo! ¡Yin Yang Yo!
-¡Es una trampa! –Ashley gritó-. ¡Nuestras armas!
-¡Fuerza y magia se juntarán...!
Roger, Coop, Lina y Jobeaux dispararon sus técnicas al unísono: Lina, su aullido supersónico; Roger golpeó con su cuerno gigante; Coop rodeó sus alas con energía y aplaudió, arrojando una onda expansiva de varios colores; Jobeaux se multiplicó por veinte y empezaron a correr a gran velocidad en torno a las gatitas, que eran superadas a pesar de sus habilidades ninja. Excepto Ashley, sus dos amigas quedaron fuera de combate antes de que la canción hubiese terminado.
-¡...Y a los villanos combatirán!
Vinnie subió a Lina sobre sus puños gigantes, antes de que ella saltara, impulsándose con el poder musical y envistiendo a su enemiga con una patada voladora.
-¡Yin Yang Yo! ¡Yin Yang Yo! ¡Yin Yang Yo! ¡Yin Yang Yo!
Una vez que el trío de gatitas fue vencido, el público aplaudió, extasiado.
-¡Otra! ¡otra! ¡otra!
-Oigan, creo que se me acaba de ocurrir un nombre para nuestra banda –dijo Roger-. Rock and Foo!
-me gusta –acordó Lina, recibiendo un asentimiento del resto.
-¡ustedes! –de repente, las tres gatitas, ahora armadas hasta los dientes, se reincorporaron, echando fuego por los ojos-. ¡Nadie nos roba nuestro amado público! ¡A ellos!
-Hmm, ¡hasta pronto, amigos! ¡Son un público excelente! –Vinnie exclamó, mientras el grupo entero se subía sobre el parlante místico y se iba volando.
-¡No se, coo, olviden, coo, de seguirnos, coo, en nuestra, coo, página oficial!
-¡Que crearemos una vez que acabemos con el Oscuro Mañana! –se animó Dave.
-¡Sígannos, mientras aún puedan! –lo siguió Jobeaux.
-¡Antes de que nos maten! –terminó el Boogeyman, aplaudiendo al final.
En ese momento, se volvieron invisibles.
-¿Adónde se fueron? –preguntó Kity-. ¡No pudieron ir muy lejos!
-¡En esa dirección! –señaló Rosa-. ¡AL norte!
En ese preciso momento, Herman se dirigía al castillo, ubicado al noreste de la ciudad. Junto a él y sus más fieles soldados –Charles y diez hormigas que hacían las veces de escolta-, iban Yuck, Saranoya y Pondscüm.
-¡Esto es tan increíble! ¿Pueden creer cuánto oro tienen en esta ciudad? ¿Y todo en la mismísima alcaldía!
-¿A quién le importa eso? ¡El oro es una banalidad masculina! Pero ¡les recomiendo mi nueva florería!
-Hmm, ¿la que ofrece plantas carnívoras? –Pondscüm se estremeció visiblemente-. Por casualidad ¿no tendrás plantas acuáticas también?
-Pero creía que ya no necesitabas vivir en esa pecera –dijo Herman.
-Eso es cierto. Pero tengo muchos amigos que estarían encantados de tener alguna planta acuática en su casa. No todo el mundo tiene el privilegio de vivir en dos hávitads.
-Te ahogaría si no fuese que puedes respirar bajo el agua –se quejó Herman.
-¡Ja! ¿Y a quién le importa? ¡Todos los videojuegos de la ciudad son míos ahora! –Yuck se burló del resto-. También me quedaré con el dojo de esos tontos muy pronto.
-Está bien, ¡pero la armería me pertenece! –dijo Herman, comenzando una discusión.
-¡las cosas de Yin serán mías! –Saranoya sonrió.
-¡Pondscüm se queda con el sillón del panda! ¡Es de oro puro!
De repente, charles recibió una comunicación urgente.
-¡Jefe! ¿Querrá escuchar esto!
Herman tomó el comunicador de su subordinado.
-¡Auxilio! ¡las gatitas... ¡aaaahh! Chung-Pou... ¡Aaaahh! ¡Nos están pasando por arriba, literalmente! ¡necesitamos refuerzos!
-Rayos. Charles, tenemos que regresar.
