Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Mr G and Me, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Mr G and Me, I just translate.
Thank you Mr G and Me for trusting me with your story!
Los Caídos
Capítulo 12
Me dirijo después a África, y tres días más tarde, con montones de demonios muertos, Rizkeel, el último entre ellos y con el resto del ejército desmantelado, pongo mi vista en Nueva Zelanda.
Ramuell me asegura que no ha habido demonios rebeldes entrando a la ciudad de Bella, y después de llamar a la Madre Superiora en el Convento de Santa María, me aseguran el bienestar de Bella. Hasta ahora ha sido obediente, pero se está poniendo cada vez más inquieta conforme pasa el tiempo.
Estaba a punto de pedirle a la Madre Superiora que pusiera a Bella al teléfono, pero me resistí. No fue fácil, pero es imperativo que mantenga la mente despejada. Bella es una debilidad que los demonios explotarían muy felizmente, y no puedo arriesgarme. Tengo que mantenerme desapegado hasta que haya terminado; hasta que la última de las bestias quede reducida a cenizas.
El ejército de Bezzael está acampando en el este de la Isla del Norte en la Bahía de Plenty, en el bosque de las tierras altas de Matahi. El paisaje está sacado de la "Tierra Media" y los demonios encajan a la perfección. Sin embargo, a diferencia de Suecia y Tanzania, no se extienden ante mí, sino que arman una ofensiva en cuando detectan mi presencia.
Lucho contra los demonios hasta bien entrada la noche y en su mayor parte en el aire.
Igual que las dos bestias antes de él, Bezzael había engañado deliberadamente a su ejército respecto a la espada de Miguel. Los mantiene separados, dividiéndolos en varios grupos más pequeños, y al hacerlo corta el contacto directo entre ellos. Para cuando los demonios de cada brigada son conscientes del peligro en el que están, se convierten en ceniza antes de poder advertir a sus hermanos.
De la misma forma, Bezzael me da una gran ventaja. Así sólo tengo que luchar con pequeños grupos de bestias a la vez mientras los aniquilo meticulosamente; uno por uno.
Al amanecer la batalla ya está ganada. La mayoría de los demonios han sido eliminados, o han huido. Aunque he recibido más daño del anticipado, y mi fuerza está disminuyendo. Sin embargo, no puedo permitirme el lujo de detenerme para recuperarme, y sin otro momento que perder, concentro mi atención en Bezzael.
Cazo al canalla sin descanso durante todo el día y la noche siguientes. Como el cobarde que es, abandonó a su ejercito en el momento en que lleve la delantera y escapó hacia el abrigo del bosque; sabiendo que era mejor no alzarse al cielo.
El demonio es más fuerte que yo, así que no puedo arriesgarme en una batalla en tierra. No tengo otra opción más que atraerlo al aire.
Como una serpiente en un cañaveral, me veo obligado a sacarlo con humo, y en minutos ya tengo ardiendo el bosque. Rápidamente la bestia se ve atrapada por un compás de fuego que avanza gradualmente hacia él. Pronto no tendrá otra opción más que volar. La sangre de demonio es altamente inflamable; no se arriesgará al fuego sabiendo que fácilmente podría consumirlo y dejarlo marcado. Tan sólo su vanidad evitará que lo haga.
Vigilo de cerca sus pensamientos; está entrando en pánico. Sabe que lo tengo acorralado. También está consciente de que mis heridas han sanado y ya no está la ventaja que pudo haber tenido sobre mí.
No obstante, he perdido mucha sangre; los residuos secos están apelmazados por casi todo mi cuerpo. Estoy cansado y afligido por la sed, pero mantengo mi posición con una resolución impenetrable.
Estoy a media milla sobre él, rodeando al demonio, esperando para atacarlo, cuando finalmente acepta lo inevitable y se lanza al aire.
Mi paciencia ha rendido frutos. Tengo ventaja en el terreno e inmediatamente avanzó sobre él.
