Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 16 – El patriarca de la familia Black.

El nuevo año trajo consigo cambios en el mundo mágico, incluso algunos de esos se estaban sintiendo en el muggle. Voldemort no había vuelto a exigir su presencia, pero si que parecía haberlo hecho con otros, ya que las noticias sobre sus misiones estaban cada día en las portadas de los diarios. Los mortifagos no podían hablar de ellas con otros que no participaran, pero algunos como Dolohov, parecían haberle tomado en confianza y le contaban los planes. Aquello sirvió para que pudiera mandar algunos anónimos a la Orden del Fénix. No creía que le hubieran prestado atención porque unos días después de su último anónimo, varios miembros fueron asesinados. Pensó en hablar directamente con James, pero si intentaba ayudar a sus amigos se arriesgaba a perder a Bellatrix.

El siguiente cambio importante del año se produjo en su propia familia. Orion Black, su padre, fallecía en extrañas circunstancias. Su madre fue muy escueta sobre lo que había ocurrido. "Tu padre ha muerto" y con eso le dijo que era toda la información que necesitaba saber. Lo cierto es que no le importaba, su padre nunca había demostrado ningún sentimiento hacia él, hasta Walburga con sus malas palabras había sido más cercana. Aunque muchos pensaran que con lo que los Black valoran su sangre guardarían un estricto luto sobre la perdida de unos de sus miembros, se equivocaban. Obvio que se honraba al fallecido y se le despedía como era debido, pero la muerte de un patriarca suponía la marcha de uno y la llegada de otro.

Y ese otro era él, Sirius Black, el nuevo patriarca de la familia Black.

Era un título que siempre había odiado, le repugnaba cada vez que alguien le hablaba que ese sería su futuro, pero ahora, no hay había título que mas ansiase. Tomar las riendas de la familia nunca había sido su objetivo dentro del plan y no podía olvidarse de cual era el motivo real, pero en esos momentos era lo que necesitaba, y esperaba que después de esa noche consiguiese lo que se había propuesto.

Para celebrar un momento tan especial, tendría lugar una fiesta en Grimmauld Place. No era un entusiasta de esas fiestas abarrotadas de sangre limpias, pero aquella era la primera a la que te tenia ganas de asistir y ser el centro de atención.

–¡Aquí esta mi hijo favorito! –Walburga le dio dos sonoros besos. –¡Y que guapo! ¡Menuda porte! Eres igual que tu padre que en paz descanse. –Se le cortó la voz con la última fase. Dudaba que su madre sintiese tristeza alguna por su difunto marido. Pero era la reina de dar pena y hacerse ver como una bruja desvalida.

–No es por tirarnos flores. Pero hemos tenido unos hijos hermosos. –Druella nunca desaprovechaba la oportunidad para intentar sentirse incluida. –Mis chicas tienen una elegancia nata también.

Se mordió la lengua para no reírse cuando Walburga puso los ojos en blanco.

–Tus hijas importan bien poco querida cuñada. Lo que importa es mi niño precioso. –No tuvo tiempo a reaccionar cuando su madre le pellizco una de sus mejillas. –Y a mi niño precioso le hay que buscar una buena mujer.

Rió. Aquel era un tema que estaba ansioso por tocar.

–Lo cierto madre, es que ya he encontrado a una perfecta.

Tanto Walburga como Druella abrieron los ojos de par en par.

–Pero… –Su madre titubeaba. –Pero... Necesitamos aprobarla antes. –La confusión estaba instaurada en la cara de las dos mujeres que se miraban perplejas.

Volvió a reírse.

–La aprobareis, aunque estéis muy enfadadas con ella actualmente.

Las tres mujeres llevaban meses si hablarse y Walburga continuaba amenazando a su sobrina favorita con deseheredarla. Era muy difícil que fueran a solucionar sus diferencias cuando ambas eran exactamente iguales.

Salió de la habitación dejando a las dos mujeres más confusas que antes.


La fiesta dio comienzo en el salón más grande de Grimmauld Place, el evento lo requería ya que a este habían acudido las familias más importantes del mundo mágico y por consiguiente todos los mortifagos, todos menos Rodolphus, que continuaba en su misión.

–Enhorabuena por tu nueva posición. –Malfoy había sido de los primeros en felicitarle. Se odiaban, no lo podían ocultar, pero tras su éxito con los slytherins, a Lucius no le quedo otra que tragarse su orgullo y hacerle la pelota.