-¿está seguro, jefe? Si volvemos ahora, podríamos sufrir el mismo destino que nuestros camaradas.
-Entonces, avisaré a alguien. Oigan, tontos, ¿quién es el villano más cercano al centro oeste?
-Hmm, Ultimoose? –Yuck se rascó la cabeza, pensativo-. Recuerdo haberlo visto hace poco. Toma, lo tengo justo aquí.
Yuck sacó un teléfono robado de su bolsillo y se lo arrojó a Herman, quien gritó por el aparato.
-¡Aquí Ultimoose! Si eres Arco Iris, rey de los dosnicornios, ¡ya dije que lo siento!
-¡Alce estúpido sin cerebro, es Herman, la hormiga! Es mi campamento. ¡necesitan ayuda!
-Hmm, bueno, estoy en mi hora de descanso, ¿no puedes llamar a nadie más?
-¿Quieres que le diga a Terodárticus que te rehusaste a ayudar a un compañero villano en apuros?
-¡No, eso no! ¡Está bien, hormiga rastrera! –Ultimoose colgó-. ¡Muchachos! ¡Lleven sus lupas antisolares! ¡Vamos a ayudar a unas hormigas!
-¿Cómo hiciste eso, Boogeyman? –Lina estaba maravillada.
Pasaron volando junto a un castillo flotante impulsado por una decena de cohetes, que pertenecía sin duda a Zarnot, pero el propio Zarnot, que tenía un par de binoculares apuntando en su dirección por alguna razón no parecía poder verlos. Debajo, la ciudad devastada los saludaba.
-¡Chicos! ¿Cuánto falta para llegar al campamento de Herman? ¡Me muero por darle un buen resfriado a ese patán!
El panda, que salió del interior del parlante gigante, se paró a su lado, observando el cielo con asombro.
-¿Desde cuándo esta cosa puede volar?
-¿No lo está manejando usted, Maestro Yo? –preguntaron los niños, desconcertados.
-No. Sólo dormía. Por cierto, ¡estuvieron geniales en el último show!
-Lo que sea. –Lina se cruzó de brazos-. No será necesario. Mire abajo.
En efecto, en su persecución, las gatas ninja habían causado confusión entre las filas de Herman, quien por alguna razón estaba ausente.
-Oh. Increíble. Bueno, ¿a quién estamos dándole una paliza de música foo esta vez?
-Podemos elegir. De todos modos, ahora somos invisibles –explicó Jobeaux, alegremente.
-¿Qué tal Zarnot? ¡Música electrónica será! –propuso Dave.
-Bueno, estamos justo frente a su fortaleza aérea, así que no veo problema –dijo Lina-. Muy bien, Boo, detén la nave.
-Hmm, ¿y cómo hago eso?
-¿Qué quieres decir con cómo lo haces?
-¡Chicos, cuidado! –exclamó Vinnie, mientras empezaban a acelerar en reversa, siendo atraídos por la fortaleza de Zarnot.
-¡Fooportación! –Yo los tele-transportó justo cuando se estrellaban.
Sin previo aviso, atravesaron la pared norte de la fortaleza, ante un Zarnot descolocado.
-Hmm, sabía que este día era demasiado bueno como para durar –se quejó el robot-. Miren, amigos, ¿qué tenemos aquí? ¡Otro compañero!
-Parece que no nos ha visto –susurró Jobeaux.
-¡Entonces hagamos que se muevan con nuestra música!
-¡Boo, no! –exclamaron los demás.
De repente, como por acto de magia, los ocho ocupantes del interior del parlante, instrumentos incluidos, fueron expulsados hacia fuera, haciendo saltar a un sorprendido Zarnot.
-¡Miren qué gran sorpresa, amigos! ¡Nuestro nuevo compañero trajo un regalo para nosotros! ¡Los viejos amigos de los conejos! Claro, no son Yang, pero ¡está bien de todos modos!
-¿Un regalo? ¿Qué significa eso? –dijo Dave, confundido.
-¡vamos a divertirnos a lo grande!
Los diferentes juguetes electrónicos, ahora con mente propia, empezaron a acercarse al grupo amenazadoramente. Puede que alguna vez hubieran sido juguetes inofensivos, pero ahora tenían vida y mente, trabajaban para Zarnot y los superaban en número, diez a uno.