Al principio parece que no me ha visto hasta el último momento cuando se gira en el aire para encararme; agachándose fácilmente bajo la cuchilla de la espada.
Paso junto a él, y al retroceder para darme la vuelta, se impulsa más alto en el cielo. Su objetivo sigue siendo escapar. Inmediatamente lo persigo, alcanzándolo suavemente, y justo cuando estoy a un brazo de distancia, una vez más se da la vuelta para encararme. Sólo que esta vez se echa sobre mí, sus ojos arden fieramente con el animalismo que poseen los de su tipo. Incluyéndome a mí.
Agarrándome las alas, se sube en mi espalda antes de sentir la odiosa sensación de sus dientes hundiéndose en la carne sobre la base de mi cuello. Me infecta al instante, corrompiéndome con la oscuridad del demonio, y mientras lucho para quitármelo, mi cerebro se nubla y se llena de bruma; mis movimientos son cada vez menos coordinados. Luego, afianzando sus garras en lo profundo de mi espalda para detenerse, la bestia arranca con frenesí varios pedazos de mi carne usando sus dientes. Su toxina sigue invadiendo mi torrente sanguíneo, multiplicándose y expandiéndose a través de mí hasta que me siento sucumbiendo rápidamente.
Incluso mientras flaqueo físicamente bajo la bestia, mientras mi visión se oscurece en la periferia, mi mente no deja de advertirme que no me rinda.
—Bella… —murmuro débilmente, las silabas se arrastran mientras su cara aparece tras mis parpados cerrados.
Su imagen, actuando como una ola eléctrica pulsando a través de mí, me trae de regreso desde el precipicio de la rendición. Con un tremendo golpe de voluntad, negándome a permitir que esta bestia me mate y ponga a Bella en peligro mortal, me impulso en una rápida espiral. El demonio pretende decapitarme, y el sabor de mi carne lo ha fortalecido. Conforme sigo girando, ganando tanta velocidad que el aire silba bruscamente alrededor de mi cuerpo girante, el agarre del demonio se afloja; sus garras destrozan mi espalda y varias capas de musculo cuando logro quitármelo.
En el instante en que me lo quito, me giro y muevo salvajemente la espada de un lado a otro, medio cegado por mi propia sangre derramada y severamente agotado. Y por casualidad, o milagro, logro cortar una de las alas del demonio a unos centímetros de su omóplato. Cae inmediatamente, perdiendo el equilibrio cuando se desploma, incluso mientras intenta enderezarse inútilmente con una sola ala.
La bestia ha cortado a través del cuerpo de músculos que uso para volar y lucho para atraparlo; cayendo torpemente tras de él. Lo alcanzo a menos de quinientos pies del bosque, y en una laboriosa estocada, usando ambas manos – y reuniendo toda la fuerza que me queda en un último y agonizante rugido – empujo la espada a través de su vientre, partiéndolo limpiamente en dos.
Él sigue cayendo durante varios segundos, sus entrañadas y órganos internos escapan de su revestimiento lleno de humo y enredándose cómicamente tras de él. Capto el shock en su mirada, la sostengo hasta que sucumbe completamente ante la irrevocabilidad de la espada de mi hermano mientras sus humeantes restos llueven sobre el bosque quemado que está debajo.
Un momento después aterrizo pesadamente en el suelo. Estoy flaqueando y con poca coordinación debido a mi condición debilitada. Tropezándome torpemente por mi desesperación, me dirijo hacia el Río Waimana.
—Padre, ayúdame… —suelto sin sentido mientras gateo dolorosamente entre la arena, pero incluso en mi delirio estoy lo suficientemente consciente para entender que es mi padre humano, Carlisle, a quien añoro. No mi creador. No, mi padre Celestial hace mucho que me abandonó en las entrañas de este miserable mundo.
