Después de cenar, Yelan ayudó a Sakura a abrir el sofá cama y le dio unas sábanas.
-Yo me voy a dormir ya, no os quedéis estudiando toda la noche- dijo ella, marchándose al piso de arriba.
Syaoran entró en el estudio de su madre con el pijama ya puesto y el libro de literatura en la mano.
Sakura fue al baño para cambiarse de ropa ella también.
Cuando volvió, Syaoran estaba tumbado en el sofá cama, con los codos apoyados en el colchón y el libro entre ellos.
-Un último repaso y dormimos- dijo Sakura, dejándose caer en la cama junto a él.
Se dijeron el uno al otro todas las características más importantes de la novela victoriana y Syaoran cerró el libro.
-Aprobaremos, eso creo- murmuró, levantándose para dejarlo en el escritorio.
Sakura rodó en la cama y se metió debajo de las sábanas, aspirando su aroma a recién lavado.
-Me muero de sueño- murmuró, cerrando los ojos.
-Buenas noches- le dijo Syaoran, caminando hacia la puerta.
Ella abrió los ojos de golpe y lo miró, extrañada.
-¿No te quedas aquí?-.
Syaoran se dio media vuelta.
-¿Estás segura? Tal vez a Eriol le moleste-.
Ella puso los ojos en blanco.
-Ya te he dicho que no es mi novio, además él sabe que hemos dormido juntos muchas veces- respondió, levantando las sábanas por el lado derecho.
Él sonrió y se metió en la cama, tapándose y acercándose a ella.
Sakura apoyó la cabeza en su pecho y suspiró.
-Siempre duermo muy bien cuando tú estás cerca- susurró volviendo a cerrar los ojos.
Syaoran pasó un brazo por debajo de su cuello y la agarró por la espalda.
-Yo también, me ayudas a relajarme-.
Cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño.
Al día siguiente, Sakura salió del instituto al lado de Tomoyo.
Se quedó de piedra al ver que junto a la puerta estaba Eriol, sentado en su moto azul.
-Mierda- murmuró entre dientes.
Su amiga vio a donde estaba mirando y suspiró.
-Ve a hablar con él- le dijo, dándole un pequeño codazo.
Sakura gruñó una maldición en voz baja y caminó hacia él.
-¿Qué haces aquí?- preguntó al llegar junto a la moto.
Eriol frunció el ceño.
-Llevo dos semanas intentando verte y no hay manera, por eso he venido-.
-No he tenido tiempo, estoy de exámenes- respondió ella, molesta.
-Ya, claro... seguro que ayer estuviste en casa de Syaoran- gruñó él.
-Pues sí, estuvimos estudiando y me quedé a dormir allí-.
-Y la semana pasada también estuviste con él casi todas las tardes... pero para mí no hay tiempo- contestó Eriol, enfadado.
-Ya sabes que lo está pasando mal, la semana pasada me necesitaba. Además que no tengo por qué darte explicaciones, tú y yo no tenemos nada serio-.
Eriol bufó.
-¡Porque tú no quieres! He intentado muchas veces hablar contigo del tema pero siempre te haces la loca y lo evitas-.
Sakura se cruzó de brazos.
-No quiero un novio, Eriol. Te lo dejé claro desde el principio-.
El chico apretó los labios.
-Pues yo me he enamorado de ti, y creo que lo sabes-.
Sakura apartó la vista, incómoda.
-Pues no, no lo sabía... aunque Syaoran me había insinuado algo-.
-Ya estamos con Syaoran otra vez- gruñó Eriol con rabia.
-¿Qué te pasa con él?- preguntó Sakura, arrugando el entrecejo y con mala cara.
Eriol miró un momento la pulsera que Sakura llevaba en su mano derecha y volvió a levantar la vista con ojos furiosos.
-¡Me da envidia! Sé que entre vosotros no hay nada pero siempre quieres estar con él, hablar con él... ¡y conmigo no!-.
Sakura suspiró y bajó la mirada.
-Siento mucho no poder darte lo que quieres, Eriol. Creo que lo mejor es que dejemos de vernos y volvamos a ser solo amigos-.
Eriol resopló y se puso el casco.
-Sí, es lo mejor- gruñó mientras arrancaba su moto, alejándose rápidamente.
Syaoran, que lo había observado todo desde lejos, se acercó a ella y le puso una mano en el hombro.
-¿Estás bien?- le preguntó a su amiga.
Ella levantó la vista y lo miró.
-Yo sí, pero creo que él no- dijo ella, refiriéndose a Eriol.
-Se le pasará, a nadie le sienta bien un rechazo- respondió él, sacudiéndola un poco.
-Espero que no se enfade también contigo... me ha dicho que le da envidia de ti-.
Syaoran negó con la cabeza.
-Conmigo está bien, a mí también me ha dicho lo de la envidia muchas veces... y yo siempre le digo que tú y yo es como si fuéramos familia, no se puede comparar conmigo-.