-Hmm, ¿qué música les gusta a estos muñequitos? –dijo Boogeyman, inocentemente.
-¿Cuántas veces voy a tener que repetirlo? ¡No soy un muñeco! ¡Soy una figura de acción!
-No eres más grande que mi mano –se burló Roger.
-Hm, chicos... –intentó advertirles Lina, pero ya era demasiado tarde.
De repente, Zarnot empezó a crecer de tamaño, hasta ser tan alto como su maestro. El repentino crecimiento dejó al grupo sin palabras.
-¿Qué me dices ahora, niño tonto? ¿Crees que pueda caber en tu mano?
De improviso, el ahora crecido Zarnot lanzó un gancho derecho a la mandíbula de Roger a una velocidad solo digna de un robot de alta tecnología, tan rápido que ni siquiera Yo fue capaz de anticiparlo. El niño ogro fue catapultado hacia atrás, chocando con una pared sólida.
-Ah, ¿qué les parece mi nueva fortaleza? Esa pared fue creada con piezas de Constructible, y puedo asegurarles, sin duda alguna, que son lo mejor en materia de piezas de armar de todo el mercado. Con una ligera mejoría, claro. Con los poderes que me otorgó mi nuevo maestro, ¡ahora son reales! ¿Tengo suficientes piezas para construir mi propia armada! ¡Con tamaño ajustado según sus gustos!
-Hmm, ¿ya empezamos a correr? –Dave acababa de dejar caer su micrófono, preso del pánico.
-¡todavía tenemos un show para este robot y sus juguetitos! –gritó Lina, preparada con una espada de bambú-. ¡Al ataque!
-Ah, casi lo olvido. –Zarnot sacó una espada propia de su cintura, que parecía estar hecha de plástico-. Tengo cierto control sobre la realidad en este lugar. ¡A partir de ahora, jugarán con mis reglas!
De repente, la espada de juguete brilló en azul y rojo, antes de alargarse y afilarse como una espada real. La hoja ahora era de acero, y parecía capaz de cortarlos limpiamente.
-¡acaben con estos intrusos! ¡las máquinas mandan!
-Finalmente algo de acción, después de todo –dijo Yo, haciendo crujir sus nudillos.
-ya es tarde. ¿Dónde están todos? –Terodárticus tamborileó nerviosamente con sus dedos sobre la larga mesa de su sala del trono-. ¡la comida va a enfriarse!
-Gente ocupada, ¿no crees? –eradicus, sentado en la punta opuesta, sonrió, mientras se recostaba en su asiento-. No todos pueden disfrutar de vivir como señor del mal sin hacer nada, como nosotros dos. Hablando de eso, ¿dónde están tus nuevos esclavos?
-Los conejos se están divirtiendo. Después de todo, es su día libre.
-¡Son el enemigo! –Eradicus rugió, sin conseguir intimidar a su colega-. ¿Por qué les das privilegios?
-Ya les quité a su maestro, a sus amigos y su libertad. Les lavé el cerebro, los hice mis fieles discípulos. Bla, bla, bla. ¿Por qué no darles un pequeño descanso?
-¿descanso de qué, exactamente? –dijo Ella, intentando calmar los ánimos.
Ella y Bob se sentaban a ambos lados de sus señores. Ella estaba a la derecha de Terodárticus, ya que en su presencia se suponía que era su nueva asistente. Bob, por su parte, se sentaba a la izquierda de Eradicus. De hehco, ya se había comido todo el pan de la mesa, y hubiera acabado con el mantel si no fuera porque Terodárticus le arrojó el carrito de los sándwiches.
-¿Por qué, Ella? No me digas que no lo has adivinado.
-Oh, claro. –Una pausa-. No, realmente no lo adivino.
-En cuanto los restos del debilitado equipo de Yo intenten sorprendernos, se enfrentarán a su peor pesadilla.
-¿A ti? ¿En serio? –Eradicus parecía estarse divirtiendo.