Colapso al llegar a la orilla del río, sumergiendo toda mi cara en la gélida temperatura del agua. Tan sólo el shock del frío me regresa una cierta lucidez, antes de tomar varios tragos para rehidratar mi sediento cuerpo. Después de eso, regreso a las sombras del bosque donde busco refugio el tiempo suficiente para dormir y sanar. Es la primera vez que duermo en meses y, mientras que en las mejores condiciones sólo requiero tres horas de sueño, me despierto de golpe y con un creciente sentido de inquietud. Fueron tres horas que necesitaba para recuperarme por completo, pero tiempo es lo que no tengo.
Sin demorar ni un momento más, me lanzo al cielo y una vez más me dirijo al norte. Llego al país de mi nacimiento en menos de cinco horas, en el crepúsculo, antes de seguir hacia las Grandes Llanuras de la región central. Broken Bow es más o menos el centro geográfico de Nebraska, está ocupado por menos de cuatro mil almas y rodeado de praderas semiáridas. No hay nada extraordinario aquí, aparte del hecho de que las mentes de los locales no sueltan ni una sola pista sobre el paradero de los demonios. Ni una sola persona es conocedora de su presencia en este momento o en cualquier momento durante la última década. Al menos, no puedo comprobarlo.
Aterrizo a cinco millas del norte del condado, sacando el celular de mi bolsillo al hacerlo. La pantalla está estrellada y manchada de sangre seca, hollín y cenizas. Lo limpio impacientemente sobre la mezclilla de mis jeans que están igual de sucios, al menos lo suficiente para llamar exitosamente a Ramuell.
—¡Broken Bow, Nebraska! —espeto en el recibidor antes de que él tenga oportunidad de respirar—. ¿Estás absolutamente seguro de eso? ¡Porque no detecto nada de las bestias!
Me encuentro por un silencio momentáneo antes de que el demonio lo rompa; su voz se inunda con incertidumbre.
—¿Es posible que ya se hayan ido, hermano?
—Nunca estuvieron aquí, Ramuell; ¡es lo que intento dejar en claro! —rujo; aunque más que enojado con el demonio, estoy frustrado y lleno de un sentido de urgencia.
A esto le sigue más silencio antes de que Ramuell empiece a tartamudear, pero ya agote mi paciencia para él.
—¿La ciudad ha sido penetrada? —le espeto bruscamente.
—No, no ha habido nada —es su respuesta.
—¡Asegúrate que se mantenga así! —Cuelgo la llamada, necesito un momento de claridad antes de entrar en acción otra vez.
Analizo el condado varias veces más antes de empezar a ampliar mi territorio, avanzando hacia el este hasta Omaha y hacia el oeste a Cheyenne, pero puedo determinar que no hay rastros de Ozketh y su ejército. No hay ni un susurro de ellos, llevándome a concluir que la gente del pueblo no sabe nada de su existencia, o de cualquier otro demonio.
No puedo llegar a otra conclusión más que Ramuell me ha traicionado, o que él fue engañado. En cualquier caso, no queda más opción que volar de regreso con Bella y llevármela a un escondite. Y conforme mis pensamientos se quedan en esa idea, mi mente formula un plan y la urgencia de la situación va pesando cada vez más en mí.
Ozketh no vacilará en matar a Bella, y cabe la posibilidad de que me hayan distraído deliberadamente.
Me arrodillo, preparándome para lanzarme al aire, cuando siento su presencia. O más bien, cuando él me da a conocer su presencia.
Mi corazón se contra y, girándome, libero la cuchilla azul de la espada de Miguel, quedando cada a cara con la bestia.
Está parado a menos de veinte pies de mí. Se muestra en paz, ambas manos alzadas en un gesto de sumisión, mientras sus pensamientos transmiten la benevolencia de sus motivos.
—No pretendo dañarte, hermano —habla en voz baja mientras extraigo el nombre del demonio de sus pensamientos.
Asael; aunque se ha dado a sí mismo un nombre humano. Jacob.
Señalándolo con la punta de la espada, me acerco lentamente; mis pasos son medidos, pero cautelosos.