-No, no puede- contestó ella, algo triste.
-Venga, Tomoyo te está esperando. No te preocupes por Eriol, yo cuidaré de él- murmuró Syaoran, señalando al final de la calle donde se veía a Tomoyo hablando con Chiharu.
Sakura se despidió y corrió hacia sus amigas.
Pasaron unos meses, Sakura volvió a coincidir con Eriol en dos de las quedadas que organizaron los estudiantes de su curso.
Seguían yendo a esa plaza cuadrada para beber y reír, pero Sakura se encargaba de mantener las distancias.
Eriol tampoco se acercaba, se limitaba a mirarla desde lejos con mala cara mientras charlaba con Syaoran, Takashi y los demás.
Esa navidad Syaoran también se marchó a Rusia, cuando volvió en Enero todos celebraron su cumpleaños número 17 en su casa.
Yelan preparó comida y bebidas (sin alcohol, claro), invitando a los amigos más cercanos de Syaoran.
Sakura seguía evitando a Eriol, aunque ese día le resultó más difícil porque todos estaban en el patio y no era muy grande.
En un momento que fue a la cocina a por más hielo se cruzó con él en el pasillo.
Los dos se miraron, incómodos, pero antes de que se fuera Sakura lo sujetó del brazo.
Eriol la miró, muy sorprendido.
-Lo siento, de verdad. Siento haberte hecho daño, espero que algún día me perdones. No debí estar contigo sabiendo que tú y yo no sentíamos lo mismo-.
Eriol bajó la mirada.
-Perdóname tú también, te presioné demasiado- murmuró en voz baja.
-¿Crees que podremos volver a ser amigos?- preguntó ella con voz tímida.
El chico levantó la vista y sonrió.
-Ya han pasado tres meses, creo que sí. Poco a poco-.
Ella asintió con una sonrisa y volvió al patio con el resto de invitados.
Al acercarse a Takashi, escuchó a su mejor amigo hablando de su última conquista.
-Sí, ella quería pero la verdad es que yo no. No me gusta que me lo pongan tan fácil- decía Syaoran, entre risas.
-¿Ya estás otra vez con tus comentarios de creído?- preguntó Sakura con sorna, dejando los hielos en la mesa y sirviéndose un refresco.
-No soy un creído, hasta tú reconociste que esa chica se me ofreció en bandeja. Unos besos y ya quería que me la follara en un callejón-.
-Calla, Syaoran. Tu madre no anda lejos- le advirtió Takashi.
Los tres se rieron.
-Pero se quedó con todas las ganas- añadió Syaoran antes de levantarse y acercarse a ver si su madre necesitaba ayuda para algo.
-¿No te molesta que hable así?- preguntó Takashi mirando a Sakura.
Ella se encogió de hombros.
-Estoy acostumbrada, además no dice esas cosas nada más que cuando habla contigo, con Eriol o conmigo-.
Takashi sonrió.
-Yo quiero una mejor amiga como tú, me encantaría saber el punto de vista femenino sobre las cosas que me pasan- murmuró en voz baja.
Sakura respondió a su sonrisa.
-Una mejor amiga no sé, pero yo conozco a alguien que quiere ser algo más contigo- susurró ella mientras levantaba una ceja.
Takashi se ruborizó y miró a Chiharu, que estaba hablando con Tomoyo y Naoko al otro lado del patio.
-Lánzate, Takashi. Los dos os gustáis desde hace mucho pero ninguno da el paso- añadió Sakura.
-¿De verdad crees que le gusto?- preguntó él, algo avergonzado.
-Estoy segura, habla con ella pronto o a la larga te arrepentirás- le dijo ella antes de alejarse en dirección a donde estaban sus tres amigas.
El verano se acercaba, Sakura ya había cumplido 17 años y desde enero tenía una nueva obsesión.
El primo de Tomoyo, Haruko.
Era un año mayor que ellas, estaba en su mismo instituto y lo había conocido una tarde en casa de Tomoyo.
Desde entonces se quedaba embobada mirándolo cada vez que se lo cruzaba por los pasillos, e intentaba hablar con él siempre que podía.
Él era bastante más alto que ella, con unos ojos color verde oscuro muy penetrantes y, por desgracia, era uno de los chicos más populares de todo el instituto junto con Syaoran.
Eso le ponía a Sakura las cosas más difíciles, pero no pensaba rendirse.
Estos cinco meses se había dedicado a volverse más cercana con él y a conocerlo mejor, y cada vez le gustaba más... incluso pensaba que se estaba enamorando.
En mayo, cuando solo quedaba un mes de clase, los profesores organizaron una excursión para los estudiantes de primero de bachillerato.
Irían a Kioto y se quedarían allí una noche en un hotel, visitando la ciudad, los templos y los museos durante el día.