-No. No pienso perder mi precioso tiempo luchando con esos debiluchos. –Terodárticus hizo una seña a uno de sus nuevos sirvientes, un cuello largo, para que le volviera a llenar su copa con agua fresca-. Pero a veces hay cosas peores que el mismo núcleo de todas las pesadillas. Sobre todo cuando su peor pesadilla se vuelva realidad.
Harto por la espera, Terodárticus se levantó de la mesa, sonriendo.
-Ya saben, nadie espera tener que luchar a muerte con sus mejores amigos. Y planeo estar allí para verlo. Sin embargo, por ahora... Ella, ¿tienes el ojo místico que te di? Es hora de ver qué están haciendo ese montón de inútiles villanos.
Ella asintió. De un bolsillo, extrajo un ojo blanco del tamaño de su mano abierta, que al ser colocado bajo la luz de una antorcha, comenzó a mostrar los diferentes eventos del día.
-¿Quién más quiere ver? ¡Vengan conmigo! Tengo asientos de primera fila. ¿Ella?
-Ya lo alcanzo, señor.
-Ella. –eradicus acababa de quedar perplejo frente al objeto que su antigua alumna y asistente le había dado al nuevo señor del mal-. ¿Qué es eso?
-Un ojo místico. Terodárticus me lo prestó. Dice que perteneció alguna vez a un poderoso guerrero de la antigüedad.
-no tenía ni idea. ¿No dijiste que sólo los libros perdidos daban un poder semejante? ¿De dónde sacó algo así?
-Hmm, no estoy segura. Por lo que me dijo, hay tres en todo el mundo: uno del pasado, uno del presente y uno del futuro. El que tenemos ahora es el ojo del presente.
-¿El ojo del presente? ¿Así que puede ver lo que está ocurriendo ahora mismo, en cualquier parte?
-En cualquier parte de este mundo, sí. Incluso en otros planetas del universo, me imagino. Sin embargo, puede que no quieras saber cómo lo consiguió.
-De hecho, tengo curiosidad.
-me dijo que, estando en la Zona del Olvido, se lo ganó a un antiguo villano en una apuesta. Según todas las apariencias, apostaron a ver si uno de los dos podía abrir un portal a otra dimensión, pero no la nuestra. Terodárticus lo hizo al día siguiente y, por lo tanto, ganó la apuesta. Pero hay algo más... No lo guardó consigo. Sino que, según me confió, se lo entregó a alguien más. Luego, esa persona se lo dio a otra, ésa a otra, y así pasó por unas veintitantas... Pero ¿sabes quién fue la última que lo tuvo, antes de poder recuperarlo?
-No alcanzo a imaginármelo. ¿Quién?
-Fue...
-¿eradicus, Ella? ¿Vienen? Podemos calentar la cena más tarde en mi hoguera.
-Claro, no hay problema. Aunque, en tu caso, debes haberte acostumbrado a comer la comida fría.
-Muy gracioso, eradicus. ¡Ella! Se necesita a un hechicero poderoso para mantener esta cosa funcionando.
-Hmm, ¿así que me considera una hechicera poderosa, señor? ¡Me siento alagada!
-Sí. Si quieres seguir siéndolo, no agotes mi paciencia y ven aquí.
-¿Sigue queriendo eliminar a los conejos, verdad? –le susurró Ella a su verdadero señor.
-Claro que sí, Ella. Pero verlos pelear contra sus mejores amigos será sin duda todo un espectáculo. Y no pienso perdérmelo.
Finalmente otro capítulo para esta historia! Así es, queridos lectores, estoy de vuelta después de tanto tiempo!
Notas de autor: quién me puede decir qué relación tienen algunos sucesos inauditos con el futuro de la historia? Una pista: la serie de letras que Yang ve en el juego antiguo es un código importante.
Sobre la magia oscura/energía nocturna que emplea Yin para sus nuevos conjuros: el color no está del todo claro (incluso para mí), ya que al ser un poder más allá de la simple comprensión de los mortales, algunos lo ven de un color y otros de otro. Los únicos que se acercan más a determinar de qué color se trata, como quizás hayan podido notar, son Terodárticus, Ella Mental y Carl. Pero daré más explicaciones sobre esta extraña energía en el futuro. Escucho sugerencias para quienes quieran ayudarme a decidir estas cosas!
Nos leemos pronto! Manténganse a salvo!
Brick88