—Dime lo que sabes —le ordeno, y por un breve momento no hace ademán de hablar.
Luego, inhalando, agacha la cabeza.
—Has sido engañado, hermano.
En el siguiente instante lo tengo agarrado por la nuca y su largo cabello negro, sosteniendo la espada contra su yugular.
—¡¿A qué te refieres?! —exijo saber; aunque ya estoy consciente de ello.
—Ozketh te usó para derrotar a sus tres hermanos rivales, y a Ramuell para separarte de tu humana —explica rápidamente y con un creciente pánico—. Sabía que Ramuell te advertiría. Caíste en su trampa.
—¡NO SOY TU HERMANO! —grito, empujándolo lejos de mí antes de caer de rodillas y jalarme el cabello en un momento de pesar.
¿Cómo pude permitir esto? ¿Cómo me deje engañar tan fácilmente?
Poniéndome de pie, una vez más apunto a la bestia con la espada, quien tranquilamente se pone de pie.
—¿DÓNDE ESTÁ? —demando, sueno cada vez más trastornado por mi creciente ansiedad.
—Él nunca estuvo aquí, Edward —explica el demonio, teniendo la cortesía de usar mi nombre humano—. Hasta donde sé, ha estado en Irlanda esperando el momento en que estuvieras más lejos de tu humana.
Durante un breve momento me quedo suspendido a causa del shock y la confusión, intentando comprender cómo pude haber cometido semejante error, incluso mientras comprendo paulatinamente la verdad en todo esto.
Me lanzo hacia él una vez más, agarrándolo por la longitud de su cabello, y empujando la espada hasta quedar a un centímetro de la cara de la bestia. Me estoy derrumbando por el pánico, y está cegándome a toda razón.
—¿Por qué me lo dices apenas? —pronuncio, con mi brazo, todo mi cuerpo de pie, temblando por la fuerza de mi creciente miedo y rabia.
—Yo apenas lo supe ayer, hermano —me apela con desesperación, sigue alzando las manos a modo de rendición, tiene los ojos bien abiertos a causa del miedo.
Mi mente se queda en blanco y lo suelto, retrocedo torpemente y casi me caigo. Él cae pesadamente al piso antes de levantarse con prisa, pero en lugar de huir, se queda dónde está.
Me quedo congelado en un largo momento de desconcierto, y aunque mi enojo está hirviendo hasta el punto en que mis dedos ansían derribar al demonio, Jacob, no lo hago. No puedo moverme, incluso cuando cada instinto dentro de mí me empuja a volar de regreso a ella.
No pasan más de tres segundos cuando vibra el teléfono que tengo en el bolsillo, liberándome inmediatamente de mi suspensión momentánea.
Lo respondo, llevándomelo a la oreja, y antes de poder pronunciar una sílaba, la voz de Ramuell, aguda y llena de pánico, comienza a atacar.
—Hermano, ya vienen. No están a más de cincuenta millas, ¡y traen con ellos un ejercito de humanos para apoderarse de ella!
—¿Dónde está Bella? —exijo saber, y tan sólo el acto de decir su nombre me hace recuperar la cordura de inmediato.
—Sigue en el convento.
—Bien, escúchame —comienzo mientras alzo la espada a la altura de los ojos de Jacob, amenazándolo silenciosamente para que no se mueva—, tienes mi permiso para llevarte a Bella a un lugar seguro. ¡Hazlo ya!
—Pero, hermano —vacila Ramuell—, el talismán…
Él deja la frase inconclusa mientras mi racionalidad se desmorona.
—¿CÓMO SABES SOBRE ESO? —rujo, mi voz hace eco al triple alrededor de los campos abiertos.
—Yo-todos… todos lo sabemos —confiesa.
Sacudo la cabeza en un inútil intento de componerme.
—No tenemos tiempo, Ramuell. Arráncale la maldita cosa de la forma en que puedas; ¡sólo hazlo!