–Sirius no sabes como me alegra verte así. –Narcisa solía ser muy fría, todos en aquella familia eran así, pero en algunas ocasiones se libraba de las cuerdas que la retenían y expresaba sus sentimientos, como en aquel momento que le dio un abrazo. –¿Dónde esta mi hermana? –Preguntó cuando se separó. –Que la tienes encerrada toda para tí y apenas la veo…

No supo como interpretar aquel comentario, sobretodo la sonrisa maliciosa que le acompañaba. No creía que Bellatrix hubiera hablado de lo que ocurría entre ellos con su hermana, más que nada porque era la misma mujer la que le llamaba la atención si cruzaba un mínimo la linea cuando estaban en público. Pero siendo hermanas tampoco le extrañaba.

–La que quiere estar encerrada conmigo es ella. –Él ya no se quería esconder. Lestrange y el resto le importaba bien poco. –Pero ahora que lo dices… No se donde esta. –Se giró sobre mismo para buscarla entre la multitud de invitados. Aquel día apenas la había visto, solo habían viajado juntos a Grimmauld Place y después de eso desapareció arrastrada por su madre.

–¡Oh! ¡Esta allí! –Exclamó Narcisa emocionada. Señaló a la chimenea que presidia el salón. –Esta hablando con Rabastan.

Buscó con la mirada el sitio que indicó su prima y efectivamente allí estaba, escuchando atentamente las palabras de Rabastan. No entendía que estarían hablando, pero el hombre parecía inmerso en el tema mientras que Bellatrix se cruzaba de brazos y fruncia los labios. No le inspiró mucha confianza por lo que ignorando a Narcisa, se acercó a ellos.

–Gracias por acudir Rabastan. –Corto la conversación de ambos. Había tratado poco con el mago. Siempre había sido una sombra de su hermano y con el que nunca había cruzado más que dos palabras.

El mago cerró la boca de inmediato en cuanto le vio, pareció dudar una segundos pero finalmente extendió la mano.

–Enhorabuena por tu nueva posición.

Le mostró la sonrisa más falsa que jamas había puesto y le estrechó fuertemente la mano.

–Si me permites, tengo que llevarme a Bellatrix. –La tomó la cintura y la apretó contra si. Observó como los ojos de Lestrange se fijaban detenidamente en el gesto. No le importaba, es más, disfrutaba del momento.

Cuando se distanciaron de Rabastan, Bellatrix se deshizo de su agarre. La notaba furiosa, aunque la expresión de su cara era la misma que tenía cuando hablaba con el menor de los Lestrange, por lo que no sabía si se había enfadado con él o con Rabastan. La mujer se giró para irse pero consiguió agarrarla de la mano.

–¿Qué te ocurre?

Bellatrix le miró fijamente y después bajo la vista hacia sus manos entrelazadas.

–Estamos en público. –Murmuró entre dientes y se soltó.

Tenía razón, estaban en el medio del salón, algunos de los invitados les miraban.

–¿Y qué importa? –Ya no sabía como hacerle ver que la amaba y quería estar con ella sin ocultarse.

Bellatrix miró a ambos lados y sonrió falsamente a los que les estaban mirando. Por suerte, el bullicio evitaba que les escuchasen.

–Importa porque estoy casada.

Le iba a decir que aquello era un simple tramite, del cual se iba a deshacer ese mismo día, pero no pudo hacerlo porque Bellatrix aprovechó que se le había acercado una invitada y se fue con ella.

Tomó una gran bocanada de aire y sonrió ampliamente.

El espectáculo continuaba.


Bellatrix estaba huidiza. Cada vez que intentaba acercarse a ella, conseguía deshacerse de él. La fiesta estaba siendo un autentico suplicio, pensaba que aquella iba a ser la velada perfecta, pero estaba equivocado. Nunca le salía nada bien. Tras hablar con decenas de personas que le lamían el culo, e ignorar a tantos otros que le producían arcadas, llegó el momento álgido de la celebración. Su discurso.

–Mi hijo. –Walburga tomó su varita e hizo que todos callasen. –El patriarca de la familia Black se dispone a hablar.

Trago saliva con dificultad ya se había comenzado a acostumbrar a esa vida superficial y de falsedades, pero el no saber que le ocurría a Bellatrix, hizo que perdiera toda la confianza. Dudaba de si iba a poder dar un discurso coherente, porque en esos momento todos los pensamientos que tenía, eran de todo menos coherentes. Cuando los aplausos se detuvieron, fue su turno.