—De acuerdo, hermano. —Su voz adopta un tono de resolución mientras mi corazón se contrae con contradicción.
—¡Ramuell! —exclamo con un pánico inmediato mientras cada músculo de mi cuerpo se tensa—. Si le pasa algo…
—Hermano, tienes mi palabra —me asegura.
Abro la boca para seguir amenazándolo, pero me detengo sabiendo que es en vano. No tengo otra opción más que poner mi fe en él, y la bestia no es lo suficiente estúpida para no entender las consecuencias de traicionarme. Lo cazarle y le otorgaré una espantosa muerte si él, o alguien de su manada, daña un solo cabello de Bella.
—¡LEKHAL HARUKHOTT! —grito, haciendo las manos puños mientras blasfemo retadoramente el nombre de mi padre en hebreo antes de hacerlo en inglés—. ¡MALDITA SEA DIOS MÍO!
Luego, dándole la espalda a Jacob, me lanzo al aire. Subo en línea recta, pasando la estratosfera antes de caer en picada en un descenso gradual hacia Europa.
Presiono los límites de mi velocidad y resistencia más de lo que lo he hecho en cualquier otro momento de mi existencia hasta que mis músculos arden y siento que mis alas serán arrancadas de mi espalda tan sólo por la velocidad del viento. Es un castigo físico, y para cuando llego a Birmingham a primeras horas de la tarde, me siento casi tan cansado como me sentí después de pelear con Bezzael y su ejército.
Hay varios demonios dentro del perímetro del pueblo. Los siento casi de inmediato, pero todavía no puedo concentrarme en ellos.
Aterrizo torpemente en el techo del convento, mi concentración está enfocada en las voces que hay dentro. Hay una sensación de verdadera alarma. Las hermanas están agitadas y llenas de pánico.
Bella ha sido secuestrada y están más que conscientes de quién lo hizo.
La escena de su secuestro se reproduce repetidamente en sus mentes. Ella se resiste, pero rápidamente la superan. Puedo escucharla gritando mi nombre, mi verdadero nombre, con demasiada claridad a través de los recuerdos de varias fuentes, incluso mientras el sonido de su voz se desvanece en la distancia. Me atormenta más de lo que estoy preparado para sentir, hasta que la agonía de todo esto se vuelve casi un dolor físico. No estoy acostumbrado a este nivel de dolor por otro ser humano.
No estoy seguro de poder soportarlo.
Entro a la habitación de Bella, a la escena de su lucha. Casi todos sus muebles están tirados mientras que la mayoría de la parafernalia de ángeles ensucian el piso. Y aunque no puedo permitirme perder la concentración por esto, me siento un poco aliviado al notar que es el aroma de Daniel el que detecto más que de cualquier otro.
No me quedo ahí, sino que me dirijo de inmediato al pasillo de piedra en busca de la Madre Superiora.
Paso junto a varias de las hermanas; mi apariencia las sorprende, y a través de sus ojos veo mi aspecto. Estoy sucio; mis jeans cuelgan en retazos y jirones de mis caderas, mientras que mi piel expuesta y mis alas están duras a causa de la sangre y el hollín. Me veo casi salvaje y primitivo; mis ojos revelan cada aspecto del predador en el que me he convertido.
Encuentro a la pequeña mujer en el mismo lugar donde la dejé una semana atrás. Ella también se sorprende por mi apariencia, pero sólo al inicio.
—No está, Dashiel —admite suavemente con voz rota—. Lo siento, no tengo idea de cómo fueron capaces de penetrar las defensas de su amuleto.
Y a través de su mente veo a Daniel luchando por controlar a Bella. Bella lo estaba golpeando para apartarlo, y él le permitió pasar.
Él se estaba comportando como un… como un caballero.
No, pobre Dashiel, ahora perdió a Bella, pero estoy segura que estará dispuesto a destrozar cielo y tierra para recuperarla.
Gracias como siempre por leer y comentar la historia :)