–Gracias a todos por acompañarnos en este momento tan importante para la familia Black. –Miró a su alrededor. –Y más importante, después de todo lo que les hice sufrir. –Rió. Una broma para mejorar el ambiente. Funcionó ya que algunos rieron con él. –Pero ahora eso es pasado, y lo que importa es el futuro. Y el futuro que ansio para esta familia, es el mismo que ansio para todas las familias sangre limpia de este país; Adaptarse a los tiempos. –Hizo una pequeña pausa para comprobar si alguien comenzaba a cruciarle, pero como no fue el caso, continuó. –Las nuevas generaciones vendrán, y si no queremos desaparecer, tendremos que eliminar aquello que es perjudicial; ideales obsoletos, conductas aberrantes, compromisos forzosos… –Bellatrix entrecerraba los ojos y le miraba con confusión. El resto debían tener la misma expresión, pero le daba igual, porque ese discurso estaba enteramente destinado a ella. –Por eso, una de las primeras cosas que haré para darle a la familia Black la importancia que se merece, es anular muchas de esas normas que no hacen más que destruirnos y que impiden que tomemos las decisiones que deseamos. –Le estaba resultando más fácil de lo que creía. Estaba a una frase de terminar su discurso y decir que iba anular el matrimonio con Lestrange... Pero no pudo hacerlo porque una voz escalofriante se le adelantó.

–Sirius Black tiene toda la razón. La familia Black, así como todas las presentes, siguen sin tener el lugar que les corresponde en la sociedad ya que los muggles y sangre sucias continúan evitándolo.

Lord Voldemort estaba en lado opuesto de la sala. No sabía en que momento ese ser había entrado en Grimmauld Place, y tampoco era el único sorprendido porque tras su palabras el resto de los invitados agacharon la cabeza como signo de respeto.

–¡El Señor Oscuro! –Exclamaban algunos sorprendidos.

–¡Que honor! –Decían otros.

Hacia prácticamente un año desde la última vez que le vio, y desde entonces, su aspecto había cambiado considerablemente. El color verdoso de su piel se había hecho mas vibrante y su cara comenzaba a perder sus rasgos humanos.

–Mi señor. –Se arrodilló ante su pies. Sirius Black nunca guardaba pleitesía ante nadie, pero que uno de los magos más malvados y poderosos de todos los tiempos se colase en tu casa en el momento en el que estabas dando un discurso donde hablabas de seguir un camino contrario al suyo, era lo más sensato.

Sentía la mirada de Voldemort clavarse fijamente en su cabeza. Quizás le fuera a matar en ese instante. Igual era un aviso al resto; no te salgas del camino o te corto la cabeza. Cerró los ojos, no tenía miedo, pero se sentía avergonzado de que iba a morir como un cobarde. Esa valentía de los gryffindors no era mas que una fachada.

–Por favor, mi más fiel admirador, ponte en pie. –Sorprendido alzó la vista. Igual Voldemort quería matarle mirándole a los ojos. –He venido a felicitarte por tu nueva posición y hacerte mi regalo por tal ocasión.

Entonces ese día no iba a morir. Suspiró aliviado. Miró a su alrededor y comprobó que todos continuaban con las cabeza agachadas.

–Gracias mi señor.

Voldemort sonrió. Era la expresión más terrorífica que jamás había visto.

–Por favor familiares y amigos, levanten sus cabezas para que vean el regalo que Sirius Black va a recibir de Lord Voldemort. –Todos los presentes obedecieron en cuestión de segundos. Bellatrix la que más deprisa lo hizo. –Extiende tu brazo, Sirius. –Aquello no podía ser cierto. No podía marcarle delante de todos. –Estas a punto de recibir el tatuaje más ansiado por todos. –Sí, le iba a marcar delante de todos. Buscó con la mirada a Bellatrix y esta le sonreía ampliamente. Observaba hasta como sus ojos se empañaban con lagrimas de felicidad. Eso fue lo que hizo que extendiera su brazo y que aceptará recibir la marca tenebrosa.

Todos los presentes aplaudieron.

Aquel día, Sirius Black se convertía en el nuevo patriarca de la familia Black y en el nuevo mortifago de Lord Voldemort.


A/N: ¡Hola! Espero que hayáis disfrutado con este capítulo tanto como yo escribiéndolo. Tras este capítulo no nos quedan muchos para el final, en un primer momento pensé en unos veinte capítulos y creo que finalmente lo cumpliré así, aunque nunca descarto hacer más. Todo dependerá de mi musa.

Gracias a todos los que comentan así como a los que leen o añaden esta historia a sus favoritos.